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14 nov 2016

"LA MIRADA DE CHAPMAN" de Pere Cervantes.



SINOPSIS
Dos años después del suceso de la asesina en serie de ancianas en Menorca, la oficial de policía María Médem y el inspector jefe Roberto Rial vuelven a encontrarse. En esta ocasión el motivo es el atroz asesinato del hijo de un reconocido editor y de otros miembros que participan en la primera Semana Negra que tiene lugar en la idílica Ciutadella.
En paralelo a la investigación, María Médem libra una batalla tan encarnizada como cruel por la custodia de su hijo, Hugo. Por su parte, Roberto Rial tiene que vérselas con una noble madrileña arrogante y poderosa que le conmina a olvidarse de la exhumación de un cadáver a cambio de una suculenta cantidad de dinero, mientras que la última foto de John Lennon poco antes de morir a manos de Mark David Chapman cambiará su vida para siempre. La melancolía de un faro, el culto a las piedras infinitas e incorruptibles que caracterizan la isla de Ciutadella, su vegetación verde y el frío viento del norte con sus murmullos enloquecidos, son el escenario en que Médem y Rial acabarán por hallar la ciudad sumergida que todos llevamos dentro.


   Debo reconocer que no soy asidua lectora de novela negra. Es más, llevaba muchos años sin leer nada del género, por mi afición, mucho más arraigada de un tiempo a esta parte, a la novela intimista, a las historias emocionales y, en general, a la Ficción contemporánea en la que busco de fondo, a ser posible, un poco de reflexión y de filosofía de vida. Pero gracias al influjo de mi querida amiga y escritora María José Moreno (que cada día está más «negra», jaja) he ido adentrándome en el género dejándome llevar por sus recomendaciones, y así es como «La mirada de Chapman», de Pere Cervantes, cayó en mis manos.

   No suelo comentar todas mis lecturas, no es este un blog de reseñas, pero hay veces en que una novela suscita en mí la necesidad de hablar de ella, aunque sea de forma escueta, bien por su calidad, por el remolino de emociones que haya podido despertar en mí, por haberme hecho reflexionar en relación al tema que da base a la novela o al punto de vista bajo el que lo trata, o tal vez, como ha ocurrido en ese caso y entre otras cosas, por la capacidad de su autor de agarrarme por las solapas y mantenerme pegada a sus páginas como una lapa, ansiosa por seguir leyendo y graznando, más que de costumbre, por las obligaciones personales que me apartaban de ella.

   No voy a hablar de su trama, no voy a ampliarla más de lo que ya cuenta la propia sinopsis. Lo que sí diré es que su pareja de protagonistas, Roberto Rial y María Médem, ya se dieron a conocer en una novela anterior («No nos dejan ser niños») que yo no había leído. En esta novela continúan con esa historia personal y en común que ya arrastraban de la historia anterior; sin embargo (y aunque a mí me pusieron en antecedentes cuando conocí este detalle allá por la página cien), he de incidir en que no es estrictamente necesario haber leído la novela anterior para entender el hilo que une a los personajes, porque el autor ofrece en esta entrega las suficientes referencias a lo ya vivido como para situarnos y evitar que nos perdamos en el camino, así es que puede leerse de manera independiente, lo cual me parece un gran acierto.

   Juega Pere Cervantes con una trama muy bien hilada de principio a fin, haciendo del mundo literario el escenario en el que se desarrollan los asesinatos que protagonizan la novela. No hay paja. En cada una de sus casi cuatrocientas páginas, el autor nos va ofreciendo datos y detalles que relían la madeja para irla desgranando luego con total maestría, acaparando nuestra atención por completo en ese intento de adivinar lo que está sucediendo y a manos de quien, amén de la originalidad en su planteamiento, que también supone un atractivo adicional que nos invita a seguir leyendo. Pero no son solo estos aspectos los que me llevan a decir que me ha encantado la novela, han sido algunos más:

   Me han gustado esas historias personales que se alejan del «meollo negro» de la trama para hacernos ver que también los policías tienen vida propia, normal y corriente como la de todo hijo de vecino, con sus problemas de conciliación familiar, maritales o sentimentales, alejándonos de la imagen típica del policía o de la policía, solitarios y aferrados al trabajo como a una tabla de salvación, que se ofrecen en otras muchas novelas del género. Historias personales que, además de convertirlos en mucho más reales, cuentan con atractivo propio y que me han parecido como pequeñas islas dentro de ese mar negro que supone la trama principal.

   Me han gustado especialmente esas referencias críticas de Pere Cervantes, concisas pero directas y certeras, a determinadas cuestiones de moralidad, al sistema judicial, a la Administración pública y gubernamental en relación con al ámbito policial, y a algunas prácticas habituales en el mundillo literario a manos de editores, agentes, escritores e incluso lectores que no son, digamos, demasiado loables, pero que por desgracia están ahí.  

   Me ha gustado su narrativa. Ágil, fluida, clara, directa, con un ritmo constante que no decae en ningún momento a lo largo de la novela. Y su forma de estructurar y desarrollar la trama para mantener la tensión y la atención constante en todas sus páginas.

   Y me han gustado sus personajes, tanto los principales como los secundarios. Bien perfilados, profundos, coherentes, reales y, en el caso de los protagonistas, sobre todo, nada lineales, no planos, sino sujetos a una evolución que se hace patente conforme avanza la historia.

   «La mirada de Chapman» me ha durado un par de días, sin leer a plano rendimiento. Es una novela adictiva, por el fondo y por la forma en que está escrita, con una trama muy atractiva y muy bien desarrollada como argumento principal al que acompañan otros hilos secundarios que, no por ello, dejan de resultar atrayentes al lector, y con personajes muy potentes de los que a mí, personalmente, me gustaría seguir sabiendo.

   ¿La recomiendo? Creo que está clara la respuesta, ¿no? :)



19 nov 2015

CHARLA CON EL ESCRITOR MIKEL ALVIRA.


 Mikel Alvira (Pamplona, 1969) desarrolla actualmente su faceta de novelista de la mano de la agencia literaria de Antonia Kerrigan Literary Agency, agente asimismo de María Dueñas, Ángela Becerra, Elvira Lindo, Víctor del Árbol y Ruiz Zafón, entre otros.
El 1 de julio de 2015, Ediciones-B editó LA NOVELA DE REBECA, una obra deconstruida, en apariencia negra sin serlo, un thriller trepidante sobre el concepto de escribir.
Mikel Alvira ha alternado durante años el aula (Universidad de Deusto y Enseñanzas Medias) con su vocación como  creador multidisciplinar. Dan demuestra de su inquietud sus manifestaciones plásticas, guiones y ensayos, y muy especialmente sus poemarios y novelas, entre ellas el best seller El silencio de las hayas.
Ha obtenido premios en el Concurso de Cartas de Amor de Barakaldo (2001) y el Premio de Relato No Sexista de Santurtzi con la novela “La Batea” (2003), así como en el Concurso Literario Restaurant Fogón Saint Julien de París (2006), con el relato “Eterno Ajoarriero Hereje”, publicado en el libro “Cuadernos del Fogón”.
El último galardón recibido ha sido el Premio HEMENDIK 2015 de las Letras por su contribución a la Cultura del Pais Vasco, por hacer que la creatividad vasca traspase fronteras y por hacer “que su sueño haga soñar a cuantos le leen”.
Toda su obra publicada puede verse en su WEB OFICIAL. 

