Éste es el camino que me llevará a un lugar tranquilo donde descansar. Tal vez no sea tan paradisíaco como éste, pero no siempre lo que tiene una mejor apariencia es lo más conveniente o lo más eficaz. Nuestra mente es la que debe apreciarlo como el lugar más maravilloso del mundo, y la mía a día de hoy reclama desconectar sin importarle dónde, aunque sí en compañía de quién.
Serán apenas unos días, pero suficientes como para apartar lo que ha estado absorbiendo una gran parte de mí en estos largos meses pasados, suficientes como para dejar reposar mis pensamientos -como las buenas novelas- el tiempo justo que me permita adquirir una nueva perspectiva, nuevos ángulos de visión que confirmen que estaba en lo cierto o que, por el contrario, me hagan apreciar los errores que antes no vi y me hagan tomar conciencia de si debo rectificar el camino recorrido o el que queda por recorrer. Apenas unos días, pero suficientes como para ser consciente de que el mundo nos brinda infinitas posibilidades de disfrute, multitud de pequeñas situaciones y experiencias que también conforman la felicidad anhelada además de lo que ya venimos ejerciendo habitualmente con monopolio absoluto. Y distancia. Porque a veces observamos las cosas tan de cerca que nuestro campo de visión se pierde detalles importantísimos de sus contornos, de sus límites y de todo aquello que las rodea, arrebatándonos una información demasiado valiosa a la hora de replantearnos la vida como para dejarla pasar. Debemos ser anchos de miras, sobre todo y ante todo; si no conocemos palmo a palmo el terreno que pisamos, difícilmente podremos alcanzar la lejanía a la que aspiramos. Sin contar con que de vez en cuando es necesario hacer un alto para llenar los pulmones de oxígeno y retomar la carrera de fondo con un ímpetu renovado.
A lo largo de este pequeño paréntesis me he propuesto firmemente:
Virar el rumbo de mi embarcación dejando que sea mi subconsciente libre quien me guíe.
Atracar en puertos diferentes a los que siempre piso y ya conozco hasta la saciedad.
Contar con la compañía de quienes me quieren y dedicarles el tiempo que merecen.
Admirar todo aquello que se cruce en mi camino y disfrutar de ello como si fuera a desaparecer mañana.
Canalizar mis emociones de forma positiva para revitalizar el alma y el corazón.
Ignorar mi conciencia cuando se empeñe en recordarme lo que tengo pendiente de conseguir.
Olvidarme de las imposiciones propias y ajenas que me atan en mayor medida de lo que pretendo.
Negar importancia a lo que ahora parece ser el centro de mi Universo; estoy segura de que no es así.
Estrechar los vínculos con quienes me han demostrado que de verdad están ahí brindándome su apoyo.
Silenciar las voces que me indiquen un camino que me lleva a actuar en contra de lo que siento.
Espero poder cumplir este decálogo vacacional. Disfrutad también del vuestro.
Un beso para todos y hasta la vuelta!!







