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12 feb 2020

«AQUELLA VEZ EN BERLÍN» de MARÍA JOSÉ MORENO


SINOPSIS 

El día que el arquitecto alemán Richard Leinz recibe en su casa de Londres al señor Parker, investigador privado, descubre que hace quince años cometió una grave equivocación que marcó su vida. Atormentado por sus dramáticos recuerdos y por el dolor que causó a su alrededor, emprende una búsqueda tenaz en su pasado para intentar enmendar su error. Cuando Thomas, secretario de Richard, decide por su cuenta llamar a Marie Savard, con la que el arquitecto mantuvo una relación, no sabe que está a punto de derrumbarse todo lo que lo ha mantenido a salvo hasta el momento: ¿Por qué Richard ya no es el que era? ¿Podrá Marie ayudarlos a librarse de sus fantasmas? ¿Cómo se puede convivir con la culpa? Una historia intimista de secretos desgarradores, de amores frustrados, de palabras no dichas, de luces y sombras en el pasado de unos personajes que intentan sobrevivir en un tiempo histórico complejo mientras tratan de combatir a sus propios demonios y coger aire para disfrutar de eso a lo que llamamos vida. Las casualidades no existen. Los encuentros fortuitos tampoco. 

***

   Me he pasado un buen rato mirando el «folio» en blanco de la entrada de Blogger, con el cursor parpadeando a la izquierda, esperando paciente a que comenzara a escribir. Y me ha recordado, por un momento, al famoso bloqueo del escritor, que suele producirse cuando este no sabe bien lo que contar, o cómo lo va a contar. En mi caso, el bloqueo no es producto de una carencia de ideas, sino del exceso; es tanto lo que podría decir que no sé bien por dónde empezar. Quizá porque le quiero hacer justicia a una obra que la merece. Quizá porque le tengo un cariño especial. Quizá porque la he visto gestarse, crecer, madurar y, finalmente, nacer, en ese orden inverso a la vida propio de la literatura que a ti, lector o lectora, te permite ser testigo del resultado final, pero que a mí me ha concedido el privilegio de mostrarme el camino arduo y laborioso que la ha llevado a ser una historia preciosa y redonda. Y me preguntaba al hilo de todo esto y ahora que no nos escucha la autora, por qué no podría yo revelar algunos de esos secretos de trastienda que no suelen ver la luz... 

   ¡Shsss...! Cierra la puerta y vigila, porque allá voy.

   Hace ya mucho tiempo que María José Moreno me envió un e-mail. Como anexo venían los dos o tres primeros capítulos de la novela y en él me pedía que los leyera y le diera mi impresión, si creía que merecía la pena continuarla, si me gustaba el tono narrativo... Una valoración un tanto subjetiva, quizás, considerando que era muy poco lo que aún tenía escrito. Pero es que a veces no se necesita más. Las buenas historias enganchan desde el principio, sin necesidad de que sean de intriga; la información inicial que aportan, los matices ambientales, la pluma que las cuenta pueden ser más que suficientes para causar sensaciones que te invitan a pensar que estás ante el origen de una gran obra, que promete, que hay un diamante en bruto por pulir, agazapado y escondido, preparado para darle brillo y sacarlo a relucir. Cuando acabé de leerlos (en nada y menos de tiempo), le contesté al mensaje: «¿Que si merece la pena seguir? Esta historia es de sofá, café y manta, te lo digo yo. Y el tono narrativo es propio de novela de tapa dura». Esas fueron mis palabras. Y aunque lo último no se ha cumplido (Versátil la ha publicado en rústica, eso sí, con una portada preciosa), apuesto a que lo primero se hará realidad cuando llegue a vuestras manos, ya me lo diréis.

   La lectura de las primeras páginas me transportó a Londres de la mano de Thomas. Su voz me conquistó desde el minuto uno. Entrañable, envolvente, cálida, afectuosa. Pensé que sería un protagonista excepcional, contándonos su historia con la cercanía y la intimidad de la primera persona. Y cuál fue mi sorpresa al saber que quien la contaba —Thomas— era en realidad un personaje secundario, que los verdaderos protagonistas serían Richard y Marie. Varias llamadas de teléfono entre María José y yo se sucedieron en esos primeros días, una de ellas de muy larga duración, en la que me contaba la historia al completo para analizar los enfoques. Me eché las manos a la cabeza. Porque no se había conformado con crear una historia sencilla, era una auténtica red de personajes y hilos argumentales interconectados con propósitos muy claros, pero de ejecución difícil, no solo por la cantidad de sucesos que en ella ocurrían, sino por la profundidad psicológica de que había que dotar a los personajes para que todo resultara coherente. Pero en eso María José Moreno es experta, no defrauda, así es que confié a ciegas en un planteamiento en el que las aparentes casualidades —que en realidad no lo son—, los secretos del pasado, los miedos personales, la necesidad de perdón, la búsqueda de la verdad y la lucha por la supervivencia se darían cita en Londres, Munich, Berlín y Málaga, a caballo entre el presente y el pasado, con una ambientación histórica en la Segunda Guerra Mundial y personajes de fondo como Anna Freud dando respaldo a unas vidas marcadas por la familia y por los sucesos traumáticos que acontecieron en ellas.

   Pero no quedaba ahí la dificultad. Había que dar voz a los personajes, a cada cual la suya, y jugar con los narradores, que en esta novela, finalmente, no solo es Thomas, sino también un narrador externo que cuenta de primera mano todo lo que acontece a Richard en sus viajes al pasado, donde Thomas no puede estar presente. Y había que dotar de realismo a la historia, contando las crudezas de los errores cometidos, el daño causado por los personajes a quienes amaban, incluso a ellos mismos, y su posibilidad o imposibilidad de resarcirlos, y todo ello sin que el dedo acusatorio del lector los sentenciara, es decir, provocando una empatía que no siempre es fácil de conseguir, porque para ello hay que saber manejar muy bien los sentimientos y las emociones, transmitiéndoselas al lector. Una historia intimista, como Aquella vez en Berlín, no quedaría en el recuerdo si no tocara el corazón. Y lo hace. Te toca el corazón y te hace suspirar al compás de muchas de sus páginas, de muchos de sus párrafos, de muchas de las sensaciones que María José Moreno consigue provocarnos con la lectura entre líneas de sus mensajes subliminales; esos mensajes que yo tanto agradezco por una simple cuestión de enriquecimiento personal. 

   Me dijo que quería apartar la maldad con la que había convivido durante la escritura de la Trilogía del Mal y volver a sus orígenes. Al estilo de Bajo los tilos. Y lo ha hecho a lo grande, con una historia intimista para degustar, compleja pero de lectura fácil, tranquila, para recrearse, con esa voz narrativa propia de los grandes novelones y unos personajes capaces de despertarnos un afecto especial.

