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30 dic 2017

QUE PARE EL RELOJ.


   Escucho de fondo el tic-tac de un reloj que me hipnotiza. Unas luces diminutas acompañan su ritmo. Son pequeñas, de vivos colores, y envuelven el árbol de Navidad cuajado de adornos que habita un rincón, abrazado de arriba abajo por una guirnalda blanca como la nieve, esa que nunca acompañó mi infancia y que tantas veces soñé. Me recreo en él y mis pupilas se funden con cada destello que reflejan las bolas y estrellas, las cajitas de regalo y los bastones que, danzarines, penden de cada una de sus ramas. Los admiro largo rato, saltando con la vista de uno a otro hasta que se difuminan abriendo paso a las imágenes del pasado que alberga mi corazón: las del Belén gigante que construíamos en el salón de casa, con piezas de barro cuidadosamente guardadas año tras año; las de mi abrigo pequeño y mi gorro blanco —rematado con una gran bola en lo alto de la cabeza— con los que me vestía mi padre antes de partir hacia la Misa del Gallo; las de las notas escritas junto a cada regalo, con esa letra tan familiar que mi mente inocente ignoraba por ser mágica noche de Reyes; las de los villancicos cantados con una botella de anís y un cubierto como acompañamiento musical exclusivo; las de las uvas que, entre risas, tomábamos en familia hasta casi atragantarnos, para acabar fundidos en un abrazo repleto de esperanza y buenos deseos que siempre creímos posibles; las de las bengalas que yo compraba para hacerlas lucir junto a un brindis, con las luces apagadas, en una suerte de firmamento construido con luz propia para nosotros...

   Sonrío con nostalgia infinita. Por una infancia en la que supe vivir cada átomo de tiempo que se me brindaba, con el futuro todavía ausente. Sin sombras. Sin miedos. Sin expectativas deshechas. Sin malos presagios ni lamentos. Sin cruzar los dedos por que nada volviera a repetirse. Sin rezar —quién sabe a quién o a qué— por que nos cambiara la suerte.

   El tic-tac del reloj suena. Y tomo conciencia de que hay etapas sin apenas recuerdos. De que ha pasado el tiempo y la vorágine vital se los ha tragado como un tornado, dejándonos más desolación y ansiedad ante estas fechas que las ganas de disfrutarlas como entonces hicimos. Por eso hoy quiero paralizar sus agujas. Desterrar las prisas para ser consciente de cada instante, de cada acto, de cada deseo auténtico alejado de imposiciones ajenas. Quiero olvidar el futuro, porque nos marca sin existir. Y quiero olvidar del pasado lo que nunca debió ser. Quiero vivir en presente y extender los minutos para ralentizar la vida. Y ser consciente de la sonrisa que me dedican y que apenas vi; de los abrazos que desearon ser interminables y no se los permití; de un paseo largo sin hora de vuelta, admirando las luces, el bullir de la gente o los caballos de un tiovivo en el bulevar del centro que provocan deleite en los más pequeños; de la charla tranquila entre amigos, en un almuerzo organizado como excusa para poder vernos; de una película antigua a medianoche, abrazados en el sofá; del ir y venir de mis hijos, con sus rostros iluminados por las experiencias nuevas que nosotros ya vivimos; de un café entre hermanos en el que preguntarnos qué tal nos va; de ver mi casa repleta de gente, con esa sonrisa de bienestar colectivo que me engrandece el corazón hasta dolerme; de una lectura tranquila, saboreando cada palabra, cada frase convertida en reflexión con la que madura el alma; de las risas tontas a través de un teléfono o un chat, que tanto nos acercan en la lejanía; del silencio, que nos permite escuchar nuestra madurez, con sus consejos de hombres y mujeres venidos de vuelta, a los que ya empiezan a sorprenderles pocas cosas y soslayar, en cambio, otras muchas porque lo importante comienza a reducirse a nada.

   Me acomodo bajo el árbol y me siento viva, tranquila y capaz. Dejando que sea él el que soporte el peso del tiempo y de los recuerdos —los pasados y los que tal vez serán futuro—, mientras yo los miro despojada y libre. Consciente del momento y de mí. Del instante en el que vivo y de cómo deseo vivirlo yo.

   Nada más.

   En su copa reza: «Feliz 2018». Pero esos dígitos no supondrán para mí un año, sino cada día, cada hora, cada minuto que lo componga. Vividos de uno en uno con conciencia plena. Sin interrupción ni anticipos.

   En esta noche de viernes, de un viernes cualquiera, yo no voy a desearos feliz año. Prefiero desearos, simple y llanamente:

   «Feliz vida».
 

21 dic 2013

¡FELIZ NAVIDAD... ETERNA!



