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1 may 2014

MI SANT JORDI BLOGUERO LLEGÓ!!

   No sé cuánto tiempo llevo participando en esta iniciativa, a veces soy nefasta para calcularlo, será por aquello de que lo bueno me parece efímero y lo malo, infinito; pero sí puedo afirmar que lo hago desde el principio, desde que a Ana Kayena Gómez se le ocurriera la feliz idea de hermanarnos por Navidad y por el Día del libro en esta iniciativa tan bonita y de la que tanto disfruto. Y aquí sigo y seguiré, porque el contacto con esta blogosfera maravillosa que tanto me ha dado -y me sigue dando- no quiero perderla por nada del mundo, aunque el tiempo me venga corto y el estrés pulule a mi alrededor haciendo estragos e intentando darme miedo, como si fuera el mismísimo Fantasma de la Ópera. Tal vez no sepa que ha dado con un hueso duro de roer.

   Me apunté a esta edición de Sant Jordi nada más ser convocada, como si se fueran a terminar las sillas y temiera quedarme sentada en el suelo y me fui a la calle a buscar la novela que quería regalar; porque he de confesar que tengo un verdadero problema para desprenderme de alguno de mis libros: si me han gustado, quiero guardarlos como oro en paño; y si no me han gustado me da cargo de conciencia regalárselo a quien me toque, porque es como desearle que tenga una mala lectura como la tuve yo, aunque soy plenamente consciente de que para gustos... colores, y que el hecho de no haberla disfrutado yo no significa que no lo hagan los demás. Tal vez si supiera de antemano a quien va dirigida, podría decidir sobre tal cuestión, pero como es sorpresa...

   Así es que decidí buscar en estantería ajenas y, por esta vez, opté por elegir una novela negra a sabiendas de que es un género que gusta de forma mayoritaria -en esa intención perpetua de sacar a flote la sonrisa de mi destinatari@-, para enviarla junto a una rosa que había olvidado por completo que debía regalar también; por más que intento estirar el cerebro y la memoria como si fueran gomas elásticas, creo que estoy llegando al culmen de su resistencia, y empiezan a almacenar ciertas cosas en el trastero mental al que rara vez accedo si no es por una llamada de atención potente, como la que vi a través de face cuando alguien subió la imagen de su regalito envuelto y su rosa maravillosa preparada para salir. Entonces me hice con los trastos necesarios (al estilo Meg Creatore) para hacer una con mis manitas a base de fieltro, hilo y aguja, a modo de marcapáginas casero repletito de cariño. Y cuando ya creía tenerlo casi todo (a falta del detallito final que siempre envío en función de quien me toca), recibí el mail de Ana con el nombre de mi querida destinataria: Yolanda Rocha Moreno, mi querida Yolanda "Moreno Sister", mi madrecita del face (porque mira que me resulta tierna) a la que tengo un cariño especial por muchas cosas que no es cuestión de ponerme aquí a relacionar. Sentí que el corazón y la mente se aliaban contra mí listándome a la velocidad de la luz detalles de su vida y de sus gustos, de los que podría hacer uso para dedicarle un relato personalizado que le pudiera gustar. Así es que el envío fijado para el lunes se fue al traste, porque debía poner a funcionar el coco para que saliera algo decente a lo largo de la mañana siguiente, mientras los papeles del trabajo levantaban ambas manos diciéndome "¡¡estamos aquí, estamos aquí!!", sin que yo les prestara más atención de la justa. Su reacción y la ilusión con que acogido mi regalo han sido para mí como un atracón de chocolate, o tal vez mejor.

   Y tocó esperar para saber quién me regalaba a mí y qué libro venía de camino. Otras veces he indagado y jugado al descarte como el señor Holmes para adivinar de dónde procedería mi paquetito. Pero esta vez me dije que quería sorpresa absoluta. Y me la llevé. Primero, porque llegó a tiempo; y segundo, porque el nombre que encontré en el remite correspondía a otra bloguera a la que también tengo cariño, a una lectora excepcional, a una defensora a ultranza de la cultura en todas sus vertientes, a una amante de las letras con mayúsculas: mi querida salmantina, Sara Montero Dueñas, a la que también tengo cosas que agradecer, entre ellas que me tendiera su mano con los relatos o que anunciara mi intrusión en la novela a primeros de este mes, pero también que me descubriera una de las lecturas que más he disfrutado de las que he leído en este último tiempo: "La ciudad de los ojos grises", de Felix Modroño, que me envió como regalo adicional a la novela que había  ofrecido en una anterior edición del bloguero en la que también tuve la gran suerte de tocarle.

