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24 jul 2020

NUEVA NOVELA: «CUANDO LA LLAMASTE CLAUDIA»



   El hilo argumental de esta novela parte de un relato escrito hace más de seis años y guardado celosamente en un cajón. Quizá penséis que no me parecía lo bastante bueno como para sacarlo a la luz, pero nada más lejos de la realidad; la historia, tal cual sucedía, merecía no pasar sin pena ni gloria por mi mundo literario.

    En un principio, la proyecté como parte integrante de una novela más extensa, junto a un par de hilos argumentales más que acababan entretejiéndose como una tela de araña. Pero las circunstancias hicieron que se le pasara el momento, su momento de ser escrita, y cuando quise retomarla ya era tarde; porque el tren también pasa de largo para ciertas novelas y ya no vuelve. Decidí entonces crear una historia sencilla basándome solo en ella, añadiendo aditivos emocionales y reflexivos y variando sustancialmente el final para hacerla más acorde a la realidad.

    Lo intenté una, dos, hasta tres veces, sin que me convenciera lo que estaba escribiendo. No me emocionaba, me parecía insulsa, sin calado. Y yo tengo que SENTIR cuando escribo. Necesito verme atrapada por aquello que cuento, creérmelo, sufrirlo, porque sé que solo así seré capaz de transmitir lo que cada historia requiere para convertirse en una verdad cuando llega a vuestras manos.

    Después de casi tres años de sequía literaria, e incapaz de dar forma a esta historia, comencé a pensar que tal vez mi apatía era la causa del fracaso; mi apatía por seguir escribiendo para enfrentarme luego a un universo literario repleto de sinsabores, de falta de oportunidades, de hechos tan injustos como, a veces, inexplicables. Hasta que encontré la «voz» que, sin saberlo, andaba buscando. Me sonó tan rematadamente bien, tan acorde a la manera en que debía contarla, que todo se iluminó. Porque la fuerza de una historia no solo está en los hechos, sino en la forma de contarlos.

    Los sinsabores de este mundo literario pasaron a un segundo plano y cobró vida el reto personal de escribir con un registro narrativo que nunca había utilizado y que me apetecía poderosamente intentar dominar. Aprendizaje, renovación, enriquecimiento personal, afán de superación. Pasara lo que pasase, solo por todo esto ya habría merecido la pena desarrollar la historia. Así es que volví a empezar.

    Les conté la idea a quienes siempre me acompañan en mis lides literarias: una trama con un hilo argumental relevante y un hilo secundario menor; un narrador con voz y carisma propios, muy diferente a los de obras anteriores; y un estilo narrativo mucho más directo, sin florituras, para una novela con un tema de fondo delicado y con una visión masculina en primer plano, contrario a mi tendencia habitual de adjudicar a las mujeres un indiscutible papel principal (aunque en esta tampoco me olvide de ellas).

    Me pusieron cara de póker y me dijeron: «Adelante»; pensando en el fondo: «Vamos a ver por dónde sale el invento». Pero el invento empezó a cobrar forma y a sonar bien. Distinto, pero bien.

    Una vez escrita y revisada, puedo afirmar que Cuando la llamaste Claudia es mi novela más especial, por la historia que cuenta y lo mucho que transmite; la más arriesgada por ser una apuesta literaria en todos los sentidos; y la más personal, por haber satisfecho mis propias exigencias evolutivas —hablando en términos de «letras»— a la vez que deja huella en vosotros. Porque estoy casi segura de que así será.

    El 3 de agosto saldrá a la venta en Amazon, en formato digital y papel. A partir de ese día, será vuestra y comenzará la aventura. Y con ella, la emoción contenida al preguntarme si llegaréis a sentir al leerla tanto como yo al escribirla.

    Un abrazo y gracias de nuevo por estar ahí.


20 feb 2019

ANTOLOGÍA SOLIDARIA «UN 4 DE FEBRERO»


   Hace aproximadamente un par de años, mi querida amiga y escritora Mayte Esteban comentó que la habían invitado a participar en un proyecto benéfico que por entonces comenzaba a gestarse. Sus organizadores con su máximo exponente, el escritor J.A.P. Vidal pretendían reunir a un grupo de escritores que aportaran un relato de su autoría, de temática y género libres. Cómo único requisito, hacer mención a una fecha: la del 4 de febrero. ¿Y por qué esta fecha? Porque los beneficios de lo que sería esa futura antología irían destinados a alguna fundación o asociación sin ánimo de lucro cuyo objetivo principal se centrara en la lucha contra el cáncer, en cualquiera de sus vertientes. Junto a esa invitación, también le llegó una petición, la de facilitar otros nombres de escritores a los que pudiera apetecerles la idea de participar. Y ella, junto al mío, sugirió el de dos compañeros más a quienes quiero y admiro: María José Moreno y Víctor Fernández Correas.

    Me vi así con una propuesta sobre el mantel: un relato relativamente corto por crear y la compañía de unos participantes que, literariamente hablando, eran más «grandes» y reconocidos que yo; a Mayte, María José y Víctor había que sumar otros como Roberto Martínez Guzman o Mónica Gutiérrez Artero, que ya estaban en lista y dispuestos a colaborar. Todo un reto y una responsabilidad. Porque había que estar a la altura de las circunstancias y de la calidad narrativa de quienes iban a formar parte de ese elenco de escritores «antológicos». 

   Pero es que lo mío son los relatos. Ellos son mis niños bonitos, mi debilidad, los que me trajeron a este mundo; podría decir que hasta se parecen a mi madre, porque ellos «me parieron» y arrojaron al mundillo literario. Y esto, unido a la causa que promovía esta iniciativa, pudo más que nada para que aceptara el reto.

   Busqué bolígrafo y papel y puse a funcionar la mente. Había que crear una historia bonita, completa, que provocara suspiros sin empalagar y, por supuesto, con mi sello personal. Y así nació No fue casualidad, un relato con un tema de fondo que me gustó tanto que me dejó con ganas de más. De mucho más. Pero no porque la historia quedara incompleta, sino porque en ella se podía profundizar, no solo enraizando la trama, sino en su poso de reflexión. Y así lo hice. Viendo que la antología, por dificultades técnicas ajenas a nuestra voluntad, retrasabae incluso cuestionabasu publicación final, quise utilizar este relato como «precuela» de lo que después sería Un café a las seis, mi siguiente novela, publicada en julio de 2017. 

   Y ahora vosotros os preguntaréis: «¿Entonces el relato y la novela son lo mismo?».

   Pues no, exactamente. Mi relato de esta antología es la esencia de la novela. El perfume de base. La versión concentrada de la historia de su protagonista. Pero la novela es mucho más. No son páginas sumadas injustificadamente, sino el resultado de una trama más completa, con añadidos que yo consideré necesarios para aportar una visión más amplia al tema de base que quería desarrollar, con detalles más precisos en la evolución de sus personajes y de su forma de ser y actuar, y con mayor número de reflexiones, no solo en relación al tema principal, sino a otros tantos relacionados con él que también era interesante tratar. Partiendo de un relato que a mí me parece precioso y en absoluto inacabado, nació la novela más corta, dulce y amable de las que he escrito hasta ahora .

