1 mar 2013

UN DIA MUY ESPECIAL: DOS AÑITOS.


   Hoy es un día muy especial para mí. Mis chicas cumplen dos años de vida desde que vieron la luz por primera vez, desde que llegaron a casa con sus maletas y me dijeron con timidez y un cierto desparpajo: "Ya estamos aquí, ahora dinos lo que piensas hacer con nosotras". Y no contesté, porque el miedo a abordar la calle con ellas de mi mano era tal, que el bloqueo mental y corporal me duró algo más de una semana hasta que comencé a reaccionar y a echarle valor al asunto, con el cartel de "novel" y de "novata" pegado a la frente y sin saber cómo valerme en este mundo literario del que no había conocido nada en absoluto hasta el momento. Sin mencionar el mundo virtual, bloguero o feisbukero del que estaba completamente pez.  

   Con la ignorancia bajo un brazo y la timidez bajo el otro, inicié el camino sola, con un ligero temblor parkinsoniano pegado a manos y piernas, pero firme y valiente, con la consigna constante de tenerlo todo perdido y de que, cualquier mínima bondad que me pudiera llegar, ya sería más de lo que en principio habría podido prever. Yo, mujer de ciencias puras, amante de la psicología humana teórica y práctica, observadora nata y reflexiva hasta la saciedad, jamás pensé que las letras llamarían a mi puerta algún día y que querrían acojerme además con halagos y piropos. Yo, que a pesar de haber estado escribiendo siempre  no he sido consciente hasta hace muy poco tiempo de que, según parece, juntaba las letras bien. Yo, que creía que coleccionar papeles repletos de tinta era tan solo una manía, y no un camino que se pudiera seguir para llegar hasta aquí.

   Han pasado muchas cosas a lo largo de estos dos años. Los que me habéis venido acompañando desde hace tiempo, ya conocéis de sobra el esfuerzo sobrehumano que me ha supuesto subir cada peldaño y, sobre todo y ante todo, la lucha encarnizada que desde un principio vengo manteniendo por adentrar el relato, en general, en un mundo literario en el que la novela es la reina por excelencia, por eliminar la imagen prejuiciosa que se tiene en torno a la mujer cuando ésta asume el protagonismo y cobra vida en el título de cualquier libro, por aniquilar el término feminismo que injustamente se le adjudica a esta obra, por hacer que se desvanezca la idea de que al hablar de féminas tan sólo podemos referirnos a su parte frívola y superficial que, aunque no dudo que tenga cabida en la vida real de muchas de nosotras, en absoluto se deja notar en el tipo de vivencias y experiencias que en él se relatan y que invitan a la reflexión y a la apertura de miras, a ensanchar nuestra mente, nuestra forma de pensar y el prisma a través del que analizamos las situaciones ajenas para no caer en el grave error de juzgarlas injustamente por no ser acordes con nuestro criterio personal. Y han sido muchas las veces en las que por todo esto, unido al hecho de no contar con un apoyo editorial convencional, con entendidos o eruditos en el mundo literario que me pudieran orientar por dónde y cómo debía seguir, con amigos escritores que pudieran asesorarme con su experiencia propia..., he sentido el impulso de tirar la toalla, recogerme de nuevo en casa y desprenderme del sudor acumulado por tanta batalla librada. Pero ahí estabais vosotros, conocidos y desconocidos, ensalzando estos relatos y encumbrándolos con laureles a través de vuestras múltiples reseñas, de vuestros comentarios efusivos dejados en blogs, y haciéndome llegar con el brillo en vuestros ojos, a través de intermediarios, lo que mis chicas y sus vivencias os habían hecho sentir. Y ése ha sido el reconstituyente diario, el acicate que me ha invitado a seguir luchando hasta ahora y peleando por que más gente pueda llegar a ellos, por que más gente pueda disfrutar de lo que yo, ingenuamente, pensé que era bastante más evidente en nuestro vivir diario de lo que ha resultado ser.

   Gracias a todos por empujarme con vuestro aliento, con vuestro granito de arena en forma de opinión, por alentar a más gente a que nos conozcan. Gracias de corazón, porque no os quepa la menor duda de que si no hubiera sido por vosotros, ni yo ni mis chicas habríamos podido llegar hasta aquí.

   Este vídeo va por ellas. Y por todos los que hasta ahora nos habéis querido acompañar. 
  
   Un besazo!!




