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30 may 2018

CHARLA CON MIKEL ALVIRA, AUTOR DE «EL COLOR DE LAS MAREAS»


    Hola, Mikel, bienvenido a esta casa.

   Antes de nada, quisiera felicitarte por «El color de las mareas», una novela que me ha encantado por su preciosa historia, su trama, su buenísima narrativa y por la cantidad de reflexiones vertidas en ella, a través de los personajes y de forma directa en esos párrafos independientes que no tienen desperdicio y que he disfrutado muchísimo.
   Quizá porque las reflexiones me pierden y porque el trasfondo de la historia, la psicología de los personajes y las relaciones entre ellos tienen para mi tanta trascendencia como la historia en sí es por lo que he querido centrar esta charla en esos pensamientos que salpican la novela, más que en su argumento. Y también porque me atrae conocer esa faceta tuya de pensador y comunicador tanto como la de escritor.
   Gracias por abrirte y permitirnos conocerte un poco más en este aspecto.

   Gracias a ti por esta oportunidad y, sobre todo, por apoyar con tus palabras las palabras de otros. Siempre he dicho que esto de escribir nos tiene que llevar a tender puentes, a crear lazos. Y no cabe duda de que tú eres una buena creadora de lazos. Estoy encantado.

   Nunca me habían llamado «creadora de lazos», pero me suena muy bien, me gusta, ja, ja.
   La novela comienza con una frase contundente y atractiva: «Se llamaba Beatriz Tussaud y no se casó con el amor de su vida». A un lector actual, esta frase le puede llamar la atención, resultarle atrayente, porque solemos estar convencidos de que la persona con la que nos casamos es y será el amor de nuestra vida. Pero, ¿a un lector de finales del siglo XIX —época en la que esto sucede—, ¿le resultaría extraña esa afirmación?

   Sin duda. La novela arranca en 1898, un momento vertiginoso en España, y se desarrolla a lo largo de las cinco primeras décadas del XX. En aquella época, lo de casarse por amor no se concebía como ahora. Afortunadamente, hemos progresado como sociedad y, aunque quede un largo trecho para que la equidad hombres-mujeres sea real, hemos avanzado respecto a ese punto. Sin ser una novela feminista, la mujer ocupa un lugar importante en el sostenimiento de la trama, con una Beatriz que no se casó con el amor de su vida (o sí; eso, el lector lo descubrirá) pero que luchó siempre por sacar a su familia adelante.

   Amor y pasión no siempre van unidas. Lina no cree en el amor, cree en la pasión. ¿En qué deberíamos creer para tener una buena relación? ¿Cuál de las dos elegirías tú?

    Una relación sana ha de basarse en tres principios, en tres pilares. La Pasión, por supuesto: sin pasión, sin sexo, sin chispa, sin calor, una relación de vuelve un mero contrato entre rutinas, que puede ser satisfactorio en lo organizativo, pero frustrante en lo emocional. Además, el Pasado: una pareja ha de acumular pasado en común, experiencias en común, vivencias compartidas; tanto las sublimes como las cotidianas: compartir tiempo, compartir instantes, compartir tropiezos y alegrías. El pasado no se imposta. Y, por último, Proyecto: esto es, creer en construir algo juntos, y no solo la educación de los hijos, si los hay. He visto familias romperse por no tener un destino común, un proyecto común. Y el proyecto más hermoso es la construcción de cada miembro de la persona autónomamente. Una relación es la suma de dos, sin negar lo particular de cada uno, el crecimiento de cada cual, los momentos individuales, puestos al servicio de un proyecto común.


   Comparto todo lo que dices, sobre todo la importancia de ese proyecto común que marca el futuro y que hace que dos líneas que comenzaron paralelas y muy unidas no terminen separándose. Aunque a veces, cuando entran otros elementos en el terreno de juego... Por ejemplo, otro hombre, como ocurre con Beatriz. Porque hay dos hombres en su vida, Marcel y Daniel.
   En la vida real, ¿se puede amar a dos personas a la vez, Mikel? Y no digo querer, digo amar.

   El amor no conoce límites, más allá de los que nos impone lo cultural. En nuestro caso, la cultura judeocristiana de la que somos herederos nos ha impuesto el límite de la monogamia. Pero el amor, como emoción primaria, desbordante e insondable, es ilimitado.

   Supongo que estarás de acuerdo conmigo en que en nombre del amor pueden acometerse actos heroicos y también estupideces. ¿Crees que hay veces en que el amor sentido por la otra persona y lo que en su nombre somos capaces de hacer puede llegar a estar reñido con la propia dignidad? ¿Hasta dónde deberían llegar uno y otra?

   Las estupideces por amor, si las comete un poeta, un pirata o un loco, son perdonables y hasta heroicas. Todos deberíamos tener a nuestro lado un Shakespeare que glosara nuestras estupideces, para convertirlas en episodios épicos. Con todo, y por ser práctico, hasta que alguien mute nuestros delirios en gestas bequerianas, lo mejor es mantener la dignidad a buen recaudo. Y ahí tienen mucho que ver los dos fundamentos de la persona: autoconcepto y autoestima. Si los trabajáramos más, el amor y sus consecuencias serían menos tormentosos. 
   Autoestima. La otra gran sufridora en muchos de los fracasos amorosos. Y si estos giran en torno a una misma persona, incluso más. En la novela se dice que «Dos abandonos en una vida son un precio demasiado alto para cualquier corazón». ¿Crees en las segundas oportunidades? ¿Y en las terceras, son posibles?

   La vida es demasiado breve como para andarse con demoras. Solo tenemos una vida y, además, no sabemos cuánto va a durar. Así que concedamos tantas oportunidades como sean necesarias. La existencia no puede ser un cúmulo de oportunidades perdidas sino, al revés, un abanico de oportunidades concedidas. ¡Claro que creo! Porque creo que el ser humano es capaz de evolucionar, cambiar, corregir, avanzar. Es la base de la evolución.

   Yo también creo en ellas, necesité tres para estabilizar mi relación, ja, ja, ja.
   ¿Amor en calma o amor loco? ¿De verdad, toda historia de amor que se precie debería tener un punto de locura, un punto de inconsciencia, por aquello de que el corazón se impone a la razón?

    El amor no es un concepto ni aprehensible ni mensurable ni racionalizable. Con todo, se ha hablado a veces de las fases del amor o de los tipos de amor. No sé cuál es más amor que otro, pero lo cierto es que no es igual el amor del flechazo adolescente que el reposado amor de quien ha compartido una vida. Reivindico con igual fuerza la locura de amor como el amor maduro.

   Hay una cuestión que siempre he sopesado respecto a las infidelidades, y es hasta qué punto podemos hablar de infidelidad sin que haya «cuernos» de por medio. ¿Marcel es infiel por pensar y desear a Beatriz mientras está con otra mujer? Según tú, ¿cuándo se puede hablar de infidelidad?, ¿dónde trazamos la línea?

   La línea la debería poner cada pareja, sin estándares ni prejuicios. El problema es que en muchas parejas se dan por sentados límites que no ha puesto la pareja, sino la cultura. Si se hablara más en la pareja, muchos de esos fantasmas desaparecerían.

   Comunicación. Siempre, comunicación, en todo y para todo, ¿verdad?


   «Huir es de cobardes», suele decirse, y es verdad que casi siempre se tacha la huida como un acto de cobardía. Pero yo a veces pienso que cuando esa huida supone una renuncia en nombre del amor, también demuestra ser, en el fondo, un acto de valentía, porque sabemos que sufriremos y aun así lo hacemos, en ocasiones, por bien del otro. Bajo tu punto de vista, ¿quién demostró ser más valiente, Beatriz o Marcel? (Sin spoilers, ¿eh?)

    Huir no es ni cobardía ni valentía. Huir es un verbo que puede responder a motivaciones totalmente opuestas. No podemos juzgar la acción (huir); mucho menos lo que a alguien le lleva a huir (los motivos). Que cada cual actúe conforme a sus principios y sus convicciones. En este caso, tanto uno como otro actúan de acuerdo con lo que a ellos les mueve y les conmueve. Nada que objetarles, más allá de que la acción nos parezca reprobable o no.

   ¿La mirada es fundamental en el amor? ¿Qué papel juega en él?

    Una mirada es siempre el inicio de una relación. Una mirada literalmente hablando o una mirada como metáfora de una palabra, un gesto, un guiño... Toda historia de amor ha empezado con una mirada, sea como sea.

   Eso iba a apuntarte, que hoy en día cada vez más relaciones comienzan en redes sociales donde no hay un contacto visual en sentido literal, pero es cierto que hay otras maneras de establecer esa complicidad equivalente a la de una mirada.
   Sigamos hablando de relaciones y amor. Siempre me ha llamado la atención la abnegación de las madres, capaces de aceptar o renegar de ese amor por el bien de sus hijos. Muchas cosas han cambiado respecto a la manera de sentir y vivir el amor a lo largo de los años. ¿En este aspecto también? ¿Y en la figura del padre?

    La cultura moldea la personalidad de los individuos, marcando límites y aportando pistas para actuar. De igual manera, la cultura se moldea a partir de los individuos que la viven. Es el huevo y la gallina. Por eso podemos decir que muchas cosas han cambiado, que las madres, como los padres, han modificado su visión de la maternidad-paternidad, precisamente porque la cultura, el marco referencial, ha cambiado; tanto como a la inversa: afortunadamente, ya no estamos en una cultura como la de inicios del XX.

   Ya que hablas de cultura... Dicen que el sexo, el poder y el dinero son los tres pilares que mueven el mundo. ¿En qué lugar queda el amor? Porque está claro que ya…, formando un pack indivisible con el sexo no va, ja, ja, ja.

    Bueno, hemos hablado antes de la pasión, del sexo. No nos referimos solo al amor de pareja, en el que el sexo ha se ser pieza clave. Hay otros tipos de amores, tan sublimes o más, en los que no hay sexo. En la novela se ven: amor filio-paterno, amor entre iguales, amor fraternal... Y, por mucho que se diga, sigo pensando que lo que mueve al mundo quizás sí sea el sexo, el poder y el dinero, pero lo que mueve a la especie es el instinto de supervivencia; instinto que, en el caso del ser humano, necesita del amor para trascender con dignidad.


   Me gusta pensar que sea así, que nos mueva algo mucho más profundo que esta triada de la que siempre se habla, que el «corazón» sea también un buen motor en nuestras vidas. Un motor bueno aunque ¡testarudo! Yo siempre he pensado que a la mente se la puede convencer, pero a él no tanto. ¿Será porque en el fondo no queremos obligarlo, porque sería como morir un poco si le impedimos sentir lo que siente? Suena un poco a paranoia, pero…

   El amor siente. No sé si es algo que reside en el corazón, en el pecho, en el estómago o en el cerebro. Puede condicionarse, limitarse, reeducarse. Es falso que no se le pueda convencer. Claro que se puede. Toda la psicología conductista se basa en ello. Con todo, soy amigo de dar rienda suelta a las emociones porque nunca generan tanto caos, tanto desorden ni tanto dolor como la sociedad cartesiana en la que estamos ha querido hacer creer. Lo dionisíaco se ha descartado a partir de Descartes y eso me da mucha pena.