 
NAVIDAD ETERNA

   Aquel quince de febrero subí a llevarle a mi vecina Carmen el pan rústico recién hecho que tanto le gustaba; la flebitis que padecían sus longevas piernas no le permitía moverse en exceso y su triste soledad, compañera de fatigas fiel en su vida, le hacían depender de esos pequeños favores más de lo que ella hubiera deseado. Con plácida sonrisa y suma gentileza, Carmen me incitó a adentrarme en el corazón de su pequeño hogar. Su rostro se iluminó cuando acepté su invitación; entonces se alisó el pelo, se acomodó el refajo y me sirvió una copa de aguardiente y un par de mantecados sobre una bandeja de alpaca que debía rondar el medio siglo de antigüedad.
   Mientras ella relataba un sinfín de avatares de sus años mozos con la emoción inundando sus ojos, contemplé todo cuanto había a mi alrededor, observando con sorpresa que aún pendían de la lámpara algunas bolas de Navidad, trozos de espumillón sobre los cuadros de la pared y un precioso abeto de luz intermitente insinuándose a través de la puerta acristalada del salón.
 
   –Pero… Carmen –interrumpí-. ¿Aún no ha quitado los adornos de Navidad?
  –¡Ni pienso hacerlo! – respondió entusiasmada-. Si engalano mi casa de esta manera, mis hijos vienen a visitarme.

   El cruel pensamiento que mi padre solía repetir de manera incesante asoló mi mente como una bocanada de hiel amarga: “Quince días trabaja el espíritu navideño, por eso perdura. Hazlo trajinar un año entero y… tal vez muera para siempre”.

   Tal vez. Sólo tal vez.
(Relato incluido en el libro Ellas También Viven. Relatos de Mujer)



Sed felices,
sed amables,
sed humildes,
sed comprensivos,
sed pacientes,
sed tenaces,
perseverad,
tended una mano a quien la necesite,
reconoced los logros ajenos,
sonreid...,
pero hacedlo todo el año,
extendamos el espíritu de la Navidad a todo el 2014.

¡FELICES FIESTAS A TODOS!
OS DESEO LO MEJOR.


6 dic 2013

VUELVE, A CASA VUELVE: EL BLOGUERO INVISIBLE.

 
   La iluminación y los adornos navideños, los perifollos en los escaparates de las tiendas, los stands de mantecados, dulces y turrones expuestos de forma exquisita en los supermercados, el calvo -que ahora se ha convertido en un grupo un tanto pintoresco- anunciando el sorteo de lotería del 22 de diciembre, la publicidad de juguetes apropiándose por un tiempo masivo de la pantalla del televisor y atestando de papel el buzón de casa...; un elenco variado de indicios que nos alertan de la llegada inminente de la Navidad y que dispara en nosotros un cúmulo de sentimientos y sensaciones que nos invaden de manera inconsciente: nostalgia por los buenos tiempos vividos, añoranza por los que ya no están, deseo de compartir lo mejor de nosotros con quienes amamos, compasión y ternura por los más necesitados, toneladas de buenos propósitos para el nuevo año que se avecina, e ilusión, ilusión por vivir de forma especial unos días que nos alejen de la rutina, por recobrar los hábitos y las buenas costumbres instauradas desde hace años en cada uno de nuestros hogares y de nuestras familias, por tener una buena excusa para regalar y para sorprender a quienes tenemos a nuestro alrededor, y aquí voy a obviar los compromisos y las obligaciones que siempre empañan la bondad de estas fiestas, sencillamente porque quiero quedarme con lo mejor de ellas, con aquello que me hace sentir bien, con lo que de verdad me hace disfrutar. Y mi queridísimo Bloguero invisible se ha convertido en una de esas experiencias que quiero seguir viviendo porque se reviste de cualidades dignas de ese espíritu navideño que yo estoy dispuesta a ensalzar en cualquier época del año: fomenta la ilusión por la sorpresa, estrecha lazos entre quienes frecuentamos la red -con mayor o menor hábito-, genera amistades nuevas, hace que traspasemos la fachada literaria con la que nos vestimos habitualmente para adentrarnos en la persona y en sus cualidades a veces desconocidas, dispara un buen chute de endorfinas provocadas por las risas, las bromas y el sentido del humor, lo cual supone una válvula de escape -grande o pequeña, da igual- para nuestros problemas y preocupaciones del momento, difunde cultura y no consumismo puro y duro, y consigue elevar nuestro nivel de ansiedad a medida que se acerca la fecha del intercambio por la expectación que genera saber si nuestro regalo llegará a buen puerto y qué o quien nos regalará a nosotros, amén de ignorar cuándo lo veremos entrar en casa de la mano de ese cartero al que a veces reconozco que ponemos a parir con razón o sin ella y que genera en nosotros emociones que nos hacen sentir vivos y divertidos.

