Mostrando entradas con la etiqueta filosofía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta filosofía. Mostrar todas las entradas

10 abr 2015

"GOLOWIN" de JAKOB WASSERMANN.


 SINOPSIS:
En los convulsos días de la Revolución Rusa, la aristócrata María von Krüdener, acompañada de sus cuatro hijos, sirvientas y un abultado equipaje, huye de su hacienda en Tula, al sur de Moscú, para reunirse con su marido en el sur del país. El encuentro de María, seductora e inteligente, con Golowin, un marinero revolucionario, experimentado y culto, en una miserable posada en las costas del mar Negro, a la que ella ha llegado después de un viaje en tren hacinados docenas de fugitivos en un vagón de ganado, alterará las ideas y valores de la mujer, que ella cree firmes, pero que él demostrará que sólo son un parapeto que le ha robado la libertad de actuar y sentir.


    "Yo nunca lo haría".

   Hay dichos, frases hechas o rotundas afirmaciones que se desmoronan ante circunstancias que no somos capaces de anticipar, porque creemos que jamás nos encontraremos ante ellas. Incluso forzando la imaginación para vernos a nosotros mismos en semejantes tesituras seguimos en nuestra postura inamovible, completamente seguros de nuestra integridad, de nuestra moralidad, de nuestra manera de sentir y de actuar. Pero hemos de ser conscientes de que en situaciones extremas cualquier cosa es posible, máxime si está en juego nuestra propia supervivencia o la de nuestros seres queridos.
   No es la primera vez que leo una novela en la que se plasma cómo en una situación de guerra o de revolución, como en este caso, salen a flote los instintos más básicos del ser humano, cómo se desvisten de una ética, de una moral o de la educación inculcada cuando las normas y las leyes sociales se diluyen, provocando en muchos casos una visión aterradora de la decadencia humana, de su cara más salvaje. No hay mejor manera de catalogar la condición de una persona que dándole libertad plena de actuación en un estado de total anarquía, donde no exista castigo alguno por sus acciones, donde nada pueda cuestionarse en el seno de unas normas. Y aún más si se encuentra expuesto a situaciones extremas. Es en ese entorno, en ese ambiente donde además se desata el mayor número de porqués; nadie cuestiona lo que ha de hacer, decir o cómo ha de comportarse cuando se siente obligado a ello por cualquier circunstancia, pero no ocurre lo mismo cuando se le da libertad de acción y de decisión, cuando se le permite ser él mismo. Entonces se corre el riesgo de una pérdida absoluta de los valores inculcados. Para bien o para mal.

   Comencé a leer "Golowin" sin saber lo que encontraría. Ni siquiera leí la sinopsis. Me dejé llevar por la experiencia de haber disfrutado muchísimo con "El nadador en el mar secreto" y por estar ambas incluidas dentro de la colección "Los ineludibles" de Navona Editorial. Y he de reconocer que la lectura de las primeras páginas me descolocó, porque no esperaba encontrar una historia tan diferente en cuanto a temática, género e incluso estilo de narrativa. Es más, esas primeras páginas en las que los hechos se cuentan con cierta rapidez y en las que encontré, además, un buen puñado de nombres rusos algo difíciles de memorizar me hicieron pensar que la novela reclamaba atención, que no sería de lectura rápida y ágil. Y no me equivoqué. Pero no solo por ello, sino por sus diálogos. Cuando me topé con algunos de los primeros supe que no habría nada trivial en ellos. Y es que "Golowin" es una novela corta -o un relato largo- que no se lee en un suspiro. Bueno..., rectifico, que NO DEBE leerse en un suspiro. Y me explico:

