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28 dic 2018

MIS MEJORES LECTURAS DEL 2018


   Como ya dije ayer en un resumen publicado en mi página literaria de Facebook, ha sido este un año un tanto extraño en cuanto a lecturas. Lo empecé sin expectativa alguna, con el solo deseo de disfrutar, huyendo de listas y, sobre todo, de esas metas cuantitativas en las que no creo, porque considero personalmente que no reportan beneficio alguno, ni para mí como lectora ni para las propias obras. Pero no ha sido esta falta de expectativas la culpable de haber leído poco, sino otros factores a nivel personal, que han hecho que pase por temporadas de auténtica sequía lectora a pesar de mis múltiples intentos por recobrar el ritmo. 

   El pato de este grado de dispersión lo han pagado algunas novelas que he abandonado siendo consciente de que no eran ellas las culpables sino yo, de que no se merecían mi penosa falta de atención a los detalles, comprometiéndome por tanto, firmemente, a retomarlas llegado su momento, como Tigres de cristal, de Tony Hill o La Conspiración de Yuste, de mi querido Víctor Fernández Correas. Otros muchos abandonos, sin embargo, lo han sido con la certeza plena de saber que no me estaban aportando nada a nivel de historia, planteamiento o narrativa, algunas de ellas a pesar de las buenas críticas recabadas en la red. También ha habido novelas que he terminado leyendo y que puedo decir que me han gustado, pero que no han llegado en absoluto a las expectativas que yo me había forjado atendiendo a los comentarios ajenos; digamos que les he visto algunos «peros», técnicamente hablando, que sin embargo han sido pasados por alto por otros muchos lectores, incluso por algunos a los que yo tenía por exigentes. Pero bueno, esto no deja de ser una apreciación personal en la que no es momento de ahondar. 

   Centrándome en esa treintena de novelas que sí he completado (dejando al margen las divulgativas o no literarias cuya lectura suelo intercalar con las obras de ficción), me quedo con estas nueve por haber sido las que de verdad me han llenado o impactado de alguna manera:

   DESPUÉS DEL AMOR de Sonsoles Ónega.
   Me sorprendió y me encantó la forma de escribir de la autora, de la que no había leído nada hasta el momento. Y me encantó la historia de amor -basada en hechos reales- que cuenta en la novela, su manera de narrarla, la ambientación y el soporte histórico en su medida justa.

   EL OTRO HIJO de Nick Alexander.
   Este novela la descargué de Amazon aprochando el kindle Flash, sin saber nada su autor ni tampoco mucho de la novela, tan solo algunas críticas recogidas de Amazon. Estaba publicada por Amazon Crossing, como una traducción de la obra original, y tengo que decir que fue una sorpresa muy, muy grata. Me gustó muchísimo el planteamiento narrativo del autor, al contar aspectos de un mismo pasaje de la trama bajo perspectivas distintas, jugando con el lector y con la ambivalencia que producen las visiones diferentes según quien las cuenta. La historia, preciosa; con sorpresas que manan de la trama a medida que vamos conociendo más a fondo la vida de todos los miembros de la familia y lo que cada uno de ellos esconde. 

   EL BAILE DE LAS LUCIÉRNAGAS de Kristin Hannah.

   Esta autora ha sido para mí todo un descubrimiento y, sin duda alguna, seguiré leyendo más obras de su bibliografía. Tiene la capacidad de envolverte con su forma de narrar aunque presente escenas impactantes o crudas. Esta novela es un auténtico canto a la amistad, a la que se forja en circunstancias poco favorables o en situaciones escabrosas, que lejos de distanciar a las personas, a veces las une estrechando unos lazos que perdurarán por siempre. Con sus altibajos naturales y vitales, pero tan reales que es difícil no empatizar con la historia y, sobre todo, con quienes la protagonizan por lo que en sí representan.  

   EL COLOR DE LAS MAREAS de Mikel Alvira.

  Con las novelas de Mikel siempre aprendo algo, aunque considero que es difícil de imitar, porque es muy grande ese ingenio que tiene a la hora de plantear una trama o de intercalar elementos narrativos que a muchos escritores le sonarían como fuera de lugar, mal integrados o incluso erróneos, pero que él solventa con total naturalidad. Ya me encantó cuando lo conocí en La novela de Rebeca y aquí, a nivel «formal» a vuelto a soprenderme en determinados aspectos literarios, sumados a una trama preciosa que, aunque un poco previsible, rinde homenaje al amor de una manera distinta a ese estilo romántico al uso del género actual. La ambientación espacial e histórica tambien me pareció genial. 