   Saldrá a la venta el próximo 17 de febrero. Dentro de una semana. Yo estoy deseando tenerla en las manos, ya tengo preparado el hueco en mi librería. Apuesto a que cuando la vea, me voy a emocionar. Como os podría suceder a vosotros si la leéis.

   Mucha suerte, María José. Ambas lo merecéis. 



13 nov 2018

«AQUELLO QUE FUIMOS». NOVELA GANADORA DEL V PREMIO LITERARIO DE AMAZON

   Quiero dedicar este premio a mis padres, mis grandes ausentes en este momento tan importante y emocionante de mi vida. Sé que habrían llorado en silencio al conocer la noticia, que se les habrían caído lagrimones mudos, limitándose a abrazarme porque la emoción les habría impedido articular palabra.
   ¡Va por vosotros, guapos míos, allá donde estéis!

   Son tantas cosas las que querría expresar en este momento que me resulta imposible abarcarlas y, aún menos, resumirlas. Se me agolpan los flashes de todos los momentos literarios vividos, incluso de aquellos que en su día no supe apreciar como precursores de lo que me vendría después: esos cuentos escritos, ilustrados y encuadernados con nueve o diez años; una miniobra de teatro antiguo a los trece; múltiples reflexiones sociales y psicológicas plasmadas en un diario en mi adolescencia; mis poemas de juventud; los relatos de instituto; mi primera novela de ciencia ficción a los diecisiete y una segunda a los veinte, ambas en un cajón; los primeros relatos de corte intimista y reivindicación social en la madurez —«Ellas También Viven»—, paralelos a la escritura de mi primera novela, «Los colores de una vida gris», en esta nueva etapa literaria que comenzó hace algo más de diez años.
   Diez años... Sí. Fue en aquel momento cuando di el salto. 
  Afilé la pluma y le planté cara a la timidez para escribir y presentar después lo escrito en Córdoba, Sevilla, Málaga, Madrid y algunos pueblos pequeños, bajo la única protección de mí misma y de una familia a la que debo millones por su apoyo incondicional, haciendo camino con uno de los primeros sellos de autoedición en papel, que me brindó la oportunidad de hacer despertar mis historias a los ojos de los demás. Ahora sé que, aunque salió bien, aquella fue una inversión arriesgada. Pero el mundo es de los valientes. O así lo pienso yo.
   Aquel fue el inicio de un camino enriquecedor en el que he vivido multitud de experiencias personales y literarias, un camino en el que, entre otras muchas cosas, he ido aprendiendo y depurando un estilo y una forma de escribir, aunque manteniéndome siempre fiel a mi esencia, a mi afán de hacer de la literatura de ficción un medio de transmisión de emociones, sentimientos y reflexiones, además de entretener con historias que enganchen, que conquisten, que remuevan...
   Hoy hago balance. Y veo que llego aquí con cuatro novelas, un libro de relatos, unas cuantas participaciones en antologías publicadas por editoriales y Corporaciones Locales y un centenar de escritos cortos de ficción, publicados en este blog o en Facebook y dedicados a todos aquellos que gustan de la literatura breve. Pero sobre todo, veo que llego aquí con la sangre convertida en letras, con un puñadito de amigos íntimos e incondicionales de cuya mano camino, con un compromiso hacia los lectores de respeto y buen hacer y un compromiso hacia mí misma, iniciado hace ya tiempo, de hermanarme todo lo posible con la Literatura en cada una de mis obras, por encima de lo demás. Esa es mi pretensión, mi objetivo, mi meta..., lo que más anhelo conseguir.
   Hoy lloro. De alegría por lo que quiero entender como un reconocimiento a un esfuerzo de muchos años, parte del cual ha terminado gestando esta novela profunda y compleja; como un empuje para seguir luchando en este mundo de letras tan complicado, bonito e injusto a la vez; como una oportunidad para que se me abran las puertas que otros cerraron.
   Y miro a mi alrededor. Para desearle a mis compañeros finalistas el éxito que también merecen; para dedicarles, si me lo permiten, una palabra de aliento que los motive a seguir caminando, poniendo el mayor empeño posible en cada obra que escriban, porque esta carrera de fondo la tenemos que terminar derrochando tesón, trabajo, constancia, estudio, pasión, esperanza..., y aún nos queda a todos mucho por recorrer. La meta sigue estando lejos. Pero la alcanzaremos, estoy convencida. Y si lo hacemos unidos, mejor.
   Gracias a quienes me habéis apoyado siempre, a quienes confiasteis en mí, a quienes me concedisteis el beneficio de la duda leyendo esta novela antes de hacer valoración alguna, a quienes me empujasteis con vuestras palabras de aliento, a quienes me ayudasteis de alguna forma para que esta novela ganara visibilidad o audiencia durante estos cuatro meses que ha durado el concurso, a quienes me habéis dado la mano a pesar de no tener nombre.
   Y gracias a Amazon. Por concederme la oportunidad de sacar mis letras del anonimato.

   Una llamada en la carretera ha dibujado un nuevo paisaje en mi vida y yo voy a perderme en él para vivirlo y sentirlo al máximo. Pero antes, permitidme que dé rienda suelta a la voz que he venido acallando y que, como un eco emocionado, no ha cesado de gritar: «¡He ganado!».




La noticia en prensa


7 jul 2018

«AQUELLO QUE FUIMOS»: PRÓLOGO.



PRÓLOGO

   Cuántas veces habremos escuchado que cada cual debe actuar como siente que ha de hacerlo, sin importarle la aprobación o la condena de los demás. Pero tal afirmación es cuanto menos ilusoria, una sencilla utopía que pretende calmar la conciencia sin conseguirlo. El dolor causado con nuestra actitud a quienes amamos se vuelve contra nosotros como un búmeran envenenado y no nos deja vivir en paz. Quizás por ello se haga necesario confesarse, exorcizar los demonios dándoles forma y mostrándolos al exterior para que dejen de corroernos por dentro, redimir las culpas que sentimos tener, aunque a lo largo de los años nos hayamos repetido de manera incesante que hemos sido un producto de las circunstancias, que nuestra libertad de acción se ha podido ver condicionada por causas ajenas a nuestra voluntad. Nos mueve la necesidad de restablecer el orden, de colocar los afectos en su justo lugar, tanto los nuestros como los de aquellos que nos rodean y cuyas vidas se entrelazan con la nuestra, víctimas de las acciones y desafortunadas decisiones, de la mentira construida para paliar el dolor de la realidad.

Esta es nuestra historia. Una historia de la que no solo nosotras somos protagonistas. Porque la vida, tal cual se dice, es una gran obra de teatro. Y todo aquel que entra en escena tiene sus propias razones para sentir, para pensar, para actuar, para vivir.

