Te
presto mi aliento si lo necesitas, si pereció el tuyo luchando en la
vida. Pero no la fuerza. La fuerza me la reservo para tirar de ti hacia
arriba cuando flaqueen tus piernas y al pozo caigas. No dejaré que te
rindas.
Porque abajo, en la oscuridad, no lucen las sonrisas.
© Pilar Muñoz - 2016