   LAS CENIZAS DE ÁNGELA de Frank McCourt.

   Cuando supe, tras haber leído la novela, que estaba basada en la vida del propio autor me quedé pillada, como suele decirse ahora, impactada, boquiabierta. Os puedo asegurar que, en este caso, volvió a cumplirse al famoso dicho de que la vida real supera con creces la ficción y que aquellos sucesos que tachamos de inverosímiles en muchas novelas, bien pueden haber sucedido en la vida real. Las cenizas de Ángela es una historia durísima, cruda, de supervivencia a pesar de todo y de todos, de lucha contra la sombra de una muerte cierta que parece perseguir a la familia del pequeño protagonista sin darles tregua. Pero no deja de ser, sin embargo, un brote de esperanza final hacia todo aquel esfuerzo por continuar luchando, una muestra viva de que el destino nos puede hacer tropezar con mil obstáculos sin permitir que finalmente sucumbamos en el intento de saltarlos. Merecida la fama que tiene la novela y las críticas que la avalan como una historia imperecedera, de las que serán siempre un fondo de biblioteca por conservar.

  YO ANTES DE TI de Jojo Moyes.
Cuántas veces me habré resistido a leer esta novela por considerarla demasiado romántica, incluso propia de adoslescentes. Y qué idiota he sido por dejarme llevar (nadie está exento, yo tampoco) de los malditos prejuicios a la hora de elegir lectura, que nos hacen perdernos obras con las que podemos disfrutar en mucha mayor medida de lo que pensamos. Tal cual me sucedió con esta. Aun predeciendo un final que para mí no podía ser otro porque es el que considero coherente, seguí leyendo, arriesgándome a que no fuera así, claro, porque la historia es emotiva, reflexiva, real y, sobre todo y ante todo, preciosa. Un caramelo dulce, un oasis lector entre Las cenizas de Ángela y El Ruiseñor, un respiro plagado de oxígeno que me encantó respirar. 


   EL RUISEÑOR de Kristin Hannah.

   Después de leer El baile de las lueciérnagas no dudé en que repetiría con la autora, máxime cuando tenía pendiente esta obra, tan adulada por la crítica. Es dura, muy dura, sobrecogedora hasta el punto de hacerme parar a respirar en determinados pasajes porque me sobrepasaba, incluso me hizo llorar, cosa que, a pesar de mi carácter sensible y emotivo, no me suele ocurrir con facilidad cuando leo una novela. Pero debo romper una lanza por ella, porque Kristin Hannah no se regodea en las miserias humanas hasta rayar el morbo, como sucede en otras historias, ni en la crueldad de los personajes, simplemente describe lo que supuso en la realidad aquella ocupación de Francia por los nazis. Y quizá sea eso lo que más me impactó hasta crearme ese grueso nudo en la garganta, que lo que yo estaba leyendo no era fruto de la ficción, de la imaginación de la autora, sino la dura y cruel realidad, personificada además en una familia en concreto, lo que contribuye a que sintamos, con suma impotencia, las atrocidades más cercanas que si se habla de ellas en general. Una historia preciosa, llena de valentía, de lucha por la supervivencia, por la salvación ajena, de hazañas heroicas por parte de un pueblo que se negaba a perder la esperanza. Si tuviera que elegir una sola novela entre estas nueve seleccionadas, sin duda me quedaría con esta. Sin aún no la habéis leido, hacedlo. Merece la pena, creedme. 

   UN AMOR de Alejandro Palomas.
   Me enamoré de Amalia en Una madre, de esa ingenuidad aparente que, en realidad, esconde la sabiduría de una madre con mayúsculas, acostumbrada a salvar escollos a costa de experiencia, pero sobre todo, a salvar a unos y a otros haciéndose la tonta, uniendo a la familia con sus ocurrencias inocentes que he llegado a dudar a veces de que lo sean tanto. La continuación de ese primer contacto con ella y con su familia tenía que completarlo y no me decepcionó. La sensibilidad de Alejandro Palomas, su exquisitez a la hora de narrar escenas de la vida cotidiana y de adentrarse en la naturaleza humana me llega. Porque él también se basa en las relaciones humanas y en su psicología para contar historias como esta. No sé si es merecido Premio Nadal o no, es una cuestión peliaguda y un tanto subjetiva, pero a mí la novela, premios aparte, me tocó lo suficiente como para estar aquí. 

   SE LLAMABA MANUEL de Víctor Fernández Correas.

