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20 feb 2018

RELATO: «COSAS DE CRÍOS»


 —¿Por qué hay tantos libros, mami?
 —Porque a mucha gente le gusta soñar…
 —¿Con monstruos? ¡¿Hay monstruos ahí dentro?!
 —¡No, cariño, no! Quieren soñar con cosas bonitas; con historias de amor, de aventuras… Y también con lugares distintos a los que conocen.
 —No lo entiendo.
 —A veces, cuando tú juegas, ¿no piensas que eres un valiente pirata a la búsqueda de un tesoro maravilloso?
 —Sí.
 —Y lo haces para pasártelo bien, ¿verdad?
 —Ajá.
 —Pues esto es igual. Ellos leen las historias escritas en esos libros para divertirse.
 —Pero yo las pienso solito…
 —Porque tú tienes mucha imaginación, tesoro.
 —¿Y ellos no? ¿Los mayores no tienen imaginación?
 —A muchos mayores se les va gastando cuando cumplen los años, ¿sabes? Poquito a poco, sin darse cuenta. Y necesitan que alguien invente esas historias y se las cuente muy, muy bien para que puedan imaginarlas, como haces tú con los piratas.
 —¿Cómo si les contaran un cuento?
 —Eso es, sí. Como si les contaran un cuento, tan bien contado, que parece que están dentro de él viéndolo todo. Sintiéndolo todo.
 —¿Y se les quita el miedo como a mí?
 —Claro, se olvidan del miedo, cariño, porque ya no piensan en nada más. Solo ven lo que hay escrito dentro del libro, lo demás…, ¡chas!, desaparece.
 —¿Y se ríen?
 —Sí.
 —¿Y lloran?
 —Sí.
 —¡¿Y se ponen nerviosos como yo cuando llegan los malos?!
 —También. Y les entran ganas de luchar contra ellos, y vencerlos, y salvar a la princesa, y…
 —Mami…
 —¿Qué, cielo?
 —¿Yo puedo pensar historias y meterlas en un libro para que las imaginen los mayores?
 —Eso es lo que hacen los escritores. ¿Tú quieres ser escritor?
 —Ajá. Para que se les quite el miedo y ya no estén tristes y se lo pasen bien y se rían y lloren con cosas bonitas y…
 —Para que sueñen… ¿No?
 —Sí, eso, jeje. Para que sueñen.

©Pilar Muñoz - 2018

25 abr 2017

MICRORRELATO: "TE TUVE".




   Te tuve. Anoche te tuve, solo para mí. Compartiendo suspiros. Escuchando pálpitos. Tibiándonos la piel a besos y regalándonos caricias dulces entre arrebatos. Deteniendo el tiempo para mirarnos entre parpadeos lánguidos, sentidos. Adivinando, por el brillo de nuestras pupilas violando las sombras, que nos amamos.
   Te echaba de menos. Echaba de menos que ahogaras el aire que nos separaba y viniera...
s a mí. Que sumergieras mi rostro en tu pecho con un abrazo y dejaras caer en mi oído palabras tiernas; que me embriagaras con el olor de tu piel, haciéndome sentir de vuelta a casa. Echaba en falta gozar de nuestra desnudez, compartida y desinhibida, anhelada y deseada, y tan conocida…; arrugar las sábanas entre gemidos ardientes, que como géiseres manan entre escalofríos, los que me suscita tu boca; y ultimar la travesía contigo recalando entre mis piernas, con nuestras caderas besándose a intermitencias lentas, sin prisa por despedirnos y sin dejar de mirarnos para leernos, para empaparnos de cuanto sentimos…
   Anoche nos permitimos disfrutar de un reencuentro que volvió a anudar dos almas, dos corazones que siguen intuyéndose aunque parezcan no mirarse.
   Te tuve. Solo para mí. Entre respiraciones agitadas, ojos vidriados, manos entrelazadas… y esa melodía feliz que con cuerpo y alma entonaste. Y que yo bailé para ti.




8 nov 2016

ESCRIBIR EN TIEMPOS REVUELTOS.



   Corren tiempos revueltos para la escritura literaria. O tal vez sería mejor decir que corren tiempos de indecisión.

   Cuando hablamos de cambios a velocidad vertiginosa, la mente se nos va al ámbito de lo tecnológico, pero no es lo único que ha mutado de forma rápida, las letras también parecen haber emprendido un baile a lo largo de estos últimos años que las ha dejado revueltas y, me atrevería a decir, que hasta ilegibles. Incluso podría compararlas con esos ciclos económicos que trazando círculos vuelven al comienzo después de haber disfrutado de un lapso de tiempo haciendo turismo por nuevos paisajes.

   En los pocos años que llevo inmersa en el mundo de la escritura, he visto cómo nos sobrevenían posibilidades que después, por un motivo u otro, se han ido esfumando, como si este mundo de letras no avanzara por un terreno llano, sino por una montaña rusa donde los papeles y las prioridades se alternaran ocupando distintos planos a lo largo del tiempo.

   Hace tan solo una década, quizá menos, la cadena literaria seguía un patrón, un orden claro en el que no se podía prescindir de eslabones. El escritor, tras escribir su obra, la remitía a su agente literario (si es que lo tenía) o la presentaba a las editoriales para su valoración. Si estas la aceptaban (según el criterio de cada cual), la editaban y hacían uso de las distribuidoras contratadas que, a su vez, las presentaban a los libreros para su venta y comercialización. Unos años después, ante la demanda de escritores con obras guardadas en sus cajones y sin posibilidades reales de acceder a una editorial convencional, el mundo de la autoedición empezó a abrirse paso. Con buena vista comercial y aprovechando esa coyuntura, proliferaron las "editoriales de pago", como yo las llamo, empresas registradas en actividades de edición que, previo abono de los costes reglamentarios, facilitaban al autor la publicación de su obra en papel bajo un "sello editorial" que parecía aportarle a la novela de turno el caché necesario para presentarse en sociedad, dado el desprestigio que suponía por aquel entonces imprimir tu propia obra sin filtros literarios, teóricamente necesarios para garantizar la calidad de la misma. Y casi, casi de forma paralela, el gigante Amazon abría las puertas también a esa posibilidad con una diferencia sustancial: no editaba las obras en papel, sino en digital y sin coste previo alguno para el autor. Fue entonces cuando surgió la llamada Generación Kindle, a la que muchos de vosotros ya conocéis, que supuso toda una revolución en el mundo de la escritura literaria por cuanto que contribuyó a espantar fantasmas en cuanto a la falta de calidad de lo no aceptado por editoriales convencionales (movidas en gran medida por lo comercial y/o el nombre del autor) y a dignificar el papel del escritor autoeditado ofreciéndole la posibilidad de hacer llegar sus letras a muchos lectores sin ser tachado de ególatra, o de autor soberbio que no termina de asumir su escasa valía como escritor tras haber sido rechazado por editoriales convencionales, como tantas veces hemos podido leer y escuchar. Durante esa época, asistimos a un acontecimiento único: editoriales convencionales claudicaron ante el hecho evidente de que muchas de esas obras no solo tenían calidad suficiente como para ser editadas, sino además, éxito y aceptación por parte de los lectores, por lo que fueron rescatadas por estas y publicadas bajo su sello aun sin ser inéditas, algo inaceptable hasta el momento. A raíz de esto, se convirtieron en escritores en catálogo muchos de los autores a los que conocíamos a través de las redes sociales, amigos con los que podíamos codearnos casi a diario, asequibles, al alcance de la mano, con quienes se podía comentar la novela tras su lectura sin ninguna cortapisa ni protocolo. Una nueva imagen alejada del escritor intocable, anónimo, con su imagen de ídolo y su halo de divinidad que muchos de ellos habían venido luciendo hasta entonces, como si hubieran sido dotados, poco menos, que del ansiado gen de la inmortalidad.

