16 mar. 2017

"ENTRE PUNTOS SUSPENSIVOS" de MAYTE ESTEBAN.

SINOPSIS

   Mario Aguirre, el padre de Paula, lleva desaparecido unos días. Por más que su hija trata de localizarlo, no logra dar con su paradero y por ello busca la ayuda de Javier Muñoz, inspector de policía. Diez años atrás, Javier y Paula mantuvieron una relación que nunca ha acabado del todo. De vez en cuando sellan treguas que duran solo unos días, y de las que los dos salen siempre heridos.
   Paula sabe que estar cerca de Javier no es lo más sensato, porque recuperarse después de estar juntos es cada vez más difícil, pero necesita que sea él el que la ayude a encontrar a su padre y no duda en pedírselo. El magnetismo que existe entre ellos es tal que quizá el viaje que emprenden para encontrar a Mario no sea muy buena idea, quizá exponga demasiado sus sentimientos.
***

   Se puede sentir rechazo a leer determinados géneros literarios —ciencia-ficción o novela negra, por poner algún ejemplo—, y no porque estos géneros desmerezcan, sino por una mera cuestión de gustos o, tal vez, porque circunstancias personales no nos hagan sentir cómodos con los elementos que componen este tipo de  historias. Igual ocurre con la novela romántica, sobre todo cuando aquellos no adeptos al género anticipan que habrá escenas en exceso edulcoradas, que los personajes serán irreales por idílicos, que no habrá más trama que la relación amorosa entre los protagonistas —con sus idas y venidas, encuentros y desencuentros—, o que la historia tan solo nos aportará unas horas, o días, de entretenimiento sin pretensiones mayores porque la superficialidad que se presupone en ella no nos aportará nada más. En tal caso, solo puedo decir que no han leído a Mayte Esteban.

   A pesar de no ser una asidua a la romántica, creo haber leído bastante como para poder opinar. Y encuentro, a primera vista, una diferencia clara entre la autora de «Entre puntos suspensivos» y otras escritoras de este mismo género: Mayte Esteban no sube a una nube para escribir sus historias, no se recuesta entre algodones para soñar mientras construye a sus personajes, sino que mantiene los pies anclados a tierra y de ella extrae todos los elementos que componen la trama, a la que, además, suele quitarle el exceso de azúcar. El resultado es, para mí, un cóctel de lo más sabroso: una historia real y hasta cotidiana, con la que podría resultar fácil identificarse; personajes de carne y hueso que jamás pisaron el Olimpo de los Dioses, guapetes, tal vez, pero tan plagados de defectos como de virtudes, al igual que cualquiera de nosotros; situaciones y escenarios reconocibles; diálogos ágiles, espontáneos, nada cúrsiles ni encorsetados;  una complicidad en las relaciones amorosas de sus personajes que se aleja de lo peliculeramente pasional y grandioso para mostrar una frescura que se agradece; y algo importante y alabado por mí: una bendita ausencia de tópicos.


   Todo eso y más vuelve a formar parte de esta novela de la que estoy hablando hoy.


   Me consta que hay ocasiones en las que un escritor —o escritora— siente la necesidad imperiosa de escribir, y si no tiene una historia en mente, la busca. En otros casos, es la propia historia la que busca al escritor para que la transmita, porque surge y fluye de manera espontánea y con tanta fuerza que lo obliga a sentarse para convertir en palabras lo que su mente susurra. En el caso de «Entre puntos suspensivos» me atrevería a asegurar que fueron los personajes, Paula y Javier, quienes apremiaron con insistencia a Mayte Esteban para que el devenir de su relación saliera a la luz, quienes la empujaron en el culo —y perdón por la expresión— para que se sentara a contarnos todo lo que ellos pensaban, sentían y necesitaban exteriorizar. Quizá porque los fantasmas y los temores suelen disiparse cuando se les deja escapar, cuando toman contacto con el exterior de uno mismo. Y Paula y Javier llevaban demasiado tiempo con los suyos ululando en su interior.


