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26 feb 2018

BAJANDO A TIERRA. EDITORIALES DE AUTOEDICIÓN.



   Hace unos días publicaba un post en Facebook en relación con la proliferación de las editoriales de autoedición y quiero comenzar esta entrada reproduciendo textualmente lo que decía en él:

«La editoriales de autoedición proliferan como setas. Unas venden humo a precio de oro. Otras son más honestas en sus servicios. Pero pocas presentan ante el autor, de manera clara y cristalina, la realidad tal cual es. No es que mientan, simplemente omiten el verdadero peso de las dificultades que los autores encontrarán a partir de su publicación, jugando —en algunos casos de forma reprochable— con sus ilusiones para lucrarse, aprovechándose de un desconocimiento que, en la mayoría de los casos, tan solo se evita con la experiencia.
 No desecho este modo de publicación, ¡en absoluto! Me parece sumamente respetable tanto la elección del mismo por parte del autor como la forma de trabajar de algunas de estas empresas y de quienes están al frente de las mismas; pero me resulta triste que muchas de ellas despierten mi sonrisa irónica cuando me cuentan todo aquello que conseguiré. Y me resulta triste porque yo ya sé poner los puntos sobre las íes —conozco el percal y sé a lo que me enfrento, para bien y para mal—; pero otros muchos no, y se dejarán llevar por una ingenuidad que, tarde o temprano, les puede acabar pasando factura.
 SÍ a las editoriales de autoedición francas y honestas.
 SÍ a los profesionales que, al frente de ellas, aman su trabajo de editores, de fomento de la literatura y de impulso a escritores que lo necesitan.
 NO a los vendedores de humo, cuyo amor a las letras se reduce al montante económico que estas reportan gracias a la persecución de un sueño que, sin escrúpulo alguno, ellos se encargan de idealizar y magnificar.
 Autor: infórmate bien antes de decidir. Pero hazlo a través de la experiencia de otros.»

   Clara Tiscar, en su artículo «¿La mejor editorial para publicar un libro? ¡El top 5!» —cuya lectura recomiendo a quienes deseen entrar en el mundillo de la autoedición de la mano de una empresa de servicios editoriales—, decía haber hecho un estudio de mercado de unas cien editoriales de autoedición para poder escribirlo, por lo que no es descabellado pensar que habrá bastantes más en el sector intentando sacar partido a esta ola de escritores que desean ver sus libros publicados con unos cuantos sueños adheridos a sus tapas. Y no tendría razón de ser la publicación de esta entrada si no fuera porque se me revuelven las tripas cuando observo (y cuento con experiencia propia) las milongas que se difunden por escrito y de viva voz en algunas de ellas, sangrando a los autores a base de promesas irreales que tan solo sirven para engrosar el montante económico del contrato que pretenden firmar con ellos para que sus libros vean la luz.

   La parte positiva de todo esto es que no todas son iguales, afortunadamente. Hay profesionales en el sector que ofrecen buenos servicios a precios competitivos, sin contar con que no debemos menospreciar la opción que nos ofrecen de dar vida a unas obras que no han encontrado otra vía de publicación, con independencia de su calidad. Pero aun así, no está de más considerar algunos aspectos «reales» de la autoedición a tener en cuenta, porque distan mucho de esa imagen utópica de éxito seguro que nos transmiten los mensajes informativos y promocionales de sus webs, y que responden, como no podía ser de otra forma, a criterios de márquetin para convencer y vender. Y ahí es donde yo quiero hacer mis salvedades, mis advertencias, sin ningún ánimo de echarle tierra a nadie. Simplemente, con la intención de abrir los ojos a quienes aún no tienen experiencia suficiente como para valorar el verdadero alcance de lo que nos prometen.

   Comenzamos.

   1. SERVICIOS COMUNES.

   Todas (o eso espero) estas editoriales ofrecen una serie de servicios básicos: contacto personal con un editor, gestión del ISBN y Depósito Legal, diseño de portada, maquetación, revisión conjunta de galeradas, envío «gratis» de los ejemplares... Estos servicios, además de básicos, deben ser obligatorios, no olvidemos que nos están cobrando un precio superior al de una simple imprenta y en algo debe estar la diferencia. D
ebo decir que el ISBN que gestionan es de editorial, no de autor, lo cual permite la posibilidad de entrar en librerías y distribuidoras, cosa difícil con ISBN de autor. Pero lo dicho, todo esto está incluido en el precio.

   2. SERVICIOS ADICIONALES.

   Lo que sí puede o no estar incluido en el precio es la corrección de la obra.


   «Valoramos» tu obra. ¿Eso qué significa? En muchos casos «valorar» la obra supone cuantificar las páginas para darte un presupuesto. Nada más. El nivel de calidad y corrección les da igual. Incluso si va con faltas de ortografía. Para evitarlo, te ofrecen
—o noservicios de corrección con coste adicional. Otras, sin embargo, sí incluyen corrección ortotipográfica y/o de estilo. Y esto sí que es interesante, porque no solo conlleva que esta salga depurada y publicada sin errores, sino que además nos supone un buen ahorro, ya que el coste de las mismas no suele ser bajo. También es sumamente interesante la inclusión de un informe de lectura analizando la novela: sus puntos fuertes, débiles, aquello que se puede mejorar y su viabilidad, sobre todo si el autor es escrupuloso y quiere calidad en la trama, no solo en su narrativa. Pero esto no es fácil de encontrar por el coste que supone.

