“Abrí la puerta del baño envuelta en una nube de vaho que me hizo resurgir de ella como una esfinge sinuosa, sofocada por el calor extremo del agua que minutos antes había besado mi cuerpo, cada centímetro de mi piel que ahora lucía tersa, aterciopelada y suave, impregnada por entero de aquella esencia a miel y almendras de aroma cautivador y sabor dulce. Tardé un instante en acomodarme a la penumbra salpicada por la tenue luz de las velas dispuestas por el dormitorio y a la melodía suave que incitaba a mis sentidos a dejarse llevar. Una silueta masculina de torso desnudo se aproximó a mí lentamente, en silencio, esbozando una sensual sonrisa de labios carnosos mostrando deseo. Noté sus manos abriéndose paso por la abertura de mi albornoz, ensanchándola al tiempo que recorría con sus manos mi cintura atrayéndome hacia él. Mi pelo mojado dejó escapar algunas tímidas gotas de agua que recorrieron mis hombros hasta llegar a mis senos, donde iniciaron un suave descenso bordeando sus curvas pronunciadas y sensuales. Él clavó sus ojos en ellas, secándolas con las yemas de los dedos para besar después las huellas de humedad que habían dejado a su paso y que ahora se incrementaban al contacto con sus labios, con su boca, con su lengua excitada incapaz de detenerse. Un gemido efímero y apasionado huyó de mí para confundirse con las notas musicales dispersas en el ambiente, como preámbulo de lo que prometía ser una noche de sumo placer.”
No, éste no es ningún párrafo extraído de la novela que estoy leyendo, tan sólo es un párrafo inventado en el momento de publicar esta entrada y con el que quiero rendir homenaje a la Quincena Erótico-festiva con la que Laky (Libros que hay que leer) nos reta en su blog y a la que, aún no sé bien por qué, he decidido apuntarme.
No suelo hacer reseñas en este blog de los libros que leo, pero hoy me he levantado con el paso cambiado y he pensado que es bueno dejarse llevar por impulsos de vez en cuando, disfrutarlos y experimentar sus efectos. Porque de ellos también se aprende
y como ése es precisamente uno de mis objetivos en la vida, pues allá
voy, a leer una novela de género erótico (que no es la primera, ni será la última) y a dar después mis impresiones de lo que a nivel personal me ha parecido.
Aún no sé cuál elegir. Después de haber abordado al Sr. Grey y haber salido un poquito escaldada con su lectura -que no me gustó nada-, intentaré tener cuidado con mi elección, porque si a algún género hay que pedirle tacto, elegancia y calidad narrativa es precisamente a éste. Siempre he sido de la opinión de que se puede decir y contar absolutamente todo, pero con sumo esmero y meticulosidad en cuanto a la forma en que se dice o en que se cuenta, porque de ahí surgirán las mejores o peores consecuencias que puedan sobrevevenir después.
Aún estáis a tiempo de apuntaros, arriba os he dejado el enlace. Será bueno leer después las críticas variadas de novelas diferentes que nos puedan abrir el campo a lecturas de calidad, alejadas, en la medida de lo posible, de lo burdo, lo zafio o lo chabacano, y de historias que, en el fondo, nada tienen de interés.
Reseña:
La canción de Nora de Erika Lust.
Reseña:
La canción de Nora de Erika Lust.