25 feb 2013

¡VA POR TI!


   Hoy es uno de esos días en los que me planteo de forma expresa si la labor de la justicia puede dar calma al corazón, además de a la razón.

   Se me vienen a la mente esas típicas peleas de niños en los que la disputa llega a tal extremo que ambos se declaran incapaces de llegar a un mínimo acuerdo que les haga sentir bien, que restablezca entre ellos la paz y el orden por haber alcanzado un terreno neutral en el que poder convivir o, sencillamente, que obligue a uno de ellos a retractarse ante el otro porque su actitud no es conforme a derecho según las normas familiares, morales, sociales o incluso rutinarias del entorno en el que desarrollan su vida habitualmente. Y ese es el momento en el que aparece la figura materna o paterna, dando luz al asunto bajo la voz de la experiencia, de la sabiduría o del sentido común, y obligándolos a cumplir con su dictamen a rajatabla.

   Pero entonces me pregunto qué ocurre cuando en esa lid previa uno de ellos arrea un tortazo al otro que le hace arder la oreja, ver las estrellas y el luminoso arco iris o estamparse contra el suelo sin que nadie sea testigo de su hazaña. Ambos darán su versión, y la figura paterna o materna de la que antes hablaba adoptará el papel de juez en su jurisdicción casera, determinando a la vista de las pruebas y de los testimonios de los pequeños cuál de ellos dos es portador de la razón. Ni que decir tiene que ambos emplearán las mayores argucias y sus mejores recursos y argumentos para llevarse al juez al huerto induciéndolo a dictar sentencia a su favor.
   Pero aquí es donde radica el quiz de la cuestión: si la victoria a la disputa la obtiene quien propinó el tortazo injustamente, el agredido se sentirá dolido, impotente y rabioso, porque tendrá la interna sensación de haber salido escaldado y, además, sin nadie que respalde que llevaba la razón; pero si la sentencia declara culpable a quien se fue de las manos, aunque éste sea castigado por ello, el dolor del guantazo propinado seguirá latiendo en la mejilla, en la oreja o en el ojo del inocente, y eso nadie lo podrá borrar; esas cicatrices de dolor y humillación quedarán grabadas en el corazón, y, para más inri, también se verán acompañadas por una buena dosis de rabia e impotencia por saber que de haberse obrado con cordura, con razón y con sabiduría plena, tal afrenta podría haberse evitado desde un principio, y el dañado ahora viviría radiante y feliz.
   ¿Pero sabéis qué es lo peor? Que esa punzante e hiriente emoción seguirá por siempre ahí, por mucho que la justicia le dé la razón. Porque esa razón es tardía y muchas veces no puede restablecer lo que ya se destrozó.
   Cuando este ejemplo mínimo y aparentemente insignificante lo trasladamos a males mayores y a afrentas grandiosas, el dolor es extremo. E invalidante la sensación de que, dicte lo que dicte un juez, ya no conseguirá paliar el daño producido, ni devolver lo que jamás debería de haber desaparecido de nuestras vidas.

   ¡¡Va por ti!!


23 feb 2013

QUINCENA ERÓTICO-FESTIVA: ME APUNTO.


“Abrí la puerta del baño envuelta en una nube de vaho que me hizo resurgir de ella como una esfinge sinuosa, sofocada por el calor extremo del agua que minutos antes había besado mi cuerpo, cada centímetro de mi piel que ahora lucía tersa, aterciopelada y suave, impregnada por entero de aquella esencia a miel y almendras de aroma cautivador y sabor dulce. Tardé un instante en acomodarme a la penumbra salpicada por la tenue luz de las velas dispuestas por el dormitorio y a la melodía suave que incitaba a mis sentidos a dejarse llevar. Una silueta masculina de torso desnudo se aproximó a mí lentamente, en silencio, esbozando una sensual sonrisa de labios carnosos mostrando deseo. Noté sus manos abriéndose paso por la abertura de mi albornoz, ensanchándola al tiempo que recorría con sus manos mi cintura atrayéndome hacia él. Mi pelo mojado dejó escapar algunas tímidas gotas de agua que recorrieron mis hombros hasta llegar a mis senos, donde iniciaron un suave descenso bordeando sus curvas pronunciadas y sensuales. Él clavó sus ojos en ellas, secándolas con las yemas de los dedos para besar después las huellas de humedad que habían dejado a su paso y que ahora se incrementaban al contacto con sus labios, con su boca, con su lengua excitada incapaz de detenerse. Un gemido efímero y apasionado huyó de mí para confundirse con las notas musicales dispersas en el ambiente, como preámbulo de lo que prometía ser una noche de sumo placer.”