   Víctor es garantía de buena novela y de estupenda narrativa, así de claro. Tiene una facilidad pasmosa para recrear ambientes y adentrarnos en ellos en solo unas líneas, provocando en nosotros sensaciones similares a las que pueden sentir sus personajes, como si fuéramos testigos observando desde dentro de la propia novela, no desde nuestra posición de lector. Tuve la buena fortuna de leer esta novela cuando aún se estaba gestando y ya auguré el éxito que está teniendo. Después de haberla pulido y sacado a la luz no me extrañan nada las alabanzas que está recibiendo. La Historia es tan protagonista como los personajes de la trama. Y es un gran acierto la manera de entretejer los acontecimientos históricos, los ambientes y las costumbres propios de la sociedad franquista en la que se centra la trama y los entresijos de una historia de intriga que está a caballo entre el género policíaco y la novela histórica. Una madeja compacta que huye de estereotipos, de clichés, de los cánones establecidos por los distintos géneros para adquirir entidad propia. Se llamaba Manuel tiene sello de autor. Y a mí ese sello me encanta.



   Con esta novela termino mi recorrido por lo mejor que he leído este año, sin contar con esas otras lecturas «cero» a las que he tenido la suerte de acercarme y que ya anticipo que son preciosas y que están muy bien escritas. Les auguro un gran éxito cuando salgan publicadas, porque de verdad que lo merecen. Aunque claro, eso será si vosotros, lectores, queréis darle una oportunidad de lectura, porque huelga decir por muy buena que sea una obra, carecerá de éxito alguno si, por una razón u otra, muere sin haber conseguido llegar hasta vuestras manos.  

  

7 may 2018

LIBROS Y ESTRELLAS TERRENALES


   Todo evoluciona en la vida del escritor. O al menos, así debería ser. Desde la casilla de salida —o lo que es lo mismo, la posición de novel— hasta el rango de escritor profesional hay todo un trecho que no precisamente se recorre de una manera lineal. En ninguno de sus aspectos. Y aquí hay algo que me resulta particularmente curioso: el grado de ignorancia o desconocimiento del arte de escribir —y de los entresijos del mundo literario— es inversamente proporcional a la aspiración de tocar el cielo con las manos. O a la sensación de que es difícil tocarlo. Así lo percibo yo.

   Ya lo decía Sócrates: «Sólo sé que no sé nada», en contraposición a los perfectos ignorantes que creían saberlo todo. Y es que esto mismo también suele ocurrir en el mundo literario; a medida que un escribiente va convirtiéndose, con sudor, lágrimas, esfuerzo y constancia, en un literato, más lo aborda la sensación de lo mucho que aún le queda por aprender, más alejado ve el cielo estrellado y más menguadas sus posibilidades de gustar a todo el mundo. Paradójicamente, va bajando peldaños del cielo al suelo a medida que adquiere conocimientos y, sobre todo, experiencia. Gana en sensatez y sus miras se amplían. Hasta llegar a un punto en que ya no pretende conquistar el Olimpo (aunque lo siga deseando); se conforma con un puñado de lectores fieles que sepan entender su obra, que sigan enamorados de su forma de escribir y que esperen confiados y pacientes a la siguiente entrega  mientras ellos siguen trabajando por perfeccionar su arte. Tampoco quieren alcanzar el firmamento si ello conlleva el riesgo de perderlo a los dos días; prefieren buscar acomodo en alguna nube baja y acabar formando parte del paisaje, terminar —con el paso de los años— completamente integrados en él.

   Quizás la culpa de ese ansia inicial de grandeza la tengan las mieles de esas carreras meteóricas que, de vez en cuando, saltan a la palestra en forma de best-seller, encumbrando un nombre —o un título— que suena por todas partes y que nos hace obviar que eso supone un algo extraordinario con escasa probabilidad de volver a repetirse. Quizás la culpa de aspirar a lo más alto la tenga el dicho frecuente de que si no hay ventas cuantiosas te morirás de asco sin que nadie te publique, y eso, claro, implica la obligación de gustar a todo Dios. Quizás también tenga parte de culpa el egocentrismo de pensar que somos los mejores, que estamos tocados por la varita divina y que nacimos con un don especial que nos permitirá saltarnos a la torera los sudores por los que pasaron otros para alcanzar la misma meta.

