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30 may 2018

CHARLA CON MIKEL ALVIRA, AUTOR DE «EL COLOR DE LAS MAREAS»


    Hola, Mikel, bienvenido a esta casa.

   Antes de nada, quisiera felicitarte por «El color de las mareas», una novela que me ha encantado por su preciosa historia, su trama, su buenísima narrativa y por la cantidad de reflexiones vertidas en ella, a través de los personajes y de forma directa en esos párrafos independientes que no tienen desperdicio y que he disfrutado muchísimo.
   Quizá porque las reflexiones me pierden y porque el trasfondo de la historia, la psicología de los personajes y las relaciones entre ellos tienen para mi tanta trascendencia como la historia en sí es por lo que he querido centrar esta charla en esos pensamientos que salpican la novela, más que en su argumento. Y también porque me atrae conocer esa faceta tuya de pensador y comunicador tanto como la de escritor.
   Gracias por abrirte y permitirnos conocerte un poco más en este aspecto.

   Gracias a ti por esta oportunidad y, sobre todo, por apoyar con tus palabras las palabras de otros. Siempre he dicho que esto de escribir nos tiene que llevar a tender puentes, a crear lazos. Y no cabe duda de que tú eres una buena creadora de lazos. Estoy encantado.

   Nunca me habían llamado «creadora de lazos», pero me suena muy bien, me gusta, ja, ja.
   La novela comienza con una frase contundente y atractiva: «Se llamaba Beatriz Tussaud y no se casó con el amor de su vida». A un lector actual, esta frase le puede llamar la atención, resultarle atrayente, porque solemos estar convencidos de que la persona con la que nos casamos es y será el amor de nuestra vida. Pero, ¿a un lector de finales del siglo XIX —época en la que esto sucede—, ¿le resultaría extraña esa afirmación?

   Sin duda. La novela arranca en 1898, un momento vertiginoso en España, y se desarrolla a lo largo de las cinco primeras décadas del XX. En aquella época, lo de casarse por amor no se concebía como ahora. Afortunadamente, hemos progresado como sociedad y, aunque quede un largo trecho para que la equidad hombres-mujeres sea real, hemos avanzado respecto a ese punto. Sin ser una novela feminista, la mujer ocupa un lugar importante en el sostenimiento de la trama, con una Beatriz que no se casó con el amor de su vida (o sí; eso, el lector lo descubrirá) pero que luchó siempre por sacar a su familia adelante.

   Amor y pasión no siempre van unidas. Lina no cree en el amor, cree en la pasión. ¿En qué deberíamos creer para tener una buena relación? ¿Cuál de las dos elegirías tú?

    Una relación sana ha de basarse en tres principios, en tres pilares. La Pasión, por supuesto: sin pasión, sin sexo, sin chispa, sin calor, una relación de vuelve un mero contrato entre rutinas, que puede ser satisfactorio en lo organizativo, pero frustrante en lo emocional. Además, el Pasado: una pareja ha de acumular pasado en común, experiencias en común, vivencias compartidas; tanto las sublimes como las cotidianas: compartir tiempo, compartir instantes, compartir tropiezos y alegrías. El pasado no se imposta. Y, por último, Proyecto: esto es, creer en construir algo juntos, y no solo la educación de los hijos, si los hay. He visto familias romperse por no tener un destino común, un proyecto común. Y el proyecto más hermoso es la construcción de cada miembro de la persona autónomamente. Una relación es la suma de dos, sin negar lo particular de cada uno, el crecimiento de cada cual, los momentos individuales, puestos al servicio de un proyecto común.


   Comparto todo lo que dices, sobre todo la importancia de ese proyecto común que marca el futuro y que hace que dos líneas que comenzaron paralelas y muy unidas no terminen separándose. Aunque a veces, cuando entran otros elementos en el terreno de juego... Por ejemplo, otro hombre, como ocurre con Beatriz. Porque hay dos hombres en su vida, Marcel y Daniel.
   En la vida real, ¿se puede amar a dos personas a la vez, Mikel? Y no digo querer, digo amar.

   El amor no conoce límites, más allá de los que nos impone lo cultural. En nuestro caso, la cultura judeocristiana de la que somos herederos nos ha impuesto el límite de la monogamia. Pero el amor, como emoción primaria, desbordante e insondable, es ilimitado.

   Supongo que estarás de acuerdo conmigo en que en nombre del amor pueden acometerse actos heroicos y también estupideces. ¿Crees que hay veces en que el amor sentido por la otra persona y lo que en su nombre somos capaces de hacer puede llegar a estar reñido con la propia dignidad? ¿Hasta dónde deberían llegar uno y otra?

   Las estupideces por amor, si las comete un poeta, un pirata o un loco, son perdonables y hasta heroicas. Todos deberíamos tener a nuestro lado un Shakespeare que glosara nuestras estupideces, para convertirlas en episodios épicos. Con todo, y por ser práctico, hasta que alguien mute nuestros delirios en gestas bequerianas, lo mejor es mantener la dignidad a buen recaudo. Y ahí tienen mucho que ver los dos fundamentos de la persona: autoconcepto y autoestima. Si los trabajáramos más, el amor y sus consecuencias serían menos tormentosos. 
   Autoestima. La otra gran sufridora en muchos de los fracasos amorosos. Y si estos giran en torno a una misma persona, incluso más. En la novela se dice que «Dos abandonos en una vida son un precio demasiado alto para cualquier corazón». ¿Crees en las segundas oportunidades? ¿Y en las terceras, son posibles?

   La vida es demasiado breve como para andarse con demoras. Solo tenemos una vida y, además, no sabemos cuánto va a durar. Así que concedamos tantas oportunidades como sean necesarias. La existencia no puede ser un cúmulo de oportunidades perdidas sino, al revés, un abanico de oportunidades concedidas. ¡Claro que creo! Porque creo que el ser humano es capaz de evolucionar, cambiar, corregir, avanzar. Es la base de la evolución.

   Yo también creo en ellas, necesité tres para estabilizar mi relación, ja, ja, ja.
   ¿Amor en calma o amor loco? ¿De verdad, toda historia de amor que se precie debería tener un punto de locura, un punto de inconsciencia, por aquello de que el corazón se impone a la razón?

    El amor no es un concepto ni aprehensible ni mensurable ni racionalizable. Con todo, se ha hablado a veces de las fases del amor o de los tipos de amor. No sé cuál es más amor que otro, pero lo cierto es que no es igual el amor del flechazo adolescente que el reposado amor de quien ha compartido una vida. Reivindico con igual fuerza la locura de amor como el amor maduro.

   Hay una cuestión que siempre he sopesado respecto a las infidelidades, y es hasta qué punto podemos hablar de infidelidad sin que haya «cuernos» de por medio. ¿Marcel es infiel por pensar y desear a Beatriz mientras está con otra mujer? Según tú, ¿cuándo se puede hablar de infidelidad?, ¿dónde trazamos la línea?

   La línea la debería poner cada pareja, sin estándares ni prejuicios. El problema es que en muchas parejas se dan por sentados límites que no ha puesto la pareja, sino la cultura. Si se hablara más en la pareja, muchos de esos fantasmas desaparecerían.

   Comunicación. Siempre, comunicación, en todo y para todo, ¿verdad?


   «Huir es de cobardes», suele decirse, y es verdad que casi siempre se tacha la huida como un acto de cobardía. Pero yo a veces pienso que cuando esa huida supone una renuncia en nombre del amor, también demuestra ser, en el fondo, un acto de valentía, porque sabemos que sufriremos y aun así lo hacemos, en ocasiones, por bien del otro. Bajo tu punto de vista, ¿quién demostró ser más valiente, Beatriz o Marcel? (Sin spoilers, ¿eh?)

    Huir no es ni cobardía ni valentía. Huir es un verbo que puede responder a motivaciones totalmente opuestas. No podemos juzgar la acción (huir); mucho menos lo que a alguien le lleva a huir (los motivos). Que cada cual actúe conforme a sus principios y sus convicciones. En este caso, tanto uno como otro actúan de acuerdo con lo que a ellos les mueve y les conmueve. Nada que objetarles, más allá de que la acción nos parezca reprobable o no.

   ¿La mirada es fundamental en el amor? ¿Qué papel juega en él?

    Una mirada es siempre el inicio de una relación. Una mirada literalmente hablando o una mirada como metáfora de una palabra, un gesto, un guiño... Toda historia de amor ha empezado con una mirada, sea como sea.

   Eso iba a apuntarte, que hoy en día cada vez más relaciones comienzan en redes sociales donde no hay un contacto visual en sentido literal, pero es cierto que hay otras maneras de establecer esa complicidad equivalente a la de una mirada.
   Sigamos hablando de relaciones y amor. Siempre me ha llamado la atención la abnegación de las madres, capaces de aceptar o renegar de ese amor por el bien de sus hijos. Muchas cosas han cambiado respecto a la manera de sentir y vivir el amor a lo largo de los años. ¿En este aspecto también? ¿Y en la figura del padre?

    La cultura moldea la personalidad de los individuos, marcando límites y aportando pistas para actuar. De igual manera, la cultura se moldea a partir de los individuos que la viven. Es el huevo y la gallina. Por eso podemos decir que muchas cosas han cambiado, que las madres, como los padres, han modificado su visión de la maternidad-paternidad, precisamente porque la cultura, el marco referencial, ha cambiado; tanto como a la inversa: afortunadamente, ya no estamos en una cultura como la de inicios del XX.