   Hay novelas que se centran en la historia; esta es la que cobra mayor relevancia. Sin embargo hay otras en las que, a pesar de existir una historia de fondo que resulta ser el motor de la trama, quienes realmente cobran protagonismo y se convierten en la razón de ser de la novela son sus protagonistas, sus personajes. Y bajo mi punto de vista, «Entre puntos suspensivos» pertenece a este último tipo. La búsqueda de Mario no es en sí el foco de la novela (sin quitarle por ello la parte de atractivo que pueda tener), es más bien el telón de fondo que acompaña —y concede una excusa— a los personajes el tiempo necesario para que se reencuentren y muestren sus pensamientos, sentimientos y emociones en relación con el otro y también con la vida que están obligados a llevar en común. A lo largo de la novela, la evolución de esa relación entre Paula y Javier nos deja momentos bonitos, amargos, cómplices, divertidos, desenfadados, dulces, tiernos, con algún que otro plato roto lanzado a la cabeza de cada cual. Y nos deja las reflexiones. Esas que siempre aparecen en las novelas de Mayte Esteban y que dan profundidad a una trama que escapa a esa superficialidad a la que me refería al principio y de la que podrán adolecer otras novelas románticas, pero nunca las que Mayte escribe. El viaje nos deja escenarios y paisajes bellamente descritos, detalles curiosos, anécdotas divertidas (véanse las andanzas de Adelina), ocurrencias ingeniosas que tampoco suelen escapar a la pluma de la autora y como no, giros inesperados que terminan por sorprendernos y que también se agradecen en una novela cuyo final, por imperativo formal, sabemos de antemano cómo debe acabar.


   Pero ese otro gran componente del que aún no he hablado y debo hacerlo sí o sí es la forma en que está escrita. Y digo que debo hacerlo porque a mí la narrativa de Mayte Esteban me coge del cuello al abrir la primera página y ya no me suelta. Fluida, ágil, muy cuidada, aparentemente sencilla, jugando con los recursos lingüísticos y literarios necesarios para embellecerla sin ostentaciones forzadas… Una se desliza por sus párrafos sin darse cuenta, con suavidad, sin necesidad de volver atrás si no es para repetirse y dejarse grabada en la mente esa frasecita, llena de significado, digna de recordar.


   «Entre puntos suspensivos» es una novela fresca, entretenida, divertida, sentimental, emotiva y reflexiva en muchos momentos, que se lee con el placer de quien degusta un plato sencillo pero exquisitamente elaborado. Y que nos dejará a los postres un buen sabor de boca y un suspiro.  



   Por cierto, mañana viernes, 17 de marzo, a las 19:30h. se presenta en Madrid, en Librería Molar.
  ¿Te animas a conocer algo más de ella y de sus entresijos?


5 mar. 2017

MICRORRELATO: "FLOR EN EL ESCOTE".



   Prendes una flor entre mis pechos. Su tallo cosquillea mi piel, la araña ligeramente, como si fueran tus dedos los que penetran. Me mantengo expectante al tiempo que me sonríes. Con lentitud, acercas tu rostro a los pétalos para aspirar su aroma. Y también el mío. No me retiro. El  olor dulce de tus cabellos me conquista, amén de tus ademanes. Tú aprovechas que claudico y rozas mi seno con tus labios. Percibo en él la humedad de tu boca. Me estremezco. Un minúsculo beso queda enraizado junto a la flor. Tan sutil que me parece haberlo soñado y me pregunto si es real, o fruto de un deseo excitante que turba mis sentidos. Todo acaba cuando elevas la vista y la clavas en mis pupilas, con una mirada profunda que me sondea como un amante inquisidor. Mi busto oscila arriba y abajo, al compás de mi respiración, empujando el aire que circula por mi garganta seca. Tus ojos destellan y los míos lo reflejan. Mi boca tiembla.
   Reanudas el paso. Te marchas sin mirar atrás. Yo en mi vestido dejo la flor prendida. Su aroma y el tuyo, en mi corazón.

20 feb. 2017

RELATO: "EL AMOR DE MI VIDA."


