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18 ene 2020

MICRORRELATO: «AHORA SÍ QUE SÉ LEER»


   Aprendí a leer contigo. Para mí, las líneas de cualquier libro eran una sucesión de palabras sin sentido, un cúmulo de frases desprovistas de significado. Aún recuerdo tu mirada al escucharme, boquiabierto, extrañado. «Quizás erraste al elegir la historia», recuerdo que me dijiste, «quizás esta no es capaz de llegarte al corazón». Y es que el mío estaba cerrado. Como estaban mis ojos ciegos, mis oídos sordos, mi boca muda… y mi alma rota.

    Aprendí a leer contigo cuando al sentarte a mi lado me tomaste de la mano y sentí el roce de tu piel, el calor de tus pupilas, la candidez de tu voz y un abrazo que jamás nadie me había dado. Despertaste en mí el amor y, con él, la confianza en el mundo que en mi infancia se extravió. Aprendí a mirar contigo, contigo supe lo que es comprender. Porque solo se comprende con el corazón abierto, como una extensión del querer.

    Ahora me adentro de nuevo en la historia y, al pasear por las letras, cambia mi entonación. Los protagonistas me hablan y soy capaz de vivir sus vidas, de entender sus sentimientos, de reír y hasta llorar emocionada. Descubro que las frases no son un camino llano, sino una montaña rusa a la que he subido y en la que el vértigo me pellizca, el aire me sacude la cara y los designios de cuanto ocurre me causan preocupación.

    Ahora todo adquiere un significado. Porque no pueden vivirse otras vidas si una está muerta, o entenderse un sentimiento cuando jamás se conoció una emoción.

    Tú me abriste el corazón.

    Y ahora sí que sé leer.
 © Pilar Muñoz Álamo - 2020
Fuente de la imagen: Pixabay.com

20 feb 2019

ANTOLOGÍA SOLIDARIA «UN 4 DE FEBRERO»


   Hace aproximadamente un par de años, mi querida amiga y escritora Mayte Esteban comentó que la habían invitado a participar en un proyecto benéfico que por entonces comenzaba a gestarse. Sus organizadores con su máximo exponente, el escritor J.A.P. Vidal pretendían reunir a un grupo de escritores que aportaran un relato de su autoría, de temática y género libres. Cómo único requisito, hacer mención a una fecha: la del 4 de febrero. ¿Y por qué esta fecha? Porque los beneficios de lo que sería esa futura antología irían destinados a alguna fundación o asociación sin ánimo de lucro cuyo objetivo principal se centrara en la lucha contra el cáncer, en cualquiera de sus vertientes. Junto a esa invitación, también le llegó una petición, la de facilitar otros nombres de escritores a los que pudiera apetecerles la idea de participar. Y ella, junto al mío, sugirió el de dos compañeros más a quienes quiero y admiro: María José Moreno y Víctor Fernández Correas.

    Me vi así con una propuesta sobre el mantel: un relato relativamente corto por crear y la compañía de unos participantes que, literariamente hablando, eran más «grandes» y reconocidos que yo; a Mayte, María José y Víctor había que sumar otros como Roberto Martínez Guzman o Mónica Gutiérrez Artero, que ya estaban en lista y dispuestos a colaborar. Todo un reto y una responsabilidad. Porque había que estar a la altura de las circunstancias y de la calidad narrativa de quienes iban a formar parte de ese elenco de escritores «antológicos». 

   Pero es que lo mío son los relatos. Ellos son mis niños bonitos, mi debilidad, los que me trajeron a este mundo; podría decir que hasta se parecen a mi madre, porque ellos «me parieron» y arrojaron al mundillo literario. Y esto, unido a la causa que promovía esta iniciativa, pudo más que nada para que aceptara el reto.

   Busqué bolígrafo y papel y puse a funcionar la mente. Había que crear una historia bonita, completa, que provocara suspiros sin empalagar y, por supuesto, con mi sello personal. Y así nació No fue casualidad, un relato con un tema de fondo que me gustó tanto que me dejó con ganas de más. De mucho más. Pero no porque la historia quedara incompleta, sino porque en ella se podía profundizar, no solo enraizando la trama, sino en su poso de reflexión. Y así lo hice. Viendo que la antología, por dificultades técnicas ajenas a nuestra voluntad, retrasabae incluso cuestionabasu publicación final, quise utilizar este relato como «precuela» de lo que después sería Un café a las seis, mi siguiente novela, publicada en julio de 2017. 