   Ya que hablas de cultura... Dicen que el sexo, el poder y el dinero son los tres pilares que mueven el mundo. ¿En qué lugar queda el amor? Porque está claro que ya…, formando un pack indivisible con el sexo no va, ja, ja, ja.

    Bueno, hemos hablado antes de la pasión, del sexo. No nos referimos solo al amor de pareja, en el que el sexo ha se ser pieza clave. Hay otros tipos de amores, tan sublimes o más, en los que no hay sexo. En la novela se ven: amor filio-paterno, amor entre iguales, amor fraternal... Y, por mucho que se diga, sigo pensando que lo que mueve al mundo quizás sí sea el sexo, el poder y el dinero, pero lo que mueve a la especie es el instinto de supervivencia; instinto que, en el caso del ser humano, necesita del amor para trascender con dignidad.


   Me gusta pensar que sea así, que nos mueva algo mucho más profundo que esta triada de la que siempre se habla, que el «corazón» sea también un buen motor en nuestras vidas. Un motor bueno aunque ¡testarudo! Yo siempre he pensado que a la mente se la puede convencer, pero a él no tanto. ¿Será porque en el fondo no queremos obligarlo, porque sería como morir un poco si le impedimos sentir lo que siente? Suena un poco a paranoia, pero…

   El amor siente. No sé si es algo que reside en el corazón, en el pecho, en el estómago o en el cerebro. Puede condicionarse, limitarse, reeducarse. Es falso que no se le pueda convencer. Claro que se puede. Toda la psicología conductista se basa en ello. Con todo, soy amigo de dar rienda suelta a las emociones porque nunca generan tanto caos, tanto desorden ni tanto dolor como la sociedad cartesiana en la que estamos ha querido hacer creer. Lo dionisíaco se ha descartado a partir de Descartes y eso me da mucha pena.

   «Somos la energía que irradiamos. Somos la voz con la que tendemos puentes, el saludo, la sonrisa». Esta es una afirmación con la que estoy totalmente de acuerdo, siempre he pensado que en gran parte —aunque no en toda—, somos aquello que proyectamos. El problema es que —al igual que ocurre en toda comunicación— el receptor de esa energía la puede interpretar, experimentar o sentir de una u otra manera. ¿Estriba ahí la diferencia, tan grande a veces, entre unas relaciones interpersonales y otras, en que unas sean un éxito y otras un fracaso cuando la persona que irradia esa energía es la misma? ¿O es que esta también cambia según sea el que tiene en frente…?

   Pienso que si actuamos con honestidad, prudencia y tacto, todo es más sencillo. Apartarse de aquellas personas que limitan nuestra energía, nuestro "buen rollo", es esencial para vivir con aceptables dosis de felicidad.

   «Tender puentes», una de tus expresiones más repetidas o que más ocasión he tenido de leerte últimamente.
    A ver, pensemos... Para tender puentes son necesarios, al menos, dos pilares. Uno de ellos lo pones tú. En un mundo aparentemente social pero en el que a la hora de la verdad mucha gente va a lo suyo, ¿las personas con las que te cruzas terminan poniendo ese otro pilar para construir el puente que tú pretendes, Mikel? ¿O pasan?

    Hay mucha gente a quien no le interesa tender un puente conmigo, lo cual es comprensible. No basta con, como dices, que uno de los dos pilares quiera; se necesita el otro. Pero, por fortuna, hay muchas a las que sí les interesa y con ellas es sencillo tenderlos. Ahora bien, los puentes no solo hay que construirlos, luego hay que transitarlos: una carta, un mensaje, una llamada... y, mejor aún, un verse, un mirarse a los ojos. No basta con el contacto; éste ha de ser de calidad. Y la calidad solo se logra con la calidez.

   Yo he puesto el mío para construir un puente contigo, ¿eh?, ja, ja, ja, y estoy encantada.

  ¿Hacia quiénes sientes un interés especial por comunicarte?

   Hacia cualquier persona que tenga inquietud, que se emocione y emocione, que quiera aprender, que se arriesgue, que se entregue sin imposturas. Detesto los avatares; yo soy más de mirarnos a los ojos, como ya he dicho. No tengo patrones. A veces la chispa surge y el contacto se crea, sin forzar nada.

   Leyendo tu novela me ha dado por pensar en lo vulnerables que somos, en cómo un revés de la vida puede acabar con su estabilidad, incluso con ella en cuestión de minutos, después de haber luchado, peleado y hecho lo imposible por mantenerla de la mejor manera posible, sin escatimar esfuerzos. ¿De verdad somos tan frágiles y tan vulnerables como das a entender? ¿Podría ser la época en la que se centra la novela una de las mayores causantes de esa vulnerabilidad? ¿O es porque —literariamente hablando— un cierto punto de tragedia le confiere un atractivo a la ficción que de otra forma no tendría y por eso lo muestras así?

   No creo que en la novela haya más tragedia que en la vida real de estos inicios del XXI. La tragedia o la comedia no lo marcan tanto los acontecimientos como la arquitectura emocional, la actitud, con la que desciframos esos acontecimientos. La vida es vulnerable, sí, efímera, imprevisible. Por mucho que nos empeñemos en programarla, siempre nos sorprende.

   Sí, yo diría que más sorprendente incluso que la ficción, aunque algunos todavía parezcan resistirse a creerlo.

   «Hay personas cuyas vidas son planas, sin matices. Personas que no toman conciencia de la existencia». ¿Hasta qué punto hay que arriesgarse a vivir, Mikel? Aun siendo conscientes de que, como dices en «El color de las mareas», cada instante nos puede marcar el futuro…

   Hay que arriesgarse. Eso no significa vivir locamente, ser imprudente, hacer daño con la justificación de nuestra personalidad o lanzarnos al vacío. Tal vez el mayor riesgo sea vivir conscientemente.


   Me quedo con esta última frase, ya tengo para pensar toda la tarde :)

   ¿Tú también crees que la felicidad se mide en instantes?

    Sí, por supuesto. La felicidad no es un estado estable, es un gas inestable. Y hablo como si supiera algo de química. Quiero decir que la felicidad no es algo que se alcanza sino algo que se construye. Y en esa construcción, los momentos, los instantes, son las piezas. La felicidad supera al placer.

   ¿Y el tiempo? Nos quejamos del tiempo. Que nos asfixia, que nos ahoga; siempre queremos pararlo. Pero yo creo que es esa presión a la que nos somete el tiempo la que nos hace vivir determinados momentos con mayor intensidad y deleite, porque sabemos que tendrán fin y dejaremos de disfrutarlos. ¿A qué puede destinar Mikel Alvira tres minutos de su tiempo que le satisfaga de verdad, intensamente?

   Hay una lista enorme. Podría citar muchas acciones de tres minutos que me satisfacen enormemente. Si tengo que quedarme con algo, una conversación, aunque sea tan corta como de tres minutos.

    ¿Por qué es tan grande el deseo por lo prohibido, lo inalcanzable, lo imposible?

   Porque somos curiosos por naturaleza. La curiosidad nos ha hecho evolucionar como especie. Está ahí, en nuestros genes. Si además se es poeta como yo, permítaseme la broma, va con el oficio.

   Hay un momento en el que Beatriz afirma que los sentimientos pueden doblegarse. ¿Tú también lo crees? Porque yo tengo mis dudas…

   Sí, ya he dicho antes que creo que puede modificarse la conducta. Pueden anularse los sentimientos o crearse artificialmente. Con todo, ojalá viviéramos satisfechos con cómo los gestionamos. Para ello hacen falta altas dosis de madurez emocional y, desgraciadamente, eso ni se entrena ni se cultiva.

   ¡Qué difícil lo pones...! :)

   Hay mentiras que salvan vidas, que evitan males mayores, que provocan restablecimientos emocionales… Pero muchas personas no toleran una mentira, ni siquiera aquellas que llamamos «piadosas». ¿Mentir es pecado, Mikel? ¿Tú perdonarías más de una de las mentiras que afectan a los personajes y a la historia de «El color de las Mareas»?

    Lo del pecado tiene que ver con la tradición cristiana, que se ha basado en el miedo para imponer poder u controlar a las personas. La mentira es tan subjetiva como la verdad. ¿O es que existen verdades absolutas? Perdonar, sin embargo, es un acto sublime que nos dignifica como seres humanos.

   «La tristeza deriva en melancolía y, entonces, como versos malditos, las frases se vuelven profundas y hermosas y las manos crean al dictado de los latidos». ¿Ese estado emocional saca nuestra parte más filosófica, más trascendental? ¿Es en ese estado cuando más sentimos la necesidad de buscar el alma y el corazón de cuanto nos rodea, cuando se buscan porqués con mayor ahínco, cuando somos capaces de emanar poesía sin ser poetas?

    Yo no necesito de la tristeza para crear, para pensar, para reflexionar. Al contrario, la tristeza me paraliza. Sin embargo, confieso que cierta melancolía confiere una escenografía muy dramática para la creación.

   Por cierto, Mikel, ¿además de buen escritor, también eres poeta?

    Ante todo, poeta. Un poeta que escribe novelas. Un poeta que ama. Un poeta que cree. Un poeta que estudia, piensa, recita, duele, ríe, comparte. Sin el Mikel poeta, el Mikel novelista sería solo un contador de historias. Y no hablo de ser poeta como un tejedor de versos sino como alguien cuya actitud es la de encontrar claves para descifrar el mundo y las personas que lo sustentan.


   Después de leerte y, sobre todo, después de escucharte en esta charla no me cabe la menor duda.