   Quiero advertir con esto que, muy probablemente, el hecho de que acepten publicar una obra no implique que esta sea buena. En el mismo saco pueden ir metidas novelas de índole muy diversa y esto podría ser un problema, porque si nos decantamos por una editorial que no tenga una cierta pulcritud a la hora de publicar podemos vernos afectados por la mala prensa de otras obras incluidas en catálogo. En este sentido, sí quiero hacer valer, por ejemplo, el sistema de clasificación que practica una editorial de autoedición —Mundopalabras—, que cuenta con tres sellos editoriales diferentes en función de los filtros superados por la obra, lo que conlleva un criterio de calidad asociado al sello que, como he dicho antes, no deja de ser una carta de presentación más de nuestra obra ante el lector.

   3. DIFUSIÓN.

   Hasta ahora nos hemos centrado en el proceso de creación de nuestro libro (que lo hará bueno, bonito y «barato»). Pero ahora se nos plantea lo que hemos de hacer con él, que, a fin de cuentas, es lo que andamos buscando cuando decidimos autopublicar con una de estas editoriales y no con una simple imprenta.

   Nos prometen máxima difusión y nos citan todo un elenco de canales a través de los cuales dar a conocer la obra: notas de prensa, envío a seguidores por correo electrónico, por catálogo, publicación en su página web con página de autor, difusión en redes sociales, entrevistas para algún medio, diseño de productos de márquetin, organización de presentaciones... Se nos iluminan los ojos creyendo que todo el mundo conocerá nuestra obra recién salida del horno. Pero lamento decir que la repercusión de todo ello es más bien baja: primero, porque suele ser una campaña promocional de lanzamiento con alcance limitado (las editoriales de autoedición no tienen el impacto de las editoriales tradicionales, sin contar con que gozan de un menor prestigio al ir asociadas a la creencia de menor calidad de la obra, no nos engañemos); segundo, porque no pueden permitirse mantener esta campaña de promoción sostenida en el tiempo, a juzgar por todas las novedades que, mensualmente, lanzan al mercado y que también deben publicitar; y tercero y fundamental, porque aquello que se ve anunciado, si después no se encuentra con relativa facilidad, acaba en el rincón del olvido; hay cientos de miles de libros en venta para elegir, ¿por qué habrían de tener un empeño tan especial en conseguir el nuestro). Esto sucede de igual forma con editoriales tradicionales pequeñas y medianas que no pueden invertir en campañas publicitarias de duración aceptable (y, además, con distribución escasa). Al final, el mayor esfuerzo para abrir camino, junto al peso de la promoción, recaerá en el autor y en los recursos con los que cuente a nivel personal (redes sociales, prestigio personal y profesional, contactos, acceso a medios de comunicación, seguidores, curriculum literario previo...). Casi nada más. Triste pero real. ¿Con cuáles cuentas tú?



   Y aquí desembocamos en los dos puntos más peliagudos de todo este entramado, el que más sinsabores genera por ese éxito (casi prometido y fácil) que nos auguraron al comenzar: las ventas y la distribución.

   4. VENTA DEL LIBRO.

   Nos ofrecen la posibilidad de vender nuestro libro a través de varias vías. Todas son válidas, por supuesto, pero vamos a analizar también su probable repercusión real.

   4.1) A través de la librería de la editorial o de otras librerías on line (Amazon, Casa del libro, FNAC, Agapea…).

   La posibilidad existe y no la vamos a negar. Pero seamos realistas, por favor. Por mucho que nos quieran convencer —y por mucho que nosotros manejemos las redes y las compras on line sin esfuerzo alguno—, el porcentaje de lectores que compran papel a través de internet aún es pequeño. Sí, no abras los ojos sorprendid@. Aún se les hace cuesta arriba inscribirse en la página de turno, dar sus datos personales, pagar con tarjeta de crédito y, sobre todo, pagar gastos de envío cuando en una librería te lo llevas puesto del tirón y sin coste adicional. A eso debes sumar la búsqueda de tu libro. Si está posicionado y aparece en Google con facilidad, lo tenemos más sencillo. Si el lector ha de disponer de un enlace expreso que le lleve a la página, la cosa se complica, porque previamente debes contar con visibilidad suficiente -tú o tu novela- para que esa información esté disponible con facilidad. Venderse..., se vende. ¿Pero cuántos ejemplares?

   4.2) A través de tu propia página web.

   Reproduzco todo lo anterior, con el añadido de que has de direccionar previamente a los lectores hasta tu página, lo cual implica una visibilidad añadida como escritor. ¿La tienes? Ten en cuenta también que para vender desde tu propia página debes facilitar al máximo la operación. Déjate de correos electrónicos, pagos por transferencias y cosas así. Tan solo aquellos que tengan un empeño enorme en tener tu libro liarán la del tigre para hacerse con él de esta manera (sin cesta de la compra, pago por paypal, etc, etc). Y solo de amigos y conocidos no comemos. Los lectores «desconocidos» son, al final, los que más cuentan.

   4.3) Personalmente, a través de venta directa en presentaciones u otros eventos.