30 jun 2018

«SE LLAMABA MANUEL» de VÍCTOR FERNÁNDEZ CORREAS


 SINOPSIS

El cuerpo del joven Manuel Prieto aparece en el Cerro Garabitas de la Casa de Campo de Madrid el día de Nochebuena de 1952. Gonzalo Suárez, inspector de segunda del Cuerpo General de Policía, se hace cargo del caso. Un caso que, sin saberlo, cambiará su vida tal y como la conoce.
El teniente Arturo Saavedra negocia los términos del acuerdo que permitirá a Estados Unidos establecer bases militares en España. Y lo hace por convicción, pero también por interés personal: las negociaciones son la puerta abierta a la nueva vida que ansía por encima de todo.
Marga Uriarte vive con odio. En el pasado coqueteó con el entorno del Partido Comunista de España. Ahora, un viejo conocido le pide ayuda en nombre del partido. Lo que parecía un mero trámite para ganar algo de dinero se convierte en una oportunidad inmejorable para saldar cuentas con su pasado.
Tres historias que se desarrollan en una España en la que, se aseguraba, había empezado a amanecer. Aunque no para todos.



   Hace un par de años me llegó un mensaje de Víctor Fernández Correas. No era el primero que recibía de él ni sería el último, pero este volvía a ser especial, porque venía de nuevo aderezado con literatura y he de reconocer que esos mensajes me encantan; aunque también me asustan, sobre todo cuando a través de ellos no me hacen partícipe, simple y llanamente, de un fragmento de novela o de una pequeña escena para mi deleite, sino que llegan de la mano de una petición concreta que conlleva una cierta responsabilidad por mi parte, literariamente hablando. En esta ocasión, a la media novela anexada al mensaje, Víctor añadía una petición, en apariencia, muy sencilla: «Quiero que me digas si crees que merece la pena seguir escribiendo esta historia». 

   Yo no dije nada en aquel momento. A juzgar por los fragmentos que ya había tenido el privilegio de leer antes —y que me habían encantado—, podría haber aventurado que sí, pero no lo hice, porque me gusta ir siempre con mi verdad por delante, mi honestidad no me permite engañar, ni endulzar el oído de nadie con mentiras piadosas que no ayudan, máxime cuando se trata de amigos, y yo necesitaba comprobar primero cómo él había dispuesto y movido sobre el tablero todas las piezas de la novela para poder ofrecerle mi particular opinión. No, no le dije nada, pero sí que pensé para mí solita: «¡¿Y cuándo algo de lo que tú has escrito no ha merecido la pena, hijo de mi vida?!» :) Cuando acabé, mi respuesta fue clara y contundente, tenía que seguir adelante. Hasta el final. 

   Aquella primera mitad ya auguraba el calibre de novela que ha resultado ser. Ya llevaba el sello propio del autor, que no se conforma con escribir una obra con la que salir del paso. No. El buen hacer literario de Víctor Fernández Correas busca crear una historia interesante, y nada simple, que entremezcla con varios hilos argumentales que le dan solidez a la trama; las sitúa en un espacio temporal histórico amplia y perfectamente documentado; y en un espacio físico que recrea con tal genialidad, que hasta somos capaces de verlo, olerlo, sentirlo, escucharlo... Disfrutarlo y sufrirlo. Con solo unas pinceladas certeras. Porque Víctor juega con las palabras como los grandes pintores con sus pinceles; con apenas unos trazos es capaz de recrear la escena que tiene en mente transmitiéndonos su esencia, el alma, aquello que la caracteriza hasta involucrarnos en ese mismo escenario como si fuéramos testigos directos de cuanto está pasando. Así nos traslada hasta el Madrid de los años cincuenta, de mitad del siglo XX, con una narración que, como bien han dicho otros, tiene tintes costumbristas por los detalles de la época que aporta y que, lejos de sobrar, son bien recibidos para creernos aún más lo que estamos leyendo.

   Cuando ediciones Versátil dijo de incluir «Se llamaba Manuel» en su catálogo de narrativa, y no en Off Versátil —dedicado al thriller y a la novela negra—, lo celebré. Porque esta novela escapa a los límites habituales de este género, y no es una novela policíaca sin más. Hay un asesinato y una investigación a cargo del Cuerpo General de Policía de la época, sí, pero en torno a ella se dan cita otros muchos aspectos que, a mi modo de ver, no solo engrandecen la historia, sino que cobran, incluso, una mayor relevancia que el asesinato en sí, como son la política, el estamento militar con sus propios intereses (interiores y exteriores), las cortapisas y los beneplácitos del Régimen franquista, una visión social centrada en las relaciones humanas, conyugales, económicas y hasta homofóbicas, la venganza, la lucha por la supervivencia, el amor... Todo ello muy bien combinado y repartido en dosis «capitulares» que siempre te dejan con ganas de más por la habilidad con la que el autor maneja el suspense.

   ¿Y de los personajes? ¿Qué deciros de los personajes? Que están bordados, tanto los principales como los secundarios. Son humanos, reales, tangibles, coherentes... Podrán gustarnos o no, podremos empatizar con ellos o no, pero te miran de frente y te plantan cara, no están hechos de humo, sueños idealizados o deseos de ficción. No son planos. Son de carne y hueso, tienen su propio temperamento, alma y corazón, aunque alguno de ellos lo tenga de piedra.

   Marga Uriarte, Gonzalo Suárez, Arturo Saavedra, el Canelita, Escolástica Sainz...

   Todos ellos, y algunos más, desfilarán con sus vidas a lo largo de las 350 páginas de una novela que se nos hace corta; vidas contadas con el estilo narrativo de un escritor que tiene una voz propia inconfundible y que me encanta...

   Una voz «literaria» que deseo, de corazón, que no enmudezca nunca. 

   Felicidades, Víctor. Mucho éxito.
 

25 jun 2018

«AQUELLO QUE FUIMOS». MI NUEVA NOVELA.



   Son incontables las veces en que parecemos tener claro quién es víctima y quién verdugo; a quién hemos de salvar y a quién culpar sin ninguna contemplación, a pesar de contar con elementos mínimos, los que nos brinda el hecho de ser testigos de un único suceso puntual, sin ahondar en nada más. No reparamos entonces en la probable conjunción de ambos papeles, ni siquiera en su alternancia dentro de un mismo ser. Como tampoco reparamos en la triste realidad de que cualquiera de nosotros, y en cualquier momento, puede dejar víctimas a su paso sin pretenderlo, incluso aquel que siempre juró que jamás dañaría a nadie.

  Decisiones. Trascendentes o intrascendentes, cobardes o valientes, que no solo condicionan nuestra vida, sino la de aquellos que habitan a nuestro alrededor. Decisiones y acciones que truncan el camino de los inocentes hasta convertirlos en culpables, para luego enjuiciarlos moral y legalmente como si todo, absolutamente todo, fuera producto exclusivo de su voluntad.

   Pero... ¿en realidad es así?