   Y ahora vosotros os preguntaréis: «¿Entonces el relato y la novela son lo mismo?».

   Pues no, exactamente. Mi relato de esta antología es la esencia de la novela. El perfume de base. La versión concentrada de la historia de su protagonista. Pero la novela es mucho más. No son páginas sumadas injustificadamente, sino el resultado de una trama más completa, con añadidos que yo consideré necesarios para aportar una visión más amplia al tema de base que quería desarrollar, con detalles más precisos en la evolución de sus personajes y de su forma de ser y actuar, y con mayor número de reflexiones, no solo en relación al tema principal, sino a otros tantos relacionados con él que también era interesante tratar. Partiendo de un relato que a mí me parece precioso y en absoluto inacabado, nació la novela más corta, dulce y amable de las que he escrito hasta ahora .

   Pero volvamos a la antología. A la lista de escritores ya mencionados se fueron añadiendo algunos más, hasta completar los doce que finalmente hemos participado en ella, como Ana Bolox, Carmen Flordelís, Aránzazu Mantilla, Nieves Muñoz de Lucas o Aída del Pozo. Y también una prologuista (Amparo Lledó) y un ilustrador (Diego Bolox). Plumas muy distintas, pero igualmente buenas, con historias tan dispares que rompen la monotonía lectora provocándonos percepciones y emociones diferentes, dignas de disfrutar.

   Cuando, hace unos meses, la maquinaria volvió a ponerse en funcionamiento y supe que los beneficios obtenidos irían a parar a la Fundación Aladina, se me puso una sonrisa de oreja a oreja. Porque hablamos de niños y adolescentes, el colectivo más vulnerable, el que más nos necesita en todos los aspectos, el que más merece nuestra atención y nuestra dedicación junto a la tercera edad. Me alegró el resultado de nuestro trabajo y la ilusión que hemos puesto en la iniciativa. Y me siento orgullosa de haber podido aportar mi granito de arena a esta causa solidaria de esta forma tan bonita: a través de las letras y de la imaginación.

   Ahora solo falta que nos acompañéis. Que disfrutéis de ellas al tiempo que regaláis sonrisas. 
   Por ellos. Por los más peques.

    Enlace de compra: Un 4 de febrero.

  
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28 dic 2018

MIS MEJORES LECTURAS DEL 2018


   Como ya dije ayer en un resumen publicado en mi página literaria de Facebook, ha sido este un año un tanto extraño en cuanto a lecturas. Lo empecé sin expectativa alguna, con el solo deseo de disfrutar, huyendo de listas y, sobre todo, de esas metas cuantitativas en las que no creo, porque considero personalmente que no reportan beneficio alguno, ni para mí como lectora ni para las propias obras. Pero no ha sido esta falta de expectativas la culpable de haber leído poco, sino otros factores a nivel personal, que han hecho que pase por temporadas de auténtica sequía lectora a pesar de mis múltiples intentos por recobrar el ritmo. 

   El pato de este grado de dispersión lo han pagado algunas novelas que he abandonado siendo consciente de que no eran ellas las culpables sino yo, de que no se merecían mi penosa falta de atención a los detalles, comprometiéndome por tanto, firmemente, a retomarlas llegado su momento, como Tigres de cristal, de Tony Hill o La Conspiración de Yuste, de mi querido Víctor Fernández Correas. Otros muchos abandonos, sin embargo, lo han sido con la certeza plena de saber que no me estaban aportando nada a nivel de historia, planteamiento o narrativa, algunas de ellas a pesar de las buenas críticas recabadas en la red. También ha habido novelas que he terminado leyendo y que puedo decir que me han gustado, pero que no han llegado en absoluto a las expectativas que yo me había forjado atendiendo a los comentarios ajenos; digamos que les he visto algunos «peros», técnicamente hablando, que sin embargo han sido pasados por alto por otros muchos lectores, incluso por algunos a los que yo tenía por exigentes. Pero bueno, esto no deja de ser una apreciación personal en la que no es momento de ahondar. 

