2 abr. 2019

MICRORRELATO: «AMOR O DESAMOR».

   Todavía no sé si nos quisimos lo suficiente. Si el amor nos duró o fuimos nosotros los que apartamos la vista para preñarla de rosa y seguir viviendo como si fuéramos uno. Si nos dio miedo enfrentar nuestras miradas buscándonos en esa verdad que tanto duele. O fue su profundidad la culpable, la de ese amor pleno que hasta la pasión mata en un derroche de seguridad, de ignorancia mal aplicada, de momentos vividos de espaldas porque ya no había necesidad alguna de conquistar nada.

   Ahora me cuentas tus sueños que yo ignoraba, mientras yo regurgito los míos que un día tras otro me tragué sin darme cuenta. Me pregunto por qué callamos. «Lo hice por ti», será tu respuesta, clavada a la mía. Y ya ves... En ese mundo construido con senderos paralelos se nos esfumaron todos, sin vivirlos, sin disfrutarlos, sin compartirlos. En nombre de un querer amordazado. De un sacrificio absurdo que ha terminado devorando un tiempo en el que está prohibido ir marcha atrás.

   La impotencia me araña el estómago y la pena, la garganta. Quiero revertir un adiós musitado entre dientes. A una vida que es la nuestra, la que pintamos de rosa o, tal vez, siempre lo fue. A una vida que es la mía y que siento que se desliza bajo mis piernas. A una definición de amor que me resisto a creer que fuera errónea, porque la llevo inscrita, desde hace años, en pleno centro del corazón. Tal vez sea yo, que me siento perdida en mitad de la nada. Dudosa, inquieta, asustada... Aunque escuchando el eco de una voz lejana que me recuerda mi deseo interno de volver a casa.
© Pilar Muñoz Álamo - 2019
(Imagen: Pixabay.com) 

20 feb. 2019

ANTOLOGÍA SOLIDARIA «UN 4 DE FEBRERO»


   Hace aproximadamente un par de años, mi querida amiga y escritora Mayte Esteban comentó que la habían invitado a participar en un proyecto benéfico que por entonces comenzaba a gestarse. Sus organizadores con su máximo exponente, el escritor J.A.P. Vidal pretendían reunir a un grupo de escritores que aportaran un relato de su autoría, de temática y género libres. Cómo único requisito, hacer mención a una fecha: la del 4 de febrero. ¿Y por qué esta fecha? Porque los beneficios de lo que sería esa futura antología irían destinados a alguna fundación o asociación sin ánimo de lucro cuyo objetivo principal se centrara en la lucha contra el cáncer, en cualquiera de sus vertientes. Junto a esa invitación, también le llegó una petición, la de facilitar otros nombres de escritores a los que pudiera apetecerles la idea de participar. Y ella, junto al mío, sugirió el de dos compañeros más a quienes quiero y admiro: María José Moreno y Víctor Fernández Correas.

    Me vi así con una propuesta sobre el mantel: un relato relativamente corto por crear y la compañía de unos participantes que, literariamente hablando, eran más «grandes» y reconocidos que yo; a Mayte, María José y Víctor había que sumar otros como Roberto Martínez Guzman o Mónica Gutiérrez Artero, que ya estaban en lista y dispuestos a colaborar. Todo un reto y una responsabilidad. Porque había que estar a la altura de las circunstancias y de la calidad narrativa de quienes iban a formar parte de ese elenco de escritores «antológicos». 

   Pero es que lo mío son los relatos. Ellos son mis niños bonitos, mi debilidad, los que me trajeron a este mundo; podría decir que hasta se parecen a mi madre, porque ellos «me parieron» y arrojaron al mundillo literario. Y esto, unido a la causa que promovía esta iniciativa, pudo más que nada para que aceptara el reto.

   Busqué bolígrafo y papel y puse a funcionar la mente. Había que crear una historia bonita, completa, que provocara suspiros sin empalagar y, por supuesto, con mi sello personal. Y así nació No fue casualidad, un relato con un tema de fondo que me gustó tanto que me dejó con ganas de más. De mucho más. Pero no porque la historia quedara incompleta, sino porque en ella se podía profundizar, no solo enraizando la trama, sino en su poso de reflexión. Y así lo hice. Viendo que la antología, por dificultades técnicas ajenas a nuestra voluntad, retrasabae incluso cuestionabasu publicación final, quise utilizar este relato como «precuela» de lo que después sería Un café a las seis, mi siguiente novela, publicada en julio de 2017. 

   Y ahora vosotros os preguntaréis: «¿Entonces el relato y la novela son lo mismo?».

   Pues no, exactamente. Mi relato de esta antología es la esencia de la novela. El perfume de base. La versión concentrada de la historia de su protagonista. Pero la novela es mucho más. No son páginas sumadas injustificadamente, sino el resultado de una trama más completa, con añadidos que yo consideré necesarios para aportar una visión más amplia al tema de base que quería desarrollar, con detalles más precisos en la evolución de sus personajes y de su forma de ser y actuar, y con mayor número de reflexiones, no solo en relación al tema principal, sino a otros tantos relacionados con él que también era interesante tratar. Partiendo de un relato que a mí me parece precioso y en absoluto inacabado, nació la novela más corta, dulce y amable de las que he escrito hasta ahora .

   Pero volvamos a la antología. A la lista de escritores ya mencionados se fueron añadiendo algunos más, hasta completar los doce que finalmente hemos participado en ella, como Ana Bolox, Carmen Flordelís, Aránzazu Mantilla, Nieves Muñoz de Lucas o Aída del Pozo. Y también una prologuista (Amparo Lledó) y un ilustrador (Diego Bolox). Plumas muy distintas, pero igualmente buenas, con historias tan dispares que rompen la monotonía lectora provocándonos percepciones y emociones diferentes, dignas de disfrutar.

   Cuando, hace unos meses, la maquinaria volvió a ponerse en funcionamiento y supe que los beneficios obtenidos irían a parar a la Fundación Aladina, se me puso una sonrisa de oreja a oreja. Porque hablamos de niños y adolescentes, el colectivo más vulnerable, el que más nos necesita en todos los aspectos, el que más merece nuestra atención y nuestra dedicación junto a la tercera edad. Me alegró el resultado de nuestro trabajo y la ilusión que hemos puesto en la iniciativa. Y me siento orgullosa de haber podido aportar mi granito de arena a esta causa solidaria de esta forma tan bonita: a través de las letras y de la imaginación.

   Ahora solo falta que nos acompañéis. Que disfrutéis de ellas al tiempo que regaláis sonrisas. 
   Por ellos. Por los más peques.

    Enlace de compra: Un 4 de febrero.

  
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Lecturas 2018.

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