   Hace algo más de tres años, esta reflexión comenzó a apropiarse de mi pensamiento: la del poder de las decisiones —propias o ajenas— y la interacción con sus consecuencias en un juego de rol en el que víctimas y verdugos podían alternar papeles sin pretenderlo, por desconocimiento, quizás por maldad, por una despiadada presión social o familiar, o incluso por autodefensa o instinto de supervivencia. Decidí entonces, al igual que ya me ha ocurrido otras veces, alimentar el germen de esa idea profunda e interesante para crear una historia en torno a ella, convirtiéndola en novela. En novela de las que me gustan, ficticia y a la vez real, además de atemporal.

   Así nació «Aquello que fuimos».

   Vuelvo con esta novela a esa ficción contemporánea con la que empecé, que plasma la realidad actual, las emociones, los sentimientos, las reflexiones que subyacen a los hechos ficticios que conforman la historia, aunque sin olvidar esos matices literarios en su trama que conquistan al lector, que lo enganchan con su intriga, con sus giros argumentales e incluso con esos debates mentales que nacen a raíz de la actitud de los protagonistas y demás personajes que transitan por la historia.

   Más de un año y medio en escribirla. Y otro tanto para releerla y corregirla de forma incansable hasta dejarla depurada y linda. Una novela compleja de la que me siento orgullosa y para la que hubiera deseado un respaldo editorial que le diera acceso a lectores nuevos, a aquellos que apenas frecuentan las redes ni son adeptos a la tecnología digital, sino a las librerías y demás establecimientos con aroma a papel, que gustan de tocar los libros, ojearlos y hojearlos antes de llevárselos puestos. Pero no ha podido ser, hay puertas que no se abren; pero sí cajones. Los que invitan a darle una oportunidad —aunque sea más pequeña y limitada— a novelas como esta, que merece ser compartida con esos lectores fieles que nunca fallan y a los que todo les debo. Y por qué no, a mis dos protagonistas, que quieren alzar la voz para contar sus vidas con una humanidad plena y con esa fortaleza que aporta la experiencia, el miedo, la superación, el deseo de vivir y, por encima de todo, el deseo de ser feliz.

   Blanca. Fuensanta. Víctor.

   Tres nombres que han estado y vivido conmigo durante mucho tiempo. Que han ido creciendo hasta hacerse grandes, conquistándome con su forma de ser y de actuar. Con su manera de evolucionar.

   Ahora espero que os conquisten a vosotros. Nada me gustaría más.

   El 4 de julio tenéis una cita con ellos.
   Si os apetece.


«NUNCA SUBESTIMES UNA DECISIÓN, POR INSIGNIFICANTE QUE PAREZCA.
EL RUMBO DE TU VIDA PODRÍA DEPENDER DE ELLA.»

4 sept 2017

PRESENTACIÓN DE «UN CAFÉ A LAS SEIS» EN CÓRDOBA



   El concurso literario convocado por Amazon para este año 2017 cerró sus puertas el pasado 31 de agosto. Más de mil autores esperan una primera decisión, la que elevará a la máxima potencia las expectativas y las ilusiones de cinco de ellos al seleccionar sus novelas de cara a la gran final. Al día de la fecha, aún no sé qué pasará. Pero Raquel (la protagonista de esta historia) y yo no nos detenemos. Porque «Un café a las seis» no fue una novela concebida exclusivamente para el concurso, sino para que tuviera vida propia, independiente, autónoma, y, a ser posible, larga.

    En estos dos meses que ha durado el concurso, la respuesta de los lectores ha sido excelente, cuantitativa y cualitativamente. Las emociones que vertí en ella al escribirla me han venido de vuelta en forma de comentarios públicos y privados, algunos de ellos tan entusiastas que me han recordado de una forma muy vívida que merece la pena escribir, a pesar de todo. De ahí que me haya dicho a mí misma que hay que dar un paso más. O unos cuantos. Y que hay que vestirla de largo para presentarla en sociedad como es debido, hablando de ella cara a cara y contestando a las preguntas que haya suscitado en quien ya la haya leído y esté por leerla aún.

   Comenzamos en Córdoba, como siempre, por dos razones fundamentales: la primera de ellas, porque es mi tierra, mi bonita tierra; y la segunda, porque siempre me ha acogido bien, con todo el cariño del mundo. A ellas dos se une, en esta ocasión, una tercera: que Córdoba también es la ciudad de Raquel, es el escenario en el que se desarrolla esta historia. Pero este solo será el primer destino en el que recalaremos, porque una vez hecha la maleta —que todos sabemos que es lo más engorroso—, lo demás viene rodado. 

   Influencia del primer amor, oportunidades perdidas, búsqueda de la felicidad, nostalgia de juventud, decisiones erróneas, reencuentros memorables... Hay mucho de lo que hablar. 

   ¿Nos acompañas?

   

6 ago 2017

UN MES EN CONCURSO: «UN CAFÉ A LAS SEIS».




   Hoy se cumple un mes de la publicación de «Un café a las seis», mi última novela, y, paralelamente, se cumple un mes de su participación en el cuarto Premio Literario, convocado por Amazon en este año 2017, para autores independientes. Aunque no sé en realidad por qué incido en este aspecto, tal vez porque a mí misma me sorprende haberme embarcado en esta nave, cuyo viaje no había contemplado en ningún momento hasta el mismo instante en que fue convocado hacia finales de mayo. 

   ¿Y por qué no lo había contemplado? 

   Seré franca: por miedo. Así de simple. Porque la experiencia sufrida en convocatorias anteriores por algunos escritores conocidos mostraba un aparente cariz turbio en el desarrollo del concurso, en la forma de proceder de algunos participantes, en determinadas prácticas no muy ortodoxas utilizadas para escalar puestos en el escalafón de popularidad y en las ventas de ejemplares que parecen ser determinantes para llegar a la final, incluso en la manera de conseguir comentarios halagadores para la novela en cuestión que convencieran casi más al jurado que al propio lector. Sin contar con las polémicas suscitadas por todo esto en las redes sociales donde, alguno que otro, habría estado dispuesto a sacarle los ojos a algún competidor ajeno en momentos de exaltación. Y a mí me gusta escribir, no pelear ni agredir, ni por supuesto que me agredan. 

   ¿Y por qué finalmente decidí presentar la novela al concurso? 

   Porque me propuse mirar al frente y obviar polémicas (si es que se suscitaban), ignorar las malas artes con las que me pudiera topar (si es que surgían), defender mi trabajo sin menospreciar el de los demás, no entrar al trapo ante directas o indirectas que pudieran involucrarme y demostrar que este es un paso más en mi carrera literaria, uno de tantos en esta carrera de fondo que me ayude a consolidarme como escritora y que me permita seguir haciéndome un hueco en el que termine sonando mi nombre y no solo el título de una novela. Porque ganar un concurso te lanza a un estrellato efímero que no se sostiene si no hay un nombre de escritor/a tras él que lo avale con su estilo literario. Y eso es lo que debemos buscar. 