   «Las fantasías precipitan estados de ánimo o manifestaciones corporales de la misma manera que las experiencias auténticas». ¿En qué medida vives, sientes o te emocionas con esa fantasía que supone la historia de una novela? ¿Has creado alguna de ellas de una manera particular o especial porque te hubiera gustado vivirla así?

    Quienes creamos, quienes escribimos, tenemos la oportunidad, como quienes leen, le vivir vidas ajenas. Eso es fascinante, sin duda. Yo hago ficción. No pretendo aleccionar ni sentar cátedra; no busco aleccionar ni enseñar. Si acaso, conmover. La ficción, que es la materialización de la fantasía, es una excusa perfecta para ello. Por eso no es tanto de qué habla la novela como de qué podemos hablar con la excusa de la novela.

   Cuánto me identifico con tus palabras, Mikel. «Conmover». Una de mis favoritas en relación con la literatura...
   Podría estar haciéndote preguntas hasta el día del Juicio Final, pero como no es cuestión de publicar una charla por entregas, acabo ya…
   Exprésame con —a lo sumo— tres palabras lo que ha supuesto para ti escribir esta historia.

    Riesgo, convicción, emoción.

   Mil gracias por aceptar mi invitación, Mikel, ha sido un auténtico placer escucharte, de verdad. Te deseo todo el éxito del mundo con estas mareas que, a mí al menos, me han conquistado totalmente.

   Mil gracias a ti. Charlas así son las que hacen que esto cobre sentido; si no, sería solo hacer libros.




1 abr 2018

ESCRITORES. LA OTRA CARA DEL AISLAMIENTO.


   Escucho, bastante a menudo, hablar a los escritores de su aislamiento, de su encierro en el despacho, en su santuario particular para gestar su siguiente obra. Se aislan de las redes sociales (que, con frecuencia, dejan en manos de otros a nivel oficial) y cuando asoman a la palestra por alguna razón, los escucho (o los leo) referirse a la historia que estan creando y a sus personajes con una pasión inusitada. Desbordan emoción cuando afirman estar escribiendo algo grande y precioso, escuchar a sus personajes, ahondar en sus vidas, en sus motivaciones, con el fin de poder trasladárselas al lector con todo el detalle necesario para que los vivan, los sientan y se vean conquistados por ellos y cuanto les acontece. Y yo suspiro, empatizando con ellos al considerar, inconscientemente, que es el estado ideal, máxime cuando además, como digo, los escucho hablar de encierro y dedicación exclusiva, porque me suena a algo magno, importante, enorme, digno de un escritor con mayúsculas, pensando, por una décima de segundo, que esa es la diferencia entre un «escritor» y aquel otro que no lo es, como si el aislamiento y la dedicación exlusiva fueran los créditos oficiales que les otorgan tal calificación.

   Pero entonces me detengo a pensar y aparece, como otras tantas veces, mi espíritu crítico. Y lo primero que aprecio es esa capacidad de contagio que tiene la pasión bien transmitida. Cuando una emoción se siente y se sabe canalizar y transmitir adecuadamente, el receptor la siente en propia piel y, además, en muchas ocasiones, se la cree, tanto si es verdad como si no lo es. En este caso, quién mejor que un escritor, acostumbrado a narrar y describir tanto hechos como emociones, puede transmitir su propia pasión, su propia forma de valorar sus cosas a quienes lo leen o escuchan hasta el punto de convencerlos, de hacerlos percibir que realmente ese estilo de vida que profesan condiciona que aquello que escriben merece de verdad la pena, tal y como lo cuentan; lo cual, dicho sea de paso, alimenta ese punto de vista de que los escritores auténticos, los grandes, son los que se deben en exclusiva a la escritura sin que se inmiscuya nada más. 

   ¿Pero realmente es así? ¿Dedicarse en exclusiva a una labor, que no tiene además reconocimiento oficial, te otorga esa condición? Y, de igual forma, ¿no dedicarte exclusivamente a ella, te la quita? Alguien puede autodenominarse «abogado», por ejemplo, por haber obtenido la licenciatura en Derecho, incluso aunque no ejerza la profesión y no resulte muy ético decirlo. Pero no hay una titulación universitaria, ni extrauniversitaria, que acredite la condición de escritor; a lo sumo, algunos cursos de narrativa, que más demuestran cierta preparación curricular que un nombramiento en sí. ¿Podemos dejar en manos de las condiciones de vida de quien escribe el que pueda calificarse como tal? Yo creo que no. En todo caso, podremos envidiarlo, pero no más :)

   Siguiendo con el cauce de reflexiones que se me han venido a la cabeza, me ha dado luego por analizar, con cierto detalle, las diferencias entre sus circunstancias y las mías propias, entre su estilo de vida (del escritor «ermitaño») y el mío con respecto a las letras, y la verdad es que creo que son sustanciales, diametralmente opuestas, me atrevería a decir. Y si no, juzgad por vosotros mismos:
 
   Mis personajes han venido conmigo al supermercado y sus reflexiones han compartido espacio con la fruta, las verduras y demás productos en el papel de mi lista de la compra; sus acciones me han robado parte de la memoria del móvil y me han privado de la visión de más un gol desde la grada en un partido de fútbol infantil; los imprevistos de la trama o un diálogo espontáneo han incrementado la rentabilidad de un portátil destinado a su mayor y mejor función: su portabilidad hasta lugares inverosímiles; y la emoción de una escena trasladada «al papel» me ha hecho derramar lágrimas en público, alejada de ese aislamiento idílico del escritor al uso. He ganado en capacidad para hacerme la sorda, o en atención selectiva, si hablamos con propiedad; en rapidez de concentración, en abstracción, en combinar facultades sin mezclarlas, como leer el último capítulo escrito con el ojo izquierdo mientras el derecho sigue las instrucciones de la receta de cocina en la que me encuentro afanada. Encontrar una rutina horaria o de cualquier otra índole que me permita organizar el trabajo es imposible. 

   ¿Qué os parece? No me lo digáis, ya sé la conclusión a la que habéis llegado: que así no puede salir nada bueno, solo una historia sencilla, simple, lineal, sin profundidad alguna, con personajes inconsistentes. 

   Pero... no es verdad. 

   Me he dado cuenta de que una novela se compone de multiples elementos, de múltiples piezas, al estilo de un puzzle, que no necesariamente hay que construir en orden ni de manera secuencial. Nosotros elegimos en qué parte nos centramos y con qué otras actividades las combinamos para optimizarla al máximo. Y contamos con un tiempo que podemos estirar a nuestra merced. En completar el puzzle, indudablemente, tardamos bastante más, no nos vamos a engañar. Pero lo terminamos haciendo. Sin sacrificar cuanto —y a cuantos— tenemos alrededor, bien porque no queramos o porque no podamos. Y lo mejor de todo, lo que más me llena de satisfación en este instante: darme cuenta de que no se halla diluida en nosotros esa pasión por los personajes y por la historia que los escritores «clásicos» afirman sentir con tanta euforia, ni se pierde nuestra receptividad por cuanto tienen que contarnos, los escuchamos en todas partes; ni soslayamos el esfuerzo de hacerles llegar a los lectores nuestra narrativa más impecable, nuestra trama mejor hilada y documentada, las emociones transmitidas al detalle, tal cual las hemos sentido de forma previa, aunque estas nos hayan abordado dentro del coche, a la puerta de un colegio, y no en la soledad de nuestro despacho, dispuesto como un santuario para facilitarnos la labor de escribir, de crear.

   No. Definitivamente, la calidad del escritor y su calificación como tal no la marca la exclusividad de esta empresa. La marcan sus conocimientos y su capacidad para llevarlos a la práctica de manera eficaz. Por ello no debo considerar escritor a quien ha decidido dedicarse unicamente a tal labor -por mucho que me contagie sus emociones y su percepción propia de sí mismo y de su obra-, sino a quien conoce el oficio a fondo, con independencia del grado de piruetas circenses que deba hacer a diario para poder sentarse a escribir. El aislamiento, el encierro, la exclusividad, por mucho que intenten encumbrarlos, no garantiza absolutamente nada. 

   Yo soy autora de algunas novelas, no creo ser «escritora». Pero si no ostento tal condición, no es por mi deber de combinarla con unas cuantas obligaciones más, sino porque entiendo que aún me queda oficio por aprender. Por lo demás, mi pasión (y la de otros en mis mismas circunstancias) por escribir una buena obra, por sus personajes, por su historia, por sus verdades..., mi capacidad para emocionarme con lo que imagino y escribo es, y seguirá siendo, intensa, tan intensa como la que más, a pesar de compartirla, todos los días del año, con un trabajo a tiempo completo, un marido, una familia, unos hijos, una rutina casera, unos amigos y otras muchas actividades de las que me apetece disfrutar.

   Como ya he dado a entender, la única diferencia vendrá marcada, en todo caso, por el mayor o menor oficio y por el tiempo. Pero esto último no me preocupa, no tengo prisa.

   Tan solo siento preocupación por que merezca la pena esperar.

26 feb 2018

BAJANDO A TIERRA. EDITORIALES DE AUTOEDICIÓN.



