1 feb 2016

MICRORRELATO: "ESPÉRAME".


   Te miro a los ojos y veo los suyos. Recalo en tus labios y es su boca la que siento que me recorre el cuerpo, mordiéndome con ansia, con desespero. Me fuerzo a imaginar que hago el amor contigo, pero no puedo. Lo intento. Mas no consigo apartar su imagen para gozar de ti, dejar de escuchar su voz. Es demasiado fuerte, poderoso su recuerdo. Me agita, me estremece, me pellizca el estómago cuando lo evoco.
   No, no permito que me toques mientras él permanezca apostado en mi mente. Aun a riesgo de perderte por creer que no te amo, que no te quiero, que pereció mi deseo hacia ti. Aun a riesgo de perderte por no darte explicación. Pero entiende que me mueve protegerte, que es dolor lo que trato de evitarte. Dolor por saber que sus manos dejaron marcas en mi piel contra mi voluntad. Que su boca usurpó mi boca sin pedir permiso. Que su daga osó atravesarme llenando mi rincón íntimo, que solo habías visitado tú. Tiemblo al rememorarlo. Me acurruco y me abrazo para protegerme de una sombra que no me deja vivir, que no me permite entregarme a ti con las luces apagadas ante el horror de confundir qué piel me roza, que me dejó seca por dentro a pesar de tus caricias que siempre me derritieron. No, no permito que me toques mientras sienta la presión en mis muñecas, el ardor de su violencia en mis mejillas, su fuerza bruta entre mis piernas… Mientras el latido de mis sienes sea consecuencia del miedo y no de una agradable excitación.
   Espérame, por favor. Ten paciencia, confío en que pasará.
   Cuando las agujas del reloj hayan dado vueltas sin cesar, moliendo las huellas de su atrocidad, te abrazaré, te devolveré  mi vida entera. Pondré el alma a tus pies para de nuevo ser tu chica. Jovial, apasionada y feliz.
   Como siempre fui.


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11 ene 2016

CHARLA CON LA ESCRITORA MIREN E. PALACIOS.


Miren E. Palacios Villanueva. Nacida en Vitoria-Gasteiz. Graduada en Enfermería, Diplomada en Podología y en Gestión Sanitaria. Ha publicado el poemario Toma mi mano, Ed. Anubis, 2010; el estudio-ensayo Euskadi: Claro, gris y negro (Argia, grisa eta beltza), obra editada en bilingüe: castellano-euskera, Ed. Sepha, 2012; el poemario Toma mi mano, edición bilingüe: castellano-árabe, Ed. Dar-Al-Adham, 2012; y el poemario Más allá del interior, Ediciones Beta, 2013.
Se ha presentado a diferentes concursos de poesía y relatos, obteniendo diversos premios. Algunos de esos poemas y relatos han sido publicados, como el relato "Sabor a mango", presentado al V Premio Ediciones Beta de Relato Corto.
Ha colaborado en los actos de presentación de novelas y poemarios de varios escritores y ha sido pregonera en el XXVI Festival Cultural de los Pueblos 2011 (Laudio-Llodio).
En el año 2012, realiza el prólogo del libro Memorias de una prostituta, de Anne Smith (edición en portugués brasileño).
Ha formado parte del jurado del Concurso de Relatos 2013 de la Editorial Universo.
Ha participado: en el Día del Libro Solidario con el Alzheimer 2012, Salou (Tarragona); en el patrocinio y en la obra de relatos, Antología Solidaria “Un mañana para Alicia”, 2013; en la antología solidaria Cuentos por la vida: Antología todos con Idaira, 2014; en la obra de cuentos Once sueños en Navidad, cuentos infantiles, 2014.
Desde 2012 se hace cargo, a petición de la Universal Radio, de contactar, planificar, organizar y promover las entrevistas radiofónicas de ámbito cultural.
Es socia de la Asociación Artística Vizcaína.


   Hola, Miren, encantada de tenerte en casa y de poder charlar contigo de nuevo.

   Por si los lectores no lo saben, diremos que te conocí personalmente hace algunos años, cuando coincidimos en un encuentro de autores de Editorial Círculo Rojo y Anubis en El Ejido (Almería) y que fue sobre todo a partir de ahí cuando seguí tu trayectoria más de cerca, una trayectoria que comenzaste como poetisa. Sé que también has escrito relato, pero es ahora cuando has dado el salto a la narrativa de una forma más visible. ¿Por qué, Miren? ¿Cuál ha sido la causa? ¿La atracción por escribir novela, sin más, por escribir una historia más larga o ha sido el tema de fondo que querías poner sobre la mesa lo que te ha invitado a cambiar de género?