   En ocasiones anteriores, he podido dedicarle a este evento la entrada que se merece, en forma de cuento, en clave de humor o haciendo uso de medios audiovisuales. Este año el tiempo se ha empeñado en hacerme un nudo estrecho que me impide maniobrar a mi gusto y a mi antojo, pero el sentimiento va por dentro, mi recomendación de que no dudéis en participar en él es tan enérgica como siempre y mi reconocimiento y agradecimiento hacia Ana -Kayena-, nuestra madrina, reina o como queramos llamarla, por la feliz idea que puso en funcionamiento y que aún hoy sigue fomentando también permanece latente y muy a flor de piel. No siempre es fácil participar en aquello que nos gusta, porque esa otra vida nuestra que discurre paralela e independiente de lo literario reclama a veces una dedicación excesiva que termina por arrebatar lo que a esta otra corresponde. Sin embargo, seguimos ahí. Más de uno o una de nosotros -incluyendo a Ana- seguimos al pie del cañón en esta cita, lo cual denota por sí mismo el gustillo que le hemos cogido a este bloguerillo invisible que se ha colado en nuestras vidas y en nuestras fiestas con un rango parecido al de los Reyes Magos de Oriente, al americano Santa Klaus o a las uvas de la suerte.

  No quiero extenderme más. Me quedan dos detalles por decir, importantísimos, por supuesto. Lo primero, facilitaros el enlace donde podréis encontrar las bases de participación explicadas por la creadora y organizadora del evento, nadie mejor que ella para hacerlo: EL BLOGUERO INVISIBLE.

  Segundo, anunciar la novela que yo voy a regalar, y que no es otra que AS DE CORAZONES, de Antonia J. Corrales, una de las últimas que he leído y que me gustado muchísimo, por su forma y por su fondo, alejado del romanticismo simple que a algunos suscitará su título para centrarse en temas que van mucho más allá y que calan muy hondo por la profundidad, la claridad y a la vez, la sensibilidad con la que están tratados y la excelencia con la que están escritos. Podéis leer mi opinión pinchando en el propio título, en este mismo párrafo.

   Os deseo lo mejor, guap@s mí@s! Que disfrutéis de la experiencia, tanto si repetís como si sois nuevos en esto. Poned ilusión y regaladla; no dudéis que algún día os vendrá de vuelta de las mismas manos o de cualquiera otras, pero os vendrá.

   

10 ene 2013

EL BLOGUERO INVISIBLE: UN FINAL FELIZ!

   Esta noche he dormido como una marmota, pero no como una marmota cualquiera, no, ¡como la madre de todas las marmotas del mundo mundial! ¡Y sin tomarme ninguna de las píldoras tranquilizantes que mi médico de familia -Emilio Aragón- me prescribió intentando evitar, con su carácter pacífico, que yo montara un pollo descomunal -y no asado, precisamente- ante el organismo oficial de Correos y Telégrafos por la presunta desaparición de mis Gigantes en extrañas circunstancias. Pero no adelantemos acontecimientos. Vayamos al principio para no perder detalles de esta iniciativa maravillosa que se repite por segundo año consecutivo y que aspira a convertirse en una tradición navideña con más estabilidad en el tiempo que la del buey y la mula en el Portal de Belén.

  Todo comenzó el día en que recibí ese preciado mail de nuestra madrina de ceremonias, Ana Kayena, invitándome a secundar tan genial iniciativa. Ya os conté en mi primera entrada bloguera-invisible la historiada noche de semi insomnio a la que tuve que sobrevivir para decidir si participaba en ella o no, y, finalmente, con qué libro lo haría. ¡Menos mal que dije que sí, porque a estas alturas tendría una alopecia aguda irrecuperable por los tirones de pelo que me habría pegado yo sola al ver la movida que me hubiera perdido de haberme quedado entre bastidores! Los gorritos monos de mercadillo que usó una de mis niñas en cierta ocasión se me hubieran quedado escasos. Pero accedí a participar, más feliz que Cristobal Colón con un GPS, observando cómo la blogosfera comenzaba a hervir y a movilizarse para decidir lo que iban a regalar y lo que cada cual ya tenía en su poder para no hacer acopio de ello como yo con los cromos de las princesas cuando era pequeña (mentira, yo coleccionaba canicas, pero dicen que esta feo decirlo porque soy una chica!).

   ¡La aceptación que mis Gigantes tuvieron entre los participantes de esta iniciativa me hizo muy feliz; tanto, que pasadas unas semanas ya no pude esperar más y rebosante de ilusión, decidí ir a recogerlos a la librería de turno en la que suelo comprar libros. "¿Se los va a llevar usted o se los llevamos nosotros a casa?" -me preguntó el librero-. Me quedé un poco perpleja, ojiplática, diría yo, sin comprender muy bien lo que aquel tipo me estaba insinuando. Hasta que los vi aparecer. A los Gigantes, digo, por la compuerta de carga y descarga del establecimiento porque no había forma de hacerlos pasar por dónde entraba el común de los mortales, mientras el resto de clientes se aferraba con fuerza a las vigas de hormigón para combatir el temblor sísmico que provocaban con cada uno de sus pasos. ¡¡La madre del cordero, qué pedazo de tíos!! ¡Maldita fue la hora en que se me ocurrió regalarlos! ¡¡Aunque la culpa la tiene el Sr. Follet, qué bien podría haberle puesto de título "La caída de Torrebruno", jolín!! "¡¡¿Y los dientes?!!" -pregunté levantando la ceja izquierda hasta la coronilla al ver que estabán más mellados que yo en el día de mi Primera Comunión-. "¡Los Gigantes se han caído, señora, ¿qué quiere?!"  Con ese morro impresionante me despachó de allí el señor librero. Les relié a cada uno una bufanda XXXXXL de la sección de oportunidades para disimular el desaguisado y salí arreándolos hasta casa como el que lleva un rebaño de cabras lisiadas, temiendo la reacción de mis chicas que no se hizó esperar. Cuando llegamos, huyeron corriendo despavoridas a los submundos del sotano con un acojonamiento en grado sumo, como si ellos hubieran dicho de desvirgarlas. Allí permenecieron ocultas y haciendo guardia militar hasta que bajé a decirles que hicieran las maletas, que la encantadoramente persuasiva madrina Ana me había terminado convenciendo de que ellas también viajaran. Y ahí se les acabaron los temores. Porque cuando de ir de parranda se trata, preparan el equipaje más rápido que un veraneante en un centro nudista.