   Centrándome en esa treintena de novelas que sí he completado (dejando al margen las divulgativas o no literarias cuya lectura suelo intercalar con las obras de ficción), me quedo con estas nueve por haber sido las que de verdad me han llenado o impactado de alguna manera:

   DESPUÉS DEL AMOR de Sonsoles Ónega.
   Me sorprendió y me encantó la forma de escribir de la autora, de la que no había leído nada hasta el momento. Y me encantó la historia de amor -basada en hechos reales- que cuenta en la novela, su manera de narrarla, la ambientación y el soporte histórico en su medida justa.

   EL OTRO HIJO de Nick Alexander.
   Este novela la descargué de Amazon aprochando el kindle Flash, sin saber nada su autor ni tampoco mucho de la novela, tan solo algunas críticas recogidas de Amazon. Estaba publicada por Amazon Crossing, como una traducción de la obra original, y tengo que decir que fue una sorpresa muy, muy grata. Me gustó muchísimo el planteamiento narrativo del autor, al contar aspectos de un mismo pasaje de la trama bajo perspectivas distintas, jugando con el lector y con la ambivalencia que producen las visiones diferentes según quien las cuenta. La historia, preciosa; con sorpresas que manan de la trama a medida que vamos conociendo más a fondo la vida de todos los miembros de la familia y lo que cada uno de ellos esconde. 

   EL BAILE DE LAS LUCIÉRNAGAS de Kristin Hannah.

   Esta autora ha sido para mí todo un descubrimiento y, sin duda alguna, seguiré leyendo más obras de su bibliografía. Tiene la capacidad de envolverte con su forma de narrar aunque presente escenas impactantes o crudas. Esta novela es un auténtico canto a la amistad, a la que se forja en circunstancias poco favorables o en situaciones escabrosas, que lejos de distanciar a las personas, a veces las une estrechando unos lazos que perdurarán por siempre. Con sus altibajos naturales y vitales, pero tan reales que es difícil no empatizar con la historia y, sobre todo, con quienes la protagonizan por lo que en sí representan.  

   EL COLOR DE LAS MAREAS de Mikel Alvira.

  Con las novelas de Mikel siempre aprendo algo, aunque considero que es difícil de imitar, porque es muy grande ese ingenio que tiene a la hora de plantear una trama o de intercalar elementos narrativos que a muchos escritores le sonarían como fuera de lugar, mal integrados o incluso erróneos, pero que él solventa con total naturalidad. Ya me encantó cuando lo conocí en La novela de Rebeca y aquí, a nivel «formal» a vuelto a soprenderme en determinados aspectos literarios, sumados a una trama preciosa que, aunque un poco previsible, rinde homenaje al amor de una manera distinta a ese estilo romántico al uso del género actual. La ambientación espacial e histórica tambien me pareció genial. 


   LAS CENIZAS DE ÁNGELA de Frank McCourt.

   Cuando supe, tras haber leído la novela, que estaba basada en la vida del propio autor me quedé pillada, como suele decirse ahora, impactada, boquiabierta. Os puedo asegurar que, en este caso, volvió a cumplirse al famoso dicho de que la vida real supera con creces la ficción y que aquellos sucesos que tachamos de inverosímiles en muchas novelas, bien pueden haber sucedido en la vida real. Las cenizas de Ángela es una historia durísima, cruda, de supervivencia a pesar de todo y de todos, de lucha contra la sombra de una muerte cierta que parece perseguir a la familia del pequeño protagonista sin darles tregua. Pero no deja de ser, sin embargo, un brote de esperanza final hacia todo aquel esfuerzo por continuar luchando, una muestra viva de que el destino nos puede hacer tropezar con mil obstáculos sin permitir que finalmente sucumbamos en el intento de saltarlos. Merecida la fama que tiene la novela y las críticas que la avalan como una historia imperecedera, de las que serán siempre un fondo de biblioteca por conservar.

  YO ANTES DE TI de Jojo Moyes.
Cuántas veces me habré resistido a leer esta novela por considerarla demasiado romántica, incluso propia de adoslescentes. Y qué idiota he sido por dejarme llevar (nadie está exento, yo tampoco) de los malditos prejuicios a la hora de elegir lectura, que nos hacen perdernos obras con las que podemos disfrutar en mucha mayor medida de lo que pensamos. Tal cual me sucedió con esta. Aun predeciendo un final que para mí no podía ser otro porque es el que considero coherente, seguí leyendo, arriesgándome a que no fuera así, claro, porque la historia es emotiva, reflexiva, real y, sobre todo y ante todo, preciosa. Un caramelo dulce, un oasis lector entre Las cenizas de Ángela y El Ruiseñor, un respiro plagado de oxígeno que me encantó respirar. 


