10 ene. 2013

EL BLOGUERO INVISIBLE: UN FINAL FELIZ!

   Esta noche he dormido como una marmota, pero no como una marmota cualquiera, no, ¡como la madre de todas las marmotas del mundo mundial! ¡Y sin tomarme ninguna de las píldoras tranquilizantes que mi médico de familia -Emilio Aragón- me prescribió intentando evitar, con su carácter pacífico, que yo montara un pollo descomunal -y no asado, precisamente- ante el organismo oficial de Correos y Telégrafos por la presunta desaparición de mis Gigantes en extrañas circunstancias. Pero no adelantemos acontecimientos. Vayamos al principio para no perder detalles de esta iniciativa maravillosa que se repite por segundo año consecutivo y que aspira a convertirse en una tradición navideña con más estabilidad en el tiempo que la del buey y la mula en el Portal de Belén.

  Todo comenzó el día en que recibí ese preciado mail de nuestra madrina de ceremonias, Ana Kayena, invitándome a secundar tan genial iniciativa. Ya os conté en mi primera entrada bloguera-invisible la historiada noche de semi insomnio a la que tuve que sobrevivir para decidir si participaba en ella o no, y, finalmente, con qué libro lo haría. ¡Menos mal que dije que sí, porque a estas alturas tendría una alopecia aguda irrecuperable por los tirones de pelo que me habría pegado yo sola al ver la movida que me hubiera perdido de haberme quedado entre bastidores! Los gorritos monos de mercadillo que usó una de mis niñas en cierta ocasión se me hubieran quedado escasos. Pero accedí a participar, más feliz que Cristobal Colón con un GPS, observando cómo la blogosfera comenzaba a hervir y a movilizarse para decidir lo que iban a regalar y lo que cada cual ya tenía en su poder para no hacer acopio de ello como yo con los cromos de las princesas cuando era pequeña (mentira, yo coleccionaba canicas, pero dicen que esta feo decirlo porque soy una chica!).

   ¡La aceptación que mis Gigantes tuvieron entre los participantes de esta iniciativa me hizo muy feliz; tanto, que pasadas unas semanas ya no pude esperar más y rebosante de ilusión, decidí ir a recogerlos a la librería de turno en la que suelo comprar libros. "¿Se los va a llevar usted o se los llevamos nosotros a casa?" -me preguntó el librero-. Me quedé un poco perpleja, ojiplática, diría yo, sin comprender muy bien lo que aquel tipo me estaba insinuando. Hasta que los vi aparecer. A los Gigantes, digo, por la compuerta de carga y descarga del establecimiento porque no había forma de hacerlos pasar por dónde entraba el común de los mortales, mientras el resto de clientes se aferraba con fuerza a las vigas de hormigón para combatir el temblor sísmico que provocaban con cada uno de sus pasos. ¡¡La madre del cordero, qué pedazo de tíos!! ¡Maldita fue la hora en que se me ocurrió regalarlos! ¡¡Aunque la culpa la tiene el Sr. Follet, qué bien podría haberle puesto de título "La caída de Torrebruno", jolín!! "¡¡¿Y los dientes?!!" -pregunté levantando la ceja izquierda hasta la coronilla al ver que estabán más mellados que yo en el día de mi Primera Comunión-. "¡Los Gigantes se han caído, señora, ¿qué quiere?!"  Con ese morro impresionante me despachó de allí el señor librero. Les relié a cada uno una bufanda XXXXXL de la sección de oportunidades para disimular el desaguisado y salí arreándolos hasta casa como el que lleva un rebaño de cabras lisiadas, temiendo la reacción de mis chicas que no se hizó esperar. Cuando llegamos, huyeron corriendo despavoridas a los submundos del sotano con un acojonamiento en grado sumo, como si ellos hubieran dicho de desvirgarlas. Allí permenecieron ocultas y haciendo guardia militar hasta que bajé a decirles que hicieran las maletas, que la encantadoramente persuasiva madrina Ana me había terminado convenciendo de que ellas también viajaran. Y ahí se les acabaron los temores. Porque cuando de ir de parranda se trata, preparan el equipaje más rápido que un veraneante en un centro nudista.