   Gracias Pilar por la deferencia y poder de nuevo estar cerca de ti.

   La poesía no la he dejado, continuo escribiendo poesía y relatos. El motivo de escribir una historia más larga responde a la imaginación, a las ideas que rondan en mi mente y a querer transmitir historias.

   ¿Y cómo ha sido la experiencia? ¿Más sencilla y fácil que escribir poesía?


   El camino es largo y positivo pero no está exento de riesgos. La experiencia ha sido y es satisfactoria. No podría catalogar escribir en un género u otro si es más sencillo o fácil, me inclino por decir que es diferente.


   Yo no veo fácil desarrollar toda una historia completa, toda una trama bien hilada a partir de una pequeña idea. Creo que una buena novela es mucho más que ponerse a escribir sin más dejando que la improvisación haga todo el trabajo. ¿Qué crees tú? ¿Qué consideras tú —ahora que ya te has adentrado en el género— que debe tener una novela para que sea buena, qué requisitos son para ti indispensables? Te lo pregunto como escritora, pero también como lectora, que al fin y al cabo es el paso previo a escribir.


   Estoy de acuerdo contigo, es complicado desarrollar e hilar las secuencias, hacer que la continuidad de la historia te atrape y te lleve de la mano hasta el final de la misma.
   Desde mi humilde opinión creo que una novela debe tener un argumento atractivo, novedoso y que diga algo que estimule al lector. No podemos olvidar que debe estar bien estructurada y por supuesto sin faltas ortográficas, ni de sintaxis.


   Una cuestión que a mí siempre me suscita curiosidad es de dónde parte la idea de fondo de una novela, por qué el autor —o autora— elige un determinado tema, o incluso un determinado aspecto, para centrar su novela en él. ¿Cómo elige Miren Palacios los temas en torno a los que escribe cada poema, cada relato o esta novela última que ahora estás promocionando?


   Observo mucho. La realidad de la vida está llena de vivencias y supera a la ficción con creces. Tengo ideas, intuiciones y motivaciones por desarrollar unas ideas u otras, a veces me atraen los acontecimientos o lo que nos atañe a nivel social, todo puede ser motivo de escribir o bien algunas líneas o unos versos. La historia pasada u otras civilizaciones también están en mi mente, me gusta curiosear, descubrir  y viajar.


   Coincido contigo en que la realidad de la vida es una fuente inagotable de ideas a partir de las que desarrollar un argumento. Incluso aunque la idea sea básicamente la misma, la forma de contarla y los matices pueden terminar creando novelas completamente distintas. Y ya he visto que esa realidad es la que sustenta la obra que ahora estás promocionando, Escalera de Damas, con una segunda edición ya en la calle, publicada con una editorial que ha confiado en ti y que está volcada con la novela. Y una verdadera gira promocional, la que estás haciendo, para darla a conocer y acercarla al público. Hablemos de ella, de sus entresijos y del tema en el que se centra. ¿Te parece?


   Me parece bien. Creo que es aclaratorio la síntesis de la novela.


   Lucía su protagonista es una mujer luchadora, valiente, humana y sensible. Sin embargo, las diferentes secuencias de su vida le van llevando a una espiral donde el desenfreno y el abismo juegan con la misma carta.
   Tras la dolorosa separación de su marido, Lucía se apoya en las mujeres que le rodean, acaba sus estudios, mejora su inglés… Esto le aporta confianza y le lleva a conocer a varios hombres con los que mantiene encuentros sexuales muy satisfactorios y desconocidos para ella.
   La trama nos descubre una serie de enredos donde el dolor, la amistad, el amor y el sexo, forman parte del argumento.
   Es una obra dedicada a las mujeres que sufren fracasos, desplazamientos, rupturas... A todas las que notan y palpan, como si fuera un desgarro, que esa pérdida inicial les lleva a otras muchas situaciones en donde la dualidad, el miedo y la confusión son los principales componentes.


   Lo que tú has expuesto es la sinopsis que aparece en la contraportada de la novela. En su prólogo dice que esta es una obra dedicada a las mujeres “entre los cuarenta y cincuenta años” que sienten fracasos, desplazamientos y rupturas. La primera pregunta que me asaltó cuando leí esto fue por qué esta horquilla de edad tan estrecha. También hay rupturas en mujeres con menor edad que ya tienen cierta madurez o que, aun siendo jóvenes, han tenido bastantes experiencias de vida que les lleva a tomar decisiones de peso. Y por supuesto, en mujeres que han superado la cincuentena. ¿Por qué la diriges especialmente a este público?


