26 ene 2017

MAYTE ESTEBAN ESTRENA NOVELA.



SINOPSIS
Mario Aguirre, el padre de Paula, lleva desaparecido unos días. Por más que su hija trata de localizarlo, no logra dar con su paradero y por ello busca la ayuda de Javier Muñoz, inspector de policía. Diez años atrás, Javier y Paula mantuvieron una relación que nunca ha acabado del todo. De vez en cuando sellan treguas que duran solo unos días, y de las que los dos salen siempre heridos.
Paula sabe que estar cerca de Javier no es lo más sensato, porque recuperarse después de estar juntos es cada vez más difícil, pero necesita que sea él el que la ayude a encontrar a su padre y no duda en pedírselo. El magnetismo que existe entre ellos es tal que quizá el viaje que emprenden para encontrar a Mario no sea muy buena idea, quizá exponga demasiado sus sentimientos.


***

   No sé qué tiene al escribir. A veces es difícil definir un estilo, catalogarlo, reseñar esos matices que hacen que te guste, que te sientas cómoda leyendo, como en casa. Simplemente sabes que te engancha, que una vez que empiezas a deslizarte por su prosa ya no puedes parar. ¿Frescura? Tal vez, al menos ese término me asalta a la mente de manera espontánea cuando pienso en ella. ¿Que juega a hacer fácil lo que no lo es, como contar una historia sin trabas tontas, sin florituras que más que enriquecer estorban, manejando con soltura un lenguaje cercano con total corrección? Pues también puede ser. ¿Que los personajes que es capaz de crear son de carne y hueso, espontáneos, naturales, divertidos o trascendentes —según la ocasión—, con virtudes y defectos —como tú y como yo— y sin nada que los haga míticos e inalcanzables, sino cotidianos, de los que te echan el brazo por encima metiéndote en su mundo desde el mismo instante en que los conoces? Sí, sí…, podría ser también. ¿Que las historias que ellos protagonizan nos garantizan unas horas —o días— de disfrute lector, sonrisa en los labios, alguna lagrimilla emocionada y más de un mensaje subliminal a través de frases dignas de recordar? Pues también.

  Mayte Esteban gusta. Y me gusta. Por su versatilidad y porque es capaz de montar —y le sale bien— toda una historia a partir de una idea microscópica; una historia en la que da gusto sumergirse olvidándose de todo lo demás. 

   Hoy estará hecha un flan, por los nervios, que se la comen viva siempre que sale a la palestra con algo nuevo. Quizá sea porque lleva dentro esa humildad de los buenos escritores, que le provoca un inevitable temor a defraudar a pesar de haber puesto su empeño y todos sus conocimientos en afinar al máximo lo que hoy sale a la luz. 

  Hablo de «Entre puntos suspensivos», su nueva novela, la segunda parte —totalmente independiente, que conste— de «Su chico de alquiler». Nace bajo el amparo de HQN, el mismo sello editorial que ya publicó «La chica de la fotos» y promete tener tanto éxito como esta. Yo la reservé hace tiempo cuando salió en preventa y es muy posible que a estas horas me esté esperando ya en mi kindle con los brazos abiertos, que no voy a rechazar. Eso sí, tendré que elegir bien el momento en que empiece a leerla, porque auguro que cuando lo haga ya no me dejará escapar. 

   Felicidades, Mayte. Mucha suerte. 
 
Pincha AQUÍ  si quieres descargártela. 

22 ene 2017

LECTURAS 2017.