   En esta ocasión, mi paquete incluía una novela que pinta genial, "La curandera de Atenas" de Isabel Martín, junto a una rosa preciosa, hecha con esmero en punto de cruz. ¡Qué paciencia, si yo tuviera que sentarme a hacerla, tendría que luchar contra los pinchazos en el culo que me impiden estar sentada mucho rato para otros menesteres distintos al trabajo o a escribir! (bueno, vale, para bloguear y feisbuquear, reconozco que solo me pinchan unas cuantas, como una o dos, no más, jajaja). La rosa venía pegada sobre una cartulina negra. Sara dice que estaba concebida para actuar como marcapáginas, pero como ya es mía y puedo hacer con ella lo que quiera, he decidido ponerla en un marquito de fotos para que luzca bien, porque un trabajo así no puede quedar oculto entre las páginas de un libro, por muy amante de la literatura que pueda ser yo. Aquí os pongo la foto para que la disfrutéis, pero solo de vista, lo demás me lo reservo para mí, jajaja.



   Gracias, Yolanda, por emocionarte! 
   Gracias, Sara, por tus regalos! 
   Gracias Ana por quebrarte la cabeza y embarcarte en este embrollo con tila o sin ella! Yo ya te he dicho que si necesitas manos que te ayuden para próximas ediciones, te mando las mías cuando me las pidas; eso sí, devuélvemelas que tengo la fea costumbre de usarlas a diario :)

   Un beso para las tres!! Y a tod@s vosotr@s, hasta la proxima!! Espero que nos volvamos a encontrar!


5 mar 2014

SANT JORDI BLOGUERO 2014: MI PROPIA HISTORIA


   "Sujeté sus manos entre las mías, rozando su piel con la yema de mis dedos, buscando su mirada esquiva con la que deseaba encontrarme para desentrañar lo que pasaba por su mente, para arrancarle un sentimiento que, posado en sus pupilas, pudiera confirmarme si habíamos llegado al final.
  Lo amaba. Profundamente. Pero la seriedad constante de su rostro y su necesidad de agotar en soledad los minutos y las horas de su vida liberadas al trabajo, eludiendo mi compañía, refugiándose en cualquier rincón que le permitiera pensar hasta lo impensable me invitaban a sentir que su amor por mí se había diluido como la niebla al contacto con el sol. Aunque la sonrisa nostálgica que de vez en cuando me regalaba me hacía seguir dudando si el muro que nos separaba lo había construido yo, lo habíamos forjado nosotros, o tal vez manos ajenas utilizando conflictos -por mí ignorados- a modo de ladrillos sellados por la pena de no poderlos resolver, de no poder escapar de ellos haciendo a su mente escabullirse hacia otros mundos de paz, de alegría, de ilusión. De fantasía plena que le hicieran olvidar su apabullante realidad, aunque sólo fuera por un instante.
  Dos lágrimas resbalando por nuestros rostros se saludaron. Nuestras miradas se abrazaron. Y un aliento cálido manado de nuestras bocas nos acarició los labios, confesándonos en silencio, llevando impresos en él nuestros temores mutuos en ausencia de palabras. Una de sus manos se desprendió de las mías y, tras un segundo, me tendió una rosa blanca bañada en amor, en ternura, en afecto y admiración, guardando entre los pétalos su deseo latente de seguir compartiendo su vida conmigo, por siempre y para siempre. Suspiré. Y la emoción vidrió mis ojos y abrigó mi corazón. Entonces me dije que debía hacerlo volar, sumergirse en paraísos de brumas disipadas, viajar hasta otros mundos repletos de ilusión, vivir historias de final feliz, sentir otra gama de sensaciones más intensas, placenteras y reconfortantes que la emoción amarga que le dañaba el alma. Y adiviné cómo hacerlo, supe que podía transportarlo con la magia de las letras, empujándolo a imbuirse en mis mundos de ficción, que yo conocía tan bien.
  Con todo el amor del mundo, embrujada por el olor de la rosa anclada sobre mi escote, puse un libro entre sus manos y lo empujé hasta su corazón, invitándolo a adentrarse en la historia en él narrada con un halo de esperanza dibujado en mi rostro, con mi deseo sublime de que encontrara entre sus páginas lo que era incapaz de hallar en los capítulos presentes de su vida. Entonces me acarició el pelo y me apretó contra su pecho. Fuerte.
  Aquel 23 de abril lo recordaré siempre. Con un libro y una rosa como sello de nuestro amor, de nuestro mutuo entendimiento, de nuestro afán por hacernos la vida feliz."
-Pilar Muñoz Álamo - 2014-


  En ciertas ocasiones escapo de la tradición para construir mi propia historia. Esta es la mía, la de 2014, la que me invita este año a participar en la iniciativa de Ana Kayena Gómez -Sant Jordi bloguero- que ya much@s conocéis, y cuyas bases de participación detalladas podéis ver en su blogKayena: negro sobre blanco”. 