   Esta novela nació a partir de un relato corto que escribí para una antología benéfica y que, a día de hoy, permanece inédito (el relato). La historia de Raquel, Juanma y Gonzalo me pareció tan bonita, tan humana y tan real que los propios personajes comenzaron dentro de mi cabeza a pedir más papel. Deseaban explicarse, contar el porqué de sus decisiones, de sus recelos, de sus conflictos internos, de sus reivindicaciones vitales que siempre existieron sin que nadie -ni ellos mismos- las escucharan...; sus incertidumbres, sus dudas, esas puertas a medio cerrar que nos los dejaban vivir en paz, alterando su presente y su futuro en mucha mayor medida de lo que consiente la felicidad. Y decidí concederles ese espacio. Sin excesos, sin rollos innecesarios que hicieran, a quienes los escucharan, dispersarse por la historia. El resultado fue el de una vivencia relativamente corta pero intensa en cuanto a la forma de contarla, apelando al núcleo de cada conflicto y a los sentimientos que se han movido en torno a ellos en la mente y en el corazón de sus protagonistas, describiendo así una serie de experiencias y de reflexiones solapadas que han llegado a conformarse como propias de muchos de nosotros, de nuestras vidas personales ajenas a la ficción. 

   Y ahí es donde radica el éxito de esta historia. En la empatía que produce; en la manera en que el lector llega a identificarse con los personajes y con aquello que les sucede. Ese aspecto, unido a las emociones que se viven, se palpan y se sienten, es lo que ha hecho que, un mes después de haberla publicado, las críticas de vuelta estén superando con creces mis expectativas, además de la respuesta lectora, que no se puede obviar y mucho menos despreciar: más de doscientos ejemplares vendidos y sesenta y cinco mil páginas leídas a través de Kindle Unlimited (lo cual me parece un logro excelente, porque de nada sirven las descargas de un ebook si este pasa a formar parte del montante de pendientes en el lector digital; sin embargo, esto sí que son páginas leídas, que es lo que realmente buscamos al vender). Y un apunte extra: si bien parece que la novela va dirigida a un público potencial femenino, de los hombres que hasta ahora la han leído he recabado las mismas buenas críticas que de mis congéneres, por lo que se amplía el universo lector con respecto a las expectativas iniciales. 

   Quedan unas tres semanas para que concluya el concurso. Pero no me preocupa ni me pone nerviosa. «Un café a las seis», por lo que estoy apreciando ya, es una obra que podría considerarse atemporal, alejada de modas en cuanto a temática y género, con componentes universales que pueden hacer de ella una novela que perdure en el tiempo. Aunque lo haga caminando lento, sin subidas fogosas, sin fuegos de artificio. Pero con paso constante, firme y seguro. 










5 jul 2017

EL DESTINO NOS HA UNIDO.

   Sabiendo que mi próxima novela, «Un café a las seis», saldrá publicada mañana, 6 de julio, en Amazon, yo debería estar, en preciso instante, centrada en averiguar la mejor manera y forma de contarte mil cosas en relación con ella, como por ejemplo, el tiempo que tardé en escribirla, cómo son de ideales sus personajes o lo maravilloso de su argumento, salpicándolo todo con unas frases filosóficamente deslumbrantes, capaces de despertar en ti un irresistible interés que te empuje a comprarla al terminar de leer esta entrada.


   Pero no. Aunque vaya contra natura, o mejor dicho, contra las leyes de la lógica, no lo voy a hacer. Quizá porque siempre me gustó ir un poco a contracorriente, sacar los pies del plato, poner en tela de juicio eso que decimos que es normal. O quizá porque, en el fondo, sospecho que ya empiezan a aburrir esas entradas largas destinadas a la promoción, en las que la propia autora describe su estado emocional ante el inminente estreno además de hacer alarde de las maravillas de su propia obra, intentando dar imagen de credibilidad y de una objetividad de la que dudarán casi todos menos ella.


   Así es que voy a cambiar de tercio y voy a hablarte del destino. Sí, has leído bien, del destino. Ese que un día hizo que un relato por encargo se cruzara en mi camino haciéndome variar de rumbo de manera significativa; que me llevó a descubrir que también los sentimientos se puede expresar con palabras transfiriéndolos así de mí hacia ti, con realidad palpable; ese que me acercó a buen número de lectores por efecto del boca a oreja y que me ha regalado dulces palabras de elogio sin yo buscarlas; el que ha provocado que historias (como esta surgida en torno a un café) no despierten de forma premeditada, sino por un aparente efecto rebote que hace que incluso se disfruten más, porque llegan revestidas de sorpresa para quien las escribe y para quien las lee, o tal vez porque nacen de las entrañas y acaban gozando de un "algo" especial.

   Hoy quiero rendirle homenaje a esa fuerza que mueve los hilos tanto de tu vida como de la mía, y que, al igual que hizo con mis protagonistas, por una razón u otra nos ha llevado a encontrarnos a ti y a mí en este lugar, dándome la oportunidad de conquistarte con lo que quiero contarte, y por qué no, dándote la oportunidad de que puedas disfrutar leyéndome si, por la razón que sea, terminas confiando en mí. Pero con libertad. La decisión es tuya. Porque si bien ese destino existe, también queda espacio a la decisión personal, a gozar del placer de acertar o equivocarnos.

   Y si ya me conoces, porque el destino se ocupó de nosotros en alguna ocasión anterior, tan solo voy a darte la bienvenida y a decirte que es un placer reencontrarte. Sin más. Porque estoy convencida de que antes de haber leído esta entrada, tu decisión ya estaba tomada.

   Gracias por estar aquí.



Novela participante en el concurso literario Amazon Indie 2017.

28 jun 2017

"TRES MINUTOS DE COLOR" de PERE CERVANTES.



SINOPSIS

En Tres minutos de color la estéril lucha contra el tiempo y la muerte cobra un significado muy distinto.  
Coque Brox, el protagonista de la historia, es un inspector de policía de mediana edad, separado, parco en palabras, amante de todo aquello que conserve su esencia y acromatópsico, o lo que es lo mismo, percibe la vida en blanco y negro. Herido de por vida tras sufrir una pérdida irreparable, solo le alienta la lucha por recuperar el cariño de su hija adolescente. En una Barcelona en caída libre, cuyos locales de diseño no logran acallar la apremiante nostalgia de sus habitantes, investigará la violenta desaparición de Palma, amigo y compañero de profesión. Durante el tiempo que duren las pesquisas se las verá y deseará para mantener engañado a un suspicaz comisario que no lo quiere en la investigación, sufrirá los persistentes intentos de suicidio de su exmujer, y conocerá muy de cerca qué es una ECM (experiencia cercana a la muerte). Lejos de las clásicas novelas de procedimiento policial, el inspector Coque Brox se verá obligado a visitar un terreno verdaderamente desconocido para él y para el resto de los mortales. Lo que un descreído como él nunca imaginaría es que hay lugares sobrenaturales que albergan la verdad, aunque el camino que conduce a ellos todavía siga siendo un misterio. Y como dijo Jorge Luís Borges: «Lo sobrenatural, si ocurre dos veces, deja de ser aterrador».
  