   Hace unos días publicaba un post en Facebook en relación con la proliferación de las editoriales de autoedición y quiero comenzar esta entrada reproduciendo textualmente lo que decía en él:

«La editoriales de autoedición proliferan como setas. Unas venden humo a precio de oro. Otras son más honestas en sus servicios. Pero pocas presentan ante el autor, de manera clara y cristalina, la realidad tal cual es. No es que mientan, simplemente omiten el verdadero peso de las dificultades que los autores encontrarán a partir de su publicación, jugando —en algunos casos de forma reprochable— con sus ilusiones para lucrarse, aprovechándose de un desconocimiento que, en la mayoría de los casos, tan solo se evita con la experiencia.
 No desecho este modo de publicación, ¡en absoluto! Me parece sumamente respetable tanto la elección del mismo por parte del autor como la forma de trabajar de algunas de estas empresas y de quienes están al frente de las mismas; pero me resulta triste que muchas de ellas despierten mi sonrisa irónica cuando me cuentan todo aquello que conseguiré. Y me resulta triste porque yo ya sé poner los puntos sobre las íes —conozco el percal y sé a lo que me enfrento, para bien y para mal—; pero otros muchos no, y se dejarán llevar por una ingenuidad que, tarde o temprano, les puede acabar pasando factura.
 SÍ a las editoriales de autoedición francas y honestas.
 SÍ a los profesionales que, al frente de ellas, aman su trabajo de editores, de fomento de la literatura y de impulso a escritores que lo necesitan.
 NO a los vendedores de humo, cuyo amor a las letras se reduce al montante económico que estas reportan gracias a la persecución de un sueño que, sin escrúpulo alguno, ellos se encargan de idealizar y magnificar.
 Autor: infórmate bien antes de decidir. Pero hazlo a través de la experiencia de otros.»

   Clara Tiscar, en su artículo «¿La mejor editorial para publicar un libro? ¡El top 5!» —cuya lectura recomiendo a quienes deseen entrar en el mundillo de la autoedición de la mano de una empresa de servicios editoriales—, decía haber hecho un estudio de mercado de unas cien editoriales de autoedición para poder escribirlo, por lo que no es descabellado pensar que habrá bastantes más en el sector intentando sacar partido a esta ola de escritores que desean ver sus libros publicados con unos cuantos sueños adheridos a sus tapas. Y no tendría razón de ser la publicación de esta entrada si no fuera porque se me revuelven las tripas cuando observo (y cuento con experiencia propia) las milongas que se difunden por escrito y de viva voz en algunas de ellas, sangrando a los autores a base de promesas irreales que tan solo sirven para engrosar el montante económico del contrato que pretenden firmar con ellos para que sus libros vean la luz.

   La parte positiva de todo esto es que no todas son iguales, afortunadamente. Hay profesionales en el sector que ofrecen buenos servicios a precios competitivos, sin contar con que no debemos menospreciar la opción que nos ofrecen de dar vida a unas obras que no han encontrado otra vía de publicación, con independencia de su calidad. Pero aun así, no está de más considerar algunos aspectos «reales» de la autoedición a tener en cuenta, porque distan mucho de esa imagen utópica de éxito seguro que nos transmiten los mensajes informativos y promocionales de sus webs, y que responden, como no podía ser de otra forma, a criterios de márquetin para convencer y vender. Y ahí es donde yo quiero hacer mis salvedades, mis advertencias, sin ningún ánimo de echarle tierra a nadie. Simplemente, con la intención de abrir los ojos a quienes aún no tienen experiencia suficiente como para valorar el verdadero alcance de lo que nos prometen.

   Comenzamos.

   1. SERVICIOS COMUNES.

   Todas (o eso espero) estas editoriales ofrecen una serie de servicios básicos: contacto personal con un editor, gestión del ISBN y Depósito Legal, diseño de portada, maquetación, revisión conjunta de galeradas, envío «gratis» de los ejemplares... Estos servicios, además de básicos, deben ser obligatorios, no olvidemos que nos están cobrando un precio superior al de una simple imprenta y en algo debe estar la diferencia. D
ebo decir que el ISBN que gestionan es de editorial, no de autor, lo cual permite la posibilidad de entrar en librerías y distribuidoras, cosa difícil con ISBN de autor. Pero lo dicho, todo esto está incluido en el precio.

   2. SERVICIOS ADICIONALES.

   Lo que sí puede o no estar incluido en el precio es la corrección de la obra.


   «Valoramos» tu obra. ¿Eso qué significa? En muchos casos «valorar» la obra supone cuantificar las páginas para darte un presupuesto. Nada más. El nivel de calidad y corrección les da igual. Incluso si va con faltas de ortografía. Para evitarlo, te ofrecen
—o noservicios de corrección con coste adicional. Otras, sin embargo, sí incluyen corrección ortotipográfica y/o de estilo. Y esto sí que es interesante, porque no solo conlleva que esta salga depurada y publicada sin errores, sino que además nos supone un buen ahorro, ya que el coste de las mismas no suele ser bajo. También es sumamente interesante la inclusión de un informe de lectura analizando la novela: sus puntos fuertes, débiles, aquello que se puede mejorar y su viabilidad, sobre todo si el autor es escrupuloso y quiere calidad en la trama, no solo en su narrativa. Pero esto no es fácil de encontrar por el coste que supone.

   Quiero advertir con esto que, muy probablemente, el hecho de que acepten publicar una obra no implique que esta sea buena. En el mismo saco pueden ir metidas novelas de índole muy diversa y esto podría ser un problema, porque si nos decantamos por una editorial que no tenga una cierta pulcritud a la hora de publicar podemos vernos afectados por la mala prensa de otras obras incluidas en catálogo. En este sentido, sí quiero hacer valer, por ejemplo, el sistema de clasificación que practica una editorial de autoedición —Mundopalabras—, que cuenta con tres sellos editoriales diferentes en función de los filtros superados por la obra, lo que conlleva un criterio de calidad asociado al sello que, como he dicho antes, no deja de ser una carta de presentación más de nuestra obra ante el lector.

   3. DIFUSIÓN.

   Hasta ahora nos hemos centrado en el proceso de creación de nuestro libro (que lo hará bueno, bonito y «barato»). Pero ahora se nos plantea lo que hemos de hacer con él, que, a fin de cuentas, es lo que andamos buscando cuando decidimos autopublicar con una de estas editoriales y no con una simple imprenta.

   Nos prometen máxima difusión y nos citan todo un elenco de canales a través de los cuales dar a conocer la obra: notas de prensa, envío a seguidores por correo electrónico, por catálogo, publicación en su página web con página de autor, difusión en redes sociales, entrevistas para algún medio, diseño de productos de márquetin, organización de presentaciones... Se nos iluminan los ojos creyendo que todo el mundo conocerá nuestra obra recién salida del horno. Pero lamento decir que la repercusión de todo ello es más bien baja: primero, porque suele ser una campaña promocional de lanzamiento con alcance limitado (las editoriales de autoedición no tienen el impacto de las editoriales tradicionales, sin contar con que gozan de un menor prestigio al ir asociadas a la creencia de menor calidad de la obra, no nos engañemos); segundo, porque no pueden permitirse mantener esta campaña de promoción sostenida en el tiempo, a juzgar por todas las novedades que, mensualmente, lanzan al mercado y que también deben publicitar; y tercero y fundamental, porque aquello que se ve anunciado, si después no se encuentra con relativa facilidad, acaba en el rincón del olvido; hay cientos de miles de libros en venta para elegir, ¿por qué habrían de tener un empeño tan especial en conseguir el nuestro). Esto sucede de igual forma con editoriales tradicionales pequeñas y medianas que no pueden invertir en campañas publicitarias de duración aceptable (y, además, con distribución escasa). Al final, el mayor esfuerzo para abrir camino, junto al peso de la promoción, recaerá en el autor y en los recursos con los que cuente a nivel personal (redes sociales, prestigio personal y profesional, contactos, acceso a medios de comunicación, seguidores, curriculum literario previo...). Casi nada más. Triste pero real. ¿Con cuáles cuentas tú?



   Y aquí desembocamos en los dos puntos más peliagudos de todo este entramado, el que más sinsabores genera por ese éxito (casi prometido y fácil) que nos auguraron al comenzar: las ventas y la distribución.

   4. VENTA DEL LIBRO.

   Nos ofrecen la posibilidad de vender nuestro libro a través de varias vías. Todas son válidas, por supuesto, pero vamos a analizar también su probable repercusión real.

   4.1) A través de la librería de la editorial o de otras librerías on line (Amazon, Casa del libro, FNAC, Agapea…).

   La posibilidad existe y no la vamos a negar. Pero seamos realistas, por favor. Por mucho que nos quieran convencer —y por mucho que nosotros manejemos las redes y las compras on line sin esfuerzo alguno—, el porcentaje de lectores que compran papel a través de internet aún es pequeño. Sí, no abras los ojos sorprendid@. Aún se les hace cuesta arriba inscribirse en la página de turno, dar sus datos personales, pagar con tarjeta de crédito y, sobre todo, pagar gastos de envío cuando en una librería te lo llevas puesto del tirón y sin coste adicional. A eso debes sumar la búsqueda de tu libro. Si está posicionado y aparece en Google con facilidad, lo tenemos más sencillo. Si el lector ha de disponer de un enlace expreso que le lleve a la página, la cosa se complica, porque previamente debes contar con visibilidad suficiente -tú o tu novela- para que esa información esté disponible con facilidad. Venderse..., se vende. ¿Pero cuántos ejemplares?

   4.2) A través de tu propia página web.