  Abajo os dejo la portada de la novela negra con la que participo y la sinopsis que figura en contraportada. Y, si todo va según lo previsto, igual os hago llegar un pequeñito regalo junto a él. Pero el tiempo lo dirá.
 

  ¿Y ahora decidme? ¿Vosotr@s también forjáis vuestra propia historia? 


Sinopsis de contraportada:
   En la apacible ciudad de Forshälla, en Finlandia, son hallados varios cadáveres mutilados. Las víctimas parecen no tener nada en conmún, tan solo las horribles marcas de un mismo asesino: una mente perturbada que les arranca los ojos y graba en su cuerpo una letra del abecedario. El comisario Lindmark, encargado de la investigación, sabe que su única opción para resolver el caso es meterse en la piel del asesino. Debe aprender a pensar como él, a sentir como él, a mirar como él y a matar como él. Dame tus ojos es una novela de intriga turbadora cuya inteligente trama arrastra al lector a un mundo hipnótico lleno de amenazas.

  "El argumento es soberbio. Un thriller perfectamente constuido, un mosaico cuyas piezas se van engarzando con una lógica sutil y sorprendente. El libro nos mantiene cautivados y en constante expectación por el próximo golpe, la siguiente inspiración." (La Stampa).




23 abr 2013

SANT JORDI BLOGUERO: ¡¡EL REGALITO LLEGÓ!!

   23 de abril. Día de Sant Jordi. Cita ineludible con el mundo de los libros. Y por segundo año consecutivo, celebración del Sant Jordi Bloguero que Kayena organiza para deleite de un grupo de bloguer@s cada vez más amplio que, además de leer y reseñar, están dispuest@s a divertirse, ilusionarse, emocionarse y entablar nuevos lazos afectivos y amistosos -o estrecharlos aún más- con quienes participan de forma activa en esta genial iniciativa. 

   Ya publicamos nuestra entrada anunciando nuestra participación e intentando darle la máxima difusión al evento, entre otras cosas porque somos muy buena gente y no queremos que nadie se pierda la experiencia :), y en el día de hoy, después de hacer conjeturas de todas clases y colores, toca revelar el mayor de los misterios, el secreto mejor guardado -más que la fórmula de la coca-cola-: quién ha sido nuestr@ bloguer@ invisible, anónim@, mud@, sord@ e insondable, a prueba de torturas variopintas que no han conseguido extraer revelación alguna en torno a su identidad. Y por supuesto, qué libro nos ha enviado junto a esa rosa sorpresa que podía adoptar cualquier formato, textura o color, y que podría ser ¡hasta imaginaria!, como yo pretendía que fuera la mía para que hiciera un tandem perfecto con el libro que decidí regalar,  "La vida imaginaria", de Mara Torres.

   Tenía yo la intención de que ésta fuera una entrada escrita en clave de humor, al igual que ya hice en las anteriores, porque la risoterapia ha resultado ser un buen aderezo en iniciativas como ésta, con el que además de liberar esas endorfinas maravillosas hemos conseguido intimar entre nosotras hasta desembocar incluso en quedadas memorables que nos han permitido conocernos personalmente. Pero no contaba yo con que hay días en que el cuerpo y la mente se resisten a ser protagonistas incuestionables del Club de la Comedia. No contaba yo con que el ánimo se vuelve a veces un poquito insurgente y toma decisiones por voluntad propia y sin pedir permiso a nadie, y en este caso no se le ha ocurrido otra que echarle un pelín de morro al asunto, coger las maletas y largarse de puente largo dejándome más tirada que una tanga hasta que decida volver. Pero como yo soy más bien tozuda, me he dicho que en mi casa hay cosas que se hacen sí o sí, esté él o no esté, con humor o sin humor, porque hay personas que no merecen pagar el pato de su irreflexión y entre ellas se encuentra mi querida madrina Ana Kayena y mi bloguera invisible, por supuesto, que se merece esta entrada mostrando su libro y sus regalitos con toda la alegría del mundo mundial. 