   Para mí es la más eficaz con diferencia, porque además de facilitar el acceso al libro estarás ofreciendo otros aspectos de él y de ti mismo que pueden resultar atrayentes. Pero no pierdas de vista tampoco que en España, por norma general, las presentaciones suelen ser muy poco numerosas. Solo los grandes escritores arrastran a un buen número de lectores hasta una sala. Y en el caso de noveles o seminoveles, la presentación en tu ciudad puede ser la más numerosa por aquello de contar con familiares y amigos, pero fuera…

   4.4.) A través de librerías físicas, lo cual implica la distribución de la obra.

    Llegados a este punto, abro apartado nuevo, porque merece una atención especial.

   5. DISTRIBUCIÓN Y VISIBILIDAD EN LIBRERÍAS FÍSICAS.


   «Podrás ver tu libro en escaparates y librerías». Ese «podrás» es una posibilidad teórica con una probabilidad real excesivamente baja. Eso, por no decirte que no lo verás, salvo algunas excepciones. Y ello por varias cuestiones:

   Primero, para que tu libro pudiera tener presencia física en librerías, la tirada que tendrías que encargar debería ser de unos miles de ejemplares. ¿Dispones de presupuesto para ello? Una tirada de 300 ejemplares apenas da para distribuir, considerando que tú tendrás que reservarte un número de ellos para distribución personal.

   Segundo, que tu libro esté a la vista en librerías no depende solo de ti, sino del interés que genere en los libreros y en las distribuidoras. Las grandes editoriales pugnan por ocupar sitio en las librerías, hasta el punto de que hay editoriales tradicionales medianas y pequeñas a las que les cuesta un mundo hacerse con un lugar en librerías pequeñas e incluso entrar en grandes superficies. ¿Y por qué ocurre esto? Porque se vende lo que se ve; aquello que no se ve, casi que no existe. Las librerías, en general, (con la excepción de algunas de ellas cuyos libreros son verdaderos amantes de la literatura y difusores de la cultura sin parangón) son negocios que deben subsistir y lo hacen con aquello que genera ventas seguras. ¿Tu libro es una venta segura? ¿Tanto como para ocupar el espacio que podría destinarse a una novela de Planeta o a un bestseller? Volvemos a tu visibilidad personal o a tu caché profesional, personal o de escritor para generar interés por aquello que has escrito, de lo contrario, es difícil que ambas se interesen: la distribuidora no lo ofrecerá y la librería no lo pedirá. También es triste, sí, pero real, y de nuevo, cuento con experiencia propia. De cualquier forma, en el caso de que lo vieras, debes saber que el tiempo que se le da una obra para que despegue y demuestre sus posibilidades es muy, muy corto, y en autoedición aún más. Si no se vende de manera importante en muy poco tiempo a partir del lanzamiento, lo retirarán sin remilgos. Eso sí, siempre puedes contar con aquellas librerías pequeñas que tú conozcas y quieran hacerte hueco como favor personal.

   A esto último, debemos añadir una cuestión más: ¿de qué distribuidora estamos hablando? Al igual que hay librerías grandes y pequeñas, conocidas y desconocidas, también sucede con respecto a las distribuidoras. Las hay bien implantadas, cuyos tentáculos llegan fácilmente a cualquier lugar; y otras más pequeñas con las que las librerías apenas cuentan. Azeta, por ejemplo, es una de las grandes, con buenas posibilidades de distribución, pero no todas gozan de ese prestigio ni están asentadas en el sector de una manera tan eficiente.

   6. IMPRESIÓN A DEMANDA.

   Este concepto parece ser la solución mágica a todos los males de una obra autoeditada de cara a las ventas. «No tendrás que pagar por grandes tiradas». «No se te quedarán ejemplares guardados en un cajón y sin vender». «Tu libro podrá estar disponible en cualquier librería del país y del extranjero».

   Y realmente es así. La impresión a demanda consiste, básicamente, en que un ejemplar se imprime cuando se vende. De uno en uno, a petición de lector. Y es cierto que puede pedirse en cualquier librería, pero…

   Volvamos a poner las cosas un poquito claras.

   Primero. Aunque suene reiterativa, lo vuelvo a decir: se compra lo que se ve, o como mucho, lo que resulta muy fácil de conseguir. Muchos lectores, cuando preguntan por una novela en una librería y no la tienen, eligen otra. Así de simple. Porque no tienen ganas de volver otra vez teniendo en lista una centena de novelas deseables para leer. Y si la quieren regalar, aún más.

   Segundo. Si realmente tienen interés en tu novela, preguntarán al librero por la posibilidad de conseguirla, pero aquí entra en juego la distribuidora que la lleve en catálogo y la facilidad que esta ponga para servirla (y de nuevo cuento con experiencia negativa propia, en este caso, con editorial tradicional, incluso ). Muchas librerías, si no está incluida en el catálogo de su distribuidora habitual, no te la pedirán. De ponerse en contacto directamente con la editorial para conseguirla, ya ni hablamos.

   Si la novela es buena y demandada (o el autor es conocido y despierta confianza e interés), conseguirla será más fácil. Pero aquí entramos en un círculo vicioso, porque el boca-oreja es el sistema promocional que mejor funciona. Si el lector no tiene acceso a ella, no puede dar su opinión. Si no da su opinión, no anima a otros lectores a pedirla y leerla. Si no la piden, las librerías y distribuidoras pasan.