   Es una novela y elijes, es cómo por qué un asesinato, dos o tres, depende de cómo quieras generar la historia y la vida que le des a la misma.
   Cierto que hay rupturas en mujeres con menor edad que ya tienen cierta madurez o que, aun siendo jóvenes, han tenido bastantes experiencias de vida que les lleva a tomar decisiones de peso. Y por supuesto, en mujeres que han superado la cincuentena. Pero como creadora manejas los hilos y optas por lo que crees que puede ir mejor, la mayoría de las rupturas se dan pasados unos años de convivencia, las estadísticas en general hablan de eso.


   Lucía es la protagonista de “Escalera de Damas”, una novela que gira en torno al amor, a las relaciones de pareja, a las desavenencias dentro de ella y a lo que conlleva en la vida de una mujer el sufrir una ruptura amorosa tras años de convivencia, con todas las consecuencias que acarrea a nivel vital y emocional, y sobre todo, a esa necesidad de rehacer y replantear de nuevo la forma de vivir y de sentir tras acabar con un matrimonio que condiciona mucho más de lo que quisiéramos. Las comparativas con ella y con su forma de pensar y de sentir creo que son inevitables para quien la lea, y a mí —que no podía ser menos—, Lucía me ha suscitado muchas preguntas que voy a hacerte a ti, para que me las contestes en su nombre :)

   Hay una cuestión que Lucía se plantea a sí misma cuando se queda sola, y es si podría subsistir sin amor. A mí esto me lleva a algo que yo me he planteado también muchas veces: que tal vez uno de los aspectos más complicados de superar en una separación sea el de la dependencia emocional que hayamos podido adquirir a lo largo de nuestra relación, una dependencia emocional que, según las estadísticas, hace que la mujeres que ya han vivido en pareja tengan una mayor tendencia tras el divorcio a buscar una nueva pareja que aquellas otras que no han “disfrutado” de convivencia previa. ¿Qué siente Lucía en este sentido? ¿Y qué piensas tú con respecto a esto? ¿Tú también consideras que la convivencia nos puede llevar a depender emocionalmente de otra persona hasta ese punto? ¿O es la simple necesidad de amar y ser amado la que nos mueve?

   Lucía con ser un personaje ficticio parece que sea alguien que se le ha dado vida.
   No podemos olvidar que es ficción. Ella tiene dudas y se las plantea, le condiciona su formación, la época que le toco vivir, el motivo de esa ruptura, etcétera.
   Mi opinión es muy clara, existe dependencia hasta del móvil, ahora se es dependiente de casi todo. Creo que es lógico tener al menos durante un tiempo la dependencia emocional. Para amar de nuevo debes reponerte de las heridas y en este caso elevar la autoestima, difícilmente puedes amar si uno mismo se ve en el suelo. Es complicado contestar en plan escueto, considero que solo esta pregunta da para mucho más debate.


   Cierto. Creo que el amor y el amar y ser amado con todos los diferentes matices que envuelve a tal sentimiento da para hablar mucho, de él y de sus consecuencias, positivas o negativas. Ya hablaremos en otra ocasión :)
   Hay otra pregunta que también se hace Lucía y que a mí me suscita otra reflexión. Ella se pregunta: “¿Me veo con edad para algo nuevo?”.  Afrontar una ruptura y superarla puede ser algo que te venga impuesto —como una especie de obligación— cuando la relación se va a pique; yo la considero incluso una cuestión de supervivencia emocional, sobre todo si esa ruptura no la has buscado tú. Pero plantearte rehacer tu vida o no (en términos amorosos) ya es algo voluntario, una decisión muy libre y no impuesta. ¿Tú crees, Miren, en general, que rehacer o no tu vida en este sentido es realmente una cuestión de edad? ¿O depende en realidad del propio sentir de la mujer, de su madurez, de su seguridad en sí misma, de su autoestima…, de sus ganas de vivir en definitiva, o de la experiencia negativa que haya podido tener en la relación previa?


   No es una cuestión de edad rehacer o no tu vida, puede ser querer o no querer, o pueden influir las experiencias previas. Cada persona es un mundo y cada relación también.


   Yo considero que “Escalera de Damas” es una novela intimista. A lo largo de toda ella, y sobre todo en su primera mitad, se plasman muchos diálogos internos, reflexiones y divagaciones de la protagonista que reflejan incertidumbre y dudas sobre la situación por la que está pasando y sobre la propia capacidad de superación. No te limitas a contar los hechos que van pasando, sino que ahondas mucho en lo que pasa por la cabeza de Lucía. ¿Cuál ha sido tu intención real, de cara a las lectoras, profundizando tanto en todo esto? ¿Qué pretendías conseguir?


   Como bien dices en su primera mitad es intimista, sitúa la trama y el porqué de la misma. En alguna de tus preguntas lo has dejado reflejado, cada persona se identifica en algo, eso puede resultar positivo para los/as lectores/as.