   Por propia experiencia sé que el grosor de una novela no va en consonancia con la magnitud (numérica) de lo que en ella se cuenta. Hay novelas largas que tienen bastante más paja que grano y novelas cortas, incluso relatos, que son capaces de hacer malabares con las palabras para condensar en ellos toda la información necesaria que nos permita hacernos una idea clara de los escenarios, del momento temporal en el que ocurren, de los personajes con cierta profundidad, de los sucesos que se desarrollan e incluso que permiten introducir giros en la trama con el fin de sorprender. Hay novelas largas que aburren. Y novelas cortas que te dejan una agradable sensación de plenitud. La historia contada en "Golowin" se desarrolla en 119 páginas, y no son necesarios más detalles para hacerse una perfecta idea de las consecuencias de una revolución que acaba con todo el orden establecido en un país abocándolo al desastre y a una lucha desesperada de sus gentes por su supervivencia, a una huída forzada con el miedo adosado a la espalda porque cualquier cosa es posible, porque sus vidas quedan en manos de otros perdiendo por completo su valor y, con ello, hasta su dignidad, porque su futuro se reduce al presente y poco más. Y tampoco son necesarias más páginas para que el autor nos haga entender, con maestría, cómo se tambalean las convicciones personales, éticas, morales, psicológicas y sociales de sus protagonistas, haciendo uso para ello de una serie de reflexiones profundamente filosóficas -puestas en boca de los personajes a través de sus diálogos- que merece la pena detenerse a saborear. A lo largo de la historia se ahonda en el alma humana y en el corazón de la mujer, en su papel como "costilla del hombre" adoptada en la época, en su dependencia física y mental hacia un marido que la doblega y la amolda a su antojo privándola de voluntad propia apelando a su debilidad y fragilidad, y que ella acepta con la convicción de que no existe alternativa posible hasta que alguien cimbrea sus creencias y la obliga a cuestionarse el porqué. 

   "Golowin" es una novela que yo no recomiendo leer en cualquier parte ni en cualquier momento. Requiere leerla con toda nuestra atención puesta en sus palabras, en sus frases, en unos diálogos que integran con habilidad numerosas reflexiones que exigen por nuestra parte el pequeño esfuerzo de asimilarlas y digerirlas, porque muchas de ellas son filosofía pura. Tomárnosla a la ligera y quedarnos solo en la superficie de lo que se nos cuenta hará que nos perdamos lo que yo considero que es el verdadero leitmotiv de la novela.

Otra "ineludible". Sin duda. 

 

26 sept 2013

¿CREES QUE ERES LIBRE?

  ¿Os habéis detenido a pensar alguna vez cuántas de las cosas que nos rodean, cuántas de las experiencias que vivimos y cuántas de las personas con las que nos codeamos a diario las hemos elegido realmente nosotros? Yo, sí. Y he llegado a la conclusión tajante de que la libertad es tan solo un espejismo, una mentira que hemos decidido creer en favor de nuestro bienestar psíquico, porque sentir que no tenemos el control de nuestras vidas provocaría una infelicidad indescriptible y ante todo, destructiva; y la opción alternativa, la de echarle agallas al asunto, nadar a contracorriente y actuar de forma anárquica ante todo y ante todos, tampoco parece una vía plausible tomando en consideración la discriminación y persecución social que quienes lo hacen tienen que soportar, y que en muchos casos llega a poner en peligro su propia supervivencia.

  Siempre he considerado que somos simples peones colocados en un tablero de ajedrez, movidos por los hilos del destino, de la casualidad, de la sociedad en la que nos ha tocado vivir y arrastrados por la marea social que nos absorbe condicionando la mayoría de las decisiones que tomamos en la vida y que nos abren el camino hacia un futuro que, ingenuamente, creemos siempre poder cambiar.

   No elegimos el seno de la familia en la que nacemos, el colegio al que asistimos, los primeros amigos que conocemos... No elegimos la capacidad intelectual que nos facilitará o entorpecerá el aprendizaje, los defectos físicos por los que sufriremos burlas, nuestras destrezas y habilidades innatas que contribuirán a evitar problemas... Tampoco elegimos ya -en un alto porcentaje de casos- los estudios que cursaremos, el trabajo que encontraremos y la calidad de vida que todo ello nos reportará... Ni escogemos el carácter de los hijos que tendremos y que será fruto no solo de nuestro empeño en moldearlo, sino también de la interacción que existe entre la base genética y la influencia del entorno que no podemos manejar siempre a discreción, pero que incidirán sin embargo en nuestro devenir diario de manera contundente.