   Pero todo ese panorama tan versátil, tan hecho a la medida de unos y otros y en el que todo parecía tener cabida, ha comenzado a astillarse, y ahora, me atrevo a decir de nuevo, que afloran espinas por todas partes.

   Las plataformas digitales y la posibilidad -abierta sin censuras- a la autoedición, está colapsando el sistema. Si antes la oferta de lectura ya era alta para la escasa demanda de los lectores españoles, ahora se sale de madre. Hay más autores/escritores que lectores. Pero el problema no es ese. El problema es que un porcentaje muy alto de esos autores no "autofiltra" sus obras antes de subirlas y ponerlas a disposición de los lectores. Y oiga usted, una cosa es que prescindamos de los filtros editoriales y otra, muy distinta, es que prescindamos de los filtros de calidad, y con calidad no me estoy refiriendo solo a una cuestión de forma (que para mí es básica y fundamental), sino también de fondo, de la historia que se cuenta. Por decirlo de alguna manera, estamos abusando de la posibilidad de publicar que se nos ha ofrecido y nos estamos cargando el sistema, porque si bien antes era relativamente fácil encontrar una buena obra y a un buen escritor autoeditados en plataformas digitales como Amazon, ahora se va haciendo cada vez más complicado, con la consecuencia inmediata de que los lectores están volviendo a confiar casi en exclusiva en las obras publicadas por edición convencional, que, dicho sea de paso, continúan en su afán de dar salida, casi de forma exclusiva, a lo comercial y a todo aquello en lo que (por criterios que solo ellos conocen) deciden invertir a mansalva a nivel de promoción y publicidad. 
   ¿Y cuál es el panorama con el que se encuentran ahora los autores/escritores que no han tenido la suerte (o la destreza, por supuesto) de ser tocados por la fortuna literaria y situarse en lo más alto? Pues yo os lo digo sin paños calientes: un panorama desolador.

   * Hay escritores con obras de calidad guardadas en un cajón, invocando a la suerte para ser aceptados por editoriales convencionales que no quieren arriesgar en géneros minoritarios o en nombres que no son lo suficientemente conocidos, y que ahora ya ni se plantean volver a la autoedición porque todo el prestigio que esta adquirió en sus buenos tiempos se está yendo a pique a marchas forzadas. Y con razón. 
   * Hay escritores que no han tenido una relación satisfactoria con sus editoriales convencionales, o bien, que no han vendido el alto número de ejemplares que su editorial pretendía vender sin promoción ni publicidad, y que, por tanto, no han querido publicar la siguiente obra del mismo autor; escritores que, reacios a la idea de llevar su obra al olvido después del esfuerzo de haberla escrito, han preferido volver a autoeditarse, viendo como su novela se perdía en el océano digital sin que apenas un puñado de lectores acudiera a rescatarla, con la consiguiente impotencia corroyéndole el cuerpo que les ha llevado, a algunos de ellos y en determinadas ocasiones, a perderse en el burdo mundo del insulto y el desprestigio del lector por su aparente elección errónea a la hora de comprar. 
   * Hay editoriales pequeñas, cargadas de buenas y loables intenciones, que dan opción de publicar de manera convencional a quienes apenas tienen nombre ni curriculum, pero con un presupuesto tan escaso que no alcanza para darlas a conocer ni tampoco para contratar buenas distribuidoras que coloquen las novelas en las librerías. La obra estará publicada en papel, pero sin posibilidad de que el lector la compre porque no tendrá donde encontrarla, y eso suponiendo que la conozca.
   *A su vez, hay editoriales potentes y adineradas que compran obras pretendiendo que sea el propio escritor el que realice toda la labor de promoción y casi venta de la novela, mientras ellas se dedican a dar salida a escritores consagrados u otros "sin nombre" de los que me da hasta grima hablar, pero que no dejan de ser una buena fuente de ingresos de los que ellas dependen para subsistir como empresas privadas que son.
   *Hay agencias literarias pequeñas que dan cabida a autores no conocidos, pero sus posibilidades de acceso a las editoriales son escasas. Hay agencias literarias fuertes con influencia en las editoriales, pero difícilmente aceptan a escritores poco conocidos o sin un buen curriculum literario-profesional. Y vosotros me diréis: "Pues, ¡pasa de agente, ¿para qué lo quieres?!" Y yo entonces os contestaré que cada vez hay más editoriales que solo aceptan manuscritos a través de agencia. Ahora entendéis, ¿verdad?
   *Hay distribuidoras con preferencias especiales por determinadas editoriales, al igual que hay libreros y grandes librerías comerciales que eligen lo que vender en función de su propia política, negando la igualdad de condiciones tanto a editoriales como a escritores. 
   *Hay críticos literarios que solo leen "lo que se lleva", las últimas novedades en las que las editoriales ponen su empeño absoluto. Otros que valoran -para bien o para mal- en función de sus propios gustos, sin más criterios objetivos, y otros que no pueden evitar dejarse influenciar -también para bien o para mal- por la simpatía o antipatía que el autor les merezca a nivel personal, porque si bien en un principio la cercanía de los escritores a los lectores fue acogida con aplausos, ahora ya empiezan a verse los efectos secundarios que este estrecho acercamiento puede acarrear a la valoración de sus obras.
   *Hay géneros que se leen en mayor medida que otros, lectores que parten ya de sus propias expectativas y no quieren aventurarse a salirse de ellas a la hora de elegir, prejuicios insalvables que se ceban en las portadas y las sinopsis a la hora de comprar, estilos que se desechan por demasiado retóricos o demasiado sencillos, asemejando ambos a una falta de calidad narrativa...
   *Y hay escritores poco autoexigentes y poco autocríticos, que no dudan en tachar a los lectores de incultos antes de admitir que puedan ser ellos los que aún tienen mucho por aprender.

   Casi todos los puntos que acabo de mencionar tienen sus excepciones positivas, ¡menos mal!, pero aún así, es como veis un terreno bastante pantanoso por el que moverse, en el que poner los pies. Un terreno que invita a hacerse miles de preguntas antes de comenzar a escribir: qué género abordar, qué tema elegir, qué tipo de trama desarrollar, qué número de páginas emplear, a qué público potencial dirigirla, cómo publicar, cómo darla a conocer, cómo garantizar su calidad, cómo afrontar las críticas y comentarios malintencionados, cómo superar la presión de unas ventas escasas o, incluso, la presión que provoca haber puesto alto el listón literario con la novela anterior... Las preguntas: "¿Cómo escribir una novela que guste a todo el mundo?" o "¿cómo alcanzar el éxito como escritor?" me las ahorro directamente por tópicas y, a priori, utópicas.

   Tal vez la respuesta más sencilla y más sensata para todo ello sea esta: "Escribe para ti, lo que de verdad te plazca y te llene, como si no existiera nada ni nadie más." Aunque claro, para que esta respuesta te sirva tienes que sentir que eres escritor de puertas para adentro, SOLO de puertas para adentro, y que el éxito verdadero es el que te viene de tu propia mano, no de la mano de los demás. A partir de ahí, que te llegue lo que te tenga que llegar.




