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18 ene 2020

MICRORRELATO: «AHORA SÍ QUE SÉ LEER»


   Aprendí a leer contigo. Para mí, las líneas de cualquier libro eran una sucesión de palabras sin sentido, un cúmulo de frases desprovistas de significado. Aún recuerdo tu mirada al escucharme, boquiabierto, extrañado. «Quizás erraste al elegir la historia», recuerdo que me dijiste, «quizás esta no es capaz de llegarte al corazón». Y es que el mío estaba cerrado. Como estaban mis ojos ciegos, mis oídos sordos, mi boca muda… y mi alma rota.

    Aprendí a leer contigo cuando al sentarte a mi lado me tomaste de la mano y sentí el roce de tu piel, el calor de tus pupilas, la candidez de tu voz y un abrazo que jamás nadie me había dado. Despertaste en mí el amor y, con él, la confianza en el mundo que en mi infancia se extravió. Aprendí a mirar contigo, contigo supe lo que es comprender. Porque solo se comprende con el corazón abierto, como una extensión del querer.

    Ahora me adentro de nuevo en la historia y, al pasear por las letras, cambia mi entonación. Los protagonistas me hablan y soy capaz de vivir sus vidas, de entender sus sentimientos, de reír y hasta llorar emocionada. Descubro que las frases no son un camino llano, sino una montaña rusa a la que he subido y en la que el vértigo me pellizca, el aire me sacude la cara y los designios de cuanto ocurre me causan preocupación.

    Ahora todo adquiere un significado. Porque no pueden vivirse otras vidas si una está muerta, o entenderse un sentimiento cuando jamás se conoció una emoción.

    Tú me abriste el corazón.

    Y ahora sí que sé leer.
 © Pilar Muñoz Álamo - 2020
Fuente de la imagen: Pixabay.com

2 abr 2019

MICRORRELATO: «AMOR O DESAMOR».

   Todavía no sé si nos quisimos lo suficiente. Si el amor nos duró o fuimos nosotros los que apartamos la vista para preñarla de rosa y seguir viviendo como si fuéramos uno. Si nos dio miedo enfrentar nuestras miradas buscándonos en esa verdad que tanto duele. O fue su profundidad la culpable, la de ese amor pleno que hasta la pasión mata en un derroche de seguridad, de ignorancia mal aplicada, de momentos vividos de espaldas porque ya no había necesidad alguna de conquistar nada.

   Ahora me cuentas tus sueños que yo ignoraba, mientras yo regurgito los míos que un día tras otro me tragué sin darme cuenta. Me pregunto por qué callamos. «Lo hice por ti», será tu respuesta, clavada a la mía. Y ya ves... En ese mundo construido con senderos paralelos se nos esfumaron todos, sin vivirlos, sin disfrutarlos, sin compartirlos. En nombre de un querer amordazado. De un sacrificio absurdo que ha terminado devorando un tiempo en el que está prohibido ir marcha atrás.

   La impotencia me araña el estómago y la pena, la garganta. Quiero revertir un adiós musitado entre dientes. A una vida que es la nuestra, la que pintamos de rosa o, tal vez, siempre lo fue. A una vida que es la mía y que siento que se desliza bajo mis piernas. A una definición de amor que me resisto a creer que fuera errónea, porque la llevo inscrita, desde hace años, en pleno centro del corazón. Tal vez sea yo, que me siento perdida en mitad de la nada. Dudosa, inquieta, asustada... Aunque escuchando el eco de una voz lejana que me recuerda mi deseo interno de volver a casa.
© Pilar Muñoz Álamo - 2019
(Imagen: Pixabay.com) 

2 mar 2018

MICRORRELATO: «LLORA»



   Llora. Con su frente sobre el cristal, haciendo que se confundan sus lágrimas con las gotas que por él resbalan. Llueve. Y un manto de grises lo envuelve todo, abarcando su corazón. Sus ojos vidriosos no alcanzan a perfilar el paisaje, pero lo siente, siente la bruma y los colores desdibujados dentro de sí. Los sueños deshechos. La mirada debilitada. Las fuerzas mermadas para poder seguir.