  Muchas veces he leído teorías e hipótesis que defienden el libre albedrío de las personas a la hora de trazar su camino en la vida. Pero, ¿realmente existe? Yo creo que tan solo está presente en detalles tan pequeños y en decisiones tan insignificantes que ni siquiera lo puedo considerar libertad. Decido por mí misma con quien me caso, a quien uno mi vida; pero si la cosa sale mal, ¿de verdad puedo sacar las maletas en cualquier momento y hacer borrón y cuenta nueva?, ¿o el sufrimiento de mis hijos, mi carencia de recursos económicos o incluso la amenaza de muerte de mi marido me impedirán marcharme aun siendo esto lo que yo deseo? Mi vocación innata hace que decida ser psicóloga de profesión, pero ¿mis notas en selectividad me permitirán cursar la carrera para poder ejercerla?, ¿o acabaré sirviendo mesas en una cafetería -sin vocación hostelera- porque ni los estudios ni mi curriculum me permite encontrar trabajo en el gremio que me gusta? Decido tener familia numerosa porque somos seis hermanos y siempre he sentido al máximo el instinto maternal, pero tengo treinta años, estoy en paro y mi pareja en Barcelona, a mil kilómetros de distancia buscándose la vida para poder iniciar la nuestra; ¿de verdad me dará tiempo a tener tan siquiera dos?, ¿y podré mantenerlos o tendré que recurrir a la ayuda de sus abuelos condicionando el futuro de estos y coartándoles su libertad de elección por amor a sus nietos y su compasión hacia mí?

  Pero es que las circunstancias no solo nos arrebatan la libertad para decidir cómo trazar las líneas sobre las que sustentar nuestra vida cuando intentamos elegir nosotros, es que además hasta tienen el descaro de mofarse delante de nuestras narices jugando a retarnos, a engatusarnos con sus propuestas atractivas y edulcoradas para después impedirnos que podamos llevarlas a buen puerto cuando así lo deseamos. Yo jamás me planteé que las letras pudieran formar parte de mi vida. Nunca elegí este camino, ni tan siquiera para pasear; la escritura era una forma más de canalizar mis pensamientos, mis mensajes, un simple canal de comunicación alternativa a la palabra, nada más. El camino se presentó ante mí sin yo buscarlo, y ahora que lo saboreo, que descubro sus colores y la influencia positiva que estos tienen en mi vida, las mismas circunstancias personales que lo pusieron ante mí, ahora me impiden poder seguirlo. ¿Qué se hace cuando el tiempo no permite concesión alguna para dar rienda suelta a la inspiración? ¿Qué se hace cuando no se puede prescindir de un trabajo que te da de comer y te absorbe la mitad de la jornada? ¿Qué se hace cuando no se puede -ni se quiere, por un sentimiento indiscutible y por responsalidad adulta- dejar a un lado a la familia para esbozar unas cuantas letras a diario? El deseo está ahí, la capacidad de elección también, pero la libertad plena y absoluta para poder llevarla a cabo, no.

  Podría seguir enumerando ejemplos hasta el día del juicio final: el de aquellos que eligen la senda literaria con el deseo de transmitir y llegar al corazón de los demás haciendo filigranas preciosas con las palabras e invirtiendo en ello su esfuerzo y sus ilusiones, y acaban perdidos en el entramado del mercado de las letras sin control alguno sobre sus propias obras por tener que ajustarse a las pautas marcadas por editoriales a las que no les mueven ni por asomo los mismos intereses; la del bloguero amante de la lectura que pierde el interés por compartir impresiones con sus afines al sentirse indirectamente coaccionado por la forma de proceder de los demás; el amante de los deportes que ve en su práctica la válvula de escape al hastío de su vida cotidiana y al estres laboral y ha de abandonarlos para siempre por una dolencia física que le impide hasta ponerse en pie; el del poeta de sensibilidad sublime que quiere ser trovador de la belleza y ha de guardársela para sí mismo porque nació en la época equivocada, porque el romanticismo ya es cosa del pasado y ahora lo que priva son los mensajes de correo electrónico y el whatsapp; el defensor de lo justo que creyó nacer para cambiar el mundo y ha terminado apaleado, insultado, rechazado y al final, resignado ante el entramado político imposible de sanear.