   Pero volvamos a la antología. A la lista de escritores ya mencionados se fueron añadiendo algunos más, hasta completar los doce que finalmente hemos participado en ella, como Ana Bolox, Carmen Flordelís, Aránzazu Mantilla, Nieves Muñoz de Lucas o Aída del Pozo. Y también una prologuista (Amparo Lledó) y un ilustrador (Diego Bolox). Plumas muy distintas, pero igualmente buenas, con historias tan dispares que rompen la monotonía lectora provocándonos percepciones y emociones diferentes, dignas de disfrutar.

   Cuando, hace unos meses, la maquinaria volvió a ponerse en funcionamiento y supe que los beneficios obtenidos irían a parar a la Fundación Aladina, se me puso una sonrisa de oreja a oreja. Porque hablamos de niños y adolescentes, el colectivo más vulnerable, el que más nos necesita en todos los aspectos, el que más merece nuestra atención y nuestra dedicación junto a la tercera edad. Me alegró el resultado de nuestro trabajo y la ilusión que hemos puesto en la iniciativa. Y me siento orgullosa de haber podido aportar mi granito de arena a esta causa solidaria de esta forma tan bonita: a través de las letras y de la imaginación.

   Ahora solo falta que nos acompañéis. Que disfrutéis de ellas al tiempo que regaláis sonrisas. 
   Por ellos. Por los más peques.

    Enlace de compra: Un 4 de febrero.

  
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7 jul 2018

«AQUELLO QUE FUIMOS»: PRÓLOGO.



PRÓLOGO

   Cuántas veces habremos escuchado que cada cual debe actuar como siente que ha de hacerlo, sin importarle la aprobación o la condena de los demás. Pero tal afirmación es cuanto menos ilusoria, una sencilla utopía que pretende calmar la conciencia sin conseguirlo. El dolor causado con nuestra actitud a quienes amamos se vuelve contra nosotros como un búmeran envenenado y no nos deja vivir en paz. Quizás por ello se haga necesario confesarse, exorcizar los demonios dándoles forma y mostrándolos al exterior para que dejen de corroernos por dentro, redimir las culpas que sentimos tener, aunque a lo largo de los años nos hayamos repetido de manera incesante que hemos sido un producto de las circunstancias, que nuestra libertad de acción se ha podido ver condicionada por causas ajenas a nuestra voluntad. Nos mueve la necesidad de restablecer el orden, de colocar los afectos en su justo lugar, tanto los nuestros como los de aquellos que nos rodean y cuyas vidas se entrelazan con la nuestra, víctimas de las acciones y desafortunadas decisiones, de la mentira construida para paliar el dolor de la realidad.

Esta es nuestra historia. Una historia de la que no solo nosotras somos protagonistas. Porque la vida, tal cual se dice, es una gran obra de teatro. Y todo aquel que entra en escena tiene sus propias razones para sentir, para pensar, para actuar, para vivir.

25 jun 2018

«AQUELLO QUE FUIMOS». MI NUEVA NOVELA.



   Son incontables las veces en que parecemos tener claro quién es víctima y quién verdugo; a quién hemos de salvar y a quién culpar sin ninguna contemplación, a pesar de contar con elementos mínimos, los que nos brinda el hecho de ser testigos de un único suceso puntual, sin ahondar en nada más. No reparamos entonces en la probable conjunción de ambos papeles, ni siquiera en su alternancia dentro de un mismo ser. Como tampoco reparamos en la triste realidad de que cualquiera de nosotros, y en cualquier momento, puede dejar víctimas a su paso sin pretenderlo, incluso aquel que siempre juró que jamás dañaría a nadie.

  Decisiones. Trascendentes o intrascendentes, cobardes o valientes, que no solo condicionan nuestra vida, sino la de aquellos que habitan a nuestro alrededor. Decisiones y acciones que truncan el camino de los inocentes hasta convertirlos en culpables, para luego enjuiciarlos moral y legalmente como si todo, absolutamente todo, fuera producto exclusivo de su voluntad.

   Pero... ¿en realidad es así?


   Hace algo más de tres años, esta reflexión comenzó a apropiarse de mi pensamiento: la del poder de las decisiones —propias o ajenas— y la interacción con sus consecuencias en un juego de rol en el que víctimas y verdugos podían alternar papeles sin pretenderlo, por desconocimiento, quizás por maldad, por una despiadada presión social o familiar, o incluso por autodefensa o instinto de supervivencia. Decidí entonces, al igual que ya me ha ocurrido otras veces, alimentar el germen de esa idea profunda e interesante para crear una historia en torno a ella, convirtiéndola en novela. En novela de las que me gustan, ficticia y a la vez real, además de atemporal.

   Así nació «Aquello que fuimos».

   Vuelvo con esta novela a esa ficción contemporánea con la que empecé, que plasma la realidad actual, las emociones, los sentimientos, las reflexiones que subyacen a los hechos ficticios que conforman la historia, aunque sin olvidar esos matices literarios en su trama que conquistan al lector, que lo enganchan con su intriga, con sus giros argumentales e incluso con esos debates mentales que nacen a raíz de la actitud de los protagonistas y demás personajes que transitan por la historia.

   Más de un año y medio en escribirla. Y otro tanto para releerla y corregirla de forma incansable hasta dejarla depurada y linda. Una novela compleja de la que me siento orgullosa y para la que hubiera deseado un respaldo editorial que le diera acceso a lectores nuevos, a aquellos que apenas frecuentan las redes ni son adeptos a la tecnología digital, sino a las librerías y demás establecimientos con aroma a papel, que gustan de tocar los libros, ojearlos y hojearlos antes de llevárselos puestos. Pero no ha podido ser, hay puertas que no se abren; pero sí cajones. Los que invitan a darle una oportunidad —aunque sea más pequeña y limitada— a novelas como esta, que merece ser compartida con esos lectores fieles que nunca fallan y a los que todo les debo. Y por qué no, a mis dos protagonistas, que quieren alzar la voz para contar sus vidas con una humanidad plena y con esa fortaleza que aporta la experiencia, el miedo, la superación, el deseo de vivir y, por encima de todo, el deseo de ser feliz.

   Blanca. Fuensanta. Víctor.

   Tres nombres que han estado y vivido conmigo durante mucho tiempo. Que han ido creciendo hasta hacerse grandes, conquistándome con su forma de ser y de actuar. Con su manera de evolucionar.

   Ahora espero que os conquisten a vosotros. Nada me gustaría más.

   El 4 de julio tenéis una cita con ellos.
   Si os apetece.


«NUNCA SUBESTIMES UNA DECISIÓN, POR INSIGNIFICANTE QUE PAREZCA.
EL RUMBO DE TU VIDA PODRÍA DEPENDER DE ELLA.»

6 ago 2017

UN MES EN CONCURSO: «UN CAFÉ A LAS SEIS».