   Llora. Y percibe el regusto amargo de la nostalgia sobre sus labios, del amor desvaído que resuena como un eco ahora lejano, del vacío en su alma, que ha quedado muda por un tiempo. La música calla. Solo a los acordes lentos se les permite sonar, porque el cuerpo está adormecido, no quiere bailar. Ni tampoco escuchar palabras que no provengan de su propia voz.

   Llora. Desahogándose. Vaciando la pena que la corroe. Mientras se debaten sus pensamientos entre cerrar un cuento que ya acabó o darse una oportunidad en una batalla perdida. Llora mientras se pregunta a sí misma qué fue lo que falló. Sin saber que hay preguntas sin respuesta, porque el corazón no atiende a razones. Porque vive y se alimenta de latidos cuyo ritmo ni siquiera nosotros mismos podemos marcar.

   Sigue llorando. Sintiendo imposible lo que tarde o temprano sucederá. Que las nubes dejarán de derramar agua, como harán sus ojos. Que el sol reaparecerá, dibujando en el paisaje colores bellos al fundirse con las gotas de rocío, devolviendo el brillo a sus pupilas al besar las últimas lágrimas que quedarán en ellas. Que de nuevo el cielo se tornará azul y su corazón rojo, a un paso tan silencioso y lento que no podrá frenarlo. Que la curva de su sonrisa ganará en profundidad y la música volverá a sonar, permitiendo que el cuerpo se meza, se agite y termine bailando como lo hizo antaño. Que levantará la cabeza y dejará de observar el suelo para mirar alto, para echar a andar con ademán decidido y paso firme, restablecida de unas heridas que habrán sanado y cuyas cicatrices le recordarán que es grande, valiente y fuerte. Que la alegría la aguarda en cualquier rincón. En el instante más inesperado. Y en compañía de la única persona que, de seguro, terminará devolviéndole la felicidad: ella misma.
 
© Pilar Muñoz Álamo - 2018

14 feb 2018

MICRORRELATO DE SAN VALENTÍN: «UNA CANCIÓN DE AMOR»


«Recuerdo las notas de una canción, flotando a nuestro alrededor. Cómplices de un baile cuerpo a cuerpo en la oscuridad de la noche. Mi pecho en el tuyo. Tu rostro en el mío. Las piernas entrelazadas, moviéndose a un mismo compás. Mi mano en tu nuca y tus brazos en mi cintura, cercándola, apresándola para que yo no pudiera escapar de tu pregunta vertida en mi oído, en un susurro perdido entre la brisa y el canto de algún grillo despistado, que no supo que debía cambiar su agudo batir de alas por un redoble de tambores ante una escena tan esperada. Tan deseada.

Hay comienzos que se resisten a tener final. Que se prolongan en el tiempo como si fueran inmunes, acaso inmortales por los sentimientos que los revisten, que lejos de desprenderse como las hojas de otoño se adentran en nosotros hasta convertirse en savia pura. Amor y lágrimas, besos y abrazos, miradas perdidas y reencontradas, disputas que cesan con bocas hambrientas, gestos mudos que turban o quizá estremecen, corazones que se buscan de manera irrefrenable, pieles que acallan tumultos cuando se rozan... Emociones profundas que pesan, que ensanchan el alma, que vidrian los ojos ante horizontes nublados. Que siguen pugnando por que persista la luz. Y si ha de hacerse la noche, que nos venga envuelta en las mismas notas de aquella canción que lo nuestro vio nacer. Que lo ve crecer.

Pero que no lo verá morir.»