  No, éste no es ningún párrafo extraído de la novela que estoy leyendo, tan sólo es un párrafo inventado en el momento de publicar esta entrada y con el que quiero rendir homenaje a la Quincena Erótico-festiva con la que Laky (Libros que hay que leer) nos reta en su blog y a la que, aún no sé bien por qué, he decidido apuntarme. 
   No suelo hacer reseñas en este blog de los libros que leo, pero hoy me he levantado con el paso cambiado y he pensado que es bueno dejarse llevar por impulsos de vez en cuando, disfrutarlos y experimentar sus efectos. Porque de ellos también se aprende y como ése es precisamente uno de mis objetivos en la vida, pues allá voy, a leer una novela de género erótico (que no es la primera, ni será la última) y a dar después mis impresiones de lo que a nivel personal me ha parecido
   Aún no sé cuál elegir. Después de haber abordado al Sr. Grey y haber salido un poquito escaldada con su lectura -que no me gustó nada-, intentaré tener cuidado con mi elección, porque si a algún género hay que pedirle tacto, elegancia y calidad narrativa es precisamente a éste. Siempre he sido de la opinión de que se puede decir y contar absolutamente todo, pero con sumo esmero y meticulosidad en cuanto a la forma en que se dice o en que se cuenta, porque de ahí surgirán las mejores o peores consecuencias que puedan sobrevevenir después. 
   Aún estáis a tiempo de apuntaros, arriba os he dejado el enlace. Será bueno leer después las críticas variadas de novelas diferentes que nos puedan abrir el campo a lecturas de calidad, alejadas, en la medida de lo posible, de lo burdo, lo zafio o lo chabacano, y de historias que, en el fondo, nada tienen de interés. 


Reseña:
La canción de Nora de Erika Lust.

 
    

19 feb 2013

DEJADME SOLA



   Dejadme sola, no deseo escuchar nada. Tan solo el silencio abrazándome con su insinuoso manto. Cálido cuando lo buscas. Intimista cuando lo encuentras. Deseo entornar los ojos y que los sueños me lleven lejos de aquí, donde pueda permitir que manen libres mis pensamientos sin nadie que los cuestione, donde pueda vagar y pasear ausente sin nadie que me reclame, donde pueda obrar como me plazca sin que las malas lenguas me acusen.

   Quiero gritar al viento el dolor que siento. El tiempo se agota y me asusta ver que me voy tras él sin haber dejado huella de mi paso por la vida, sin haber sellado de amor un corazón ajeno, sin permitir que florezca aquello para lo que fui creada, aquello que me trajo al mundo y que muere junto a mí a cada instante que pasa, oprimido por la voluntad férrea, cotidiana y absurda de cuantos giran alrededor. Deseo ser libre para saber quién soy, para escuchar el pulso de mis emociones en cada paso que doy, en cada escena que observo, en cada sutil pensamiento que me hace enriquecer. Estoy cansada de no mirarme, de no reconocer mi voz perdida entre las demás, de suspirar quejosa y tomar aliento para luchar en batallas que no son las mías. De ahogarme en el clamor de mi conciencia que me ordena y me acompaña en mayor medida que mi propia sombra.

   Dejadme sola que me rehaga, que reconstruya mi alma acorde a las exigencias del mundo que me tocó vivir. Porque esta presión interna es como una muerte lenta. Y acabaré desmembrada si fuerzas opuestas se empeñan en tirar de mí para hacerme volar cual cometa, a merced del viento que sople más fuerte en cada momento.

   No puedo sofocar el llanto que fluye de mis entrañas cuando jamás me escucho y la desilusión me asola. Pero no puedo girarme para dar la  espalda a quien mi mano busca rogando que lo lleve al cielo, al tiempo que se me derrumba el cuerpo en el cenagoso suelo que tengo bajo mis pies.

   Dejadme sola que grite donde nadie pueda oirme, donde los pájaros trinen, el sol me ilumine y la luna acune mis mejores sueños.

   Dejadme sola para meditar con calma lo que he de hacer. 

   Dejad que medite si quiero volver.