   La última parte del viaje la llevé con los ojos vendados, refugiada entre mis brazos en el asiento trasero del taxi. «Vamos a ver a los niños», mentí. Y ella calló, dejándose guiar al tiempo que vertía en mis pupilas su ternura, inagotable a pesar de los años. Oculta en el coche, una maleta con dos vestidos de flores y una falda de vuelo azul con la que estaba preciosa. Me reprendería cuando los viera; decía que su ajado cuerpo y aquel colorido ligaban tanto como el aceite y el agua. Pero a mí al verla así vestida se me iluminaba el rostro, porque la luz que irradiaba le embellecía hasta las arrugas, y las flores, alegres y joviales salpicadas por su cuerpo, parecían atenuar el temblor de sus manos en mayor medida que mi propio abrazo.

   Jamás podré olvidar su gesto emocionado al recuperar la vista tras bajar del auto, ni el dulce sabor de sus lágrimas repletas de sentimiento, que bebí al besarlas posando mis labios en sus mejillas. Ante nosotros, la misma cala de perfiles rocosos y trazos de arena donde le hice el amor por primera vez medio siglo atrás. La misma cabaña que nos dio cobijo aquel fin de semana en que huimos de nuestros padres para poder consagrar nuestro amor, en contra de su voluntad. «Hemos vuelto», me dijo ella, con apenas un hilo de voz. «Te lo prometí», le contesté yo, rodeándole la cintura a su espalda, aspirando el olor de sus blancos cabellos, tan embriagador como lo fue siempre.

   Pasé mi brazo por sus hombros, apreté su mano con la mía y la encaminé hasta la orilla. El viento tibio susurró una bienvenida y le besó la tez, sonrosándole la piel. Y el sol la vistió con una aura dorada como a las diosas. Mi niña. Mi princesa. Se me aceleró el corazón, igual que aquella primera vez. La descalcé despacio, guardando un equilibrio que también yo había comenzado a perder, y una ola de cresta blanca le acarició los pies. Ana dejó de temblar, como si el mar hubiera burlado la enfermedad. Y a cambio le permitió suspirar, regalándome la mirada más bonita que cualquier hombre podría haber visto jamás.

   La tendí en la arena, con la misma suavidad con la que se acaricia a una flor sembrada de encanto, de magia. Me acomodé a su lado y recosté su cabeza en mi pecho para hacerla sentir los latidos de mi corazón. Y le acaricié el pelo, el rostro, la espalda, hasta permanecer quietos, fundidos en uno solo durante horas, observando el horizonte, el mar y el cielo, escuchando el rumor de las caracolas y los «te quiero» enredados en nuestros labios, que se buscaron hasta encontrarse más de una vez.

   Cincuenta años después volví a hacerle el amor, de aquella otra manera, sí, pero llenándonos el alma tanto como lo hizo entonces. Y reímos al refugiarnos en la cabaña, cómplices por haberlo hecho de nuevo a escondidas. De nuestros hijos, en esa ocasión.

   Ana se puso el vestido de flores. Yo me coloqué una sonrisa boba y una mirada profunda que solo me permitía ver al amor de mi vida. Tan dulce y tan admirable como siempre.

   Eterna.

©Pilar Muñoz Álamo - 2017.


26 ene. 2017

MAYTE ESTEBAN ESTRENA NOVELA.



SINOPSIS
Mario Aguirre, el padre de Paula, lleva desaparecido unos días. Por más que su hija trata de localizarlo, no logra dar con su paradero y por ello busca la ayuda de Javier Muñoz, inspector de policía. Diez años atrás, Javier y Paula mantuvieron una relación que nunca ha acabado del todo. De vez en cuando sellan treguas que duran solo unos días, y de las que los dos salen siempre heridos.
Paula sabe que estar cerca de Javier no es lo más sensato, porque recuperarse después de estar juntos es cada vez más difícil, pero necesita que sea él el que la ayude a encontrar a su padre y no duda en pedírselo. El magnetismo que existe entre ellos es tal que quizá el viaje que emprenden para encontrar a Mario no sea muy buena idea, quizá exponga demasiado sus sentimientos.


