7 abr 2016

MICRORRELATO: "EN SUEÑOS".

   He estado buscándote en sueños mientras tú buscabas refugio en los sueños de otra. No huías de mí, no me habías visto. Pero podías sentirme, lo sé. Intuías mi aroma… Y apreciabas en tu piel deslizarse mis suspiros al pasar cerca de ti, como una brisa embriagadora que te nublaba el sentido. No sabes quién soy. Ni siquiera mi nombre. Pero eso no importa cuando las emociones ruedan, cuando nos arrollan y nos descerebran…
   Me aproximo a tu espalda. Ágil. Etérea. Mantengo silencio pero nuestras pieles hablan, claman a voces por sus poros dilatados, amparadas por la desnudez de los sueños que se asemeja a la nuestra permitiéndonos ser libres, sin vestiduras, sin identidad, sin leyes ni normas impuestas contra natura…
   Te agitas, te estremeces cuando mis dedos te tocan. Sonrío. Y entre ellos te tomo preso para llevarte en volandas hasta mis confines, lejos de ella, lejos de todos. Te giras y me miras por primera vez. Mis ojos negros conjuran como hechiceros mientras mis labios te rozan, en un juego de seducción que te atrapa y te excita, que invita a tus pupilas a recorrerme rendidas, impacientes, gritándome agitadas lo que he de hacer…
   Dime… Dime dónde posarás mis manos... Dime adónde arrastrarás mi boca... Dime en dónde cobijarás mi aliento, mis besos… En qué punto de tu cuerpo me permitirás dejarte marca...
   La tuya la llevo impresa. Mordiste mi corazón en el mismo instante en que te conocí al soñar. Y ahí te sentenciaste. Gozarás como jamás gozaste, sentirás como jamás sentiste… Pero ya no volverás. 
© Pilar Muñoz - 2016
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19 mar 2016

RELATO: "PIEL DE MUJER".


   No tengo prisa por que me toques, adivinarte es tan excitante como sentirte. Aunque no sé bien qué sentiré, jamás estuve ante ti. Jamás estuve contigo así.
   Te soñaba tanto, tantas noches...  Y tu sonrisa me saludaba luego por las mañanas al llegar a la facultad. Tus labios musitaban «buenos días». Pero yo me colaba por ellos sin escuchar nada, con la conciencia rendida ante el intento de adivinar a qué sabrían... Notaba el rubor pigmentando mis mejillas y agachaba la mirada al sentirme delatada, con el estómago comprimido por un nervio adolescente que me hacía repetir entre dientes con obcecación: «No te marches, no te marches... No te marches». Hasta que un día te sentaste a mi lado, intuyendo tal vez mi plegaria muda. Abriste el portafolios sobre la mesa y rozaste el dorso de mi mano con la tuya. Quedé electrizada. Una corriente de energía me sacudió y me hizo suspirar como a una idiota, simulando un bostezo poco verosímil que solo sirvió para atrapar tus pupilas, fijándolas en las mías. Vi cómo frunciste el ceño para escudriñar mi mente y... probablemente mi corazón, porque tu vista recaló en mi escote y quedó allí varada unos instantes hasta devolverla a mis ojos. La cantinela del profe con su tediosa explicación me supo a música de violines cuando garabateaste en un papel que todavía guardo: «¿Un café?». Y lo deslizaste la cuarta escasa que nos separaba acompañándolo de un guiño que aún puedo ver al cerrar los ojos...
   No dormí. Adopté al insomnio por compañero aquella noche, repitiendo mi respuesta: «¡Sí, sí, sí...!», a sabiendas de lo que podría venir después. No pude calmar mi piel, en extremo sensible a aquel sentimiento de loca enamorada, de loca ilusionada... Sentí más que nunca tu voz, tus manos, tu boca y tu cuerpo a una distancia dolorosa...
   Hasta hoy. Hasta hoy en que esa voz se tornará un susurro que solo yo podré escuchar, próxima a mi oído... Hasta hoy en que tus manos, tu boca y tu cuerpo disolverán el espacio entre tú y yo para fundir nuestras pieles de una sola textura. Tus labios besarán los míos, tus senos acariciarán los míos... Y mi sexo disfrutará del roce de un igual, mientras nuestras manos se enlazan y nuestros corazones palpitan emanando ese amor que a todo le da color. Y en cuyo nombre todo cobra sentido.
  No tengas prisa por rozarme, a pesar de mi desnudez. Permíteme sufrir unos minutos más la espera de lo que tanto ansié. Y pide conmigo que este sueño no sea de los que al tocarlos se rompen. Pide conmigo que este amor sea eterno. Porque profundo y verdadero... ya es.
   © Pilar Muñoz - 2016
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14 mar 2016