   EL RUISEÑOR de Kristin Hannah.

   Después de leer El baile de las lueciérnagas no dudé en que repetiría con la autora, máxime cuando tenía pendiente esta obra, tan adulada por la crítica. Es dura, muy dura, sobrecogedora hasta el punto de hacerme parar a respirar en determinados pasajes porque me sobrepasaba, incluso me hizo llorar, cosa que, a pesar de mi carácter sensible y emotivo, no me suele ocurrir con facilidad cuando leo una novela. Pero debo romper una lanza por ella, porque Kristin Hannah no se regodea en las miserias humanas hasta rayar el morbo, como sucede en otras historias, ni en la crueldad de los personajes, simplemente describe lo que supuso en la realidad aquella ocupación de Francia por los nazis. Y quizá sea eso lo que más me impactó hasta crearme ese grueso nudo en la garganta, que lo que yo estaba leyendo no era fruto de la ficción, de la imaginación de la autora, sino la dura y cruel realidad, personificada además en una familia en concreto, lo que contribuye a que sintamos, con suma impotencia, las atrocidades más cercanas que si se habla de ellas en general. Una historia preciosa, llena de valentía, de lucha por la supervivencia, por la salvación ajena, de hazañas heroicas por parte de un pueblo que se negaba a perder la esperanza. Si tuviera que elegir una sola novela entre estas nueve seleccionadas, sin duda me quedaría con esta. Sin aún no la habéis leido, hacedlo. Merece la pena, creedme. 

   UN AMOR de Alejandro Palomas.
   Me enamoré de Amalia en Una madre, de esa ingenuidad aparente que, en realidad, esconde la sabiduría de una madre con mayúsculas, acostumbrada a salvar escollos a costa de experiencia, pero sobre todo, a salvar a unos y a otros haciéndose la tonta, uniendo a la familia con sus ocurrencias inocentes que he llegado a dudar a veces de que lo sean tanto. La continuación de ese primer contacto con ella y con su familia tenía que completarlo y no me decepcionó. La sensibilidad de Alejandro Palomas, su exquisitez a la hora de narrar escenas de la vida cotidiana y de adentrarse en la naturaleza humana me llega. Porque él también se basa en las relaciones humanas y en su psicología para contar historias como esta. No sé si es merecido Premio Nadal o no, es una cuestión peliaguda y un tanto subjetiva, pero a mí la novela, premios aparte, me tocó lo suficiente como para estar aquí. 

   SE LLAMABA MANUEL de Víctor Fernández Correas.

   Víctor es garantía de buena novela y de estupenda narrativa, así de claro. Tiene una facilidad pasmosa para recrear ambientes y adentrarnos en ellos en solo unas líneas, provocando en nosotros sensaciones similares a las que pueden sentir sus personajes, como si fuéramos testigos observando desde dentro de la propia novela, no desde nuestra posición de lector. Tuve la buena fortuna de leer esta novela cuando aún se estaba gestando y ya auguré el éxito que está teniendo. Después de haberla pulido y sacado a la luz no me extrañan nada las alabanzas que está recibiendo. La Historia es tan protagonista como los personajes de la trama. Y es un gran acierto la manera de entretejer los acontecimientos históricos, los ambientes y las costumbres propios de la sociedad franquista en la que se centra la trama y los entresijos de una historia de intriga que está a caballo entre el género policíaco y la novela histórica. Una madeja compacta que huye de estereotipos, de clichés, de los cánones establecidos por los distintos géneros para adquirir entidad propia. Se llamaba Manuel tiene sello de autor. Y a mí ese sello me encanta.



   Con esta novela termino mi recorrido por lo mejor que he leído este año, sin contar con esas otras lecturas «cero» a las que he tenido la suerte de acercarme y que ya anticipo que son preciosas y que están muy bien escritas. Les auguro un gran éxito cuando salgan publicadas, porque de verdad que lo merecen. Aunque claro, eso será si vosotros, lectores, queréis darle una oportunidad de lectura, porque huelga decir por muy buena que sea una obra, carecerá de éxito alguno si, por una razón u otra, muere sin haber conseguido llegar hasta vuestras manos.  