   He encontrado editoriales tradicionales con sello de autoedición que te prometen dar el salto a la publicación convencional si la novela funciona. Es la guinda que ponen ante tu boca para animarte a contratar con ellos o incluso cobrarte unos costes astronómicos por una tirada irrisoria de ejemplares. Pero si siguen esta misma pauta, la obra difícilmente destacará lo suficiente como para que eso ocurra.

   7. PRECIO.

   Asegúrate de poner un precio a tu libro acorde a lo que ofreces y a tus necesidades. No es lo mismo una impresión con tapas «de bolsillo» que con solapas, por ejemplo, además de otro tipo de acabados. Pero además, ten en cuenta diversos factores que suelen pasar desapercibidos a priori.

   Primero. Al coste de tu libro has de sumar los impuestos que deberás pagar fiscalmente por su venta (no he de decir que ser editor de tu propio libro implica el alta en Hacienda para la facturación, fiscalidad del IVA, los pagos a cuenta y el IRPF anual, además del seguro de autónomos si careces de otro régimen).

   Segundo. Si los vendes por tu cuenta, considera los gastos de envío, tanto si corren de tu cuenta como si no.

   Tercero. Si los vas a vender a través de librería, ten presente que esta suele llevarse alrededor de un 30% del precio del libro sin IVA, y la distribuidora, otro tanto. Así es que súmalo al coste de impresión y calcula lo que te queda, a ver si te vas a tener que rascar el bolsillo.

   Todo ello es fundamental tenerlo en cuenta a la hora de calcular cómo, cuándo y de qué forma recuperarás tu inversión. Porque no debes olvidar que autopublicando con una empresa de servicios editoriales estás adelantando un dinero del que no tendrías que desprenderte si optaras, por ejemplo, por una autoedición completamente independiente en Amazon, a través de Createspace o de KDP (aunque esta opción no contempla, por supuesto, la mayoría de los aspectos que hemos barajado aquí y que, con sus debidas reservas, te podrían convenir).

   8. OBRA EN DIGITAL.

   Las editoriales de autoedición suelen ofrecer también la posibilidad de incluir el ebook del libro, así como su distribución en decenas de plataformas. Lo primero que debes demandar es un ebook maquetado en forma Epub o MOBI (para Kindle). Muchas de ellas suben un fichero en PDF que no cumple con los requisitos de calidad básicos para los lectores digitales más usados. Aun así, mi opinión al respecto es que la plataforma digital por excelencia es Amazon, las demás no tienen una repercusión elevada en ventas. A eso debo añadir, según mi propio punto de vista y experiencia, que si es la editorial la que sube el fichero a todas las plataformas, el autor pierde la posibilidad de gestionar las ventas, el precio y las posibilidades de promoción que, por ejemplo, Amazon KDP ofrece al autor, lo cual no es del todo interesante.

   CONCLUSIÓN.

   Si has llegado hasta aquí es porque realmente estás interesado en autopublicarte y, además, has pensado hacerlo a través de editorial. Tal vez te hayas desmoralizado. O quizá pienses que soy una detractora absoluta de esta forma de publicación. Pero no es así.

   Como te digo, si se te ha cruzado por la mente esta última hipótesis, te diré que en absoluto estoy en contra de ello. Lo único que pretendo es ayudarte a ser realista, a conocerlo todo tal cual es, sin idealismos, porque solo sabiendo desde dónde partimos y las herramientas reales con las que contamos, evitaremos decepciones y nos garantizaremos un éxito mayor.

   Actualmente, tengo cuatro obras literarias publicadas. Tres de ellas son de autoedición: una con editorial y las otras dos de forma independiente en Amazon. La cuarta lo ha sido con editorial convencional, aunque pequeña. Conozco a fondo cómo funcionan, tanto unas como otras, y también conozco el funcionamiento del mundillo literario en cuanto a librerías y distribuidoras. Por eso me sabe mal que pretendan enredar a quienes no tiene n experiencia, pintándoles un mundo de color de rosa que no lo es en realidad. Y que jueguen con sus ilusiones para lucrarse sin escrúpulos ya me enciende.

   ¿Volvería a autoeditar después de mi experiencia? Tal vez esa sea una pregunta que estás deseando hacerme. Y mi respuesta es SÍ. No descarto esta opción, la respeto, como respeto la labor de los buenos profesionales que hay al frente de ellas (no de todas, ¿eh?) Es más, considero, como ya he dicho en más de una ocasión, que debemos valorar muy positivamente la posibilidad que nos brindan de ver nuestras obras publicadas cuando no nos ha sido posible hacerlo a través de editoriales tradicionales que, en gran medida, parecen llevar el objetivo comercial hasta el último extremo, a veces, hasta ignorando la calidad. Pero si vuelvo a autoeditarme, lo haré sabiendo el punto del que parto, mi posición actual en el mundillo literario, mi curriculum personal y profesional, mi visibilidad en redes, mis posibilidades de acceso a medios de comunicación, así como a otros canales promocionales y, sobre todo, el precio que no estoy dispuesta a pagar por unos servicios que son los que son y con la eficacia que ya sé que tienen. Nada de utopías. Nada de éxitos garantizados. Nada de estrellatos pagados de antemano.