   Reproduzco todo lo anterior, con el añadido de que has de direccionar previamente a los lectores hasta tu página, lo cual implica una visibilidad añadida como escritor. ¿La tienes? Ten en cuenta también que para vender desde tu propia página debes facilitar al máximo la operación. Déjate de correos electrónicos, pagos por transferencias y cosas así. Tan solo aquellos que tengan un empeño enorme en tener tu libro liarán la del tigre para hacerse con él de esta manera (sin cesta de la compra, pago por paypal, etc, etc). Y solo de amigos y conocidos no comemos. Los lectores «desconocidos» son, al final, los que más cuentan.

   4.3) Personalmente, a través de venta directa en presentaciones u otros eventos.

   Para mí es la más eficaz con diferencia, porque además de facilitar el acceso al libro estarás ofreciendo otros aspectos de él y de ti mismo que pueden resultar atrayentes. Pero no pierdas de vista tampoco que en España, por norma general, las presentaciones suelen ser muy poco numerosas. Solo los grandes escritores arrastran a un buen número de lectores hasta una sala. Y en el caso de noveles o seminoveles, la presentación en tu ciudad puede ser la más numerosa por aquello de contar con familiares y amigos, pero fuera…

   4.4.) A través de librerías físicas, lo cual implica la distribución de la obra.

    Llegados a este punto, abro apartado nuevo, porque merece una atención especial.

   5. DISTRIBUCIÓN Y VISIBILIDAD EN LIBRERÍAS FÍSICAS.


   «Podrás ver tu libro en escaparates y librerías». Ese «podrás» es una posibilidad teórica con una probabilidad real excesivamente baja. Eso, por no decirte que no lo verás, salvo algunas excepciones. Y ello por varias cuestiones:

   Primero, para que tu libro pudiera tener presencia física en librerías, la tirada que tendrías que encargar debería ser de unos miles de ejemplares. ¿Dispones de presupuesto para ello? Una tirada de 300 ejemplares apenas da para distribuir, considerando que tú tendrás que reservarte un número de ellos para distribución personal.

   Segundo, que tu libro esté a la vista en librerías no depende solo de ti, sino del interés que genere en los libreros y en las distribuidoras. Las grandes editoriales pugnan por ocupar sitio en las librerías, hasta el punto de que hay editoriales tradicionales medianas y pequeñas a las que les cuesta un mundo hacerse con un lugar en librerías pequeñas e incluso entrar en grandes superficies. ¿Y por qué ocurre esto? Porque se vende lo que se ve; aquello que no se ve, casi que no existe. Las librerías, en general, (con la excepción de algunas de ellas cuyos libreros son verdaderos amantes de la literatura y difusores de la cultura sin parangón) son negocios que deben subsistir y lo hacen con aquello que genera ventas seguras. ¿Tu libro es una venta segura? ¿Tanto como para ocupar el espacio que podría destinarse a una novela de Planeta o a un bestseller? Volvemos a tu visibilidad personal o a tu caché profesional, personal o de escritor para generar interés por aquello que has escrito, de lo contrario, es difícil que ambas se interesen: la distribuidora no lo ofrecerá y la librería no lo pedirá. También es triste, sí, pero real, y de nuevo, cuento con experiencia propia. De cualquier forma, en el caso de que lo vieras, debes saber que el tiempo que se le da una obra para que despegue y demuestre sus posibilidades es muy, muy corto, y en autoedición aún más. Si no se vende de manera importante en muy poco tiempo a partir del lanzamiento, lo retirarán sin remilgos. Eso sí, siempre puedes contar con aquellas librerías pequeñas que tú conozcas y quieran hacerte hueco como favor personal.

   A esto último, debemos añadir una cuestión más: ¿de qué distribuidora estamos hablando? Al igual que hay librerías grandes y pequeñas, conocidas y desconocidas, también sucede con respecto a las distribuidoras. Las hay bien implantadas, cuyos tentáculos llegan fácilmente a cualquier lugar; y otras más pequeñas con las que las librerías apenas cuentan. Azeta, por ejemplo, es una de las grandes, con buenas posibilidades de distribución, pero no todas gozan de ese prestigio ni están asentadas en el sector de una manera tan eficiente.

   6. IMPRESIÓN A DEMANDA.

   Este concepto parece ser la solución mágica a todos los males de una obra autoeditada de cara a las ventas. «No tendrás que pagar por grandes tiradas». «No se te quedarán ejemplares guardados en un cajón y sin vender». «Tu libro podrá estar disponible en cualquier librería del país y del extranjero».

   Y realmente es así. La impresión a demanda consiste, básicamente, en que un ejemplar se imprime cuando se vende. De uno en uno, a petición de lector. Y es cierto que puede pedirse en cualquier librería, pero…

   Volvamos a poner las cosas un poquito claras.

   Primero. Aunque suene reiterativa, lo vuelvo a decir: se compra lo que se ve, o como mucho, lo que resulta muy fácil de conseguir. Muchos lectores, cuando preguntan por una novela en una librería y no la tienen, eligen otra. Así de simple. Porque no tienen ganas de volver otra vez teniendo en lista una centena de novelas deseables para leer. Y si la quieren regalar, aún más.

   Segundo. Si realmente tienen interés en tu novela, preguntarán al librero por la posibilidad de conseguirla, pero aquí entra en juego la distribuidora que la lleve en catálogo y la facilidad que esta ponga para servirla (y de nuevo cuento con experiencia negativa propia, en este caso, con editorial tradicional, incluso ). Muchas librerías, si no está incluida en el catálogo de su distribuidora habitual, no te la pedirán. De ponerse en contacto directamente con la editorial para conseguirla, ya ni hablamos.

   Si la novela es buena y demandada (o el autor es conocido y despierta confianza e interés), conseguirla será más fácil. Pero aquí entramos en un círculo vicioso, porque el boca-oreja es el sistema promocional que mejor funciona. Si el lector no tiene acceso a ella, no puede dar su opinión. Si no da su opinión, no anima a otros lectores a pedirla y leerla. Si no la piden, las librerías y distribuidoras pasan.

   He encontrado editoriales tradicionales con sello de autoedición que te prometen dar el salto a la publicación convencional si la novela funciona. Es la guinda que ponen ante tu boca para animarte a contratar con ellos o incluso cobrarte unos costes astronómicos por una tirada irrisoria de ejemplares. Pero si siguen esta misma pauta, la obra difícilmente destacará lo suficiente como para que eso ocurra.

   7. PRECIO.

   Asegúrate de poner un precio a tu libro acorde a lo que ofreces y a tus necesidades. No es lo mismo una impresión con tapas «de bolsillo» que con solapas, por ejemplo, además de otro tipo de acabados. Pero además, ten en cuenta diversos factores que suelen pasar desapercibidos a priori.

   Primero. Al coste de tu libro has de sumar los impuestos que deberás pagar fiscalmente por su venta (no he de decir que ser editor de tu propio libro implica el alta en Hacienda para la facturación, fiscalidad del IVA, los pagos a cuenta y el IRPF anual, además del seguro de autónomos si careces de otro régimen).

   Segundo. Si los vendes por tu cuenta, considera los gastos de envío, tanto si corren de tu cuenta como si no.

   Tercero. Si los vas a vender a través de librería, ten presente que esta suele llevarse alrededor de un 30% del precio del libro sin IVA, y la distribuidora, otro tanto. Así es que súmalo al coste de impresión y calcula lo que te queda, a ver si te vas a tener que rascar el bolsillo.

   Todo ello es fundamental tenerlo en cuenta a la hora de calcular cómo, cuándo y de qué forma recuperarás tu inversión. Porque no debes olvidar que autopublicando con una empresa de servicios editoriales estás adelantando un dinero del que no tendrías que desprenderte si optaras, por ejemplo, por una autoedición completamente independiente en Amazon, a través de Createspace o de KDP (aunque esta opción no contempla, por supuesto, la mayoría de los aspectos que hemos barajado aquí y que, con sus debidas reservas, te podrían convenir).

   8. OBRA EN DIGITAL.

   Las editoriales de autoedición suelen ofrecer también la posibilidad de incluir el ebook del libro, así como su distribución en decenas de plataformas. Lo primero que debes demandar es un ebook maquetado en forma Epub o MOBI (para Kindle). Muchas de ellas suben un fichero en PDF que no cumple con los requisitos de calidad básicos para los lectores digitales más usados. Aun así, mi opinión al respecto es que la plataforma digital por excelencia es Amazon, las demás no tienen una repercusión elevada en ventas. A eso debo añadir, según mi propio punto de vista y experiencia, que si es la editorial la que sube el fichero a todas las plataformas, el autor pierde la posibilidad de gestionar las ventas, el precio y las posibilidades de promoción que, por ejemplo, Amazon KDP ofrece al autor, lo cual no es del todo interesante.

   CONCLUSIÓN.

   Si has llegado hasta aquí es porque realmente estás interesado en autopublicarte y, además, has pensado hacerlo a través de editorial. Tal vez te hayas desmoralizado. O quizá pienses que soy una detractora absoluta de esta forma de publicación. Pero no es así.

   Como te digo, si se te ha cruzado por la mente esta última hipótesis, te diré que en absoluto estoy en contra de ello. Lo único que pretendo es ayudarte a ser realista, a conocerlo todo tal cual es, sin idealismos, porque solo sabiendo desde dónde partimos y las herramientas reales con las que contamos, evitaremos decepciones y nos garantizaremos un éxito mayor.

   Actualmente, tengo cuatro obras literarias publicadas. Tres de ellas son de autoedición: una con editorial y las otras dos de forma independiente en Amazon. La cuarta lo ha sido con editorial convencional, aunque pequeña. Conozco a fondo cómo funcionan, tanto unas como otras, y también conozco el funcionamiento del mundillo literario en cuanto a librerías y distribuidoras. Por eso me sabe mal que pretendan enredar a quienes no tiene n experiencia, pintándoles un mundo de color de rosa que no lo es en realidad. Y que jueguen con sus ilusiones para lucrarse sin escrúpulos ya me enciende.