   Y llegó el día de la despedida. Mi chicas, en tren. Mis Gigantes, paseando. Y paseando. Y paseando. Ellas, como buenas viajeras y por sorpresa total y absoluta, arribaron a su destino, la casa de Lidia Casado en un pueblecito de Castilla-La Mancha, sin mapa ni nada parecido, a pelo, orientándose por las indicaciones oficiales sin problema alguno. Pero mis Gigantes... ¡¡¡Ay, mis Gigantes cómo me lo han hecho pasar!!! ¡¡Doce días de extrema preocupación hasta verlos llegar sanos y salvos!! Mellados, eso sí, pero a salvo. ¡Los muy cabeza loca decidieron, por su cuenta y riesgo, hacer el Camino de Santiago  y "darse una vueltecita" por Galicia antes de terminar en Málaga!, donde mi querida Meg llevaba clamando a voz en grito por todas las redes sociales que su sorpresa aún no había llegado, y que quería a toda costa tener entre sus manos de lectora ávida a esta trupe de la estirpe de Goliath. ¡Insensata!, ¿dónde pensará meterlos? Y yo preocupada. Irritada. ¡Ligeramente cabreada! ¡¡Y Kayena lanzando advertencias al aire de que los carteros no pasarían de Despeñaperros para abajo!! ¡¡Y Marilú amenazando con regalarle a mi bloguera los Gigantes antes que yo!!! ¡¡¡Tilas progresivas y algún que otro valium me ha costado la odisea, que ya me veía yo avisando al Cuerpo entero de Bomberos  por si los pobres míos se habían caído de nuevo por algún barranco, porque si el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, una representación hombruna tan ejemplar tiene que tropezar siete veces!!!

   Menos mal que entretanto -antes de que el grito tarzanero de la pequeña Meg me perforara el tímpano avisando de su llegada-, tuve ocasión de divertirme de lo lindo con las anécdotas blogueriles de mis compañeras lectoras, de brindar con una ronda de chupitos virtuales de cuya resaca no me he recuperado aún y sobre todo, y ante todo, de emocionarme y entusiasmarme más que Vikie el vikingo con el regalito bloguero de mi querida Shaka lectora bloguera, o lo que es lo mismo, Sara Montero Dueñas facebookiana. El viernes, día 4, hice sentada en el portal esperando a la representante oficial del Cuerpo de Correos, preguntándome qué libro vendría en el paquetito sorpresa. ¡¡Y llegó!! ¡Puntual! ¡Y lo vi un poquito obeso -al paquete-! ¡Y me entusiasmé aún más! ¡Y desgarré la solapa como una energúmena a la que nunca le han regalado nada! ¡¡Y vi dos libros!! ¡¡¡¡¡Dos: La Tribu maldita, que era el anunciado, y La ciudad de los ojos grises, ¡de sorpresón divino de la muerte, con las ganas que tenía de echarle el guante! Venían acompañados de una bonita nota de Sara y me emocionó que se hubiera deshecho de dos de sus mejores lecturas para cedérmelas y que las pudiera disfrutar tanto como ella.

   ¡¡Gracias!! A Sara, por hacer de Rey Melchor en tiempos de crisis; a Meg, por su entusiasmo y por la buenísima acogida que le ha brindado a mis Gigantes, aún con el hándicap de tener que hacerle una ortodoncia de urgencia; a tod@s los participantes por la ilusión que desbordan y que hace que todo esto resulte muy, muy especial, y por supuesto, a mi madrina Ana, por haberme dado la excusa perfecta para descorrer de nuevo la cortinilla del blog, por hacer que brote una semilla de alegría, ilusión, entusiasmo y diversión que nos hagan olvidar en parte las pestilencias que manan de las noticias políticas y económicas del momento, por hermanar a unos blogs con otros, trazando lazos entre desconocidos o estrechándolos entre quienes ya tienen la suerte de haberse descubierto, y por brindarnos la oportunidad de conocernos a nivel personal más profundamente de lo que en principio imaginábamos. 