13 jun 2016

YA NO DISFRUTO TANTO CUANDO LEO.



   Ya no disfruto tanto cuando leo, aunque tal vez debiera decir "siempre que leo", porque paradójicamente, leer cada vez me gusta más. Esta es la conclusión a la que llegué (o llegamos, porque no era yo sola) tras una conversación de libros, novelas y arte literario en general. Y deduje rápido el porqué, no fue necesario que lo meditara en exceso.
   A la mente se me vinieron varias imágenes; por ejemplo, la de aquel que buscando muebles para su casa hace una ruta por Ikea tras haber pasado previamente por la tienda de ebanistas de su pueblo. Y no, no os adelantéis que no voy a volver a la carga con la controversia de la calidad literaria y las ventas que llevan o no aparejadas, de eso ya hemos hablado hasta la saciedad. Voy al hecho de que un mueble y otro serán analizados de forma distinta en función del grado de conocimiento del oficio que se pueda tener. Una profana en la materia, como yo, se dejará llevar, probablemente, por su aspecto externo, por su estética (medida según mis propios y subjetivos cánones de belleza), por su utilidad, su funcionalidad y su precio; un carpintero o un ebanista (incluso yo si me apuntara a un taller para aprender el oficio) analizaría también, muy probablemente, la simplicidad de sus líneas o, por el contrario, el trabajo oculto en sus patas torneadas y en las tallas de las volutas que lo adornan, el entrelazado de sus cajones, el tipo de barnizado o la madera maciza empleada en un caso versus DM prensado en el otro, aspectos que al primero le podrían pasar por completo desapercibidas por mero desconocimiento del oficio. Eso no implica que por saber más ya no pueda gustar o convencer el primero, ¡ojo!, sino que es más probable que uno sea consciente de sus carencias y que, a la vez, le resulte más complicado menospreciar alegremente el segundo (aunque no sea atractivo) al haber podido apreciar el esfuerzo y los conocimientos necesarios para su construcción. Y en esas estoy yo.
   Siempre he sabido de la subjetividad que hay en la recomendación de una obra y en la valoración personal de la misma ("para gustos... colores", como suele decirse). Y en parte, esto es algo que enriquece a la literatura: el hecho de que una misma obra se convierta en una novela diferente en función de quien la lee y de lo que cada cual es capaz de extraer o interpretar a partir de lo que se ha escrito. Pero ahora soy consciente de que ese grado de subjetividad es aún mayor de lo que pensaba, porque no todos analizamos en ella los mismos elementos, y por ende, no los valoramos igual. Y esto es algo que incluso he podido apreciar en mí misma a lo largo del tiempo. Antes solo "percibía" la historia y lo que esta era capaz de removerme por dentro; ahora no puedo evitar el análisis de la forma en que está contada, de cómo está estructurada la trama, de cómo el autor maneja y dosifica la información, del tipo de voz narrativa utilizada, del tiempo verbal, de la forma en que se crea intriga o suspense, de la profundidad de sus personajes, de la construcción de sus diálogos, de la documentación previa que le sirve de soporte, de la ambientación, de la capacidad para hacer las descripciones justas, de su grado de verosimilitud, de la calidad de su narrativa..., así como el grado de complejidad de cada uno de esos aspectos. Es decir, ahora valoro fondo y forma, y convencerme resulta por tanto mucho más difícil, porque hay que tener mucho oficio para que todo ese compendio resulte del todo óptimo. Pero, por otro lado, al llegar a este punto tampoco me creo con la suficiente autoridad como para menospreciar una obra alegremente, porque soy mucho más capaz de apreciar la dificultad que puede haber tras una estructura argumental aparentemente fácil; la perfecta evolución de un personaje que, precisamente por estar bien construida, pasa desapercibida; la complejidad en el manejo y dosificación de la información para mantener intriga; la recreación de escenarios "visuales"; o una prosa que transmita, porque hay narrativas formalmente correctas y hasta ejemplares que, sin embargo, son frías como témpanos de hielo.
   A medida que voy aprendiendo más del arte de escribir y novelar, más difícil resulta que una obra me llene. Pero a la vez menos me atrevo a juzgarla de cara a los demás. Y ya no solo por lo que he referido antes, sino también por nuestra propia variabilidad. He sido consciente de que podría incurrir (o haber incurrido) en el mismo error que ya he podido apreciar en las opiniones de otros lectores, y que no es otro que su propia incoherencia a la hora de tener o no en cuenta determinados elementos en su valoración de las obras. Raya el colmo de la subjetividad que factores que han servido para minusvalorar una novela hayan pasado sin embargo desapercibidos (o no hayan sido tenidos en cuenta) a la hora de valorar otras. Da igual el porqué. Da igual si se debe a que otros aspectos altamente positivos han eclipsado estos detalles, si la calidad narrativa nos ha atrapado hasta el punto de no percibirlos, si el respeto o la admiración sentida por el autor nos impulsa (tal vez de manera inconsciente) a hacer especiales concesiones, si nos influyen en exceso las expectativas previas o la opinión de los demás... Da igual. La cuestión es que si nosotros mismos, a la hora de analizar y valorar, no somos fieles a nuestros propios criterios, a ver con qué rigor o credibilidad podemos recomendarla o dejar de hacerlo.
   Han sido varios los descalabros que me he llevado últimamente. Y cuando hablo de descalabros me refiero a discrepar de las críticas leídas, para bien o para mal. Obras catalogadas como "novelón" me han decepcionado soberanamente por este otro tipo de aspectos que he enumerado antes, incluso por (bastantes) detalles de la propia trama o historia que se cuenta. En cambio otras, declaradas "infumables" por muchos lectores, a mí me han mostrado aspectos literarios que solo los buenos escritores son capaces de manejar. Y sigo prefiriendo una historia mediocre bien contada y estructurada -o de forma original- a una gran historia formalmente mediocre, al contrario de las preferencias de muchos otros.


   Concluyendo:
   Primero. Antes disfrutaba más con cualquier lectura por aquello de que "ojos que no ven, corazón que no siente".
   Segundo. Es tal la subjetividad a la hora de poner estrellas a una obra literaria que cada vez me dejo llevar menos por las opiniones ajenas; ya tan solo me dejo arrastrar por quienes sé de primera mano que valoran los mismos aspectos de fondo y de forma que yo, para bien o para mal.
  Y tercero. Mientras más cosas aprendo de este oficio de escribir y de novelar (y mira que todavía me falta una infinidad), menos me atrevo a opinar de forma pública, porque he aprendido que muchos aspectos que deberían tenerse en cuenta a la hora de hacerlo no dependen de "impresiones" (tan variables como relativas), ni de juicios propios con una -a veces- exagerada impronta personal, sino de conocimientos.






19 nov 2015

CHARLA CON EL ESCRITOR MIKEL ALVIRA.