   No voy a decir a quién me ha tocado regalarle yo, porque no quiero estropear su crónica, la publicación que de ello haga en su blog  (pero chinchad, que yo sí lo sé, que me he enterado por la trastienda del face porque la misma prota ha querido avisarme de que el Sr. Correos no había hecho de las suyas esta vez). Aunque sí voy a confesar que me he pasado los días previos haciendo las veces de agente pésima del F.B.I., del C.S.I., de la policía secreta, de detective privado y profesiones afines para averiguar quién era ella a partir del nombre que me dio Kayena -que no se parece a su NICK ni en pintura, por cierto- y la localidad a la que iba destinado. Pero mi gozo en un pozo, no he conseguido descubrir absolutamente nada hasta revelármelo ella misma, de lo cual me alegro, porque eso ha contribuído a mantener la intriga hasta el final en ambas direcciones: a quién iba y de quién venía cada uno de los paquetitos.

   Pero mi mayor sorpresa se produjo al averiguar el remitente de mi paquete. Uno o dos días después de haber llegado a casa, cuando ya pude verlo con un poco de detenimiento, me quedé un tanto parada al observar que procedía de Palma de Mallorca. ¿Y quién vive en Palma de Mallorca, bloguera y más famosa que el mismísimo Papa? ¿Eh? ¡Efectivamente! ¡Mi queridísima amiga Marga, Margaramon, Margalida A. Ramon (sin tilde) Martorell! ¡¿Qué no sabes quién es?! ¡¡No me lo puedo creer!! La supermegadministradora del blog Libros, Exposiciones, (muchas) Excursiones... En un principio, no supe si era el regalito bloguero o no. Primero porque ya me ha enviado algunas cosas en otras ocasiones y bien podría ser algo al margen de todo esto, y segundo, porque la muy graciosilla me puso en el remite: "¿El bloguero invisible?", para confundirme aún más y crearme más expectación. ¡Pero sí, lo abrí y resultó ser ella! Me enviaba un libro con muy buenas críticas que leeré lo antes posible, "El haiku de las palabras perdidas", una cajita preciosa de bombones en forma de corazón con una rosa pintada en el exterior (de la que me había pedido opinión, dicho sea de paso, días antes de saber que me lo tendría que enviar a mí, jaja), una postal preciosa y una nota encantandora y cariñosa que guardo como oro en paño. Me hizo muchísima ilusión, una ilusión acompañada de una especie de "repelús" al comprobar que el destino se empeña en unirnos a ambas una y otra vez, insinuándonos, de varias formas como ésta, que estamos condenadas a entendernos lo queramos o no; suerte que ya lo hacemos sin problemas y con todo gusto, ¿verdad, peque? (como digas que no, te mato, jaja).


Los bombones que faltan me los he comido, lo siento, sé que está feo,
pero no me he podido aguantar hasta hacer la foto.
(Por cierto, Marga, ¡¡¡están de muerte!!!)  


   Sólo me queda darle las gracias de nuevo a nuestra madrina de ceremonias por lidiar con tantos toros y por hacernos vivir esta experiencia tan agradable que esperamos repetir, y que seguro que hoy copa el Google Reader y el moderno Blogovin con su nombre en exclusiva contando las múltiples peripecias vividas por el mundo blogueril. ¡Ah! Y si en la próxima convocatoria la madrina necesita ayuda, pues que nos la pida, porque no queremos dejarla escapar, aunque tengamos que regalarle la aureola de Santa Ana o tres kilos más de paciencia que al Santo Job.

  Espero que también vosotr@s hayáis disfrutado y que os haya hecho ilusión vuestro regalo, aunque yo creo que el hermanamiento, las emociones y los sentimientos que surgen en la blogosfera y en las redes sociales durante el tiempo que todo esto dura es mucho mayor -y mejor- regalo que el libro y la rosa en sí.

¡¡Un besito para tod@s y hasta la próxima!!


29 mar 2013

"LA VIDA IMAGINARIA" de Mara Torres

 Hoy me he levantado pensando cómo los seres humanos vivimos en un permanente estado de adaptación, aunque no nos lo parezca; a veces, sutil y otras, no tanto. Cómo cada elemento que aparece o desaparece de nuestras vidas nos obliga a reconstruir nuestro espacio, nuestro tiempo, nuestra dedicación..., a focalizar la atención en aspectos diferentes de nosotros mismos o de aquello que nos rodea, mientras hacemos un esfuerzo considerable -en ciertas ocasiones- por intentar que nuestro equilibrio emocional continúe como si fuera la viva representación de un electroencefalograma plano, sin alteraciones ni altibajos que imposibiliten que el resto de nuestros quehaceres cotidianos, que no han sufrido ningún revés, sigan gozando de la buena salud que tenían hasta entonces. Y he seguido pensando que ciertamente debemos ser animales de costumbres arraigadas cuando tendemos a recuperar el estado en el que estábamos aun sin haber salido bien parados de la situación anterior. 

