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7 may 2018

LIBROS Y ESTRELLAS TERRENALES


   Todo evoluciona en la vida del escritor. O al menos, así debería ser. Desde la casilla de salida —o lo que es lo mismo, la posición de novel— hasta el rango de escritor profesional hay todo un trecho que no precisamente se recorre de una manera lineal. En ninguno de sus aspectos. Y aquí hay algo que me resulta particularmente curioso: el grado de ignorancia o desconocimiento del arte de escribir —y de los entresijos del mundo literario— es inversamente proporcional a la aspiración de tocar el cielo con las manos. O a la sensación de que es difícil tocarlo. Así lo percibo yo.

   Ya lo decía Sócrates: «Sólo sé que no sé nada», en contraposición a los perfectos ignorantes que creían saberlo todo. Y es que esto mismo también suele ocurrir en el mundo literario; a medida que un escribiente va convirtiéndose, con sudor, lágrimas, esfuerzo y constancia, en un literato, más lo aborda la sensación de lo mucho que aún le queda por aprender, más alejado ve el cielo estrellado y más menguadas sus posibilidades de gustar a todo el mundo. Paradójicamente, va bajando peldaños del cielo al suelo a medida que adquiere conocimientos y, sobre todo, experiencia. Gana en sensatez y sus miras se amplían. Hasta llegar a un punto en que ya no pretende conquistar el Olimpo (aunque lo siga deseando); se conforma con un puñado de lectores fieles que sepan entender su obra, que sigan enamorados de su forma de escribir y que esperen confiados y pacientes a la siguiente entrega  mientras ellos siguen trabajando por perfeccionar su arte. Tampoco quieren alcanzar el firmamento si ello conlleva el riesgo de perderlo a los dos días; prefieren buscar acomodo en alguna nube baja y acabar formando parte del paisaje, terminar —con el paso de los años— completamente integrados en él.

   Quizás la culpa de ese ansia inicial de grandeza la tengan las mieles de esas carreras meteóricas que, de vez en cuando, saltan a la palestra en forma de best-seller, encumbrando un nombre —o un título— que suena por todas partes y que nos hace obviar que eso supone un algo extraordinario con escasa probabilidad de volver a repetirse. Quizás la culpa de aspirar a lo más alto la tenga el dicho frecuente de que si no hay ventas cuantiosas te morirás de asco sin que nadie te publique, y eso, claro, implica la obligación de gustar a todo Dios. Quizás también tenga parte de culpa el egocentrismo de pensar que somos los mejores, que estamos tocados por la varita divina y que nacimos con un don especial que nos permitirá saltarnos a la torera los sudores por los que pasaron otros para alcanzar la misma meta.

   Seamos francos. A los noveles, les suele —nos suele, metámonos todos— acompañar la ingenuidad, salvo honrosas excepciones; ingenuidad que, entre otras muchas cosas, suele venir acompañada por una especial vulnerabilidad a la crítica. Y aquí es donde entran en juego las estrellas terrenales con sus comentarios adyacentes (si los tienen, que a veces ni eso) colgadas en plataformas de lectura como Goodreads, Amazon o similar. Un firmamento estrellado del que parece depender nuestra vida literaria como quien pende de un arnés a doscientos metros de altura en caída libre, sin darnos cuenta (somos ingenuos, recordad) que la subjetividad impera en gran medida a la hora de concederlas, no solo por cuestiones personales del lector, sino por cuestiones grupales por las que se ven influenciados y que pueden estar o no en lo cierto; sin darnos cuenta de que, al igual que hay buenos y malos escritores, también hay buenos y malos lectores, admitámoslo; sin darnos cuenta de que no es bueno cualquier momento para leer cualquier cosa; o que las experiencias concretas vividas por quien tiene el libro entre las manos influyen en demasía —en bastantes ocasiones— a la hora de considerar y dar mayor o menor credibilidad a una historia. Sin percatarnos de que, en otras tantas ocasiones, desconocer los aspectos formales por los que se rige la escritura —o la construcción de una novela— hace que una obra no pueda valorarse en toda su globalidad, sino única y exclusivamente por las sensaciones que la historia provoca. Y la literatura es mucho más que eso.