   ORIGINAL.
  
   Si tuviera que definir con una sola palabra Tres minutos de color, lo haría con este calificativo, aunque por supuesto no sería el único, simplemente el que destaca en mi mente cuando pienso en la novela una vez leída. Y me encanta. Me encanta esa sensación que me aleja de lo típico, de lo común, de la línea habitual que una espera que siga una historia influenciada por los estereotipos de los que tanto parece que nos cuesta salir.

   Ya me acerqué a la prosa y al estilo de Pere Cervantes con su anterior novela, La mirada de Chapman, y me dije que repetiría sin dudar, porque me cautivó su manera de narrar y su forma de plantear la historia. Así es que no he perdido de vista estos Tres minutos de color desde el momento de su publicación para hacerme con ellos y ha sido la recomendación de una buena amiga (que de mis gustos ya entiende y bastante) la que ha terminado de darme el último empujón para leerla. En dos días he devorado las casi 350 páginas de la novela, sin saltarme una mísera letra, absorbida por la trama y por la forma en que su autor la desarrolla.

   Siempre he dicho, hasta la saciedad, que me atrae muchísimo la mezcla de géneros, aunque sea uno de ellos el que sirva para encuadrar la obra -por aquello de que, lamentablemente, tendemos a clasificarlo todo-. Y cuando estas mezclas se producen entre géneros tan dispares, sacando los pies del plato, ofreciendo una apuesta arriesgada (y en algunos casos, hasta innovadora) que haga evolucionar la literatura, entonces ya me apasiona.

   Cuando en algunos comentarios previos se hablaba de la originalidad de la trama no tenía ni idea de por qué. Ahora puedo entenderlo. No podía imaginar que el tema de fondo que el autor plantea en la historia pudiera estar entretejido tan magistralmente con una novela de género policiaco tal y como suele recrearlo Pere Cervantes. Y digo «tal y como suele recrearlo» porque algo que me fascinó (entre otras cosas) de su anterior novela y que ahora vuelve a repetirse fue esa exposición tan real del mundo policial y de la forma en que en él se desempeña el trabajo, creando para ello unos personajes humanos y sumamente veraces, como solo puede hacer alguien que conozca ese universo muy de cerca. Y choca descubrir (en la ficción) cómo determinadas experiencias que consideramos paranormales juegan un papel tan preponderante en el seno de una investigación muy real y de plena actualidad, hasta cotidiana, diría yo. Sí, ya sé que hay series de televisión, incluso películas que hacen uso de este tipo de «fenómenos» en tramas policiales, pero creedme que ni por asomo resultan tener la relevancia, en cuanto a profundidad, que tiene en Tres minutos de color. Porque el tema que aborda Pere Cervantes no tiene esa única razón de ser de sustentar la trama (que ya es mucho), sino que nos aboca a la reflexión, a hacernos preguntas, a darle vueltas al coco en relación con algo que nos inquieta por el pleno desconocimiento que de él tenemos el común de los mortales; aunque yo he de confesar que es un tema que me apasiona desde que tengo uso de razón y del que he leído muchísimo, lo cual ha hecho que esta novela me atrajera todavía más.

   ¿Hacemos a un lado el fondo para hablar de la forma?
   El ritmo trepidante de la narración te engancha desde la primera línea y no te suelta hasta el final. Suena tópico, pero es así. No decae en ningún momento, porque todo está perfectamente entretejido y Pere Cervantes va desgranando los detalles con maestría a lo largo de las tres partes de que se compone la novela; tres «rupturas» necesarias para poder dar a la historia esos giros argumentales tan contundentes que hacen que nos mantengamos enganchados por lo sorpresivo de lo que cuenta y de lo que alguna de ellas recrea. Y todo ello, con un estilo narrativo que pretende ser informal, pero que está sumamente cuidado en su prosa, ágil, fácil de leer, y consiguiendo con él, además, que no nos perdamos en ese cúmulo habitual de pistas y detalles propio de novelas de este género, como sí ocurre en otras que no están desarrolladas con tanta claridad en la exposición de los hechos. Y no hay paja. No hay nada que sobre, ni que sirva para estirar las páginas de la historia. No hay un exceso de descripciones, solo las justas para definir la ambientación espacio-temporal de la escena. Ni siquiera (a pesar de la cuestión de fondo) hace el autor un despliegue filosófico, en boca de los personajes o de ese narrador omnisciente que utiliza, que esté fuera de lugar. Todo está bien encajado, además de muy bien documentado. 

   Sus personajes... Ya he hablado de su perfil humano y veraz. Añadiría aquí que además sufren una evolución a consecuencia de lo que viven. No se limita Pere Cervantes a utilizarlos como herramienta para resolver el caso, sino que los reviste de un perfil psicológico que se ve alterado por los acontecimientos, cosa que los enriquece aún más.

   ¿Me ha gustado? Sí, muchísimo, ¿se nota? Tres minutos de color ha colmado por completo mis expectativas previas (bastante altas, por cierto), no solo por la historia que en ella se desarrolla y por esas ECMs (experiencia cercana a la muerte) que a mí tanto me apasionan, sino por el estilo narrativo de su autor y por su forma de desarrollar las tramas.

   Lo dije en Twitter al poco de comenzar la novela y me reafirmo al terminarla: me abono a Pere Cervantes.  






  

21 jun 2017

"EL ÚLTIMO BAILE" de MARISA SICILIA




SINOPSIS


Viena, 1952.
Andreas y Lilian se reencuentran inesperadamente en un café tras una larga separación. Mientras pasean juntos por el Prater, Lili recuerda su historia de amor con Andreas, su enamoramiento incondicional y juvenil, el primer desengaño, el fracaso en su intento de olvidarlo, la reconciliación y los años locos que vivieron juntos en el salvaje Berlín de entreguerras. Recuerda cómo, a pesar de las separaciones y las distancias, nunca dejaron de amarse.
Porque el de Lili y Andreas es uno de esos amores que perduran a través del tiempo y las pruebas.
Porque las verdaderas historias de amor nunca terminan.

   Conocí a Marisa Sicilia personalmente en la presentación de la última novela de Mayte Esteban en Madrid. Había leído de ella «Tú en la sombra» hacía ya tiempo y me gustó, pero no había vuelto a acercarme a ninguna otra de sus novelas, a pesar de saber que había publicado la última recientemente. Cuando intercambié un saludo y unos breves comentarios con ella en aquella presentación, me dije que alguien con esa apariencia tímida y sensible y con esa dulce sonrisa en la cara tenía que haber sido capaz de construir una historia romántica bonita y, a juzgar por lo que ya había leído de ella, bien escrita. Y no me equivoqué. Será por aquello de que «la cara es el espejo del alma», y hasta de lo que se escribe, añadiría yo, porque cada vez me reafirmo más en que el carácter personal de los escritores está, en gran medida, en consonancia con el tipo de historias que cuentan y el cómo las cuentan, salvo algunas excepciones, claro está.