©Pilar Muñoz - 2018


25 ene 2018

MICRORRELATO: «CAMINA»


Camina…
Aunque estés cansada y te duela el alma, aunque no tengas faro para guiarte,
aunque las estrellas se apaguen y mueran con ellas tus grandes deseos,
aunque no encuentres en quien apoyarte…

Camina…
Aunque tu corazón pierda fuerza, aunque te desorientes en mitad del camino,
aunque escape el brillo de tus pupilas, aunque se nuble tu raciocinio…

Camina…
Aunque te flaqueen las piernas, aunque sientas frío, aunque te dañen las piedras
y hayas de atravesar ríos…

Camina…
Aunque hables sola y a nada encuentres sentido,
 aunque sientas vergüenza de cuanto has vivido…

Camina. Busca. Explora. Encuentra.
Sigue soñando.

Cuando menos lo esperes, hallarás tu lugar en el mundo.
Y podrás sonreír tranquila mientras recuerdas lo que has llorado.

©Pilar Muñoz - 2018



25 abr 2017

MICRORRELATO: "TE TUVE".




   Te tuve. Anoche te tuve, solo para mí. Compartiendo suspiros. Escuchando pálpitos. Tibiándonos la piel a besos y regalándonos caricias dulces entre arrebatos. Deteniendo el tiempo para mirarnos entre parpadeos lánguidos, sentidos. Adivinando, por el brillo de nuestras pupilas violando las sombras, que nos amamos.
   Te echaba de menos. Echaba de menos que ahogaras el aire que nos separaba y viniera...
s a mí. Que sumergieras mi rostro en tu pecho con un abrazo y dejaras caer en mi oído palabras tiernas; que me embriagaras con el olor de tu piel, haciéndome sentir de vuelta a casa. Echaba en falta gozar de nuestra desnudez, compartida y desinhibida, anhelada y deseada, y tan conocida…; arrugar las sábanas entre gemidos ardientes, que como géiseres manan entre escalofríos, los que me suscita tu boca; y ultimar la travesía contigo recalando entre mis piernas, con nuestras caderas besándose a intermitencias lentas, sin prisa por despedirnos y sin dejar de mirarnos para leernos, para empaparnos de cuanto sentimos…
   Anoche nos permitimos disfrutar de un reencuentro que volvió a anudar dos almas, dos corazones que siguen intuyéndose aunque parezcan no mirarse.
   Te tuve. Solo para mí. Entre respiraciones agitadas, ojos vidriados, manos entrelazadas… y esa melodía feliz que con cuerpo y alma entonaste. Y que yo bailé para ti.




5 mar 2017

MICRORRELATO: "FLOR EN EL ESCOTE".



   Prendes una flor entre mis pechos. Su tallo cosquillea mi piel, la araña ligeramente, como si fueran tus dedos los que penetran. Me mantengo expectante al tiempo que me sonríes. Con lentitud, acercas tu rostro a los pétalos para aspirar su aroma. Y también el mío. No me retiro. El  olor dulce de tus cabellos me conquista, amén de tus ademanes. Tú aprovechas que claudico y rozas mi seno con tus labios. Percibo en él la humedad de tu boca. Me estremezco. Un minúsculo beso queda enraizado junto a la flor. Tan sutil que me parece haberlo soñado y me pregunto si es real, o fruto de un deseo excitante que turba mis sentidos. Todo acaba cuando elevas la vista y la clavas en mis pupilas, con una mirada profunda que me sondea como un amante inquisidor. Mi busto oscila arriba y abajo, al compás de mi respiración, empujando el aire que circula por mi garganta seca. Tus ojos destellan y los míos lo reflejan. Mi boca tiembla.
   Reanudas el paso. Te marchas sin mirar atrás. Yo en mi vestido dejo la flor prendida. Su aroma y el tuyo, en mi corazón.

19 nov 2016

MICRORRELATO: "SUS PIERNAS".