   «Somos la energía que irradiamos. Somos la voz con la que tendemos puentes, el saludo, la sonrisa». Esta es una afirmación con la que estoy totalmente de acuerdo, siempre he pensado que en gran parte —aunque no en toda—, somos aquello que proyectamos. El problema es que —al igual que ocurre en toda comunicación— el receptor de esa energía la puede interpretar, experimentar o sentir de una u otra manera. ¿Estriba ahí la diferencia, tan grande a veces, entre unas relaciones interpersonales y otras, en que unas sean un éxito y otras un fracaso cuando la persona que irradia esa energía es la misma? ¿O es que esta también cambia según sea el que tiene en frente…?

   Pienso que si actuamos con honestidad, prudencia y tacto, todo es más sencillo. Apartarse de aquellas personas que limitan nuestra energía, nuestro "buen rollo", es esencial para vivir con aceptables dosis de felicidad.

   «Tender puentes», una de tus expresiones más repetidas o que más ocasión he tenido de leerte últimamente.
    A ver, pensemos... Para tender puentes son necesarios, al menos, dos pilares. Uno de ellos lo pones tú. En un mundo aparentemente social pero en el que a la hora de la verdad mucha gente va a lo suyo, ¿las personas con las que te cruzas terminan poniendo ese otro pilar para construir el puente que tú pretendes, Mikel? ¿O pasan?

    Hay mucha gente a quien no le interesa tender un puente conmigo, lo cual es comprensible. No basta con, como dices, que uno de los dos pilares quiera; se necesita el otro. Pero, por fortuna, hay muchas a las que sí les interesa y con ellas es sencillo tenderlos. Ahora bien, los puentes no solo hay que construirlos, luego hay que transitarlos: una carta, un mensaje, una llamada... y, mejor aún, un verse, un mirarse a los ojos. No basta con el contacto; éste ha de ser de calidad. Y la calidad solo se logra con la calidez.

   Yo he puesto el mío para construir un puente contigo, ¿eh?, ja, ja, ja, y estoy encantada.

  ¿Hacia quiénes sientes un interés especial por comunicarte?

   Hacia cualquier persona que tenga inquietud, que se emocione y emocione, que quiera aprender, que se arriesgue, que se entregue sin imposturas. Detesto los avatares; yo soy más de mirarnos a los ojos, como ya he dicho. No tengo patrones. A veces la chispa surge y el contacto se crea, sin forzar nada.

   Leyendo tu novela me ha dado por pensar en lo vulnerables que somos, en cómo un revés de la vida puede acabar con su estabilidad, incluso con ella en cuestión de minutos, después de haber luchado, peleado y hecho lo imposible por mantenerla de la mejor manera posible, sin escatimar esfuerzos. ¿De verdad somos tan frágiles y tan vulnerables como das a entender? ¿Podría ser la época en la que se centra la novela una de las mayores causantes de esa vulnerabilidad? ¿O es porque —literariamente hablando— un cierto punto de tragedia le confiere un atractivo a la ficción que de otra forma no tendría y por eso lo muestras así?

   No creo que en la novela haya más tragedia que en la vida real de estos inicios del XXI. La tragedia o la comedia no lo marcan tanto los acontecimientos como la arquitectura emocional, la actitud, con la que desciframos esos acontecimientos. La vida es vulnerable, sí, efímera, imprevisible. Por mucho que nos empeñemos en programarla, siempre nos sorprende.

   Sí, yo diría que más sorprendente incluso que la ficción, aunque algunos todavía parezcan resistirse a creerlo.

   «Hay personas cuyas vidas son planas, sin matices. Personas que no toman conciencia de la existencia». ¿Hasta qué punto hay que arriesgarse a vivir, Mikel? Aun siendo conscientes de que, como dices en «El color de las mareas», cada instante nos puede marcar el futuro…

   Hay que arriesgarse. Eso no significa vivir locamente, ser imprudente, hacer daño con la justificación de nuestra personalidad o lanzarnos al vacío. Tal vez el mayor riesgo sea vivir conscientemente.


   Me quedo con esta última frase, ya tengo para pensar toda la tarde :)

   ¿Tú también crees que la felicidad se mide en instantes?

    Sí, por supuesto. La felicidad no es un estado estable, es un gas inestable. Y hablo como si supiera algo de química. Quiero decir que la felicidad no es algo que se alcanza sino algo que se construye. Y en esa construcción, los momentos, los instantes, son las piezas. La felicidad supera al placer.

   ¿Y el tiempo? Nos quejamos del tiempo. Que nos asfixia, que nos ahoga; siempre queremos pararlo. Pero yo creo que es esa presión a la que nos somete el tiempo la que nos hace vivir determinados momentos con mayor intensidad y deleite, porque sabemos que tendrán fin y dejaremos de disfrutarlos. ¿A qué puede destinar Mikel Alvira tres minutos de su tiempo que le satisfaga de verdad, intensamente?

   Hay una lista enorme. Podría citar muchas acciones de tres minutos que me satisfacen enormemente. Si tengo que quedarme con algo, una conversación, aunque sea tan corta como de tres minutos.

    ¿Por qué es tan grande el deseo por lo prohibido, lo inalcanzable, lo imposible?

   Porque somos curiosos por naturaleza. La curiosidad nos ha hecho evolucionar como especie. Está ahí, en nuestros genes. Si además se es poeta como yo, permítaseme la broma, va con el oficio.

   Hay un momento en el que Beatriz afirma que los sentimientos pueden doblegarse. ¿Tú también lo crees? Porque yo tengo mis dudas…

   Sí, ya he dicho antes que creo que puede modificarse la conducta. Pueden anularse los sentimientos o crearse artificialmente. Con todo, ojalá viviéramos satisfechos con cómo los gestionamos. Para ello hacen falta altas dosis de madurez emocional y, desgraciadamente, eso ni se entrena ni se cultiva.

   ¡Qué difícil lo pones...! :)

   Hay mentiras que salvan vidas, que evitan males mayores, que provocan restablecimientos emocionales… Pero muchas personas no toleran una mentira, ni siquiera aquellas que llamamos «piadosas». ¿Mentir es pecado, Mikel? ¿Tú perdonarías más de una de las mentiras que afectan a los personajes y a la historia de «El color de las Mareas»?

    Lo del pecado tiene que ver con la tradición cristiana, que se ha basado en el miedo para imponer poder u controlar a las personas. La mentira es tan subjetiva como la verdad. ¿O es que existen verdades absolutas? Perdonar, sin embargo, es un acto sublime que nos dignifica como seres humanos.

   «La tristeza deriva en melancolía y, entonces, como versos malditos, las frases se vuelven profundas y hermosas y las manos crean al dictado de los latidos». ¿Ese estado emocional saca nuestra parte más filosófica, más trascendental? ¿Es en ese estado cuando más sentimos la necesidad de buscar el alma y el corazón de cuanto nos rodea, cuando se buscan porqués con mayor ahínco, cuando somos capaces de emanar poesía sin ser poetas?

    Yo no necesito de la tristeza para crear, para pensar, para reflexionar. Al contrario, la tristeza me paraliza. Sin embargo, confieso que cierta melancolía confiere una escenografía muy dramática para la creación.

   Por cierto, Mikel, ¿además de buen escritor, también eres poeta?

    Ante todo, poeta. Un poeta que escribe novelas. Un poeta que ama. Un poeta que cree. Un poeta que estudia, piensa, recita, duele, ríe, comparte. Sin el Mikel poeta, el Mikel novelista sería solo un contador de historias. Y no hablo de ser poeta como un tejedor de versos sino como alguien cuya actitud es la de encontrar claves para descifrar el mundo y las personas que lo sustentan.


   Después de leerte y, sobre todo, después de escucharte en esta charla no me cabe la menor duda.

   «Las fantasías precipitan estados de ánimo o manifestaciones corporales de la misma manera que las experiencias auténticas». ¿En qué medida vives, sientes o te emocionas con esa fantasía que supone la historia de una novela? ¿Has creado alguna de ellas de una manera particular o especial porque te hubiera gustado vivirla así?

    Quienes creamos, quienes escribimos, tenemos la oportunidad, como quienes leen, le vivir vidas ajenas. Eso es fascinante, sin duda. Yo hago ficción. No pretendo aleccionar ni sentar cátedra; no busco aleccionar ni enseñar. Si acaso, conmover. La ficción, que es la materialización de la fantasía, es una excusa perfecta para ello. Por eso no es tanto de qué habla la novela como de qué podemos hablar con la excusa de la novela.

   Cuánto me identifico con tus palabras, Mikel. «Conmover». Una de mis favoritas en relación con la literatura...
   Podría estar haciéndote preguntas hasta el día del Juicio Final, pero como no es cuestión de publicar una charla por entregas, acabo ya…
   Exprésame con —a lo sumo— tres palabras lo que ha supuesto para ti escribir esta historia.

    Riesgo, convicción, emoción.

   Mil gracias por aceptar mi invitación, Mikel, ha sido un auténtico placer escucharte, de verdad. Te deseo todo el éxito del mundo con estas mareas que, a mí al menos, me han conquistado totalmente.

   Mil gracias a ti. Charlas así son las que hacen que esto cobre sentido; si no, sería solo hacer libros.




25 jul 2016

CHARLA CON LA ESCRITORA MAYTE UCEDA.


Mayte Uceda (Asturias, 1967) publicó en 2013 su primera novela, Los Ángeles de La Torre, un romance con tintes paranormales que tuvo una excelente acogida entre los lectores. Su segunda novela, Un amor para Rebeca, que vio la luz en 2014, se mantuvo durante más de sesenta días consecutivos entre los diez e‐books más vendidos de Amazon y ha sido traducida al inglés y al alemán por AmazonCrossing. Después de vivir durante seis años en Madrid, regresa a su Asturias natal, donde vive actualmente con su marido y su hijo en un privilegiado enclave de la costa asturiana.


   Hola, Mayte, bienvenida a esta casa, todo un placer tenerte aquí!! 

   Quiero comenzar diciendo que ya hace al menos tres años que tu nombre empezó a serme familiar gracias a algunos amigos comunes que ambas teníamos en Facebook. Y comencé a saber de ti en esa etapa en que la llamada, por entonces, Generación Indi luchaba por hacerse un hueco en el mundo literario con la autopublicación de sus novelas en Amazon, ayudándose mutuamente para poder destacar entre los cientos y cientos de publicaciones que las editoriales convencionales vertían casi a diario en la plataforma. En aquel tiempo, la novela que tú tenías publicada era Los Ángeles de la Torre, pero fue con la llegada a Amazon de tu segunda novela, Un amor para Rebeca, cuando ya pude conocerte como escritora.
   Recuerdo que leí Un amor para Rebeca a finales de 2014, y me gustó, me gustó mucho. Y lo que también me agradó fue comprobar que por fin empezaba a romperse el tópico de la falta de calidad en la autoedición, como tanto se andaba predicando desde determinados sectores, porque, aunque no todo era bueno —efectivamente— , sí que empezaban a publicarse obras, como la tuya, que merecían ser leídas tanto como cualquier otra vendida en las librerías. Y la prueba está a la vista, yo creo que el tiempo nos ha dado la razón, porque "Un amor para Rebeca" lleva ya muchísimo tiempo en el Top 100 general de Amazon y en los primeros puestos del Top de su categoría, además de ser bestseller en digital en Alemania, ¿me equivoco?