   Sí, ya lo sé. «Es que para gustos… colores», «es que estoy en mi derecho de valorar una novela como me parezca, sin más», «es que no tengo por qué saber escribir para decir si una obra me ha parecido buena o no». Estáis en lo cierto. Como lectores podéis —podemos— plasmar vuestra impresión de manera estrellada con total libertad, con o sin comentario (aunque en este último caso de poco ayude al autor de la obra). Pero ahí debe estar el escritor, despojado de su chaqueta de ignorante, iluso o ególatra y revestido de experiencia, sagacidad, humildad y sensatez para aprender a observar el firmamento con conocimiento de causa y con capacidad de análisis, con el fin de apartar aquellas que carecen de fundamentación coherente y mantener las que suponen un juicio crítico acertado de lo que él publicó. Y esto, para bien o para mal. Porque tan engañoso es embriagarse con las estrellas concedidas cuando la obra en realidad no las merece, como considerarla un bodrio por el hecho de no haber sido apreciada por una mayoría cuantiosa de lectores de una plataforma concreta.  Y a la hora de hacer estas consideraciones parece volver a primar la experiencia, la profesionalidad y la capacidad del literato.

   ¿En qué me baso para afirmar esto?
   En un hecho que he venido observando a través del tiempo y que he ido apreciando a medida que conocía más a fondo la manera de obrar de unos escritores y otros: a quienes más les importa este elenco de cielos estrellados es a los autores que comienzan, a los que dan sus primeros pasos, a quienes necesitan de este beneplácito —convertido en dorada valoración numeral— para sentirse seguros en su andadura, como aval de que gustan y de que merece la pena, por tanto, seguir escribiendo; a los que sienten que solo los leerán si los demás se ven contagiados por este despliegue de estrellas gráficas —como única salida—; a quienes la falta de experiencia los hace pensar que no pueden tener detractor alguno si quieren conseguir un nombre en el mundo de la escritura.

   Aquellos otros, cuya solvencia literaria alcanza un nivel aceptable, ya ni los miran. Y si lo hacen, toman en consideración única y exclusivamente aquellos a los que conceden una cierta autoridad.

   Tal vez porque ya han aprendido que no pueden gustar a todo el mundo. Tal vez porque ya han entendido que un simple número jamás podrá equipararse a un puñado de buenas razones.

   Tal vez porque la fuente de la que procede la crítica puede ser tan determinante como la crítica en sí.

4 ene 2018

LECTURAS 2018.



   Volvemos a abrir un período de nuevas lecturas. 2017 conseguí cerrarlo con 29 novelas leídas y disfrutadas, contabilizando entre ellas algún que otro título de lectura cero que no he podido revelar, a la espera de que alguna editorial le dé la oportunidad que sin duda merece. Otras tantas (calculo yo) se me quedaron sin terminar. El tiempo es oro y yo hace mucho que lo cuido con esmero, por lo que no me apetece emplearlo en la lectura de obras en las que, por distintas circunstancias, me cuesta un esfuerzo avanzar. La lectura es un placer, no un castigo, una obligación o una autoimposición, no lo olvidemos.

  Este año que comienza es mi intención superar el número de lecturas de 2017. No parto con la obsesión de conseguirlo a toda costa, por supuesto, pero auguro que será así porque la escritura, que me arrebató un tiempo precioso el año pasado, dejará de estar presente en el actual. Este año voy a empaparme de las letras de otros, de las historias de otros, de las tramas y personajes construidas y nacidos de la mano de otros. Dos vertientes de la literatura por vivir que, a día de hoy, pretendo reducir a una con la consiguiente inversión en ella de parte del tiempo sobrante. 

   Pero aún hay más. Aún queda de dónde arañar minutos, horas incluso para dedicarlas a otras parcelas que también merecen cuidado extremo, como el terreno de lo personal y de lo familiar: las redes sociales. Entramados de comunicación que nos aportan tanto como nos arrebatan, que nos satisfacen tanto como nos enfadan. También a ellas pretendo hacerlas a un lado; no quiero desterrarlas, pero sí reducir al máximo mi implicación en ellas para poder mirar hacia dentro en mayor medida que hacia fuera. Toca desviar la vista, cambiar de miras, abstraerse. Volver a pisar de lleno horizontes conocidos para mí y desconocidos para muchos. Ganar intimidad y anonimato, aunque este nunca haya estado perdido del todo.