  

   Durante la lectura de “La novela de Rebeca” fueron muchas las preguntas que asaltaron mi cabeza en relación con la novela en sí y también con su autor, Mikel Alvira. Nada me habría gustado más que asistir a algún encuentro con sus lectores, de los que me consta que ha tenido, pero como no me ha acompañado esa suerte, le propuse mantener esta charla a ver si satisfacía mi apremiante curiosidad :) Y el aceptó.

   Bienvenido a esta casa, Mikel, todo un placer para mí poder charlar contigo.


   Supongo que uno de los aspectos que más ha dado que hablar de la novela ha sido su estructura, y no solo porque exista una novela dentro de otra, sino también por la forma de jugar con todos los elementos que confluyen en ella: un escritor protagonista —Simón Lugar— que no se limita a escribir su propia novela, sino que filosofa y vierte preguntas propias de los escritores que muchos escritores se hacen; guiños literarios como comenzar cada uno de los capítulos de la misma forma en que Simón Lugar pretendía iniciar los de su novela; la mención a otras obras escritas por el protagonista y las vivencias de quienes han influido en su vida literaria y personal; la narración, con bastante detalle, de la novela de Simón, que nos permite seguir su trama con interés llevándonos a leer dos novelas en una y de géneros diferentes… Y todo ello con una alternancia de elementos que aparentemente no atiende a orden. Solo aparentemente.
   No voy a preguntarte cómo surge la idea de esta estructura, Mikel, sino por qué. ¿Qué razón motivó el hecho de crear una estructura tan compleja?

   Desde hace tiempo, me preocupan más ese tipo de cuestiones que las historias como tal. A ver, entendámoslo: creo que una buena historia es imprescindible para hilar una novela, pero no suficiente. Al menos, no suficiente para mí. Creo que hay que hacerse preguntas, plantearse retos y hacer del proceso creativo una búsqueda. En mi caso, La Novela de Rebeca responde a eso. Yo quería contar la historia de un escritor subyugado por su propia creación, pero, a la vez, quería indagar en la estructura-puzle. La han definido por ahí como “novela matriuska” y, en efecto, ése era el propósito. ¿Sería yo capaz de escribir una novela dentro de una novela y lograr que, a la vez, fuera atractiva? ¿Se pueden combinar dos voces narrativas, dos tiempos verbales, incluso dos grafías diferentes, sin hacer un libro de metaliteratura inasequible?

   Pues ya te respondo yo que sí, a la vista está, tú lo has hecho. Y esta forma tuya de implicarte en la creación de algo nuevo es lo que hace avanzar a la literatura, mantenerla viva alejándola de lo que, tarde o temprano, produciría algo de aburrimiento por esa falta de innovación. Afortunadamente, cada vez vamos encontrando más autores que se mueven en esa búsqueda y que da como resultado novelas que juegan con estructuras diferentes a las clásicas de siempre. Y no solo eso, también con esa  alternancia de voces narradoras distintas e incluso diferentes tiempos en la narración dentro de la misma novela, como tú bien refieres.
   A simple vista y según esto, pudiera parecer que todo vale, pero no es así. Yo creo que hay una delgada línea separando una estructura inteligente de una estructura ininteligible, que apunte al absurdo —por no decir que resulte caótica—. ¿Cuál es la clave, cuál es la consigna básica que hemos de tener presente y que no podemos obviar para evitar cruzar esa linde? Te lo pregunto porque después de haber escrito esto, tú tienes que saberlo, ja,ja,ja.

   Gracias. No creo que haya fórmulas mágicas ni recetas infalibles. Durante el proceso de creación de esta novela, pensé en más de una ocasión que se me estaba yendo la cabeza y que el resultado sería incomprensible. Luego me vi que no. Creo que pasé algunos de los mismo desiertos que pasa Simón Lugar, el protagonista. Ja.ja.ja.
   Al final, creo que hay que poner el foco en dos cuestiones: por un lado, que las novelas que tienen vocación de ser publicadas han de gustar; es decir, que quien la lee no tenga que hacer un esfuerzo de autoconvencimiento de manera que a cada página no haya de tener que darnos una nueva oportunidad. Por otro, que satisfaga las preguntas que nos hacemos como autores; esto es… yo me preguntaba a ver si sería capaz de manejar una estructura compleja para crear una novela legible, cercana, accesible. Me paraba cada poco para tomarme el pulso y preguntarme si lo estaba consiguiendo.


   Es que a priori podrían ser dos cosas no fácilmente compatibles, el hecho de gustar al lector y el de satisfacer lo que a uno le mueve como escritor. Parece que lo normal es que ambos objetivos estén aunados, pero yo creo que con más frecuencia de la que se piensa existe una cierta distancia entre ellos. Y decantarse por una u otra opción, o tratar de acercarlas lo más posible, puede resultar complicado. Vamos a hablar un poco de todo esto…
   La inteligencia y la exigencia son cualidades que pueden estar presentes en mayor o menor medida en todos los ámbitos, incluido el literario; espero que no se ofenda nadie si digo que hay tanto escritores como lectores más o menos inteligentes, a la vez que más o menos exigentes, aunque ambas cosas parecen ir ligadas. Yo tengo la impresión (admito réplicas) de que "La novela de Rebeca" es para lectores inteligentes (no personas inteligentes, sino lectores inteligentes, que no es lo mismo) y sobre todo, exigentes, y tiendo a pensar que esa exigencia podría volverse en contra de la novela si no está perfectamente construida. ¿Merecía la pena correr ese riesgo, Mikel? El riesgo de que, al publicarse, pudiera ser tan encumbrada como criticada, en función de la aceptación del lector.

   La exposición es parte de la publicación. Siempre, escribamos lo que escribamos, estamos expuestos a la crítica. No es algo que me preocupara cuando la estaba escribiendo. Sabía que llegaría el momento de la crítica; lo que no sospechaba era que ésta fuera tan unánime y tan benévola. Y es que, en efecto, como dices, es una novela para lectores inteligente; es decir, para gente que lee y no necesita que se le lleve de la mano y se le vaya explicando todo. Ésa era una de mis consignas. Después de varias novelas en las que, aunque también indagaba en diferentes estructuras (la coral de El Mar que te Debía o la paralela de Llegará la Lluvia), me apetecía dejar de contarlo todo y permitir que el lector participara en el proceso de creación de situaciones y personajes. Eso no significa que sea una novela elevada o inalcanzable; al revés, creo que la hace más fresca, más directa, más asequible. Al menos, eso dice la crítica, ja,ja,ja.

   Y quizás también más parecida a la vida real, donde nada es lineal, todas las “tramas”, las vidas, las historias están entrecruzadas, interaccionando unas con otras de forma espontánea sin aparente orden y, sobre todo, donde nada o casi nada es lo que en un principio parece, ¿no? Pero claro, en la vida real uno puede preguntar e investigar, aquí la información tienes que encontrarla entre las páginas de la novela, no hay más, y si el lector no consigue extraerla… 
   ¿Quién puede permitirse correr un mayor riesgo escribiendo este tipo de novela: un escritor poco conocido —pero que intenta hacer carrera literaria— que aún no vive de la escritura (profesionalmente se dedica a otra cosa), o un escritor con un bagaje literario a sus espaldas que lo avale, pero que depende del éxito de sus obras para seguir comiendo?