   No te equivocas, y a día de hoy puedo decir que soy una autora con más lectores en Alemania que en España, algo que me apena en cierta manera porque te das cuenta de lo poco que se lee en España. En cuanto a la calidad de los libros autoeditados tengo que decir que ha mejorado mucho en los últimos dos años. Los autores se están esforzando bastante para ofrecer obras que puedan competir en un mercado que crece cada año. Cada vez se autoeditan más libros, y la única forma de sobresalir es ofreciendo un producto competente y de calidad.
 

   Te doy toda la razón. Y esa calidad, además, creo que debe estar presente en todos los aspectos de la novela, no solo en lo que hay entre sus tapas.
¿Sabes lo que llevo preguntándome a lo largo de todo este tiempo, al hilo de lo que estamos hablando? Cómo es posible que ante el éxito de crítica y de descargas que ha tenido Un amor para Rebeca desde que la publicaste, no haya habido ninguna editorial que la haya rescatado de ahí para editarla en papel y darle el lugar que merece. Aunque, bueno..., igual ha habido alguna oportunidad y yo no lo sé, jajaja.

   Vas bien encaminada. Hasta ahora ninguna editorial en España se ha interesado en publicarla, y no es algo que me inquiete o me moleste porque me gusta la autoedición y además conservo los derechos de la novela en español. Fue Amazon Publishing la que enseguida vio el potencial de la novela, y al mes de su publicación me ofreció la posibilidad de traducirla al inglés y al alemán. Y ya van más de 30.000 lectores, la mayoría en Alemania. Un amor para Rebeca es una novela que se desarrolla en Escocia, y coincidió, sin yo pretenderlo, con el lanzamiento televisivo de un viejo bestseller como es la saga “Outlander”, de Diana Gabaldón y que puso a Escocia de nuevo en el candelero. Parece ser que, de repente, todo el mundo quiere leer novelas ambientadas en las Highlands escocesas.

   Con lo cual, todavía me lo explico menos, porque esto también podría haberle servido a las editoriales como publicidad gratuita... En la red he podido leer que Planeta se puso en contacto contigo, precisamente, a raíz de haberte conocido por esta novela. Pero, por lo que acabas de decir, entiendo que tampoco este sello contempló en ningún momento la posibilidad de publicarla. ¿Tan importante era que la novela fuera inédita? Lo digo porque ambas sabemos que otras editoriales han apostado por novelas que ya habían sido publicadas en Amazon y estaban funcionando bien...

   Que tu novela se posicione en los primeros puestos de una plataforma como Amazon te da visibilidad, y no cabe duda de que las editoriales rastrean y conjugan datos. Si bien es cierto que Un amor para Rebeca me dio esa visibilidad, fue Los Ángeles de La Torre la que se estaba leyendo mi editor cuando contactó conmigo. Hablamos sobre nuevos proyectos, nunca sobre mis novelas ya publicadas. Querían un producto inédito, y se ofrecieron a valorar mi siguiente novela, de la que ya se habían leído el comienzo y un argumento detallado.

   Los Ángeles de la torre es una novela de fantasía juvenil. Con Un amor para Rebeca te pasas a la romántica adulta. Y en Alicia y el teorema de los monos infinitos (tú última novela publicada por Planeta) te sigues manteniendo en el género romántico pero con tintes de humor, con una forma de contar la historia más desenfadada y menos seria que en la anterior. ¿Crees que este pequeño cambio de registro hace que la novela se adapte a otro tipo de público lector? ¿O el lector de romántica lo suele ser en todas las variantes del género?
 

   No tengo claro si el lector de romántica lo es de todos los subgéneros. Yo como lectora sí lo soy, y puedo pasar de una novela ligera a una más profunda y sentimental. De todas formas, aunque Alicia y el teorema esté escrita de una forma más desenfadada, también tiene una carga importante de emociones, situaciones tensas y dramáticas, pero al estar narradas con cierto sentido del humor, el impacto en el lector es menor. Si yo te cuento que se murió mi gato Pinky, posiblemente te pongas triste, —si eres una de esas personas empáticas—, pero si te cuento que mi gato se murió porque vivía al límite y le encantaba mearse en la caseta del pitbull de mi vecino, el drama disminuye, la emoción se invierte.
 
   Eso es verdad. Incluso hay relatos escritos con una cierta ironía hilarante que sin embargo esconden un auténtico drama detrás. Pero escribirlos así tal vez permita al lector asimilarlos mejor.
   Hay una especie de "género" literario o estilo de novela que ha existido siempre, pero a la que ahora parece llamársele Feelgood (por esa manía que nos ha entrado de darle nombre a todo y catalogarlo todo), y que viene a significar, más o menos,que estamos ante una lectura de entretenimiento, ante una novela escrita para garantizar al lector un rato de placer, nada que lo atormente porque con la vida diaria ya tiene bastante. ¿Ha sido ese tu propósito a la hora de escribir esta novela con este estilo?
 

   Yo no me había planteado hacer una comedia. Fue a raíz de mi conversación con el editor cuando comencé a valorar darle un toque más ligero. No fue ni mucho menos una exigencia, al contrario, tenía plena libertad para escribir lo que quisiera. Tengo que decir que no sabía dónde me metía porque enseguida me di cuenta de que es más fácil hacer llorar que hacer reír. De todas formas, mi intención cuando escribo es siempre entretener al lector, que pase un rato agradable y, sobre todo, provocarle muchas emociones, me da igual si es risa, llanto, ganas de viajar a los lugares que describo o ganas de enamorarse, cualquier cosa menos indiferencia.

   Normalmente, cuando se escribe una novela que funciona, la tendencia parece ser la de continuar con el mismo género, el mismo tipo de historias, la misma estructura argumental..., porque se quiere ir a lo seguro. ¿Tú eres de las que arriesgan, Mayte? ¿O en realidad sabías que este pequeño cambio, en el fondo, era jugar sobre seguro? :)

   Me gusta demasiado experimentar. Estoy convencida de que puedo ser una autora versátil y adaptarme a distintos géneros, y creo que el lector que te sigue identifica tu estilo narrativo aunque cambies de registro. Si le gusta como escribes, te leerá. Soy de las que arriesgan porque creo más en las historias que en los géneros. Dame una buena historia y leeré cualquier género, ese es mi lema.


   Pues ya somos dos, jaja, cada vez llevo peor lo que catalogar las novelas dentro de un determinado género. Creo que se pierden lectores potenciales —y nos perdemos el leer buenas historias— por identificarlas con un patrón.
   Y hablando de patrones y de géneros... Hay una cuestión que yo siempre me planteo, aunque igual me equivoco. Si es así, tú me contradices y ya está, jaja.
   La dificultad a la hora de escribir una novela no siempre es fácil que el lector la aprecie. Es más, estoy por apostar a que hay géneros que tienden a valorarse más aunque las obras estén peor escritas, argumentadas o trabajadas; y en otros casos, ocurre al revés, no sé bien si es por una cuestión de prejuicios o por qué. "Alicia y el teorema de los monos infinitos" está muy, muy bien escrita, te felicito por ello. Y también está muy bien argumentada y desarrollada. Sin embargo, tengo la impresión de que el género y el estilo de novelas como esta tienden a valorarse (erróneamente en muchos casos) como "fáciles" y no se le da el aprecio que de verdad merecen en cuanto a calidad literaria; ya hemos visto la mala prensa que parece tener en algunos sectores el género romántico en general. ¿Tú te has planteado esto alguna vez y, sobre todo, a la hora de elegir un género para escribir? ¿O esta apreciación es solo figuración mía?
 

   Lamentablemente, no es figuración tuya, y me atrevo a decir que es una cuestión de ignorancia emocional al calificar de fáciles o sencillas las novelas que tienen un alto componente sentimental, es como trabajar en los barrios bajos de la literatura. Puede que el género fantástico o de ciencia ficción también esté denostado, pero nunca ha sido tan injuriado como la novela romántica.Las novelas románticas rebosan feminidad y eso se traduce injustamente como debilidad, incluso en la literatura. Escribir historias sobre hombres y mujeres que aman, que odian, que sueñan, que se equivocan, que crecen, que maduran, que se hacen más fuertes, que sobreviven al trauma, a la traición… Hay tantos sentimientos que mostrar, y hay un público tan amplio dispuesto a devorar esas historias que no puede ser considerado un objetivo pequeño, un género chico. Personalmente, escribo lo que me hace feliz, lo que me emociona, sin entrar en más valoraciones.

   Además de por lo que has dicho, esto que te he preguntado me lo he planteado especialmente con tu novela al ver el pedazo de trabajo de documentación que hay detrás de ella, en relación con los viñedos y el mundo del vino. Hay montones de frasecitas, dejadas caer como si tal cosa, que no se pueden escribir si antes no te has empapado a fondo de lo que estás diciendo. Me da la impresión de que hay muchísimas horas invertidas en esa labor de documentación que también se traduce en una ambientación excepcional. Y ahora yo te pregunto, Mayte, ¿los lectores (o la crítica, por llamarlo de alguna forma) están valorando este trabajo tan bien hecho por tu parte? Dime que sí, que me alegre, jaja.

   Creo que si no lo hubieran valorado no habría pasado el filtro editorial, así que, en ese sentido, mereció la pena la inversión de tiempo empleado en la documentación. Todo aquel que lea la historia de Alicia y sus monos se dará cuenta de que no solo es una historia de amor contada con un poco de gracia. Me esforcé mucho por crear el mundo de Alicia e integrar a todos los personajes en ese contexto entre viñedos, y además todo debía encajar de forma natural, sin grandes explicaciones sobre la elaboración del vino o sobre el mantenimiento de un viñedo que pudieran aburrir al lector. Acumulé muchos más datos de los que llegué a utilizar por considerarlos innecesarios, innecesarios para el lector, pero imprescindibles para hacer de Alicia una buena bodeguera. Hasta el momento, las críticas están siendo muy positivas.

   Esto que apuntas —de no dar grandes explicaciones— es todo un acierto. Hay novelas en las que parecen darse clases magistrales dentro de la narración, y esto no solo aburre al lector, es que puede resultar demasiado forzado. Tú consigues que la ambientación resulte de lo más natural, al igual que también consigues ese efecto con los personajes, bien construidos, bien perfilados. Hasta los secundarios tienen una personalidad definida. ¡¡Incluso el perro, que me ha encantado conocer!! :) La mala relación (aunque simpática) de Alicia con él me ha gustado, porque es un detalle más que muestra como con la protagonista rompes los esquemas. No intentas ponerla como ejemplar, sino con virtudes y defectos; te mantienes en un término medio, ni es la protagonista envidiable y admirada de muchas novelas, ni es la protagonista ñoña, insulsa y manipulable de otras tantas, por eso me ha gustado tanto, porque es de carne y hueso, y además, con vis cómica, como me gustan a mí :) ¿De dónde sale la inspiración o la idea para crear a Alicia?