   Hoy se cumple un mes de la publicación de «Un café a las seis», mi última novela, y, paralelamente, se cumple un mes de su participación en el cuarto Premio Literario, convocado por Amazon en este año 2017, para autores independientes. Aunque no sé en realidad por qué incido en este aspecto, tal vez porque a mí misma me sorprende haberme embarcado en esta nave, cuyo viaje no había contemplado en ningún momento hasta el mismo instante en que fue convocado hacia finales de mayo. 

   ¿Y por qué no lo había contemplado? 

   Seré franca: por miedo. Así de simple. Porque la experiencia sufrida en convocatorias anteriores por algunos escritores conocidos mostraba un aparente cariz turbio en el desarrollo del concurso, en la forma de proceder de algunos participantes, en determinadas prácticas no muy ortodoxas utilizadas para escalar puestos en el escalafón de popularidad y en las ventas de ejemplares que parecen ser determinantes para llegar a la final, incluso en la manera de conseguir comentarios halagadores para la novela en cuestión que convencieran casi más al jurado que al propio lector. Sin contar con las polémicas suscitadas por todo esto en las redes sociales donde, alguno que otro, habría estado dispuesto a sacarle los ojos a algún competidor ajeno en momentos de exaltación. Y a mí me gusta escribir, no pelear ni agredir, ni por supuesto que me agredan. 

   ¿Y por qué finalmente decidí presentar la novela al concurso? 

   Porque me propuse mirar al frente y obviar polémicas (si es que se suscitaban), ignorar las malas artes con las que me pudiera topar (si es que surgían), defender mi trabajo sin menospreciar el de los demás, no entrar al trapo ante directas o indirectas que pudieran involucrarme y demostrar que este es un paso más en mi carrera literaria, uno de tantos en esta carrera de fondo que me ayude a consolidarme como escritora y que me permita seguir haciéndome un hueco en el que termine sonando mi nombre y no solo el título de una novela. Porque ganar un concurso te lanza a un estrellato efímero que no se sostiene si no hay un nombre de escritor/a tras él que lo avale con su estilo literario. Y eso es lo que debemos buscar. 

   Esta novela nació a partir de un relato corto que escribí para una antología benéfica y que, a día de hoy, permanece inédito (el relato). La historia de Raquel, Juanma y Gonzalo me pareció tan bonita, tan humana y tan real que los propios personajes comenzaron dentro de mi cabeza a pedir más papel. Deseaban explicarse, contar el porqué de sus decisiones, de sus recelos, de sus conflictos internos, de sus reivindicaciones vitales que siempre existieron sin que nadie -ni ellos mismos- las escucharan...; sus incertidumbres, sus dudas, esas puertas a medio cerrar que nos los dejaban vivir en paz, alterando su presente y su futuro en mucha mayor medida de lo que consiente la felicidad. Y decidí concederles ese espacio. Sin excesos, sin rollos innecesarios que hicieran, a quienes los escucharan, dispersarse por la historia. El resultado fue el de una vivencia relativamente corta pero intensa en cuanto a la forma de contarla, apelando al núcleo de cada conflicto y a los sentimientos que se han movido en torno a ellos en la mente y en el corazón de sus protagonistas, describiendo así una serie de experiencias y de reflexiones solapadas que han llegado a conformarse como propias de muchos de nosotros, de nuestras vidas personales ajenas a la ficción. 

   Y ahí es donde radica el éxito de esta historia. En la empatía que produce; en la manera en que el lector llega a identificarse con los personajes y con aquello que les sucede. Ese aspecto, unido a las emociones que se viven, se palpan y se sienten, es lo que ha hecho que, un mes después de haberla publicado, las críticas de vuelta estén superando con creces mis expectativas, además de la respuesta lectora, que no se puede obviar y mucho menos despreciar: más de doscientos ejemplares vendidos y sesenta y cinco mil páginas leídas a través de Kindle Unlimited (lo cual me parece un logro excelente, porque de nada sirven las descargas de un ebook si este pasa a formar parte del montante de pendientes en el lector digital; sin embargo, esto sí que son páginas leídas, que es lo que realmente buscamos al vender). Y un apunte extra: si bien parece que la novela va dirigida a un público potencial femenino, de los hombres que hasta ahora la han leído he recabado las mismas buenas críticas que de mis congéneres, por lo que se amplía el universo lector con respecto a las expectativas iniciales. 

   Quedan unas tres semanas para que concluya el concurso. Pero no me preocupa ni me pone nerviosa. «Un café a las seis», por lo que estoy apreciando ya, es una obra que podría considerarse atemporal, alejada de modas en cuanto a temática y género, con componentes universales que pueden hacer de ella una novela que perdure en el tiempo. Aunque lo haga caminando lento, sin subidas fogosas, sin fuegos de artificio. Pero con paso constante, firme y seguro. 










10 jun 2015

"DESCUBRIENDO A VALENTINA" de MARA MACBEL.

SINOPSIS
Cuando descubres que tu vida no es todo lo que podría llegar a ser; cuando piensas que no estás sacándole todo el jugo que podría tener... entonces tienes que reconstruirlo todo y, en especial, reconstruirte a ti misma.
Valentina ha temido esa decisión durante los últimos años en los que ha estado viviendo una vida que a priori debía pertenecerle, pero con la que jamás se ha sentido completa.
La aparición de una persona, extrañada pero no extraña, le ayudará a dar el paso idóneo para despertar en ella su parte más intima y más real: su verdadera identidad, anulada durante el tiempo suficiente como para que esta resurja con la fuerza necesaria para afrontar su futuro inminente.
El apoyo de sus amigos será indispensable para no desviarse del camino trazado, para no tropezar y para huir de las incertidumbres.
Pero, ¿para levantarse, no es necesario caer anteriormente? ¿Y si el camino trazado fuese el primer desvío hacia la verdadera felicidad de Valentina? 