***

   No sé qué tiene al escribir. A veces es difícil definir un estilo, catalogarlo, reseñar esos matices que hacen que te guste, que te sientas cómoda leyendo, como en casa. Simplemente sabes que te engancha, que una vez que empiezas a deslizarte por su prosa ya no puedes parar. ¿Frescura? Tal vez, al menos ese término me asalta a la mente de manera espontánea cuando pienso en ella. ¿Que juega a hacer fácil lo que no lo es, como contar una historia sin trabas tontas, sin florituras que más que enriquecer estorban, manejando con soltura un lenguaje cercano con total corrección? Pues también puede ser. ¿Que los personajes que es capaz de crear son de carne y hueso, espontáneos, naturales, divertidos o trascendentes —según la ocasión—, con virtudes y defectos —como tú y como yo— y sin nada que los haga míticos e inalcanzables, sino cotidianos, de los que te echan el brazo por encima metiéndote en su mundo desde el mismo instante en que los conoces? Sí, sí…, podría ser también. ¿Que las historias que ellos protagonizan nos garantizan unas horas —o días— de disfrute lector, sonrisa en los labios, alguna lagrimilla emocionada y más de un mensaje subliminal a través de frases dignas de recordar? Pues también.

  Mayte Esteban gusta. Y me gusta. Por su versatilidad y porque es capaz de montar —y le sale bien— toda una historia a partir de una idea microscópica; una historia en la que da gusto sumergirse olvidándose de todo lo demás. 

   Hoy estará hecha un flan, por los nervios, que se la comen viva siempre que sale a la palestra con algo nuevo. Quizá sea porque lleva dentro esa humildad de los buenos escritores, que le provoca un inevitable temor a defraudar a pesar de haber puesto su empeño y todos sus conocimientos en afinar al máximo lo que hoy sale a la luz. 

  Hablo de «Entre puntos suspensivos», su nueva novela, la segunda parte —totalmente independiente, que conste— de «Su chico de alquiler». Nace bajo el amparo de HQN, el mismo sello editorial que ya publicó «La chica de la fotos» y promete tener tanto éxito como esta. Yo la reservé hace tiempo cuando salió en preventa y es muy posible que a estas horas me esté esperando ya en mi kindle con los brazos abiertos, que no voy a rechazar. Eso sí, tendré que elegir bien el momento en que empiece a leerla, porque auguro que cuando lo haga ya no me dejará escapar. 

   Felicidades, Mayte. Mucha suerte. 
 
Pincha AQUÍ  si quieres descargártela. 

22 ene. 2017

LECTURAS 2017.


   Me gustó la experiencia del año pasado de ir anotando en una mima entrada las lecturas que iba terminando. Porque aunque el tiempo pase volando, 365 son muchos días para memorizar las letras que nos hemos metido entre pecho y espalda, cuando nuestra cabeza está copada, además, por otras muchas actividades que se dan codazos mutuos con el fin de ocupar un lugar de excepción en la memoria. Es cierto que hay novelas que nunca olvidaremos haber leído, pero otras, aunque hayan sido de nuestro agrado, no gozarán de ese privilegio y siempre es bueno que una seña escrita te las recuerde sin esfuerzo. 
   No anoté las novelas inconclusas, que el año pasado fueron bastantes; aunque no estaría mal hacerlo de alguna forma por no menospreciar el tiempo dedicado (no inutilmente, porque siempre se aprende algo) a esa labor. Hubo meses en que recuerdo haberme dicho que no había leído apenas nada, cuando la cuestión no estribó en eso exactamente, sino en el hecho de no haber podido anotar más lectura/s por haber fracasado en el intento de acabarlas; pero reconozco que esto no deja de atender más a una necesidad de rentabilizar mi tiempo y justificarme ante él que a lo que de verdad mueve esta entrada, y que es el hecho de tener presentes obras que recordar y, por qué no, recomendar.
   Este año no he empezado con buen pie, en el sentido de que, a estas alturas de la película (22 de enero) tan solo puedo contabilizar una lectura completa que no puedo revelar y la mitad de otra que acabaré sin duda porque promete, pero tal vez no este mes. Y es que terminar con la escritura de mi propia novela y hacer las correcciones oportunas me han llevado un tiempo muy valioso, que no me arrepiento en absoluto de haber empleado en dicha labor. 
   En 2016 fueron 30 lecturas las que me planteé como reto, una meta muy realista dadas mis curcunstancias (escasez de tiempo y nula obsesión por batir records leyendo como una bala). Espero que en este 2017 pueda alcanzar un objetivo similar.Y si no, pues no pasará absolutamente nada, porque lo importante es disfrutar y no todas las etapas que se suceden en el año son igual de fructíferas, sin contar, por supuesto, con que la vida se compone de muchas más opciones que las letras, por mucha pasión que sintamos por ellas. 
   Espero que vosotr@s sigáis acompañándome en este mundillo literario, que pueda seguir compartiendo con vosotr@s impresiones de lo que leemos, porque no hay nada más enriquecedor que valorar distintas perspectivas de una misma historia. 
   Comenzamos...


