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18 ene 2020

MICRORRELATO: «AHORA SÍ QUE SÉ LEER»


   Aprendí a leer contigo. Para mí, las líneas de cualquier libro eran una sucesión de palabras sin sentido, un cúmulo de frases desprovistas de significado. Aún recuerdo tu mirada al escucharme, boquiabierto, extrañado. «Quizás erraste al elegir la historia», recuerdo que me dijiste, «quizás esta no es capaz de llegarte al corazón». Y es que el mío estaba cerrado. Como estaban mis ojos ciegos, mis oídos sordos, mi boca muda… y mi alma rota.

    Aprendí a leer contigo cuando al sentarte a mi lado me tomaste de la mano y sentí el roce de tu piel, el calor de tus pupilas, la candidez de tu voz y un abrazo que jamás nadie me había dado. Despertaste en mí el amor y, con él, la confianza en el mundo que en mi infancia se extravió. Aprendí a mirar contigo, contigo supe lo que es comprender. Porque solo se comprende con el corazón abierto, como una extensión del querer.

    Ahora me adentro de nuevo en la historia y, al pasear por las letras, cambia mi entonación. Los protagonistas me hablan y soy capaz de vivir sus vidas, de entender sus sentimientos, de reír y hasta llorar emocionada. Descubro que las frases no son un camino llano, sino una montaña rusa a la que he subido y en la que el vértigo me pellizca, el aire me sacude la cara y los designios de cuanto ocurre me causan preocupación.

    Ahora todo adquiere un significado. Porque no pueden vivirse otras vidas si una está muerta, o entenderse un sentimiento cuando jamás se conoció una emoción.

    Tú me abriste el corazón.

    Y ahora sí que sé leer.
 © Pilar Muñoz Álamo - 2020
Fuente de la imagen: Pixabay.com

20 feb 2018

RELATO: «COSAS DE CRÍOS»


 —¿Por qué hay tantos libros, mami?
 —Porque a mucha gente le gusta soñar…
 —¿Con monstruos? ¡¿Hay monstruos ahí dentro?!
 —¡No, cariño, no! Quieren soñar con cosas bonitas; con historias de amor, de aventuras… Y también con lugares distintos a los que conocen.
 —No lo entiendo.
 —A veces, cuando tú juegas, ¿no piensas que eres un valiente pirata a la búsqueda de un tesoro maravilloso?
 —Sí.
 —Y lo haces para pasártelo bien, ¿verdad?
 —Ajá.
 —Pues esto es igual. Ellos leen las historias escritas en esos libros para divertirse.
 —Pero yo las pienso solito…
 —Porque tú tienes mucha imaginación, tesoro.
 —¿Y ellos no? ¿Los mayores no tienen imaginación?
 —A muchos mayores se les va gastando cuando cumplen los años, ¿sabes? Poquito a poco, sin darse cuenta. Y necesitan que alguien invente esas historias y se las cuente muy, muy bien para que puedan imaginarlas, como haces tú con los piratas.
 —¿Cómo si les contaran un cuento?
 —Eso es, sí. Como si les contaran un cuento, tan bien contado, que parece que están dentro de él viéndolo todo. Sintiéndolo todo.
 —¿Y se les quita el miedo como a mí?
 —Claro, se olvidan del miedo, cariño, porque ya no piensan en nada más. Solo ven lo que hay escrito dentro del libro, lo demás…, ¡chas!, desaparece.
 —¿Y se ríen?
 —Sí.
 —¿Y lloran?
 —Sí.
 —¡¿Y se ponen nerviosos como yo cuando llegan los malos?!
 —También. Y les entran ganas de luchar contra ellos, y vencerlos, y salvar a la princesa, y…
 —Mami…
 —¿Qué, cielo?
 —¿Yo puedo pensar historias y meterlas en un libro para que las imaginen los mayores?
 —Eso es lo que hacen los escritores. ¿Tú quieres ser escritor?
 —Ajá. Para que se les quite el miedo y ya no estén tristes y se lo pasen bien y se rían y lloren con cosas bonitas y…
 —Para que sueñen… ¿No?
 —Sí, eso, jeje. Para que sueñen.

©Pilar Muñoz - 2018

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