Y todo ello lo he pensado a raíz de haber terminado de leer la novela finalista del Premio Planeta 2012, La vida Imaginaria, de Mara Torres, que será la que regale para Sant Jordi bloguero y que espero que a quien la reciba le guste tanto como a mí.

Me encantan las novelas que me hacen reflexionar. Leo por distensión, por entretenimiento, por aventurarme en mundos y en espacios en los que tal vez jamás tenga la dicha de encontrarme en la vida real -aunque tengo que reconocer que, inconscientemente, no puedo evitar analizar otros muchos aspectos "técnicos" de cada una de las obras que caen en mis manos-; pero indiscutiblemente y con independencia de su trama, me queda muchísimo mejor sabor de boca cuando extraigo un pensamiento que da vueltas por mi cabeza durante un tiempo después de haber cerrado la contraportada de la novela, y La vida imaginaria es una de ellas.

No es ésta una novela con una trama elaborada, no es de las que te mantienen pegada a las páginas en el afan de saber qué ocurrirá u ocurrió con la protagonista o con cualquiera de los personajes secundarios que aparecen en ella, no es una novela fantasiosa que destaque por su imaginación -a pesar del título-, ni en la que poder recrearnos con sus paisajes maravillosos o sus historias de amor. La vida imaginaria es una historia real, y con real me refiero a una historia que puede haber vivido y que vivirán miles de mujeres en esta época que nos ha tocado vivir. Y ése es precisamente el secreto de su éxito, el de haber sabido plasmar con una verosimilitud asombrosa las sensaciones, las emociones e incluso lo que podría ser la rutina desarmada de una mujer, como cualquiera de nosotras, que ve rota su relación de pareja de la noche a la mañana obligándola a reincorporar de nuevo en su cotidiana existencia los hábitos que llevaba mucho tiempo sin practicar y el abandono, por otra parte, de aquellas otras que habían sido creadas en pareja y que ya han perdido su razón de ser. Y todo ello, mientras el corazón y la mente pugnan por hacer valer sus razones para decantarse por un camino u otro: el de no perder la esperanza de volver a recuperar al hombre del que sigue enamorada, o abrir paso al nuevo horizonte que le permita acostumbrarse a vivir en soledad y abierta a nuevas relaciones afectivas o amorosas que le ayuden a reconstruir su vida para volver a alcanzar ese estado en el que ya se había acostumbrado a vivir. 

¿Por qué tras un descalabro amoroso o una mala experiencia conyugal insistimos en intentarlo de nuevo con alguna otra persona? ¿Por qué esa experiencia no nos sirve de escarmiento para decir "Una y no más, Santo Tomás"? Las estadísticas lo confirman, las personas divorciadas o separadas -a pesar de haber vivido una mala experiencia amorosa- tienden a buscar una nueva pareja estable con la que compartir su vida y su espacio en mayor medida que aquellas otras que se han mantenido "solteras" durante una gran parte de su vida. ¿Construímos la nuestra sobre unos pilares que nos cuesta trabajo desmoronar? ¿La soledad o la compañía se constituyen como elementos básicos en nuestra forma de existencia y nos resulta difícil prescindir de ellos como si ya formaran parte inherente de nosotros?

Cuestiones como éstas y otras similares son las que me ha suscitado la lectura de la historia de Mara Torres, narrada de una forma que me ha resultado muy original y que tal vez -en mi humilde opinión- haya podido ser una de las causas que más haya podido influir en la concesión de su premio de finalista, por encima incluso de la historia que en ella se cuenta. Un lenguaje cuidado, pero muy desenfadado, fresco, muy actual, haciendo uso de muchas de las expresiones coloquiales con las que nos sentimos sin duda identificadas en nuestro hablar diario, con diálogos ingeniosos, dinámicos, y que hacen que los personajes, incluída por supuesto la protagonista, Nata, nos parezcan tremendamente reales, cercanos y próximos al entorno social en el que vivimos. Una historia que tiene la pretensión de plasmar una situación que reconoceremos hasta el último detalle y con la que en más de una ocasión incluso sonreiremos por tener esa extraña sensación de sentirnos delatados, por descubrir que aquello que decimos, pensamos o hacemos es más universal de lo que parece.