   Seamos francos. A los noveles, les suele —nos suele, metámonos todos— acompañar la ingenuidad, salvo honrosas excepciones; ingenuidad que, entre otras muchas cosas, suele venir acompañada por una especial vulnerabilidad a la crítica. Y aquí es donde entran en juego las estrellas terrenales con sus comentarios adyacentes (si los tienen, que a veces ni eso) colgadas en plataformas de lectura como Goodreads, Amazon o similar. Un firmamento estrellado del que parece depender nuestra vida literaria como quien pende de un arnés a doscientos metros de altura en caída libre, sin darnos cuenta (somos ingenuos, recordad) que la subjetividad impera en gran medida a la hora de concederlas, no solo por cuestiones personales del lector, sino por cuestiones grupales por las que se ven influenciados y que pueden estar o no en lo cierto; sin darnos cuenta de que, al igual que hay buenos y malos escritores, también hay buenos y malos lectores, admitámoslo; sin darnos cuenta de que no es bueno cualquier momento para leer cualquier cosa; o que las experiencias concretas vividas por quien tiene el libro entre las manos influyen en demasía —en bastantes ocasiones— a la hora de considerar y dar mayor o menor credibilidad a una historia. Sin percatarnos de que, en otras tantas ocasiones, desconocer los aspectos formales por los que se rige la escritura —o la construcción de una novela— hace que una obra no pueda valorarse en toda su globalidad, sino única y exclusivamente por las sensaciones que la historia provoca. Y la literatura es mucho más que eso.

   Sí, ya lo sé. «Es que para gustos… colores», «es que estoy en mi derecho de valorar una novela como me parezca, sin más», «es que no tengo por qué saber escribir para decir si una obra me ha parecido buena o no». Estáis en lo cierto. Como lectores podéis —podemos— plasmar vuestra impresión de manera estrellada con total libertad, con o sin comentario (aunque en este último caso de poco ayude al autor de la obra). Pero ahí debe estar el escritor, despojado de su chaqueta de ignorante, iluso o ególatra y revestido de experiencia, sagacidad, humildad y sensatez para aprender a observar el firmamento con conocimiento de causa y con capacidad de análisis, con el fin de apartar aquellas que carecen de fundamentación coherente y mantener las que suponen un juicio crítico acertado de lo que él publicó. Y esto, para bien o para mal. Porque tan engañoso es embriagarse con las estrellas concedidas cuando la obra en realidad no las merece, como considerarla un bodrio por el hecho de no haber sido apreciada por una mayoría cuantiosa de lectores de una plataforma concreta.  Y a la hora de hacer estas consideraciones parece volver a primar la experiencia, la profesionalidad y la capacidad del literato.

   ¿En qué me baso para afirmar esto?
   En un hecho que he venido observando a través del tiempo y que he ido apreciando a medida que conocía más a fondo la manera de obrar de unos escritores y otros: a quienes más les importa este elenco de cielos estrellados es a los autores que comienzan, a los que dan sus primeros pasos, a quienes necesitan de este beneplácito —convertido en dorada valoración numeral— para sentirse seguros en su andadura, como aval de que gustan y de que merece la pena, por tanto, seguir escribiendo; a los que sienten que solo los leerán si los demás se ven contagiados por este despliegue de estrellas gráficas —como única salida—; a quienes la falta de experiencia los hace pensar que no pueden tener detractor alguno si quieren conseguir un nombre en el mundo de la escritura.

   Aquellos otros, cuya solvencia literaria alcanza un nivel aceptable, ya ni los miran. Y si lo hacen, toman en consideración única y exclusivamente aquellos a los que conceden una cierta autoridad.

   Tal vez porque ya han aprendido que no pueden gustar a todo el mundo. Tal vez porque ya han entendido que un simple número jamás podrá equipararse a un puñado de buenas razones.

   Tal vez porque la fuente de la que procede la crítica puede ser tan determinante como la crítica en sí.

4 ene 2018

LECTURAS 2018.



   Volvemos a abrir un período de nuevas lecturas. 2017 conseguí cerrarlo con 29 novelas leídas y disfrutadas, contabilizando entre ellas algún que otro título de lectura cero que no he podido revelar, a la espera de que alguna editorial le dé la oportunidad que sin duda merece. Otras tantas (calculo yo) se me quedaron sin terminar. El tiempo es oro y yo hace mucho que lo cuido con esmero, por lo que no me apetece emplearlo en la lectura de obras en las que, por distintas circunstancias, me cuesta un esfuerzo avanzar. La lectura es un placer, no un castigo, una obligación o una autoimposición, no lo olvidemos.