   Me gustó la experiencia del año pasado de ir anotando en una mima entrada las lecturas que iba terminando. Porque aunque el tiempo pase volando, 365 son muchos días para memorizar las letras que nos hemos metido entre pecho y espalda, cuando nuestra cabeza está copada, además, por otras muchas actividades que se dan codazos mutuos con el fin de ocupar un lugar de excepción en la memoria. Es cierto que hay novelas que nunca olvidaremos haber leído, pero otras, aunque hayan sido de nuestro agrado, no gozarán de ese privilegio y siempre es bueno que una seña escrita te las recuerde sin esfuerzo. 
   No anoté las novelas inconclusas, que el año pasado fueron bastantes; aunque no estaría mal hacerlo de alguna forma por no menospreciar el tiempo dedicado (no inutilmente, porque siempre se aprende algo) a esa labor. Hubo meses en que recuerdo haberme dicho que no había leído apenas nada, cuando la cuestión no estribó en eso exactamente, sino en el hecho de no haber podido anotar más lectura/s por haber fracasado en el intento de acabarlas; pero reconozco que esto no deja de atender más a una necesidad de rentabilizar mi tiempo y justificarme ante él que a lo que de verdad mueve esta entrada, y que es el hecho de tener presentes obras que recordar y, por qué no, recomendar.
   Este año no he empezado con buen pie, en el sentido de que, a estas alturas de la película (22 de enero) tan solo puedo contabilizar una lectura completa que no puedo revelar y la mitad de otra que acabaré sin duda porque promete, pero tal vez no este mes. Y es que terminar con la escritura de mi propia novela y hacer las correcciones oportunas me han llevado un tiempo muy valioso, que no me arrepiento en absoluto de haber empleado en dicha labor. 
   En 2016 fueron 30 lecturas las que me planteé como reto, una meta muy realista dadas mis curcunstancias (escasez de tiempo y nula obsesión por batir records leyendo como una bala). Espero que en este 2017 pueda alcanzar un objetivo similar.Y si no, pues no pasará absolutamente nada, porque lo importante es disfrutar y no todas las etapas que se suceden en el año son igual de fructíferas, sin contar, por supuesto, con que la vida se compone de muchas más opciones que las letras, por mucha pasión que sintamos por ellas. 
   Espero que vosotr@s sigáis acompañándome en este mundillo literario, que pueda seguir compartiendo con vosotr@s impresiones de lo que leemos, porque no hay nada más enriquecedor que valorar distintas perspectivas de una misma historia. 
   Comenzamos...


   LECTURAS 2017.

   1. SLM (368 págs).
   2. EL SECRETO DE VESALIO de Jordi Llobregat (540 págs.)

   3. ATCLV (278 págs.)
   4. LA HISTORIA DE CAS de Laura Sanz (450 págs.)
   5. TIERRA SIN HOMBRES de Inma Chacón (478 págs.)
   6. MARINA de Carlos Ruiz Zafón (296 págs.)
   7. VIAJE AL CENTRO DE MIS MUJERES de Alicia Domínguez Pérez (299 págs.)

   8. COMO DIENTE DE LEÓN de Pilar Fernández Senac (254 págs.)
   9. ENTRE PUNTOS SUSPENSIVOS de Mayte Esteban (268 págs.)
  10. ABECEDARIO DE FLORES de Alfredo Cot González (99 págs.)

  11. EL TIEMPO QUE NOS UNE de Alejandro Palomas (575 págs.)
  12. MEDIA VIDA de Care Santos (408 págs)

  13. MI RECUERDO ES MÁS FUERTE QUE TU OLVIDO de Paloma Sánchez Garnica (472 págs)
  14. CUANDO APARECEN LOS HOMBRES de Marian Izaguirre (392 págs.)
  15. LA SONRISA DE LAS MUJERES de Nicolás Barreau (272 págs.)

  16. TODO ESTO TE DARÉ de Dolores Redondo (616 págs.)
  17. EL ÚLTIMO BAILE de Marisa Sicilia (313 págs.)
  18. TRES MINUTOS DE COLOR de Pere Cervantes (350 págs.)
  19. CIEN DÍAS DE OTOÑO de Alfredo Cot González (167 págs.)

  20. EL RUMOR DE LAS FOLÍAS de Yara Medina (420 págs.)

  21. PATRIA de Fernando Aramburu (646 págs.)

  22. EL COLOR DEL SILENCIO de Elia Barceló (480 págs.)
  23. POR ENCIMA DE LA LLUVIA de Víctor del Árbol (508 págs.)

  24. LA LIBRERÍA DEL SEÑOR LIVINGSTON de Mónica Gutiérrez (187 págs.)

  25. LA LUCHA DE JAN de Laura Sanz (354 págs.)
  26. EL LATIDO DEL TIEMPO de Cari Ariño (357 págs.)

  27. EL INESPERADO PLAN DE LA ESCRITORA SIN NOMBRE de Alice Basso (320 págs.)
  28. MI HERMANA VIVE SOBRE LA REPISA DE LA CHIMENEA de Annabel Pitcher (232 pág)

  29. LA MUJER QUE LLEGÓ DEL MAR de Mercedes Guerrero (416 págs).




2 ene 2017

UNA ENTRADA DE AÑO CURIOSA.