   Entre tú y yo, Miren, ahora que no nos escucha nadie: ¿Qué es mejor: una ruptura de pareja con cuernos de fondo, o una ruptura por desavenencias conyugales que hacen imposible la convivencia? :)


   Teniendo en cuenta que no nos escucha nadie ni casi nadie nos lee, podría contestar de forma diplomática y decir que no hay diferencia y que no debiera existir como tal, pero eso no es real. El asunto cuernos se lleva fatal, puede pisar el orgullo y a veces puede ir acompañado del engaño y la hipocresía. Sin hacer diferencia entre sexos, esto es extrapolable al hombre o la mujer. En el caso de desavenencias conyugales que hacen imposible la convivencia, en ocasiones se resuelve aunque cueste con aquello de: existe incompatibilidad de caracteres. Como ruptura y duelo debiera ser el mismo, pero el daño a nivel íntimo muchas personas lo viven de forma diferente e inclusive lo llevan peor, eso de: me han dejado, se digiere mal.


   Yo también creo que los cuernos, irremediablemente, suponen un golpe bajo a la autoestima que cuesta superar :)
   Hay algo que a mí me ha resultado curioso en la historia de Lucía, y es que está hecha polvo por su ruptura de pareja, por su situación, por sus miedos personales, dolida por la manera en que la ha tratado Jon (no quiero hacer spam)… Sin embargo, no duda en ponerse en poco tiempo a buscar la forma de conocer a alguien, incluso acude a páginas de contactos. Explícame un poco esa aparente controversia (que apuesto a que no lo es).


   El caer en la misma piedra es muy común y cometer los mis errores también. A posteriori Lucía cree que eso no debía haberlo hecho así.


   En la novela aparecen distintos personajes secundarios, pero para Lucía, tal vez Lourdes, Maite o Andrea puedan ser de los más importantes. Hablo de sus amigas. ¿Qué papel juegan ellas en el trance por el que atraviesa Lucía? Y en general, Miren. ¿Qué papel juegan las amigas en general en los conflictos o las situaciones problemáticas que se dan en la vida de una mujer? Porque los hombres (corrígeme si mi impresión es errónea), ante situaciones como esta suelen ser más celosos de su intimidad, guardan sus preocupaciones y sus reflexiones para sí mismos y buscan a los amigos como evasión, más que como paños de lágrimas; pero las mujeres somos distintas, ¿o no?


   Juegan un papel significativo. Las amigas o los amigos de verdad tienen relevancia y son importantes en situaciones críticas. No hago diferencia entre sexos, creo que depende de quienes o cuales situaciones se producen, pueden responder o ser de un modo u otro, independientemente de hombre o mujer.


   Por cierto, todas las amigas de Lucía son ajenas a su ámbito laboral. Resulta curioso, porque es fácil tener buenas amigas en el trabajo, que es donde pasamos un buen puñado de horas diarias y, a veces, a lo largo de muchos años. ¿Hay alguna razón en especial, quiere mantener separados el ámbito personal del profesional…?


   Lucía tiene muchos cambios en el ámbito laboral, no siempre lo que parece es lo que parece sino lo que no parece. Se dan diferentes situaciones en empresas privadas o públicas. En el mundo laboral no todos o todas tienen estabilidad en el tiempo, ciudad o puesto de trabajo.


   A Lucía se le junta más de un varapalo en su vida y casi al mismo tiempo; suele decirse que las desgracias nunca vienen solas. No quiero mencionar expresamente cuáles son estos, porque no es cuestión de desvelar la trama. Pero al hilo de lo que ocurre (y de lo que pierde), me pregunto ¿hasta qué punto necesitamos apoyarnos en los demás para vivir y ser felices? ¿Hasta qué punto nos condiciona el aprender a vivir con determinados afectos que luego pueden perderse, dejándonos con una sensación como de orfandad que nos dificulta seguir caminando solos? ¿Cómo es Lucía en ese sentido?


   Bueno eso dependerá de cada uno, cada persona es un mundo, como ya he contestado con anterioridad. Creo que se debe leer la novela, no puedo ni debo describir más como es Lucía. Si se lee la entrevista en totalidad se saca bastante información.