 Mikel Alvira (Pamplona, 1969) desarrolla actualmente su faceta de novelista de la mano de la agencia literaria de Antonia Kerrigan Literary Agency, agente asimismo de María Dueñas, Ángela Becerra, Elvira Lindo, Víctor del Árbol y Ruiz Zafón, entre otros.
El 1 de julio de 2015, Ediciones-B editó LA NOVELA DE REBECA, una obra deconstruida, en apariencia negra sin serlo, un thriller trepidante sobre el concepto de escribir.
Mikel Alvira ha alternado durante años el aula (Universidad de Deusto y Enseñanzas Medias) con su vocación como  creador multidisciplinar. Dan demuestra de su inquietud sus manifestaciones plásticas, guiones y ensayos, y muy especialmente sus poemarios y novelas, entre ellas el best seller El silencio de las hayas.
Ha obtenido premios en el Concurso de Cartas de Amor de Barakaldo (2001) y el Premio de Relato No Sexista de Santurtzi con la novela “La Batea” (2003), así como en el Concurso Literario Restaurant Fogón Saint Julien de París (2006), con el relato “Eterno Ajoarriero Hereje”, publicado en el libro “Cuadernos del Fogón”.
El último galardón recibido ha sido el Premio HEMENDIK 2015 de las Letras por su contribución a la Cultura del Pais Vasco, por hacer que la creatividad vasca traspase fronteras y por hacer “que su sueño haga soñar a cuantos le leen”.
Toda su obra publicada puede verse en su WEB OFICIAL. 

  

   Durante la lectura de “La novela de Rebeca” fueron muchas las preguntas que asaltaron mi cabeza en relación con la novela en sí y también con su autor, Mikel Alvira. Nada me habría gustado más que asistir a algún encuentro con sus lectores, de los que me consta que ha tenido, pero como no me ha acompañado esa suerte, le propuse mantener esta charla a ver si satisfacía mi apremiante curiosidad :) Y el aceptó.

   Bienvenido a esta casa, Mikel, todo un placer para mí poder charlar contigo.


   Supongo que uno de los aspectos que más ha dado que hablar de la novela ha sido su estructura, y no solo porque exista una novela dentro de otra, sino también por la forma de jugar con todos los elementos que confluyen en ella: un escritor protagonista —Simón Lugar— que no se limita a escribir su propia novela, sino que filosofa y vierte preguntas propias de los escritores que muchos escritores se hacen; guiños literarios como comenzar cada uno de los capítulos de la misma forma en que Simón Lugar pretendía iniciar los de su novela; la mención a otras obras escritas por el protagonista y las vivencias de quienes han influido en su vida literaria y personal; la narración, con bastante detalle, de la novela de Simón, que nos permite seguir su trama con interés llevándonos a leer dos novelas en una y de géneros diferentes… Y todo ello con una alternancia de elementos que aparentemente no atiende a orden. Solo aparentemente.
   No voy a preguntarte cómo surge la idea de esta estructura, Mikel, sino por qué. ¿Qué razón motivó el hecho de crear una estructura tan compleja?

   Desde hace tiempo, me preocupan más ese tipo de cuestiones que las historias como tal. A ver, entendámoslo: creo que una buena historia es imprescindible para hilar una novela, pero no suficiente. Al menos, no suficiente para mí. Creo que hay que hacerse preguntas, plantearse retos y hacer del proceso creativo una búsqueda. En mi caso, La Novela de Rebeca responde a eso. Yo quería contar la historia de un escritor subyugado por su propia creación, pero, a la vez, quería indagar en la estructura-puzle. La han definido por ahí como “novela matriuska” y, en efecto, ése era el propósito. ¿Sería yo capaz de escribir una novela dentro de una novela y lograr que, a la vez, fuera atractiva? ¿Se pueden combinar dos voces narrativas, dos tiempos verbales, incluso dos grafías diferentes, sin hacer un libro de metaliteratura inasequible?

   Pues ya te respondo yo que sí, a la vista está, tú lo has hecho. Y esta forma tuya de implicarte en la creación de algo nuevo es lo que hace avanzar a la literatura, mantenerla viva alejándola de lo que, tarde o temprano, produciría algo de aburrimiento por esa falta de innovación. Afortunadamente, cada vez vamos encontrando más autores que se mueven en esa búsqueda y que da como resultado novelas que juegan con estructuras diferentes a las clásicas de siempre. Y no solo eso, también con esa  alternancia de voces narradoras distintas e incluso diferentes tiempos en la narración dentro de la misma novela, como tú bien refieres.
   A simple vista y según esto, pudiera parecer que todo vale, pero no es así. Yo creo que hay una delgada línea separando una estructura inteligente de una estructura ininteligible, que apunte al absurdo —por no decir que resulte caótica—. ¿Cuál es la clave, cuál es la consigna básica que hemos de tener presente y que no podemos obviar para evitar cruzar esa linde? Te lo pregunto porque después de haber escrito esto, tú tienes que saberlo, ja,ja,ja.

   Gracias. No creo que haya fórmulas mágicas ni recetas infalibles. Durante el proceso de creación de esta novela, pensé en más de una ocasión que se me estaba yendo la cabeza y que el resultado sería incomprensible. Luego me vi que no. Creo que pasé algunos de los mismo desiertos que pasa Simón Lugar, el protagonista. Ja.ja.ja.
   Al final, creo que hay que poner el foco en dos cuestiones: por un lado, que las novelas que tienen vocación de ser publicadas han de gustar; es decir, que quien la lee no tenga que hacer un esfuerzo de autoconvencimiento de manera que a cada página no haya de tener que darnos una nueva oportunidad. Por otro, que satisfaga las preguntas que nos hacemos como autores; esto es… yo me preguntaba a ver si sería capaz de manejar una estructura compleja para crear una novela legible, cercana, accesible. Me paraba cada poco para tomarme el pulso y preguntarme si lo estaba consiguiendo.


   Es que a priori podrían ser dos cosas no fácilmente compatibles, el hecho de gustar al lector y el de satisfacer lo que a uno le mueve como escritor. Parece que lo normal es que ambos objetivos estén aunados, pero yo creo que con más frecuencia de la que se piensa existe una cierta distancia entre ellos. Y decantarse por una u otra opción, o tratar de acercarlas lo más posible, puede resultar complicado. Vamos a hablar un poco de todo esto…
   La inteligencia y la exigencia son cualidades que pueden estar presentes en mayor o menor medida en todos los ámbitos, incluido el literario; espero que no se ofenda nadie si digo que hay tanto escritores como lectores más o menos inteligentes, a la vez que más o menos exigentes, aunque ambas cosas parecen ir ligadas. Yo tengo la impresión (admito réplicas) de que "La novela de Rebeca" es para lectores inteligentes (no personas inteligentes, sino lectores inteligentes, que no es lo mismo) y sobre todo, exigentes, y tiendo a pensar que esa exigencia podría volverse en contra de la novela si no está perfectamente construida. ¿Merecía la pena correr ese riesgo, Mikel? El riesgo de que, al publicarse, pudiera ser tan encumbrada como criticada, en función de la aceptación del lector.

   La exposición es parte de la publicación. Siempre, escribamos lo que escribamos, estamos expuestos a la crítica. No es algo que me preocupara cuando la estaba escribiendo. Sabía que llegaría el momento de la crítica; lo que no sospechaba era que ésta fuera tan unánime y tan benévola. Y es que, en efecto, como dices, es una novela para lectores inteligente; es decir, para gente que lee y no necesita que se le lleve de la mano y se le vaya explicando todo. Ésa era una de mis consignas. Después de varias novelas en las que, aunque también indagaba en diferentes estructuras (la coral de El Mar que te Debía o la paralela de Llegará la Lluvia), me apetecía dejar de contarlo todo y permitir que el lector participara en el proceso de creación de situaciones y personajes. Eso no significa que sea una novela elevada o inalcanzable; al revés, creo que la hace más fresca, más directa, más asequible. Al menos, eso dice la crítica, ja,ja,ja.