   Ayer me ocurrió una cosa muy curiosa. Una vez pasada la vorágine de la Nochevieja, con todos los preparativos previos de avituallamiento, de acomodación del espacio y de la fiesta en sí para tanta gente..., una vez que la casa quedó vacía y yo tranquila, acompañada por esa resaca no alcohólica que te dejan los encuentros con buen sabor de boca..., entré en el ascensor para bajar a la calle y en el camino hasta la planta baja me miré al espejo. Pero no me miré el pelo, ni la cara, ni los labios..., la vista se me fue al reflejo de la persona que me devolvía ese espejo, a lo que había detrás de esos rasgos, y un «te quiero» me salió del alma, en voz alta. Automáticamente, me giré, a ver si había llegado al bajo y alguien lo había visto todo, lo cual me hubiera matado de la vergüenza; pero no, seguía yo sola, conmigo misma y... bueno... con un pensamiento que empezó a chaparme la oreja (como diría mi hija) por ese brote que, a priori, me pareció narcisista y reprochable. Pero luego, sonreí. Porque no lo dije enamorada de mí misma (cuando una está perdidamente enamorada, no ve los defectos, y eso sí que es peligroso), sino aceptándome complacida y satisfecha, gustándome.
   Quererse a una misma (de forma sana y no idolatrada) es la base para querer y aceptar a los demás, para repartir amor, para evitar envidias, para desear el bien ajeno, para tender manos sin miedo...; pero sobre todo, esa autoestima saludable nos empuja a sentirnos capaces de abordar nuevas empresas, nuevos proyectos, con la convicción de que podemos llegar con ellos a buen puerto. Y esa es la sensación que me invade en este año que comienza, en el que yo cambiaré de decena con un sentimiento interno completamente distinto al que me asoló (literalmente) en la década anterior. Ahora sé quién soy, lo que quiero y lo que no, a quienes quiero a mi lado y a quienes quiero a distancia. Ahora sé lo que de verdad me importa (después de haber caminado por unas cuantas curvas y unas cuantas subidas y bajadas a lo largo de estos últimos diez años). Y sé lo que se cuece en este mundo literario, a lo que me enfrento, de lo que deseo huir y en dónde quiero meter la cabeza (o de dónde no quiero sacarla, que también puede ser).
   Hace casi tres años que no publico novela (aunque sí he participado en varias antologías de relatos). No me importa en exceso, no siento todo esto como una carrera continua en la que no pueda haber etapas de descanso por imperativo propio o ajeno. Lo que más me importa es no defraudar, es lo único que me obsesiona. No defraudar a ese puñado de lector@s que sé que se harán con una nueva novela cuando salga a la luz de una forma u otra. No pienso en ventas, no pienso en seguidores a costa de lo que sea... No es que no lo pretenda, es que no son mi meta imperiosa. Si llegan, bienvenidos, sería el culmen... Pero ante todo y sobre todo, lo que más busco es esa sonrisa amplia y llena de satisfacción en quienes ya me conocen, que son precisamente en los que pienso cuando escribo, no en los potenciales lectores anónimos que ni siquiera sé si me rondarán :)
   Si algo me han permitido estos casi tres años sin novedades literarias ha sido ver, observar, analizar, pensar y posicionarme. Y a la vista de todo ello y después de haber divagado mentalmente por varias casillas como un peón de ajedrez, ahora sé cuál es mi casilla prioritaria.
   Apuesto por que 2017 sea mi año. Pero no penséis en éxitos sublimes, en acontecimientos notorios, en consecuciones dignas de rememorar... No. Me basta con que ocurra algo que me haga ilusión, que me haga sentir feliz y me invite a seguir soñando.
   Tengo una novela a falta de tres capítulos para alcanzar el fin. Intimista, reflexiva, emotiva..., de las que a mí me gustan. De las que me gusta escribir, con independencia de que guste más o menos leerlas. Y esa es mi apuesta inmediata para este año que me acaba de abrir su puerta. Ojalá me colme de satisfacciones. Ojalá podáis regalarme con ella más de una sonrisa. Y entre tanto, seguiré leyendo, aprendiendo, riendo, llorando..., viviendo. 