© Pilar Muñoz Alamo - 2013




¿Poesia? ¿Narrativa? ¿Una reflexión? ¿Un relato? ¿Un pensamiento? ¿O tal vez un impulso sin calificar? 
Decídmelo vosotros, porque yo no sé qué es.
(De cualquier forma, quede claro que es ficción, eh?)

14 feb 2013

RELATO DE SAN VALENTÍN: "MI MEJOR NOVELA"


Me quedé en blanco cuando te vi. El discurso que mi mente había repetido hasta la saciedad se diluyó como agua entre mis manos, letra a letra, dejándome presa del pánico en mitad de la nada. Mi editor salió al quite como los buenos toreros, al tiempo que yo me sentía como una estatua de sal a punto de desmoronarse, recorriendo las facciones de tu rostro para adivinar por qué sentimiento te habías hecho acompañar para llegar hasta mí. Mis entrañas clamaron por que estos diez años hubieran disipado el dolor que te provoqué. ¡Tantas veces recé por que me olvidaras! ¡Tantas veces lloré por no haberte olvidado! ¡Y tantas veces dudé si hice bien desvaneciéndome en tu vida sin ofrecerte una explicación cierta!

Titubeé y alteré el discurso para seguir callando cuando vi que ella tomaba tu mano y te regalaba una sutil caricia sentada a tu lado. Se me fracturó el corazón, por las mismas cicatrices que no habían terminado de sanar aún. ¡Cuánto hubiera dado por que vinieras a rescatarme de aquel escenario para volver a empezar, por que me hubieras besado y hubiéramos vuelto atrás el tiempo para bebernos la vida sin importarnos nada! Pero me sentí feliz, por ti, por esa ignorancia que te había consentido rehacer tu vida como yo deseaba que tú la vivieras. Plena.

Aguardaste al final, hasta la pregunta última enunciada por los lectores curiosos, ávido por absorber cuanto tenía que desvelar de una novela en la que yo desnudaba mi alma por primera vez sin confesarlo abiertamente, protegida por el parapeto de una ficción aparente. Aparente para todos. Menos para ti. Y temblé. Temblé por que la hubieras leído, por que te hubieras adentrado en las miserias emocionales con las que había tenido que convivir desde el minuto siguiente a decirte adiós, sin que hubiera podido sobreponerme a ellas a pesar de mi búsqueda incesante por alcanzar la paz, el sosiego y la tranquilidad que no hallé jamás por el daño que me obligué a infligirte. Por seguir amándote hasta dolerme.

El halo último de esperanza que albergaba de que así no fuera se disipó cuando sentí tu presencia a dos pasos de mí, tendiéndome tu ejemplar para que yo estampara mi firma hermanada con una dedicatoria que no sabía cómo expresar acertadamente para contentarte a ti. Y a mí. ¿Cómo calificarte si aún contenía la respiración por tenerte cerca, si aún recordaba el aroma inconfundible de tu cuerpo, si aún me parecía percibir la textura de tu piel en las yemas de mis dedos y en mis manos, si aún me parecía escuchar el envolvente susurro de tu voz antes de dormir? ¿Cómo calificarte si desconocía si ya me habías perdonado o era el odio el que te había llevado hasta allí?

Te miré a los ojos, temerosa por lo que en ellos pudiera encontrar, y a mi sonrisa emocionada correspondiste con un beso en mi mejilla, dulce, con un sentimiento sublime de afecto adherido a tus labios. El brillo especial que tu mirada me dedicó me hizo enmudecer y llorar por dentro, mientras tragaba la angustia funesta de perderte otra vez. “¿Cómo te va?” -me preguntaste con la voz entrecortada-. Y mentí. De nuevo te mentí induciéndote a creer que mi mundo literario había llenado el hueco que dejaste, que mi éxito profesional me había permitido sentirme orgullosa de mí misma, que las vidas ficticias y los lugares imaginarios que yo acertaba a recrear constituían un viaje perfecto hacia el mundo de los sueños del que ahora ya no querría salir; cuando lo único cierto es que el arte de escribir se erigió como un refugio descubierto tras mi huida para poder paliar el dolor, y aún así no había conseguido menguarlo. Y no me atreví a indagar en tu vida, porque no podría asimilar que el mayor sacrificio de la mía no hubiera servido para nada. Preferí seguir nadando en la ignorancia y rememorar el universo ideal que en mi mente yo había construido para ti, y por el que  luché a cuerpo descubierto un cierto día sin confesarte nada; ese mismo universo de felicidad completa que tú ideaste y en cuyo seno habrían de integrarse irremediablemente los hijos que yo descubrí un tiempo después que me sería imposible darte. Ahora ya no sé si la biología cruel fue la que nos separó. O tal vez fui yo y mi amor sublime, que me obligó a decidir por ti cómo debías vivir tu vida para ser feliz.