   Te entiendo, por eso inicialmente te hacía la pregunta de forma genérica, referida a la manera en que esos afectos nos condicionan a todos, además de a Lucía. Pero dejemos pues que quienes nos lean contesten según su propio criterio :)
   A ver, Miren… Escalera de Damas es una novela actual. Con mujeres como protagonistas que ya han superado la barrera de los cuarenta…, como yo; dirigida, según hemos dicho antes, a mujeres que todavía no han superado los cincuenta…, como yo; que tienen una actividad profesional fuera de casa…, como yo; que se sienten libres y dispuestas a reemprender una nueva vida… como yo no, jaja; que les gusta viajar y conocer gente y que no solo están abiertas a la llegada de un nuevo amor, sino que además viven el sexo y lo practican de forma liberal, sin que tenga que mediar necesariamente un compromiso afectivo, ni siquiera un sentimiento de amor como tal… En definitiva, mujeres (sobre todo Lucía) actuales y modernas… ¡¿Por qué entonces le pesa tanto el “qué dirán”?! ¡¿Por qué se frena tantas veces planteándose lo que pensarán de ella por hacer tal o cual cosa?! ¿Tan importante es la opinión de los demás cuando una sabe lo que quiere y lo que desea? (Empecé esta charla diciendo que eran inevitables las comparativas, y como a mí en las decisiones importantes nunca me han influido la opinión de los demás y el qué dirán… :) ).


   Lucía no es como tú, ni como yo, ella se ha educado y criado muy diferente a ti y a mí y un medio distinto, aunque existan pasajes donde nos podamos identificar. Tiene prejuicios, pero…y  hasta ahí puedo decir.


   Sí, ya lo veo!! Creo que no nos parecemos en nada, ja, ja, ja!! Pero también está bien, así podemos tener una visión diferente de la vida y de las formas de afrontarla.
   En un pasaje de la novela, el narrador —refiriéndose a Lucía— dice: “Eso es lo que la hacía estar y sentirse divina y diferente, ser ella misma”. Ese “ser ella misma” es una especie de reivindicación que aparece, de una forma u otra, en distinto momentos de la novela. ¿Podríamos decir que es ese el “mensaje subliminal” que tú has querido transmitir con esta historia, la necesidad de autoimponernos el ser nosotras mismas y no permitir que nadie nos coarte esa libertad, y mucho menos nos corte las alas por el hecho de ser nuestra pareja?


   Exacto, ese es el mensaje, lo has captado muy bien.


   ¿Por qué “Escalera de Damas”? ¿Por qué ese título?


   Iba bien va con el argumento y el contenido.


   Y por último, Miren: ¿te han quedado ganas de seguir inmersa en la narrativa después de esta experiencia? ¿Habrá novelas nuevas?


   Me encuentro en plena promoción de Escalera de damas, lo primero es continuar en esta fase, todavía queda mucho recorrido. Después y cuándo haya cumplido con los compromisos existentes todo puede ser posible. Te soy sincera, Pilar, existen diferentes ideas y proyectos pero me tomo mi tiempo. Creo que los trabajos pausados y meditados pueden resultar más eficaces.


   Muchas gracias por todo Pilar, un lujo estar este rato en tu casa, ha sido un paseo muy placentero y delicado. 

   Un beso y hasta otro rato.

   Un placer también para mí. Hasta siempre y mucho éxito!



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1 ene 2016

LECTURAS 2016.



   Uno de enero a mediodía. 

   Después de la fiestecita de anoche -que se prolongó hasta bien entrada la madrugada-, estoy en proceso de vuelta a la normalidad horaria, a la normalidad culinaria, luchando contra una especie de abatimiento -fruto del descontrol y de la pérdida de la rutina-, e intentando encontrar claros en esta cabeza un tanto atolondrada que llevo ahora mismo sobre los hombros. Y lo más que he conseguido ha sido atrapar al vuelo una única idea lúcida en mitad de las nubes: quiero seguir leyendo. 

   Vale, lo admito, es la idea más basica que se puede tener. Intento atrapar otra: quiero leer aquello que realmente me apetezca en el mismo instante de elegir lectura. La cosa ya va mejor, ¿no? Pues sigo haciendo un esfuerzo: no quiero retos (esta ya es tajante y clara, y además, está en consonancia con el título que he adjudicado a este 2016: "El año sin expectativas"). Como decía pues, no quiero retos, ni de cantidad, ni de género, ni de estilo, ni de autores, ni de letras, ni de ciudades, ni de temáticas... Quiero disfrutar al máximo de cada novela que elija y eso, creo, solo podré conseguirlo si me dejo llevar por lo que el cuerpo me pide en cada momento, sin presiones de tipo alguno: leer lento, rápido o de manera convulsiva; a ritmo regular o con altibajos; bestsellers, éxitos literarios, éxitos comerciales o completamente desconocidas; de autores consagrados, principiantes, anónimos o autoeditados; de un género o de otro... Y por supuesto, sin nada que me condicione a la hora de elegir, porque cada momento tiene su novela y cada novela su momento. 