   No creo que dependa de eso sino de la actitud. El que no se arriesga no cruza la mar. Tanto uno como otro pueden tener factores que le empujen a lanzarse y romper la baraja como a acomodarse y no atreverse a innovar. En mi caso, es una cuestión de cómo me planteo el proceso creativo. Éste ha de ser audaz para que el resultado sea audaz; que de esa audacia surja algo comercial o no dependen muchos otros factores a parte de la novela como tal.

   Preveo tu respuesta por lo que acabas de decir, pero aún así te lo pregunto: ¿Cuál es tu prioridad, escribir lo que te apetece o lo que sabes de antemano que funcionará?

   El oficio nos va dando pista de qué es lo que no funcionará, pero nunca la certeza de lo que sí lo hará. En mi caso, escribo como sé y como soy. No me concibo como un autor que no ponga las tripas en lo que hace (las tripas y el pecho, que es donde residen las emociones). Es decir, no escribo solo con la cabeza. De ahí que me lance a escribir, a crear, siempre para responderme a preguntas, más allá de si va a ser comercial o no. Pensemos que creo mucho más de lo que muestro. Si hablamos de letras, escribo mucho más de lo que edito. Escribir es una herramienta para investigar. Luego basta elegir qué publicar de todo lo escrito.

   “Escribir es una herramienta para investigar”. Desde luego así es como más se aprende, haciendo incursiones por distintos caminos, sin limitarse a lo ya se domina...
   A ver, Mikel, permíteme que te haga una pregunta cuya respuesta admito que podría suscitar un cierto debate: ¿tú crees que los lectores, inconscientemente tal vez, están dispuestos a hacer un esfuerzo mayor por entender una novela cuando hay un escritor reconocido detrás? Me baso un poco en lo que yo llamo la Ley de las atribuciones, según la cual, partiendo de una misma novela —en este caso—, puede llegarse a conclusiones distintas según sea quien escribe: “La novela es un bodrio, no tiene ni pies ni cabeza” (cuando el escritor es desconocido y, por tanto, la implicación es menor por la desconfianza que nos provoca), o bien, “Es una buena novela, bien escrita, aunque a mí me ha costado un poco entrar en ella, entenderla.” (cuando hay un escritor de renombre detrás, o que sabemos que es bueno, al menos).

   La marca pesa siempre. Lo vemos en cualquier producto que haya en el mercado. También en este campo. Y no olvidemos que los libros son, además y quizás y sobre todo, productos que necesitan su marca, su sello editorial, su posicionamiento, su distribución. No cabe duda que en lo que dices hay mucho de descarnada realidad. Pero también lo es que el consumidor, en este caso el lector, es listo y sabe discernir. Ya nadie comulga con ruedas de molino. Somos exigentes y sabemos lo que nos gusta y lo que no. Prueba de ello es que hay “consagrados” de cualquier disciplina que se estrellan comercialmente con una creación y, al revés, sorpresas que da el mercado con superventas de gente desconocida. Creo que como consumidor hay que buscar siempre lo que nos emocione, más allá de si es complejo o no; y como creador, hay que buscar ser honesto con nuestras preguntas, más allá de si se es comercial o no.

   Volvamos a las complejidades. En “La novela de Rebeca” podemos hablar de metaliteratura en grado sumo. Haces referencia a otras obras literarias (aunque sean ficticias), hablas del proceso literario, de la creación de una novela, de escritura… Y echas mano de un recurso que ya hemos visto en otras obras y que ya he referido antes: el hecho de que el protagonista de tu novela esté escribiendo su propia novela. Pero tú vas todavía más allá, Mikel, tu rizas el rizo hasta hacer tirabuzones, ja,ja, porque además nos muestras la trama desarrollada de la novela que está escribiendo el protagonista (Simón Lugar) hasta el punto de intrigarnos e implicarnos en ella tanto o más que en la tuya propia, sin contar con que Rebeca, la protagonista de la novela de Simón, ¡también está escribiendo otra! ¡¡Vaya lío, ja,ja,ja!! A mí esto me ha sorprendido y me ha encantado (aunque haya tenido que hacer un esfuerzo inicial para saber en todo momento dónde estaba situada, en qué “subnivel” de la trama, para no liarme). Pero me pregunto cómo se escribe esto sin que se te hagan nudos con tanto hilo y sobre todo, sin que nada quede fuera de su lugar apropiado y forme un enredo en la mente del lector imposible de deshacer? ¿Como si estuvieras escribiendo dos novelas a la vez? No, dos no, ¿tres? :)

   He de ser sincero: no me costó separar en mi cabeza cada uno de los diferentes subniveles. Y eso que apenas tiré de anotaciones en libreta. La Novela de Rebeca surgió muy de golpe. Sí que la reflexión la tenía hecha y fue fruto de mucho tiempo, pero el proceso de escribirla no fue complicado. Reconozco que al principio sorprende y hace que el lector transite de una historia a otra sintiendo que no sabe a dónde va, pero ése era mi reto: sacarle de la jungla y llevarlo novela adelante hasta que comprobara que todo estaba planificado y bien ajustado. Ha sido un proceso creativo excitante, emocionante, divertido y con vértigo. ¿Qué más pedir como creador? Ja,ja,ja.


   ¿Ves? ¡Si cuando yo hablaba antes de escritores más o menos inteligentes era por algo! Y además disfrutas con un proceso de creación que satisface tus propias demandas como escritor… ¡Y encima el resultado gusta a los lectores…! No, definitivamente, no puedes pedir más, ja,ja,ja.
   Los escritores escriben sus novelas buscando la empatía y la complicidad de los lectores, intentando conseguir que estos se impliquen en la historia y se metan en la piel de los personajes. Pero esta novela —y esta es otra originalidad— tiene un doble público: los lectores y los escritores (estos últimos, doblemente, porque también son lectores). Y es así porque Simón Lugar (protagonista de la novela) se hace a sí mismo muchas preguntas que apuesto a que todos los escritores se han hecho alguna vez. ¿Todo es premeditado, Mikel, hay intencionalidad en este planteamiento de involucrar también a los escritores en la trama? ¿Qué has buscado con ello?

   Escribo para lectores. Que estos sean también escritores es pura coyuntura; hay lectores que son escritores como son de cualquier otra ocupación. No me planteé hacer metafísica ni un libro de estilo ni filosofía ni, como me ha dicho alguien, un libro de autoayuda para escritores atascados. En absoluto. Es una novela thriller para lectores que disfruten leyendo historias con intriga. No busco nada más que responderme a mis preguntas y acompañar a quien lee en sus ratos de lectura.


   Pues sin buscarlo, creo que estás consiguiendo que muchos escritores empaticen con el personaje de Simón por su condición de escritores (al menos, en cuanto a sus divagaciones), y no solo como lectores.
   Y hablando de filosofía, ahora que la mencionas… Conforme he ido leyendo “La novela de Rebeca” he ido encontrando muchas reflexiones integradas, en mayor o menos medida, en ella. A mí me han parecido reflexiones unas veces filosóficas, metafísicas, y otras tantas, originales, propias de una mente deductiva y sobre todo, entrenada para observar y darle un giro completo a muchos aspectos de la vida en general con el fin de analizarlos desde una óptica completamente distinta a la habitual. Y esto, claro, provoca en el lector un efecto impactante, incluso le obliga a detener la lectura porque lo descoloca (al menos a mí, que las perspectivas “anormales” me pierden, jaja). Yo te pregunto, Mikel: ¿qué ha sido primero, la novela o las frases? Me explico: ¿las reflexiones o afirmaciones de este tipo han surgido realmente a raíz de la narración? ¿O ya estaban en tu mente de forma previa y las has aportado para enriquecerla?