   Estoy encantada de haber participado y espero ilusionada la siguiente convocatoria... 
    ...con el hospital de campaña preparado :)

   A los que hayáis tenido la santa paciencia de llegar leyendo hasta aquí, os quiero mostrar mis dos librazos, que aunque hayan pasado a ser de mi propiedad, siempre conservarán el sello personal que Sara dejó al leerlos.

   Un besazo!!


18 dic 2012

¿FELIZ NAVIDAD? ¿ESTÁIS SEGUROS?

 

   Estaba a punto de irme a dormir. Pero he tomado conciencia del día que era, 17 de diciembre, y he caído en la cuenta de que aún no había puesto mi particular felicitación navideña en el blog. Así es que me he sentado en la cama con el portátil sobre las piernas, con la clara intención de buscar una imagen tierna y entrañable con la que deleitaros: la de un abeto adornado de estrellas y guirnaldas de colores, la de un acogedor nacimiento -¡sin el buey y sin la mula, faltaría más!-, la de un Papá Noel o la de una estrella de Belén refulgente como el sol. Incluso había cambiado ya el registro narrativo para echar mano de lo poético, de lo metafórico, de la excepcional belleza del lenguaje que suele acompañar a los deseos de felicidad, a los anhelos futuros, a las promesas de cambio en pro de la solidaridad que tanto se estila en estos días. En definitiva, quería transmitir mi particular mensaje de paz y felicidad con la emoción pintada en el rostro por el halo mágico y bonito que envuelve a estas fiestas.

   Pero he cambiado de opinión. Tal vez no haya sido buena idea escribirla esta noche, hoy me siento transgresora. Algunos saben que la hipocresía y yo no somos buenos aliados, y por primera vez en estas fechas, me voy a tomar la libertad de nadar contracorriente y cuestionar mil cosas que vienen asolando mi cabeza desde hace un tiempo demasiado largo ya. A ver si un alma caritativa de las que asoman por aquí de vez en cuando es capaz de darme luz.

   De pequeña siempre viví una Navidad feliz. Adornábamos el árbol, construíamos un Belén con todo  lujo de detalles, cantábamos villancicos, extendíamos guirnaldas por las lámparas y los cuadros del salón, del pasillo y de la entrada para recibir de manera especial a quienes nos visitaban y para deleite propio, por supuesto; cenábamos en familia el día de Nochebuena y acudíamos después todos juntos a la famosa Misa del Gallo, con nuestro gorro de lana y una bufanda cortándonos la respiración; nos tomábamos las uvas y bailábamos hasta altas horas de la madrugada encendiendo bengalas y brindando con una copa de cava o de cualquier otro licor propio de estas fechas, y lo rematábamos con esa noche de Reyes tan especial y con una mañana siguiente en la que nos poníamos en planta casi al amanecer para descubrir emocionados si habíamos sido lo suficientemente buenos como para ser obsequiados con algo de lo mucho que habíamos pedido. Todo fue bien. Hasta que la familia política comenzó a formar parte de mi vida. Ése fue el origen de los conflictos que vinieron después. ¡Pero no me malinterpretéis! Nada de malo había en ellos, nada  hicieron a nivel personal por enturbiar mi manera particular de vivir las fiestas. Su único pecado fue nacer de la mano de mi marido, de la misma forma que yo sería para él igualmente pecadora por incorporar mi familia a la suya, a su vida. Descubrí entonces que ambos queríamos vivir nuestras fiestas en pareja, y al mismo tiempo, las de cada uno en particular junto a los suyos. Nada extraño ni especial. Aunque sí problemático. Cómo compaginar a un mismo tiempo ambas cosas sin fraccionarse por la mitad. Cómo pasarlas con tu pareja y tu familia al mismo tiempo, cuando él no es con los tuyos con quienes desea estar, sino con su familia propia. “En el mismo sitio y a la misma hora”, decía una canción de Chiquetete. Pero en este caso no es así, aquí debería decir: “En distinto sitio y a la misma hora”  y ¿cómo se consigue eso? (Apuesto a que llegados a este punto, más de uno lleváis ya unas cuantas líneas asintiendo con la cabeza, levantando alguna de las dos cejas -o las dos- o dejando escapar una leve sonrisa con significado de ¡¡cómo lo sabes!! Por favor, que levante la mano quien no haya estado inmerso en una tesitura de este tipo en el momento de formar su propia familia. Yo lo quiero saber).