Sinopsis:
¿Qué pasa por tu cabeza cuando la persona a la que quieres se va? ¿Qué haces con tu vida cuando tienes que pensarla otra vez? ¿Te la inventas? El mundo de Nata se llena de preguntas cuando Beto la deja. Pero el tiempo no se detiene, y los episodios que Nata cuenta de su propia historia la van llevando hacia un lugar donde todo vuelve a ser posible. Novedosa y contemporánea, esta novela tiene el nervio de un relato confesional, divertido y emocionante. Pero, por encima de todo, descubre a Fortunata Fortuna, un personaje fascinante que ha venido al mundo de la ficción para quedarse.

20 abr 2012

Y LLEGO SANT JORDI... ¿O FUE MORENOSISTER?


  
  Azahara ("El libro y la rosa") me abrió los ojos. ¿O fue la luna? Sí, ya recuerdo, fue la luna quien me invitó a conmemorar el acto de amor y valentía de Azahara remitiendo un libro y una rosa a algún amigo o alguna amiga. Pero no quise privar a nadie de aquella revelación. Y desde aquí, desde este blog, animé a quien quisiera secundar esta bonita iniciativa a cogerse de la mano de Kayena para que fuera ella quien nos guiara en el camino.
  Dos meses más tarde, me llena de satisfacción saber que han sido más de cuarenta amig@s los que nos hemos embarcado en este entramado lleno de ilusión en el que, por esta vez, hemos puesto algo más de nosotros mismos con esa rosa que cada cual ha elaborado con un mimo manado directamente del corazón, de nuestro deseo de gustar, de complacer, de hacerle disfrutar de algo exclusivo de nosotr@s mism@s.
  Aún no sé si mi mensajera especial ha llegado a su destino, pero la de mi amiga Morenosister llegó esta mañana a casa con un libro que promete ser pero que muy interesante, una rosa blanca preciosa hecha a mano y una misiva que me ha hecho mucha ilusión; ¡qué bonito es leer una carta de puño y letra de su autora!, te acerca a ella, a lo personal, a lo íntimo. 
  Conocí a Morenosister en el Café Libertad el pasado viernes. Intercambiamos algunos comentarios, varias sonrisas, alguna foto...  Y la complicidad de haber compartido una fabulosa reseña en Ciao! en la que mostró un entuasiasmo por mi libro que siempre agradeceré. Hoy me ha vuelto a regalar una amplia sonrisa. Gracias. Espero que algo así vuelva a repetirse pronto.
 

10 feb 2012

SANT JORDI BLOGUERO. CUENTO: "EL LIBRO Y LA ROSA"


"EL LIBRO Y LA ROSA"