   Repito que, sin querer hacer filosofía ni querer ofrecer al público un libro para reflexionar, esta novela contiene, en efecto, muchas de las reflexiones que ya arrastraba yo desde hacía mucho tiempo. Si se echa un vistazo a novelas mías anteriores se verá que van muy en la línea de lo que yo siempre he pensado. Si se lee, por ejemplo, En la Tierra de los Nombres Propios, se encontrarán muchas ideas que vuelven a aparecer en La Novela de Rebeca. Lo mismo si se me sigue en redes sociales. Soy un ser muy reflexivo (a veces demasiado, ja,ja,ja) y es lógico que en mi literatura se destilen reflexiones. Algunas ya constantes y otras, como tú dices, que surgieron mientras avanzaba en la redacción. Con todo, repito que no es un libro de filosofía ni de autoayuda ni yo pretendo dar lecciones de nada.

   A mí tampoco me ha parecido de autoayuda, de hecho, muchas de las dudas o preguntas que Simón Lugar se hace a sí mismo quedan sin contestar. Ni que las reflexiones deriven en lecciones, tan solo atienden a una óptica diferente a la hora de analizar las cosas,  pero esa es mi impresión personal.
   Una de estas reflexiones dice: “Escribir o morir, y morir por no saber no escribir.” Esta última parte de la frase denota la pasión de los escritores de vocación, de los que sienten esa necesidad de escribir desde que tienen uso de razón y han de satisfacerla a pesar de los pesares, aunque en determinadas etapas, más que mieles se recoja sufrimiento por el hecho de escribir y querer compartir además lo que se escribe.
   A la vista del panorama actual, Mikel, yo me pregunto si todos los escritores actuales morirían por no escribir…, o quizás lo harían al no publicar. ¿Tú crees que, para muchos, el hecho de compartir lo que se escribe se ha convertido en algo más importante y pasional que el hecho en sí de escribir?


   No tengo ni idea de cuáles son las motivaciones, los desvelos, las pasiones o los fantasmas de otros escritores. Cualquier persona que cree algo se merece mi respeto. Si puede mostrar lo creado, muchas veces es cuestión de suerte. No sé si hay quien escribe solo por publicar o quien publicar es su meta. Para mí, no lo es. Quiero publicar, claro, porque es mi manera de divulgar y tender puentes; pero no es mi obsesión sino mi ilusión. Quizás sea una cosa solo de conceptos: tiendo a ilusionarme, no a obsesionarme. Lo que hagan los demás, ¿quién lo sabe?


   Tal vez quienes comparten con ellos su aventura literaria y se encuentran lo suficientemente cerca como para ser testigos de sus actos, confesiones, comentarios, deseos hechos públicos… :)
   Hay una cuestión que Simón Lugar se plantea en la novela y que suele estar presente en la carrera profesional de un escritor (apuesto a que provocándole cierta presión, en mayor o menor medida), y me refiero a la forma en que el éxito de una novela condiciona la siguiente, para bien o para mal. “La novela de Rebeca” está siendo un éxito (cualitativo, al menos; cuantitativo, no lo sé). ¿En qué medida te afecta esto de cara a la siguiente, Mikel? ¿En qué medida esto puede condicionar el tipo de novela, el género, el enfoque, la trama o los gustos personales o ajenos a la hora de escribir otra novela que querrás (supongo) ver publicada por una editorial que, a su vez, tendrá sus propias expectativas con respecto a ti?

   Es muy interesante lo que planteas. La Novela de Rebeca está siendo un éxito en todos los puntos, tanto aquí como en Latinoamérica. ¿Condicionar? ¡No! Al contrario, ilusionar y evolucionar. Nunca me he planteado cuestiones como dar con la piedra filosofal del éxito para poder hacer novelas como churros. Tampoco conseguir dormirme en los laureles. Siempre seguiré explorando, haciéndome preguntas y buscando cómo resolverlas. La edad, el oficio y el estar atento nos indica cómo sobrevivir en este mercado, pero a día de hoy estoy feliz y me siento más escritor que nunca. Todo es un regalo… y lo que haya de venir, también.


   Por cierto, Mikel —aunque esto no tenga nada que ver con lo que estamos hablando—, ¿te molestaría ponerte a firmar tu novela a una lectora en la cola del banco? :)

   Ja,ja,ja. En absoluto. Simón Lugar y yo solo nos parecemos en el hecho de que escribimos y escribimos para respondernos. En el resto, somos muy distintos; prácticamente opuestos. Su misantropía choca con mi necesidad de estar con gente. Una persona que lee mi libro se merece todo mi respeto y mi gratitud.


   A ver, esta es otra pregunta que podría conllevar una respuesta “políticamente incorrecta”, pero aún así, yo la formulo :). ¿Te mueves por las redes sociales por el placer de interactuar con tus lectores, o porque estimas que hoy en día es imprescindible para ayudar a darle visibilidad a una obra literaria? Me consta que hay de todo en este mundillo literario (incluso quienes disponen de “Community manager”). A mí, personalmente, ambas opciones me parecen respetables, aunque una me guste más que la otra, claro.

   Mis redes las mantengo yo y me muevo por ellas antes incluso del éxito de Rebeca, con todas las reservas respecto a la palabra “éxito”. Lo que me proporcionan las redes es visibilidad pero, sobre todo, accesibilidad. Me encanta recibir fotos de lectores o lectoras con la novela, de escaparates, de páginas subrayadas… Me gusta quien se me acerca y me pregunta, me comenta, me solicita. No me concibo como un escritor en su torre de marfil. De lo que hagan los demás no cuestiono nada porque cada cual usa estas herramientas como quiere y para lo que quiere.

   ¡Pues esa era la opción que más me gusta a mí, ja,ja,ja, la que nos permite acercarnos al autor de una obra para poder saber un poco más, como estoy haciendo yo ahora!
   Bajo tu punto de vista, Mikel, ¿el éxito de “La novela de Rebeca” está en la historia (o historias) que cuenta, en la originalidad de su estructura, o en la originalidad de su trama? ¿O en todo unido? ¿Qué es lo que crees que puede haber llamado más la atención del lector? ¿Y de la editorial?
   Tengo que decirte que anoté esta pregunta antes de leer una afirmación de Simón Lugar que comparto: “La historia es secundaria. Lo que cuenta es cómo hacemos esa historia”, y que me ha venido como anillo al dedo para preguntártelo a ti ahora, porque creo que incluso las editoriales, cuando hablan de buscar algo que les sorprenda, no se refieren solo al fondo, sino también a la forma.


   El día que lo sepa quizás deje de escribir. Ja,ja,ja. No sé. Supongo que es una combinación de todo ello. Mira, recibo muchas cartas de lectores y veo que a cada persona le llega esta novela por una razón distinta. Para mí, eso es estupendo porque demuestra que la creatividad tiene consecuencias imprevistas.