   Feliz año. 

   Feliz vida.

   

27 dic 2016

RELATO: "NAVIDAD ETERNA".

  

   Aquel quince de febrero subí a llevarle a mi vecina Carmen el pan rústico recién hecho que tanto le gustaba; la flebitis que padecían sus longevas piernas no le permitía moverse en exceso y su triste soledad, compañera de fatigas fiel en su vida, le hacían depender de esos pequeños favores más de lo que ella hubiera deseado. Con plácida sonrisa y suma gentileza, Carmen me incitó a adentrarme en el corazón de su pequeño hogar. Su rostro se iluminó cuando acepté su invitación; entonces se alisó el pelo, se acomodó el refajo y me sirvió una copa de aguardiente y un par de mantecados sobre una bandeja de alpaca que debía rondar el medio siglo de antigüedad.

   Mientras ella relataba un sinfín de avatares de sus años mozos con la emoción inundando sus ojos, contemplé todo cuanto había a mi alrededor, observando con sorpresa que aún pendían de la lámpara algunas bolas de Navidad, trozos de espumillón sobre los cuadros de la pared y un precioso abeto de luz intermitente insinuándose a través de la puerta acristalada del salón.

   —Pero… Carmen —interrumpí—. ¿Aún no ha quitado los adornos de Navidad?
   —¡Ni pienso hacerlo! —respondió entusiasmada—. Si engalano mi casa de esta manera, mis hijos vienen a visitarme.

   El cruel pensamiento que mi padre solía repetir de manera incesante asoló mi mente como una bocanada de hiel amarga: “Quince días trabaja el espíritu navideño, por eso perdura. Hazlo trajinar un año entero y… tal vez muera para siempre”.

   Tal vez. Sólo tal vez.

(Relato recogido en la obra: «Ellas también viven. Relatos de Mujer». Pilar Muñoz Álamo. Ed. Círculo Rojo)

19 nov 2016

MICRORRELATO: "SUS PIERNAS".



   Clavé la vista en sus piernas largas, firmes, torneadas... Y en sus muslos prietos, apetecibles, desnudos ante miradas lascivas como la mía, que delataba el deseo incontenible de mis manos por abrirse paso entre ellos. No podía dejar de observarla. Sus ademanes exquisitos, desbordando sensualidad mientras se perfilaba los labios de rojo carmín, me encandilaron. Como me encandiló su escote, que insinuaba unos pechos perfectos bajo la tela de su vestido. Suspiré entonces al sentirla inaccesible, intocable para quien no la conociera, tan solo imaginable en sueños, al cerrar los ojos.
    Sin esperarlo, una voz susurrada a mi espalda me sacó de mi ensoñación. Me advirtió que tenía precio, que podía comprarla. Mi pulso se aceleró y dinamitó el invisible muro que nos separaba. Excitado, volví a recorrerla entera antes de decidirme a aproximarme a ella. Paseé mis pupilas por su boca, su cuello, sus senos, su vientre, su sexo..., hasta culminar en los delgados tobillos a los que se abrazaban sus zapatos de tacón. La imaginé desnuda y mía, sometida a mi voluntad, con su femenina sensualidad convertida en un trozo de carne destinado al placer.
    No pude contenerme, cegado y nervioso me levanté, frotándome las manos para abordarla y calmar la sed de sexo sobrevenida. Pero en aquel mismo instante, la voz, de nuevo, me susurró a mi espalda, al tiempo que me señalaba a las dos criaturas que, en un rincón de aquella estancia y con los bolsillos vacíos, pacientemente la esperaban para poder comer.
    Perplejo, volví a observarla. Y por primera vez en aquel tiempo reparé en sus ojos, en su rostro... Me acerqué a ella, me senté a su lado y le pregunté el nombre, cautivado por su sonrisa dulce, por su mirada de mujer valiente y digna a pesar de todo.
    Como por arte de magia, su cuerpo dejó de existir.
    Ya solo me interesaba su historia.

©Pilar Muñoz Álamo - 2016.

14 nov 2016

"LA MIRADA DE CHAPMAN" de Pere Cervantes.