Te marchaste de aquella sala sin desvelarme nada. Pero tus palabras últimas son ahora el elixir que me permite subsistir cada día sin desfallecer. Y las oigo resonar allá por donde voy, como un eco de amor que no morirá jamás.  “Nunca podré olvidarte” -me dijiste-, “siempre te amaré.”

© Pilar Muñoz Alamo - 2013

¿Queréis escucharlo ahora?



¿Y vosotr@s, a qué habéis sido capaces de renunciar por amor?

18 ene 2013

UNA ADICCIÓN CULTA

   Este mundo de las letras engancha. No sólo engancha, te abduce, te absorbe y hasta es capaz de engullirte en una vorágine de la que puede resultar complicado salir. Como cualquier otra droga. Pero no os asustéis, ni os llevéis las manos a la cabeza por lo que estoy diciendo aquí. Existen varias formas de clasificar las drogas, aunque hoy en día, la más extendida y acertada parece estar en consonancia con el tipo de efectos que produce, y la adicción a ellas puede ser incipiente o con un fuerte grado de dependencia, pasando por todo un continuo de intensidad variable. O incluso ser aún perfectamente controlable, con lo cual ni siquiera podríamos hablar de adicción. Eres tú el que debes dilucidar en qué punto estás. ¡Pero ten cuidado! Asegurate bien de que tu respuesta es cierta, porque la negativa inmediata a reconocer que se podría estar enganchado a este mundo literario en sus diversas vertientes (lectura, escritura, blogosfera, redes sociales, o todo ello unido), así como la afirmación rotunda de que todo está bajo control sin detenerse a analizarlo en profundidad, se convierte en el camino directo a la perdición en cualquier adicto, o en todo aquél aspirante a serlo.

   El último artículo que tuve ocasión de leer en torno a ello, concluía que para que una conducta sea adicta deben existir:

   1º Una sustancia con características capaces de generar abuso.
   Cuando yo abordé este mundo de la escritura, lo hice con la única intención de que mi familia me leyera, después siguieron los amigos, luego algunos otros conocidos y el planteamiento mayor vino con la idea de publicar el libro porque las críticas me alentaban a darlo a conocer a un conjunto de lectores aún mayor. A continuación me dije que tan solo lo presentaría una vez, en mi Córdoba natal, y después pensé que debía salir de la localidad y que la mejor forma de conseguirlo era crear un blog y entrar en el mágico mundo de internet.

   Sé que muchos de vosotros, como lectores, también decidisteis un día compartir vuestra opinión en torno a vuestros libros, a vuestros gustos literarios, y qué mejor manera que a través de un blog literario personal, o tal vez de una página en facebook, cuyo propósito inicial seguro que no pasaba de plasmar vuestras impresiones en la pantalla para que algún que otro despistado acabara aterrizando en él y leyera lo que habíais escrito y si os había gustado o no. Con eso os conformábais, con un par de visitas diarias y esa especie de album de reseñas colgado en la red. ¿Pero cuánto tiempo duro eso? ¿Durante cuánto tiempo os conformasteis con esa grata sensación? Apuesto a que en unas cuantas semanas ya estabáis habituados y necesitabais más. Cada nuevo seguidor os producía un subidón, cada comentario nuevo os aumentaba la autoestima por haber sido leídos. Cada crítica positiva os servía de incentivo para reseñar mejor y con más detalle. Y comenzásteis a hacer concursos para ganar adeptos, a visitar blogs ajenos para daros a conocer aún más, a participar en retos de lectura para estrechar vínculos blogueros con los ya consolidados. Y poco a poco, el hecho de saber que vuestros cada vez más numerosos seguidores dirigían la vista a vuestro blog cada vez más a menudo, os animó a publicar con una mayor frecuencia para mantener su atención; en un principio, reseñas, pero cuando el tiempo no daba de sí como para leer con tantísima avidez, comenzásteis a exponer cualquier otra cosa que pudiera despertar un mínimo de interés. Y en el caso de los escritores, lo que comenzó siendo un portal publicitario exclusivo para el libro recien publicado, también fue necesitando de ideas innovadoras que atrajeran al público lector en general, porque si el blog no se visita, el libro escrito no se conoce, eso es claro y cristalino. Entonces tomásteis la opción de abrir el campo. Y de los puntos de venta, las reseñas de internautas relacionadas con vuestro título, o la crónica de las presentaciones de turno, pasasteis a utilizarlo como medio de expresión de otros muchos variados temas, y acabasteis por reseñar libros ajenos, porque además de escritores sois lectores, empedernidos, tal vez, y ahí ya se juntan dos pasiones que se compenetran a la perfección, la de expresar "por escrito" lo que antes se ha "leído".