    Nunca suelo poner títulos a las entradas de opinión, tan solo el de la novela y el de su autor o autora, pero si en esta ocasión tuviera que hacerlo este sería indiscutiblemente: "Descubriendo a Mara MacBel", imprimiéndole un matiz positivo y "sorpresivo" a tal descubrimiento.
   Cuando Mara MacBel (Maca Ferreira, en mi face y en su casa) anunció que publicaba "Descubriendo a Valentina" me sorprendió, no porque la viera incapaz de hacer algo así (lo hemos hecho más de un@), sino porque no conocía su faceta de escritora. Y fue tal la ilusión con que la vi ante su novela que no dudé un solo segundo en que la compraría para empujarla y... ¿leerla? Pues sí, para leerla encontrara lo que encontrase, desde un bodrio total y absoluto hasta un novelón que no tuviera nada que envidiarle a los best-seller del momento; pero con mi miedo inconsciente a tener que hacer lo que estoy haciendo en este preciso instante: dejar constancia escrita de mi opinión sincera. Porque yo no sé mentir, ni halagar los oídos de nadie si no pienso realmente lo que estoy diciendo. Ni aunque se trate de mentiras piadosas, que considero que en literatura hacen un flaco favor si lo que una quiere es mejorar aprendiendo de los errores. Pero respiré. Digamos que mis temores y mi grado de contención de aire fueron menguando progresivamente a medida que iba avanzando a lo largo de sus páginas, sin que fueran necesarias muchas de ellas para concluir que la novela se leía muy bien.
   He de hacer aquí un inciso para recordar que es muy fácil dejarse llevar por los gustos personalísimos de cada cual a la hora de hacer una valoración, lo cual me parece que es obrar de una manera demasiado subjetiva (aunque toda opinión tenga siempre algo de subjetividad). Creo que no debemos perder de vista que el hecho de no ser asidua de un determinado género o temática -incluso estilo narrativo o argumental- a la hora de elegir lectura no tiene por qué restarle puntos positivos. Hay que medirla dentro de su "contexto" y en función de los ingredientes propios de ese género en el que se encuadra. Y en ese sentido no voy a negar, como ya lo he hecho alguna vez, que me siento conquistada por las novelas profundas, con reflexiones que tocan la mente y el corazón, que nos hacen pensar, sentir, emocionarnos, incluso con tramas más complejas que ofrecen diferentes hilos argumentales despertando mi interés. Pero sé que la literatura no se reduce a eso, en absoluto. Sé que la literatura también es entretenimiento, diversión, ratos de evasión, de sueños conquistados a través de sus personajes, de recreacion de paisajes y vidas idílicas... Por eso no podré catalogar nunca una novela como mediocre si cumple con esta función y no aquella que yo siempre persigo; sería no solo una injusticia por mi parte, sino también un error. Eso sí, que esté bien escrita es un requisito indispensable, porque la literatura es un arte se cuente lo que se cuente y como se cuente, y exige una narrativa mínimamente digna, sin excepción. Y la de Mara MacBel lo es.
   "Descubriendo a Valentina" es una novela de corte romántico-erótico desenfadada, contada en primera persona por ella misma con un tono hilarante y muy ocurrente, aunque se permite rozar la emotividad cuando deja entrever sus reflexiones en relación con los conflictos que el amor genera en su vida tras un matrimonio fallido y sus nuevos intentos de rehacerla. Al leer la historia, pero sobre todo por la forma en que está escrita, me ha recordado el estilo de "El cuaderno de Paula" de Sara Ballarín o la saga de Valeria ("Valeria en los zapatos", "Valeria en el espejo"...) de Elisabet Benavent, y tengo que decir -según mi opinión personal- que el estilo de Sara MacBel en "Descubriendo a Valentina" nada tiene que envidiar a las que acabo de mencionar, que os recuerdo u os lo digo -por si no lo sabéis- que son novelas publicadas por Editorial Suma de letras. Tan solo le ha faltado aportarle algo más de profundidad a la trama, pero tampoco tanta, no os creáis.
   Construye su autora unos personajes coherentes, acordes al cariz de la novela: muy actuales, liberales en sus relaciones y en el amor, divertidos, centrados y algo aniñados -casi a partes iguales-, pero que nos hacen pasar un rato de lectura muy agradable con su desparpajo, su sentido del humor y su forma peculiar, a veces, de afrontar las situaciones dentro de una trama que no tiene grandes pretensiones, pero que mantiene el interés por seguir leyendo para conocer el devenir de la nueva vida amorosa de Valentina -a caballo entre dos amores de naturaleza distinta- y su lucha a la búsqueda de su propia identidad como mujer, sin obviar algún que otro giro sorpresivo que adereza la historia para alcanzar un mejor regusto final.
   No hay romanticismo empalagoso ni demasiado edulcorado, solo en dosis justas que nos permiten interpretar que sus protagonistas, además del sexo y de la atracción física  hacia el otro género, también sienten que el amor les resulta necesario en sus vidas, persiguiendo la combinación de ambas cosas si es posible. Y hablando de sexo... No he encontrado que las escenas eróticas rocen lo soez o lo burdo, ni siquiera que la carga erótica desplegada en ellas merezca una advertencia a lectores "sensibles" por lo que en ellas se pueda encontrar. Es más, hasta casi el final de la novela en la que aparece una escena con más carga que en las anteriores, conforme avanzaba leyendo me iba diciendo a mí misma que "Descubriendo a Valentina", más que ser catalogada como novela erótica debería serlo como "novela romántica subida de tono", porque aunque en ella se da cita el sexo explícito y detallado no considero que el contenido de estas escenas escape en demasía a lo que el común de las parejas pueda practicar en la intimidad de su alcoba (o donde sea), con lo cual, a las alturas del siglo que estamos viviendo no creo que se pueda espantar nadie por leerlas; no digo con ello que produzcan deleite a cualquier lector, por supuesto, pero rechazo tampoco. Reitero que no me han resultado burdas en su descripción ni soeces en su lenguaje y resalto no solo el tacto con el que la autora las ha descrito, sino el acierto de hacer extensivo a estas escenas el tono hilarante y ocurrente al que me he referido al principio, aligerándolas así de peso y consiguiendo que el lector ylas sienta como naturales, espontáneas y muy reales, propias de la vida cotidiana de cualquier mortal que no haya hecho voto de castidad :)
   Resumiendo, Mara MacBel nos descubre a Valentina en una novela de fácil lectura, con diálogos ágiles cargados de notas de humor y personajes humanos, reales, con los mismos defectos, virtudes y conflictos que tenemos todos, lo cual nos hará sentirlos como cercanos. Una novela que será una elección perfecta para l@s amant@s de la romántica en general y en especial para aquellos que también gusten de disfrutar de una erótica explícita y bien escrita, que les hará evadirse y pasar un rato divertido y de lo más entretenido, permitiéndoles incluso emocionarse en algunos de sus pasajes al ponerse en la piel de sus protagonistas. 

   Felicidades, Maca Ferreira! Esta opera prima marca el comienzo de lo que puede ser un camino mucho más largo. Prometes. 

4 abr 2015

"LOS COLORES DE UNA VIDA GRIS": UN AÑO DE VIDA.

   Con mis pequeñas dudas y recelos, en el fondo siempre aposté por ella. Aunque quizás la apuesta también fuera por mí, por demostrarme a mí misma una vez más que era capaz de terminar un nuevo proyecto a pesar de las múltiples dificultades, de los obtáculos, de los inconvenientes propios y ajenos, tal y como ya había ocurrido en ocasiones anteriores en las que el empeño personal, el tesón y la fuerza de voluntad han tomado las riendas en mi vida hasta ganar batallas que a priori se presentaban laboriosas, casi inaccesibles. Y es que me crezco ante las dificultades, ante las metas complicadas; el "yo puedo" emerge anticipando ese halo de orgullo que se siente tras la consecución de un logro preñado de esfuerzo. Porque el aprendizaje que todo ello nos reporta es lo que de verdad nos enriquece; las  metas fáciles solo perpetúan lo que ya sabemos.

   He rescatado la entrada que escribí hoy hace justo un año, cuando estaba a punto de pulsar el botón de publicación de KDP para que mis colores asaltaran el universo de Amazon, y me ha encantado leerla, rememorar las emociones sentidas en aquel momento y que este blog me ha permitido recuperar como si se tratara de un diario íntimo. Entonces exponía mi ilusión, mi incertidumbre y los deseos que acompañaban a Paula de la mano en su andadura por el mundo de las letras. Hoy la perspectiva es distinta, hoy puedo analizar cuántos de mis deseos con respecto a ella se han cumplido, qué derroteros ha tomado la novela disipando la incertidumbre y cuál ha sido la respuesta hacia una historia que tanto me costó contar, que tanto empeño puse en crear.