   Me traje «El último baile» de la Feria del libro de Madrid, firmado y dedicado, y después de haber charlado de nuevo con su autora me dije que sería lo próximo que leyera nada más terminar el premio Planeta de este año, que era la lectura que tenía empezada. Y así lo he hecho. Dos días ha durado entre mis manos. Me la he bebido. De cualquier forma, debo decir que, a pesar de esa intuición que no me ha fallado, hubo un momento en que sentí un cierto miedo a lo que pudiera encontrar, miedo a esa decepción que ya había tenido con algunas otras novelas del mismo género anteriormente y que, en algunos casos, incluso me había empujado a abandonarlas; historias vacías, típicas y tópicas, cargadas de clichés que no dudo que gusten pero que a mí ya llegan a saturarme, con los mismos perfiles en sus personajes porque parece que son los únicos candidatos a perdurar en la mente y en el corazón de las lectoras (y digo lectoras porque son mayoría en el género romántico), con argumentos estirados como el chicle para cubrir páginas con el mínimo de contenido, sin más trasfondo que la relación amorosa en sí..., pero sobre todo, con una narrativa poco estudiada, poco cuidada y en determinadas escenas (llamémosle eróticas) con unas descripciones a veces tan vulgares y soeces que me han obligado a saltármelas, y no porque me espante de ello, sino porque destrozan literalmente el «arte» de la literatura. Y no lo olvidemos, por muy comercial que una novela pretenda ser, esta siempre se compone de dos partes: el fondo y la forma, y esta última (aunque para muchos no parezca tener importancia) es la que hace honor a lo literario y, dicho sea de paso, lo que a mí más me atrae a la hora de leer.

   «El último baile» es una novela preciosa y ha sido una delicia leerla. Mis temores han perdido sentido con ella, porque entre esas tapas propias de una novela de formato bolsillo he encontrado una historia grande, digna de un mayor porte en su presentación. Con una ambientación espacio-temporal perfecta que la autora consigue en base a una documentación histórica que nos va soltando a pinceladas, a veces ni siquiera ocupando párrafos, sino líneas sutiles que le dan sustento más que suficiente a la historia para situarnos en la época y en los acontecimientos sin que nos parezca estar ante un tratado de historia; todo en su justa medida, incluyendo los escenarios, y, como debe ser, con los personajes evolucionando de principio a fin en función del devenir de su propia vida y del entorno que se recrea. Con una relación de amor profundo creíble, veraz, romántico y vital, hasta realista, sin rayar el empalago propio de otras historias del género. Con un ritmo narrativo constante a lo largo de toda la historia, lento y tranquilo, para degustarlo sin más prisa que la propia del lector en su afán por saber lo que irá sucediendo; aunque eso sí, alentado por esa habilidad de la autora de ir anticipando ligeramente el futuro a base de intercalar pequeñísimos anticipos en cada página y en momentos estudiados para que no perdamos el interés por lo que vendrá después. Y con una narrativa  muy cuidada, bella y delicada en general, y hasta escrupulosa (sin pecar de remilgosa) en las escenas de sexo, confiriéndole matices que, muy lejos de provocar rechazo, producen placer tanto al leerlas como al recrearlas.

   He imaginado esta historia, ambientada en Viena y Berlín, en formato de cine. Sus escenas han ido desfilando por mi mente, a medida que la leía, a base de fotogramas hasta componer una película propia de la gran pantalla. Tal es la buena recreación de la autora que he podido construirlas con total nitidez, asistiendo a cada una de ellas en primera fila, como una espectadora de excepción hasta llegar al final, del que no hablo porque es justo el que debía ser. El único que podía poner el broche de oro a una historia tan bonita como esta y con unos personajes tan entrañables.

   Felicidades, Marisa Sicilia. Te seguiré leyendo.


16 mar 2017

"ENTRE PUNTOS SUSPENSIVOS" de MAYTE ESTEBAN.

SINOPSIS

   Mario Aguirre, el padre de Paula, lleva desaparecido unos días. Por más que su hija trata de localizarlo, no logra dar con su paradero y por ello busca la ayuda de Javier Muñoz, inspector de policía. Diez años atrás, Javier y Paula mantuvieron una relación que nunca ha acabado del todo. De vez en cuando sellan treguas que duran solo unos días, y de las que los dos salen siempre heridos.
   Paula sabe que estar cerca de Javier no es lo más sensato, porque recuperarse después de estar juntos es cada vez más difícil, pero necesita que sea él el que la ayude a encontrar a su padre y no duda en pedírselo. El magnetismo que existe entre ellos es tal que quizá el viaje que emprenden para encontrar a Mario no sea muy buena idea, quizá exponga demasiado sus sentimientos.
***

   Se puede sentir rechazo a leer determinados géneros literarios —ciencia-ficción o novela negra, por poner algún ejemplo—, y no porque estos géneros desmerezcan, sino por una mera cuestión de gustos o, tal vez, porque circunstancias personales no nos hagan sentir cómodos con los elementos que componen este tipo de  historias. Igual ocurre con la novela romántica, sobre todo cuando aquellos no adeptos al género anticipan que habrá escenas en exceso edulcoradas, que los personajes serán irreales por idílicos, que no habrá más trama que la relación amorosa entre los protagonistas —con sus idas y venidas, encuentros y desencuentros—, o que la historia tan solo nos aportará unas horas, o días, de entretenimiento sin pretensiones mayores porque la superficialidad que se presupone en ella no nos aportará nada más. En tal caso, solo puedo decir que no han leído a Mayte Esteban.

   A pesar de no ser una asidua a la romántica, creo haber leído bastante como para poder opinar. Y encuentro, a primera vista, una diferencia clara entre la autora de «Entre puntos suspensivos» y otras escritoras de este mismo género: Mayte Esteban no sube a una nube para escribir sus historias, no se recuesta entre algodones para soñar mientras construye a sus personajes, sino que mantiene los pies anclados a tierra y de ella extrae todos los elementos que componen la trama, a la que, además, suele quitarle el exceso de azúcar. El resultado es, para mí, un cóctel de lo más sabroso: una historia real y hasta cotidiana, con la que podría resultar fácil identificarse; personajes de carne y hueso que jamás pisaron el Olimpo de los Dioses, guapetes, tal vez, pero tan plagados de defectos como de virtudes, al igual que cualquiera de nosotros; situaciones y escenarios reconocibles; diálogos ágiles, espontáneos, nada cúrsiles ni encorsetados;  una complicidad en las relaciones amorosas de sus personajes que se aleja de lo peliculeramente pasional y grandioso para mostrar una frescura que se agradece; y algo importante y alabado por mí: una bendita ausencia de tópicos.


   Todo eso y más vuelve a formar parte de esta novela de la que estoy hablando hoy.