   Y llegó el día de la despedida. Mi chicas, en tren. Mis Gigantes, paseando. Y paseando. Y paseando. Ellas, como buenas viajeras y por sorpresa total y absoluta, arribaron a su destino, la casa de Lidia Casado en un pueblecito de Castilla-La Mancha, sin mapa ni nada parecido, a pelo, orientándose por las indicaciones oficiales sin problema alguno. Pero mis Gigantes... ¡¡¡Ay, mis Gigantes cómo me lo han hecho pasar!!! ¡¡Doce días de extrema preocupación hasta verlos llegar sanos y salvos!! Mellados, eso sí, pero a salvo. ¡Los muy cabeza loca decidieron, por su cuenta y riesgo, hacer el Camino de Santiago  y "darse una vueltecita" por Galicia antes de terminar en Málaga!, donde mi querida Meg llevaba clamando a voz en grito por todas las redes sociales que su sorpresa aún no había llegado, y que quería a toda costa tener entre sus manos de lectora ávida a esta trupe de la estirpe de Goliath. ¡Insensata!, ¿dónde pensará meterlos? Y yo preocupada. Irritada. ¡Ligeramente cabreada! ¡¡Y Kayena lanzando advertencias al aire de que los carteros no pasarían de Despeñaperros para abajo!! ¡¡Y Marilú amenazando con regalarle a mi bloguera los Gigantes antes que yo!!! ¡¡¡Tilas progresivas y algún que otro valium me ha costado la odisea, que ya me veía yo avisando al Cuerpo entero de Bomberos  por si los pobres míos se habían caído de nuevo por algún barranco, porque si el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, una representación hombruna tan ejemplar tiene que tropezar siete veces!!!

   Menos mal que entretanto -antes de que el grito tarzanero de la pequeña Meg me perforara el tímpano avisando de su llegada-, tuve ocasión de divertirme de lo lindo con las anécdotas blogueriles de mis compañeras lectoras, de brindar con una ronda de chupitos virtuales de cuya resaca no me he recuperado aún y sobre todo, y ante todo, de emocionarme y entusiasmarme más que Vikie el vikingo con el regalito bloguero de mi querida Shaka lectora bloguera, o lo que es lo mismo, Sara Montero Dueñas facebookiana. El viernes, día 4, hice sentada en el portal esperando a la representante oficial del Cuerpo de Correos, preguntándome qué libro vendría en el paquetito sorpresa. ¡¡Y llegó!! ¡Puntual! ¡Y lo vi un poquito obeso -al paquete-! ¡Y me entusiasmé aún más! ¡Y desgarré la solapa como una energúmena a la que nunca le han regalado nada! ¡¡Y vi dos libros!! ¡¡¡¡¡Dos: La Tribu maldita, que era el anunciado, y La ciudad de los ojos grises, ¡de sorpresón divino de la muerte, con las ganas que tenía de echarle el guante! Venían acompañados de una bonita nota de Sara y me emocionó que se hubiera deshecho de dos de sus mejores lecturas para cedérmelas y que las pudiera disfrutar tanto como ella.

   ¡¡Gracias!! A Sara, por hacer de Rey Melchor en tiempos de crisis; a Meg, por su entusiasmo y por la buenísima acogida que le ha brindado a mis Gigantes, aún con el hándicap de tener que hacerle una ortodoncia de urgencia; a tod@s los participantes por la ilusión que desbordan y que hace que todo esto resulte muy, muy especial, y por supuesto, a mi madrina Ana, por haberme dado la excusa perfecta para descorrer de nuevo la cortinilla del blog, por hacer que brote una semilla de alegría, ilusión, entusiasmo y diversión que nos hagan olvidar en parte las pestilencias que manan de las noticias políticas y económicas del momento, por hermanar a unos blogs con otros, trazando lazos entre desconocidos o estrechándolos entre quienes ya tienen la suerte de haberse descubierto, y por brindarnos la oportunidad de conocernos a nivel personal más profundamente de lo que en principio imaginábamos. 

   Estoy encantada de haber participado y espero ilusionada la siguiente convocatoria... 
    ...con el hospital de campaña preparado :)

   A los que hayáis tenido la santa paciencia de llegar leyendo hasta aquí, os quiero mostrar mis dos librazos, que aunque hayan pasado a ser de mi propiedad, siempre conservarán el sello personal que Sara dejó al leerlos.

   Un besazo!!


Lecturas 2018.

Estamos en GOODREADS

Estamos en GOODREADS
Pincha en la imagen.

Blog Archive

Audio relatos

Con la tecnología de Blogger.

Blogroll

Seguidores