   Clavé la vista en sus piernas largas, firmes, torneadas... Y en sus muslos prietos, apetecibles, desnudos ante miradas lascivas como la mía, que delataba el deseo incontenible de mis manos por abrirse paso entre ellos. No podía dejar de observarla. Sus ademanes exquisitos, desbordando sensualidad mientras se perfilaba los labios de rojo carmín, me encandilaron. Como me encandiló su escote, que insinuaba unos pechos perfectos bajo la tela de su vestido. Suspiré entonces al sentirla inaccesible, intocable para quien no la conociera, tan solo imaginable en sueños, al cerrar los ojos.
    Sin esperarlo, una voz susurrada a mi espalda me sacó de mi ensoñación. Me advirtió que tenía precio, que podía comprarla. Mi pulso se aceleró y dinamitó el invisible muro que nos separaba. Excitado, volví a recorrerla entera antes de decidirme a aproximarme a ella. Paseé mis pupilas por su boca, su cuello, sus senos, su vientre, su sexo..., hasta culminar en los delgados tobillos a los que se abrazaban sus zapatos de tacón. La imaginé desnuda y mía, sometida a mi voluntad, con su femenina sensualidad convertida en un trozo de carne destinado al placer.
    No pude contenerme, cegado y nervioso me levanté, frotándome las manos para abordarla y calmar la sed de sexo sobrevenida. Pero en aquel mismo instante, la voz, de nuevo, me susurró a mi espalda, al tiempo que me señalaba a las dos criaturas que, en un rincón de aquella estancia y con los bolsillos vacíos, pacientemente la esperaban para poder comer.
    Perplejo, volví a observarla. Y por primera vez en aquel tiempo reparé en sus ojos, en su rostro... Me acerqué a ella, me senté a su lado y le pregunté el nombre, cautivado por su sonrisa dulce, por su mirada de mujer valiente y digna a pesar de todo.
    Como por arte de magia, su cuerpo dejó de existir.
    Ya solo me interesaba su historia.

©Pilar Muñoz Álamo - 2016.

5 sept 2016

MICRORRELATO: "PERDÓNAME."



   Vuelvo a casa, arrastrando los pies sobre los adoquines mojados, pisando mi propia sombra que la luna proyecta delante de mí. Una pareja se besa, rozándose los labios con la timidez de un primer encuentro. Otra camina entrelazando sus manos, con la felicidad balanceando sus cuerpos al tiempo que se sonríen, sin hablar. Hay luces encendidas en las ventanas, siluetas de vida tras las cortinas. Susurros en los portales.
   Al subir las escaleras, escucho el eco de mis pasos solitarios; ya no tienen quien los acompañe. Tampoco quien los espere bajo el quicio de la puerta junto a un beso deseoso de alcanzar mi boca. Mi corazón se estrecha, susurra y se lamenta. Por mi maldita inconsciencia.
   La oscuridad me recibe aferrada al silencio. Me quito los zapatos y camino descalza para no importunarlo, y aun así la nostalgia despierta y me sale al encuentro. Me me parece aspirar su aroma y me ahogan los recuerdos que dejaron de sumar. ¿Dónde estará?
   Un juego tenue de luces y sombras traspasa el umbral de mi habitación. Mis pupilas se encienden, mi pulso crepita. Avanzo con el alma en vilo, temiendo disipar la magia que mi mente adivina, dispuesta a soñar. Hay velas encendidas, sándalo en el aire. Y una rosa de papel en la cama. Siento ganas de llorar.
   La sujeto entre mis manos y luego, la acuno en mi pecho tras leer nuestros nombres tatuados en las hojas de su tallo. Un suspiro corta el aire y que me quedo quieta, no me muevo. Es mi respiración la que ahora se agita. La que me revela que él está detrás de mí.