   ¿Volvería a autoeditar después de mi experiencia? Tal vez esa sea una pregunta que estás deseando hacerme. Y mi respuesta es SÍ. No descarto esta opción, la respeto, como respeto la labor de los buenos profesionales que hay al frente de ellas (no de todas, ¿eh?) Es más, considero, como ya he dicho en más de una ocasión, que debemos valorar muy positivamente la posibilidad que nos brindan de ver nuestras obras publicadas cuando no nos ha sido posible hacerlo a través de editoriales tradicionales que, en gran medida, parecen llevar el objetivo comercial hasta el último extremo, a veces, hasta ignorando la calidad. Pero si vuelvo a autoeditarme, lo haré sabiendo el punto del que parto, mi posición actual en el mundillo literario, mi curriculum personal y profesional, mi visibilidad en redes, mis posibilidades de acceso a medios de comunicación, así como a otros canales promocionales y, sobre todo, el precio que no estoy dispuesta a pagar por unos servicios que son los que son y con la eficacia que ya sé que tienen. Nada de utopías. Nada de éxitos garantizados. Nada de estrellatos pagados de antemano.

   Piensa que ellos ponen a tu disposición una serie de recursos nada desdeñables, pero que ese éxito depende, en gran medida, de lo que tú hayas sido capaz de escribir y, sobre todo, DE TI.

 



19 nov 2015

CHARLA CON EL ESCRITOR MIKEL ALVIRA.


 Mikel Alvira (Pamplona, 1969) desarrolla actualmente su faceta de novelista de la mano de la agencia literaria de Antonia Kerrigan Literary Agency, agente asimismo de María Dueñas, Ángela Becerra, Elvira Lindo, Víctor del Árbol y Ruiz Zafón, entre otros.
El 1 de julio de 2015, Ediciones-B editó LA NOVELA DE REBECA, una obra deconstruida, en apariencia negra sin serlo, un thriller trepidante sobre el concepto de escribir.
Mikel Alvira ha alternado durante años el aula (Universidad de Deusto y Enseñanzas Medias) con su vocación como  creador multidisciplinar. Dan demuestra de su inquietud sus manifestaciones plásticas, guiones y ensayos, y muy especialmente sus poemarios y novelas, entre ellas el best seller El silencio de las hayas.
Ha obtenido premios en el Concurso de Cartas de Amor de Barakaldo (2001) y el Premio de Relato No Sexista de Santurtzi con la novela “La Batea” (2003), así como en el Concurso Literario Restaurant Fogón Saint Julien de París (2006), con el relato “Eterno Ajoarriero Hereje”, publicado en el libro “Cuadernos del Fogón”.
El último galardón recibido ha sido el Premio HEMENDIK 2015 de las Letras por su contribución a la Cultura del Pais Vasco, por hacer que la creatividad vasca traspase fronteras y por hacer “que su sueño haga soñar a cuantos le leen”.
Toda su obra publicada puede verse en su WEB OFICIAL. 

  

   Durante la lectura de “La novela de Rebeca” fueron muchas las preguntas que asaltaron mi cabeza en relación con la novela en sí y también con su autor, Mikel Alvira. Nada me habría gustado más que asistir a algún encuentro con sus lectores, de los que me consta que ha tenido, pero como no me ha acompañado esa suerte, le propuse mantener esta charla a ver si satisfacía mi apremiante curiosidad :) Y el aceptó.

   Bienvenido a esta casa, Mikel, todo un placer para mí poder charlar contigo.


   Supongo que uno de los aspectos que más ha dado que hablar de la novela ha sido su estructura, y no solo porque exista una novela dentro de otra, sino también por la forma de jugar con todos los elementos que confluyen en ella: un escritor protagonista —Simón Lugar— que no se limita a escribir su propia novela, sino que filosofa y vierte preguntas propias de los escritores que muchos escritores se hacen; guiños literarios como comenzar cada uno de los capítulos de la misma forma en que Simón Lugar pretendía iniciar los de su novela; la mención a otras obras escritas por el protagonista y las vivencias de quienes han influido en su vida literaria y personal; la narración, con bastante detalle, de la novela de Simón, que nos permite seguir su trama con interés llevándonos a leer dos novelas en una y de géneros diferentes… Y todo ello con una alternancia de elementos que aparentemente no atiende a orden. Solo aparentemente.
   No voy a preguntarte cómo surge la idea de esta estructura, Mikel, sino por qué. ¿Qué razón motivó el hecho de crear una estructura tan compleja?

   Desde hace tiempo, me preocupan más ese tipo de cuestiones que las historias como tal. A ver, entendámoslo: creo que una buena historia es imprescindible para hilar una novela, pero no suficiente. Al menos, no suficiente para mí. Creo que hay que hacerse preguntas, plantearse retos y hacer del proceso creativo una búsqueda. En mi caso, La Novela de Rebeca responde a eso. Yo quería contar la historia de un escritor subyugado por su propia creación, pero, a la vez, quería indagar en la estructura-puzle. La han definido por ahí como “novela matriuska” y, en efecto, ése era el propósito. ¿Sería yo capaz de escribir una novela dentro de una novela y lograr que, a la vez, fuera atractiva? ¿Se pueden combinar dos voces narrativas, dos tiempos verbales, incluso dos grafías diferentes, sin hacer un libro de metaliteratura inasequible?

   Pues ya te respondo yo que sí, a la vista está, tú lo has hecho. Y esta forma tuya de implicarte en la creación de algo nuevo es lo que hace avanzar a la literatura, mantenerla viva alejándola de lo que, tarde o temprano, produciría algo de aburrimiento por esa falta de innovación. Afortunadamente, cada vez vamos encontrando más autores que se mueven en esa búsqueda y que da como resultado novelas que juegan con estructuras diferentes a las clásicas de siempre. Y no solo eso, también con esa  alternancia de voces narradoras distintas e incluso diferentes tiempos en la narración dentro de la misma novela, como tú bien refieres.
   A simple vista y según esto, pudiera parecer que todo vale, pero no es así. Yo creo que hay una delgada línea separando una estructura inteligente de una estructura ininteligible, que apunte al absurdo —por no decir que resulte caótica—. ¿Cuál es la clave, cuál es la consigna básica que hemos de tener presente y que no podemos obviar para evitar cruzar esa linde? Te lo pregunto porque después de haber escrito esto, tú tienes que saberlo, ja,ja,ja.

   Gracias. No creo que haya fórmulas mágicas ni recetas infalibles. Durante el proceso de creación de esta novela, pensé en más de una ocasión que se me estaba yendo la cabeza y que el resultado sería incomprensible. Luego me vi que no. Creo que pasé algunos de los mismo desiertos que pasa Simón Lugar, el protagonista. Ja.ja.ja.
   Al final, creo que hay que poner el foco en dos cuestiones: por un lado, que las novelas que tienen vocación de ser publicadas han de gustar; es decir, que quien la lee no tenga que hacer un esfuerzo de autoconvencimiento de manera que a cada página no haya de tener que darnos una nueva oportunidad. Por otro, que satisfaga las preguntas que nos hacemos como autores; esto es… yo me preguntaba a ver si sería capaz de manejar una estructura compleja para crear una novela legible, cercana, accesible. Me paraba cada poco para tomarme el pulso y preguntarme si lo estaba consiguiendo.


   Es que a priori podrían ser dos cosas no fácilmente compatibles, el hecho de gustar al lector y el de satisfacer lo que a uno le mueve como escritor. Parece que lo normal es que ambos objetivos estén aunados, pero yo creo que con más frecuencia de la que se piensa existe una cierta distancia entre ellos. Y decantarse por una u otra opción, o tratar de acercarlas lo más posible, puede resultar complicado. Vamos a hablar un poco de todo esto…
   La inteligencia y la exigencia son cualidades que pueden estar presentes en mayor o menor medida en todos los ámbitos, incluido el literario; espero que no se ofenda nadie si digo que hay tanto escritores como lectores más o menos inteligentes, a la vez que más o menos exigentes, aunque ambas cosas parecen ir ligadas. Yo tengo la impresión (admito réplicas) de que "La novela de Rebeca" es para lectores inteligentes (no personas inteligentes, sino lectores inteligentes, que no es lo mismo) y sobre todo, exigentes, y tiendo a pensar que esa exigencia podría volverse en contra de la novela si no está perfectamente construida. ¿Merecía la pena correr ese riesgo, Mikel? El riesgo de que, al publicarse, pudiera ser tan encumbrada como criticada, en función de la aceptación del lector.

   La exposición es parte de la publicación. Siempre, escribamos lo que escribamos, estamos expuestos a la crítica. No es algo que me preocupara cuando la estaba escribiendo. Sabía que llegaría el momento de la crítica; lo que no sospechaba era que ésta fuera tan unánime y tan benévola. Y es que, en efecto, como dices, es una novela para lectores inteligente; es decir, para gente que lee y no necesita que se le lleve de la mano y se le vaya explicando todo. Ésa era una de mis consignas. Después de varias novelas en las que, aunque también indagaba en diferentes estructuras (la coral de El Mar que te Debía o la paralela de Llegará la Lluvia), me apetecía dejar de contarlo todo y permitir que el lector participara en el proceso de creación de situaciones y personajes. Eso no significa que sea una novela elevada o inalcanzable; al revés, creo que la hace más fresca, más directa, más asequible. Al menos, eso dice la crítica, ja,ja,ja.