   A partir de aquí, comienzan las negociaciones (sí, lo sé, he pasado a hablar en presente y de forma general, pero es que me temo que mi propia experiencia es un mal de muchos, por lo que ha dejado de tener sentido personalizar). ¿Con quién pasamos la Nochebuena? Es la cena tradicional, familiar por excelencia, entrañable, emotiva. “Donde tú quieras cariño” (el primer año de casados), “de acuerdo, si quieres la pasamos con tu familia, de verdad que no me importa, pero... el año pasado también la celebramos allí...” (segundo año de casados), “este año nos toca con mis padres, ah, vale, que los tuyos se quedan solos, ok, entonces, no pasa nada, la pasamos con ellos” (tercer año de casados), “este año toca con los míos y me da igual que los tuyos se queden solos, ¿tus hermanos no la pueden pasar con ellos?” (cuarto año de casados), "¡no jodas, la Nochevieja en tu casa es un muermo, este año nos vamos de cotillón!" (decimo año de casados -es el décimo por lo de no jodas, las palabrotas se usan a partir de los diez años, como las uses antes no llegas a las bodas de plata ni de coña). Única razón de la disputa: en esas noches está terminantemente prohibido cenar solos. Y yo ahora me pregunto: ¿Y por qué? ¿Y en el día de Navidad? ¿Tampoco se puede almorzar sólos o en pareja como en cualquier otro día de fiesta del año? ¿Y la Nochevieja? ¡¡¿Y el día de Reyes?!! Ahora que los niños de hoy reciben regalos en su propia casa, en casa de los abuelos, de los padrinos, de los titos, de la Peña Rociera, del Club de Matrimonios y hasta de la comunidad de vecinos donde a un lumbrera se le ocurrió un año vestirse de paje, ¿por dónde empezamos la visita turística y cuánto tiempo estamos con cada cuál?

   No hay nada más férreo y más difícil de vencer que una antigua costumbre y nada más absurdo que no detenerse nunca a cuestionar su razón de ser en la actualidad. Para mí, el día de mi cumpleaños es un acontecimiento especial, pero si no puedo celebrarlo en su misma fecha lo aplazo, porque lo realmente importante para mí es contar con la compañía de aquellos a quienes quiero y ante todo y sobre todo, disfrutarlo, pasarlo bien. Pero eso no es factible en estas fechas. Cada celebración nos viene impuesta y ha de secundarse lo queramos o no, y a su tiempo, de manera rígida e inflexible, aunque eso conlleve tener el corazón triste por haber tenido que poner distancia entre nosotros y aquellos a quienes amamos impidiendo que puedan acompañarnos en un momento tan “especial”. Y yo pregunto (y por favor, sed sinceros): La gran mayoría de nosotros, católicos no practicantes, en pleno siglo XXI en el que estamos, ¿qué es lo que celebramos en estos días tan emblemáticos que no pueda celebrarse cualquier otro día? ¿Por qué buscamos insidiosamente en estas semanas una compañía obligada que tendría que darse todo el año? ¿Por qué nos sentimos felices por cenar acompañados un 24 de diciembre, si la soledad nos mata las demás noches del año? ¿Por qué hay que cuadrarse a nivel familiar repartiendo los festivos como si estuviéramos en un cuartel militar para no herir susceptibilidades? ¿Por qué nos embarga la pena si el turrón El Almendro falla y nuestro hijo no vuelve a casa por Navidad? ¿Acaso no viene en Semana Santa, en verano, o en el Puente de la Constitución? ¿O es que en estas otras fechas nuestro hijo es menos hijo y no nos da tanta alegría verlo?

   Somos esclavos (y sálvese quien pueda, ole por él) de una tradición que para muchos de nosotros tal vez ya no tenga razón de ser y que deja de ser familiar, placentera, feliz y entrañable (como debería de seguir siendo) para pasar a ser una fuente de compromisos ineludibles, de conflictos de pareja y familiares díficiles de sortear, de ansiedad por no poder responder a las expectativas de los demás, a lo que se espera de nosotros, de remordimientos de conciencia por lo que dejamos de hacer (aunque lo satisfagamos a lo largo de todo el año) o de alegría ilusoria y tranquilidad personal por convertirnos en las mejores personas del mundo desde las nueve de la mañana del 22 de diciembre (en que el calvo de la lotería da el pistoletazo de salida) hasta las doce de la noche del 6 de enero, en el que subidos a la grupa de los camellos se esfuman muchos de los buenos propósitos solidarios que nos han preocupado sobremanera en las dos semanas anteriores como si en ello nos fuera la vida, cuando en el resto del año nos importa un auténtico bledo lo que ahora alcanza una importancia vital.

  Este año -uuuuna vez más-, se me ha pasado por la mente la posibilidad de pasar las fiestas junto a mi marido y mis hijos en una cabañita de madera en plena Sierra Nevada, por ejemplo, alejada del mundanal ruído. Pero esta vorágine es demasiado fuerte y sospecho que acabaré absorbida por ella como siempre, ante el temor a considerarme a mí misma mala hija, mala madre, mala hermana o mala amiga por haber faltado a la cita anual por excelencia. Y comeré otra vez turrón, un poquito, de las tabletas nuevas que habré comprado después de hacer canasta en el cubo de la basura con las que me sobraron del año pasado, porque han caducado, precisa y sospechosamente, en noviembre de este año. Y polvorones, porque una Navidad sin polvorones es como un jardín sin flores (por cierto, los de Estepa están buenísimos). Y seguiré comprando regalos para unos y otros aunque me hayan quitado la paga extra y corra el riesgo serio de comer sopa de sobre durante los próximos dos meses (yo creía que tan solo eran los niños los agraciados con la llegada de sus majestadoes los Reyes Magos de Oriente, no los adultos también; ¿y decimos que el Día de los Enamorados es un invento de El Corte Inglés?).