   De cualquier forma, todavía me queda algo por ofrecer, algo que quizá sea, para mí, de lo mejor que he sabido crear hasta el momento, una novela de ficción contemporánea —guardada con celo— que verá la luz a lo largo de este año, sea de la manera que sea; probablemente en torno al verano. Con ella terminaré de vaciarme de esas letras que tanto placer me dan, que tantas y tan bonitas experiencias me han hecho vivir.

   Dejando las divagaciones y volviendo a esta lista de lecturas que pretendo inaugurar, traigo una primera novela que terminaré en breve y que me está encantando, un novelón de los que a mí me hubiera encantado escribir. No sé si plasmaré en este blog mis impresiones, eso lo dejo al sentir del momento, como en todas las demás que pueda leer. Será tal cual fluya. Tal cual me lo pida el cuerpo. 

   Sin más, os deseo un año plagadito de buenas lecturas, así lo quiero yo para mí. A ver si consiguen conquistarme y no se me borra del rostro la sonrisa que esta primera ya me ha dibujado en él ;)

   Un beso para tod@s.


   LISTA DE LECTURAS.

   1. DESPUÉS DEL AMOR de Sonsoles Ónega (588 págs) *
   2. CRÓNICAS DEL MÁS ALLÁ de Sol Blanco-Soler (300 págs).

   3. UN AMOR de Alejandro Palomas (460 págs.) *
   4. ANA de Roberto Santiago (864 págs)

   5. EL OTRO HIJO de Nick Alexander (344 págs.) *
   6. ESAS BENDITAS MANOS de Maite Ruiz-Sarmiento (877 págs.)
   7. EL DESPERTAR DE LA SEÑORITA PRIM de Natalia Santamartín Fenollera (352 págs.)

   8. EL BAILE DE LAS LUCIÉRNAGAS de Kristin Hannah (616 págs.) *

   9. EL COLOR DE LAS MAREAS de Mikel Alvira (512 págs.) *
  10. REGRESIONES. ¿Recuerdos de orras vidas? de Raymond Moody (247 págs).

  11. MUTI CANES DEI. LOS PERROS MUDOS DE DIOS de Rafael Moya Ruiz (302 págs)
  12. GOLPES de Pere Cervantes (192 págs.)
  13. LAS CENIZAS DE ÁNGELA de Frank McCourt (400 págs.) *
  14. YO ANTES DE TI de Jojo Moyes (496 págs.) *
  15. NO RECLAMES AL AMOR de Carla Crespo (160 págs).

   16. EL RUISEÑOR de Kristin Hannah (460 págs) *
   17. EL HOMBRE FETICHISTA de Mimmi Kass (145 págs).

   18. LA MUJER FETICHE de Mimmi Kass (180 págs).
   19. BESAR A UN EXTRAÑO... PARA EMPEZAR de A.V.San Martín (323 págs).
   20. TODOS LOS VERANOS DEL MUNDO de Mónica Gutiérrez (208 págs).

   21. LUZ DE ABRIL de Clara Fuertes (214 págs.)

   22. MUJERES QUE COMPRAN FLORES de Vanessa Montfort (448 págs.)

   23. TEJIDO DE FAVORES. EL SABOR DEL PODER de Alex A. Moresti (175 págs.)

   24. TODO EL BIEN Y TODO EL MAL de Care Santos (398 págs).








1 ene 2016

LECTURAS 2016.



   Uno de enero a mediodía. 

   Después de la fiestecita de anoche -que se prolongó hasta bien entrada la madrugada-, estoy en proceso de vuelta a la normalidad horaria, a la normalidad culinaria, luchando contra una especie de abatimiento -fruto del descontrol y de la pérdida de la rutina-, e intentando encontrar claros en esta cabeza un tanto atolondrada que llevo ahora mismo sobre los hombros. Y lo más que he conseguido ha sido atrapar al vuelo una única idea lúcida en mitad de las nubes: quiero seguir leyendo. 

