El controvertido tema del feminismo -que por otro
lado, no debiera serlo- suele resurgir y mantenerse latente siempre que tenemos
entre manos una novela o un relato que gira en torno al mundo de la mujer. Una
de las preguntas que sigue siendo más común entre quienes han leído el título
de este libro, pero no el libro, es por tanto si estamos ante literatura
feminista.
Cuando, tras escribir los dos primeros relatos de
cuantos componen este libro, decidí continuar escribiendo otros muchos en torno
a la mujer, uno de mis objetivos claros era, por encima de todo, recrear las
situaciones, vivencias y experiencias de estas mujeres tal y como se producen
en la realidad, no como deberían de producirse de manera ideal, por lo que yo
podía presuponer, sin temor a equivocarme, que tarde o temprano
terminaría planteando inevitablemente situaciones de desigualdad de género en
algunos de estos relatos. Me encontré entonces en la tesitura de decidir si
debía incluir en ellos una visión feminista de esa historia en el sentido de
reivindicar lo que debería de haber sido y no fue, o bien, de recriminar,
directa o indirectamente, la situación que de forma injusta se había producido.
Pero decidí que no lo haría. Y ello, por dos razones fundamentales:
1ª Porque el feminismo ha de concebirse como una
actitud convencida hacia la mujer y su papel en la sociedad que la sitúen, en
todos los niveles y estamentos, en una posición de igualdad de género.
Sin embargo, es frecuente una concepción errónea del feminismo, entendiéndolo
como una especie de movimiento social opuesto al machismo, es decir, como una
defensa de la preponderancia o de la supremacía de la mujer sobre el hombre, lo
cual produce un rechazo del término muy elevado en parte del género masculino y
en ciertos sectores, también del género femenino. Cualquier mínima referencia
en este libro que indujera a pensar que estábamos ante literatura feminista
-bien o mal entendida-, sería suficiente para que muchos de ellos ni se
acercaran a él, lo cual supondría para mí perder la oportunidad de mostrarles de
primera mano (en algunos de los relatos) cómo estamos viviendo estas
situaciones y experiencias las mujeres hoy en día. Hay un detalle que nos puede
servir para ilustrar hasta qué punto algunos hombres aún siguen siendo reacios
a adentrarse en temas relacionados con la mujer: muchos de ellos no se han
planteado ni siquiera acercarse al libro al llevar por título: “Relatos de
mujer”, sin darle la más mínima oportunidad de comprobar de lo que habla. Sólo cuando una fuente de confianza les
ha informado que no son relatos feministas, algunos de ellos han accedido a
leerlos.
2º Porque pienso que el hecho de que los relatos
no lleven implícita una visión feminista del mundo de la mujer, no significa
que no puedan cumplir con la misión última de promover la igualdad de género,
que es algo que todas nosotras -al menos- deberíamos perseguir. Yo soy de la
opinión de que se puede conseguir un cambio mayor y más duradero en la actitud
machista cuando éste no se induce de una forma agresiva, cuando no se presenta
como la obligación de actuar de una determinada manera por imperativos ajenos
en los que no se cree, sino promoviendo ese cambio de actitud desde el
entendimiento y el convencimiento propio de quien lee, como producto de su
propia reflexión en torno a una situación que nosotros le hemos mostrado con
todo el realismo posible, y reflexionando también en torno a los sentimientos
negativos de la protagonista que le hemos detallado minuciosamente y que en
cierta forma podrían dar a entender que la situación es injusta, pero sin
coartar en ningún momento la libertad del lector para que piense u opine como
considere oportuno.
Ésta es la postura que he mantenido al escribir cada una
de las páginas de este libro.
Aún así, ni que decir tiene que la igualdad que
el feminismo propugna ha de perseguirse desde las diferencias individuales y a
nivel de género que está claro que existen entre nosotros y que son, tal vez,
la base fuerte de esta recopilación de relatos: nuestro pensamiento visceral
ante determinadas situaciones, nuestra manera particular de procesar y
organizar la información antes de actuar o de tomar una decisión, nuestra capacidad
para distender conflictos, leyendo las emociones de quienes tenemos enfrente y
empatizando con ellos; diferencias que no nos hacen ser mejores o peores,
simplemente diferentes y que son la consecuencia de una clara interacción entre
educación de género y biología.
Tal vez por ello, por ser cualitativamente diferentes
a las de ellos, merecía la pena plasmarlas junto a cada una de esas vivencias
intensas e imborrables.
Y a ti, ¿el término "feminismo" también te produce rechazo?