   El espíritu de la Navidad debe estar presente todo el año; lo que importa es lo que hacemos, no cuándo lo hacemos; importa lo que sentimos, no cuándo lo sentimos; importa lo que ofrecemos, no cuándo lo ofrecemos; nos importa ser felices, no el momento en que lo somos; importa la libertad de hacer y de disfrutar, no la obligación y el compromiso.

   Hoy más que nunca, después de esta polémica reflexión, deseo que seáis felices, que lo paséis muy bien, que disfrutéis de estas fiestas navideñas. Pero de verdad. De corazón. Con libertad y pleno convencimiento. Porque queréis. No porque una tradición milenaria os imponga lo que debéis hacer. Y lo que debéis sentir.

   ¡¡¡FELIZ NAVIDAD Y, SOBRE TODO, FELIZ AÑO NUEVO!!!

   Un besazo!!!



   Pd. Me alegraría que me dijeráis que no compartís mi opinión y mi forma de sentir. Sería una buena señal.


10 dic 2012

RELATO: "EN BUSCA DEL MESÍAS"

   ¡Hoy me he despertado tempranito, porque tengo que cumplir una importantísima misión!

Fuente: Tienda de arte - http://www.artelista.com/

   He cogido a mi muñeca Dora, la que tiene el pelo rizado y es de color, como yo, y he saltado despacito por encima de la manta de colores y agujeritos con la que nos arropa mi madre a mis hermanos y a mí por las noches a la hora de dormir.  Oigo llorar a Wanda en la habitación de al lado, pero todos los demás duermen. Los papás ya se han ido a trabajar y hasta la noche no volverán. No podré despedirme del mío, porque si se entera de mi aventura, no me dejará marchar; aunque tampoco sé ahora mismo dónde está. Mi mamá dijo que le habían cambiado su trabajo de lugar y que ahora está muy disgustado, porque esta avenida es muy grande, los coches corren demasiado y el semáforo está tan poco tiempo en color rojo que apenas puede vender, y además ¡hasta lo pueden atropellar! Antes repartía muchos pañuelos, arbolitos de colores, de los que huelen bien, y otros adornitos para el coche, pero ahora casi toda la gente le dice que no y muchas veces  ni lo miran.
   Pero mi papá no es el único que tiene problemas, yo lo sé, porque me lo dicen mis amigos en el comedor de los curas, cuando vamos toda la familia para almorzar. Denisa, mi amiga rumanita, ya no va al colegio. Sale todas las mañanas con su madre a buscar chatarra, pero ya casi no encuentran, porque han venido muchos desde su país y todos tienen un trabajo igual que ellos. Pero no quieren marcharse. Ella dice que su mamá tuvo más niños para que no los echaran de aquí, porque esto era el paraíso. Podían ir al cole a aprender y aquí los curaban gratis, pero yo no sé si eso es verdad, que esto sea el paraíso, aunque todos se empeñen muchas veces en decirlo.
   Un día le pregunté a mamá por qué vivíamos aquí, en este país llamado España, si todos son blancos menos nosotros. Ella me dijo que para huir del infierno en el que antes estaban, pero yo no lo entendí. Creía que uno iba al infierno cuando se moría, pero ellos aún estaban vivos cuando decidieron venir aquí. Pensando mucho, me dije que entonces ahora debíamos estar en el Cielo, pero yo no lo imagino de esta forma. La profe de religión nos dice que el Cielo es un lugar mágico donde nadie sufre y todos viven en paz y colmados de felicidad, y yo creo que eso no ocurre aquí. Rosi llora casi todas las mañanas. Su mamá es de un país llamado Bolivia, o algo así, y a ella también le dijo que hizo un viaje muy, muy largo porque esto era el paraíso. Pero ahora no la ve. Trabaja cuidando abuelitos en una casa y no puede estar con ella durante toda la semana, tan sólo cuando llega el sábado, y el domingo se tiene que volver a marchar. Pero yo le digo que ella tiene mucha suerte, porque su mamá trabaja calentita en un hogar y como sabe español, cuando la echan de un trabajo, casi siempre encuentra otro; siempre con ancianitos y durante muchas horas, pero al menos tiene un poquito de dinero para  comer y vestir. Así es que yo sigo sin saber dónde se encuentra el paraíso y por eso un día se lo pregunté a Sofía, mi amiga española del cole que antes vestía muy bien, pero que ahora casi siempre va con chandal y con rodilleras de la feas, (que ella odia porque dice que son de niño y antes nunca las llevaba), y me ha dicho que está en Las Bahamas, al menos eso es lo que dice su madre, pero tampoco sé dónde está ese lugar. Estuve a punto de preguntárselo a alguno de los niños nuevos que ahora van al comedor,  con unos padres muy bien vestidos que yo no había visto nunca antes, pero no me atreví, me miraban con recelo, como si yo fuera un bicho raro o algo así; aunque ahora también ellos van allí, así es no deben de ser mejores que yo, eso dice mi mamá.
   Un día les escuché hablar de el Salvador, ese hombre famoso que manda ahora en nuestro país, creo. Decían que les había engañado, que prometió venir a salvarnos a todos de lo malo que antes había hecho otro, pero que estaba “hundiendo el país”. Yo miré en el suelo y en la calle y me pareció que todo estaba igual de llanito que siempre, pero no les pregunté por qué. Y también les escuché decir que todo acabaría destruído si no aparecía un nuevo Mesías que nos trajera paz y mucha prosperidad, porque pronto nadie tendría ya para comer. Y yo me preocupé, así es que he decidido ir a buscarlo. La profe de religión siempre dice que El Mesías no es de este mundo, pero yo creo que sí, que ha decidido volver, al menos yo eso creo, porque un hombre tan famoso como San José salía antes por la tele predicando y diciendo que se iba a arreglar todo, como si fuera un profeta de los que salen en la Biblia, y además..., creo que hasta tenían el mismo oficio los dos. Aunque... ¿San José era zapatero... o era carpintero...?
   He guardado en mi mochila unas botellas de agua, algo de comer y una rebeca por si hace frío. Sé que vendrá al mundo el 24 de diciembre y tengo que llegar la primera para traerlo hasta aquí nada más nacer. Porque Rosi, Denisa y yo ya no queremos viajar más, queremos quedarnos aquí. Y mis amigos del cole -Ruben, que ahora vive con sus abuelos todos juntos en la misma casa porque un señor banquero se quedó la suya; María, que antes me daba toda su ropa cuando ya estaba un poquito gastada y ahora lleva puesta la de su prima, que es dos años mayor; Ernesto, el que tenía antes ese coche tan grandote y tan bonito y que ahora siempre viene en bici al cole con su papá...- todos esos, tampoco se quieren marchar. ¡Así es que yo seré la salvadora, yo iré en busca de El Mesías! Pero antes de partir, miraré un ratito al cielo a ver si encuentro una estrella muy brillante que me guíe como la de Belén, para que Dora y yo sepamos hacia dónde caminar.
   ¡Vosotros esperadme! Que yo lo traeré de la manita cargado de paz y felicidad. Lo prometo. 