   Piensa que ellos ponen a tu disposición una serie de recursos nada desdeñables, pero que ese éxito depende, en gran medida, de lo que tú hayas sido capaz de escribir y, sobre todo, DE TI.

 



8 nov 2016

ESCRIBIR EN TIEMPOS REVUELTOS.



   Corren tiempos revueltos para la escritura literaria. O tal vez sería mejor decir que corren tiempos de indecisión.

   Cuando hablamos de cambios a velocidad vertiginosa, la mente se nos va al ámbito de lo tecnológico, pero no es lo único que ha mutado de forma rápida, las letras también parecen haber emprendido un baile a lo largo de estos últimos años que las ha dejado revueltas y, me atrevería a decir, que hasta ilegibles. Incluso podría compararlas con esos ciclos económicos que trazando círculos vuelven al comienzo después de haber disfrutado de un lapso de tiempo haciendo turismo por nuevos paisajes.

   En los pocos años que llevo inmersa en el mundo de la escritura, he visto cómo nos sobrevenían posibilidades que después, por un motivo u otro, se han ido esfumando, como si este mundo de letras no avanzara por un terreno llano, sino por una montaña rusa donde los papeles y las prioridades se alternaran ocupando distintos planos a lo largo del tiempo.

   Hace tan solo una década, quizá menos, la cadena literaria seguía un patrón, un orden claro en el que no se podía prescindir de eslabones. El escritor, tras escribir su obra, la remitía a su agente literario (si es que lo tenía) o la presentaba a las editoriales para su valoración. Si estas la aceptaban (según el criterio de cada cual), la editaban y hacían uso de las distribuidoras contratadas que, a su vez, las presentaban a los libreros para su venta y comercialización. Unos años después, ante la demanda de escritores con obras guardadas en sus cajones y sin posibilidades reales de acceder a una editorial convencional, el mundo de la autoedición empezó a abrirse paso. Con buena vista comercial y aprovechando esa coyuntura, proliferaron las "editoriales de pago", como yo las llamo, empresas registradas en actividades de edición que, previo abono de los costes reglamentarios, facilitaban al autor la publicación de su obra en papel bajo un "sello editorial" que parecía aportarle a la novela de turno el caché necesario para presentarse en sociedad, dado el desprestigio que suponía por aquel entonces imprimir tu propia obra sin filtros literarios, teóricamente necesarios para garantizar la calidad de la misma. Y casi, casi de forma paralela, el gigante Amazon abría las puertas también a esa posibilidad con una diferencia sustancial: no editaba las obras en papel, sino en digital y sin coste previo alguno para el autor. Fue entonces cuando surgió la llamada Generación Kindle, a la que muchos de vosotros ya conocéis, que supuso toda una revolución en el mundo de la escritura literaria por cuanto que contribuyó a espantar fantasmas en cuanto a la falta de calidad de lo no aceptado por editoriales convencionales (movidas en gran medida por lo comercial y/o el nombre del autor) y a dignificar el papel del escritor autoeditado ofreciéndole la posibilidad de hacer llegar sus letras a muchos lectores sin ser tachado de ególatra, o de autor soberbio que no termina de asumir su escasa valía como escritor tras haber sido rechazado por editoriales convencionales, como tantas veces hemos podido leer y escuchar. Durante esa época, asistimos a un acontecimiento único: editoriales convencionales claudicaron ante el hecho evidente de que muchas de esas obras no solo tenían calidad suficiente como para ser editadas, sino además, éxito y aceptación por parte de los lectores, por lo que fueron rescatadas por estas y publicadas bajo su sello aun sin ser inéditas, algo inaceptable hasta el momento. A raíz de esto, se convirtieron en escritores en catálogo muchos de los autores a los que conocíamos a través de las redes sociales, amigos con los que podíamos codearnos casi a diario, asequibles, al alcance de la mano, con quienes se podía comentar la novela tras su lectura sin ninguna cortapisa ni protocolo. Una nueva imagen alejada del escritor intocable, anónimo, con su imagen de ídolo y su halo de divinidad que muchos de ellos habían venido luciendo hasta entonces, como si hubieran sido dotados, poco menos, que del ansiado gen de la inmortalidad.

   Pero todo ese panorama tan versátil, tan hecho a la medida de unos y otros y en el que todo parecía tener cabida, ha comenzado a astillarse, y ahora, me atrevo a decir de nuevo, que afloran espinas por todas partes.