  Sus manos me recorren la cintura, su aliento se aposenta en mi nuca. Y mis ojos se humedecen cuando mi cuerpo estrecha, cuando un desfile de besos acomoda en mi cuello como hiciera antaño tantas veces antes de desnudarme.
  Enmudezco. No quiero hablar. Prefiero entregarle mi alma, deseo redimirme.
   Me susurra que me quiere mientras cae la ropa al suelo. La , sus caricias me estremecen, mi corazón revive. Y mi conciencia le grita «te amo» hasta quedar sin voz. Nos enredamos entre sábanas, desnudos en cuerpo y alma. Con el deseo arrebolado por la ovación de sentimientos reencontrados. Fundidos hasta el amanecer.

   Cuando la luna se apaga y él todavía no duerme, le susurro al oído:
   «No me dejes nunca. Perdóname».
©Pilar Muñoz Álamo - 2016.


20 ago 2016

MICRORRELATO: "MIENTRAS NO HAYA LUZ."




   Enredas tu piel con la mía, para que no pueda separarnos el amanecer. Tu pecho en mi pecho. Tu boca en mi boca ahogando un susurro. Y el abrazo de nuestras manos, resistiéndose a tocarnos para alimentar el deseo con lentitud desesperada. Nuestros poros se alcanzan, uno tras otro, y despiertan mariposas que aletean suaves como una brisa, en mi nuca, en mi espalda, en mi vientre..., entre mis piernas. Nos envuelve el aroma a azahar. Y tú tomas una flor caída en el suelo para acariciarme el cuello y esconderla en mi pelo, mientras yo me empapo del olor a canela que desprende tu cuerpo. No hay palabras, sino gemidos cargados  de un significado que tan solo tú y yo entendemos. Mi corazón palpita, al compás del tuyo que crepita dentro de ti como un fuego de invierno, cálido, envolvente, acogedor... Me regalas una mirada furtiva que me traspasa, huida bajo tus párpados que pretendían apresarla para no delatar que sientes lo mismo que yo. Amor, pasión y dulzura en una misma esencia. Locura, deseo y temor.
   La luna se asoma. Te ilumina el contorno cubriendo el mío como una silueta única, como si formáramos parte de un mismo ser. Tus pupilas imploran. Y entonces mi carne se debilita bajo el dictado del corazón. Entorno los ojos y te cedo el paso. Tú suspiras y yo suspiro. Sintiéndome. Sintiéndote. Sabiendo que volveremos a ser dos entes cuando se haga la luz.


28 jun 2016

MICRORRELATO: "AL FONDO DEL MAR".


   Vuelvo a pisar la arena húmeda, fría. Hundo en ella mis pies descalzos y espero a que una ola libe mis tobillos y los impregne de sal. Lleno mis pulmones de oxígeno mientras entorno los ojos, mientras la calma acompasada por el murmullo de las caracolas me abraza fuerte, gozosa por volver a encontrarme. El eco de las gaviotas golpeando mi pecho me hace ser consciente de la soledad.
    Me siento en casa, de vuelta a este rincón alejado y tan preciado que me permite pensar, citarme a solas con mi propia voz, a la que a veces me cuesta reconocer. Porque cambia su tesitura cuando nadie la escucha, cuando quedan atrás los testigos de las confesiones que me suele hacer entre brumas. Dejo que se desahogue, que divague entre el absurdo y la razón, con mi corazón aderezando ese monólogo, salpicándolo de sentimientos, de instinto, de emoción...
    La playa está desierta. Y camino. Camino en dirección al faro que apenas vislumbro entre la niebla. Me atrae su luz. Como una estrella polar orientándome en la oscuridad, indicándome hacia dónde ir. A sus pies veo las olas encrespadas y el rumor llega hasta mí, bravo y poderoso. Las observo y me embelesa la furia con la que atrapa las piedras desmoronadas por sus embestidas. Las engulle y estás desaparecen, allanándolo todo. Pienso entonces si me arrebatarían las sombras al rociarme. O si me llevarían con ellas por entero hasta un paraíso precioso de arrecifes de coral.
    Me subyuga la idea. Me atrapa. Me excita.
    Y me dejo llevar. Alcanzando el faro con los pies helados. Abriendo los brazos. Aspirando la sal que hace alborear la cresta de la marea que me envuelve. Que me lleva hasta el fondo para no regresar.