"EL PODER DE LA SOMBRA" de MARÍA JOSÉ MORENO.


SINOPSIS
Varios asesinatos con idéntico modus operandi señalan como sospechosa a Rosa María Luque, novia de un reputado político, famosa escultora y sucesora de una familia muy conocida de la ciudad. Aunque mantiene su inocencia con convicción, todas las pruebas recaen sobre ella.
Su mente es un puzle incompleto y desordenado. Su amnesia,su angustia y su inestabilidad emocional complican su defensa en el inminente juicio, por lo que su abogado defensor, Felipe Castilla, contrata los servicios de Mercedes Lozano, psicoterapeuta interpersonal, y Miguel Vergara, psiquiatra, quienes deberán acometer la difícil tarea de reconstruir el pasado para entender el presente y solventar el futuro de Rosa. 

¿Finge o dice la verdad?"


   Llevaba tiempo dedicada a leer, fundamentalmente, literatura intimista; mi pasión por los sentimientos, las emociones y la reflexión creo que ya es vox pópuli, entre otras cosas porque ya lo he repetido en incontables ocasiones. Pero siempre surge algún detonante que te hace virar un poco el rumbo, o al menos, hacer un desvío en el camino para aproximarte a aquello que mantienes a distancia sin un motivo expreso. Y fue María José Moreno y mi confianza en su buena pluma las que me incitaron a acercarme al thriller de la mano de “La caricia de Tánatos”. Y quedé encantada. O más bien, superencantada y enganchada a su forma de escribir y a la historia con la que iniciaba la ya conocida Trilogía del Mal.
   He mencionado el "thriller", sin más. En otras muchas ocasiones, he definido a "La caricia de Tánatos" (acertadamente o no) como “thriller psicológico”, pero es que me acabo de dar cuenta de que empieza a cansarme tener que definir por narices el género o subgénero exactos en el que encuadrar una novela, cuando algunas de ellas no se ajustan por entero a los cánones marcados, ni al estereotipo puro que representa a ese género, como pienso que le ocurre, al menos, a estas dos primeras entregas de esta Trilogía del Mal: “La caricia de Tánatos” y “El poder de la Sombra”. He leído críticas o reseñas (en general) que dedican parte de sus líneas a discutir si una obra es novela negra, thriller, policíaca o a saber qué, y hasta qué punto se aparta de las normas establecidas, llegando a valorar negativamente ese probable desajuste (tal vez más por un incumplimiento de sus expectativas que por otra cuestión). A mí, sin embargo, eso es lo que me gusta, la innovación, la mezcolanza de elementos, el hecho de poner sobre el tablero tramas –y formas de desarrollarlas- que pongan en jaque a distintos géneros o subgéneros haciendo de ellos un cóctel perfecto que pueda aportar algo nuevo a lo que ya existe, porque esa es la forma de hacer que la literatura no se estanque, que evolucione de la mano de sus creadores. Lo que a mí me interesa es la novela en sí, y me da exactamente igual si está dentro de un grupo como desterrada. Ya hay quien ha inventado un nombre para el nuevo subgénero que podría acoger a esta trilogía: “Domestic Noir”. Porque parece que sin familia una novela queda huérfana, apostada en el aire y en tierra de nadie, como si careciera de identidad, olvidando que puede tener perfectamente una identidad propia basada en su propio nombre, el que lleva por título, sin necesitar más. “La caricia de Tánatos” ya tenía esa identidad y “El poder de la Sombra” la ostenta con creces, y deberíamos acercarnos a leerla basándonos en su propia sinopsis, en la garantía de quien la ha escrito o en los comentarios de lectores afines a nosotros sin importarnos la familia a la que pertenece o si ni siquiera la tiene.
   Pero bueno, dejemos las divagaciones y centrémonos en lo que estamos. 