   Quería una mujer corriente, esa fue la idea desde el principio y la base sobre la que cimentar la personalidad de Alicia. También quería que fuese fuerte y positiva, y que se tomara las adversidades como inevitables contratiempos de la vida, pero sin dramatismos. Me interesaba un tipo de mujer con quien fuera fácil identificarse, y que otras mujeres pudieran llegar a ponerse en su situación y reflexionar sobre qué harían ellas de estar en su lugar.

   ¿Mayte Uceda tiene el mismo sentido del humor que la protagonista? Yo siempre he pensado lo que tú apuntabas antes, que una novela "llorona" es más fácil de escribir que una de humor, porque el escritor o escritora que no sea ocurrente difícilmente puede escribir una novela entera con continuos detalles que hacen sonreír, si no reír, por lo que dicen los personajes o cómo lo dicen...
 

   Soy alegre por naturaleza, y valoro mucho la alegría y el optimismo en los demás.  Es cierto que en esta novela me he dejado llevar por mi propio sentido del humor, he sido más yo a la hora de narrar, pero para ello he tenido que hacer un ejercicio mental de liberación, en un sentido literario. Cuando empiezas a escribir, tienes miedo a innovar, a salirte de los límites establecidos, y eso coarta la espontaneidad y merma las posibilidades de encontrar tu propia voz. Por otro lado, hacer reír es infinitamente más difícil que hacer llorar, y tienes que poner a prueba el ingenio.

   ¿Y Dimitri y Natasha? ¿De dónde han salido? Me he hartado de reír con ellos, me recordaban a la pareja mayor de Escenas de matrimonio, jajaja. Muy conseguidos, todo un acierto.
 

   Estos dos personajes tienen que ver con lo que hablabas antes acerca de mantener la sonrisa en el lector durante toda la novela. A veces para conseguirlo se recurre a situaciones absurdas y descabelladas, otras veces ese efecto lo consiguen los diálogos y en otras ocasiones se recurre a personajes como Dimitri y Natasha. Al principio no tenía pensado que acompañaran a Alicia a lo largo de toda la novela, pero a medida que la iba escribiendo ellos mismos tomaron el mando y fue imposible dejarlos de lado.

   Pues me alegra que se hicieran valer, porque me han encantado :)
   En Alicia y el teorema de los monos infinitos hay humor —como ya hemos dicho—, amor, intriga, enredos... y escenas sensuales en la relación de los protagonistas, con detalles más o menos explícitos, que demuestran que se puede jugar con el sexo en la romántica narrándolo y describiéndolo con tacto, con gusto, con elegancia, sin ninguna necesidad de tener que prescindir de él como tampoco de ofrecerlo a manos llenas y de manera burda y gratuita, cosa que parece ser cada vez más frecuente dentro del género. ¿Se está yendo de madre el tema del erotismo en el género romántico, Mayte? (Si es que a muchas escenas se las puede catalogar como eróticas, claro...)
 

   En este sentido creo que la línea que separa la literatura erótica de la pornográfica se está diluyendo, y la diferencia entre las dos no solo radica en el nivel descriptivo de las escenas sexuales sino también en el vocabulario utilizado. Si a una descripción explícita de sexo, cargada de detalles, le añades un vocabulario obsceno, el erotismo se desvanece y deja paso a la pornografía. Y esta última no tiene nada de malo, pero muy pocas personas reconocerán que leen literatura pornográfica, así que el término «erótica» se ha generalizado. Pero lo cierto es que el sexo duro está muy presente en este tipo de libros. Yo he intentado leer unos cuantos, y solo he terminado dos o tres. En una escena de sexo me interesa más el intercambio de emociones que el de fluidos.
 

   Volvamos a la cuestión editorial, pero ahora, en el proceso de creación de esta novela.
   Planeta te solicitó, para leer, el primer capítulo de "Alicia..." y le gustó. Creo haberte escuchado decir que te comprometiste a escribir la novela en un plazo marcado (si no es así, me corriges), con los dedos cruzados para que les gustara :)
Hasta qué punto ha sido positivo o negativo escribir bajo presión (de tiempo o de deseo de que fuera lo que esperaban). ¿O acaso no la has sentido?
 

   No me impusieron ningún plazo, y yo tampoco me comprometí a ello. No recibí ninguna presión más allá de la autoimpuesta, es decir, la que yo ejercía sobre mí misma para no alargarme demasiado. Tardé ocho meses en terminarla y durante todo ese tiempo jamás recibí la más mínima presión. La única diferencia con mis otras novelas es que trabajé más horas al día. Si tengo que ser sincera, no sentí la presión por un posible rechazo. Me ilusionaba mucho que la aceptaran, eso sí, pero sabía que, si no lo hacían, la novela no se quedaría en un cajón.

   Una pregunta comprometida, tal vez, Mayte: ¿La novela que ha salido publicada es tal cual querías escribirla tú o has tenido que aceptar determinadas instrucciones de cara a lo comercial, que puede ser algo en lo que no se piensa a la hora de escribir y que en tu caso, sabiendo que su publicación estaba ya casi proyectada, podría tener más peso de lo habitual?

   La novela está prácticamente tal cual la escribí. Trabajamos de forma conjunta, como se suele hacer en estos casos, para pulirla de errores y mejorarla en lo posible, pero no hubo cambios significativos ni se me dio instrucciones de cara a que fuera más comercial. El equipo de correctores fue muy respetuoso y cualquier cambio, por pequeño que fuera, se consulta con el autor.  


   Que conste que aceptar las directrices de la editorial para modificar, incluir o eliminar según qué cosas no tiene por qué ser negativo, hay escritoras que me han confesado haber aprendido mucho con las directrices editoriales... Y si además es como tú apuntas, sin imposiciones y consensuando cualquier mínimo cambio con el autor, pues mejor aún.

   Claro, siempre hay algo que se puede mejorar, y cuando tienes a un equipo de expertos alrededor, la experiencia puede resultar muy provechosa. Yo en este sentido estaba muy abierta a realizar esos pequeños cambios, y ha resultado un trabajo muy útil.

   ¿Qué se gana y qué se pierde publicando con una grande como Planeta en lugar de autoeditar? ¿Todo son ventajas?


   Siempre me he sentido muy a gusto autopublicando, pero la publicación tradicional es muy tentadora y te ofrece una distribución en papel que de otra forma es imposible. Luego están las numerosas apariciones en los medios de comunicación, tanto en prensa escrita como en radio y que son de gran ayuda para que el autor se dé a conocer.  Esto es lo que se gana. Evidentemente, lo que se pierde es el control de la obra. Cuando autopublicas, tú tienes el control y los derechos de tu novela para hacer con ella lo que te plazca. Cada cosa tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Conozco bien el mundo de la autopublicación, y ahora estoy empezando a conocer el de la publicación tradicional. Vuelve a preguntarme esto dentro de un año y seguro que tendré más datos para hacer una comparación.

   Me apunto la sugerencia, jaja.
   Cambiando de tercio... ¿Por qué tendemos a buscar pareja a toda costa (sobre todo cuando ya hemos estado emparejados antes)? ¿Y por qué nos entra tanto miedo ante el amor ideal? :) ¿Tememos que se nos rompa en las manos, que sea un sueño y despertemos cuando menos lo esperamos..., o es que en el fondo tendemos a pensar que no existe?
 

   Tendemos a buscar pareja por miedo a la soledad, porque estamos enamorados del amor de película o novela, porque nos gusta compartir la vida con alguien, porque en el fondo, y aunque hayamos estado emparejados antes, estamos convencidos de que nuestra alma gemela nos espera en alguna parte, aunque muchas veces ese lugar es solo imaginario. Otras veces lo tenemos delante y entonces nos entra miedo o no somos capaces de reconocerlo. Cada vez nos cuesta más comprometernos, vivimos en una sociedad que se caracteriza por la exaltación del individualismo y por la pérdida de valores, y así es difícil ser generoso y dejar de mirarse el ombligo.

   Siempre se dice que el amor no tiene edad. Pero entonces, ¿por qué tememos tanto que "se nos pase el arroz"?, jajaja. ¿Damos por hecho que el físico, la atracción sexual... son una parte importante para comenzar una relación, para mantenerla...?

   En ese sentido, somos las mujeres las que sentimos esa presión a que se nos pase el arroz, porque la mayoría de nosotras desea ser madre y, nos guste o no, nuestra fertilidad es un ciclo biológico con fecha de caducidad. Es verdad que la ciencia puede alargar ese ciclo, y que la presión social, que hace cuarenta años se ejercía sobre mujeres de treinta, hoy se ejerce sobre las de cuarenta, pero hay límites que ni siquiera la ciencia aconseja rebasar. En cuanto al tema de la atracción sexual, es evidente que existe, y a eso nos referimos cuando hablamos del flechazo. Es un buen principio, pero luego hacen falta muchas más cosas para mantener viva esa atracción.  

   Y por último, Mayte, ¿dónde leíste lo del Teorema de los monos infinitos que da título a la novela?
 

   Tengo un libro sobre curiosidades de la ciencia que habla del teorema, pero nunca le había prestado demasiada atención. En una novela como la de Alicia y el teorema de los monos infinitos me pareció divertido sorprender al lector con algún dato real y gracioso, el teorema de Èmile Borelera perfecto, así como el Efecto Straisand, que es un fenómeno más reciente creado en Internet y que también se menciona en la novela.

   Muchas gracias por tu tiempo y por haberme acompañado. Te deseo todo el éxito del mundo.
   Hasta siempre.


11 ene 2016

CHARLA CON LA ESCRITORA MIREN E. PALACIOS.


Miren E. Palacios Villanueva. Nacida en Vitoria-Gasteiz. Graduada en Enfermería, Diplomada en Podología y en Gestión Sanitaria. Ha publicado el poemario Toma mi mano, Ed. Anubis, 2010; el estudio-ensayo Euskadi: Claro, gris y negro (Argia, grisa eta beltza), obra editada en bilingüe: castellano-euskera, Ed. Sepha, 2012; el poemario Toma mi mano, edición bilingüe: castellano-árabe, Ed. Dar-Al-Adham, 2012; y el poemario Más allá del interior, Ediciones Beta, 2013.
Se ha presentado a diferentes concursos de poesía y relatos, obteniendo diversos premios. Algunos de esos poemas y relatos han sido publicados, como el relato "Sabor a mango", presentado al V Premio Ediciones Beta de Relato Corto.
Ha colaborado en los actos de presentación de novelas y poemarios de varios escritores y ha sido pregonera en el XXVI Festival Cultural de los Pueblos 2011 (Laudio-Llodio).
En el año 2012, realiza el prólogo del libro Memorias de una prostituta, de Anne Smith (edición en portugués brasileño).
Ha formado parte del jurado del Concurso de Relatos 2013 de la Editorial Universo.
Ha participado: en el Día del Libro Solidario con el Alzheimer 2012, Salou (Tarragona); en el patrocinio y en la obra de relatos, Antología Solidaria “Un mañana para Alicia”, 2013; en la antología solidaria Cuentos por la vida: Antología todos con Idaira, 2014; en la obra de cuentos Once sueños en Navidad, cuentos infantiles, 2014.
Desde 2012 se hace cargo, a petición de la Universal Radio, de contactar, planificar, organizar y promover las entrevistas radiofónicas de ámbito cultural.
Es socia de la Asociación Artística Vizcaína.