2 dic 2012

GRAN CONCURSO NAVIDEÑO. ¿TE LO VAS A PERDER?

 
   Un grupo de autores de Editorial Círculo Rojo hemos decidido convocar un concurso de cara a estas fiestas navideñas que ya tenemos a la vuelta de la esquina, porque queremos que podáis tener un regalito adicional para vuestro gran día de Reyes. Y por eso, además, hemos querido ponerlo fácil, bueno, mejor dicho, ¡facilísimo! Abajo os cuento.

    Vamos a regalar todos estos libros dedicados a los ganadores:

"SIETE HISTORIAS" de Ángels Om 

 "EL FINAL DE TODOS LOS INVIERNOS" de David Arrabal 


"RUMBO A LO DESCONOCIDO" de Tamara Carrascosa 


"ELLAS TAMBIEN VIVEN" de Pilar Muñoz Álamo 




"ATRAPADA EN 1800" de Marisa Sama 



"LUNA DE OTOÑO" de Julia Zapata 


"LO QUE EL CORAZON ESCONDE" de Encarnación Alcalde 


"SUCEDIO EN BEGASTRI" de María Jesús Juan Meseguer 


"LA SOMBRA DE LAS HORAS" de Luis Miguel Morales 


"TOMA MI MANO" de Miren E. Palacios 


"HOLA SOY TU LIBRO" de Mercedes Jiménez 



"SOMBRAS EN LA LUNA" de David Ramiro 


"MERLIX, EL APRENDIZ DEL SIGLO XXI" de Montserrat Fugardo 




    ¿Cómo conseguir uno de ellos? 
   Es tan fácil que no tienes que hacer nada más que dejar un comentario en esta entrada diciendo que quieres participar. Si además se lo cuentas a tus amigos, por cada uno que se apunte al concurso y diga que viene de parte tuya, te llevarás un punto. Puedes entrar en todos y cada uno de los blogs y perfiles Facebook señalados para cada libro y dejar tu comentario para sumar más puntos, uno por cada cometario que vayas dejando.
   La persona que reúna más puntos podrá elegir el libro que más le apetezca (difícil elección, ¿eh?). La segunda persona que más puntos tenga elegirá entre los demás; la tercera también, y el resto de libros se sortearán entre los demás participantes.

    ¡¡Está chupao!!
   Tenéis desde hoy hasta el 31 de diciembre.
   Los envíos de libros serán a territorio nacional.
   En caso de empate a puntos se sorteará para desempatar.
   Si queréis darle a "Me gusta" a las páginas de los autores y sus libros, haceros sus amigos, o haceros seguidores de sus blogs, es totalmente opcional, os lo agradecerán pero no es necesario para concursar.
   Espero vuestro comentarios, no perdáis la oportunidad, hay muchos libros en juego!!!
   Besitos para todos. 

Lecturas 2018.

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