  Mil quinientas copias descargadas en formato digital a través de Amazon, cuarenta comentarios de lectores en dicha plataforma, treinta y siete reseñas publicadas en la blogosfera literaria y muchas otras críticas llegadas hasta mí, de forma privada, de lectores que han querido hacerme llegar sus impresiones a través de familiares y conocidos. Una lectura conjunta organizada por iniciativa de Laky (Blog "Libros que hay que leer") y Lidia (Blog "Juntando más letras"), a quienes vuelvo a dar las gracias por su ayuda y su amistad, y una página creada específicamente para la novela donde pudimos intercambiar impresiones sobre ella y que me permitió tomar nota para seguir mejorando, para seguir aprendiendo en estar labor tan compleja. Y a la vista de todo ello tengo que decir que estoy feliz, Paula me ha hecho muy feliz. Pero no por este balance de cifras que siempre se ha de analizar de forma relativa y no absoluta, sino por el mensaje que las acompaña, altamente positivo. 

  Son muchas las valoraciones que podría hacer de ella, muchos los análisis a los que podría prestarse a la vista de los buenos resultados, teniendo en cuenta sobre todo que ha volado sola la mayor parte del tiempo, que no ha gozado de un respaldo editorial, de una campaña publicitaria de presentaciones u otras vías de difusión como sí emprendí con los relatos, ni siquiera de una continuidad o insistencia por mi parte para hablar de ella en redes sociales u otros medios a mi alcance; pero hace tiempo que aprendí que las estadísticas no cuentan, que las experiencias de otros no tienen por qué repetirse en una misma, que lo que a mí me funciona puede suponer el más rotundo fracaso para los demás, que no existe la panacea ideal ni la lógica en lo literario... Por lo que me limito desde hace meses a vivirlo todo como una experiencia de la que disfrutar, a sonreír y emocionarme ante los elogios, y a tomar nota de las críticas constructivas que suponen una ayuda para que futuros embarazos tengan mayores probabilidades de dar a luz criaturas más perfectas. Y Paula ha cumplido su misión: la de emocionarme y la de instruirme en determinados aspectos que ahora sé cómo abordar. 

   La irrupción de Jana ("¿A qué llamas tú amor?") en mi vida literaria tal vez le haya restado un protagonismo del que merecía haber gozado por más tiempo; pero no la olvido, no la suplanto, en el corazón de una madre hay espacio para todos. Y ella me corresponde demostrándome día a día que su andadura continúa, que sigue conociendo a gente sin que yo se la presente, que su independencia y su éxito personal están por encima de mi ignorancia. 

   Gracias Paula, Olga, Ana... Gracias a todos los que vivís dentro de ese mundo de color... Porque haberos creado no ha sido solo un ejercicio de ficción literaria impregnado de emociones, también ha sido una historia de superación personal. La mía.


20 feb 2015

"LOS MUERTOS NO ACEPTAN PREGUNTAS" de ANTONIA ROMERO.

SINOPSIS:

LOS MUERTOS NO ACEPTAN PREGUNTAS
«—Nela, hola, no sé qué decirle a este trasto. —Era una voz de mujer—. Tú no me conoces. Es extraño hablar de esto por teléfono, pero creo que así, dejando el mensaje, será más fácil...»
Nela trabaja como traductora y vive en una pequeña casa en Castelldefels, un pueblo de la costa de Barcelona. Su mirada tiene la niebla de quien ha debido cerrar los ojos para avanzar sin despeñarse por el borde del precipicio. En la buhardilla de su casa esconde un secreto, algo que nadie ha de ver porque allí conjura a sus demonios. De su madre heredó una fotografía arrugada, y de su abuela, Mamanela, el don de hablar con los muertos.
«A veces el saber nos hace libres, otras nos pone cadenas que jamás podremos romper»




   Qué vulnerable es la mente de un niño, asusta comprobar cómo se le puede manipular psicológicamente para cargar sobre ellos cualquier culpa de manera injusta, con las nefastas consecuencias de vivir con ese peso adosado a la espalda de por vida, más todo lo que conlleva, porque esa culpa genera y regenera sus apéndices como las estrellas de mar, alcanzando y alterando el equilibrio emocional en múltiples aspectos que conformarán su vida presente y futura. Aunque una infancia feliz tampoco es garantía de éxito personal al cumplir años. Me da pavor la etapa adolescente en la que influencias ajenas a las de los progenitores pasan a ocupar un lugar preponderante en la forma de actuar de los chicos, incluso en la juventud. Me asusta cómo las vidas pueden truncarse al unirse a la persona equivocada, a personas destructivas capaces de hacer infelices a quienes nunca lo fueron, de someterlas y controlarlas hasta su aislamiento dejándolas vacías por dentro y muertas de miedo. Y me asusta especialmente cuando esto se hace en nombre del amor, porque ese sentimiento fuerte, esa emoción que apresa el corazón, ciega la vista y anula el raciocinio con facilidad pasmosa.

   Me ha gustado el tema de fondo sobre el que Antonia Romero sustenta la novela, ese tema de fondo más profundo que siempre busco en lo que leo. Pero sobre todo me ha gustado la manera en que su autora nos lo presenta, dentro de un combinado que entremezcla hechos, suspense e intriga por descubrir determinados secretos familiares — la historia que gira en torno a la familia de Nela (la protagonista), contada de manera paralela a la suya propia—, e incluso con un componente sobrenatural añadido  que la reviste de originalidad. Y todo ello sin obviar los matices psicológicos necesarios para que la historia cobre un mayor sentido y, sobre todo, credibilidad, y para provocar el efecto en los lectores que —intuyo— pretendía la autora. Antonia Romero no solo nos muestra a lo largo de las páginas lo que sucede, sino cómo todo ello afecta a la psiquis y al equilibrio emocional de Nela y, por extensión, a todo aquel o aquella que sufra en sus propias carnes un problema semejante, y hace patentes las consecuencias presentes y futuras con las que deberá convivir o contra las que tendrá que luchar para salir a flote. Bucea en el ser, en la mente y en el corazón de la protagonista mostrando sus entresijos a la perfección, poniendo nombre y rostro a una problemática demasiado extendida, por desgracia, para que empaticemos al máximo con lo que supone sufrirlo.  Y plantearlo de esta forma me parece un gran acierto por su parte, porque huye de las típicas novelas melodramáticas centradas en la vida de la víctima para contar casi en exclusiva lo que supone vivir bajo ese yugo. A cambio, opta por jugar con la construcción de una historia más amplia y con la utilización de otro tipo de recursos narrativos para conseguir el mismo fin, obteniendo idénticos resultados en la mente del lector aunque de una forma más amena e interesante.