   Yo suelo decir que los escritores son como los actores, para dar vida a un personaje tienen que meterse en su piel, “vivir” lo que ellos viven y “sentir” lo que ellos sienten, sobre todo cuando hay implicaciones sentimentales y emocionales en la historia que protagonizan. Simón Lugar es un personaje perfectamente construido y perfilado (la verdad es que todos lo son, hasta los secundarios), pero es un escritor, al igual que tú. ¿Hasta qué punto has necesitado meterte en su piel para escribir la novela? ¿O te ha resultado suficiente escribir desde la tuya para darle vida?

   En efecto, es necesario meterse en la piel de los personajes. Pero, ojo, eso no significa que estos sean nuestro alter-ego. Suelo decir que hay tanto de mí (mucho o poco) en Simón Lugar como en Rebeca. De todas formas, aunque sea necesario meterse en la piel, no hay que obsesionarse en ello. Creo que lo importante es meterse en las emociones, imaginárselas, proyectarlas. Si fuera una condición indispensable, sería imposible escribir ciencia ficción o novela histórica porque un escritor nunca podrá estar en el año 2090 o en las Navas de Tolosa en el 1512.

   En un pasaje de la novela plasmas cómo pequeños actos de la vida, realizados sin intención alguna, pueden sin embargo hacer que ésta experimente un giro radical. Unos le llaman “casualidad”; otros, “golpes de suerte”; otros, “malas jugadas del destino”… ¿Tú crees en las casualidades, Mikel? ¿Alguna casualidad —o como quieras llamarle— te ha impulsado o te ha frenado en tu carrera de escritor?

   Creo que somos nosotros, con nuestra actitud, quienes invocamos. ¿Suerte? No sé. ¿Casualidades? Pienso que todo está hilado y sucede por algo. En mi caso, soy de ver la botella medio llena, siempre. No sirve de mucho lamentarse ni quejarse, sino más bien ponerse en marcha y encarar la vida. Al final, quizás todo lo que nos suceda en la vida sea una casualidad.


   Coincidimos en esa forma de pensar, yo también creo que todo lo importante sucede por algo.
   Apenas hemos hablado del fondo, de las diferentes historias que se cuentan en la novela (de géneros literarios distintos, por cierto), tal vez porque creo que estas referencias son las que más fácilmente pueden encontrarse en las reseñas y críticas que van saliendo en la blogosfera y otras páginas webs. Y tampoco quiero hablar del final. Porque a mí me dejó tan descolocada y con los ojos tan a cuadros que prefiero no destripar nada, solo diré que es redondo, un broche de oro muy acorde al estilo de la novela. Pero hablando de historias y de finales, sí quiero hacerte una última pregunta, Mikel, o mejor, pedirte que hagas tu elección:
   ¿Una historia brillante con un final mediocre, o una historia mediocre con un final brillante?


   ¿Y por qué tener que elegir? Ja,ja,ja. ¿Por qué no una buena historia con un final redondo? Una mala historia puede hacer que le lector ni siquiera llegue al final por muy brillante que sea éste; un mal final puede echar por tierra un proceso de lectura. Quedémonos con la idea de que lo bueno siempre es posible.


   Claro, esa es opción ideal pero no siempre se da, ja,ja,ja. Esta pregunta iba dirigida más a la faceta de lector que a la de escritor, porque, obviamente, un escritor siempre intentará que la novela sea redonda de principio a fin, con independencia de que al final lo termine consiguiendo o no.


   Muchas gracias, Mikel, por mantener esta charla conmigo y felicidades por la novela. Te deseo todo el éxito que merece.

15 nov 2013

"AS DE CORAZONES" de ANTONIA J. CORRALES.

  Un broker que sueña con ser escritor, una enfermera que, a pesar de adorar a los niños, se niega a ser madre y una editora que jamás quiso serlo. Atrapados por un secreto inconfesable que dominará sus vidas. Amor, rencor, traición, superación personal, crítica social y la realidad más cruda y más hermosa. Ayala, Samantha y él: Bastián. ¿Cuántas formas hay de amar? ¿Realmente el amor lo disculpa todo? ¿Es Dios el culpable de nuestras desgracias, o confundimos su nombre y en realidad es el Diablo? As de corazones: tres vidas paralelas contadas en primera persona que encogerán tu alma y se harán un hueco en tu corazón.



  Quiero comenzar en esta ocasión haciendo una confesión en forma de contundente declaración de amor: estoy enamorada de la prosa poética de Antonia J. Corrales. Poética por su fondo, por lo que expresa y por cómo lo expresa, sin traspasar la línea –a veces escuálida- que separa la narrativa de la poesía, maquillando las palabras combinadas en cada una de sus frases para ahondar en los subterfugios del alma de cada personaje sin rayar el empalago que tildaría de artificial la narración. Y es que en As de corazones repite esa experiencia maravillosa de la que ya nos hizo partícipes en su obra anterior -En un rincón del alma-, la de bucear en los recovecos del corazón y de la mente de cada uno de sus personajes hasta notar cómo a veces nos falta el oxígeno, cómo hemos de detenernos y separarnos levemente de sus páginas para respirar hondo, para digerir esas burbujas reflexivas manadas de sus bocas con las que nos topamos en multitud de párrafos y que están cargadas de razón, de crítica una veces sutil y otras tantas directa, y que utiliza de forma magistral para configurar el perfil psicológico y profundo de cada personaje que nos presenta para quedarse, para escucharlo, para tocarlo y vivir con él cada una de sus vivencias contadas desde las vísceras, desde muy adentro de su ser, haciendo palpables las emociones sentidas por ellos en cada instante como si fueran personas vivas y perfectamente reales, alejadas de la ficción y con las que empatizamos con una facilidad pasmosa.

  As de corazones vuelve a ser una novela intimista en la que sus protagonistas cobran tanta o más importancia que los hechos en sí que se narran en ella. Antonia J. Corrales nos conduce a través del hilo de acontecimientos que se suceden en la vida de sus tres protagonistas sin escatimar esfuerzos por transmitirnos la forma en que ellos experimentan y sienten lo que les acontece, la opinión que les merece aquello que viven y las personas que los rodean, y las sensaciones intensas que las relaciones humanas –afectivas o no- despiertan en ellos. Y es ahí cuando la autora aprovecha para lanzarnos dardos directos al alma. Porque no se conforma con narrar el discurrir de los hechos sin más, no aspira a hacernos lectores pasivos de una trama que ha creado de forma impecable; Antonia J. Corrales nos sacude, hunde sus dedos en nuestras llagas, en nuestro corazón, zamarrea nuestros sentimientos para sacarlos a la palestra, y nos provoca, nos provoca con la interpretación moral de cuanto va aconteciendo usando a sus protagonistas para tal fin, obligándonos a pronunciarnos mentalmente a favor o en contra de sus opiniones y de sus creencias, de su forma de entender la vida, a reflexionar sobre todos esos aspectos dejados caer sobre la narración como una lluvia fina que sin darte cuenta acaba empapándote, mojándote lo suficiente como para hacerte reaccionar ante lo que estás leyendo y dejarte una huella impresa que ya no se irá. Y ese rasgo distintivo me apasiona, porque son las novelas que no me dejan indiferente emocionalmente las que me gustan de verdad.