SINOPSIS
Dos años después del suceso de la asesina en serie de ancianas en Menorca, la oficial de policía María Médem y el inspector jefe Roberto Rial vuelven a encontrarse. En esta ocasión el motivo es el atroz asesinato del hijo de un reconocido editor y de otros miembros que participan en la primera Semana Negra que tiene lugar en la idílica Ciutadella.
En paralelo a la investigación, María Médem libra una batalla tan encarnizada como cruel por la custodia de su hijo, Hugo. Por su parte, Roberto Rial tiene que vérselas con una noble madrileña arrogante y poderosa que le conmina a olvidarse de la exhumación de un cadáver a cambio de una suculenta cantidad de dinero, mientras que la última foto de John Lennon poco antes de morir a manos de Mark David Chapman cambiará su vida para siempre. La melancolía de un faro, el culto a las piedras infinitas e incorruptibles que caracterizan la isla de Ciutadella, su vegetación verde y el frío viento del norte con sus murmullos enloquecidos, son el escenario en que Médem y Rial acabarán por hallar la ciudad sumergida que todos llevamos dentro.


   Debo reconocer que no soy asidua lectora de novela negra. Es más, llevaba muchos años sin leer nada del género, por mi afición, mucho más arraigada de un tiempo a esta parte, a la novela intimista, a las historias emocionales y, en general, a la Ficción contemporánea en la que busco de fondo, a ser posible, un poco de reflexión y de filosofía de vida. Pero gracias al influjo de mi querida amiga y escritora María José Moreno (que cada día está más «negra», jaja) he ido adentrándome en el género dejándome llevar por sus recomendaciones, y así es como «La mirada de Chapman», de Pere Cervantes, cayó en mis manos.

   No suelo comentar todas mis lecturas, no es este un blog de reseñas, pero hay veces en que una novela suscita en mí la necesidad de hablar de ella, aunque sea de forma escueta, bien por su calidad, por el remolino de emociones que haya podido despertar en mí, por haberme hecho reflexionar en relación al tema que da base a la novela o al punto de vista bajo el que lo trata, o tal vez, como ha ocurrido en ese caso y entre otras cosas, por la capacidad de su autor de agarrarme por las solapas y mantenerme pegada a sus páginas como una lapa, ansiosa por seguir leyendo y graznando, más que de costumbre, por las obligaciones personales que me apartaban de ella.

   No voy a hablar de su trama, no voy a ampliarla más de lo que ya cuenta la propia sinopsis. Lo que sí diré es que su pareja de protagonistas, Roberto Rial y María Médem, ya se dieron a conocer en una novela anterior («No nos dejan ser niños») que yo no había leído. En esta novela continúan con esa historia personal y en común que ya arrastraban de la historia anterior; sin embargo (y aunque a mí me pusieron en antecedentes cuando conocí este detalle allá por la página cien), he de incidir en que no es estrictamente necesario haber leído la novela anterior para entender el hilo que une a los personajes, porque el autor ofrece en esta entrega las suficientes referencias a lo ya vivido como para situarnos y evitar que nos perdamos en el camino, así es que puede leerse de manera independiente, lo cual me parece un gran acierto.

   Juega Pere Cervantes con una trama muy bien hilada de principio a fin, haciendo del mundo literario el escenario en el que se desarrollan los asesinatos que protagonizan la novela. No hay paja. En cada una de sus casi cuatrocientas páginas, el autor nos va ofreciendo datos y detalles que relían la madeja para irla desgranando luego con total maestría, acaparando nuestra atención por completo en ese intento de adivinar lo que está sucediendo y a manos de quien, amén de la originalidad en su planteamiento, que también supone un atractivo adicional que nos invita a seguir leyendo. Pero no son solo estos aspectos los que me llevan a decir que me ha encantado la novela, han sido algunos más:

   Me han gustado esas historias personales que se alejan del «meollo negro» de la trama para hacernos ver que también los policías tienen vida propia, normal y corriente como la de todo hijo de vecino, con sus problemas de conciliación familiar, maritales o sentimentales, alejándonos de la imagen típica del policía o de la policía, solitarios y aferrados al trabajo como a una tabla de salvación, que se ofrecen en otras muchas novelas del género. Historias personales que, además de convertirlos en mucho más reales, cuentan con atractivo propio y que me han parecido como pequeñas islas dentro de ese mar negro que supone la trama principal.