   Pero no solo se centra en este aspecto para despertar la reflexión —y aquí debo confesar con sinceridad que me ha sorprendido encontrar tantos matices psicológicos tras un título que me sonaba “contundente”, más a thriller que a otro género, lo que prueba una vez más el poder condicionante de las primeras impresiones, erróneo muchas veces—. Necesitamos sentirnos amados, sobre todo por ciertas personas, no estamos preparados para descubrir desafectos; construimos nuestra vida sustentándola en deseos, anhelos e ilusiones, en lo que la naturaleza debió de ser y debió de darnos, y la frustración de no encontrarlo no solo hiere nuestra vida en el momento de vivirla, sino que deja en ella una muesca tan potente que no nos permite disfrutar del futuro en paz, con alegría, con felicidad. Es un lastre del que hemos de desprendernos para darnos una oportunidad ante lo que está por llegar, pero que resulta complicado hacer. Deberíamos saber trazar una frontera entre el pasado, el presente y el futuro, impermeable si hace falta a malas influencias, porque a veces son otras las personas que condicionan nuestra vida y nos la hunden, pero en otras tantas ocasiones somos nosotros mismos quienes nos autolesionamos, quienes amputamos lo bueno que la vida está dispuesta a depararnos al no sentirnos liberados de los sentimientos y emociones negativas como la culpa, el odio, la desesperanza o la impotencia ante lo que debió haber sucedido y no fue así. “Tú eres tu peor enemigo” —se dice en la novela. Esto y mucho más es lo que Antonia ha conseguido transmitirme, o al menos lo que yo he captado.

   No quisiera extenderme demasiado en esta especie de “reseña” u opinión. Pero no puedo dejar pasar múltiples aspectos destacables, por positivos, en la construcción de la novela:

   *Un comienzo potente y contundente que nos deja intrigados y con la necesidad de saber más, preguntándonos de quién habla, qué le ocurre y por qué dice lo que dice. Un comienzo que te empuja sin pensarlo a volver la página para seguir descubriendo lo que hay detrás.
   * El manejo del suspense: excelente. Antonia dosifica la intriga dejando pinceladas de suspense aquí y allá, de manera efectiva y estudiada, anticipando detalles de un pasaje sin concluir, formulando enigmas sin explicación aparente –al menos en el momento en que los plantea-, o narrando hechos que nos pueden parecer incongruentes en función de lo que sabemos y que nos lleva a quebrarnos la cabeza sobre las opciones posibles que pudieran darle explicación. Y todo ello te lleva a seguir avanzando en la lectura sin detenerte —a no ser que tus niños te reclamen con insistencia, tengas que acudir a la oficina,  o la lavadora pierda agua con el consiguiente riesgo de provocar goteras a la vecina de abajo :)
   *Diálogos ágiles fluidos, no forzados, buenas descripciones que te llevan a visualizar con claridad meridiana los paisajes, las estancias o la secuencia de hechos que se suceden en cada escena. Y una narrativa que a mí personalmente me ha gustado mucho, sencilla pero muy cuidada, sin florituras que rompan el ritmo del relato, dinámica o más pausada y bella, en función del pasaje que estuviera narrando.
   *Personajes perfilados, no solo los protagonistas sino también los secundarios, de gran profundidad psicológica y muy coherentes, capaces de infundir desprecio, temor, cariño, afán de protección. Se me ha encogido el corazón y el estómago varias veces por la “actuación” de los personajes, y no solo por los hechos que el narrador cuenta. Antonia Romero, a través de ellos y de la historia, nos emociona, nos alegra, nos hace llorar, angustiarnos, enfadarnos, sentirnos temerosos… Consigue que empaticemos con los sentimientos de los personajes, sobre todo con Nela, por supuesto. Yo he vivido con ella, he sufrido con ella, y he sentido la angustia de su necesidad de saber, la impotencia por las preguntas que quedan sin contestar y cuya respuesta resulta imprescindible para completar el puzle sobre el que construir una vida nueva.
   *Y me ha gustado mucho un final en el que todo encaja y que resulta ser una vuelta al principio para completar ese bucle de información necesaria para reconstruir la historia.

   ¿Que si no he visto nada negativo o que no me haya gustado? Pues la verdad es que no. Tan solo podría decir que me ha resultado previsible en ciertas cosas, que he me anticipado varias veces a lo que se desvela después, pero que a mí me haya sucedido no significa que  ocurra tal cual a los demás lectores. Y de cualquier forma, descubrirlo tampoco es una traba que pueda restarle interés a la historia.

   ¡Felicidades, Antonia! ¡¡Me ha encantado!!



Opinión válida para el Reto Semi Genérico.



1 feb 2015

"UN AMOR PARA REBECA" de MAYTE F. UCEDA

 

SINOPSIS:

Rebeca está a punto de casarse cuando emprende un viaje con sus amigas al corazón de Escocia. En medio de un paisaje de subyugante belleza comienza a dudar que Mario, su prometido, sea el amor de su vida. Pero ¿cómo saberlo?, ¿cómo darse cuenta de que estamos haciendo la elección correcta? Cuando conoce a Kenzie MacLeod, un joven con el aspecto de haber vivido mil vidas del tamaño de la suya, Rebeca encuentra todas las respuestas.
Tres amigas; tres formas diferentes de entender el amor. 



 

   Estoy plenamente convencida de que la complejidad del amor no permite recetas, no admite hacerse con un manual de instrucciones que nos facilite manejarlo con soltura, ni siquiera que nos aventure cuál será su funcionamiento y sus efectos sobre nosotros. La posibilidad de control de un sentimiento, de una emoción tan fuerte -y tan particular a la vez- como puede suscitarnos el amor es ilusoria, entre otras cosas porque ni siquiera sabemos cómo se manifiesta, ni siquiera somos capaces de reconocerlo -al verdadero amor- hasta que llega aquel "que te corta el aliento y te deja sin respiración, el que te hace pensar que morirás si no estás con esa persona", tal y como dice Enric (el hermano de Rebeca) en la propia novela. Pero..., ¿y hasta ese momento...? ¿Cómo saber si lo que estamos sintiendo hacia la persona a la que nos hemos unido es amor? ¿Cómo saber si será duradero o fugaz, si se hará estable y profundo o será tan solo el fruto de un embelesamiento pasajero que terminará pereciendo y sumergiéndonos en el hastío, en la rutina o en el vacío? ¿Cómo saber si debemos seguir esperando aun a riesgo de no encontrar aquello a lo que aspiramos, si merece la pena renunciar a lo que tenemos por algo que no sabemos si llegará a funcionar, o si será tan intenso como prevemos?

   Vivir es un riesgo y el amor lo incrementa, nos hace balancearnos en esa cuerda floja del no saber, jugar en un tablero en que se conjugan nuestras ilusiones, nuestro carácter, nuestros sentimientos incontrolables, nuestra tendencia a enamorarnos con mayor o menor facilidad, nuestras aspiraciones, la educación y la moral que nos ha sido dada inculcada y las costumbres que nos han sido impuestas y que es pobable que nos condicionen bastante más de lo deseable en el momento de tomar decisiones, de elegir cómo vivir nuestra vida y con quien. Porque tales decisiones y las consecuencias de las mismas no sólo nos afectan a nosotros, también lo hacen con quienes nos rodean, y esto puede convertirse en el motor que nos empuje hacia un camino de felicidad o que nos lastre y termine por encarcelarnos en la cruda realidad o en el mundo de los sueños en el que nos empeñamos en vivir. 