   Pero sí quiero llevar un control de lo que leo, quiero poder hacer un repaso a final de año. Y como yo no dejo opinión en mi blog de todas las novelas que caen en mis manos, solo de aquellas que me han dejado alguna huella por una u otra razón, no puedo hacer balance a partir de esas "reseñas", por lo que he decidido (esta es la primera decisión del año) abrir esta entrada para ir anotando aquí aquello que voy leyendo.

   Como veis, no es este un post en el que os invite a participar de forma directa, es más que nada una reflexión personal. Pero sí que os voy a implicar de alguna manera, bloguer@s y lector@s, porque -si me lo permitís- en aquellas lecturas para las que yo no haga valoración personal en mi blog, pondré el enlace a alguna reseña de la misma que se ajuste, en general, a la opinión que a mí me ha causado, así habrá siempre una referencia a la que acudir. 

   Espero... Nada. No espero nada, jaja. Solo disfrutar de las letras con toda la tranquilidad del mundo.

   Feliz primer día del año!


   LECTURAS 2016:

1. LA TRISTEZA DEL SAMURAI de Víctor del Árbol. (413 pág.)
2. COLMILLO BLANCO de Jack London. (140 pág.)
3. SDP (688 pág.)

4. CUANDO ESTÁBAMOS VIVOS de Mercedes de Vega (519 pág.)
5. JANE EYRE de Charlotte Brontë (507 pág.)
6. EL VIEJO COCINERO O CÉCILE Y LAS ESTRELLAS de Fernando G. Mancha (187 pág.)
7. LA PIEZA QUE FALTABA de Antonia Romero (272 pág.)

8. FDE (300 pág.)
9. TÚ EN LA SOMBRA de Marisa Sicilia (188 pág.)
10. CAFÉ Y CIGARRILLOS PARA UN FUNERAL de Roberto Martínez Guzmán (60 pág). 
11. UN PERRO de Alejandro Palomas (336 pág.)

12. LO QUE ENCONTRÉ BAJO EL SOFÁ de Eloy Moreno (336 pág.)
13. LA VÍSPERA DE CASI TODO de Víctor del Árbol (409 pág.)

14. LOS AMORES PERDIDOS de Miguel de León (624 pág.)
15. EL REGALO de Eloy Moreno (350 pág).
16. MALDITA VERDAD de Empar Fernández (273 pág.)

17. AL OTRO LADO DEL TUNEL de José Miguel Gaona (512 pág.)
18. CAZADORES EN LA NIEVE de José Luis Muñoz (205 pág.)

19. ALICIA Y EL TEOREMA DE LOS MONOS INFINITOS de Mayte Uceda (428 pág.)

20. TODAS LAS HORAS MUEREN de Miriam Beizana Vigo (167 pág.)
21. SIETE LIBROS PARA EVA de Roberto Martinez Guzman (393 pág.)
22. PATAS ARRIBA de Rosario Vila (216 pág.)
23. EL JARDÍN DE LA MEMORIA de Lea Vélez (251 pág.)

24. EHI (230 pág.)
25. EL NOVIEMBRE DE KATE de Mónica Gutiérrez (310 pág.)

26. LA VIDA ERA ESO de Carmen Amoraga (350 pág.)
27. LA FANTASÍA de Asia Lafant (168 pág.)
28. EL PESO DE LOS MUERTOS de Víctor del Árbol (286 pág.)

29. SOMBRAS DE AGUA de Félix G. Modroño (346 pág.)
30. LA MIRADA DE CHAPMAN de Pere Cervantes (396 pag.) 

31. A DESTIEMPO de Sara Ventas (400 pág.)
32. EL AMANTE JAPONÉS de Isabel Allende (350 pág.) 






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30 dic 2015

TOCA DESPEDIRSE.

   Toca despedirse del año que termina, como solemos hacer siempre en estas fechas, muy dadas por cierto a hacer balances para otorgar al año esa calificación de malo, bueno, pésimo o excelente; me recuerda a la típica encuesta de satisfacción de los hoteles que encontramos en la habitación el día antes de marchar. Y no es fácil, ni siquiera objetivo, diría yo, porque más que los acontecimientos pesan las impresiones.

   No estoy yo por la labor de hacer balances de este año que se va. Tal vez porque siempre gusta compartir las buenas sensaciones, la euforia de lo vivido, aquellas experiencias que nos han llenado y que nos han saciado lo suficiente como para escribir su nombre en un lugar de honor. Y no es el caso. Como no es caso detallar las razones que me llevan a tales sentimientos, tal vez porque entiendo que debemos preservar una cierta intimidad a nivel personal, profesional o de aficiones. Dejémoslo pues en ciertas pérdidas penosas, en expectativas no cumplidas, en promesas disipadas, en reveses imprevistos..., qué se yo. Pero 365 días dan para mucho y siempre pueden ser rescatados momentos inolvidables, como el que sumerge la caña en un río de aguas turbias para extraer de él aquellas piezas que merece la pena conservar. Y con ellos me quedo mientras digo adiós y entorno la puerta para volver a abrirla a un amanecer nuevo. 