   LECTURAS 2017.

   1. SLM (368 págs).
   2. EL SECRETO DE VESALIO de Jordi Llobregat (540 págs.)

   3. ATCLV (278 págs.)
   4. LA HISTORIA DE CAS de Laura Sanz (450 págs.)
   5. TIERRA SIN HOMBRES de Inma Chacón (478 págs.)
   6. MARINA de Carlos Ruiz Zafón (296 págs.)
   7. VIAJE AL CENTRO DE MIS MUJERES de Alicia Domínguez Pérez (299 págs.)

   8. COMO DIENTE DE LEÓN de Pilar Fernández Senac (254 págs.)
   9. ENTRE PUNTOS SUSPENSIVOS de Mayte Esteban (268 págs.)
  10. ABECEDARIO DE FLORES de Alfredo Cot González (99 págs.)

 

2 ene. 2017

UNA ENTRADA DE AÑO CURIOSA.

   Ayer me ocurrió una cosa muy curiosa. Una vez pasada la vorágine de la Nochevieja, con todos los preparativos previos de avituallamiento, de acomodación del espacio y de la fiesta en sí para tanta gente..., una vez que la casa quedó vacía y yo tranquila, acompañada por esa resaca no alcohólica que te dejan los encuentros con buen sabor de boca..., entré en el ascensor para bajar a la calle y en el camino hasta la planta baja me miré al espejo. Pero no me miré el pelo, ni la cara, ni los labios..., la vista se me fue al reflejo de la persona que me devolvía ese espejo, a lo que había detrás de esos rasgos, y un «te quiero» me salió del alma, en voz alta. Automáticamente, me giré, a ver si había llegado al bajo y alguien lo había visto todo, lo cual me hubiera matado de la vergüenza; pero no, seguía yo sola, conmigo misma y... bueno... con un pensamiento que empezó a chaparme la oreja (como diría mi hija) por ese brote que, a priori, me pareció narcisista y reprochable. Pero luego, sonreí. Porque no lo dije enamorada de mí misma (cuando una está perdidamente enamorada, no ve los defectos, y eso sí que es peligroso), sino aceptándome complacida y satisfecha, gustándome.
   Quererse a una misma (de forma sana y no idolatrada) es la base para querer y aceptar a los demás, para repartir amor, para evitar envidias, para desear el bien ajeno, para tender manos sin miedo...; pero sobre todo, esa autoestima saludable nos empuja a sentirnos capaces de abordar nuevas empresas, nuevos proyectos, con la convicción de que podemos llegar con ellos a buen puerto. Y esa es la sensación que me invade en este año que comienza, en el que yo cambiaré de decena con un sentimiento interno completamente distinto al que me asoló (literalmente) en la década anterior. Ahora sé quién soy, lo que quiero y lo que no, a quienes quiero a mi lado y a quienes quiero a distancia. Ahora sé lo que de verdad me importa (después de haber caminado por unas cuantas curvas y unas cuantas subidas y bajadas a lo largo de estos últimos diez años). Y sé lo que se cuece en este mundo literario, a lo que me enfrento, de lo que deseo huir y en dónde quiero meter la cabeza (o de dónde no quiero sacarla, que también puede ser).