   Vale, lo admito, es la idea más basica que se puede tener. Intento atrapar otra: quiero leer aquello que realmente me apetezca en el mismo instante de elegir lectura. La cosa ya va mejor, ¿no? Pues sigo haciendo un esfuerzo: no quiero retos (esta ya es tajante y clara, y además, está en consonancia con el título que he adjudicado a este 2016: "El año sin expectativas"). Como decía pues, no quiero retos, ni de cantidad, ni de género, ni de estilo, ni de autores, ni de letras, ni de ciudades, ni de temáticas... Quiero disfrutar al máximo de cada novela que elija y eso, creo, solo podré conseguirlo si me dejo llevar por lo que el cuerpo me pide en cada momento, sin presiones de tipo alguno: leer lento, rápido o de manera convulsiva; a ritmo regular o con altibajos; bestsellers, éxitos literarios, éxitos comerciales o completamente desconocidas; de autores consagrados, principiantes, anónimos o autoeditados; de un género o de otro... Y por supuesto, sin nada que me condicione a la hora de elegir, porque cada momento tiene su novela y cada novela su momento. 

   Pero sí quiero llevar un control de lo que leo, quiero poder hacer un repaso a final de año. Y como yo no dejo opinión en mi blog de todas las novelas que caen en mis manos, solo de aquellas que me han dejado alguna huella por una u otra razón, no puedo hacer balance a partir de esas "reseñas", por lo que he decidido (esta es la primera decisión del año) abrir esta entrada para ir anotando aquí aquello que voy leyendo.

   Como veis, no es este un post en el que os invite a participar de forma directa, es más que nada una reflexión personal. Pero sí que os voy a implicar de alguna manera, bloguer@s y lector@s, porque -si me lo permitís- en aquellas lecturas para las que yo no haga valoración personal en mi blog, pondré el enlace a alguna reseña de la misma que se ajuste, en general, a la opinión que a mí me ha causado, así habrá siempre una referencia a la que acudir. 

   Espero... Nada. No espero nada, jaja. Solo disfrutar de las letras con toda la tranquilidad del mundo.

   Feliz primer día del año!


   LECTURAS 2016:

1. LA TRISTEZA DEL SAMURAI de Víctor del Árbol. (413 pág.)
2. COLMILLO BLANCO de Jack London. (140 pág.)
3. SDP (688 pág.)

4. CUANDO ESTÁBAMOS VIVOS de Mercedes de Vega (519 pág.)
5. JANE EYRE de Charlotte Brontë (507 pág.)
6. EL VIEJO COCINERO O CÉCILE Y LAS ESTRELLAS de Fernando G. Mancha (187 pág.)
7. LA PIEZA QUE FALTABA de Antonia Romero (272 pág.)

8. FDE (300 pág.)
9. TÚ EN LA SOMBRA de Marisa Sicilia (188 pág.)
10. CAFÉ Y CIGARRILLOS PARA UN FUNERAL de Roberto Martínez Guzmán (60 pág). 
11. UN PERRO de Alejandro Palomas (336 pág.)

12. LO QUE ENCONTRÉ BAJO EL SOFÁ de Eloy Moreno (336 pág.)
13. LA VÍSPERA DE CASI TODO de Víctor del Árbol (409 pág.)

14. LOS AMORES PERDIDOS de Miguel de León (624 pág.)
15. EL REGALO de Eloy Moreno (350 pág).
16. MALDITA VERDAD de Empar Fernández (273 pág.)

17. AL OTRO LADO DEL TUNEL de José Miguel Gaona (512 pág.)
18. CAZADORES EN LA NIEVE de José Luis Muñoz (205 pág.)

19. ALICIA Y EL TEOREMA DE LOS MONOS INFINITOS de Mayte Uceda (428 pág.)

20. TODAS LAS HORAS MUEREN de Miriam Beizana Vigo (167 pág.)
21. SIETE LIBROS PARA EVA de Roberto Martinez Guzman (393 pág.)
22. PATAS ARRIBA de Rosario Vila (216 pág.)
23. EL JARDÍN DE LA MEMORIA de Lea Vélez (251 pág.)

24. EHI (230 pág.)
25. EL NOVIEMBRE DE KATE de Mónica Gutiérrez (310 pág.)

26. LA VIDA ERA ESO de Carmen Amoraga (350 pág.)
27. LA FANTASÍA de Asia Lafant (168 pág.)
28. EL PESO DE LOS MUERTOS de Víctor del Árbol (286 pág.)

29. SOMBRAS DE AGUA de Félix G. Modroño (346 pág.)
30. LA MIRADA DE CHAPMAN de Pere Cervantes (396 pag.) 

31. A DESTIEMPO de Sara Ventas (400 pág.)
32. EL AMANTE JAPONÉS de Isabel Allende (350 pág.) 






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