   Las plataformas digitales y la posibilidad -abierta sin censuras- a la autoedición, está colapsando el sistema. Si antes la oferta de lectura ya era alta para la escasa demanda de los lectores españoles, ahora se sale de madre. Hay más autores/escritores que lectores. Pero el problema no es ese. El problema es que un porcentaje muy alto de esos autores no "autofiltra" sus obras antes de subirlas y ponerlas a disposición de los lectores. Y oiga usted, una cosa es que prescindamos de los filtros editoriales y otra, muy distinta, es que prescindamos de los filtros de calidad, y con calidad no me estoy refiriendo solo a una cuestión de forma (que para mí es básica y fundamental), sino también de fondo, de la historia que se cuenta. Por decirlo de alguna manera, estamos abusando de la posibilidad de publicar que se nos ha ofrecido y nos estamos cargando el sistema, porque si bien antes era relativamente fácil encontrar una buena obra y a un buen escritor autoeditados en plataformas digitales como Amazon, ahora se va haciendo cada vez más complicado, con la consecuencia inmediata de que los lectores están volviendo a confiar casi en exclusiva en las obras publicadas por edición convencional, que, dicho sea de paso, continúan en su afán de dar salida, casi de forma exclusiva, a lo comercial y a todo aquello en lo que (por criterios que solo ellos conocen) deciden invertir a mansalva a nivel de promoción y publicidad. 
   ¿Y cuál es el panorama con el que se encuentran ahora los autores/escritores que no han tenido la suerte (o la destreza, por supuesto) de ser tocados por la fortuna literaria y situarse en lo más alto? Pues yo os lo digo sin paños calientes: un panorama desolador.

   * Hay escritores con obras de calidad guardadas en un cajón, invocando a la suerte para ser aceptados por editoriales convencionales que no quieren arriesgar en géneros minoritarios o en nombres que no son lo suficientemente conocidos, y que ahora ya ni se plantean volver a la autoedición porque todo el prestigio que esta adquirió en sus buenos tiempos se está yendo a pique a marchas forzadas. Y con razón. 
   * Hay escritores que no han tenido una relación satisfactoria con sus editoriales convencionales, o bien, que no han vendido el alto número de ejemplares que su editorial pretendía vender sin promoción ni publicidad, y que, por tanto, no han querido publicar la siguiente obra del mismo autor; escritores que, reacios a la idea de llevar su obra al olvido después del esfuerzo de haberla escrito, han preferido volver a autoeditarse, viendo como su novela se perdía en el océano digital sin que apenas un puñado de lectores acudiera a rescatarla, con la consiguiente impotencia corroyéndole el cuerpo que les ha llevado, a algunos de ellos y en determinadas ocasiones, a perderse en el burdo mundo del insulto y el desprestigio del lector por su aparente elección errónea a la hora de comprar. 
   * Hay editoriales pequeñas, cargadas de buenas y loables intenciones, que dan opción de publicar de manera convencional a quienes apenas tienen nombre ni curriculum, pero con un presupuesto tan escaso que no alcanza para darlas a conocer ni tampoco para contratar buenas distribuidoras que coloquen las novelas en las librerías. La obra estará publicada en papel, pero sin posibilidad de que el lector la compre porque no tendrá donde encontrarla, y eso suponiendo que la conozca.
   *A su vez, hay editoriales potentes y adineradas que compran obras pretendiendo que sea el propio escritor el que realice toda la labor de promoción y casi venta de la novela, mientras ellas se dedican a dar salida a escritores consagrados u otros "sin nombre" de los que me da hasta grima hablar, pero que no dejan de ser una buena fuente de ingresos de los que ellas dependen para subsistir como empresas privadas que son.
   *Hay agencias literarias pequeñas que dan cabida a autores no conocidos, pero sus posibilidades de acceso a las editoriales son escasas. Hay agencias literarias fuertes con influencia en las editoriales, pero difícilmente aceptan a escritores poco conocidos o sin un buen curriculum literario-profesional. Y vosotros me diréis: "Pues, ¡pasa de agente, ¿para qué lo quieres?!" Y yo entonces os contestaré que cada vez hay más editoriales que solo aceptan manuscritos a través de agencia. Ahora entendéis, ¿verdad?
   *Hay distribuidoras con preferencias especiales por determinadas editoriales, al igual que hay libreros y grandes librerías comerciales que eligen lo que vender en función de su propia política, negando la igualdad de condiciones tanto a editoriales como a escritores. 
   *Hay críticos literarios que solo leen "lo que se lleva", las últimas novedades en las que las editoriales ponen su empeño absoluto. Otros que valoran -para bien o para mal- en función de sus propios gustos, sin más criterios objetivos, y otros que no pueden evitar dejarse influenciar -también para bien o para mal- por la simpatía o antipatía que el autor les merezca a nivel personal, porque si bien en un principio la cercanía de los escritores a los lectores fue acogida con aplausos, ahora ya empiezan a verse los efectos secundarios que este estrecho acercamiento puede acarrear a la valoración de sus obras.
   *Hay géneros que se leen en mayor medida que otros, lectores que parten ya de sus propias expectativas y no quieren aventurarse a salirse de ellas a la hora de elegir, prejuicios insalvables que se ceban en las portadas y las sinopsis a la hora de comprar, estilos que se desechan por demasiado retóricos o demasiado sencillos, asemejando ambos a una falta de calidad narrativa...
   *Y hay escritores poco autoexigentes y poco autocríticos, que no dudan en tachar a los lectores de incultos antes de admitir que puedan ser ellos los que aún tienen mucho por aprender.

   Casi todos los puntos que acabo de mencionar tienen sus excepciones positivas, ¡menos mal!, pero aún así, es como veis un terreno bastante pantanoso por el que moverse, en el que poner los pies. Un terreno que invita a hacerse miles de preguntas antes de comenzar a escribir: qué género abordar, qué tema elegir, qué tipo de trama desarrollar, qué número de páginas emplear, a qué público potencial dirigirla, cómo publicar, cómo darla a conocer, cómo garantizar su calidad, cómo afrontar las críticas y comentarios malintencionados, cómo superar la presión de unas ventas escasas o, incluso, la presión que provoca haber puesto alto el listón literario con la novela anterior... Las preguntas: "¿Cómo escribir una novela que guste a todo el mundo?" o "¿cómo alcanzar el éxito como escritor?" me las ahorro directamente por tópicas y, a priori, utópicas.