21 jun 2016

MICRORRELATO: "MI HIJO."


   Tu sombra se diluye a tu espalda. Se resiste a acompañarte. Reniega de ti porque te convertiste en un fantasma que deambula por la vida. Sin lugar donde ubicarte. Sin nada a lo que aferrarte. No hay temple en tus pasos ni fuerza en tu mirada. No hay gravedad en tu voz, que apenas susurra. Ni tu mente abraza sueños que tus manos construyan. Busqué la luz en tus ojos para poder guiarme, para rescatarte de un desierto que por estéril ni oasis tiene, donde calmar tu sed, donde recobrar el aliento que un día perdiste, si es que lo tuviste alguna vez. Se me deshace en las manos tu alma mientras tu corazón desfallece. Y con él de pena muere el mío, por no haber sabido tal vez aleccionarte para hacerte hombre. Aún eres niño.

    Camina. Camina adonde los sentimientos te lleven. Vuela adonde te reclame el instinto. Pero nunca olvides que yo a tu espalda quedo. Esperándote por siempre. Porque tú siempre serás mi hijo.



11 jun 2016

MICRORRELATO: "MÚSICA".


   Permítame acomodarme entre sus piernas y desnudar mi espalda, maestro. Su música me conquistó. Cerré los ojos y quedé atrapada entre sus hilos como la clave de Sol en la partitura. Escucharlo tocar me hizo vibrar, gozar, soñar..., amar. Y esta noche, observando enamorada el devenir de sus manos y la agitación de sus dedos estremeciendo cada compás... me convertí en instrumento. Mi voz se ha hecho melodía y en mi piel afloran las cuerdas del violoncelo de sus amores. Deseosas de ser tocadas.
    Permítame acomodarme entre sus piernas y desnudar mi espalda, maestro. Porque esta noche no deseo sentir la música. ¡Quiero ser música! Para usted.

 **

   A veces, el germen de una idea te asalta y partir de ahí construyes una pequeña historia. Acto seguido, buscas una imagen apropiada para ilustrarlo y publicas.
   Otras veces, es una imagen la que hace saltar tu inspiración de inmediato; como un resorte, como quien pone un dedo en la llaga, como quien te pellizca haciéndote reaccionar. Este es uno de esos casos.
   Gracias por la imagen, amiga. 
    
   

15 abr 2016

MICRORRELATO: "CUANDO TE ALEJAS".


   No voy a retenerte. Ya me dijiste el motivo para marcharte. El motivo. Uno solo frente a los muchos que en un papel anotaste para quedarte. ¡Cuán poderoso ha de ser para no vencerlo una coalición de adversarios! Me pides que hable. Y yo te pregunto cómo se le pone voz a un corazón roto. Cómo encadenar palabras que en mi garganta se clavan como lanzas. No puedo defenderme, porque no me culpaste. No puedo prometerte lo que no me pediste. Ni siquiera puedo odiarte. Porque no fue tu mente ni tu voluntad propia, fue tu corazón el que dejó de amarme.
   La felicidad no puede forzarse. Yo no puedo dártela, has de encontrarla en ti. Tú aún formas parte de la mía propia; pero yo…, yo ya salí.
   Es fuerte el dolor que siento cuando te alejas. Me raja. Me destripa y me hace vomitar recuerdos de una sola vida, la tuya y la mía. Y me ahogo entre ellos sin saber qué hacer, si guardarlos alimentando un pasado que terminará matándome o tirarlos, renunciando a mí y a lo que contigo fui.
    Jamás dejaré de amarte, en el corazón me quedó tu huella. 
    En el tuyo dejé de existir.
    Ahora… está ella.

© Pilar Muñoz - 2016 

MICRORRELATO: "NO DEJARÉ QUE TE RINDAS".