  El amor intenso, inevitable e irracional, el odio, el destino marcado disfrazado de casualidad, las incoherencias religiosas que se amparan en la fe para salir indemnes una y otra vez, la sinrazón hermanada con la mentira y la falta de honestidad como clave del éxito, las frustraciones personales por vivir la vida que otros decidieron para nosotros y la impotencia que nos produce su descubrimiento cuando ya es demasiado tarde, el futuro trazado bajo las consecuencias del miedo al dolor y a sufrir de nuevo… Perlas que componen un rosario teñido de sentimientos que se rebelan ante lo injusto y que lidian contra el raciocinio en su deseo de vivir, desplegando un amplio abanico de emociones; un rosario construido personalmente y a partes iguales por Samantha, Bastián y Ayala a base de retazos de sus propias vidas, enlazadas entre sí a lo largo de una trama desarrollada a la perfección, salpicada de pequeños detalles que la autora, con estudiada maestría, va soltando sin intención aparente a lo largo de la narración para que podamos ir atando cabos y desvelando secretos por nosotros mismos, poco a poco, como mandan los cánones del buen suspense que iniciándose ya en sus primeras páginas va in crescendo a medida que la historia avanza hacia su final.

  En un guiño perfecto entre autora y personaje, Antonia J. Corrales consigue de nuevo con As de corazones uno de los objetivos profesionales confesado por una de las protagonistas en la propia novela: no publicar una simple historia de ficción, dar a los lectores un pedazo de alma y crear personajes llenos de vida. Doy fe de ello. Porque he terminado y cerrado la contraportada con el corazón encogido, con un nudo en la garganta y con un suspiro intenso resonando en el silencio de esta noche en que acabo de leerlo, mientras he de controlar mis ansias desbordadas por eliminar de un plumazo, de un contundente manotazo, el pedestal sólido sobre el que se sustentan imbatibles algunas leyes humanas.


  ¡Felicidades, Antonia, es una novela realmente preciosa! ¡¡Y mil gracias, de corazón!!

30 oct 2013

¡FELICIDADES Y A POR TODAS!

   A veces cuestiono los perjuicios que la tecnología y las redes sociales han causado en nuestras relaciones humanas, esas relaciones físicas entrañables en las que, de tú a tú, mirándose a la cara y observando cada uno de esos gestos que conforman el lenguaje no verbal –importantísimo en la comunicación- manteníamos una charla amistosa en la compañía de un café o tomando el aire sentados en un banco del parque. Cuestiono hasta qué punto supone para muchos de sus usuarios una forma de enganche permanente y difícil de sortear que merma la posibilidad de practicar otras actividades placenteras que antes copaban gran parte de nuestro tiempo libre. Pero no puedo dejar de obviar y de valorar el fundamento real, la razón para las que fueron creadas: la de unir y estrechar lazos entre quienes no tendrían de otra forma la oportunidad de haberse conocido e incluso la de ser partícipes de miles y millones de acontecimientos a poca distancia temporal del momento en que se producen.

  Pero no voy a hablar simplemente de relaciones de amistad entre desconocidos, voy a hablar de la sensación especial que produce la cercanía y el contacto directo –o casi directo- con quienes en otros tiempos se alzaron en pedestales inalcanzables erigiéndose como figuras un tanto irreales por aquello de gozar de una habilidad de la que otros carecían y que les envolvía en ese aura de seres mágicos, de grandes maestros, de figuras un tanto misteriosas por desconocimiento además de los aspectos personales que le hubieran devuelto su condición de humanos, entre los que se encuentran, cómo no, los escritores.

   Hay quienes siguen defendiendo que el escritor debe mantener un aura de cierto misterio para conservar ese prestigio que reporta tener una mano y una mente de oro para escribir y vender sus letras –esto lo he leído por ahí en algún sitio, procedente de un debate o una conferencia en no sé dónde, pero no me preguntéis porque a veces no tengo la cabeza muy allá, aunque os aseguro que es completamente cierto-. Sin embargo yo no me siento más tentada de comprar literatura a quienes siguen manteniendo las distancias, a quienes siguen apostando por ser dioses, sino que me place enormemente el hecho de poder tener la oportunidad de contactar con ellos y ser respondida, de poder intercambiar comentarios directos sobre novelas de su autoría, de tener la ocasión de dejarles un mensaje de tú a tú -a través de la red social- de lo que ha significado para mí la historia que han plasmado en las páginas digitales o de papel de sus libros editados. Y sobre todo y ante todo, me complace muchísimo poder ser testigo, como lo estoy siendo, del día a día en la evolución literaria de muchos autores que han partido de la nada y van escalando puestos poco a poco con esfuerzo, ilusión, voluntad, tesón, fortaleza para superar los baches, imaginación, autoestima y muchas ganas de conseguir un sueño al que llevan aspirando años con la ayuda justa para conseguirlo. Me complace y me enorgullece poder decir algún día que “los vi nacer”. Y así lo deseo sinceramente. Porque el éxito de unos no deja de ser un indicio claro de que la perseverancia y el trabajo constante permiten obtener logros en la vida. Y eso constituye una lección de optimismo digna de tener en mente para cualquier empresa que otros decidamos abordar.

   He conocido a escritores que ya están arriba. He conocido a escritores que aún están luchando por salir del anonimato de la mano de una editorial fuerte que apueste por ellos, y que sé seguro que lo conseguirán; su temperamento y sus letras así me lo dicen. Y he conocido a otros que están ahora en medio de ese camino de ilusión, que se encuentran ya cruzando el río de una orilla a otra gracias a Ediciones B, con una mezcla de regocijo y miedo en el cuerpo por la incertidumbre de lo que les espera, pero remando en la buena dirección; tal vez unos más avanzados que otros, pero todos hacia un mismo destino. 

   Esta entrada va por ellos. O por ellas, mejor dicho. Por que alcancen a tocar la gloria. Por que culminen con éxito su deseo de convertirse en escritoras reconocidas. Por que sus letras sean leídas por quienes ahora desconocen por completo su identidad. Por que no cambien, por que sigan siendo tal cual son, mostrándose con la humildad que les valió para ganarse el apoyo de sus amigos y conocidos –entre otras cosas-. Por que mantengan la cercanía con los lectores a los que ahora se deben y a los que se deberán aún más en un futuro si su camino ascendente las lleva muy alto.

   A ellas les digo ¡¡¡felicidades y a por todas!!!  Y a vosotros os invito a darles vuestro apoyo acercándoos a esa narrativa pulcra y a esas historias noveladas que merece la pena leer. Yo ya lo he hecho. Y prometo seguir haciéndolo ;)





ANTONIA J. CORRALES

  
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MERCEDES PINTO MALDONADO




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MARIA JOSÉ MORENO

 



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22 sept 2013

"MALDITA" de MERCEDES PINTO MALDONADO

   No creo que pueda decir nada de Maldita que no se haya dicho ya. De hecho, considerando los comentarios que ya tiene en Amazon hasta he llegado a sentir cierto complejo, porque creo que debo ser más o menos la última en leerla :). Pero es que me ha gustado, mucho, y necesito decirlo de forma clara, por lo que he decidido pensar en voz alta -como ya es habitual en mí- y autoescuchar lo que sus páginas me han suscitado, lo que han traído a mi mente a lo largo de su lectura para así rendirle homenaje aunque solo sea ante mí misma.