   Tal vez la respuesta más sencilla y más sensata para todo ello sea esta: "Escribe para ti, lo que de verdad te plazca y te llene, como si no existiera nada ni nadie más." Aunque claro, para que esta respuesta te sirva tienes que sentir que eres escritor de puertas para adentro, SOLO de puertas para adentro, y que el éxito verdadero es el que te viene de tu propia mano, no de la mano de los demás. A partir de ahí, que te llegue lo que te tenga que llegar.




5 ago 2015

"MARAFARIÑA" de MIRIAM BEIZANA VIGO.


SINOPSIS

Marafariña es un lugar infinito que no termina nunca, pues jamás ha tenido inicio. Es un trocito de paraíso terrenal, un bosque de un intenso color verde vivo, un cielo gris y lluvioso, o una tierra eternamente humedecida de la que brota vida de manera incansable. Es un claro brillante y hermoso, secreto y solitario. Es un río que emite un tintineo hipnotizante y fresco. Es una playa anhelante de la unión entre la arena y el mortal Océano Atlántico. Es, también, una Iglesia abandonada sin Dios. Una tarde soleada, pero dominada por el intenso frío. Es una hoguera que quiere penetrar en la noche. Es la oscuridad más pura, y es también la luz más brillante.
Marafariña es un sentimiento, una sensación, unas raíces, una manera de darle sentido a la existencia, o de quitárselo de la misma forma. Es una fuerza atrapante, musical, fuerte e invencible.
Marafariña es un regalo de una Galicia con esencia propia, con su propia alma y su propio espíritu. Marafariña es una aldea que carece de ataduras a su alrededor. Que no necesita a nadie, que tiene un corazón que late por sí solo, que está fuera del mundo real, que está fuera de todo lo conocido. Porque Marafariña es un paraíso desconocido.
Ruth siente un vínculo especial, esotérico, con Marafariña. Su propio corazón, su latido, es inherente al propio pulso de una Marafariña que la ha acompañado siempre, en cualquier faceta de su vida. Apenas ha necesitado nada más para sobreponerse a su compleja situación personal: toda su existencia está sometida a unas poderosas y restrictivas creencias impuestas por sus padres, a raíz del fallecimiento de su hermano mayor. Enfrascada en una vorágine de obligaciones, siguiendo el camino estipulado sin replantearse ninguna de sus pautas, sobrevive enfriando sus sentimientos y anulado sus deseos o su curiosidad.
Sin embargo, la llegada de Olga a la solitaria aldea parece desbarajustar el equilibro y la paz de Marafariña y de la propia Ruth, como si repentinamente, la inmutabilidad de la Naturaleza del lugar y de la muchacha se resquebrajasen como las otoñales hojas secas. A partir de entonces, el virginal bosque de emociones en el que vivía Ruth, se ve surcado por millones de nuevos caminos, nuevas posibilidades y nuevos sentimientos, que le provocan un doloroso, a la par que hermoso, despertar personal. 
***