   No espero nada de este año que ahora empieza. Mañana, a las doce de la noche, pondré el pie en un 2016 que se presenta ante mí como una tábula rasa, sin nada escrito en él, sin nada a la vista. Y me alegro. Porque nada puede decepcionarte cuando nada esperas. Habrá que construirlo. Vivirlo tal cual llegue. Moldear cada minuto para que se adapte en lo posible a lo que me pueda satisfacer. Y así, cualquier pequeño logro, cualquier alegría, cualquier momento de placer, cualquier progreso inesperado lo disfrutaré más que nunca, estoy segura. Eso sí, me gustaría conservar a ese elenco de amig@s que son para mí la familia elegida, a es@s íntim@s que tanto me han apoyado, me han empujado, me han animado a seguir adelante, con l@s que he compartido momentos de risas, de lamentos, de enseñanzas, de conversaciones triviales que nos han hecho ganar una confianza que por nada del mundo me gustaría perder. Y a quienes me han acompañado siguiendo mis letras. A mí familia de sangre la sigo teniendo. 

   Cojámonos de la mano y traspasemos esta puerta que ahora se abre, con toda la ilusión del mundo, con la mayor de las esperanzas, con la confianza plena de que lo malo (si lo hay) pasará y la luz nos inundará de nuevo. Y si tú no te quedaste a oscuras en ningún momento de 2015, sigue gozando de este como si fuera una réplica o una continuación sin más; ni siquiera digas adiós, sino hasta luego, haciendo la pausa justa para comerte las uvas como si fuera el postre de una cena cualquiera de un día cualquiera. Y sigue caminando. 

   Feliz 2016!! Que el año os sonría abiertamente y no deje de hacerlo hasta el final.

   Un besazo para tod@s!!


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20 dic 2015

RELATO: "BATALLAS".

   Sus palabras de hielo me queman, bullen en mis oídos alertados por el tono de su voz. Yo callo. Y espero. Paciente. Hasta ver cómo el piso se inunda con sus vocablos irascibles, convulsos, lanzados contra la nada, contra todo y contra todos. Contra mí. Respiro. Y elijo mis armas. Como buena estratega.
   Me acerco a él, en silencio, con la mirada baja, arrastrando el paso con lentitud. Rodeo su cuerpo y me sitúo a su espalda. Y poso una mano en su cintura con suavidad. Me ignora, continúa con su circunloquio ininteligible para mí. Pero no me detengo. Rozo sus dorsales con mis senos y los hago oscilar, para que los sienta tras él. Apenas una caricia, una insinuación, y sus palabras frenan su ritmo, se vierten con intensidad menor. Avanzo unos centímetros, me aprieto un poco más. Deslizo ambas manos para rodearlo, abrazándolo con parsimonia, mientras mis labios humedecen su nuca. Puedo sentir en ellos cómo su garganta vibra para que nazca su voz, aún irritada, pero más apaciguada. No me rehúye, no se mueve. Se deja hacer, absorto en su queja constante que ya casi no gira en torno a mí. Él reclina su cabeza apenas nada, pero lo hace, para acoger el beso que dejo reposar en su cuello. Y yo insinúo una pequeña sonrisa victoriosa ante la muestra de debilidad del guerrero. Aún así, no quiere callar. Se resiste a mantener silencio. Y continúo la lid. Inicio la travesía con mi mano abierta, hacia adelante, bordeando su cadera hasta arribar a buen puerto, entre sus piernas. Masajeo. Paro. Observo. Y escucho. Su lenguaje espaciado y su afonía incipiente me alientan a continuar. La ofuscación se va transformando en deseo. Y su ímpetu y su fuerza decrecen a medida que aumenta el grosor de su miembro más descerebrado, el único que burla órdenes superiores, que tiene autonomía propia... El único capaz de hacer que se desvanezcan los pensamientos cediendo a los impulsos el timón de mando. Su mutismo es absoluto cuando echa sus brazos atrás, estrechándome aún más contra él para alcanzar mis nalgas. Mi pelvis se encaja bajo las suyas, mis dedos bucean ahora en su pantalón, y un vaivén comienza, adelante y atrás, como indicativo evidente de lo que les pide hacer para aliviar su tensión. Ya solo escucho un susurro, camuflado entre inspiraciones y espiraciones excitadas. El guerrero capitula. Despojado de poder como antaño ocurriera a Sansón a manos de otra mujer. O a Aquiles. Alcanzado de muerte en su punto débil.