  “El poder de la sombra” es una novela adictiva, es lo primero que se me viene a la mente. Y lo es, no solo por la agilidad narrativa de María José Moreno, sino por sus pequeños giros, incontables y muy frecuentes a lo largo de toda la trama, así como por el aporte continuado de nueva información, de la entrada en juego de nuevos elementos. Nos mantiene en vilo de principio a fin. Y nos lleva a participar activamente en la investigación psicológica y psiquiátrica que en ella se desarrolla para intentar anticipar lo que pueda haber pasado, dándonos con un palmo de narices a cada pocas páginas para terminar finalmente bajando los brazos, desconcertados y sin saber qué pensar, porque la historia está tan bien hilada y tan bien tramada que no parece que haya salida aparente a lo se nos va contando. Pero en realidad, sí que la hay. E impactante, además.
   Tal y como se expone en la sinopsis, Mercedes Lozano y Miguel Vergara (psicóloga y psiquiatra, respectivamente) vuelven a aparecer en esta segunda entrega, como ya era de esperar, y lo hacen para adentrarse en la mente de Rosa María Luque, acusada de asesinato, y poder aportar así algo de luz de cara a su defensa en el juicio que se avecina. Nos encontramos pues con una investigación por asesinato que, en esta ocasión, no va de la mano del policía de turno ni del detective privado, sino de dos profesionales de la psique humana que tratarán de encontrar las pruebas definitivas en la mente de la acusada, haciendo que sea lo psicológico –nuevamente- uno de los mayores sellos de identidad de la historia; aquí tengo que decir que la manera en que esa información va saliendo a la luz me parece además uno de los grandes atractivos y aciertos de la novela, no podemos obviar que hay que manejar mucha documentación de base para dotar de tanta verosimilitud, realismo y profundidad tanto a los personajes como a los hechos que se van relatando a lo largo de la trama. Admiro a María José Moreno por ello, por ese manejo magistral de los entresijos mentales, porque lo borda; aunque claro, ella no necesita documentarse al ser una especie de wikipedia psiquiátrica ambulante, lo cual le permite afinar hasta el máximo detalle en la creación de estos perfiles sin temor a equivocarse :)
   Pero como decía antes, “El poder de la Sombra” no se limita a la investigación de un caso de asesinato, sino que desarrolla además, de forma paralela, varios hilos argumentales que dotan de historia personal hasta a los personajes secundarios, muy bien perfilados; se permite mantener una especie de relación amorosa, con sus naturales altibajos, entre sus protagonistas; saca de nuevo a la palestra la sombra de ese mal por excelencia que tuvo su protagonismo máximo en “La caricia de Tánatos” y que sigue amenazante en esta entrega; y también se permite tirar de reflexión, poner pinceladas profundas en boca de sus personajes y al hilo de lo que va ocurriendo.
   Esta segunda parte de la trilogía vuelve a estar escrita en primera persona, lo que nos acerca aún más a Mercedes Lozano haciéndonos vivir muy de cerca lo que ve y lo que siente, hasta apreciarlo muchas veces en propia piel por ese cariz humano con virtudes y defectos que nos hace empatizar con ella percibiéndola como muy real. Y respecto al final, queda cerrado en cuanto a la trama principal, pero alguno de los hilos argumentales secundarios quedan abiertos al desenlace último, que nos vendrá de la mano de una tercera entrega que yo, desde luego, no me pienso perder.
   “El poder de la sombra” está por encima de la catalogación de novela negra, de thriller psicológico, de historia intimista, incluso del recién nacido subgénero “Domestic Noir”. Quedémonos con todo y con los abusos sexuales en la infancia como base para sustentar la trama. Aunado en más de trescientas páginas escritas con un estilo narrativo sencillo, cuidado, trepidante y lleno de suspense, el estilo narrativo propio de una escritora que seguirá dando que hablar. Y no me cabe la menor duda de que cada vez más.



