Ella te espera. Ha abierto sus brazos de amante esposa para recibirte, para enlazar sus manos de nuevo a las tuyas y pasear unidos entre las nubes. Llueve sobre nosotros el amor que nos profesasteis, calándonos el alma, salpicando nuestros corazones como gotas de rocío plagadas de luz.
Te has marchado. Dejando tras de ti una estela de bondad que nos acariciará como una brisa de primavera, mientras dibujamos en el aire tus perfiles de gran padre para inmortalizarte, con sus trazos de paciencia y plena dedicación a quienes viste nacer.
Evoco tus ojos y el orgullo hacia nosotros se refleja en tus pupilas. Pero en absoluto es comparable al que las nuestras devuelven cuando se clavan en ti, en tu ser, en tu esencia y en tu espíritu: grandes, muy grandes.
Es fuerte el dolor que siento, pero será mitigado por el paso del tiempo y por el recuerdo de los momentos felices que poblaron tu vida, vuestras vidas que son la nuestra, edificadas con amor, ternura y un sinfín de buenos sentimientos más.
No te digo adiós, ni un "hasta luego", porque seguiré escuchando tu voz y observando en mi mente los gestos silenciosos con los que hablabas. Y cuando me pregunten por qué resbala una lágrima por mi mejilla, o por qué sonrío sin aparente causa, diré que es por ti, por el hombre más bueno del mundo. Por mi padre.
21 de abril de 2015.
***
Un año más tarde, os imagino bailando. Como tantas veces hicisteis.
Con mis pequeñas dudas y recelos, en el fondo siempre aposté por ella. Aunque quizás la apuesta también fuera por mí, por demostrarme a mí misma una vez más que era capaz de terminar un nuevo proyecto a pesar de las múltiples dificultades, de los obtáculos, de los inconvenientes propios y ajenos, tal y como ya había ocurrido en ocasiones anteriores en las que el empeño personal, el tesón y la fuerza de voluntad han tomado las riendas en mi vida hasta ganar batallas que a priori se presentaban laboriosas, casi inaccesibles. Y es que me crezco ante las dificultades, ante las metas complicadas; el "yo puedo" emerge anticipando ese halo de orgullo que se siente tras la consecución de un logro preñado de esfuerzo. Porque el aprendizaje que todo ello nos reporta es lo que de verdad nos enriquece; las metas fáciles solo perpetúan lo que ya sabemos.
He rescatado la entrada que escribí hoy hace justo un año, cuando estaba a punto de pulsar el botón de publicación de KDP para que mis colores asaltaran el universo de Amazon, y me ha encantado leerla, rememorar las emociones sentidas en aquel momento y que este blog me ha permitido recuperar como si se tratara de un diario íntimo. Entonces exponía mi ilusión, mi incertidumbre y los deseos que acompañaban a Paula de la mano en su andadura por el mundo de las letras. Hoy la perspectiva es distinta, hoy puedo analizar cuántos de mis deseos con respecto a ella se han cumplido, qué derroteros ha tomado la novela disipando la incertidumbre y cuál ha sido la respuesta hacia una historia que tanto me costó contar, que tanto empeño puse en crear.
Mil quinientas copias descargadas en formato digital a través de Amazon, cuarenta comentarios de lectores en dicha plataforma, treinta y siete reseñas publicadas en la blogosfera literaria y muchas otras críticas llegadas hasta mí, de forma privada, de lectores que han querido hacerme llegar sus impresiones a través de familiares y conocidos. Una lectura conjunta organizada por iniciativa de Laky (Blog "Libros que hay que leer") y Lidia (Blog "Juntando más letras"), a quienes vuelvo a dar las gracias por su ayuda y su amistad, y una página creada específicamente para la novela donde pudimos intercambiar impresiones sobre ella y que me permitió tomar nota para seguir mejorando, para seguir aprendiendo en estar labor tan compleja. Y a la vista de todo ello tengo que decir que estoy feliz, Paula me ha hecho muy feliz. Pero no por este balance de cifras que siempre se ha de analizar de forma relativa y no absoluta, sino por el mensaje que las acompaña, altamente positivo.
Son muchas las valoraciones que podría hacer de ella, muchos los análisis a los que podría prestarse a la vista de los buenos resultados, teniendo en cuenta sobre todo que ha volado sola la mayor parte del tiempo, que no ha gozado de un respaldo editorial, de una campaña publicitaria de presentaciones u otras vías de difusión como sí emprendí con los relatos, ni siquiera de una continuidad o insistencia por mi parte para hablar de ella en redes sociales u otros medios a mi alcance; pero hace tiempo que aprendí que las estadísticas no cuentan, que las experiencias de otros no tienen por qué repetirse en una misma, que lo que a mí me funciona puede suponer el más rotundo fracaso para los demás, que no existe la panacea ideal ni la lógica en lo literario... Por lo que me limito desde hace meses a vivirlo todo como una experiencia de la que disfrutar, a sonreír y emocionarme ante los elogios, y a tomar nota de las críticas constructivas que suponen una ayuda para que futuros embarazos tengan mayores probabilidades de dar a luz criaturas más perfectas. Y Paula ha cumplido su misión: la de emocionarme y la de instruirme en determinados aspectos que ahora sé cómo abordar.