  

19 nov 2016

MICRORRELATO: "SUS PIERNAS".



   Clavé la vista en sus piernas largas, firmes, torneadas... Y en sus muslos prietos, apetecibles, desnudos ante miradas lascivas como la mía, que delataba el deseo incontenible de mis manos por abrirse paso entre ellos. No podía dejar de observarla. Sus ademanes exquisitos, desbordando sensualidad mientras se perfilaba los labios de rojo carmín, me encandilaron. Como me encandiló su escote, que insinuaba unos pechos perfectos bajo la tela de su vestido. Suspiré entonces al sentirla inaccesible, intocable para quien no la conociera, tan solo imaginable en sueños, al cerrar los ojos.
    Sin esperarlo, una voz susurrada a mi espalda me sacó de mi ensoñación. Me advirtió que tenía precio, que podía comprarla. Mi pulso se aceleró y dinamitó el invisible muro que nos separaba. Excitado, volví a recorrerla entera antes de decidirme a aproximarme a ella. Paseé mis pupilas por su boca, su cuello, sus senos, su vientre, su sexo..., hasta culminar en los delgados tobillos a los que se abrazaban sus zapatos de tacón. La imaginé desnuda y mía, sometida a mi voluntad, con su femenina sensualidad convertida en un trozo de carne destinado al placer.
    No pude contenerme, cegado y nervioso me levanté, frotándome las manos para abordarla y calmar la sed de sexo sobrevenida. Pero en aquel mismo instante, la voz, de nuevo, me susurró a mi espalda, al tiempo que me señalaba a las dos criaturas que, en un rincón de aquella estancia y con los bolsillos vacíos, pacientemente la esperaban para poder comer.
    Perplejo, volví a observarla. Y por primera vez en aquel tiempo reparé en sus ojos, en su rostro... Me acerqué a ella, me senté a su lado y le pregunté el nombre, cautivado por su sonrisa dulce, por su mirada de mujer valiente y digna a pesar de todo.
    Como por arte de magia, su cuerpo dejó de existir.
    Ya solo me interesaba su historia.

©Pilar Muñoz Álamo - 2016.

20 ago 2016

MICRORRELATO: "MIENTRAS NO HAYA LUZ."




   Enredas tu piel con la mía, para que no pueda separarnos el amanecer. Tu pecho en mi pecho. Tu boca en mi boca ahogando un susurro. Y el abrazo de nuestras manos, resistiéndose a tocarnos para alimentar el deseo con lentitud desesperada. Nuestros poros se alcanzan, uno tras otro, y despiertan mariposas que aletean suaves como una brisa, en mi nuca, en mi espalda, en mi vientre..., entre mis piernas. Nos envuelve el aroma a azahar. Y tú tomas una flor caída en el suelo para acariciarme el cuello y esconderla en mi pelo, mientras yo me empapo del olor a canela que desprende tu cuerpo. No hay palabras, sino gemidos cargados  de un significado que tan solo tú y yo entendemos. Mi corazón palpita, al compás del tuyo que crepita dentro de ti como un fuego de invierno, cálido, envolvente, acogedor... Me regalas una mirada furtiva que me traspasa, huida bajo tus párpados que pretendían apresarla para no delatar que sientes lo mismo que yo. Amor, pasión y dulzura en una misma esencia. Locura, deseo y temor.
   La luna se asoma. Te ilumina el contorno cubriendo el mío como una silueta única, como si formáramos parte de un mismo ser. Tus pupilas imploran. Y entonces mi carne se debilita bajo el dictado del corazón. Entorno los ojos y te cedo el paso. Tú suspiras y yo suspiro. Sintiéndome. Sintiéndote. Sabiendo que volveremos a ser dos entes cuando se haga la luz.