 
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27 feb 2016

MICRORRELATO: "MELODÍA DE DESEO".



   Tocas la guitarra mientras me desnudo. Acordes suaves, sentidos. Las cuerdas vibran, al igual que mis manos liberando los botones de mi blusa. Te miro y me dejo caer sobre la cama. La tela se abre y mis pechos emergen, ocultando parte de su voluptuosidad bajo la seda, jugando al escondite con tus pupilas, dilatadas, deseosas. Tu pulso acelerado se sincroniza con el ritmo in crescendo de la melodía. Y las notas que cobran vida en tus manos vienen a acariciarme, a lamer mi piel desnuda erizándola. Puedo sentir el fuego que irradias y me revuelvo. Tu aliento me busca y mis labios se abren. Contoneo mis caderas con levedad y mis muslos tiemblan..., y se distancian uno de otro invitando al eco de tu guitarra a adentrarse en mí, como algo tuyo que tanto anhelo… Te dedico una mirada lánguida, como un reclamo, y te revelo cómo mi cuerpo grita tu nombre, cómo mi sexo derrama lágrimas de deseo humedeciendo las sábanas. Castigas las cuerdas, viertes sobre ellas tu furia contenida, tu excitación compartida con la mía, traducida en gemidos mientras me acaricio a la espera de que las notas mueran… y vengas a mí.
© Pilar Muñoz - 2016

 
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19 feb 2016

CON EL TIEMPO...


   Con el tiempo descubres que lo que un día te hizo llorar, te ha hecho fuerte; que lo que antes te ahogaba, ahora solo te oprime; que aquellos desplantes que solían hacerte enfadar, provocan ahora tu sonrisa irónica; que lo que antes te hacía dudar, ahora lo apartas sin despeinarte...

   Con el tiempo descubres que posees la capacidad de trivializarlo todo; que puedes traspasar fronteras con la mirada e interpretar gestos mudos, actuando en consecuencia; que detectas las mentiras... en sus primeras palabras; que aquello que te vendieron como oro puro era un castillo en el aire que no aporta nada...

    Con el tiempo descubres que tu maleta es cada vez más pequeña; que un libro, un café o una charla son valores en aumento; que los minutos son demasiado valiosos para perderlos por un cabreo; que debe preocuparte la delgadez o hermosura de la mente, del corazón, del intelecto o de la imaginación, no la del cuerpo; que apreciar las virtudes de los otros no te hace pequeña, sino grande...

    Con el tiempo descubres que el tiempo pasa, y que por eso has de vivir lento, degustando la esencia de cada minuto, de cada experiencia, de cada acto cotidiano que un día sacrificamos a cambio de alcanzar metas grandes que tal vez jamás conquistamos. Descubres que lo que siempre se te exigió puede no ser lo que te haga feliz; que si vas a contrapié, respetando tu entorno, no sucede absolutamente nada; y que puedes actuar conforme a tus propias normas, porque ya eres indemne a la manipulación que tantas veces te convirtió en víctima…

   Con el tiempo descubres que eres dueña de tu propia vida y que puedes elegir con quien compartirla. Que puedes hacer borrón y cuenta nueva cuando te plazca y en lo que te plazca. Que puedes saltar al tablero de juego y retirarte con la mayor tranquilidad del mundo, sin que la vorágine te absorba, te conduzca y te moldee a su imagen y semejanza…

   Con el tiempo descubres que eres libre. Y que nada hay más bonito que ejercer tu libertad rodeada de un puñado de sinceros e incondicionales afectos. A espaldas de las neuras del mundo. Cuidándote a ti misma. Y a ellos.

    Con el tiempo...
© Pilar Muñoz - 2016

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11 feb 2016

RELATO DE SAN VALENTÍN: "ALMAS GEMELAS."