   Hasta aquí todo está bien. Aparentemente. Porque todo este proceso evoluciona de manera directamente proporcional al tiempo invertido en él, y eso ya empieza a constituirse como un primer problema. ¿Pero qué viene después? Mantenerlo. Y ahí, como se dice en mi tierra, ¡con la Iglesia hemos topao! Lo más peliagudo no es comprarse el bólido, es mantenerlo. Y aquí ocurre exactamente igual. Si no estamos dispuestos a perder lo conseguido, hay que mantener el ritmo de entradas publicadas, de lecturas para reseñar, y por supuesto no podemos dejar de innovar, porque es la única forma no solo de seguir creciendo, sino de evitar el aburrimiento ajeno que haga que se evaporen los adeptos conseguidos. Y lo que comenzó como un hobbie la mar de distendido para combatir los ratos libres, ahora empieza a engullir también el tiempo de los ratos "ocupados". Y en mayor medida de lo aconsejable. A no ser que te importe un bledo volver a los orígenes en los que empezaste.

   ¿Miras tu número de seguidores cada vez que entras al blog? ¿Te afecta en mayor o menor medida haber perdido alguno? ¿Te ilusiona especialmente el número de comentarios que dejan en tus entradas o te decepciona el hecho de que sean escasos? ¿Compites sanamente con el resto de blogs consagrados por acaparar audiencia? ¿Te sorprendes en algunos ratos en los que no estás delante de tu ordenador, o móvil, dándole vueltas al coco intentando idear iniciativas innovadoras con las que sorprender a la blogosfera? ¿Te preocupa que haya pasado una semana entera sin haber publicado nada? ¿Te molesta tener que dejar a un lado la inspiración gloriosa que te ayudaría a escribir un buen texto, para acompañar a tu marido o a tus propios hijos a realizar alguna actividad familiar? ¿Te sientes mal si han pasado unos días y nos has encontrado un momento adecuado para juntar unas cuantas letras de esa novela que estás impaciente por terminar? Cuando planificas tus obligaciones del día, además de "ir al supermercado", "recoger a los niños del cole", "hacer la comida del día siguiente" o "asistir a una reunión de la comunidad de vecinos", ¿incluyes la expresión "tengo que publicar la reseña de..." (no la expresión "debería", sino tengo=imposición), o "tengo que terminar de leer la novela tal porque si no llegaré tarde a la lectura conjunta y me comprometí a tenerla lista para antes de tal fecha"? Son sólo algunos ejemplos, pero suficientes como para ilustrar que el tiempo y la dedicación invertida en todo esto pueden llegar a ser abusivos, y lo que es mucho más grave, inconscientemente obligatorios.

   2º Un individuo con necesidad de consumo frecuente.
  Estrechamente ligado a lo anterior, aunque voy a aportarle matices ligeramente distintos. El abuso lo he centrado en nuestro propio trabajo, en nuestro campo personal de creación, en lo que nosotros ofrecemos a los demás. ¿Pero, y lo que los demás nos ofrecen a nosotros? ¿Podemos prescindir de ello una vez que hemos pasado a formar parte de este mundo?