   Hola, Miren, encantada de tenerte en casa y de poder charlar contigo de nuevo.

   Por si los lectores no lo saben, diremos que te conocí personalmente hace algunos años, cuando coincidimos en un encuentro de autores de Editorial Círculo Rojo y Anubis en El Ejido (Almería) y que fue sobre todo a partir de ahí cuando seguí tu trayectoria más de cerca, una trayectoria que comenzaste como poetisa. Sé que también has escrito relato, pero es ahora cuando has dado el salto a la narrativa de una forma más visible. ¿Por qué, Miren? ¿Cuál ha sido la causa? ¿La atracción por escribir novela, sin más, por escribir una historia más larga o ha sido el tema de fondo que querías poner sobre la mesa lo que te ha invitado a cambiar de género?


   Gracias Pilar por la deferencia y poder de nuevo estar cerca de ti.

   La poesía no la he dejado, continuo escribiendo poesía y relatos. El motivo de escribir una historia más larga responde a la imaginación, a las ideas que rondan en mi mente y a querer transmitir historias.

   ¿Y cómo ha sido la experiencia? ¿Más sencilla y fácil que escribir poesía?


   El camino es largo y positivo pero no está exento de riesgos. La experiencia ha sido y es satisfactoria. No podría catalogar escribir en un género u otro si es más sencillo o fácil, me inclino por decir que es diferente.


   Yo no veo fácil desarrollar toda una historia completa, toda una trama bien hilada a partir de una pequeña idea. Creo que una buena novela es mucho más que ponerse a escribir sin más dejando que la improvisación haga todo el trabajo. ¿Qué crees tú? ¿Qué consideras tú —ahora que ya te has adentrado en el género— que debe tener una novela para que sea buena, qué requisitos son para ti indispensables? Te lo pregunto como escritora, pero también como lectora, que al fin y al cabo es el paso previo a escribir.


   Estoy de acuerdo contigo, es complicado desarrollar e hilar las secuencias, hacer que la continuidad de la historia te atrape y te lleve de la mano hasta el final de la misma.
   Desde mi humilde opinión creo que una novela debe tener un argumento atractivo, novedoso y que diga algo que estimule al lector. No podemos olvidar que debe estar bien estructurada y por supuesto sin faltas ortográficas, ni de sintaxis.


   Una cuestión que a mí siempre me suscita curiosidad es de dónde parte la idea de fondo de una novela, por qué el autor —o autora— elige un determinado tema, o incluso un determinado aspecto, para centrar su novela en él. ¿Cómo elige Miren Palacios los temas en torno a los que escribe cada poema, cada relato o esta novela última que ahora estás promocionando?


   Observo mucho. La realidad de la vida está llena de vivencias y supera a la ficción con creces. Tengo ideas, intuiciones y motivaciones por desarrollar unas ideas u otras, a veces me atraen los acontecimientos o lo que nos atañe a nivel social, todo puede ser motivo de escribir o bien algunas líneas o unos versos. La historia pasada u otras civilizaciones también están en mi mente, me gusta curiosear, descubrir  y viajar.


   Coincido contigo en que la realidad de la vida es una fuente inagotable de ideas a partir de las que desarrollar un argumento. Incluso aunque la idea sea básicamente la misma, la forma de contarla y los matices pueden terminar creando novelas completamente distintas. Y ya he visto que esa realidad es la que sustenta la obra que ahora estás promocionando, Escalera de Damas, con una segunda edición ya en la calle, publicada con una editorial que ha confiado en ti y que está volcada con la novela. Y una verdadera gira promocional, la que estás haciendo, para darla a conocer y acercarla al público. Hablemos de ella, de sus entresijos y del tema en el que se centra. ¿Te parece?


   Me parece bien. Creo que es aclaratorio la síntesis de la novela.


   Lucía su protagonista es una mujer luchadora, valiente, humana y sensible. Sin embargo, las diferentes secuencias de su vida le van llevando a una espiral donde el desenfreno y el abismo juegan con la misma carta.
   Tras la dolorosa separación de su marido, Lucía se apoya en las mujeres que le rodean, acaba sus estudios, mejora su inglés… Esto le aporta confianza y le lleva a conocer a varios hombres con los que mantiene encuentros sexuales muy satisfactorios y desconocidos para ella.
   La trama nos descubre una serie de enredos donde el dolor, la amistad, el amor y el sexo, forman parte del argumento.
   Es una obra dedicada a las mujeres que sufren fracasos, desplazamientos, rupturas... A todas las que notan y palpan, como si fuera un desgarro, que esa pérdida inicial les lleva a otras muchas situaciones en donde la dualidad, el miedo y la confusión son los principales componentes.


   Lo que tú has expuesto es la sinopsis que aparece en la contraportada de la novela. En su prólogo dice que esta es una obra dedicada a las mujeres “entre los cuarenta y cincuenta años” que sienten fracasos, desplazamientos y rupturas. La primera pregunta que me asaltó cuando leí esto fue por qué esta horquilla de edad tan estrecha. También hay rupturas en mujeres con menor edad que ya tienen cierta madurez o que, aun siendo jóvenes, han tenido bastantes experiencias de vida que les lleva a tomar decisiones de peso. Y por supuesto, en mujeres que han superado la cincuentena. ¿Por qué la diriges especialmente a este público?


   Es una novela y elijes, es cómo por qué un asesinato, dos o tres, depende de cómo quieras generar la historia y la vida que le des a la misma.
   Cierto que hay rupturas en mujeres con menor edad que ya tienen cierta madurez o que, aun siendo jóvenes, han tenido bastantes experiencias de vida que les lleva a tomar decisiones de peso. Y por supuesto, en mujeres que han superado la cincuentena. Pero como creadora manejas los hilos y optas por lo que crees que puede ir mejor, la mayoría de las rupturas se dan pasados unos años de convivencia, las estadísticas en general hablan de eso.


   Lucía es la protagonista de “Escalera de Damas”, una novela que gira en torno al amor, a las relaciones de pareja, a las desavenencias dentro de ella y a lo que conlleva en la vida de una mujer el sufrir una ruptura amorosa tras años de convivencia, con todas las consecuencias que acarrea a nivel vital y emocional, y sobre todo, a esa necesidad de rehacer y replantear de nuevo la forma de vivir y de sentir tras acabar con un matrimonio que condiciona mucho más de lo que quisiéramos. Las comparativas con ella y con su forma de pensar y de sentir creo que son inevitables para quien la lea, y a mí —que no podía ser menos—, Lucía me ha suscitado muchas preguntas que voy a hacerte a ti, para que me las contestes en su nombre :)

   Hay una cuestión que Lucía se plantea a sí misma cuando se queda sola, y es si podría subsistir sin amor. A mí esto me lleva a algo que yo me he planteado también muchas veces: que tal vez uno de los aspectos más complicados de superar en una separación sea el de la dependencia emocional que hayamos podido adquirir a lo largo de nuestra relación, una dependencia emocional que, según las estadísticas, hace que la mujeres que ya han vivido en pareja tengan una mayor tendencia tras el divorcio a buscar una nueva pareja que aquellas otras que no han “disfrutado” de convivencia previa. ¿Qué siente Lucía en este sentido? ¿Y qué piensas tú con respecto a esto? ¿Tú también consideras que la convivencia nos puede llevar a depender emocionalmente de otra persona hasta ese punto? ¿O es la simple necesidad de amar y ser amado la que nos mueve?

   Lucía con ser un personaje ficticio parece que sea alguien que se le ha dado vida.
   No podemos olvidar que es ficción. Ella tiene dudas y se las plantea, le condiciona su formación, la época que le toco vivir, el motivo de esa ruptura, etcétera.
   Mi opinión es muy clara, existe dependencia hasta del móvil, ahora se es dependiente de casi todo. Creo que es lógico tener al menos durante un tiempo la dependencia emocional. Para amar de nuevo debes reponerte de las heridas y en este caso elevar la autoestima, difícilmente puedes amar si uno mismo se ve en el suelo. Es complicado contestar en plan escueto, considero que solo esta pregunta da para mucho más debate.


   Cierto. Creo que el amor y el amar y ser amado con todos los diferentes matices que envuelve a tal sentimiento da para hablar mucho, de él y de sus consecuencias, positivas o negativas. Ya hablaremos en otra ocasión :)
   Hay otra pregunta que también se hace Lucía y que a mí me suscita otra reflexión. Ella se pregunta: “¿Me veo con edad para algo nuevo?”.  Afrontar una ruptura y superarla puede ser algo que te venga impuesto —como una especie de obligación— cuando la relación se va a pique; yo la considero incluso una cuestión de supervivencia emocional, sobre todo si esa ruptura no la has buscado tú. Pero plantearte rehacer tu vida o no (en términos amorosos) ya es algo voluntario, una decisión muy libre y no impuesta. ¿Tú crees, Miren, en general, que rehacer o no tu vida en este sentido es realmente una cuestión de edad? ¿O depende en realidad del propio sentir de la mujer, de su madurez, de su seguridad en sí misma, de su autoestima…, de sus ganas de vivir en definitiva, o de la experiencia negativa que haya podido tener en la relación previa?


   No es una cuestión de edad rehacer o no tu vida, puede ser querer o no querer, o pueden influir las experiencias previas. Cada persona es un mundo y cada relación también.


   Yo considero que “Escalera de Damas” es una novela intimista. A lo largo de toda ella, y sobre todo en su primera mitad, se plasman muchos diálogos internos, reflexiones y divagaciones de la protagonista que reflejan incertidumbre y dudas sobre la situación por la que está pasando y sobre la propia capacidad de superación. No te limitas a contar los hechos que van pasando, sino que ahondas mucho en lo que pasa por la cabeza de Lucía. ¿Cuál ha sido tu intención real, de cara a las lectoras, profundizando tanto en todo esto? ¿Qué pretendías conseguir?


   Como bien dices en su primera mitad es intimista, sitúa la trama y el porqué de la misma. En alguna de tus preguntas lo has dejado reflejado, cada persona se identifica en algo, eso puede resultar positivo para los/as lectores/as.


   Entre tú y yo, Miren, ahora que no nos escucha nadie: ¿Qué es mejor: una ruptura de pareja con cuernos de fondo, o una ruptura por desavenencias conyugales que hacen imposible la convivencia? :)


   Teniendo en cuenta que no nos escucha nadie ni casi nadie nos lee, podría contestar de forma diplomática y decir que no hay diferencia y que no debiera existir como tal, pero eso no es real. El asunto cuernos se lleva fatal, puede pisar el orgullo y a veces puede ir acompañado del engaño y la hipocresía. Sin hacer diferencia entre sexos, esto es extrapolable al hombre o la mujer. En el caso de desavenencias conyugales que hacen imposible la convivencia, en ocasiones se resuelve aunque cueste con aquello de: existe incompatibilidad de caracteres. Como ruptura y duelo debiera ser el mismo, pero el daño a nivel íntimo muchas personas lo viven de forma diferente e inclusive lo llevan peor, eso de: me han dejado, se digiere mal.


