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27 feb 2016

MICRORRELATO: "MELODÍA DE DESEO".



   Tocas la guitarra mientras me desnudo. Acordes suaves, sentidos. Las cuerdas vibran, al igual que mis manos liberando los botones de mi blusa. Te miro y me dejo caer sobre la cama. La tela se abre y mis pechos emergen, ocultando parte de su voluptuosidad bajo la seda, jugando al escondite con tus pupilas, dilatadas, deseosas. Tu pulso acelerado se sincroniza con el ritmo in crescendo de la melodía. Y las notas que cobran vida en tus manos vienen a acariciarme, a lamer mi piel desnuda erizándola. Puedo sentir el fuego que irradias y me revuelvo. Tu aliento me busca y mis labios se abren. Contoneo mis caderas con levedad y mis muslos tiemblan..., y se distancian uno de otro invitando al eco de tu guitarra a adentrarse en mí, como algo tuyo que tanto anhelo… Te dedico una mirada lánguida, como un reclamo, y te revelo cómo mi cuerpo grita tu nombre, cómo mi sexo derrama lágrimas de deseo humedeciendo las sábanas. Castigas las cuerdas, viertes sobre ellas tu furia contenida, tu excitación compartida con la mía, traducida en gemidos mientras me acaricio a la espera de que las notas mueran… y vengas a mí.
© Pilar Muñoz - 2016

 

27 dic 2014

RELATO: "VUELVE A MÍ".

   Me abrasa el silencio, casi tanto como el calor adherido a las paredes de esta habitación que rezuman nuestro aliento vertido al aire, denso y entrecortado como una melodía de pasión, apresado entre sus poros para no delatarnos, para no desvelar su cariz ni la intensidad de su música convertida en gemidos día tras día. Me quema la ropa pegada al cuerpo, el tacto rugoso de la tela que no acostumbro a llevar cuando estoy contigo. Y me ahoga el pensamiento de no saber cuándo me liberarás de nuevo, cuándo volverán a deslizarse los botones de mi blusa entre tus dedos permitiendo que mis pechos acomoden tu mirada, cuándo dejarás caer mi falda para acariciar mis muslos, mis nalgas…, para encajar mis caderas en las tuyas y balancearlas con una cadencia pausada que se acelera y se torna loca al compás de nuestra excitación, de nuestra pasión no contenida, incontrolable…, furiosa. 
   Aspiro los efluvios de tu cuerpo, que aún vagan a mi alrededor a pesar del tiempo, y cierro los ojos intentando ocultar la melancolía que los tiñe mientras permito que mis propias manos despojen mi piel de sus vestiduras, que me desnuden con lentitud y me acaricien por entero cual si fueran las tuyas, con el dolor prendido al alma por no sentirte una vez más junto a mí. 
   Me siento ante la ventana y me ilumina el albor de la luna. Una brisa leve se filtra a través de ella y besa la desnudez de mi espalda, erizando mi nuca al imaginar por un instante que son tus labios los que se pasean por ella de arriba abajo, que es tu lengua la que me degusta como preámbulo a lo que te ofreceré después. Y entonces abro las piernas como si un resorte débil e involuntario se hubiera instalado dentro de mí, a la espera de que tus manos avancen para llevarme al éxtasis donde me quiero perder. 
   Jadeo, guiada por la emoción, el delirio, la lujuria o, tal vez, por la tristeza que me golpea el pecho en nombre de la soledad. Vuelvo la vista y observo la lejanía, el horizonte azulado de esta noche de verano. Y un reclamo fluye de mis entrañas, un reclamo extraño que mana con fuerza de mi entrepierna, de mi mente y de mi corazón, formando un cóctel imposible de desligar: 

   Vuelve a mí. Te espero. 

© Pilar Muñoz Álamo - 2014

6 oct 2014

RELATO: "ELLA ME ESPERA."

   Ella me espera. Se ha sentado al borde de la cama, bebiendo a través de su piel la claridad de la luna, que reviste sus piernas, su vientre, sus senos de un matiz perlado que resalta sus curvas y perfila sus volúmenes apetecibles. Sabe que me encuentro agazapado, observándola a través de la rendija del baño sin atreverme a salir. Entreabre sus piernas, dejando que los hilos que bordean el mantón que cubre su desnudez se confundan con su vello insinuando sus labios, sus oquedades húmedas por las que quiero colarme. Mi sexo se enerva y se engrandece guiado por un instinto que se ha mantenido intacto a pesar de todo. Y la piel de mis manos, de las yemas de mis dedos muere por tocarla, por recorrer sus perfiles y apreciar la textura de un cuerpo que no recuerdo, de unos pechos firmes que me subyugan, que deseo apresar para notarlos palpitar como lo hace mi corazón en estos momentos. 
   Observo su boca.  No sé cómo saben sus labios. Quiero morderlos como a una fruta prohibida, saborearlos con la punta de mi lengua anticipando un cosquilleo que me excita y me estremece. Ella lo sabe, que debe reconquistarme, seducirme, hacerme suyo fundiéndonos en un abrazo piel con piel, mientras me acoge entre sus piernas para hacer que invada su rincón ardiente donde tantas veces vibré al compás de la pasión, sin que yo ahora consiga evocarlo. Dicen que es mi mujer. Los recuerdos aniquilados por aquel golpe no me permiten saber si es verdad. Pero hay algo en sus pupilas al mirarme que me hace sentir en casa cuando la toco, cuando la beso con sutileza sin atreverme a más.
    Hoy será el día. Hoy será el día en que la posea de nuevo hasta el amanecer. Hasta que la luna nos despida ahogados en el placer. Entre roces y gemidos. Entre sonrisas y llantos emocionados por haber recuperado lo que un día perdimos y el corazón nos devuelve con un guiño esquivo que reta a la mente. 
   Hoy será el día en que me funda con ella sin temor a equivocarme. 
 
© Pilar Muñoz Álamo - 2014

Lecturas 2018.

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