Acabo de llegar a casa. Aún tengo las maletas por deshacer, pero no he podido esperar para escribir la crónica de una tarde inolvidable. ¡Ha sido un auténtico placer para mí presentar mi libro en Madrid!
Las anteriores presentaciones habían tenido lugar en el entorno de dos bibliotecas y de un congreso, y aunque fueron experiencias muy bonitas, me apetecía cambiar de escenario en esta ocasión, quería encontrarme con todos vosotros en un ambiente cercano, informal, cálido, acogedor y que invitara al dialógo, a la charla, al intercambio de comentarios antes, durante y después de la presentación, y creo que lo conseguimos.
¡Yo me sentí como en casa! Me encantó poder saludar a mucha gente conocida antes de comenzar, poner un rostro físico a muchos nombres, hablar directamente con ellos, sin pantallas de por medio, y comprobar de primera mano su sonrisa amigable y hasta un poco nerviosa por lo que íbamos a vivir ese día y sobre todo, porque esta presentación no sólo era una excusa para hablar del libro, sino para estrechar lazos entre todos nosotros. Tal vez fuera eso, vuestra llegada y vuestro cálido recibimiento lo que hizo que sacudiera gran parte de los nervios que había acumulado con los preparativos previos en el local, hasta que después de proyectar el book trailer, con la sala en penumbra, escuché la primera voz resurgir al fondo con el rostro oculto por los focos que me cegaban. ¡Una de mis "niñas" se acababa de presentar! Me quede estupefacta, sin saber a lo que venía aquello. Almudena comenzó a hablar del relato en el que contaba su historia. De pronto, alguien más se levantó y se presentó también, mencionando su nombre y una frase resumida de lo que ocurría en su vida. ¡No lo esperaba! Aquella viva representación de unas cuantas de mis niñas, me emocionó. Creo que se me quedó cara de poker ante aquel intercambio inesperado de testimonios -por parte de amigos- y de comentarios en relación a ellos por parte de mis dos compañeras de ceremonia, que me hicieron sentir apoyada, arropada y mimada en todo momento. Aquella sorpresa y el discurso de Almudena y Ana, ensalzando el libro con palabras salidas directamente del corazón, sí que consiguió que me temblaran las manos y que el nudo de mi garganta amenazara con no dejarme hablar, a pesar de mi esfuerzo previo por tranquilizarme a todas costa. Varias veces afirmaron estar seguras de que habría alguien más digno que ellas para acompañarme aquella tarde, alguien "con nombre", con más experiencia. Pero cuando todo se dice con la efusividad con que ellas hablaron, con la emoción visible, a flor de piel, y con el entusiasmo que suele irradiarse cuando se cuentan las cosas con plena sinceridad, no hay eminencia literaria que sea capaz de transmitir más de lo que ellas lo hicieron. Tengo que darle las gracias, miles de gracias. No solo por haberme acompañado en aquel escenario durante toda la charla, sino por haberse esmerado en hacer de ese encuentro algo muy especial.
Yo intenté centrarme, fundamentalmente, en los preámbulos del libro, en todo aquello que se cuece antes de que vea la luz y que suele ser lo más desconocido para los lectores. Cómo surgió la idea de escribir estos relatos, qué aspectos trascendentales me impulsaron a hacerlo y que me movió a abordar esta experiencia hasta el final; qué tesituras, valoraciones y análisis puse sobre la mesa antes de lanzarme a escribirlos. Pensé que les podría resultar interesante, o cuanto menos curioso, pero claro, tendrán que ser ellos quienes digan lo que de verdad les pareció. Lo que sí puedo decir es que en ningún momento tuve la sensación de estar haciendo un discurso formal; me sentí cómo si me estuviera sincerando con mi grupo de amigos, y su atención sostenida, sus pequeñas sonrisas y, sobre todo, sus preguntas finales, que aunque tardaron en arrancar fueron muchas, así me lo hicieron senti.
Fue para mí una tarde mágica y muy entrañable, y el hecho de que practicamente ninguno de ellos abandonara el café nada más terminar, me produjo la gran satisfacción de pensar que también debió serlo para muchos de los que acudieron. Hubo fotos, charla entre todos y un reguero de felicitaciones por la presentación en sí y por el buen ambiente disfrutado, y un gran deseo de repetir por parte de quienes no habían tenido ocasión de acudir anteriormente a este tipo de eventos.
Fueron muchos l@s bloguer@s que quisieron acompañarnos, y también pude contar con la grata presencia de algunos compañeros de Círculo Rojo. A quienes podía poner cara, me acerqué a saludarlos, encantada de que estuvieran allí, y a quienes no conseguí identificar, tuve la suerte de que fueran ellos quienes vinieran a saludarme, lo cual les agradezco enormemente, porque me sabría fatal saber a posteriori que alguno de ellos pasó desapercibido para mí.
Me han quedado ganas de repetir.
Gracias a todos los que lo hicistéis posible con vuestra presencia. Gracias por apoyarme y por brindarme el cariño que sentí por parte de todos los que estuvisteis allí y por todos aquellos que no pudisteis acudir y me lo hicisteis llegar en las horas previas al avento.
Nunca lo olvidaré.