 Te presto mi aliento si lo necesitas, si pereció el tuyo luchando en la vida. Pero no la fuerza. La fuerza me la reservo para tirar de ti hacia arriba cuando flaqueen tus piernas y al pozo caigas. No dejaré que te rindas. 
Porque abajo, en la oscuridad, no lucen las sonrisas.

© Pilar Muñoz - 2016



12 abr 2016

MICRORRELATO: "LLORA".



   Llora. No te avergüences. Te ves hermoso cuando tus sentimientos resbalan por tus mejillas; cuando las emociones vidrian tus ojos, licuándolos mientras me miras… Los corazones fríos se encogen; el tuyo, cálido, se dilata hasta hacerse grande y deja escapar suspiros de agua para no estallar… No quiero príncipes de cuento. Quiero uno al que también yo pueda acunar. Quiero cobijarte en mi pecho cuando solloces y acariciarte el pelo… Suspirar contigo… Regalarte palabras bonitas para que tu sonrisa se beba tus lágrimas…, si es que mis labios no las frenaron nada más nacer. Quiero compartir tus secretos, tus penas y tus alegrías, empapándonos el rostro bajo una misma lluvia de un mismo color…
   Llora. Porque el brillo de tus pupilas me enamora al confesarme que es una mezcla de sal… y de pura sensibilidad.

© Pilar Muñoz - 2016


7 abr 2016

MICRORRELATO: "EN SUEÑOS".

   He estado buscándote en sueños mientras tú buscabas refugio en los sueños de otra. No huías de mí, no me habías visto. Pero podías sentirme, lo sé. Intuías mi aroma… Y apreciabas en tu piel deslizarse mis suspiros al pasar cerca de ti, como una brisa embriagadora que te nublaba el sentido. No sabes quién soy. Ni siquiera mi nombre. Pero eso no importa cuando las emociones ruedan, cuando nos arrollan y nos descerebran…
   Me aproximo a tu espalda. Ágil. Etérea. Mantengo silencio pero nuestras pieles hablan, claman a voces por sus poros dilatados, amparadas por la desnudez de los sueños que se asemeja a la nuestra permitiéndonos ser libres, sin vestiduras, sin identidad, sin leyes ni normas impuestas contra natura…
   Te agitas, te estremeces cuando mis dedos te tocan. Sonrío. Y entre ellos te tomo preso para llevarte en volandas hasta mis confines, lejos de ella, lejos de todos. Te giras y me miras por primera vez. Mis ojos negros conjuran como hechiceros mientras mis labios te rozan, en un juego de seducción que te atrapa y te excita, que invita a tus pupilas a recorrerme rendidas, impacientes, gritándome agitadas lo que he de hacer…
   Dime… Dime dónde posarás mis manos... Dime adónde arrastrarás mi boca... Dime en dónde cobijarás mi aliento, mis besos… En qué punto de tu cuerpo me permitirás dejarte marca...
   La tuya la llevo impresa. Mordiste mi corazón en el mismo instante en que te conocí al soñar. Y ahí te sentenciaste. Gozarás como jamás gozaste, sentirás como jamás sentiste… Pero ya no volverás. 
© Pilar Muñoz - 2016

27 feb 2016

MICRORRELATO: "MELODÍA DE DESEO".



   Tocas la guitarra mientras me desnudo. Acordes suaves, sentidos. Las cuerdas vibran, al igual que mis manos liberando los botones de mi blusa. Te miro y me dejo caer sobre la cama. La tela se abre y mis pechos emergen, ocultando parte de su voluptuosidad bajo la seda, jugando al escondite con tus pupilas, dilatadas, deseosas. Tu pulso acelerado se sincroniza con el ritmo in crescendo de la melodía. Y las notas que cobran vida en tus manos vienen a acariciarme, a lamer mi piel desnuda erizándola. Puedo sentir el fuego que irradias y me revuelvo. Tu aliento me busca y mis labios se abren. Contoneo mis caderas con levedad y mis muslos tiemblan..., y se distancian uno de otro invitando al eco de tu guitarra a adentrarse en mí, como algo tuyo que tanto anhelo… Te dedico una mirada lánguida, como un reclamo, y te revelo cómo mi cuerpo grita tu nombre, cómo mi sexo derrama lágrimas de deseo humedeciendo las sábanas. Castigas las cuerdas, viertes sobre ellas tu furia contenida, tu excitación compartida con la mía, traducida en gemidos mientras me acaricio a la espera de que las notas mueran… y vengas a mí.
© Pilar Muñoz - 2016