   Me han gustado especialmente esas referencias críticas de Pere Cervantes, concisas pero directas y certeras, a determinadas cuestiones de moralidad, al sistema judicial, a la Administración pública y gubernamental en relación con al ámbito policial, y a algunas prácticas habituales en el mundillo literario a manos de editores, agentes, escritores e incluso lectores que no son, digamos, demasiado loables, pero que por desgracia están ahí.  

   Me ha gustado su narrativa. Ágil, fluida, clara, directa, con un ritmo constante que no decae en ningún momento a lo largo de la novela. Y su forma de estructurar y desarrollar la trama para mantener la tensión y la atención constante en todas sus páginas.

   Y me han gustado sus personajes, tanto los principales como los secundarios. Bien perfilados, profundos, coherentes, reales y, en el caso de los protagonistas, sobre todo, nada lineales, no planos, sino sujetos a una evolución que se hace patente conforme avanza la historia.

   «La mirada de Chapman» me ha durado un par de días, sin leer a plano rendimiento. Es una novela adictiva, por el fondo y por la forma en que está escrita, con una trama muy atractiva y muy bien desarrollada como argumento principal al que acompañan otros hilos secundarios que, no por ello, dejan de resultar atrayentes al lector, y con personajes muy potentes de los que a mí, personalmente, me gustaría seguir sabiendo.

   ¿La recomiendo? Creo que está clara la respuesta, ¿no? :)



8 nov 2016

ESCRIBIR EN TIEMPOS REVUELTOS.



   Corren tiempos revueltos para la escritura literaria. O tal vez sería mejor decir que corren tiempos de indecisión.

   Cuando hablamos de cambios a velocidad vertiginosa, la mente se nos va al ámbito de lo tecnológico, pero no es lo único que ha mutado de forma rápida, las letras también parecen haber emprendido un baile a lo largo de estos últimos años que las ha dejado revueltas y, me atrevería a decir, que hasta ilegibles. Incluso podría compararlas con esos ciclos económicos que trazando círculos vuelven al comienzo después de haber disfrutado de un lapso de tiempo haciendo turismo por nuevos paisajes.

   En los pocos años que llevo inmersa en el mundo de la escritura, he visto cómo nos sobrevenían posibilidades que después, por un motivo u otro, se han ido esfumando, como si este mundo de letras no avanzara por un terreno llano, sino por una montaña rusa donde los papeles y las prioridades se alternaran ocupando distintos planos a lo largo del tiempo.

   Hace tan solo una década, quizá menos, la cadena literaria seguía un patrón, un orden claro en el que no se podía prescindir de eslabones. El escritor, tras escribir su obra, la remitía a su agente literario (si es que lo tenía) o la presentaba a las editoriales para su valoración. Si estas la aceptaban (según el criterio de cada cual), la editaban y hacían uso de las distribuidoras contratadas que, a su vez, las presentaban a los libreros para su venta y comercialización. Unos años después, ante la demanda de escritores con obras guardadas en sus cajones y sin posibilidades reales de acceder a una editorial convencional, el mundo de la autoedición empezó a abrirse paso. Con buena vista comercial y aprovechando esa coyuntura, proliferaron las "editoriales de pago", como yo las llamo, empresas registradas en actividades de edición que, previo abono de los costes reglamentarios, facilitaban al autor la publicación de su obra en papel bajo un "sello editorial" que parecía aportarle a la novela de turno el caché necesario para presentarse en sociedad, dado el desprestigio que suponía por aquel entonces imprimir tu propia obra sin filtros literarios, teóricamente necesarios para garantizar la calidad de la misma. Y casi, casi de forma paralela, el gigante Amazon abría las puertas también a esa posibilidad con una diferencia sustancial: no editaba las obras en papel, sino en digital y sin coste previo alguno para el autor. Fue entonces cuando surgió la llamada Generación Kindle, a la que muchos de vosotros ya conocéis, que supuso toda una revolución en el mundo de la escritura literaria por cuanto que contribuyó a espantar fantasmas en cuanto a la falta de calidad de lo no aceptado por editoriales convencionales (movidas en gran medida por lo comercial y/o el nombre del autor) y a dignificar el papel del escritor autoeditado ofreciéndole la posibilidad de hacer llegar sus letras a muchos lectores sin ser tachado de ególatra, o de autor soberbio que no termina de asumir su escasa valía como escritor tras haber sido rechazado por editoriales convencionales, como tantas veces hemos podido leer y escuchar. Durante esa época, asistimos a un acontecimiento único: editoriales convencionales claudicaron ante el hecho evidente de que muchas de esas obras no solo tenían calidad suficiente como para ser editadas, sino además, éxito y aceptación por parte de los lectores, por lo que fueron rescatadas por estas y publicadas bajo su sello aun sin ser inéditas, algo inaceptable hasta el momento. A raíz de esto, se convirtieron en escritores en catálogo muchos de los autores a los que conocíamos a través de las redes sociales, amigos con los que podíamos codearnos casi a diario, asequibles, al alcance de la mano, con quienes se podía comentar la novela tras su lectura sin ninguna cortapisa ni protocolo. Una nueva imagen alejada del escritor intocable, anónimo, con su imagen de ídolo y su halo de divinidad que muchos de ellos habían venido luciendo hasta entonces, como si hubieran sido dotados, poco menos, que del ansiado gen de la inmortalidad.