30 jul 2016

RELATO: "ROMANTICISMO 'NOIR'". (Antología "LA LIBRERÍA MÁS BONITA DEL MUNDO")



   De nuevo una voz quebró el silencio de mi habitación, atravesando las sombras. Debería de haberme asustado. Pero llegó a mí como un susurro cálido y envolvente, amoroso. Y yo lo seguí, embaucada, dejándome arrastrar hasta la calle desierta, apenas bañada por la luz cenital que las farolas alcanzaban a derramar sobre ella. El mundo dormía, mientras yo me deslizaba por la acera escuchando el batir de mis pasos, amortiguados por los restos de lluvia caída durante la tarde. El eco de aquella voz, llamándome, se adentraba en mis oídos guiándome como un faro en alta mar, hasta recalar en una bocacalle coronada por un establecimiento centenario que yo solía frecuentar, la librería París, de cuyo escaparate fluían reflejos que chispeaban en el cristal, como si alguien hubiera prendido velas tras él.

            Me acerqué con cautela y empujé la puerta. Estaba abierta. El calendario que había tras ella había retornado en el tiempo, sorteando un siglo que había perecido ya. La madera del artesonado y de las paredes se había rejuvenecido; no así sus libros, que lucían antiguos y polvorientos, apilados sobre las mesas, rezumando olor a tinta y a pergamino. Avancé bajo una nube de claroscuros en dirección a una pequeña escalera de caracol situada al fondo, al tiempo que paseaba las yemas de mis dedos por algunos volúmenes para apreciar la rugosidad del papel, los bordes y letras repujados en sus tapas, sus lomos torneados con puntos de libro aflorando al pie como lenguas rojas.

            Subí los primeros peldaños de la escalera, atraída por la intensidad de la luz que bajaba por ella. Me sorprendió observar que, en uno de ellos, yacía abierto el libro que yo había estado leyendo la tarde en que abandoné aquella estancia a toda prisa. Faltaban letras, palabras, incluso algunos párrafos en sus páginas. Habían sido arrancados y derramados en el camino de ascenso de aquel caracol. Extrañada, alcancé el final. Y entonces, el susurro de la voz se magnificó y una silueta masculina cobró forma a unos metros de mí, turbándome la mente y el corazón. Cerré los ojos por un instante y cuando volví a abrirlos pude ver un paisaje maravilloso, resplandeciente. Pareciera que los muros de aquella librería se hubieran derrumbado, conectándola con otro mundo, con otro tiempo. Observé una pradera inmensa, infinita, con retazos de hierba y salpicada de margaritas, violetas, brezos, como creada por el pincel caprichoso de un artista. En su margen derecha discurría un río bordeado de álamos y en cuya superficie acristalada se reflejaban los rayos de sol que alcanzaban a iluminar mi tez pálida, más pálida de lo habitual. El pálpito de mis sienes se acentuó al percibir un aroma a vainilla y limón precediendo a aquel hombre atractivo y de porte arrogante, ataviado con pantalón blanco, levita y botas altas de montar. Pude reconocerlo. Era Rodolfo. Insinuándome una sonrisa, con la mano abierta, extendida hacia mí.

Comencé a temblar. Di un paso en dirección a él y aquella pradera me acogió en su seno como si hubiera vivido allí durante toda la eternidad. Me vi imbuida repentinamente en un corsé apretado bajo un vestido que cubría mi cuerpo hasta los tobillos, vaporoso en las caderas y abotonado hasta el cuello, mis manos enguantadas y un sombrero ocultando parte de mis cabellos. La presencia de Rodolfo volvió a despertar mis pasiones ocultas, mi deseo contenido, mi necesidad de amor… La atracción irrefrenable que provocaba en mí competía con la actitud apática de mi marido, al que no me atrevía a ser infiel, a pesar del clamor de mi piel, de la poesía que brotaba en mi alma al sentirme enamorada de aquel otro hombre que irrumpió en mi vida de un forma tan casual. Me desgarraban mis pensamientos por indecorosos. Me quemaban sus labios besando mi mano, pretendiendo mi boca. Pero darse por vencido no era afín a su temperamento. Había huido de aquellas páginas de libro y me había reclamado en mitad de la noche para devolverme a su mundo. Con él. Una nueva y halagadora declaración de amor.

El rumor del viento sofocó el calor y me dejó helada al amplificar otra voz, en la lejanía, a mi espalda. Él me miró suplicante mientras yo daba nombre a quien me llamaba, a quien me buscaba con aparente preocupación: era mi esposo. Me giré hacia la escalera con las manos de Rodolfo apresando las mías, nerviosa y con un latido amargo en la boca del estómago ante mi indecisión. La pradera a un lado, la librería al otro. El idilio, la pasión, el amor, el éxtasis… a mi derecha; el decoro, el honor, la decencia y mis deberes de esposa a mi izquierda. ¡¿Qué hacer!? ¡¿A dónde ir?!