 

1 feb 2016

MICRORRELATO: "ESPÉRAME".


   Te miro a los ojos y veo los suyos. Recalo en tus labios y es su boca la que siento que me recorre el cuerpo, mordiéndome con ansia, con desespero. Me fuerzo a imaginar que hago el amor contigo, pero no puedo. Lo intento. Mas no consigo apartar su imagen para gozar de ti, dejar de escuchar su voz. Es demasiado fuerte, poderoso su recuerdo. Me agita, me estremece, me pellizca el estómago cuando lo evoco.
   No, no permito que me toques mientras él permanezca apostado en mi mente. Aun a riesgo de perderte por creer que no te amo, que no te quiero, que pereció mi deseo hacia ti. Aun a riesgo de perderte por no darte explicación. Pero entiende que me mueve protegerte, que es dolor lo que trato de evitarte. Dolor por saber que sus manos dejaron marcas en mi piel contra mi voluntad. Que su boca usurpó mi boca sin pedir permiso. Que su daga osó atravesarme llenando mi rincón íntimo, que solo habías visitado tú. Tiemblo al rememorarlo. Me acurruco y me abrazo para protegerme de una sombra que no me deja vivir, que no me permite entregarme a ti con las luces apagadas ante el horror de confundir qué piel me roza, que me dejó seca por dentro a pesar de tus caricias que siempre me derritieron. No, no permito que me toques mientras sienta la presión en mis muñecas, el ardor de su violencia en mis mejillas, su fuerza bruta entre mis piernas… Mientras el latido de mis sienes sea consecuencia del miedo y no de una agradable excitación.
   Espérame, por favor. Ten paciencia, confío en que pasará.
   Cuando las agujas del reloj hayan dado vueltas sin cesar, moliendo las huellas de su atrocidad, te abrazaré, te devolveré  mi vida entera. Pondré el alma a tus pies para de nuevo ser tu chica. Jovial, apasionada y feliz.
   Como siempre fui.


21 nov 2015

MICRORRELATO: "LA DESPEDIDA".

   Me siento a tu lado. La música suena. Nuestras manos se rozan y tus ojos me abrazan, nostálgicos, tristes tal vez. Mis pupilas los secundan y mi sonrisa se vidria, amenazando con fragmentarse y descomponerse cual puzle construido a base de sueños, expectativas y promesas incumplidas…, de ilusiones vagando en el aire sin dejarse atrapar. Retengo las palabras, no quiero llorar.
Miro a mi alrededor. Aún quedan algunas flores de las que planté con tanto esmero. Otras ya se marchitaron. Me ofreces una de embriagador perfume y me preguntas por qué marcho, si acaso es que no te amo... Suspiro. Te miro. Te beso y confieso que es el amor que siento lo que me empuja a huir. Mi alma quedó vacía.  Todo te lo di. Vestí tu vida con la mía y quedé hueca, despojada. Y agotada de pedir que me besaras para hacerme resurgir.
   Te quiero, con el alma y el corazón… Pero ya no tengo qué ofrecerte para poder retenerte. Ya no sé cómo atraparte.
   No te digo adiós. Sino hasta luego. Dejemos que el tiempo decida si nos volvemos o no a encontrar. Dejemos que el destino diga si, transcurrido el tiempo, nos volveremos a amar. 

 © Pilar Muñoz - 2015

Lecturas 2018.

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