  Este año que comienza es mi intención superar el número de lecturas de 2017. No parto con la obsesión de conseguirlo a toda costa, por supuesto, pero auguro que será así porque la escritura, que me arrebató un tiempo precioso el año pasado, dejará de estar presente en el actual. Este año voy a empaparme de las letras de otros, de las historias de otros, de las tramas y personajes construidas y nacidos de la mano de otros. Dos vertientes de la literatura por vivir que, a día de hoy, pretendo reducir a una con la consiguiente inversión en ella de parte del tiempo sobrante. 

   Pero aún hay más. Aún queda de dónde arañar minutos, horas incluso para dedicarlas a otras parcelas que también merecen cuidado extremo, como el terreno de lo personal y de lo familiar: las redes sociales. Entramados de comunicación que nos aportan tanto como nos arrebatan, que nos satisfacen tanto como nos enfadan. También a ellas pretendo hacerlas a un lado; no quiero desterrarlas, pero sí reducir al máximo mi implicación en ellas para poder mirar hacia dentro en mayor medida que hacia fuera. Toca desviar la vista, cambiar de miras, abstraerse. Volver a pisar de lleno horizontes conocidos para mí y desconocidos para muchos. Ganar intimidad y anonimato, aunque este nunca haya estado perdido del todo.

   De cualquier forma, todavía me queda algo por ofrecer, algo que quizá sea, para mí, de lo mejor que he sabido crear hasta el momento, una novela de ficción contemporánea —guardada con celo— que verá la luz a lo largo de este año, sea de la manera que sea; probablemente en torno al verano. Con ella terminaré de vaciarme de esas letras que tanto placer me dan, que tantas y tan bonitas experiencias me han hecho vivir.

   Dejando las divagaciones y volviendo a esta lista de lecturas que pretendo inaugurar, traigo una primera novela que terminaré en breve y que me está encantando, un novelón de los que a mí me hubiera encantado escribir. No sé si plasmaré en este blog mis impresiones, eso lo dejo al sentir del momento, como en todas las demás que pueda leer. Será tal cual fluya. Tal cual me lo pida el cuerpo. 

   Sin más, os deseo un año plagadito de buenas lecturas, así lo quiero yo para mí. A ver si consiguen conquistarme y no se me borra del rostro la sonrisa que esta primera ya me ha dibujado en él ;)

   Un beso para tod@s.


   LISTA DE LECTURAS.

   1. DESPUÉS DEL AMOR de Sonsoles Ónega (588 págs) *
   2. CRÓNICAS DEL MÁS ALLÁ de Sol Blanco-Soler (300 págs).

   3. UN AMOR de Alejandro Palomas (460 págs.) *
   4. ANA de Roberto Santiago (864 págs)

   5. EL OTRO HIJO de Nick Alexander (344 págs.) *
   6. ESAS BENDITAS MANOS de Maite Ruiz-Sarmiento (877 págs.)
   7. EL DESPERTAR DE LA SEÑORITA PRIM de Natalia Santamartín Fenollera (352 págs.)

   8. EL BAILE DE LAS LUCIÉRNAGAS de Kristin Hannah (616 págs.) *

   9. EL COLOR DE LAS MAREAS de Mikel Alvira (512 págs.) *
  10. REGRESIONES. ¿Recuerdos de orras vidas? de Raymond Moody (247 págs).

  11. MUTI CANES DEI. LOS PERROS MUDOS DE DIOS de Rafael Moya Ruiz (302 págs)
  12. GOLPES de Pere Cervantes (192 págs.)
  13. LAS CENIZAS DE ÁNGELA de Frank McCourt (400 págs.) *
  14. YO ANTES DE TI de Jojo Moyes (496 págs.) *
  15. NO RECLAMES AL AMOR de Carla Crespo (160 págs).

   16. EL RUISEÑOR de Kristin Hannah (460 págs) *
   17. EL HOMBRE FETICHISTA de Mimmi Kass (145 págs).

   18. LA MUJER FETICHE de Mimmi Kass (180 págs).
   19. BESAR A UN EXTRAÑO... PARA EMPEZAR de A.V.San Martín (323 págs).
   20. TODOS LOS VERANOS DEL MUNDO de Mónica Gutiérrez (208 págs).

   21. LUZ DE ABRIL de Clara Fuertes (214 págs.)

   22. MUJERES QUE COMPRAN FLORES de Vanessa Montfort (448 págs.)

   23. TEJIDO DE FAVORES. EL SABOR DEL PODER de Alex A. Moresti (175 págs.)

   24. TODO EL BIEN Y TODO EL MAL de Care Santos (398 págs).








Lecturas 2018.

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