   Y quizás también más parecida a la vida real, donde nada es lineal, todas las “tramas”, las vidas, las historias están entrecruzadas, interaccionando unas con otras de forma espontánea sin aparente orden y, sobre todo, donde nada o casi nada es lo que en un principio parece, ¿no? Pero claro, en la vida real uno puede preguntar e investigar, aquí la información tienes que encontrarla entre las páginas de la novela, no hay más, y si el lector no consigue extraerla… 
   ¿Quién puede permitirse correr un mayor riesgo escribiendo este tipo de novela: un escritor poco conocido —pero que intenta hacer carrera literaria— que aún no vive de la escritura (profesionalmente se dedica a otra cosa), o un escritor con un bagaje literario a sus espaldas que lo avale, pero que depende del éxito de sus obras para seguir comiendo?

   No creo que dependa de eso sino de la actitud. El que no se arriesga no cruza la mar. Tanto uno como otro pueden tener factores que le empujen a lanzarse y romper la baraja como a acomodarse y no atreverse a innovar. En mi caso, es una cuestión de cómo me planteo el proceso creativo. Éste ha de ser audaz para que el resultado sea audaz; que de esa audacia surja algo comercial o no dependen muchos otros factores a parte de la novela como tal.

   Preveo tu respuesta por lo que acabas de decir, pero aún así te lo pregunto: ¿Cuál es tu prioridad, escribir lo que te apetece o lo que sabes de antemano que funcionará?

   El oficio nos va dando pista de qué es lo que no funcionará, pero nunca la certeza de lo que sí lo hará. En mi caso, escribo como sé y como soy. No me concibo como un autor que no ponga las tripas en lo que hace (las tripas y el pecho, que es donde residen las emociones). Es decir, no escribo solo con la cabeza. De ahí que me lance a escribir, a crear, siempre para responderme a preguntas, más allá de si va a ser comercial o no. Pensemos que creo mucho más de lo que muestro. Si hablamos de letras, escribo mucho más de lo que edito. Escribir es una herramienta para investigar. Luego basta elegir qué publicar de todo lo escrito.

   “Escribir es una herramienta para investigar”. Desde luego así es como más se aprende, haciendo incursiones por distintos caminos, sin limitarse a lo ya se domina...
   A ver, Mikel, permíteme que te haga una pregunta cuya respuesta admito que podría suscitar un cierto debate: ¿tú crees que los lectores, inconscientemente tal vez, están dispuestos a hacer un esfuerzo mayor por entender una novela cuando hay un escritor reconocido detrás? Me baso un poco en lo que yo llamo la Ley de las atribuciones, según la cual, partiendo de una misma novela —en este caso—, puede llegarse a conclusiones distintas según sea quien escribe: “La novela es un bodrio, no tiene ni pies ni cabeza” (cuando el escritor es desconocido y, por tanto, la implicación es menor por la desconfianza que nos provoca), o bien, “Es una buena novela, bien escrita, aunque a mí me ha costado un poco entrar en ella, entenderla.” (cuando hay un escritor de renombre detrás, o que sabemos que es bueno, al menos).

   La marca pesa siempre. Lo vemos en cualquier producto que haya en el mercado. También en este campo. Y no olvidemos que los libros son, además y quizás y sobre todo, productos que necesitan su marca, su sello editorial, su posicionamiento, su distribución. No cabe duda que en lo que dices hay mucho de descarnada realidad. Pero también lo es que el consumidor, en este caso el lector, es listo y sabe discernir. Ya nadie comulga con ruedas de molino. Somos exigentes y sabemos lo que nos gusta y lo que no. Prueba de ello es que hay “consagrados” de cualquier disciplina que se estrellan comercialmente con una creación y, al revés, sorpresas que da el mercado con superventas de gente desconocida. Creo que como consumidor hay que buscar siempre lo que nos emocione, más allá de si es complejo o no; y como creador, hay que buscar ser honesto con nuestras preguntas, más allá de si se es comercial o no.

   Volvamos a las complejidades. En “La novela de Rebeca” podemos hablar de metaliteratura en grado sumo. Haces referencia a otras obras literarias (aunque sean ficticias), hablas del proceso literario, de la creación de una novela, de escritura… Y echas mano de un recurso que ya hemos visto en otras obras y que ya he referido antes: el hecho de que el protagonista de tu novela esté escribiendo su propia novela. Pero tú vas todavía más allá, Mikel, tu rizas el rizo hasta hacer tirabuzones, ja,ja, porque además nos muestras la trama desarrollada de la novela que está escribiendo el protagonista (Simón Lugar) hasta el punto de intrigarnos e implicarnos en ella tanto o más que en la tuya propia, sin contar con que Rebeca, la protagonista de la novela de Simón, ¡también está escribiendo otra! ¡¡Vaya lío, ja,ja,ja!! A mí esto me ha sorprendido y me ha encantado (aunque haya tenido que hacer un esfuerzo inicial para saber en todo momento dónde estaba situada, en qué “subnivel” de la trama, para no liarme). Pero me pregunto cómo se escribe esto sin que se te hagan nudos con tanto hilo y sobre todo, sin que nada quede fuera de su lugar apropiado y forme un enredo en la mente del lector imposible de deshacer? ¿Como si estuvieras escribiendo dos novelas a la vez? No, dos no, ¿tres? :)

   He de ser sincero: no me costó separar en mi cabeza cada uno de los diferentes subniveles. Y eso que apenas tiré de anotaciones en libreta. La Novela de Rebeca surgió muy de golpe. Sí que la reflexión la tenía hecha y fue fruto de mucho tiempo, pero el proceso de escribirla no fue complicado. Reconozco que al principio sorprende y hace que el lector transite de una historia a otra sintiendo que no sabe a dónde va, pero ése era mi reto: sacarle de la jungla y llevarlo novela adelante hasta que comprobara que todo estaba planificado y bien ajustado. Ha sido un proceso creativo excitante, emocionante, divertido y con vértigo. ¿Qué más pedir como creador? Ja,ja,ja.


   ¿Ves? ¡Si cuando yo hablaba antes de escritores más o menos inteligentes era por algo! Y además disfrutas con un proceso de creación que satisface tus propias demandas como escritor… ¡Y encima el resultado gusta a los lectores…! No, definitivamente, no puedes pedir más, ja,ja,ja.
   Los escritores escriben sus novelas buscando la empatía y la complicidad de los lectores, intentando conseguir que estos se impliquen en la historia y se metan en la piel de los personajes. Pero esta novela —y esta es otra originalidad— tiene un doble público: los lectores y los escritores (estos últimos, doblemente, porque también son lectores). Y es así porque Simón Lugar (protagonista de la novela) se hace a sí mismo muchas preguntas que apuesto a que todos los escritores se han hecho alguna vez. ¿Todo es premeditado, Mikel, hay intencionalidad en este planteamiento de involucrar también a los escritores en la trama? ¿Qué has buscado con ello?

   Escribo para lectores. Que estos sean también escritores es pura coyuntura; hay lectores que son escritores como son de cualquier otra ocupación. No me planteé hacer metafísica ni un libro de estilo ni filosofía ni, como me ha dicho alguien, un libro de autoayuda para escritores atascados. En absoluto. Es una novela thriller para lectores que disfruten leyendo historias con intriga. No busco nada más que responderme a mis preguntas y acompañar a quien lee en sus ratos de lectura.