La irrupción de Jana ("¿A qué llamas tú amor?") en mi vida literaria tal vez le haya restado un protagonismo del que merecía haber gozado por más tiempo; pero no la olvido, no la suplanto, en el corazón de una madre hay espacio para todos. Y ella me corresponde demostrándome día a día que su andadura continúa, que sigue conociendo a gente sin que yo se la presente, que su independencia y su éxito personal están por encima de mi ignorancia.
Gracias Paula, Olga, Ana... Gracias a todos los que vivís dentro de ese mundo de color... Porque haberos creado no ha sido solo un ejercicio de ficción literaria impregnado de emociones, también ha sido una historia de superación personal. La mía.
Hoy es un día muy especial para mí. Mis chicas cumplen dos años de vida desde que vieron la luz por primera vez, desde que llegaron a casa con sus maletas y me dijeron con timidez y un cierto desparpajo: "Ya estamos aquí, ahora dinos lo que piensas hacer con nosotras". Y no contesté, porque el miedo a abordar la calle con ellas de mi mano era tal, que el bloqueo mental y corporal me duró algo más de una semana hasta que comencé a reaccionar y a echarle valor al asunto, con el cartel de "novel" y de "novata" pegado a la frente y sin saber cómo valerme en este mundo literario del que no había conocido nada en absoluto hasta el momento. Sin mencionar el mundo virtual, bloguero o feisbukero del que estaba completamente pez.
Con la ignorancia bajo un brazo y la timidez bajo el otro, inicié el camino sola, con un ligero temblor parkinsoniano pegado a manos y piernas, pero firme y valiente, con la consigna constante de tenerlo todo perdido y de que, cualquier mínima bondad que me pudiera llegar, ya sería más de lo que en principio habría podido prever. Yo, mujer de ciencias puras, amante de la psicología humana teórica y práctica, observadora nata y reflexiva hasta la saciedad, jamás pensé que las letras llamarían a mi puerta algún día y que querrían acojerme además con halagos y piropos. Yo, que a pesar de haber estado escribiendo siempre no he sido consciente hasta hace muy poco tiempo de que, según parece, juntaba las letras bien. Yo, que creía que coleccionar papeles repletos de tinta era tan solo una manía, y no un camino que se pudiera seguir para llegar hasta aquí.
Han pasado muchas cosas a lo largo de estos dos años. Los que me habéis venido acompañando desde hace tiempo, ya conocéis de sobra el esfuerzo sobrehumano que me ha supuesto subir cada peldaño y, sobre todo y ante todo, la lucha encarnizada que desde un principio vengo manteniendo por adentrar el relato, en general, en un mundo literario en el que la novela es la reina por excelencia, por eliminar la imagen prejuiciosa que se tiene en torno a la mujer cuando ésta asume el protagonismo y cobra vida en el título de cualquier libro, por aniquilar el término feminismo que injustamente se le adjudica a esta obra, por hacer que se desvanezca la idea de que al hablar de féminas tan sólo podemos referirnos a su parte frívola y superficial que, aunque no dudo que tenga cabida en la vida real de muchas de nosotras, en absoluto se deja notar en el tipo de vivencias y experiencias que en él se relatan y que invitan a la reflexión y a la apertura de miras, a ensanchar nuestra mente, nuestra forma de pensar y el prisma a través del que analizamos las situaciones ajenas para no caer en el grave error de juzgarlas injustamente por no ser acordes con nuestro criterio personal. Y han sido muchas las veces en las que por todo esto, unido al hecho de no contar con un apoyo editorial convencional, con entendidos o eruditos en el mundo literario que me pudieran orientar por dónde y cómo debía seguir, con amigos escritores que pudieran asesorarme con su experiencia propia..., he sentido el impulso de tirar la toalla, recogerme de nuevo en casa y desprenderme del sudor acumulado por tanta batalla librada. Pero ahí estabais vosotros, conocidos y desconocidos, ensalzando estos relatos y encumbrándolos con laureles a través de vuestras múltiples reseñas, de vuestros comentarios efusivos dejados en blogs, y haciéndome llegar con el brillo en vuestros ojos, a través de intermediarios, lo que mis chicas y sus vivencias os habían hecho sentir. Y ése ha sido el reconstituyente diario, el acicate que me ha invitado a seguir luchando hasta ahora y peleando por que más gente pueda llegar a ellos, por que más gente pueda disfrutar de lo que yo, ingenuamente, pensé que era bastante más evidente en nuestro vivir diario de lo que ha resultado ser.
Gracias a todos por empujarme con vuestro aliento, con vuestro granito de arena en forma de opinión, por alentar a más gente a que nos conozcan. Gracias de corazón, porque no os quepa la menor duda de que si no hubiera sido por vosotros, ni yo ni mis chicas habríamos podido llegar hasta aquí.
Este vídeo va por ellas. Y por todos los que hasta ahora nos habéis querido acompañar.