   Todas estas preguntas, todas estas cuestiones las he barajado alguna vez, y las he encontrado sumergidas a lo largo de las páginas de Un amor para Rebeca, entremezcladas en la trama preciosa que Mayte F. Uceda ha trazado. Y pueden deducirse de cuanto acontece, de las reflexiones de sus personajes, de sus conversaciones y de sus actitudes; personajes, he de decirlo, perfectamente perfilados, creíbles al máximo, casi tangibles a nivel físico y con una profundidad emocional que los hace coherentes a lo largo de toda la historia y que a nosotros nos permite forjarnos una idea de su carácter. Para mí: adorable y encantador Kenzie, fiel a sus principios; odioso Mario, frío y autómata; y sentimientos encontrados hacia Rebeca, la protagonista, sensible y comprensible a ratos, y en otros, despertando mis ganas de zarandearla por su débil temperamento cuando más necesitaba hacerse valer, aunque claro, ni su edad es la mía (y puede que la experiencia explique nuestra perspectiva distinta ante ciertas cosas), ni tampoco lo son su educación y sus costumbres con respecto a las que yo tengo. De cualquier forma, y con independencia del grado de empatía que yo haya podido sentir hacia ella (en el fondo me simpatiza y le he cogido cariño, no creáis que no) despertar en mí ese cúmulo de sentimientos al ver lo hacía, lo que pensaba o su forma de actuar..., querer abrazarla, animarla, reñirle o zarandearla como si fuera una amiga y no un personaje de ficción revela el acierto con que la autora ha sabido dar vida al personaje, dotándola de realismo y de humanidad, lo cual me parece digno de alabar.

   Si tengo que ponerle algún "pero" a la novela (y esta es una opinión que considero subjetiva), tal vez sea en relación al ritmo de la narración, al discurrir de la historia. El principio me pareció bien, me enganchó desde las primeras páginas, pero llegó un momento en que la novela se me hizo un poco lenta, quizás porque Mayte F. Uceda se recrea en las descripciones históricas y en los entornos preciosos de Escocia en demasía (cosa que admito que puede suponer un disfrute para otros). A pesar de reconocer que la ambientación -temporal y espacial- es muy buena (te surmeje completamente en el entorno escocés, lo percibes), bajo mi punto de vista transcurre demasiado tiempo, demasiadas páginas sin que la novela cobre vida en cuanto a sucesos significativos que despierten realmente el interés del lector. No obstante, su narrativa ágil y cuidada (que va ganando en belleza conforme avanza la novela) mantienen el interés por seguir leyendo sin pesadez y sin que resulte tediosa en absoluto. En el último tercio, sin embargo, el giro que la historia experimenta despertó muchísimo mi interés por conocer lo que sucedería después, con el añadido además de que en esta última parte, el aumento de reflexiones dejadas caer en torno al amor, a nuestras decisiones en relación con él, a la efectividad real de las consecuencias de tales decisiones o a nuestra forma de comportarnos y de actuar en pareja enriquecen la novela al aportarle una profundidad psicológica que hasta el momento no tenía y que ha hecho que a mí termine por conquistarme, sin contar, por supuesto, con la belleza de las escenas y el romanticismo que la autora despliega al llegar al final.

   Renunciar a encontrar a alquien mejor que a quien tenemos puede privarnos de esa dulce borrachera de amor que nos inundará de emociones dignas de ser vividas.
   Renunciar a quien tenemos por buscar al hombre o a la mujer de nuestros sueños puede conducirnos a la soledad propia de los utópicos, de los idealistas, de los irracionales.
   Abandonar un amor en pleno apogeo, en plena cúspide emocional, lo idolatra y no nos permite borrar su huella de nuestra mente jamás, para bien o para mal. 
   El dolor de un amor pleno pero fallido puede inducirnos a una muerte lenta, a una muerte anímica que no nos permita seguir viviendo la vida en paz. 
  Tomar decisiones atendiendo a nuestra propia felicidad puede herir los sentimientos ajenos. 
   Tomar decisiones atendiendo a los demás puede terminar destrozándonos a nosotros mismos, ahogados en la tristeza y, puede que incluso, en la impotencia. 

   ¿Qué camino tomará Rebeca? ¿Qué decisiones adoptará? 
   Descubridlo vosotr@s, merece la pena.


(Opinión válida para el Reto Semi Genérico y para el Mes temático del amor de "Libros que hay que leer").








5 dic 2014

"BRIANDA. EL ORIGEN DEL MEDALLÓN" de MAYTE ESTEBAN.

   La Navidad se acerca. Es tiempo de buenos propósitos, de invocar deseos por cumplir, de soñar con proyectos de futuro, de pensar que todo es posible y que la magia existe, de apartar nuestros problemas y quebraderos de cabeza cotidianos para concedernos tiempo de disfrute, de evasión, de aventura, de intriga, de imaginación y, por qué no, de conocimiento de una época en la que no vivimos y a la que nos puede resultar interesante asomarnos a través de vidas ajenas, de las peripecias y avatares de unos personajes ficticios que nos van a seducir. Y todo eso podemos conseguirlo a través de Brianda. El origen del Medallón y de la mano de Mayte Esteban, escritora prolífica en cuanto a géneros literarios, a la que conoceréis principalmente por su novela Detrás del cristal, publicada por Ediciones B en digital y papel, pero que cuenta en su haber con otras obras escritas con igual maestría: La arena del reloj, una biografía cargada de sentimiento y de sensibilidad que nos muestra de fondo una época plagada de recuerdos para muchos de nosotros; "Su chico de alquiler", una novela juvenil desenfadada que hará las delicias de los más jóvenes; y "El medallón de la magia", la novela que complementa a Brianda. El origen del medallón y que, al igual que esta, si bien se dirige al público juvenil, puede leerse a cualquier edad con garantía de disfrute asegurada.

   La portada de una novela es su carta de presentación inicial y a mí esta me ha conquistado. Pero no todo queda ahí. Su sinopsis me sugiere horas de lectura intensa, repleta de acción desplegada por la trama y entretejida con la habilidad que caracteriza a Mayte Esteban en la construcción de sus novelas, capaz de engancharte en la primera página para no soltarte hasta verle el fin. Y con una calidad narrativa a la altura -o a mayor nivel incluso- de muchas de las obras publicadas por las buenas editoriales y mostradas en las mesas de las mejores librerías:

   En 1610 dos niños nacen en Castilla: Brianda, en una familia de campesinos y Luis, hijo de unos nobles de Toledo. Sus vidas transcurren tan distantes como las clases sociales a las que pertenecen, hasta que un viaje a Toledo de Brianda y el incendio de la catedral de Santa María harán que crucen sus destinos. 
   Espadas que brillan en la noche, asaltos, peleas, gente que se gana la vida como puede en un tiempo en el que sobrevivir no es sencillo. Pícaros, soldados, nobles, inquisidores, mendigos, brujas… y un medallón mágico que va de mano en mano y esconde un secreto.
   Una novela de magia, aventuras y romance ambientada en la España del Siglo de Oro.
 