Bajo las estrellas, 14 de febrero…
  
    La vida pasa. Discurre rápida... O lenta, según se mire. Pero no se detiene; como no devuelve lo que a su paso arrastra, lo que se lleva. «Nunca es tarde si la dicha es buena», dicen algunos. Nada más lejos de ser verdad. Las oportunidades vuelan y el destino cuenta. Y no se nos permite dar marcha atrás. 
    He luchado conjurando al tiempo. Descolgándome por las manecillas del reloj para hacerlo retroceder, para descomponer las decisiones que un día nos ataron a otros, al hombre y a la mujer que usurparon el hueco que la vida había moldeado para nosotros. Pero no he podido contra la fuerza de Cronos, ni contra el remordimiento que disecaría en parte mi corazón por arrancar de él las huellas de quien todo lo dio por mí, de quien me juró amor eterno y así lo cumple.
    Volveremos a vernos esta misma noche. Y se dilatarán de nuevo tus pupilas al mirarme, inquiriéndome lo que deseo. Mas no podré esquivar el nudo de mi garganta, evitar el temblor de mis labios ni las lágrimas del alma. Hoy presiento que seré incapaz de modular mi voz para forjar susurros, como siempre hice...
    No me preguntes. Esta noche, no me preguntes. Ámame despacio. Deja que repose en mis ojos tu mirada al tiempo que nuestros labios se rozan, con la timidez de los desconocidos, de la primera vez… Que tus dedos conquisten colinas en mi cuerpo con la emoción contenida de un joven explorador… Que el calor de tu piel electrice la mía, tatuándola con tu esencia para que perdure en mi vida… y en mi alma.
    Ámame despacio. Permite a mis manos memorizar tus curvas y a mis oídos los sentimientos que guardas, y que a ellos susurras… A mi boca despertar tus pasiones como nadie jamás pueda hacerlo, con el amor que siento… A mi pulso acelerarse con lentitud, como una condena dulce que quiero sufrir eternamente…
    Ámame despacio por ser la última vez. Que tus suspiros me acunen mientras mis piernas te abrazan, mientras siento cómo palpitas dentro de mí, rogándote no movernos para mimetizarnos, para fundirnos y ahogarnos en esta pasión imposible que nos está torturando…
    Ámame despacio y que las emociones vuelen, que las lágrimas fluyan… Y que el recuerdo de lo que para mí fuiste me alimente, con la esperanza de un destino que nos vuelva a enlazar.
    Somos almas gemelas con caminos truncados. Perdidas y mal halladas. Sentenciadas a olvidar.




© Pilar Muñoz Álamo - 2016
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1 feb 2016

MICRORRELATO: "ESPÉRAME".


   Te miro a los ojos y veo los suyos. Recalo en tus labios y es su boca la que siento que me recorre el cuerpo, mordiéndome con ansia, con desespero. Me fuerzo a imaginar que hago el amor contigo, pero no puedo. Lo intento. Mas no consigo apartar su imagen para gozar de ti, dejar de escuchar su voz. Es demasiado fuerte, poderoso su recuerdo. Me agita, me estremece, me pellizca el estómago cuando lo evoco.
   No, no permito que me toques mientras él permanezca apostado en mi mente. Aun a riesgo de perderte por creer que no te amo, que no te quiero, que pereció mi deseo hacia ti. Aun a riesgo de perderte por no darte explicación. Pero entiende que me mueve protegerte, que es dolor lo que trato de evitarte. Dolor por saber que sus manos dejaron marcas en mi piel contra mi voluntad. Que su boca usurpó mi boca sin pedir permiso. Que su daga osó atravesarme llenando mi rincón íntimo, que solo habías visitado tú. Tiemblo al rememorarlo. Me acurruco y me abrazo para protegerme de una sombra que no me deja vivir, que no me permite entregarme a ti con las luces apagadas ante el horror de confundir qué piel me roza, que me dejó seca por dentro a pesar de tus caricias que siempre me derritieron. No, no permito que me toques mientras sienta la presión en mis muñecas, el ardor de su violencia en mis mejillas, su fuerza bruta entre mis piernas… Mientras el latido de mis sienes sea consecuencia del miedo y no de una agradable excitación.
   Espérame, por favor. Ten paciencia, confío en que pasará.
   Cuando las agujas del reloj hayan dado vueltas sin cesar, moliendo las huellas de su atrocidad, te abrazaré, te devolveré  mi vida entera. Pondré el alma a tus pies para de nuevo ser tu chica. Jovial, apasionada y feliz.
   Como siempre fui.


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