   Me consta que hay ocasiones en las que un escritor —o escritora— siente la necesidad imperiosa de escribir, y si no tiene una historia en mente, la busca. En otros casos, es la propia historia la que busca al escritor para que la transmita, porque surge y fluye de manera espontánea y con tanta fuerza que lo obliga a sentarse para convertir en palabras lo que su mente susurra. En el caso de «Entre puntos suspensivos» me atrevería a asegurar que fueron los personajes, Paula y Javier, quienes apremiaron con insistencia a Mayte Esteban para que el devenir de su relación saliera a la luz, quienes la empujaron en el culo —y perdón por la expresión— para que se sentara a contarnos todo lo que ellos pensaban, sentían y necesitaban exteriorizar. Quizá porque los fantasmas y los temores suelen disiparse cuando se les deja escapar, cuando toman contacto con el exterior de uno mismo. Y Paula y Javier llevaban demasiado tiempo con los suyos ululando en su interior.


   Hay novelas que se centran en la historia; esta es la que cobra mayor relevancia. Sin embargo hay otras en las que, a pesar de existir una historia de fondo que resulta ser el motor de la trama, quienes realmente cobran protagonismo y se convierten en la razón de ser de la novela son sus protagonistas, sus personajes. Y bajo mi punto de vista, «Entre puntos suspensivos» pertenece a este último tipo. La búsqueda de Mario no es en sí el foco de la novela (sin quitarle por ello la parte de atractivo que pueda tener), es más bien el telón de fondo que acompaña —y concede una excusa— a los personajes el tiempo necesario para que se reencuentren y muestren sus pensamientos, sentimientos y emociones en relación con el otro y también con la vida que están obligados a llevar en común. A lo largo de la novela, la evolución de esa relación entre Paula y Javier nos deja momentos bonitos, amargos, cómplices, divertidos, desenfadados, dulces, tiernos, con algún que otro plato roto lanzado a la cabeza de cada cual. Y nos deja las reflexiones. Esas que siempre aparecen en las novelas de Mayte Esteban y que dan profundidad a una trama que escapa a esa superficialidad a la que me refería al principio y de la que podrán adolecer otras novelas románticas, pero nunca las que Mayte escribe. El viaje nos deja escenarios y paisajes bellamente descritos, detalles curiosos, anécdotas divertidas (véanse las andanzas de Adelina), ocurrencias ingeniosas que tampoco suelen escapar a la pluma de la autora y como no, giros inesperados que terminan por sorprendernos y que también se agradecen en una novela cuyo final, por imperativo formal, sabemos de antemano cómo debe acabar.


   Pero ese otro gran componente del que aún no he hablado y debo hacerlo sí o sí es la forma en que está escrita. Y digo que debo hacerlo porque a mí la narrativa de Mayte Esteban me coge del cuello al abrir la primera página y ya no me suelta. Fluida, ágil, muy cuidada, aparentemente sencilla, jugando con los recursos lingüísticos y literarios necesarios para embellecerla sin ostentaciones forzadas… Una se desliza por sus párrafos sin darse cuenta, con suavidad, sin necesidad de volver atrás si no es para repetirse y dejarse grabada en la mente esa frasecita, llena de significado, digna de recordar.


   «Entre puntos suspensivos» es una novela fresca, entretenida, divertida, sentimental, emotiva y reflexiva en muchos momentos, que se lee con el placer de quien degusta un plato sencillo pero exquisitamente elaborado. Y que nos dejará a los postres un buen sabor de boca y un suspiro.  



   Por cierto, mañana viernes, 17 de marzo, a las 19:30h. se presenta en Madrid, en Librería Molar.
  ¿Te animas a conocer algo más de ella y de sus entresijos?


26 ene 2017

MAYTE ESTEBAN ESTRENA NOVELA.



SINOPSIS
Mario Aguirre, el padre de Paula, lleva desaparecido unos días. Por más que su hija trata de localizarlo, no logra dar con su paradero y por ello busca la ayuda de Javier Muñoz, inspector de policía. Diez años atrás, Javier y Paula mantuvieron una relación que nunca ha acabado del todo. De vez en cuando sellan treguas que duran solo unos días, y de las que los dos salen siempre heridos.
Paula sabe que estar cerca de Javier no es lo más sensato, porque recuperarse después de estar juntos es cada vez más difícil, pero necesita que sea él el que la ayude a encontrar a su padre y no duda en pedírselo. El magnetismo que existe entre ellos es tal que quizá el viaje que emprenden para encontrar a Mario no sea muy buena idea, quizá exponga demasiado sus sentimientos.


***

   No sé qué tiene al escribir. A veces es difícil definir un estilo, catalogarlo, reseñar esos matices que hacen que te guste, que te sientas cómoda leyendo, como en casa. Simplemente sabes que te engancha, que una vez que empiezas a deslizarte por su prosa ya no puedes parar. ¿Frescura? Tal vez, al menos ese término me asalta a la mente de manera espontánea cuando pienso en ella. ¿Que juega a hacer fácil lo que no lo es, como contar una historia sin trabas tontas, sin florituras que más que enriquecer estorban, manejando con soltura un lenguaje cercano con total corrección? Pues también puede ser. ¿Que los personajes que es capaz de crear son de carne y hueso, espontáneos, naturales, divertidos o trascendentes —según la ocasión—, con virtudes y defectos —como tú y como yo— y sin nada que los haga míticos e inalcanzables, sino cotidianos, de los que te echan el brazo por encima metiéndote en su mundo desde el mismo instante en que los conoces? Sí, sí…, podría ser también. ¿Que las historias que ellos protagonizan nos garantizan unas horas —o días— de disfrute lector, sonrisa en los labios, alguna lagrimilla emocionada y más de un mensaje subliminal a través de frases dignas de recordar? Pues también.

  Mayte Esteban gusta. Y me gusta. Por su versatilidad y porque es capaz de montar —y le sale bien— toda una historia a partir de una idea microscópica; una historia en la que da gusto sumergirse olvidándose de todo lo demás. 

   Hoy estará hecha un flan, por los nervios, que se la comen viva siempre que sale a la palestra con algo nuevo. Quizá sea porque lleva dentro esa humildad de los buenos escritores, que le provoca un inevitable temor a defraudar a pesar de haber puesto su empeño y todos sus conocimientos en afinar al máximo lo que hoy sale a la luz. 

  Hablo de «Entre puntos suspensivos», su nueva novela, la segunda parte —totalmente independiente, que conste— de «Su chico de alquiler». Nace bajo el amparo de HQN, el mismo sello editorial que ya publicó «La chica de la fotos» y promete tener tanto éxito como esta. Yo la reservé hace tiempo cuando salió en preventa y es muy posible que a estas horas me esté esperando ya en mi kindle con los brazos abiertos, que no voy a rechazar. Eso sí, tendré que elegir bien el momento en que empiece a leerla, porque auguro que cuando lo haga ya no me dejará escapar. 

   Felicidades, Mayte. Mucha suerte. 
 
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