   Yo también creo que los cuernos, irremediablemente, suponen un golpe bajo a la autoestima que cuesta superar :)
   Hay algo que a mí me ha resultado curioso en la historia de Lucía, y es que está hecha polvo por su ruptura de pareja, por su situación, por sus miedos personales, dolida por la manera en que la ha tratado Jon (no quiero hacer spam)… Sin embargo, no duda en ponerse en poco tiempo a buscar la forma de conocer a alguien, incluso acude a páginas de contactos. Explícame un poco esa aparente controversia (que apuesto a que no lo es).


   El caer en la misma piedra es muy común y cometer los mis errores también. A posteriori Lucía cree que eso no debía haberlo hecho así.


   En la novela aparecen distintos personajes secundarios, pero para Lucía, tal vez Lourdes, Maite o Andrea puedan ser de los más importantes. Hablo de sus amigas. ¿Qué papel juegan ellas en el trance por el que atraviesa Lucía? Y en general, Miren. ¿Qué papel juegan las amigas en general en los conflictos o las situaciones problemáticas que se dan en la vida de una mujer? Porque los hombres (corrígeme si mi impresión es errónea), ante situaciones como esta suelen ser más celosos de su intimidad, guardan sus preocupaciones y sus reflexiones para sí mismos y buscan a los amigos como evasión, más que como paños de lágrimas; pero las mujeres somos distintas, ¿o no?


   Juegan un papel significativo. Las amigas o los amigos de verdad tienen relevancia y son importantes en situaciones críticas. No hago diferencia entre sexos, creo que depende de quienes o cuales situaciones se producen, pueden responder o ser de un modo u otro, independientemente de hombre o mujer.


   Por cierto, todas las amigas de Lucía son ajenas a su ámbito laboral. Resulta curioso, porque es fácil tener buenas amigas en el trabajo, que es donde pasamos un buen puñado de horas diarias y, a veces, a lo largo de muchos años. ¿Hay alguna razón en especial, quiere mantener separados el ámbito personal del profesional…?


   Lucía tiene muchos cambios en el ámbito laboral, no siempre lo que parece es lo que parece sino lo que no parece. Se dan diferentes situaciones en empresas privadas o públicas. En el mundo laboral no todos o todas tienen estabilidad en el tiempo, ciudad o puesto de trabajo.


   A Lucía se le junta más de un varapalo en su vida y casi al mismo tiempo; suele decirse que las desgracias nunca vienen solas. No quiero mencionar expresamente cuáles son estos, porque no es cuestión de desvelar la trama. Pero al hilo de lo que ocurre (y de lo que pierde), me pregunto ¿hasta qué punto necesitamos apoyarnos en los demás para vivir y ser felices? ¿Hasta qué punto nos condiciona el aprender a vivir con determinados afectos que luego pueden perderse, dejándonos con una sensación como de orfandad que nos dificulta seguir caminando solos? ¿Cómo es Lucía en ese sentido?


   Bueno eso dependerá de cada uno, cada persona es un mundo, como ya he contestado con anterioridad. Creo que se debe leer la novela, no puedo ni debo describir más como es Lucía. Si se lee la entrevista en totalidad se saca bastante información.


   Te entiendo, por eso inicialmente te hacía la pregunta de forma genérica, referida a la manera en que esos afectos nos condicionan a todos, además de a Lucía. Pero dejemos pues que quienes nos lean contesten según su propio criterio :)
   A ver, Miren… Escalera de Damas es una novela actual. Con mujeres como protagonistas que ya han superado la barrera de los cuarenta…, como yo; dirigida, según hemos dicho antes, a mujeres que todavía no han superado los cincuenta…, como yo; que tienen una actividad profesional fuera de casa…, como yo; que se sienten libres y dispuestas a reemprender una nueva vida… como yo no, jaja; que les gusta viajar y conocer gente y que no solo están abiertas a la llegada de un nuevo amor, sino que además viven el sexo y lo practican de forma liberal, sin que tenga que mediar necesariamente un compromiso afectivo, ni siquiera un sentimiento de amor como tal… En definitiva, mujeres (sobre todo Lucía) actuales y modernas… ¡¿Por qué entonces le pesa tanto el “qué dirán”?! ¡¿Por qué se frena tantas veces planteándose lo que pensarán de ella por hacer tal o cual cosa?! ¿Tan importante es la opinión de los demás cuando una sabe lo que quiere y lo que desea? (Empecé esta charla diciendo que eran inevitables las comparativas, y como a mí en las decisiones importantes nunca me han influido la opinión de los demás y el qué dirán… :) ).


   Lucía no es como tú, ni como yo, ella se ha educado y criado muy diferente a ti y a mí y un medio distinto, aunque existan pasajes donde nos podamos identificar. Tiene prejuicios, pero…y  hasta ahí puedo decir.


   Sí, ya lo veo!! Creo que no nos parecemos en nada, ja, ja, ja!! Pero también está bien, así podemos tener una visión diferente de la vida y de las formas de afrontarla.
   En un pasaje de la novela, el narrador —refiriéndose a Lucía— dice: “Eso es lo que la hacía estar y sentirse divina y diferente, ser ella misma”. Ese “ser ella misma” es una especie de reivindicación que aparece, de una forma u otra, en distinto momentos de la novela. ¿Podríamos decir que es ese el “mensaje subliminal” que tú has querido transmitir con esta historia, la necesidad de autoimponernos el ser nosotras mismas y no permitir que nadie nos coarte esa libertad, y mucho menos nos corte las alas por el hecho de ser nuestra pareja?


   Exacto, ese es el mensaje, lo has captado muy bien.


   ¿Por qué “Escalera de Damas”? ¿Por qué ese título?


   Iba bien va con el argumento y el contenido.


   Y por último, Miren: ¿te han quedado ganas de seguir inmersa en la narrativa después de esta experiencia? ¿Habrá novelas nuevas?


   Me encuentro en plena promoción de Escalera de damas, lo primero es continuar en esta fase, todavía queda mucho recorrido. Después y cuándo haya cumplido con los compromisos existentes todo puede ser posible. Te soy sincera, Pilar, existen diferentes ideas y proyectos pero me tomo mi tiempo. Creo que los trabajos pausados y meditados pueden resultar más eficaces.


   Muchas gracias por todo Pilar, un lujo estar este rato en tu casa, ha sido un paseo muy placentero y delicado. 

   Un beso y hasta otro rato.

   Un placer también para mí. Hasta siempre y mucho éxito!



19 nov 2015

CHARLA CON EL ESCRITOR MIKEL ALVIRA.


 Mikel Alvira (Pamplona, 1969) desarrolla actualmente su faceta de novelista de la mano de la agencia literaria de Antonia Kerrigan Literary Agency, agente asimismo de María Dueñas, Ángela Becerra, Elvira Lindo, Víctor del Árbol y Ruiz Zafón, entre otros.
El 1 de julio de 2015, Ediciones-B editó LA NOVELA DE REBECA, una obra deconstruida, en apariencia negra sin serlo, un thriller trepidante sobre el concepto de escribir.
Mikel Alvira ha alternado durante años el aula (Universidad de Deusto y Enseñanzas Medias) con su vocación como  creador multidisciplinar. Dan demuestra de su inquietud sus manifestaciones plásticas, guiones y ensayos, y muy especialmente sus poemarios y novelas, entre ellas el best seller El silencio de las hayas.
Ha obtenido premios en el Concurso de Cartas de Amor de Barakaldo (2001) y el Premio de Relato No Sexista de Santurtzi con la novela “La Batea” (2003), así como en el Concurso Literario Restaurant Fogón Saint Julien de París (2006), con el relato “Eterno Ajoarriero Hereje”, publicado en el libro “Cuadernos del Fogón”.
El último galardón recibido ha sido el Premio HEMENDIK 2015 de las Letras por su contribución a la Cultura del Pais Vasco, por hacer que la creatividad vasca traspase fronteras y por hacer “que su sueño haga soñar a cuantos le leen”.
Toda su obra publicada puede verse en su WEB OFICIAL. 

  

   Durante la lectura de “La novela de Rebeca” fueron muchas las preguntas que asaltaron mi cabeza en relación con la novela en sí y también con su autor, Mikel Alvira. Nada me habría gustado más que asistir a algún encuentro con sus lectores, de los que me consta que ha tenido, pero como no me ha acompañado esa suerte, le propuse mantener esta charla a ver si satisfacía mi apremiante curiosidad :) Y el aceptó.

   Bienvenido a esta casa, Mikel, todo un placer para mí poder charlar contigo.


   Supongo que uno de los aspectos que más ha dado que hablar de la novela ha sido su estructura, y no solo porque exista una novela dentro de otra, sino también por la forma de jugar con todos los elementos que confluyen en ella: un escritor protagonista —Simón Lugar— que no se limita a escribir su propia novela, sino que filosofa y vierte preguntas propias de los escritores que muchos escritores se hacen; guiños literarios como comenzar cada uno de los capítulos de la misma forma en que Simón Lugar pretendía iniciar los de su novela; la mención a otras obras escritas por el protagonista y las vivencias de quienes han influido en su vida literaria y personal; la narración, con bastante detalle, de la novela de Simón, que nos permite seguir su trama con interés llevándonos a leer dos novelas en una y de géneros diferentes… Y todo ello con una alternancia de elementos que aparentemente no atiende a orden. Solo aparentemente.
   No voy a preguntarte cómo surge la idea de esta estructura, Mikel, sino por qué. ¿Qué razón motivó el hecho de crear una estructura tan compleja?

   Desde hace tiempo, me preocupan más ese tipo de cuestiones que las historias como tal. A ver, entendámoslo: creo que una buena historia es imprescindible para hilar una novela, pero no suficiente. Al menos, no suficiente para mí. Creo que hay que hacerse preguntas, plantearse retos y hacer del proceso creativo una búsqueda. En mi caso, La Novela de Rebeca responde a eso. Yo quería contar la historia de un escritor subyugado por su propia creación, pero, a la vez, quería indagar en la estructura-puzle. La han definido por ahí como “novela matriuska” y, en efecto, ése era el propósito. ¿Sería yo capaz de escribir una novela dentro de una novela y lograr que, a la vez, fuera atractiva? ¿Se pueden combinar dos voces narrativas, dos tiempos verbales, incluso dos grafías diferentes, sin hacer un libro de metaliteratura inasequible?

   Pues ya te respondo yo que sí, a la vista está, tú lo has hecho. Y esta forma tuya de implicarte en la creación de algo nuevo es lo que hace avanzar a la literatura, mantenerla viva alejándola de lo que, tarde o temprano, produciría algo de aburrimiento por esa falta de innovación. Afortunadamente, cada vez vamos encontrando más autores que se mueven en esa búsqueda y que da como resultado novelas que juegan con estructuras diferentes a las clásicas de siempre. Y no solo eso, también con esa  alternancia de voces narradoras distintas e incluso diferentes tiempos en la narración dentro de la misma novela, como tú bien refieres.
   A simple vista y según esto, pudiera parecer que todo vale, pero no es así. Yo creo que hay una delgada línea separando una estructura inteligente de una estructura ininteligible, que apunte al absurdo —por no decir que resulte caótica—. ¿Cuál es la clave, cuál es la consigna básica que hemos de tener presente y que no podemos obviar para evitar cruzar esa linde? Te lo pregunto porque después de haber escrito esto, tú tienes que saberlo, ja,ja,ja.