   Hace casi tres años que no publico novela (aunque sí he participado en varias antologías de relatos). No me importa en exceso, no siento todo esto como una carrera continua en la que no pueda haber etapas de descanso por imperativo propio o ajeno. Lo que más me importa es no defraudar, es lo único que me obsesiona. No defraudar a ese puñado de lector@s que sé que se harán con una nueva novela cuando salga a la luz de una forma u otra. No pienso en ventas, no pienso en seguidores a costa de lo que sea... No es que no lo pretenda, es que no son mi meta imperiosa. Si llegan, bienvenidos, sería el culmen... Pero ante todo y sobre todo, lo que más busco es esa sonrisa amplia y llena de satisfacción en quienes ya me conocen, que son precisamente en los que pienso cuando escribo, no en los potenciales lectores anónimos que ni siquiera sé si me rondarán :)
   Si algo me han permitido estos casi tres años sin novedades literarias ha sido ver, observar, analizar, pensar y posicionarme. Y a la vista de todo ello y después de haber divagado mentalmente por varias casillas como un peón de ajedrez, ahora sé cuál es mi casilla prioritaria.
   Apuesto por que 2017 sea mi año. Pero no penséis en éxitos sublimes, en acontecimientos notorios, en consecuciones dignas de rememorar... No. Me basta con que ocurra algo que me haga ilusión, que me haga sentir feliz y me invite a seguir soñando.
   Tengo una novela a falta de tres capítulos para alcanzar el fin. Intimista, reflexiva, emotiva..., de las que a mí me gustan. De las que me gusta escribir, con independencia de que guste más o menos leerlas. Y esa es mi apuesta inmediata para este año que me acaba de abrir su puerta. Ojalá me colme de satisfacciones. Ojalá podáis regalarme con ella más de una sonrisa. Y entre tanto, seguiré leyendo, aprendiendo, riendo, llorando..., viviendo. 

   Feliz año. 

   Feliz vida.

   

27 dic. 2016

RELATO: "NAVIDAD ETERNA".

  

   Aquel quince de febrero subí a llevarle a mi vecina Carmen el pan rústico recién hecho que tanto le gustaba; la flebitis que padecían sus longevas piernas no le permitía moverse en exceso y su triste soledad, compañera de fatigas fiel en su vida, le hacían depender de esos pequeños favores más de lo que ella hubiera deseado. Con plácida sonrisa y suma gentileza, Carmen me incitó a adentrarme en el corazón de su pequeño hogar. Su rostro se iluminó cuando acepté su invitación; entonces se alisó el pelo, se acomodó el refajo y me sirvió una copa de aguardiente y un par de mantecados sobre una bandeja de alpaca que debía rondar el medio siglo de antigüedad.

   Mientras ella relataba un sinfín de avatares de sus años mozos con la emoción inundando sus ojos, contemplé todo cuanto había a mi alrededor, observando con sorpresa que aún pendían de la lámpara algunas bolas de Navidad, trozos de espumillón sobre los cuadros de la pared y un precioso abeto de luz intermitente insinuándose a través de la puerta acristalada del salón.

   —Pero… Carmen —interrumpí—. ¿Aún no ha quitado los adornos de Navidad?
   —¡Ni pienso hacerlo! —respondió entusiasmada—. Si engalano mi casa de esta manera, mis hijos vienen a visitarme.

   El cruel pensamiento que mi padre solía repetir de manera incesante asoló mi mente como una bocanada de hiel amarga: “Quince días trabaja el espíritu navideño, por eso perdura. Hazlo trajinar un año entero y… tal vez muera para siempre”.

   Tal vez. Sólo tal vez.

(Relato recogido en la obra: «Ellas también viven. Relatos de Mujer». Pilar Muñoz Álamo. Ed. Círculo Rojo)

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