   La blogosfera en general es un entramado en el que existen, si no de forma expresa, sí una serie de normas tácitas que todo el mundo asume y cumple si no quiere verse exluído literal y automáticamente de él. Todo debe estar en armonía y el quo pro quo es el pan nuestro de cada día. Si quiero que me visiten, tengo que visitar. Si quiero que me comenten, tengo que comentar. Si quiero que participen en los concursos que yo convoco, tengo que participar en los ajenos también yo. Si quiero que lean mis reseñas, o aquello que yo escribo como autor, tengo que leer de igual forma lo que ellos publican. Si quiero que la gente sepa de mí, tengo que darme a conocer sacando a flote mi nombre por donde pueda, eso sí, sin publicitar mi blog de forma expresa, ni soltar mi enlace por doquier, simplemente por quien soy y por mi actividad en la red. Y si eres escritor, perdona que te lo diga, pero lo tienes aún peor. Porque además de actuar de esta misma forma, tendrás que publicitar tu libro con la frecuencia que estimes, hablar incesantemente de él a la menor oportunidad, incentivar a su compra a potenciales lectores (y no tan potenciales), a ganarte la confianza de quienes podrían ayudarte a escalar posiciones (llámense blogueros, escritores, editores o simplemente amigos), sin contar con la lectura analítica y detallada de lo que otros escriben como forma ideal de mejorar y perfeccionar nuestro estilo literario. Y todo ello, nuevamente, absorbe mucho tiempo, esfuerzo y dedicación. Y en muchos casos, más del que se dispone.

   ¿Alguna vez has pedido disculpas por no haber pasado por la casa bloguera de los demás en una semana o dos (cosa que no haces si transcurre el mismo tiempo sin visitar a tu familia o amistades físicas, dicho sea de paso)? ¿Has publicado una entrada en tu blog y no has podido dejar pasar ni dos horas sin consultar si ya tienes algún comentario?  ¿Has lamentado tener que marcharte de casa dejando una conversación a medias en face que en muchos casos incluso era intrascendente? ¿Has decidido compartir el tiempo con algún amigo o familiar fuera de casa y no has podido evitar "echar un bicheo rápido" a la red a través del móvil? ¿Te preocupa dejar de publicitar tu libro durante un par de semanas por temor a que baje en el ranking de Amazón (aunque eso en realidad no tenga una implicación directa)? ¿Comentas las entradas de otros blogueros y no puedes dejas de mirar si te contestan o no? ¿Tienes con relativa frecuencia la sensación interna de "estar perdiéndote algo" si no haces casi a diario un barrido rápido por tu red social?

   3º La concurrencia de factores tales como tolerancia, dependencia física y dependencia física. 
   Según la acepción médica publicada en la Wikipedia, el término tolerancia indica la reducción de la respuesta del organismo a los efectos producidos por una sustancia determinada. 

   Tal y como ya he comentado en el primer punto, cada vez queremos más, ansiamos experimentar sensaciones y emociones placenteras nuevas, porque nos habituamos muy rápidamente a los logros conseguidos. Pero abarcar tanto conlleva, en bastantes casos, la obligación inconsciente de mantenerlos, y aunque sea de forma temporal, hay veces en que eso escapa a nuestras posibilidades reales de tiempo y dedicación. ¡Y ahí es donde aparece uno de nuestros mayores enemigos: el miedo, artífice indudable de gran parte de la dependencia física y psíquica provocada por toda esta vorágine. Miedo a perder lo conseguido, a no dar la talla exigida por los demás, a ser ignorados en favor de otros, a no cumplir las expectativas que de nosotros se formaron, a defraudar por no atender los compromisos lectores o de escritura diversa, a perder los beneficios placenteros que nos aporta este mundo a diario, a través de la lectura, de la escritura, del intercambio de opiniones, de las charlas literarias, de los encuentros de autores, de las bromas gastadas con esa complicidad que el roce bloguero nos reporta. Y eso es lo que podríamos denominar como una dependencia psíquica clara, porque nos obliga a seguir al pie del cañón. Y si dejamos el cañón abandonado, entonces aparecerá el nerviosismo, el estres o la ansiedad que nos produce el hecho de no secundar lo anterior, toda esa actividad frenética que nos hemos autoimpuesto de manera progresiva y, repito, casi completamente inconsciente. ¿Nunca has notado un cambio de humor por este motivo? ¿Ni te has sentido nerviosa por no poder cumplir los planes que te habías trazado en torno a ello? 

   4º Deterioro el individuo, de su relación con el medio familiar y con el medio social.
   ¡¡Y aquí llegamos a la madre del cordero!! Seguro que más de uno de los que habéis llegado leyendo hasta aquí, habéis visto el cielo abierto y habéis dicho a voz en grito: "¡¡Eeehhh, de deterioro del individuo, nada, esto no produce daño alguno!!" 