     -¡Apaga la luz y duerme, mañana estarás cansada!
     La voz grave de mi madre volvió a resonar como un eco profundo en mi habitación. La luz tenue de mi cuarto se filtraba a través de las rendijas de la puerta y ese leve resplandor era más que suficiente para velar el sueño ligero con el que me había venido vigilando desde que nací. Yo estaba completamente desvelada. El sopor cálido del verano turbaba un merecido descanso e invitaba a disfrutar del aire del exterior. Abrí la ventana y apagué la luz. Una lengua plateada y reluciente se adentró hasta el fondo, iluminando los más recónditos rincones de la estancia.  Me volví extrañada y pude verla, radiante, pletórica, con su magnífica redondez, a punto de hermanarse con el astro rey en brillo y luminiscencia, copando un cielo estrellado e irisado por sus reflejos. La miré y me sonrió. ¡La luna me sonrió! De pronto, la vi bajar, permitiéndome ver su rostro alegre, insinuante. Un destello luminoso se desprendió y fue a posarse en uno de los estantes que cobijaba mi colección de cuentos infantiles y las letras doradas impresas en el lomo de uno de ellos parecieron resucitar. La miré de nuevo y me guiñó, invitándome a rescatarlo del lugar en el que había estado sepultado durante años.
     No quise encender la luz, el resplandor de la luna a mis espaldas era más que suficiente para dejarme apreciar con sumo detalle las letras estampadas en las hojas de aquel cuento. “El libro y la rosa”. Abrí la portada y allí estaba ella, de nuevo, dibujada en la página primera con el mismo rostro que acababa de mostrarme, inundando de luz las almenas imponentes de un castillo medieval. Me dejé llevar subyugada por una fuerza imposible de definir, y comencé a leer con pausa, refugiándome de nuevo en mi niñez:
      En una noche de abril, los vítores de alegría sobrevolaron el Reino de la Madre Luna. Una nueva princesita, Azahara, acababa de nacer, colmada de parabienes y deseos rebosantes de dicha y felicidad. Era la tercera de tres hermanas, hija del Rey Leonardo y la Reina Sol, su segunda y joven esposa, hermosa como una estrella y de dulce corazón.
     Un suspiro emocionado emanó del Rey cuando se hubo asomado para ver de cerca el rostro angelical de la pequeña. Su belleza lo encandiló. Sus mejillas sonrosadas, su fino pelo rubio, ensortijado, sus profundos ojos claros y una boca perfilada, como una pequeña rosa aún sin abrir, suscitó su alivio y disipó el mayor de sus temores, acumulado desde el día en que un malsano curandero vaticinó su enfermedad. El Reino de la Madre Luna, su tesoro más preciado, debía quedarse a buen recaudo, pero era precisa una boda real para poder ostentar la corona de mando y preveía que tendría que sortear un grave inconveniente si no nacía un vástago varón en el seno de su hogar. Tendría que esperar a que un digno caballero pidiera la mano de alguna de sus hijas, y la belleza ausente de las dos primeras, unido a un carácter huraño e irascible, espantarían sin duda a los posibles pretendientes de todos los alrededores. Con Azahara en el mundo, su Reino estaba salvado. Su rostro sembraría la atracción por doquier,  sólo necesitaría, por su parte, criarla y educarla en la bondad y en la complacencia.
     Y así fue. Azahara creció sumisa y obediente por la estricta educación del Rey Leonardo, sin acertar a comprender por qué sus dos hermanas podían disfrutar de la libertad que a ella le vetaban. Su altanería la sorprendía, pero más aún que su padre no se enfureciera ni las reprendiera por ello. Sin embargo, ella apenas podía alzar la voz, ni actuar según su instinto, ni  contradecir las órdenes de sus padres o de su institutriz. Conforme fueron pasando los años, el brillo en los ojos de Azahara se fue apagando y su corazón marchitando. Y comenzó a llorar, cada vez con más frecuencia, hasta quedarse dormida, noche tras noche, entre las sábanas de seda azul.
       Levanté los ojos del cuento con una ligera congoja oprimiéndome el pecho. ¿Sería verdad? ¿Sería verdad que en aquella época había que atender a la voluntad dictatorial de un padre? “Pobre princesa” –pensé-. “Está atrapada por su propia belleza”.
        Con los ojos lacrimosos, continué leyendo, deseosa de saber lo que vendría a continuación.
        - Estoy atrapada en mi propia belleza –susurró Azahara en sueños.
Me sobresalté.  No creía haber leído aquel cuento, pero tal vez fuera que no lo recordaba. Mi subconsciente debía tener guardados algunos pasajes en un lugar oculto. Recobré la templanza y devolví la vista al libro para seguir leyendo.
          Al cumplir los dieciocho, el Rey Leonardo organizó la fiesta más lujosa que jamás se había vivido, con la única finalidad de buscar para Azahara un esposo digno de ser rey. Los preparativos se prolongaron durante todo un mes. Músicos, artesanos, trovadores, costureras, cocineros…, un sinfín de oficiantes participaron en la preparación del evento, sin faltar los jardineros, imprescindibles para inundar de color y buen aroma los alrededores de palacio.