   Pero todo ese panorama tan versátil, tan hecho a la medida de unos y otros y en el que todo parecía tener cabida, ha comenzado a astillarse, y ahora, me atrevo a decir de nuevo, que afloran espinas por todas partes.

   Las plataformas digitales y la posibilidad -abierta sin censuras- a la autoedición, está colapsando el sistema. Si antes la oferta de lectura ya era alta para la escasa demanda de los lectores españoles, ahora se sale de madre. Hay más autores/escritores que lectores. Pero el problema no es ese. El problema es que un porcentaje muy alto de esos autores no "autofiltra" sus obras antes de subirlas y ponerlas a disposición de los lectores. Y oiga usted, una cosa es que prescindamos de los filtros editoriales y otra, muy distinta, es que prescindamos de los filtros de calidad, y con calidad no me estoy refiriendo solo a una cuestión de forma (que para mí es básica y fundamental), sino también de fondo, de la historia que se cuenta. Por decirlo de alguna manera, estamos abusando de la posibilidad de publicar que se nos ha ofrecido y nos estamos cargando el sistema, porque si bien antes era relativamente fácil encontrar una buena obra y a un buen escritor autoeditados en plataformas digitales como Amazon, ahora se va haciendo cada vez más complicado, con la consecuencia inmediata de que los lectores están volviendo a confiar casi en exclusiva en las obras publicadas por edición convencional, que, dicho sea de paso, continúan en su afán de dar salida, casi de forma exclusiva, a lo comercial y a todo aquello en lo que (por criterios que solo ellos conocen) deciden invertir a mansalva a nivel de promoción y publicidad. 
   ¿Y cuál es el panorama con el que se encuentran ahora los autores/escritores que no han tenido la suerte (o la destreza, por supuesto) de ser tocados por la fortuna literaria y situarse en lo más alto? Pues yo os lo digo sin paños calientes: un panorama desolador.