   Y quizás también más parecida a la vida real, donde nada es lineal, todas las “tramas”, las vidas, las historias están entrecruzadas, interaccionando unas con otras de forma espontánea sin aparente orden y, sobre todo, donde nada o casi nada es lo que en un principio parece, ¿no? Pero claro, en la vida real uno puede preguntar e investigar, aquí la información tienes que encontrarla entre las páginas de la novela, no hay más, y si el lector no consigue extraerla… 
   ¿Quién puede permitirse correr un mayor riesgo escribiendo este tipo de novela: un escritor poco conocido —pero que intenta hacer carrera literaria— que aún no vive de la escritura (profesionalmente se dedica a otra cosa), o un escritor con un bagaje literario a sus espaldas que lo avale, pero que depende del éxito de sus obras para seguir comiendo?

   No creo que dependa de eso sino de la actitud. El que no se arriesga no cruza la mar. Tanto uno como otro pueden tener factores que le empujen a lanzarse y romper la baraja como a acomodarse y no atreverse a innovar. En mi caso, es una cuestión de cómo me planteo el proceso creativo. Éste ha de ser audaz para que el resultado sea audaz; que de esa audacia surja algo comercial o no dependen muchos otros factores a parte de la novela como tal.

   Preveo tu respuesta por lo que acabas de decir, pero aún así te lo pregunto: ¿Cuál es tu prioridad, escribir lo que te apetece o lo que sabes de antemano que funcionará?

   El oficio nos va dando pista de qué es lo que no funcionará, pero nunca la certeza de lo que sí lo hará. En mi caso, escribo como sé y como soy. No me concibo como un autor que no ponga las tripas en lo que hace (las tripas y el pecho, que es donde residen las emociones). Es decir, no escribo solo con la cabeza. De ahí que me lance a escribir, a crear, siempre para responderme a preguntas, más allá de si va a ser comercial o no. Pensemos que creo mucho más de lo que muestro. Si hablamos de letras, escribo mucho más de lo que edito. Escribir es una herramienta para investigar. Luego basta elegir qué publicar de todo lo escrito.

   “Escribir es una herramienta para investigar”. Desde luego así es como más se aprende, haciendo incursiones por distintos caminos, sin limitarse a lo ya se domina...
   A ver, Mikel, permíteme que te haga una pregunta cuya respuesta admito que podría suscitar un cierto debate: ¿tú crees que los lectores, inconscientemente tal vez, están dispuestos a hacer un esfuerzo mayor por entender una novela cuando hay un escritor reconocido detrás? Me baso un poco en lo que yo llamo la Ley de las atribuciones, según la cual, partiendo de una misma novela —en este caso—, puede llegarse a conclusiones distintas según sea quien escribe: “La novela es un bodrio, no tiene ni pies ni cabeza” (cuando el escritor es desconocido y, por tanto, la implicación es menor por la desconfianza que nos provoca), o bien, “Es una buena novela, bien escrita, aunque a mí me ha costado un poco entrar en ella, entenderla.” (cuando hay un escritor de renombre detrás, o que sabemos que es bueno, al menos).

   La marca pesa siempre. Lo vemos en cualquier producto que haya en el mercado. También en este campo. Y no olvidemos que los libros son, además y quizás y sobre todo, productos que necesitan su marca, su sello editorial, su posicionamiento, su distribución. No cabe duda que en lo que dices hay mucho de descarnada realidad. Pero también lo es que el consumidor, en este caso el lector, es listo y sabe discernir. Ya nadie comulga con ruedas de molino. Somos exigentes y sabemos lo que nos gusta y lo que no. Prueba de ello es que hay “consagrados” de cualquier disciplina que se estrellan comercialmente con una creación y, al revés, sorpresas que da el mercado con superventas de gente desconocida. Creo que como consumidor hay que buscar siempre lo que nos emocione, más allá de si es complejo o no; y como creador, hay que buscar ser honesto con nuestras preguntas, más allá de si se es comercial o no.

   Volvamos a las complejidades. En “La novela de Rebeca” podemos hablar de metaliteratura en grado sumo. Haces referencia a otras obras literarias (aunque sean ficticias), hablas del proceso literario, de la creación de una novela, de escritura… Y echas mano de un recurso que ya hemos visto en otras obras y que ya he referido antes: el hecho de que el protagonista de tu novela esté escribiendo su propia novela. Pero tú vas todavía más allá, Mikel, tu rizas el rizo hasta hacer tirabuzones, ja,ja, porque además nos muestras la trama desarrollada de la novela que está escribiendo el protagonista (Simón Lugar) hasta el punto de intrigarnos e implicarnos en ella tanto o más que en la tuya propia, sin contar con que Rebeca, la protagonista de la novela de Simón, ¡también está escribiendo otra! ¡¡Vaya lío, ja,ja,ja!! A mí esto me ha sorprendido y me ha encantado (aunque haya tenido que hacer un esfuerzo inicial para saber en todo momento dónde estaba situada, en qué “subnivel” de la trama, para no liarme). Pero me pregunto cómo se escribe esto sin que se te hagan nudos con tanto hilo y sobre todo, sin que nada quede fuera de su lugar apropiado y forme un enredo en la mente del lector imposible de deshacer? ¿Como si estuvieras escribiendo dos novelas a la vez? No, dos no, ¿tres? :)

   He de ser sincero: no me costó separar en mi cabeza cada uno de los diferentes subniveles. Y eso que apenas tiré de anotaciones en libreta. La Novela de Rebeca surgió muy de golpe. Sí que la reflexión la tenía hecha y fue fruto de mucho tiempo, pero el proceso de escribirla no fue complicado. Reconozco que al principio sorprende y hace que el lector transite de una historia a otra sintiendo que no sabe a dónde va, pero ése era mi reto: sacarle de la jungla y llevarlo novela adelante hasta que comprobara que todo estaba planificado y bien ajustado. Ha sido un proceso creativo excitante, emocionante, divertido y con vértigo. ¿Qué más pedir como creador? Ja,ja,ja.


   ¿Ves? ¡Si cuando yo hablaba antes de escritores más o menos inteligentes era por algo! Y además disfrutas con un proceso de creación que satisface tus propias demandas como escritor… ¡Y encima el resultado gusta a los lectores…! No, definitivamente, no puedes pedir más, ja,ja,ja.
   Los escritores escriben sus novelas buscando la empatía y la complicidad de los lectores, intentando conseguir que estos se impliquen en la historia y se metan en la piel de los personajes. Pero esta novela —y esta es otra originalidad— tiene un doble público: los lectores y los escritores (estos últimos, doblemente, porque también son lectores). Y es así porque Simón Lugar (protagonista de la novela) se hace a sí mismo muchas preguntas que apuesto a que todos los escritores se han hecho alguna vez. ¿Todo es premeditado, Mikel, hay intencionalidad en este planteamiento de involucrar también a los escritores en la trama? ¿Qué has buscado con ello?

   Escribo para lectores. Que estos sean también escritores es pura coyuntura; hay lectores que son escritores como son de cualquier otra ocupación. No me planteé hacer metafísica ni un libro de estilo ni filosofía ni, como me ha dicho alguien, un libro de autoayuda para escritores atascados. En absoluto. Es una novela thriller para lectores que disfruten leyendo historias con intriga. No busco nada más que responderme a mis preguntas y acompañar a quien lee en sus ratos de lectura.


   Pues sin buscarlo, creo que estás consiguiendo que muchos escritores empaticen con el personaje de Simón por su condición de escritores (al menos, en cuanto a sus divagaciones), y no solo como lectores.
   Y hablando de filosofía, ahora que la mencionas… Conforme he ido leyendo “La novela de Rebeca” he ido encontrando muchas reflexiones integradas, en mayor o menos medida, en ella. A mí me han parecido reflexiones unas veces filosóficas, metafísicas, y otras tantas, originales, propias de una mente deductiva y sobre todo, entrenada para observar y darle un giro completo a muchos aspectos de la vida en general con el fin de analizarlos desde una óptica completamente distinta a la habitual. Y esto, claro, provoca en el lector un efecto impactante, incluso le obliga a detener la lectura porque lo descoloca (al menos a mí, que las perspectivas “anormales” me pierden, jaja). Yo te pregunto, Mikel: ¿qué ha sido primero, la novela o las frases? Me explico: ¿las reflexiones o afirmaciones de este tipo han surgido realmente a raíz de la narración? ¿O ya estaban en tu mente de forma previa y las has aportado para enriquecerla?


   Repito que, sin querer hacer filosofía ni querer ofrecer al público un libro para reflexionar, esta novela contiene, en efecto, muchas de las reflexiones que ya arrastraba yo desde hacía mucho tiempo. Si se echa un vistazo a novelas mías anteriores se verá que van muy en la línea de lo que yo siempre he pensado. Si se lee, por ejemplo, En la Tierra de los Nombres Propios, se encontrarán muchas ideas que vuelven a aparecer en La Novela de Rebeca. Lo mismo si se me sigue en redes sociales. Soy un ser muy reflexivo (a veces demasiado, ja,ja,ja) y es lógico que en mi literatura se destilen reflexiones. Algunas ya constantes y otras, como tú dices, que surgieron mientras avanzaba en la redacción. Con todo, repito que no es un libro de filosofía ni de autoayuda ni yo pretendo dar lecciones de nada.