   Pues me vais a perdonar, pero no me queda otra que discrepar. Os permito que la llaméis como el título de esta entrada, "Una adicción culta", pero adicción es, y como tal, también tiene efectos perniciosos incluso para nosotros. Hay dos formas de castigar: aplicando directamente una consecuencia negativa sobre la persona, o mediante el refuerzo negativo, es decir, retirando una consecuencia positiva y placentera para ella. Este tipo de adicción o dedicación extrema tal vez no tenga efectos perniciosos claros y directos para nosotros, pero sí que nos puede impedir gozar de otro tipo de experiencias, sí que nos puede cerrar la puerta a la posibilidad de descubrir actividades nuevas tan placenteras como éstas, aunque a priori no nos lo parezcan, de vivir la vida con todos sus matices y en toda su amplitud. No significa que este mundo lo desmerezca, no, tal vez siga siendo nuestra máxima prioridad en el ranking absoluto de lo que nos produce placer, pero no debería acapararnos por completo. 

   Y si todo ello puede tener efectos negativos para nosotros -aunque sea de manera indirecta-, ¿que me decís de quienes tenemos alrededor? ¿Os paráis a pensar en ellos con todo detenimiento? ¿Sois capaces de desviar la vista del ordenador para mirarlos frente a frente y haceros cargo de lo que sienten? ¿Tenéis la valentía suficiente para escuchar sus demandas sin echaros a temblar porque os puedan distanciar de lo se mueve en la red y en vuestro mundo literario?

   Para nosotros, la vida tal vez se pueda resumir en dos palabras: leer o escribir, o, como mucho, ambas cosas a la vez. Pero ése es nuestro mundo, no el de ellos. El hecho de que nosotros podamos llegar al éxtasis leyendo o escribiendo, no significa que ellos lo deban disfrutar igual, y no van a ser "bichos raros" por dejar de hacerlo. Querámoslo o no, convivimos con ellos, con nuestra pareja, con nuestros hijos, con nuestros vecinos, con nuestros amigos físicos -que no virtuales-, y también nos debemos a ellos, por cuanto que las relaciones hay que cultivarlas, cuidarlas, mantenerlas y disfrutarlas. Y el tiempo que nos demanda todo esto no nos permite prestar la atención debida a quienes también nos merecen. Al igual que hablamos de fumadores pasivos como aquellos que sufren los efectos nocivos de la adicción de quienes tienen cerca, también podríamos hablar de lectores pasivos, escritores pasivos o blogueros pasivos en la acepción negativa del término. Y lo que es realmente una pena es dinamitar nuestra vida conyugal, familiar, social o laboral por no tener las suficientes agallas para decir ¡basta!, frenarnos en seco y redistribuir nuestra dedicación de una forma bastante más racional, que nos permita seguir disfrutando de este mundo maravilloso sin perdernos las demás delicias que nos brinda la vida y, sobre todo, sin destruir las ilusiones y las expectativas de nuestros seres queridos y la relación que tenemos con ellos, porque, al fin y al cabo, lo único que tal vez demanden sea disfrutar la vida junto a nosotros. Y nuestro egoísmo -por la búsqueda del placer propio-, o nuestra falta de voluntad no les permiten hacerlo. 

   No vayáis a pensar que todo esto os lo digo solo a vosotros, no. Toda esta disertación la vengo rumiando desde hace tiempo y la sarta de preguntas que os he hecho a vosotros, también me las vengo planteando yo casi a diario, con el único fin de no perder nunca el norte de dónde estoy y hacia dónde voy. (Por cierto, tal y como suele aparecer en los test de las revistas juveniles: Si has contestado afirmativamente a más de la mitad de las preguntas planteadas = mal te veo). 


   Y ya para terminar, os diré que hoy, después de volver a meditar sobre este tema, he apreciado un detalle que me ha hecho sentir bien: tenía 105 seguidores en mi blog y en estos tres últimos días se me han caído dos, por lo que me he quedado tan solo con 103. ¡¡Pero me da igual!! ¡¡No me preocupa!! Lo cual me induce a pensar que todavía no está todo perdido, que aún estoy a tiempo de decir ¡basta! 

   Y ahora ya podéis sacrificarme con vuestros alegatos, estoy dispuesta a convertirme en carne de cañón. Pero disparad con cuidado, por fi.

   Besitos.

Lecturas 2018.

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