   Pues sin buscarlo, creo que estás consiguiendo que muchos escritores empaticen con el personaje de Simón por su condición de escritores (al menos, en cuanto a sus divagaciones), y no solo como lectores.
   Y hablando de filosofía, ahora que la mencionas… Conforme he ido leyendo “La novela de Rebeca” he ido encontrando muchas reflexiones integradas, en mayor o menos medida, en ella. A mí me han parecido reflexiones unas veces filosóficas, metafísicas, y otras tantas, originales, propias de una mente deductiva y sobre todo, entrenada para observar y darle un giro completo a muchos aspectos de la vida en general con el fin de analizarlos desde una óptica completamente distinta a la habitual. Y esto, claro, provoca en el lector un efecto impactante, incluso le obliga a detener la lectura porque lo descoloca (al menos a mí, que las perspectivas “anormales” me pierden, jaja). Yo te pregunto, Mikel: ¿qué ha sido primero, la novela o las frases? Me explico: ¿las reflexiones o afirmaciones de este tipo han surgido realmente a raíz de la narración? ¿O ya estaban en tu mente de forma previa y las has aportado para enriquecerla?


   Repito que, sin querer hacer filosofía ni querer ofrecer al público un libro para reflexionar, esta novela contiene, en efecto, muchas de las reflexiones que ya arrastraba yo desde hacía mucho tiempo. Si se echa un vistazo a novelas mías anteriores se verá que van muy en la línea de lo que yo siempre he pensado. Si se lee, por ejemplo, En la Tierra de los Nombres Propios, se encontrarán muchas ideas que vuelven a aparecer en La Novela de Rebeca. Lo mismo si se me sigue en redes sociales. Soy un ser muy reflexivo (a veces demasiado, ja,ja,ja) y es lógico que en mi literatura se destilen reflexiones. Algunas ya constantes y otras, como tú dices, que surgieron mientras avanzaba en la redacción. Con todo, repito que no es un libro de filosofía ni de autoayuda ni yo pretendo dar lecciones de nada.

   A mí tampoco me ha parecido de autoayuda, de hecho, muchas de las dudas o preguntas que Simón Lugar se hace a sí mismo quedan sin contestar. Ni que las reflexiones deriven en lecciones, tan solo atienden a una óptica diferente a la hora de analizar las cosas,  pero esa es mi impresión personal.
   Una de estas reflexiones dice: “Escribir o morir, y morir por no saber no escribir.” Esta última parte de la frase denota la pasión de los escritores de vocación, de los que sienten esa necesidad de escribir desde que tienen uso de razón y han de satisfacerla a pesar de los pesares, aunque en determinadas etapas, más que mieles se recoja sufrimiento por el hecho de escribir y querer compartir además lo que se escribe.
   A la vista del panorama actual, Mikel, yo me pregunto si todos los escritores actuales morirían por no escribir…, o quizás lo harían al no publicar. ¿Tú crees que, para muchos, el hecho de compartir lo que se escribe se ha convertido en algo más importante y pasional que el hecho en sí de escribir?


   No tengo ni idea de cuáles son las motivaciones, los desvelos, las pasiones o los fantasmas de otros escritores. Cualquier persona que cree algo se merece mi respeto. Si puede mostrar lo creado, muchas veces es cuestión de suerte. No sé si hay quien escribe solo por publicar o quien publicar es su meta. Para mí, no lo es. Quiero publicar, claro, porque es mi manera de divulgar y tender puentes; pero no es mi obsesión sino mi ilusión. Quizás sea una cosa solo de conceptos: tiendo a ilusionarme, no a obsesionarme. Lo que hagan los demás, ¿quién lo sabe?


   Tal vez quienes comparten con ellos su aventura literaria y se encuentran lo suficientemente cerca como para ser testigos de sus actos, confesiones, comentarios, deseos hechos públicos… :)
   Hay una cuestión que Simón Lugar se plantea en la novela y que suele estar presente en la carrera profesional de un escritor (apuesto a que provocándole cierta presión, en mayor o menor medida), y me refiero a la forma en que el éxito de una novela condiciona la siguiente, para bien o para mal. “La novela de Rebeca” está siendo un éxito (cualitativo, al menos; cuantitativo, no lo sé). ¿En qué medida te afecta esto de cara a la siguiente, Mikel? ¿En qué medida esto puede condicionar el tipo de novela, el género, el enfoque, la trama o los gustos personales o ajenos a la hora de escribir otra novela que querrás (supongo) ver publicada por una editorial que, a su vez, tendrá sus propias expectativas con respecto a ti?

   Es muy interesante lo que planteas. La Novela de Rebeca está siendo un éxito en todos los puntos, tanto aquí como en Latinoamérica. ¿Condicionar? ¡No! Al contrario, ilusionar y evolucionar. Nunca me he planteado cuestiones como dar con la piedra filosofal del éxito para poder hacer novelas como churros. Tampoco conseguir dormirme en los laureles. Siempre seguiré explorando, haciéndome preguntas y buscando cómo resolverlas. La edad, el oficio y el estar atento nos indica cómo sobrevivir en este mercado, pero a día de hoy estoy feliz y me siento más escritor que nunca. Todo es un regalo… y lo que haya de venir, también.


   Por cierto, Mikel —aunque esto no tenga nada que ver con lo que estamos hablando—, ¿te molestaría ponerte a firmar tu novela a una lectora en la cola del banco? :)

   Ja,ja,ja. En absoluto. Simón Lugar y yo solo nos parecemos en el hecho de que escribimos y escribimos para respondernos. En el resto, somos muy distintos; prácticamente opuestos. Su misantropía choca con mi necesidad de estar con gente. Una persona que lee mi libro se merece todo mi respeto y mi gratitud.


   A ver, esta es otra pregunta que podría conllevar una respuesta “políticamente incorrecta”, pero aún así, yo la formulo :). ¿Te mueves por las redes sociales por el placer de interactuar con tus lectores, o porque estimas que hoy en día es imprescindible para ayudar a darle visibilidad a una obra literaria? Me consta que hay de todo en este mundillo literario (incluso quienes disponen de “Community manager”). A mí, personalmente, ambas opciones me parecen respetables, aunque una me guste más que la otra, claro.

   Mis redes las mantengo yo y me muevo por ellas antes incluso del éxito de Rebeca, con todas las reservas respecto a la palabra “éxito”. Lo que me proporcionan las redes es visibilidad pero, sobre todo, accesibilidad. Me encanta recibir fotos de lectores o lectoras con la novela, de escaparates, de páginas subrayadas… Me gusta quien se me acerca y me pregunta, me comenta, me solicita. No me concibo como un escritor en su torre de marfil. De lo que hagan los demás no cuestiono nada porque cada cual usa estas herramientas como quiere y para lo que quiere.

   ¡Pues esa era la opción que más me gusta a mí, ja,ja,ja, la que nos permite acercarnos al autor de una obra para poder saber un poco más, como estoy haciendo yo ahora!
   Bajo tu punto de vista, Mikel, ¿el éxito de “La novela de Rebeca” está en la historia (o historias) que cuenta, en la originalidad de su estructura, o en la originalidad de su trama? ¿O en todo unido? ¿Qué es lo que crees que puede haber llamado más la atención del lector? ¿Y de la editorial?
   Tengo que decirte que anoté esta pregunta antes de leer una afirmación de Simón Lugar que comparto: “La historia es secundaria. Lo que cuenta es cómo hacemos esa historia”, y que me ha venido como anillo al dedo para preguntártelo a ti ahora, porque creo que incluso las editoriales, cuando hablan de buscar algo que les sorprenda, no se refieren solo al fondo, sino también a la forma.