   Gracias. No creo que haya fórmulas mágicas ni recetas infalibles. Durante el proceso de creación de esta novela, pensé en más de una ocasión que se me estaba yendo la cabeza y que el resultado sería incomprensible. Luego me vi que no. Creo que pasé algunos de los mismo desiertos que pasa Simón Lugar, el protagonista. Ja.ja.ja.
   Al final, creo que hay que poner el foco en dos cuestiones: por un lado, que las novelas que tienen vocación de ser publicadas han de gustar; es decir, que quien la lee no tenga que hacer un esfuerzo de autoconvencimiento de manera que a cada página no haya de tener que darnos una nueva oportunidad. Por otro, que satisfaga las preguntas que nos hacemos como autores; esto es… yo me preguntaba a ver si sería capaz de manejar una estructura compleja para crear una novela legible, cercana, accesible. Me paraba cada poco para tomarme el pulso y preguntarme si lo estaba consiguiendo.


   Es que a priori podrían ser dos cosas no fácilmente compatibles, el hecho de gustar al lector y el de satisfacer lo que a uno le mueve como escritor. Parece que lo normal es que ambos objetivos estén aunados, pero yo creo que con más frecuencia de la que se piensa existe una cierta distancia entre ellos. Y decantarse por una u otra opción, o tratar de acercarlas lo más posible, puede resultar complicado. Vamos a hablar un poco de todo esto…
   La inteligencia y la exigencia son cualidades que pueden estar presentes en mayor o menor medida en todos los ámbitos, incluido el literario; espero que no se ofenda nadie si digo que hay tanto escritores como lectores más o menos inteligentes, a la vez que más o menos exigentes, aunque ambas cosas parecen ir ligadas. Yo tengo la impresión (admito réplicas) de que "La novela de Rebeca" es para lectores inteligentes (no personas inteligentes, sino lectores inteligentes, que no es lo mismo) y sobre todo, exigentes, y tiendo a pensar que esa exigencia podría volverse en contra de la novela si no está perfectamente construida. ¿Merecía la pena correr ese riesgo, Mikel? El riesgo de que, al publicarse, pudiera ser tan encumbrada como criticada, en función de la aceptación del lector.

   La exposición es parte de la publicación. Siempre, escribamos lo que escribamos, estamos expuestos a la crítica. No es algo que me preocupara cuando la estaba escribiendo. Sabía que llegaría el momento de la crítica; lo que no sospechaba era que ésta fuera tan unánime y tan benévola. Y es que, en efecto, como dices, es una novela para lectores inteligente; es decir, para gente que lee y no necesita que se le lleve de la mano y se le vaya explicando todo. Ésa era una de mis consignas. Después de varias novelas en las que, aunque también indagaba en diferentes estructuras (la coral de El Mar que te Debía o la paralela de Llegará la Lluvia), me apetecía dejar de contarlo todo y permitir que el lector participara en el proceso de creación de situaciones y personajes. Eso no significa que sea una novela elevada o inalcanzable; al revés, creo que la hace más fresca, más directa, más asequible. Al menos, eso dice la crítica, ja,ja,ja.

   Y quizás también más parecida a la vida real, donde nada es lineal, todas las “tramas”, las vidas, las historias están entrecruzadas, interaccionando unas con otras de forma espontánea sin aparente orden y, sobre todo, donde nada o casi nada es lo que en un principio parece, ¿no? Pero claro, en la vida real uno puede preguntar e investigar, aquí la información tienes que encontrarla entre las páginas de la novela, no hay más, y si el lector no consigue extraerla… 
   ¿Quién puede permitirse correr un mayor riesgo escribiendo este tipo de novela: un escritor poco conocido —pero que intenta hacer carrera literaria— que aún no vive de la escritura (profesionalmente se dedica a otra cosa), o un escritor con un bagaje literario a sus espaldas que lo avale, pero que depende del éxito de sus obras para seguir comiendo?

   No creo que dependa de eso sino de la actitud. El que no se arriesga no cruza la mar. Tanto uno como otro pueden tener factores que le empujen a lanzarse y romper la baraja como a acomodarse y no atreverse a innovar. En mi caso, es una cuestión de cómo me planteo el proceso creativo. Éste ha de ser audaz para que el resultado sea audaz; que de esa audacia surja algo comercial o no dependen muchos otros factores a parte de la novela como tal.

   Preveo tu respuesta por lo que acabas de decir, pero aún así te lo pregunto: ¿Cuál es tu prioridad, escribir lo que te apetece o lo que sabes de antemano que funcionará?

   El oficio nos va dando pista de qué es lo que no funcionará, pero nunca la certeza de lo que sí lo hará. En mi caso, escribo como sé y como soy. No me concibo como un autor que no ponga las tripas en lo que hace (las tripas y el pecho, que es donde residen las emociones). Es decir, no escribo solo con la cabeza. De ahí que me lance a escribir, a crear, siempre para responderme a preguntas, más allá de si va a ser comercial o no. Pensemos que creo mucho más de lo que muestro. Si hablamos de letras, escribo mucho más de lo que edito. Escribir es una herramienta para investigar. Luego basta elegir qué publicar de todo lo escrito.

   “Escribir es una herramienta para investigar”. Desde luego así es como más se aprende, haciendo incursiones por distintos caminos, sin limitarse a lo ya se domina...
   A ver, Mikel, permíteme que te haga una pregunta cuya respuesta admito que podría suscitar un cierto debate: ¿tú crees que los lectores, inconscientemente tal vez, están dispuestos a hacer un esfuerzo mayor por entender una novela cuando hay un escritor reconocido detrás? Me baso un poco en lo que yo llamo la Ley de las atribuciones, según la cual, partiendo de una misma novela —en este caso—, puede llegarse a conclusiones distintas según sea quien escribe: “La novela es un bodrio, no tiene ni pies ni cabeza” (cuando el escritor es desconocido y, por tanto, la implicación es menor por la desconfianza que nos provoca), o bien, “Es una buena novela, bien escrita, aunque a mí me ha costado un poco entrar en ella, entenderla.” (cuando hay un escritor de renombre detrás, o que sabemos que es bueno, al menos).

   La marca pesa siempre. Lo vemos en cualquier producto que haya en el mercado. También en este campo. Y no olvidemos que los libros son, además y quizás y sobre todo, productos que necesitan su marca, su sello editorial, su posicionamiento, su distribución. No cabe duda que en lo que dices hay mucho de descarnada realidad. Pero también lo es que el consumidor, en este caso el lector, es listo y sabe discernir. Ya nadie comulga con ruedas de molino. Somos exigentes y sabemos lo que nos gusta y lo que no. Prueba de ello es que hay “consagrados” de cualquier disciplina que se estrellan comercialmente con una creación y, al revés, sorpresas que da el mercado con superventas de gente desconocida. Creo que como consumidor hay que buscar siempre lo que nos emocione, más allá de si es complejo o no; y como creador, hay que buscar ser honesto con nuestras preguntas, más allá de si se es comercial o no.

   Volvamos a las complejidades. En “La novela de Rebeca” podemos hablar de metaliteratura en grado sumo. Haces referencia a otras obras literarias (aunque sean ficticias), hablas del proceso literario, de la creación de una novela, de escritura… Y echas mano de un recurso que ya hemos visto en otras obras y que ya he referido antes: el hecho de que el protagonista de tu novela esté escribiendo su propia novela. Pero tú vas todavía más allá, Mikel, tu rizas el rizo hasta hacer tirabuzones, ja,ja, porque además nos muestras la trama desarrollada de la novela que está escribiendo el protagonista (Simón Lugar) hasta el punto de intrigarnos e implicarnos en ella tanto o más que en la tuya propia, sin contar con que Rebeca, la protagonista de la novela de Simón, ¡también está escribiendo otra! ¡¡Vaya lío, ja,ja,ja!! A mí esto me ha sorprendido y me ha encantado (aunque haya tenido que hacer un esfuerzo inicial para saber en todo momento dónde estaba situada, en qué “subnivel” de la trama, para no liarme). Pero me pregunto cómo se escribe esto sin que se te hagan nudos con tanto hilo y sobre todo, sin que nada quede fuera de su lugar apropiado y forme un enredo en la mente del lector imposible de deshacer? ¿Como si estuvieras escribiendo dos novelas a la vez? No, dos no, ¿tres? :)

   He de ser sincero: no me costó separar en mi cabeza cada uno de los diferentes subniveles. Y eso que apenas tiré de anotaciones en libreta. La Novela de Rebeca surgió muy de golpe. Sí que la reflexión la tenía hecha y fue fruto de mucho tiempo, pero el proceso de escribirla no fue complicado. Reconozco que al principio sorprende y hace que el lector transite de una historia a otra sintiendo que no sabe a dónde va, pero ése era mi reto: sacarle de la jungla y llevarlo novela adelante hasta que comprobara que todo estaba planificado y bien ajustado. Ha sido un proceso creativo excitante, emocionante, divertido y con vértigo. ¿Qué más pedir como creador? Ja,ja,ja.


   ¿Ves? ¡Si cuando yo hablaba antes de escritores más o menos inteligentes era por algo! Y además disfrutas con un proceso de creación que satisface tus propias demandas como escritor… ¡Y encima el resultado gusta a los lectores…! No, definitivamente, no puedes pedir más, ja,ja,ja.
   Los escritores escriben sus novelas buscando la empatía y la complicidad de los lectores, intentando conseguir que estos se impliquen en la historia y se metan en la piel de los personajes. Pero esta novela —y esta es otra originalidad— tiene un doble público: los lectores y los escritores (estos últimos, doblemente, porque también son lectores). Y es así porque Simón Lugar (protagonista de la novela) se hace a sí mismo muchas preguntas que apuesto a que todos los escritores se han hecho alguna vez. ¿Todo es premeditado, Mikel, hay intencionalidad en este planteamiento de involucrar también a los escritores en la trama? ¿Qué has buscado con ello?

   Escribo para lectores. Que estos sean también escritores es pura coyuntura; hay lectores que son escritores como son de cualquier otra ocupación. No me planteé hacer metafísica ni un libro de estilo ni filosofía ni, como me ha dicho alguien, un libro de autoayuda para escritores atascados. En absoluto. Es una novela thriller para lectores que disfruten leyendo historias con intriga. No busco nada más que responderme a mis preguntas y acompañar a quien lee en sus ratos de lectura.