   A mí tampoco me ha parecido de autoayuda, de hecho, muchas de las dudas o preguntas que Simón Lugar se hace a sí mismo quedan sin contestar. Ni que las reflexiones deriven en lecciones, tan solo atienden a una óptica diferente a la hora de analizar las cosas,  pero esa es mi impresión personal.
   Una de estas reflexiones dice: “Escribir o morir, y morir por no saber no escribir.” Esta última parte de la frase denota la pasión de los escritores de vocación, de los que sienten esa necesidad de escribir desde que tienen uso de razón y han de satisfacerla a pesar de los pesares, aunque en determinadas etapas, más que mieles se recoja sufrimiento por el hecho de escribir y querer compartir además lo que se escribe.
   A la vista del panorama actual, Mikel, yo me pregunto si todos los escritores actuales morirían por no escribir…, o quizás lo harían al no publicar. ¿Tú crees que, para muchos, el hecho de compartir lo que se escribe se ha convertido en algo más importante y pasional que el hecho en sí de escribir?


   No tengo ni idea de cuáles son las motivaciones, los desvelos, las pasiones o los fantasmas de otros escritores. Cualquier persona que cree algo se merece mi respeto. Si puede mostrar lo creado, muchas veces es cuestión de suerte. No sé si hay quien escribe solo por publicar o quien publicar es su meta. Para mí, no lo es. Quiero publicar, claro, porque es mi manera de divulgar y tender puentes; pero no es mi obsesión sino mi ilusión. Quizás sea una cosa solo de conceptos: tiendo a ilusionarme, no a obsesionarme. Lo que hagan los demás, ¿quién lo sabe?


   Tal vez quienes comparten con ellos su aventura literaria y se encuentran lo suficientemente cerca como para ser testigos de sus actos, confesiones, comentarios, deseos hechos públicos… :)
   Hay una cuestión que Simón Lugar se plantea en la novela y que suele estar presente en la carrera profesional de un escritor (apuesto a que provocándole cierta presión, en mayor o menor medida), y me refiero a la forma en que el éxito de una novela condiciona la siguiente, para bien o para mal. “La novela de Rebeca” está siendo un éxito (cualitativo, al menos; cuantitativo, no lo sé). ¿En qué medida te afecta esto de cara a la siguiente, Mikel? ¿En qué medida esto puede condicionar el tipo de novela, el género, el enfoque, la trama o los gustos personales o ajenos a la hora de escribir otra novela que querrás (supongo) ver publicada por una editorial que, a su vez, tendrá sus propias expectativas con respecto a ti?

   Es muy interesante lo que planteas. La Novela de Rebeca está siendo un éxito en todos los puntos, tanto aquí como en Latinoamérica. ¿Condicionar? ¡No! Al contrario, ilusionar y evolucionar. Nunca me he planteado cuestiones como dar con la piedra filosofal del éxito para poder hacer novelas como churros. Tampoco conseguir dormirme en los laureles. Siempre seguiré explorando, haciéndome preguntas y buscando cómo resolverlas. La edad, el oficio y el estar atento nos indica cómo sobrevivir en este mercado, pero a día de hoy estoy feliz y me siento más escritor que nunca. Todo es un regalo… y lo que haya de venir, también.


   Por cierto, Mikel —aunque esto no tenga nada que ver con lo que estamos hablando—, ¿te molestaría ponerte a firmar tu novela a una lectora en la cola del banco? :)

   Ja,ja,ja. En absoluto. Simón Lugar y yo solo nos parecemos en el hecho de que escribimos y escribimos para respondernos. En el resto, somos muy distintos; prácticamente opuestos. Su misantropía choca con mi necesidad de estar con gente. Una persona que lee mi libro se merece todo mi respeto y mi gratitud.


   A ver, esta es otra pregunta que podría conllevar una respuesta “políticamente incorrecta”, pero aún así, yo la formulo :). ¿Te mueves por las redes sociales por el placer de interactuar con tus lectores, o porque estimas que hoy en día es imprescindible para ayudar a darle visibilidad a una obra literaria? Me consta que hay de todo en este mundillo literario (incluso quienes disponen de “Community manager”). A mí, personalmente, ambas opciones me parecen respetables, aunque una me guste más que la otra, claro.

   Mis redes las mantengo yo y me muevo por ellas antes incluso del éxito de Rebeca, con todas las reservas respecto a la palabra “éxito”. Lo que me proporcionan las redes es visibilidad pero, sobre todo, accesibilidad. Me encanta recibir fotos de lectores o lectoras con la novela, de escaparates, de páginas subrayadas… Me gusta quien se me acerca y me pregunta, me comenta, me solicita. No me concibo como un escritor en su torre de marfil. De lo que hagan los demás no cuestiono nada porque cada cual usa estas herramientas como quiere y para lo que quiere.

   ¡Pues esa era la opción que más me gusta a mí, ja,ja,ja, la que nos permite acercarnos al autor de una obra para poder saber un poco más, como estoy haciendo yo ahora!
   Bajo tu punto de vista, Mikel, ¿el éxito de “La novela de Rebeca” está en la historia (o historias) que cuenta, en la originalidad de su estructura, o en la originalidad de su trama? ¿O en todo unido? ¿Qué es lo que crees que puede haber llamado más la atención del lector? ¿Y de la editorial?
   Tengo que decirte que anoté esta pregunta antes de leer una afirmación de Simón Lugar que comparto: “La historia es secundaria. Lo que cuenta es cómo hacemos esa historia”, y que me ha venido como anillo al dedo para preguntártelo a ti ahora, porque creo que incluso las editoriales, cuando hablan de buscar algo que les sorprenda, no se refieren solo al fondo, sino también a la forma.


   El día que lo sepa quizás deje de escribir. Ja,ja,ja. No sé. Supongo que es una combinación de todo ello. Mira, recibo muchas cartas de lectores y veo que a cada persona le llega esta novela por una razón distinta. Para mí, eso es estupendo porque demuestra que la creatividad tiene consecuencias imprevistas.

   Yo suelo decir que los escritores son como los actores, para dar vida a un personaje tienen que meterse en su piel, “vivir” lo que ellos viven y “sentir” lo que ellos sienten, sobre todo cuando hay implicaciones sentimentales y emocionales en la historia que protagonizan. Simón Lugar es un personaje perfectamente construido y perfilado (la verdad es que todos lo son, hasta los secundarios), pero es un escritor, al igual que tú. ¿Hasta qué punto has necesitado meterte en su piel para escribir la novela? ¿O te ha resultado suficiente escribir desde la tuya para darle vida?

   En efecto, es necesario meterse en la piel de los personajes. Pero, ojo, eso no significa que estos sean nuestro alter-ego. Suelo decir que hay tanto de mí (mucho o poco) en Simón Lugar como en Rebeca. De todas formas, aunque sea necesario meterse en la piel, no hay que obsesionarse en ello. Creo que lo importante es meterse en las emociones, imaginárselas, proyectarlas. Si fuera una condición indispensable, sería imposible escribir ciencia ficción o novela histórica porque un escritor nunca podrá estar en el año 2090 o en las Navas de Tolosa en el 1512.

   En un pasaje de la novela plasmas cómo pequeños actos de la vida, realizados sin intención alguna, pueden sin embargo hacer que ésta experimente un giro radical. Unos le llaman “casualidad”; otros, “golpes de suerte”; otros, “malas jugadas del destino”… ¿Tú crees en las casualidades, Mikel? ¿Alguna casualidad —o como quieras llamarle— te ha impulsado o te ha frenado en tu carrera de escritor?

   Creo que somos nosotros, con nuestra actitud, quienes invocamos. ¿Suerte? No sé. ¿Casualidades? Pienso que todo está hilado y sucede por algo. En mi caso, soy de ver la botella medio llena, siempre. No sirve de mucho lamentarse ni quejarse, sino más bien ponerse en marcha y encarar la vida. Al final, quizás todo lo que nos suceda en la vida sea una casualidad.


   Coincidimos en esa forma de pensar, yo también creo que todo lo importante sucede por algo.
   Apenas hemos hablado del fondo, de las diferentes historias que se cuentan en la novela (de géneros literarios distintos, por cierto), tal vez porque creo que estas referencias son las que más fácilmente pueden encontrarse en las reseñas y críticas que van saliendo en la blogosfera y otras páginas webs. Y tampoco quiero hablar del final. Porque a mí me dejó tan descolocada y con los ojos tan a cuadros que prefiero no destripar nada, solo diré que es redondo, un broche de oro muy acorde al estilo de la novela. Pero hablando de historias y de finales, sí quiero hacerte una última pregunta, Mikel, o mejor, pedirte que hagas tu elección:
   ¿Una historia brillante con un final mediocre, o una historia mediocre con un final brillante?


   ¿Y por qué tener que elegir? Ja,ja,ja. ¿Por qué no una buena historia con un final redondo? Una mala historia puede hacer que le lector ni siquiera llegue al final por muy brillante que sea éste; un mal final puede echar por tierra un proceso de lectura. Quedémonos con la idea de que lo bueno siempre es posible.


   Claro, esa es opción ideal pero no siempre se da, ja,ja,ja. Esta pregunta iba dirigida más a la faceta de lector que a la de escritor, porque, obviamente, un escritor siempre intentará que la novela sea redonda de principio a fin, con independencia de que al final lo termine consiguiendo o no.


   Muchas gracias, Mikel, por mantener esta charla conmigo y felicidades por la novela. Te deseo todo el éxito que merece.

Lecturas 2018.

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