   "Vive y deja vivir".
   Este lema, esta consigna debería estar presente en la mente de todos nosotros, y deberíamos llevarla a la práctica con rigor, hasta con vehemencia, diría yo. Pero somos demasiado dados a cuestionar, criticar y censurar todo aquello que se aleja de nuestros cánones, de nuestra forma de entender cada aspecto de la vida y de esta sociedad que nos ha tocado vivir, o sufrir, según se mire. Tenemos una propensión exacerbada, además, a dictar normas por las que regirse, numerosas y complicadas, cuando yo soy de la opinión de que la simplicidad puede resultar más efectiva para la convivencia, siempre y cuando podamos sustentar esas simples directrices sobre dos bases que a mí me parecen también fundamentales -y que lamentablemente no siempre están presentes-: el respeto (hacia uno mismo y hacia los demás) y la buena fe.
   Sé que habrá quien apunte que no se puede formar parte de una colectividad haciendo cada uno lo que le dé la real gana. Y en parte lleva razón. Pero hay que buscar el equilibrio, necesario, para que esa colectividad y las normas que la regulan no menoscabe nuestra libertad personal, de acción, de pensamiento, de opinión, de actuación según nuestra propia forma de sentir y de entender lo que acontece a nuestro alrededor; sobre todo porque no existen las verdades ni las razones absolutas. Jamás deberíamos permitirnos perder la individualidad en favor de esa masa social, política, religiosa o hasta vecinal en la que nos integramos. No somos borregos. Somos personas. Y tenemos derecho a caminar por la vida siendo fieles a nosotros mismos y a nuestras propias convicciones sin sufrir por ello la carga de la recriminación, la discriminación, el acoso o la censura.
   Cuando decidí leer "Marafariña" no sabía lo que iba a encontrar, a parte de ese vergel gallego que ya aparece en portada y del que algo había leído en la red. Ahora me alegro muchísimo de que así haya sido, porque me ha permitido adentrarme en la historia con la mente en blanco, sin apostar -de manera inconsciente- mis propias convicciones con respecto a los temas de fondo que en ella se tratan y, por tanto, sin condicionamiento alguno. Y he de decir que me ha sorprendido, muy gratamente, por varias razones que paso a exponer.
   Miriam Beizana ha sido muy valiente sacando a la palestra cuestiones como la religión y la homosexualidad para que formen parte de la trama de esta novela. Tal vez diréis que son aspectos que ya han ocupado las páginas de muchas novelas sin que nadie se rasgue las vestiduras por ello, pero es que hay ciertos matices que me gustaría destacar y que pueden justificar lo que afirmo. El primero y fundamental es que hablamos del mundo y de la vida religiosa protagonizados por los Testigos de Jehová, congregación sectaria, rígida y encorsetada en la que está integrada Ruth, una de sus protagonistas. Y no son precisamente halagos hacia sus prácticas y creencias lo que les llueve a lo largo de sus páginas. Segundo, las relaciones homosexuales, desgraciadamente, aún siguen provocando la repulsa y el rechazo de un buen número de hombres y mujeres. Admitimos que existan, pero no nos sentimos demasiado a gusto siendo testigos de sus encuentros, asistiendo a los detalles de sus acercamientos íntimos (y no hablo por mí, por supuesto). Y tercero (y aquí me voy a mojar y que me lo rebata quien no esté de acuerdo, lo acepto): cuando son escritores consagrados los que sacan punta al lápiz y se permiten decir cuatro verdades a viva voz, se les suele aplaudir, se suele halagar su carencia de pelos en la lengua, incluso se alude a su sensibilidad, a ese plano espiritual, filosófico y superior en el que parecen vivir y que les permite dar clases de moralidad sin ser censurados por ello. Pero no suelen correr esta suerte los escritores noveles, autoeditados para mis inri; a estos, más de una vez, les llueven las tortas por "polémicos", por querer "vender" jugando con el morbo y la controversia. Si añadimos además que parte de esta historia es biográfica, la valentía de su autora se triplica, porque puedo imaginar que Miriam Beizana se ha quedado algo desnuda y sin el parapeto de la ficción para defenderse de ese entorno que intuyo no habrá visto con buenos ojos muchos de los párrafos que ha escrito, a pesar de estar cargados de razón. Ojalá me equivoque.
   "Marafariña" es, ante todo, una novela de sentimientos. Es un canto al AMOR, en su más pura esencia, sin que importe la forma y entre quienes se expresa. Es una historia preciosa protagonizada por dos adolescentes, Ruth y Olga, en la que Miriam Beizana da rienda suelta y expresa todo ese maremoto de emociones que ruge, como las entrañas de un volcán, cuando el amor se siente dentro, aferrado al corazón con uñas y dientes, sin posibilidad de luchar contra él, sin atender a raciocinio alguno. Asistimos al verdadero despertar sexual de Ruth, contrario a la "tendencia natural", haciéndonos ver que no podemos elegir lo que sentir ni hacia quién, que no existen normas que valgan ni doctrinas morales o religiosas capaces de orientarnos en la dirección equivocada para nuestro propio ser. Y somos testigos, a lo largo de la historia, de lo que el corazón es capaz de remover, de la fuerza que es capaz de desplegar para luchar contra todo y contra todos, y del peso de la edad jugando a favor o en contra de todo ello.  
   A lo largo de sus páginas he podido palpar sus paisajes, aspirar sus aromas, apreciar en toda su intensidad ese entorno mágico en el que se desarrolla la historia y que da título a la novela. Y he circulado por todo un camino de sentimientos con emociones distintas en cada curva: he sonreído, me he emocionado, he deseado intensamente que sus vidas cambiaran, que ese entorno les brindara la oportunidad de ser felices...; y he lamentado, me he cabreado y me he indignado al ver cómo, de forma impune, puede arrebatársele a una persona su libertad, su capacidad de decisión, su derecho a ser feliz en nombre de unos dogmas impuestos por el fanatismo de la religión.
   Felicito a Miriam Beizana.
   Porque, en el aspecto religioso de la novela, ha sabido recrear la historia bailando en los límites de la libertad de expresión, de su forma de pensar, y el respeto debido a quienes creen en ella y la practican, cosa nada fácil de conseguir.
   Porque ha hecho que la relación entre Ruth y Olga luzca preciosa, incluso en sus encuentros sexuales, detallados con dulzura, con elegancia, con suma sensibilidad, y con un mensaje subliminal subyacente en ellos de principio a fin: amor en estado puro.
   Y por último la felicito por su narrativa, cuidada, agradable de leer, poética en muchos pasajes.
   "Marafariña" es una novela para leer sin prisa, a ritmo pausado. Una novela intimista por excelencia en la que su autora se explaya describiendo los paisajes y, ante todo, los sentimientos de sus personajes principales con todo lujo de detalle, casi al milímetro, como si a lo largo de todas sus páginas hubiera imperado una necesidad extrema de hacernos comprender, empatizar con Ruth y Olga, vestirnos al completo con su piel para vivir, sentir y sufrir con todo lo que les acontece y dentro de esa atmósfera religiosa que las envuelve, y aceptarlas en toda su integridad.
   A mí me han ganado.  


Lecturas 2018.

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