   El día que lo sepa quizás deje de escribir. Ja,ja,ja. No sé. Supongo que es una combinación de todo ello. Mira, recibo muchas cartas de lectores y veo que a cada persona le llega esta novela por una razón distinta. Para mí, eso es estupendo porque demuestra que la creatividad tiene consecuencias imprevistas.

   Yo suelo decir que los escritores son como los actores, para dar vida a un personaje tienen que meterse en su piel, “vivir” lo que ellos viven y “sentir” lo que ellos sienten, sobre todo cuando hay implicaciones sentimentales y emocionales en la historia que protagonizan. Simón Lugar es un personaje perfectamente construido y perfilado (la verdad es que todos lo son, hasta los secundarios), pero es un escritor, al igual que tú. ¿Hasta qué punto has necesitado meterte en su piel para escribir la novela? ¿O te ha resultado suficiente escribir desde la tuya para darle vida?

   En efecto, es necesario meterse en la piel de los personajes. Pero, ojo, eso no significa que estos sean nuestro alter-ego. Suelo decir que hay tanto de mí (mucho o poco) en Simón Lugar como en Rebeca. De todas formas, aunque sea necesario meterse en la piel, no hay que obsesionarse en ello. Creo que lo importante es meterse en las emociones, imaginárselas, proyectarlas. Si fuera una condición indispensable, sería imposible escribir ciencia ficción o novela histórica porque un escritor nunca podrá estar en el año 2090 o en las Navas de Tolosa en el 1512.

   En un pasaje de la novela plasmas cómo pequeños actos de la vida, realizados sin intención alguna, pueden sin embargo hacer que ésta experimente un giro radical. Unos le llaman “casualidad”; otros, “golpes de suerte”; otros, “malas jugadas del destino”… ¿Tú crees en las casualidades, Mikel? ¿Alguna casualidad —o como quieras llamarle— te ha impulsado o te ha frenado en tu carrera de escritor?

   Creo que somos nosotros, con nuestra actitud, quienes invocamos. ¿Suerte? No sé. ¿Casualidades? Pienso que todo está hilado y sucede por algo. En mi caso, soy de ver la botella medio llena, siempre. No sirve de mucho lamentarse ni quejarse, sino más bien ponerse en marcha y encarar la vida. Al final, quizás todo lo que nos suceda en la vida sea una casualidad.


   Coincidimos en esa forma de pensar, yo también creo que todo lo importante sucede por algo.
   Apenas hemos hablado del fondo, de las diferentes historias que se cuentan en la novela (de géneros literarios distintos, por cierto), tal vez porque creo que estas referencias son las que más fácilmente pueden encontrarse en las reseñas y críticas que van saliendo en la blogosfera y otras páginas webs. Y tampoco quiero hablar del final. Porque a mí me dejó tan descolocada y con los ojos tan a cuadros que prefiero no destripar nada, solo diré que es redondo, un broche de oro muy acorde al estilo de la novela. Pero hablando de historias y de finales, sí quiero hacerte una última pregunta, Mikel, o mejor, pedirte que hagas tu elección:
   ¿Una historia brillante con un final mediocre, o una historia mediocre con un final brillante?


   ¿Y por qué tener que elegir? Ja,ja,ja. ¿Por qué no una buena historia con un final redondo? Una mala historia puede hacer que le lector ni siquiera llegue al final por muy brillante que sea éste; un mal final puede echar por tierra un proceso de lectura. Quedémonos con la idea de que lo bueno siempre es posible.


   Claro, esa es opción ideal pero no siempre se da, ja,ja,ja. Esta pregunta iba dirigida más a la faceta de lector que a la de escritor, porque, obviamente, un escritor siempre intentará que la novela sea redonda de principio a fin, con independencia de que al final lo termine consiguiendo o no.


   Muchas gracias, Mikel, por mantener esta charla conmigo y felicidades por la novela. Te deseo todo el éxito que merece.

19 oct 2015

"EN TIERRA DE FUEGO" de MAYELEN FOULER

SINOPSIS:

Barcelona, otoño de 1943. Cuando Rosa Sarlé llega a la casa de sus padres poco puede imaginar que se encontraría con Frank Bennet-Jones, rico estanciero inglés afincado en la Patagonia argentina. El viudo de su hermana Anna. Tras ese encuentro, Rosa relee las cartas en las que Anna le relataba su apasionada historia de amor con Frank.
A Frank el reencuentro con Rosa lo altera a su pesar. Sin embargo, un hecho inesperado le lleva a casarse con ella y a llevársela a Argentina, aun a riesgo de que Rosa descubra el secreto sobre la muerte de Anna.
En El Calafate, Rosa conoce a Armando Guzmán de Guevara. Entre los dos nace una fuerte atracción y él le revelará el secreto que esconden las cartas de su hermana.
Rosa se verá atrapada en medio de la rivalidad de los dos hombres. Tendrá la oportunidad de vivir la aventura que siempre deseó, conocerá la pasión… pero tendrá que elegir entre Frank y Armando.



   El género romántico. Ese vástago de la literatura tan ampliamente criticado por muchos de quienes dicen leer solo "buenas" novelas, tan degradado a veces por su aparente falta de calidad literaria que arrastra con ello a quienes lo leen, tachándolos de forma generalizada de poco exigentes, de superficiales, de idealistas o de alimentarse de sueños utópicos hasta límites insospechados, resultando paradójico que, a pesar de tales afrentas, sea un género en auge, que goza de una salud excelente y que, a nivel comercial, alcanza cotas de ventas muy superiores a la de otros géneros de mayor -aparentemente- "relevancia literaria". Una vez más, ¡qué injustas son las etiquetas cuando generalizan!