   Brianda ha nacido hoy, 5 de diciembre, en digital y en la cuna de Amazon. Yo le auguro una larga y exitosa vida, porque contiene todos los ingredientes necesarios para recrearse en su lectura y disfrutarla al máximo. Y si no... ya me lo diréis, porque no os la debéis perder y mucho menos, los más jóvenes de la casa.

   Felicidades, Mayte Esteban!! Tu camino literario se sigue abriendo ante ti. Y te llevará lejos.





11 abr 2014

UNA SEMANA DESPUÉS...

  Hoy hace una semana que decidí saltar al vacío sin red. ¡Y no me he estrellado! No me he dado de bruces contra el asfalto rompiéndome la crisma en el intento. Me han sujetado, han trenzado una red mullida y consistente con manos y brazos fuertes que no sólo no me han dejado caer, sino que me han elevado para hacerme saborear el dulce de las nubes de algodón que siempre aparecen en los mejores sueños, cobijándonos de manera entrañable.

  Es paradójico que sentimientos aparentemente opuestos fluyan a un mismo tiempo. Aunque, pensándolo bien, la fuente de la que manan es distinta; como tantas otras veces, raciocinio e intuición pugnando por llevarse el gato al agua, sin ser conscientes de que en ciertas ocasiones están condenados a vivir juntos: mi mente pidiendo cautela, mirando al miedo frente a frente, exigiendo respeto por quienes esperan la llegada del nuevo vástago, dando órdenes a mis extremidades inferiores para que no se levanten un ápice del suelo y a mi cabeza para no se descoque ni pierda el norte de dónde estoy…, y mi intuición incrementando el tono de su voz para hacerse escuchar, afirmando con seguridad que el fondo de mi ser respira confianza plena en el trabajo hecho, en que será del agrado de los lectores, en que merece la oportunidad de recibir en su piel la caricia del sol, la brisa del aire…, de vivir en libertad y en la compañía de manos ajenas a las mías propias.

  Y ahí está. Defendiéndose como una jabata en los primeros puestos de Amazon para mi sorpresa, porque no esperaba tanto, levantándome el ánimo como no podría imaginar hace semanas, emocionándome con los primeros comentarios recibidos, insuflándome aliento para continuar luchando por ella porque merece algo más, siento que merece algo más. Pero todo se andará, las prisas nunca fueron buenas consejeras; aunque la impaciencia hay veces en que me mata, porque el tiempo es oro y minuto que se pierde ya no se vuelve a recuperar.

  No quiero obsesionarme en conseguir metas, en alcanzar números vacíos de contenido. Quiero disfrutar del camino, pasear de su mano aspirando los efluvios positivos con aroma de azahar que los lectores nos tiendan a su paso, y soportando las estaciones de penitencia con estoicismo, valentía y ánimo de superación, porque también lloverán las malas opiniones en este mundillo plagado de gustos tan diversos y de literatos exigentes que buscan el mayor nivel posible de calidad en lo que leen, derecho que admito y reconozco.

  Esta semana ha sido intensa, me ha forzado a dar rienda suelta a las emociones que pugnaban por salir y eso ha provocado que me disperse, que pierda un tanto el norte de una realidad, la mía, la que no quiero dejar de ver, de aquel objetivo trazado desde un principio cuya base no debe sufrir desviación alguna, por muchas ramas que cuelguen de él. Es hora de retomar un poco el rumbo, de volver a mirar otros aspectos de mi vida que siguen demandando mi atención, sin perderla de vista a ella, por supuesto. Es hora de seguir escribiendo y trabajando en mi proyecto actual. Porque esto es una carrera de fondo en la que se mide la resistencia, no la velocidad.

  Gracias a quienes habéis depositado vuestra confianza en mí y en esa obra que cumple una semana de vida. Y gracias a los que lo hagáis a partir de este momento. Espero vuestras opiniones, porque saber que os ha gustado es, por encima de todo, lo que más me importa con diferencia. Os lo puedo asegurar.

4 abr 2014

"LOS COLORES DE UNA VIDA GRIS" YA ES VUESTRA.

   A lo largo de estos días se me han ido ocurriendo diversas formas de comenzar esta entrada, pero las he desechado todas porque quería escribirla dejándome llevar por lo que realmente sintiera en tal momento. Estoy acostumbrada a ponerme en piel ajena cuando escribo, a imaginar los sentimientos de mis protagonistas ante decenas de situaciones, pero sería absurdo empatizar conmigo misma tres días antes pudiendo permitir que emociones reales guiaran mis dedos. Y resulta que ahora tengo la mente en blanco y el corazón cabalgando por mis entrañas provocando el agotamiento de las reservas de oxígeno que me rodea, y con una ristra de emociones rezumando por mi cuerpo difíciles de catalogar. Y de interpretar. 

   Supuse que llegado este momento me sentiría nerviosa, acelerada, contenta, impaciente, incluso asustada... Y sin embargo me invade un sentimiento de nostalgia, de emoción contenida, de calma, de meditación profunda de lo que ha supuesto el proceso de creación de mi obra, del esfuerzo invertido, de las expectativas puestas en ella, de su crecimiento y maduración lenta a lo largo del tiempo, de todo lo que he aprendido escribiéndola... Y siento ganas de llorar. Porque en ella va un trozo de mi alma, una pizca del orgullo que siento de haber vuelto a conseguir una meta que creí lejana y complicada de alcanzar, y esa parte desdoblada de mí misma que durante tantos días adoptó el perfil de unos personajes muy queridos y admirados para pensar como ellos, para actuar como ellos, para vivir como ellos con el único fin de darles el realismo que merecían. 

   Hoy toca abrir las puertas de casa y dejarla salir, verla marchar hacia un mundo que puede resultarle cálido o tal vez inhóspito. Hoy toca soltar riendas y esperar a ver si tiene la madurez suficiente para sobrevivir sin ser vapuleada, observando sus pasos desde la distancia y sufriendo con ella las alegrías y las penas, la salud o la adversidad, con el corazón en la mano diciéndome que es la más bonita del mundo, porque para eso soy su madre y a las madres se les permiten ciertas licencias de vez en cuando, aunque en el fondo seamos muy conscientes de la realidad.

   Me habría encantado presentarla en sociedad con un vestido de celulosa, porque siento que se lo merece (y perdón por una falta de humildad a la que no acostumbro). Pero soy consciente de que no se puede tener todo en esta vida, porque entonces los sueños no tendrían razón de ser y perderíamos ese motor fuerte y poderoso que nos impulsa a seguir adelante, a luchar por lo que queremos, a vencer obstáculos, a superarnos a nosotros mismos y a saborear finalmente, con muchísimo mayor placer, aquello que terminamos por alcanzar y que siempre deseamos.


   En unos minutos, cuando el ratón de mi ordenador pulse la opción mágica que figura aquí arriba, el mundo literario se impregnará de colores. Y vuestra vida de lectores avezados también, si así lo queréis.

   Gracias por todo el cariño que me habéis demostrado en estos días.



¡Muchísima suerte, pequeña!




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