          Un día, Azahara aprovechó la ausencia de su ama y bajó a pasear por el jardín, surcando los setos atiborrados de flores multicolor y de sutil fragancia. Un chico joven se afanaba en sembrar rosas blancas y amarillas por orden de la Reina Sol; debían ser las que Azahara llevara prendidas en el pelo en el día de su boda. El joven jardinero se levantó al oír de cerca sus pasos, sorprendido por la proximidad de la princesa y su asombrosa belleza. La voz no acertó a salir de su garganta muda. Azahara lo miró y sus ojos quedaron prendados de su guapura fresca y natural. Tenía una mejilla trazada por algunos restos de tierra oscura, un mechón de pelo negro caído sobre la frente, sin llegar a ocultar completamente el profundo color negro de sus ojos, grandes y expresivos, y una angulosa mandíbula aportándole un gesto deliciosamente varonil. El corazón de Azahara saltó y sus mejillas se llenaron de un aterciopelado color rojo. El cruce de miradas bastó por aquel día, pero no por siempre. Azahara durmió aquella noche con una sonrisa en los labios y a la mañana siguiente bajó, de nuevo, desafiando las órdenes paternas de no caminar sola por palacio.
        La conversación se fue alargando y Azahara notó que la vivacidad, la alegría y la ilusión habían vuelto a su vida, hasta que una mañana el Rey Leonardo irrumpió en su aposento con el rostro rígido y la boca prieta.
         - Te han visto en compañía de un vulgar jardinero, ¡y no un día, sino varios! –le gritó. ¡Como osas desafiar mis órdenes! Eres la esperanza de este reino, su prevalencia depende de ti, de tu desposorio con un caballero digno de ser rey. No volverás a salir, te está terminantemente prohibido conversar con nadie a excepción de tu familia, ¿has entendido? La próxima semana será la fiesta de tu compromiso. De ella saldrás comprometida con algún apuesto joven de buena posición. Hasta entonces, te estaré vigilando.
        Azahara comenzó a llorar y yo con ella. La crueldad del rey me parecía injusta y aberrante. Le había partido el corazón y ella no había sido capaz de decir nada, ¿cómo había podido mantener silencio y asumir su destino con aquella resignación?
        Continúe observando aquella página del cuento y su bonita ilustración. Tras horas de llanto desgarrador, Azahara se había quedado dormida.
        - ¿Por qué te resignas, Azahara? ¿Por qué no luchas por lo que quieres? –pregunté en voz alta.
        - Soy bella –me contestó en sueños-. Las mujeres bellas, todas las cosas bellas, están llenas de bondad, no luchan.
        Volví a sobresaltarme, esta vez aún más que la anterior.  ¿Me había contestado?
        - Eso no es cierto –apunté-. Observa una rosa. Es bella, excesivamente bella, y sin embargo, posee grandes espinas para defenderse.
         - ¿Una rosa? –preguntó sin abrir los ojos-.
         Miré la ilustración sin saber lo que estaba pasando. La luna seguía a mi espalda. La miré y me volvió a sonreír. No entendía nada.
        - Las rosas son tan bellas que necesitan defenderse para que no les hagan daño. Todos quieren arrebatarlas de su espacio, aún a riesgo de marchitarlas, tan sólo para satisfacer los deseos de quien las arranca, atraídos por su dulzor, su aroma y su bonita presencia. Pero ellas merecen vivir felices rodeadas de otras flores, merecen disfrutar de su vida con plena libertad. Por eso crean espinas, para no doblegarse fácilmente ante sus enemigos.
         Azahara despertó mirando a su alrededor, confusa, pero fuerte. Se vistió presurosa y se dirigió hasta la puerta. Estaba cerrada bajo llave, pero no perdió la esperanza. Se levantó el vestido y descendió por la ventana ayudándose de las robustas ramas de un árbol y corrió despavorida hasta el jardín. Buscó y buscó a su joven amado, pero no estaba, había sido conducido lejos de palacio por orden imperial. Azahara buscó las rosas, las rosas blancas y amarillas  que aquel chico de nombre desconocido había sembrado para ella y arrancó una de cada color. Su piel se rasgó con sus afiladas espinas, pero no le importó. Se estaban defendiendo, como ella debía de haber hecho desde que nació.
        Subió a su habitación y extrajo un pequeño libro con hojas de pergamino plagadas de lindos poemas de amor y con la sangre que manaba de sus dedos escribió una sucinta misiva entre sus páginas, pidiendo a su amor ser rescatada de las garras de aquel reino. Deshojó las rosas con todo el dolor de su corazón, posando entre sus páginas los pétales blancos y amarillos que servirían para dar razón de que era de ella de quien partía aquella imperiosa llamada.
      Su ama de cría, consciente de su sufrimiento desde el día en que nació, sirvió de mensajera real para hacer llegar el libro y las rosas hasta su destinatario, tan perdidamente enamorado como ella. Alejandro acudió a su llamada, valiente y presuroso, dispuesto a secundar el día en que Azahara decidió, por sí misma, que quería ser feliz.
     Cerré el libro con lágrimas en los ojos, embargada por la emoción y rebosando felicidad. Tenía la sensación de haber cambiado algo, de haber hecho algo por aquella dulce princesa atrapada en un cuento y en su propia vida. Permanecí toda la noche despierta, observando cómo la luna volvía a ascender despacio, pero con una sonrisa plena y deslumbrante, hasta cruzarse con el astro rey que venía a usurparle el sitio con presunción.
      Entonces me di cuenta de la intención de la luna.  Quería que yo conmemorara aquel acto de amor y valentía que Azahara protagonizó, enviando un libro y una rosa con el único fin de hacer saber que la decisión de ser felices en la vida, es nuestra y solo nuestra, y que puede tomarse en cualquier momento y en cualquier lugar. Yo así lo voy a hacer, haciéndolos llegar a un buen amigo o a una buena amiga. ¿Queréis vosotros hacer lo mismo? ¿Queréis secundar esta bonita iniciativa? Cogeros de la mano de KAYENNA, ella os guiará.

Mª del Pilar Muñoz Alamo - 2012


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