   Cada vez parecen ser menos las novelas de "raza pura", las que se ajustan al estereotipo o a los cánones de un único género literario sin caer en las mezclas. Yo estoy de suerte, porque a mí personalmente las mezclas me encantan, no solo por la originalidad que pueden aportar a la obra, sino porque creo que es una buena forma de enriquecerla si se acierta al trazar su estructura y su argumento de forma interesante y atrayente, si se sabe intercalar con acierto unos y otros elementos. Y eso es lo que hace Mayelen Fouler en En tierra de fuego
   No me atrae la romántica rosa, lo reconozco, me superan las historias con personajes planos, relaciones idílicas e idealizadas que rayan lo irreal y que, normalmente, suelen evolucionar de forma similar, con algunas variantes en la forma, pero pocas en el fondo; historias centradas casi de manera exclusiva en el amor, normalmente pasional, entre los protagonistas como si no existiera en sus vidas nada más, y en muchos casos incluso con carencia de una ambientación espacio-temporal adecuadas. Tal vez por ello me ha sorprendido muy gratamente encontrar una novela de corte romántico con bastante más pretensiones que estas que acabo de mencionar.
   En tierra de fuego me ha gustado. Mayelen Fouler ambienta la novela en la España y en la Argentina de los años cuarenta, en plena Segunda Guerra Mundial. Pero no se limita a mencionarla, crea de fondo una interesante trama política y de espionaje que da soporte a la historia y que demuestra la gran labor de documentación que su autora ha debido llevar a cabo para poder desarrollarla con solvencia, enriqueciendo sin lugar a dudas la historia. Es más, me atrevería a decir que el despliegue de datos y la documentación manejada perfectamente podría haberle servido para construir, profundizando poco más, una trama de intriga que podría haberse convertido en una novela histórica, porque si bien desde la mitad hasta el final la parte "amorosa" cobra mayor protagonismo, no es tanto así en su primera mitad. 
   Un segundo elemento que yo considero de relevancia es la ambientación. Mayelen Fouler nos ofrece una buena estampa de la España franquista y de los entresijos de sus mandatarios ante Hitler y los aliados, pero mejor aún es la estampa que recrea de la Argentina de la época, de la Patagonia, de sus paisajes, de sus gentes, de su forma de vida, de sus costumbres, de su manera de pensar e incluso de su forma de hablar, a la que intenta ser fiel utilizando la terminología y el argot propio del español de aquel país. Consigue trasladarnos hasta allí, lo cual no resulta fácil si no es con otra buena dosis de documentación previa que sirve de base a la recreación de la historia. 
   Me falta hablar de esa parte romántica, de esa historia de amor que justifica el género en el que ha sido catalogada. Y no puedo decir que sea "rosa", empalagosa o típícamente pasional, sin más. Es una historia a tres bandas, una mujer entre dos hombres que también escapa al tópico del triángulo amoroso sustentado por una infidelidad; ni siquiera se acerca de pleno a esa manida tesitura entre el amor profundo y el amor carnal que podemos encontrar en muchas otras obras enmarcadas, sobre todo, en el subgénero romántico-erótico. Yo me atrevería a catalogar esta relación como una consecuencia de los propios conflictos de Rosa, la protagonista, que se deja llevar alternativamente por la idolatría de lo deseado y no vivido (lo cual suele despertar pasiones cuando existe sobre todo atracción física) y del amor profundo y mejor conocido que no resulta ser lo que parecía ser. ¿O sí? Y es que otro de los alicientes de la novela son los secretos de familia que Rosa va descubriendo con el paso del tiempo y que la llevan a dudar de todo y de todos, provocando en nosotros la intriga necesaria por saber qué habrá ocurrido realmente en el pasado y lo que ocurrirá después.

   Amor, pasión, conflicto, intriga..., insertados en una época y un entorno perfectamente documentados que sirven como telón de fondo a la historia, pero tomando partido en ella, no como simple atrezzo. Es, "En tierra de fuego", una novela que escapa de esa etiqueta prejuiciosa con que suele catalogarse a la romántica en general, porque ofrece mucho más, aunque su historia de amor sea el elemento más significativo de la misma. No he leído todas la demás novelas presentadas al concurso de Harlequín, por supuesto, pero creo que "En tierra de fuego" es muy digna de ese primer III Premio Digital HQÑ con el que se alzó a primeros de este año 2015.

   Felicidades, Mayelen! 
   Y felicidades a Harlequín Ibérica por elevar el nivel de calidad de la romántica!

   Y para terminar, como homenaje a Rosa y a esa tierra argentina en la que vivió, os dejo a ritmo de tango, el baile pasional y erótico por excelencia.




13 oct 2015

GANADORA DEL CONCURSO DE POST SOLIDARIOS 2015 DE LA FUNDACIÓN MUTUA MADRILEÑA.



   Hace unas tres semanas, La Fundación Mutua Madrileña se puso en contacto conmigo a través de un correo electrónico para darme a conocer su iniciativa del #RetoSolidario, invitándome -al igual que a otros muchos administradores de blogs- a participar en el Concurso de Post Solidarios organizados con motivo de los III Premios al Voluntariado Universitario, y cuya finalidad era -y es- la de impulsar la solidaridad entre los jovenes a través de un medio de difusión tan potente como la blogosfera y, por extensión, las redes sociales. No había una estructura que seguir, ni unos requisitos específicos para el post que fueran más allá de la finalidad que ya he comentado.

   Acepté. Pero este blog es eminentemente literario y a mí me place crear historias imaginarias de base real, aderezadas con un puñado de sentimientos y una pizca (o varias) de emociones. Y con mensaje de fondo, a ser posible. Siempre lo he hecho. Fiel a mi forma particular de entender la literatura como algo más que puro entretenimiento, siempre he procurado transmitir un mensaje, despertar la observación, sacudir o incitar a la reflexión en relación con multitud de aspectos de nuestra vida cotidiana y de nuestra condición de humanos, y el propósito de este post no podía ser más acorde a esta finalidad última de mis escritos. Así surgió el relato "ALGO MÁS QUE UN BUEN AMIGO", que ha resultado ganador del concurso para mi felicidad. En él, un anciano y un chico son los protagonistas; el anciano, por ser un colectivo -el de la tercera edad- que considero especialmente vulnerable y, sin embargo, muy poco amparado por las instituciones, y un chico porque la labor de concienciación que desemboque en esa solidaridad dirigida a construir un mundo mejor ha de empezar lo antes posible, desde la más tierna juventud o incluso desde la infancia, fomentándose con insistencia a lo largo de lo años hasta conseguir hacer de ella un modo de vida, hasta lograr que ese tipo de acciones formen parte de su repertorio habitual de conductas. De todos es sabido que los niños aprenden por modelaje e imitación, que se prestan a repetir la manera de actuar de sus progenitores o de las figuras de referencia que conviven con ellos, incluyendo su manera de reaccionar ante cada situación y ante los demás. Si somos capaces de educarlos incitándolos a ponerse en el lugar de otros, a imaginar aquello por lo que están pasando, estaremos contribuyendo a que desarrollen una conducta mucho más empática, lo cual facilitará su actitud solidaria a través de acciones al alcance de su mano. Un simple acto de escucha cuando alguien está afligido y necesita desahogarse ya es un acto de solidaridad que, además, nos puede venir de vuelta cuando nosotros lo necesitemos, y eso solo requiere un poco de tiempo, paciencia y cariño. A medida que vayan alcanzando más edad irán siendo más capaces de abordar empresas de mayor envergadura; pero la solidaridad comienza en los pequeños actos cotidianos, en aquellos rutinarios que terminan por convertirse en hábitos, en un modo de entender la vida, las relaciones sociales y de ayuda a los demás. Incluso si todos contribuyéramos con esos pequeños actos de la vida cotidiana a ayudar a quienes lo necesitan, es probable que se evitaran situaciones de necesidad mayor en el futuro.

   Quiero alabar desde aquí la implicación de la Fundación Mutua Madrileña en el apoyo a fundaciones, asociaciones y ONGs que, sin ánimo de lucro, trabajan y luchan a diario en favor de colectivos necesitados de ayuda personal, material o económica. Y por supuesto, a todos aquellos que hacen gala de esa solidaridad buscada prestándose a destinar parte de su tiempo, de su esfuerzo e incluso de sus recursos para hacerlo posible.

   El plazo de participación en este concurso de post soidarios es obvio que terminó, pero aún sigue abierto (hasta el 30 de octubre) el plazo de presentación de proyectos de voluntariado en colaboración con entidades sin ánimo de lucro, objeto de los III Premios al Voluntariado Universitario referidos al principio y de los que podréis conocer las bases pinchando en el enlace anterior.

   La dotación de este premio que a mí me han concedido es de 2000€, que la Fundación Mutua Madrileña donará en mi nombre al proyecto solidario que yo elija de entre los 37 proyectos con los que trabajó el año pasado.

   Me siento muy feliz de que mi trabajo y mi creatividad literaria hayan servido a un fin solidario como este. Creo que es el premio más bonito que podría recibir. 

   Mi enhorabuena a los finalistas del concurso y mis felicitaciones a todos los que han contribuido con su participación a esta causa tan especial.




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