El semental cabalgado por mi amante continuaba ensillado y amarrado al tronco de un álamo. Me dirigí hasta él para montarlo y salir huyendo de allí, hacia ninguna parte, hacia cualquier lugar donde acaparar minutos para reflexionar. Rodolfo corrió despavorido hasta adentrarse en la librería. Salió de ella tras unos minutos, sudoroso, gritándome, con un trozo de papel escrito de su puño y letra que dobló aprisa para entregármelo. Me besó en los labios, ajeno a las miradas de las parejas de enamorados que paseaban en los carros tras el vallado, y me ayudó a subir a la grupa del caballo, sin atreverse a un adiós. Agarré las riendas. Y al escuchar tan próxima la llamada de mi esposo, le clavé las espuelas para iniciar el galope. El animal, embravecido, se revolvió en un trote brusco de apenas diez metros hasta hacerme caer estrepitosamente. Perdí la conciencia, al compás de la cordura que me había acompañado hasta el mismo instante de disponerme a dormir.



**


Despierto confusa. Una luz blanquecina aflora tras mi cabeza. No puedo moverme, solo mis pupilas parecen tener autonomía propia. Y alguno de mis dedos, que a duras penas oscila sobre las sábanas. Un pitido suena a intermitencias y alerta a quien se encuentra sentado a mi lado, adormilado en un sillón de… hospital. Él toma mi mano, me acaricia la cara con cierta rudeza y corre hacia la puerta, atrayendo con sus gritos al personal sanitario que viene raudo a reconocerme. Un sinfín de modernos artilugios, cables y gomas penden de mí, de mi pecho, de mis brazos, de mi cabeza… «¡Has despertado, gracias a Dios!» —escucho decir.

Un médico se acerca, lo reconozco por el fonendoscopio que le cuelga del cuello y las órdenes que imparte. Acerca una pequeña linterna a mis ojos y abre cada uno de mis párpados mientras los ilumina. «Pupilas reactivas» —informa—. Me ausculta, toma mi pulso, visualiza los valores marcados en cada pantalla, comprueba los reflejos en mis piernas… Y me pregunta si puedo escucharlo. Asiento con lentitud. Consciente. De quién soy y… de dónde estoy.

—Hola, Beatriz —me saluda, cortés—. ¿Sabe dónde está? ¿Y por qué está aquí?

—En el hospital —balbuceo con esfuerzo, paseando la vista por cada rincón.

—Así es. En el Doce de Octubre. Sufrió un accidente de coche circulando por la autovía y ha estado en coma. Pero esté tranquila, se pondrá bien. Ahora debe descansar.

Alguien me aprieta de nuevo la mano, con fuerza. Giro levemente la cabeza para observarlo. Hay lágrimas de emoción en sus ojos.

—¡Oh, cariño! —exclama, con voz entrecortada.

—¿Sabe quién es? —me pregunta el doctor, temiendo que haya quedado amnésica.

—Charles, mi marido —contesto con rotundidad.

Se me humedecen los ojos. Desprendo mi mano de entre las suyas y pido que me acerquen la ropa que vestía en el momento fatídico. Rebusco en los bolsillos y consigo encontrarlo. Contengo el aliento al tacto con el papel. Lo despliego temerosa y leo:

«No permitas que separen nuestras pobres almas, han nacido la una para la otra. Están destinadas a encontrarse. Tuyo, Rodolfo Boulanger.»

Un profundo suspiro se clava en mi pecho. ¡Deseo ir con él! ¡No me importa lo que hablen
 de mí! No me importa ser condenada, perseguida, calumniada... ¡Es amor!

—No puede levantarse, Beatriz —asevera el médico, apaciguándome con ignorancia.

Lo miro extrañada y le advierto con gravedad:

—Se confunde usted, doctor. Mi nombre es Emma. Aunque, si lo prefiere, aún puede llamarme Madame Bovary.  


©Pilar Muñoz Álamo - 2016.