   * Hay escritores con obras de calidad guardadas en un cajón, invocando a la suerte para ser aceptados por editoriales convencionales que no quieren arriesgar en géneros minoritarios o en nombres que no son lo suficientemente conocidos, y que ahora ya ni se plantean volver a la autoedición porque todo el prestigio que esta adquirió en sus buenos tiempos se está yendo a pique a marchas forzadas. Y con razón. 
   * Hay escritores que no han tenido una relación satisfactoria con sus editoriales convencionales, o bien, que no han vendido el alto número de ejemplares que su editorial pretendía vender sin promoción ni publicidad, y que, por tanto, no han querido publicar la siguiente obra del mismo autor; escritores que, reacios a la idea de llevar su obra al olvido después del esfuerzo de haberla escrito, han preferido volver a autoeditarse, viendo como su novela se perdía en el océano digital sin que apenas un puñado de lectores acudiera a rescatarla, con la consiguiente impotencia corroyéndole el cuerpo que les ha llevado, a algunos de ellos y en determinadas ocasiones, a perderse en el burdo mundo del insulto y el desprestigio del lector por su aparente elección errónea a la hora de comprar. 
   * Hay editoriales pequeñas, cargadas de buenas y loables intenciones, que dan opción de publicar de manera convencional a quienes apenas tienen nombre ni curriculum, pero con un presupuesto tan escaso que no alcanza para darlas a conocer ni tampoco para contratar buenas distribuidoras que coloquen las novelas en las librerías. La obra estará publicada en papel, pero sin posibilidad de que el lector la compre porque no tendrá donde encontrarla, y eso suponiendo que la conozca.
   *A su vez, hay editoriales potentes y adineradas que compran obras pretendiendo que sea el propio escritor el que realice toda la labor de promoción y casi venta de la novela, mientras ellas se dedican a dar salida a escritores consagrados u otros "sin nombre" de los que me da hasta grima hablar, pero que no dejan de ser una buena fuente de ingresos de los que ellas dependen para subsistir como empresas privadas que son.
   *Hay agencias literarias pequeñas que dan cabida a autores no conocidos, pero sus posibilidades de acceso a las editoriales son escasas. Hay agencias literarias fuertes con influencia en las editoriales, pero difícilmente aceptan a escritores poco conocidos o sin un buen curriculum literario-profesional. Y vosotros me diréis: "Pues, ¡pasa de agente, ¿para qué lo quieres?!" Y yo entonces os contestaré que cada vez hay más editoriales que solo aceptan manuscritos a través de agencia. Ahora entendéis, ¿verdad?
   *Hay distribuidoras con preferencias especiales por determinadas editoriales, al igual que hay libreros y grandes librerías comerciales que eligen lo que vender en función de su propia política, negando la igualdad de condiciones tanto a editoriales como a escritores. 
   *Hay críticos literarios que solo leen "lo que se lleva", las últimas novedades en las que las editoriales ponen su empeño absoluto. Otros que valoran -para bien o para mal- en función de sus propios gustos, sin más criterios objetivos, y otros que no pueden evitar dejarse influenciar -también para bien o para mal- por la simpatía o antipatía que el autor les merezca a nivel personal, porque si bien en un principio la cercanía de los escritores a los lectores fue acogida con aplausos, ahora ya empiezan a verse los efectos secundarios que este estrecho acercamiento puede acarrear a la valoración de sus obras.
   *Hay géneros que se leen en mayor medida que otros, lectores que parten ya de sus propias expectativas y no quieren aventurarse a salirse de ellas a la hora de elegir, prejuicios insalvables que se ceban en las portadas y las sinopsis a la hora de comprar, estilos que se desechan por demasiado retóricos o demasiado sencillos, asemejando ambos a una falta de calidad narrativa...
   *Y hay escritores poco autoexigentes y poco autocríticos, que no dudan en tachar a los lectores de incultos antes de admitir que puedan ser ellos los que aún tienen mucho por aprender.

   Casi todos los puntos que acabo de mencionar tienen sus excepciones positivas, ¡menos mal!, pero aún así, es como veis un terreno bastante pantanoso por el que moverse, en el que poner los pies. Un terreno que invita a hacerse miles de preguntas antes de comenzar a escribir: qué género abordar, qué tema elegir, qué tipo de trama desarrollar, qué número de páginas emplear, a qué público potencial dirigirla, cómo publicar, cómo darla a conocer, cómo garantizar su calidad, cómo afrontar las críticas y comentarios malintencionados, cómo superar la presión de unas ventas escasas o, incluso, la presión que provoca haber puesto alto el listón literario con la novela anterior... Las preguntas: "¿Cómo escribir una novela que guste a todo el mundo?" o "¿cómo alcanzar el éxito como escritor?" me las ahorro directamente por tópicas y, a priori, utópicas.

   Tal vez la respuesta más sencilla y más sensata para todo ello sea esta: "Escribe para ti, lo que de verdad te plazca y te llene, como si no existiera nada ni nadie más." Aunque claro, para que esta respuesta te sirva tienes que sentir que eres escritor de puertas para adentro, SOLO de puertas para adentro, y que el éxito verdadero es el que te viene de tu propia mano, no de la mano de los demás. A partir de ahí, que te llegue lo que te tenga que llegar.




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