   Pues sin buscarlo, creo que estás consiguiendo que muchos escritores empaticen con el personaje de Simón por su condición de escritores (al menos, en cuanto a sus divagaciones), y no solo como lectores.
   Y hablando de filosofía, ahora que la mencionas… Conforme he ido leyendo “La novela de Rebeca” he ido encontrando muchas reflexiones integradas, en mayor o menos medida, en ella. A mí me han parecido reflexiones unas veces filosóficas, metafísicas, y otras tantas, originales, propias de una mente deductiva y sobre todo, entrenada para observar y darle un giro completo a muchos aspectos de la vida en general con el fin de analizarlos desde una óptica completamente distinta a la habitual. Y esto, claro, provoca en el lector un efecto impactante, incluso le obliga a detener la lectura porque lo descoloca (al menos a mí, que las perspectivas “anormales” me pierden, jaja). Yo te pregunto, Mikel: ¿qué ha sido primero, la novela o las frases? Me explico: ¿las reflexiones o afirmaciones de este tipo han surgido realmente a raíz de la narración? ¿O ya estaban en tu mente de forma previa y las has aportado para enriquecerla?


   Repito que, sin querer hacer filosofía ni querer ofrecer al público un libro para reflexionar, esta novela contiene, en efecto, muchas de las reflexiones que ya arrastraba yo desde hacía mucho tiempo. Si se echa un vistazo a novelas mías anteriores se verá que van muy en la línea de lo que yo siempre he pensado. Si se lee, por ejemplo, En la Tierra de los Nombres Propios, se encontrarán muchas ideas que vuelven a aparecer en La Novela de Rebeca. Lo mismo si se me sigue en redes sociales. Soy un ser muy reflexivo (a veces demasiado, ja,ja,ja) y es lógico que en mi literatura se destilen reflexiones. Algunas ya constantes y otras, como tú dices, que surgieron mientras avanzaba en la redacción. Con todo, repito que no es un libro de filosofía ni de autoayuda ni yo pretendo dar lecciones de nada.

   A mí tampoco me ha parecido de autoayuda, de hecho, muchas de las dudas o preguntas que Simón Lugar se hace a sí mismo quedan sin contestar. Ni que las reflexiones deriven en lecciones, tan solo atienden a una óptica diferente a la hora de analizar las cosas,  pero esa es mi impresión personal.
   Una de estas reflexiones dice: “Escribir o morir, y morir por no saber no escribir.” Esta última parte de la frase denota la pasión de los escritores de vocación, de los que sienten esa necesidad de escribir desde que tienen uso de razón y han de satisfacerla a pesar de los pesares, aunque en determinadas etapas, más que mieles se recoja sufrimiento por el hecho de escribir y querer compartir además lo que se escribe.
   A la vista del panorama actual, Mikel, yo me pregunto si todos los escritores actuales morirían por no escribir…, o quizás lo harían al no publicar. ¿Tú crees que, para muchos, el hecho de compartir lo que se escribe se ha convertido en algo más importante y pasional que el hecho en sí de escribir?


   No tengo ni idea de cuáles son las motivaciones, los desvelos, las pasiones o los fantasmas de otros escritores. Cualquier persona que cree algo se merece mi respeto. Si puede mostrar lo creado, muchas veces es cuestión de suerte. No sé si hay quien escribe solo por publicar o quien publicar es su meta. Para mí, no lo es. Quiero publicar, claro, porque es mi manera de divulgar y tender puentes; pero no es mi obsesión sino mi ilusión. Quizás sea una cosa solo de conceptos: tiendo a ilusionarme, no a obsesionarme. Lo que hagan los demás, ¿quién lo sabe?


   Tal vez quienes comparten con ellos su aventura literaria y se encuentran lo suficientemente cerca como para ser testigos de sus actos, confesiones, comentarios, deseos hechos públicos… :)
   Hay una cuestión que Simón Lugar se plantea en la novela y que suele estar presente en la carrera profesional de un escritor (apuesto a que provocándole cierta presión, en mayor o menor medida), y me refiero a la forma en que el éxito de una novela condiciona la siguiente, para bien o para mal. “La novela de Rebeca” está siendo un éxito (cualitativo, al menos; cuantitativo, no lo sé). ¿En qué medida te afecta esto de cara a la siguiente, Mikel? ¿En qué medida esto puede condicionar el tipo de novela, el género, el enfoque, la trama o los gustos personales o ajenos a la hora de escribir otra novela que querrás (supongo) ver publicada por una editorial que, a su vez, tendrá sus propias expectativas con respecto a ti?

   Es muy interesante lo que planteas. La Novela de Rebeca está siendo un éxito en todos los puntos, tanto aquí como en Latinoamérica. ¿Condicionar? ¡No! Al contrario, ilusionar y evolucionar. Nunca me he planteado cuestiones como dar con la piedra filosofal del éxito para poder hacer novelas como churros. Tampoco conseguir dormirme en los laureles. Siempre seguiré explorando, haciéndome preguntas y buscando cómo resolverlas. La edad, el oficio y el estar atento nos indica cómo sobrevivir en este mercado, pero a día de hoy estoy feliz y me siento más escritor que nunca. Todo es un regalo… y lo que haya de venir, también.


   Por cierto, Mikel —aunque esto no tenga nada que ver con lo que estamos hablando—, ¿te molestaría ponerte a firmar tu novela a una lectora en la cola del banco? :)

   Ja,ja,ja. En absoluto. Simón Lugar y yo solo nos parecemos en el hecho de que escribimos y escribimos para respondernos. En el resto, somos muy distintos; prácticamente opuestos. Su misantropía choca con mi necesidad de estar con gente. Una persona que lee mi libro se merece todo mi respeto y mi gratitud.


   A ver, esta es otra pregunta que podría conllevar una respuesta “políticamente incorrecta”, pero aún así, yo la formulo :). ¿Te mueves por las redes sociales por el placer de interactuar con tus lectores, o porque estimas que hoy en día es imprescindible para ayudar a darle visibilidad a una obra literaria? Me consta que hay de todo en este mundillo literario (incluso quienes disponen de “Community manager”). A mí, personalmente, ambas opciones me parecen respetables, aunque una me guste más que la otra, claro.

   Mis redes las mantengo yo y me muevo por ellas antes incluso del éxito de Rebeca, con todas las reservas respecto a la palabra “éxito”. Lo que me proporcionan las redes es visibilidad pero, sobre todo, accesibilidad. Me encanta recibir fotos de lectores o lectoras con la novela, de escaparates, de páginas subrayadas… Me gusta quien se me acerca y me pregunta, me comenta, me solicita. No me concibo como un escritor en su torre de marfil. De lo que hagan los demás no cuestiono nada porque cada cual usa estas herramientas como quiere y para lo que quiere.

   ¡Pues esa era la opción que más me gusta a mí, ja,ja,ja, la que nos permite acercarnos al autor de una obra para poder saber un poco más, como estoy haciendo yo ahora!
   Bajo tu punto de vista, Mikel, ¿el éxito de “La novela de Rebeca” está en la historia (o historias) que cuenta, en la originalidad de su estructura, o en la originalidad de su trama? ¿O en todo unido? ¿Qué es lo que crees que puede haber llamado más la atención del lector? ¿Y de la editorial?
   Tengo que decirte que anoté esta pregunta antes de leer una afirmación de Simón Lugar que comparto: “La historia es secundaria. Lo que cuenta es cómo hacemos esa historia”, y que me ha venido como anillo al dedo para preguntártelo a ti ahora, porque creo que incluso las editoriales, cuando hablan de buscar algo que les sorprenda, no se refieren solo al fondo, sino también a la forma.


   El día que lo sepa quizás deje de escribir. Ja,ja,ja. No sé. Supongo que es una combinación de todo ello. Mira, recibo muchas cartas de lectores y veo que a cada persona le llega esta novela por una razón distinta. Para mí, eso es estupendo porque demuestra que la creatividad tiene consecuencias imprevistas.

   Yo suelo decir que los escritores son como los actores, para dar vida a un personaje tienen que meterse en su piel, “vivir” lo que ellos viven y “sentir” lo que ellos sienten, sobre todo cuando hay implicaciones sentimentales y emocionales en la historia que protagonizan. Simón Lugar es un personaje perfectamente construido y perfilado (la verdad es que todos lo son, hasta los secundarios), pero es un escritor, al igual que tú. ¿Hasta qué punto has necesitado meterte en su piel para escribir la novela? ¿O te ha resultado suficiente escribir desde la tuya para darle vida?

   En efecto, es necesario meterse en la piel de los personajes. Pero, ojo, eso no significa que estos sean nuestro alter-ego. Suelo decir que hay tanto de mí (mucho o poco) en Simón Lugar como en Rebeca. De todas formas, aunque sea necesario meterse en la piel, no hay que obsesionarse en ello. Creo que lo importante es meterse en las emociones, imaginárselas, proyectarlas. Si fuera una condición indispensable, sería imposible escribir ciencia ficción o novela histórica porque un escritor nunca podrá estar en el año 2090 o en las Navas de Tolosa en el 1512.

   En un pasaje de la novela plasmas cómo pequeños actos de la vida, realizados sin intención alguna, pueden sin embargo hacer que ésta experimente un giro radical. Unos le llaman “casualidad”; otros, “golpes de suerte”; otros, “malas jugadas del destino”… ¿Tú crees en las casualidades, Mikel? ¿Alguna casualidad —o como quieras llamarle— te ha impulsado o te ha frenado en tu carrera de escritor?

   Creo que somos nosotros, con nuestra actitud, quienes invocamos. ¿Suerte? No sé. ¿Casualidades? Pienso que todo está hilado y sucede por algo. En mi caso, soy de ver la botella medio llena, siempre. No sirve de mucho lamentarse ni quejarse, sino más bien ponerse en marcha y encarar la vida. Al final, quizás todo lo que nos suceda en la vida sea una casualidad.


   Coincidimos en esa forma de pensar, yo también creo que todo lo importante sucede por algo.
   Apenas hemos hablado del fondo, de las diferentes historias que se cuentan en la novela (de géneros literarios distintos, por cierto), tal vez porque creo que estas referencias son las que más fácilmente pueden encontrarse en las reseñas y críticas que van saliendo en la blogosfera y otras páginas webs. Y tampoco quiero hablar del final. Porque a mí me dejó tan descolocada y con los ojos tan a cuadros que prefiero no destripar nada, solo diré que es redondo, un broche de oro muy acorde al estilo de la novela. Pero hablando de historias y de finales, sí quiero hacerte una última pregunta, Mikel, o mejor, pedirte que hagas tu elección:
   ¿Una historia brillante con un final mediocre, o una historia mediocre con un final brillante?


   ¿Y por qué tener que elegir? Ja,ja,ja. ¿Por qué no una buena historia con un final redondo? Una mala historia puede hacer que le lector ni siquiera llegue al final por muy brillante que sea éste; un mal final puede echar por tierra un proceso de lectura. Quedémonos con la idea de que lo bueno siempre es posible.


   Claro, esa es opción ideal pero no siempre se da, ja,ja,ja. Esta pregunta iba dirigida más a la faceta de lector que a la de escritor, porque, obviamente, un escritor siempre intentará que la novela sea redonda de principio a fin, con independencia de que al final lo termine consiguiendo o no.


   Muchas gracias, Mikel, por mantener esta charla conmigo y felicidades por la novela. Te deseo todo el éxito que merece.

Lecturas 2018.

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