   Hace tiempo que comencé a leer esta novela, y he tardado en terminarla más del que hubiera querido (no tengo a Cronos como aliado, y últimamente menos). Sin embargo, he de decir que a pesar de la brevedad de mis sentadas, Maldita ha conseguido engancharme por completo desde sus primeras páginas; la imagen de Adela sentada en su mecedora frente al ventanal de su dormitorio, sola, haciendo nada, y la decisión autoimpuesta de su marido de no dirigirle palabra ni atención alguna me pareció un comienzo muy potente que despertó mi curiosidad por conocer el porqué de todo ello de forma automática, como supongo que ha debido ocurrirle a otros muchos lectores más. A partir de ese comienzo, me he sorprendido a mí misma decenas de veces lamentando (con ofuscación) no poder seguir leyendo, sin que los personajes -a los que he ido conociendo a pequeños ratos- ni la acción que transcurre en ella se perdieran por mi mente en ningún momento.
   No tengo la sensación de que Mercedes Pinto se extendiera en exceso recreando la ambientación en la que se enmarca la historia, que haya aportado detalles minuciosos del entorno que trasciendan mucho más allá del lugar en el que van transcurriendo los hechos. Y sin embargo, ha conseguido transportarme con eficacia y con rapidez, trayendo a mi mente la imagen de los grandes cortijos andaluces anclados en fincas y latifundios repletos de jornaleros trabajando por y para el señor de las tierras, terratenientes de reconocido prestigio social que gozaban de muchos derechos gratuitos aportados por su rango y que, tal y como ocurre en Maldita, no dudo que utilizaran en beneficio propio cuantas veces desearan masacrando la vida de quienes no tuvieron la suerte de nacer en una familia de noble apellido y de un ostentoso poder ecónomico. Y al igual me ha sucedido con el marco temporal y con las costumbres sociales de la epoca en la que se centra Maldita, perfectamente recreadas a través de la acción y de los diálogos, más que estar basadas en descripciones adicionales en la narración que habrían ralentizado sin duda la lectura de la misma, pero que permiten hacerse una idea perfecta de la forma de vida de sus protagonistas, que no fue otra que la de muchos de nuestros ancestros no tan lejanos.

   He oído multitud de veces que cualquier tiempo pasado fue mejor. A mí no me lo parece. Tal vez porque mi mentalidad va acorde con la época que me ha tocado vivir, o incluso algo más allá, y me resultan incomprensibles la forma de pensar y las actitudes resignadas -o conformes- de quienes vivieron bajo las normas morales o sociales de la época en la que se centra la novela, y cuyos detalles he reconocido y considero de una veracidad absoluta por haberlos escuchado mil veces de primera mano de boca de mis abuelos y en alguna que otra ocasión también de boca de mi propia madre. El "qué dirán", la honra masculina, la moralidad femenina, la importancia de la clase social, la defensa del apellido, la resignación del pobre..., cuestiones todas en las que Mercedes Pinto sustenta la novela con un realismo pleno y que me han hecho ser consciente, aún más, de que no me gustaría haber vivido en una época en la que no existía libertad personal para que cada cual pudiera ejercer sus propias acciones y tomar sus propias decisiones, quedando presas de los convencionalismos sociales y de una falsa moralidad que les obligaba a construir su vida en función de los demás, y soportando adicionalmente las consecuencias ineludibles de las habladurías provocadas por las malas lenguas, los rencores o el deseo de venganza de sus congéneres. Otras tantas veces también escuché decir, en mi entorno de más edad, eso de que "las parejas de hoy en día tienen muy poco aguante", y no dudo que sea verdad, pero Maldita me ha recordado la cantidad de vidas destrozadas que una mala elección a la hora de casarse pudo acarrear y que la sociedad de entonces no permitió romper a tiempo; una elección que en muchos casos ni siquiera fue tomada libremente por los propios protagonistas de ese enlace.

   He vivido cada línea de la novela. Mercedes ha conseguido que me integrara en ella como un testigo de excepción, tocándola como una infiltrada, al igual que con sus personajes, perfectamente definidos, humanos, reales, tangibles. He sonreído, me he enternecido, me he alertado, me he tranquilizado, ¡me he cabreado!... y he acomodado mi regazo muchas veces con la intención de acoger a Lucía desplegando las alas como una gallina clueca para protegerla, y sacando las uñas cuando alguien se aproximaba a ella para hacerle daño. Mercedes me ha hecho empatizar fácilmente con los buenos, odiar a los malos y comprender neutralmente a quienes tenían sus propias razones para obrar como lo hicieron, a pesar de no compartir con ellos una misma forma de pensar. Me ha hecho sentir pena por Adela, a pesar la brevedad con la que aparece en escena. Y me ha hecho encariñarme muchísimo con Lucía, la protagonista fundamental de la historia, a pesar de que en un principio he de admitir que me costó un poquito verla como un personaje real, por su autosuficiencia y su capacidad extrema para desenvolverse sola, y por un despliegue de raciocinio que me sorprendía un tanto que pudiera poseer a juzgar por su edad, aun siendo consciente de la gran inteligencia que su autora le había otorgado. Después pensé -en una de esas muchas reflexiones que siempre hago en mis paréntesis lectores- que tenemos tendencia a compararlo todo con aquello que conocemos, con quienes tenemos cerca y a los que no dudamos en usar de referencia sin ser conscientes de que lo que sucede en cada novela, así como las reacciones y la forma de actuar de los personajes que viven en ella, no tienen porqué adecuarse a los límites de lo que nosotros conocemos de primera mano,  entre otras cosas porque las circunstancias que rodean y que han venido acompañando a unos y a otros en su camino por la vida pueden ser muy diferentes, por lo que resulta difícil adivinar cómo habría respondido un personaje real de haberse visto en una situación extrema como ocurre en este caso, en el que el instinto de supervivencia -que resulta ser infinitamente más poderoso de lo que creemos- juega un papel crucial. Por otro lado, también pensé que la literatura de ficción permite ciertas licencias que no permite la vida real. A partir de ahí, el personaje de Lucía comenzó a calarme hasta los huesos, por su fortaleza, por su alma limpia, por su inocencia, por su templanza y su sabiduría para vivir su vida con inteligencia práctica; al igual que el de Ángel, Herminia o Ana.

   Me ha gustado la historia y la forma en que se desarrolla y me ha gustado la narrativa de Mercedes Pinto, sencilla, cuidada, muy cómoda de leer. Pero no me ha gustado que se acabara tan pronto, me he quedado con ganas de más, he seguido deslizando los dedos unas cuantas veces por el lector a ver si había más páginas que pasar, porque me resistía a quedarme con la "piel de pollo" y con la sonrisa boba con la que me ha dejado el final sin conocer un poco más de lo que acontecerá en la vida de sus personajes. 


   Como siempre, os dejo la sinopsis de la novela, porque me voy por las ramas y casi nunca explico de forma expresa de lo que va. Creo que nadie mejor que la propia autora para transmitírlo.

Corren los años cincuenta y en el seno de una familia adinerada nace Lucía. Llega al mundo pesando apenas dos kilos y cuarto, marcada por la muerte de su madre y rodeada de los secretos, los odios y rencores acumulados de las cinco generaciones que la precedieron. Su padre, un terrateniente que goza de gran poder económico y social en la comarca, la repudia desde el momento en que fue concebida y la condena a vivir el resto de su vida en una casucha. Lucía crece completamente aislada, a merced de la familia de una hacienda vecina, y especialmente de Ángel, un joven muchacho. El encierro hace de ella una criatura especial. Es inteligente, trabajadora y dispuesta, pero incapaz de internarse en el mundo. Ella no lo sabe, pero ha nacido para cumplir una misión: deshacer todos los entuertos que han provocado en aquellas tierras los cinco Diego del Valle que sucesivamente las ocuparon. 