  Tengo la impresión de que nuestra misión en la vida es aprender, aprender y aprender, basándonos en las experiencias y en las relaciones sociales que factores por completo externos han trazado para nosotros, como si fuéramos marionetas moviéndonos en un mundo de locos. Y con la libertad justa para elegir entre un dulce o una tostada, entre una novela histórica o de género erótico, entre teñirse de rubio o en color caoba... Y aun así, si ante cualquiera de estas minúsculas y anodinas elecciones nos paramos a reflexionar a fondo, tampoco estoy segura de no haber elegido el dulce por cuidar la estética de nuestro físico, el tinte rubio para no escuchar que carecemos de inteligencia y la novela erótica por temor a que nos cataloguen de "salidas" o de mujeres fáciles.
  Por mucho que intente rebelarme, hay días en que me siento presa, como un pájaro en libertad con las alas cortadas, víctima de las circunstancias y sometida al yugo de muchas necesidades creadas por nosotros mismos, un sentimiento que contradice a quienes se empeñan en asegurarme que somos dueños absolutos de nuestra propia vida. 


  ¿Y vosotros? ¿Sentís que sois libres?

19 mar 2013

EL CARRUSEL DE MI VIDA

   La vida es un carrusel que gira sin detenerse. A ritmo desigual, para ti, para mí, para cualquiera que aún sea capaz de recoger un átomo de oxígeno con que llenar sus pulmones para poder vivir. O tal vez, sobrevivir. Sólo sobrevivir.

   No somos conscientes de su velocidad, que no es otra que aquella que nosotros mismos le imprimimos con nuestras exigencias, con nuestro afán de superar metas que trascienden a lo esencial,  y que van mucho más allá de los elementos básicos que nos reconfortan en alma y el corazón, que nos dan lecciones de vida, de moral, de solidaridad, de superación... Siempre queremos más. Y más. Y más. Alcanzar la cima y el éxito material, que no personal. Obtener el reconocimiento ajeno, que no el propio. Engordar nuestro ego sabiéndonos vencedores. Pero vencedores… ¿de qué? Yo misma respondo: de los logros que dejaremos aquí, enmarcados tal vez en el recuerdo de quienes permanezcan subidos al carrusel de la vida cuando la fuerza centrífuga nos haga bajar a nosotros, o cuando nuestras fuerzas estén tan debilitadas que ya no podamos seguir empujando el tramo ínfimo que ocupamos en él. Pero ahí quedarán, como parte del mobiliario que lo decora, sin que podemos cargarlos a la grupa de ese espíritu que flotará algún día construido por su bagaje particular de lecciones aprendidas, de obstáculos superados, de errores reconocidos y asumidos con humildad.

   Hay veces en que unas simples palabras esbozadas a tiempo, una simple frase leída en cualquier lugar, una imagen percibida por una retina especialmente sensible en un día concreto constituyen el empujón que nos hace reaccionar, detenernos, frenar en seco, observar y meditar. ¿Cuántas vueltas inútiles estamos dispuestos a dar para llegar al mismo fin? ¿Y a qué velocidad nos proponemos girar, sabiendo que la prisa es una enemiga acérrima  del placer de los sentidos y una aliada perfecta en el arte de obviarlo todo, de pasar por alto los detalles trascendentales de cualquier escena, de impedir el disfrute de lo sencillo, de lo que siempre estuvo ahí y nunca vimos?

   Hoy he frenado. He vuelto a mirar lo que nos brinda la vida en esencia pura y me he preguntado cuánto de ella he absorbido yo hasta este momento, y que pueda llevarme cuando me apee del carrusel de color en el que estoy subida. Y he visto que aún me queda muchísimo por abrazar, y que gran parte de todo ello no está precisamente en el camino por el que circulo. No quiero abandonarlo, pero tal vez haya que dar con paso tranquilo un pequeño rodeo de vez en cuando. O un poco más a menudo que sólo de vez en cuando.

Lecturas 2018.

Estamos en GOODREADS

Estamos en GOODREADS
Pincha en la imagen.

Blog Archive

Audio relatos

Con la tecnología de Blogger.

Blogroll

Seguidores