**************** 

Este relato forma parte de la antología "La librería más bonita del mundo", 
publicada por Editorial Playa de Akaba en junio 2016. 


28 jun 2016

MICRORRELATO: "AL FONDO DEL MAR".


   Vuelvo a pisar la arena húmeda, fría. Hundo en ella mis pies descalzos y espero a que una ola libe mis tobillos y los impregne de sal. Lleno mis pulmones de oxígeno mientras entorno los ojos, mientras la calma acompasada por el murmullo de las caracolas me abraza fuerte, gozosa por volver a encontrarme. El eco de las gaviotas golpeando mi pecho me hace ser consciente de la soledad.
    Me siento en casa, de vuelta a este rincón alejado y tan preciado que me permite pensar, citarme a solas con mi propia voz, a la que a veces me cuesta reconocer. Porque cambia su tesitura cuando nadie la escucha, cuando quedan atrás los testigos de las confesiones que me suele hacer entre brumas. Dejo que se desahogue, que divague entre el absurdo y la razón, con mi corazón aderezando ese monólogo, salpicándolo de sentimientos, de instinto, de emoción...
    La playa está desierta. Y camino. Camino en dirección al faro que apenas vislumbro entre la niebla. Me atrae su luz. Como una estrella polar orientándome en la oscuridad, indicándome hacia dónde ir. A sus pies veo las olas encrespadas y el rumor llega hasta mí, bravo y poderoso. Las observo y me embelesa la furia con la que atrapa las piedras desmoronadas por sus embestidas. Las engulle y estás desaparecen, allanándolo todo. Pienso entonces si me arrebatarían las sombras al rociarme. O si me llevarían con ellas por entero hasta un paraíso precioso de arrecifes de coral.
    Me subyuga la idea. Me atrapa. Me excita.
    Y me dejo llevar. Alcanzando el faro con los pies helados. Abriendo los brazos. Aspirando la sal que hace alborear la cresta de la marea que me envuelve. Que me lleva hasta el fondo para no regresar.

21 jun 2016

MICRORRELATO: "MI HIJO."


   Tu sombra se diluye a tu espalda. Se resiste a acompañarte. Reniega de ti porque te convertiste en un fantasma que deambula por la vida. Sin lugar donde ubicarte. Sin nada a lo que aferrarte. No hay temple en tus pasos ni fuerza en tu mirada. No hay gravedad en tu voz, que apenas susurra. Ni tu mente abraza sueños que tus manos construyan. Busqué la luz en tus ojos para poder guiarme, para rescatarte de un desierto que por estéril ni oasis tiene, donde calmar tu sed, donde recobrar el aliento que un día perdiste, si es que lo tuviste alguna vez. Se me deshace en las manos tu alma mientras tu corazón desfallece. Y con él de pena muere el mío, por no haber sabido tal vez aleccionarte para hacerte hombre. Aún eres niño.

    Camina. Camina adonde los sentimientos te lleven. Vuela adonde te reclame el instinto. Pero nunca olvides que yo a tu espalda quedo. Esperándote por siempre. Porque tú siempre serás mi hijo.



11 jun 2016

MICRORRELATO: "MÚSICA".


   Permítame acomodarme entre sus piernas y desnudar mi espalda, maestro. Su música me conquistó. Cerré los ojos y quedé atrapada entre sus hilos como la clave de Sol en la partitura. Escucharlo tocar me hizo vibrar, gozar, soñar..., amar. Y esta noche, observando enamorada el devenir de sus manos y la agitación de sus dedos estremeciendo cada compás... me convertí en instrumento. Mi voz se ha hecho melodía y en mi piel afloran las cuerdas del violoncelo de sus amores. Deseosas de ser tocadas.
    Permítame acomodarme entre sus piernas y desnudar mi espalda, maestro. Porque esta noche no deseo sentir la música. ¡Quiero ser música! Para usted.

 **

   A veces, el germen de una idea te asalta y partir de ahí construyes una pequeña historia. Acto seguido, buscas una imagen apropiada para ilustrarlo y publicas.
   Otras veces, es una imagen la que hace saltar tu inspiración de inmediato; como un resorte, como quien pone un dedo en la llaga, como quien te pellizca haciéndote reaccionar. Este es uno de esos casos.
   Gracias por la imagen, amiga. 
    
   

Lecturas 2018.

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