Pd. Espero que Mercedes Pinto me acepte la pequeña broma de haber usurpado su portada :)

 

15 ago 2013

"BAJO LOS TILOS" de MARÍA JOSÉ MORENO.

   


   No he leído mucho en estas vacaciones. Tengo que reconocer que el intenso proceso de corrección de mi propia escritura en estos últimos meses hasta verla del todo terminada me dejó la mente un poquito lerda para concentrarme en más letras, así es que al último libro que abordé (La bibliotecaria de Auschwitz) me ha llevado verle el fin más tiempo de lo que hubiera querido. Tal vez por ello, cuando dije de comenzar el siguiente opté por dejar a un lado el tocho que tenía previsto -a pesar de sus buenísimas críticas- para adentrarme en su lugar en historias de menos páginas. Pero en esta ocasión, quise que estuvieran contadas por nuevos valores literarios cuya narrativa aún no había descubierto, movida tal vez por lo que despierta esa cercanía que nos proporcionan las redes sociales y el contacto directo o indirecto con quienes luchan por meter la cabeza en el mundillo de los escritores con la ilusión palpable de no volver a sacarla de ahí jamás. Y así topé con María José Moreno y con su novela corta Bajo los tilos, una novela intimista, según ella misma define, en la que fluyen los sentimientos y las emociones que despiertan los secretos inconfesables de la propia familia de la protagonista a la que ella -ingenua- creía conocer. Y como ya sabéis (por lo que escribo y, sobre todo, por ese libro de relatos que circula por ahí) que me atraen especialmente este tipo de historias cargadas de las emociones que la propia vida nos depara, pues no dudé en descargármela de Amazon para engullirla en nada y menos de tiempo. 

   A veces no dejo de sorprenderme de la confianza con que me hablan mis hijos, de su desparpajo para confesarme y preguntarme cuestiones que en muchas ocasiones rayan la intimidad, tanto la mía como la suya propia. Y no porque me asombre, porque me violente o porque yo no haya fomentado tal actitud en ellos, sino porque no puedo evitar ser consciente de lo mucho que ha evolucionado nuestra sociedad en relativamente pocos años, de cómo los lazos de unión en la familia se han ido tejiendo cada vez más en sentido transversal y horizontal, en lugar de vertical, hasta llegar a hablarnos de tú a tú; a veces, puede que hasta en exceso. 
   Pero no seré yo la que le haga ascos a ese tipo de relación, todo lo contrario. Aunque perdure la necesidad de establecer unos límites claros en las relaciones paterno-filiales, celebro que agonice y hasta muera ese respeto enfermizo e invalidante que hace años coartaba la libertad de la familia para levantar la voz y huir de una tolerancia aberrante, para confesar los problemas de sus miembros, los temores de la vida de cada cual, o esos secretos del pasado que siempre pesan sobre el futuro, magnificados a veces por una cuestión de moralidad caduca, de retrógrada educación, o por unas normas sociales rígidas y carentes de sentido común que nadie se atrevía a poner en tela de juicio alegramente. Y ése es el núcleo, la base sobre la que María José Moreno sustenta su historia. 
   Durante toda su lectura no he podido evitar que mi mente divagara por  familiares de generaciones anteriores analizando su estilo de vida aunque solo fuera de pasada, por esos momentos en los que, sentados un domingo alrededor de la mesa camilla, mi madre nos ha desvelado secretillos ocultos de mayor o menor importancia de tíos, primas o abuelos que nunca antes se atrevieron a lanzar a los cuatro vientos por vergüenza, temor, odio o por el más que probable rechazo social, cuando la generación de nuestros hijos no tendría ahora ningún remilgo por revelarlos. Me ha hecho reflexionar incluso en las veces en que nosotras mismas hemos obviado que nuestra madre, además de madre, era hija, esposa, amiga o amante, y que sus sentimientos y su forma de vivir esas relaciones no solo eran distintas a las que mantenían con nosotras, sino que además desconocíamos sus detalles por no haber estado presente en sus círculos cuando actuaban como tales. Y muchas de esas facetas, al igual que ocurre en la novela, las hemos descubierto cuando ya no estaban, cuando hemos dejado de mirar en una sola dirección para conocer las impresiones que de ella tenían quienes también compartieron su vida; afirmaciones -a modo de ejemplo- como que de joven fue una mujer de bandera capaz de levantar pasiones, que era una consejera excelente para todas sus amigas, que tenía un espíritu de sacrificio mudo digno de admirar, que era una confidente extraordinaria, capaz de llevarse los secretos vertidos sobre ella hasta la tumba..., o descubrir que también sentía deseos carnales como cualquiera de nosotras. Revelaciones que nunca se hicieron en su momento por haber sido coartada su libertad de alguna forma o por cuestiones inherentes a la propia educación que se les impartió y que en muchas ocasiones ha levantado un muro de cristal engañoso entre la familia por su aparente transparencia, pero de franqueo imposible por la sólida estructura que siempre tuvo y que no nos dejó llegar hasta el corazón donde dormía oculto más de un secreto. 
   Dicen que en la vida siempre existen segundas oportunidades, pero no siempre es así. Los errores y sucesos del pasado pueden olvidarse, aunque en ciertas ocasiones su peso hace mella en un futuro que, o bien no se construirá de la misma forma, o incluso puede que se desmorone ante algún descubrimiento que haga tambalear las bases sobre las que construimos nuestra vida, como ocurre en Bajo los tilos. Y resultará complicada de recontruir cuando la oportunidad de redimirnos, de pedir perdón, de ofrecer ayuda, de modificar nuestra actitud ya no sea posible. En tal caso, el peso de nuestra conciencia puede resultar una losa demasiado pesada de sobrellevar, aunque el amor por la familia y el deseo ferviente de mantenerla unida a pesar de todo puede ser lo que contribuya con éxito a salvar el escollo, como María José deja patente en su historia. 

   Es esta una novela intimista, ciertamente, cuya lectura me ha resultado pausada, tranquila, tal vez porque María José se recrea en las descripciones para ofrecernos una visión detallada de la forma en que está trazada la vida de María, su protagonista, y de las emociones que van despertándose en ella a medida que se van desvelando indicios de que las cosas no son como parecían, ni su familia es quien aparentaba ser. 
   La intriga de conocer los secretos inconfesables de los que nunca supo, mezclados con las percepciones viscerales y sentimentales de la protagonista son las dos notas que caracterizan la novela, aderezada por una narración de lenguaje sencillo pero muy cuidado, yo diría que más cuidado de lo que aparentemente podría parecer.


   Os dejo la sinopsis, y si os animáis a leerla, podéis encontrarla en Amazon, ahora bajo el sello de Ediciones B.

       Elena fallece en el avión que la traslada de Madrid a Nueva York. Su familia no sabía que había emprendido ese viaje. Elena guardaba un gran secreto.
         Cuando su hija María recibe la trágica noticia, se ve envuelta en una espiral de preguntas sin respuesta. ¿Qué hacía su madre en ese avión?, ¿por qué iba a Nueva York?, ¿por qué no se lo había contado a nadie?... Preguntas que la sumen en una difícil y tenaz búsqueda en el pasado de su madre hasta conocer sus más íntimos, oscuros y dolorosos secretos. 


   



   

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