   Son absurdos los combates cuerpo a cuerpo, los enfrentamientos con las mismas armas. La estrategia usada con inteligencia nos permite detectar la vulnerabilidad del enemigo. Y llevarlo a la rendición o darle muerte sin haber entrado a batallar siquiera.
   Ya estoy preparada. Ya puedo hacer de nuevo lo que me venga en gana.
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7 dic 2015

RELATO: "MI AMIGO, MI COMPAÑERO."

  Adivino que todos se han marchado. El sonido sordo, leve, tímido de la puerta al cerrarse acalla y hace enmudecer la estancia en la que nos encontramos. Él y yo. A solas. Lo observo desde el rincón en el que estoy sentada, y una especie de hoquedad en mi estómago se abre paso de forma descontrolada como indicio inminente de la ansiedad que me invade al verlo llorar. No sé qué hacer. Mi sentido del decoro, del respeto a su señal de duelo por la muerte de su padre me advierten que debo guardar distancia. Es mi compañero, mi amigo. Aunque lo ame en silencio hasta partirme el alma, nunca trascendí al sentido de esas dos palabras. O tal vez sería más acertado afirmar que él nunca permitió que transcendiera. Jamás adiviné un resquicio de amor en su forma de mirarme, de hablarme, de rozarme las manos cuando cruzamos papeles o comentamos facturas de índole laboral. ¡Cuánto hubiera dado por cruzar miradas, afectos y algún que otro beso al aire libre huido de las mejillas para terminar recalando en la comisura de mis labios, que me permitiera apreciar la piel suave que los recubre, la calidez del aliento que desemboca en ellos como un soplo ardiente que invita a la excitación, la humedad sutil de su lengua próxima al exterior, amenazando deliciosamente con traspasar sus fronteras para invadir los recodos de mi boca lenta y suavemente! Pero sus ojos nunca me hablaron de amor. Nunca llegué a apreciarlo así.
  Miro mi reloj y lo miro a él. Está deshecho, y las horas que restan hasta marcharse a dormir, si es que puede sucumbir al sueño, le van a resultar dolorosamente interminables. Sus manos angulosas, fuertes, recogen su cabeza con los dedos entrelazados en su cabellera oscura y ondulada. Tiene la vista clavada al suelo y me resulta imposible apreciar de cerca el atractivo de su rostro, aunque no lo necesito porque lo recuerdo a la perfección, cada rasgo, cada gesto, cada pequeña arruga remarcando su expresión al sonreír, al hablar, al explicarse con su elocuente apertura de ojos que me embauca hasta bloquearme. Cientos de noches evocando su rostro, su cuerpo, adivinando la anatomía de lo prohibido, de sus rincones deseables que tan sólo quedarían expuestos en una intimidad que no tenemos. Esos cientos de noches soñando con él me permiten ahora dibujarlo a ciegas, desearlo a ciegas, ansiarlo hasta notar un escalofrío trepando por mi espalda para erizarme la nuca.
  Avanzo despacio y tomo asiento junto a él para que sea consciente de mi presencia, para que la soledad que pueda ahogarlo en un momento tan triste se esfume y le haga recobrar algo de aliento, de complicidad emocional aun sin palabras. Dejo caer mi mano sobre su brazo desnudo, apenas rozando su cálida piel, como señal inequívoca de que estoy dispuesta a compartir el dolor que quiera dejar escapar esta noche para soportarlo a medias, y me inclino ligeramente hacia adelante buscando su rostro perdido. Él gira la cabeza y clava sus ojos vidriosos, brillantes y profundos en los míos, fijamente. Algo extraño me recorre el cuerpo. Me intimida. Siento que su mirada traspasa mis pupilas como si quisiera arañar mis pensamientos más íntimos, aquellos que yo guardo celosamente en los recodos inaccesibles de mi mente. Entonces, un temblor intermitente, perceptible en su barbilla y en sus ojos me advierte que está próximo a desmoronarse. Los míos se enturbian. Mis ojos se humedecen y abro los brazos para acogerlo, necesito consolarlo. Si es que me lo permite. Y arranca a llorar como jamás pensé que pudiera hacerlo al tiempo que hunde su rostro en mi pecho buscando el refugio que le ofrezco.
  Lloro con él, meciéndolo para llevarlo a la calma, mientras noto una de sus manos posada sobre mi espalda y la otra en mi muslo sin el menor rubor. Me siento flotar. Saber que se ampara en mí como su mejor amiga para calmar su ánimo hundido me hace sentir placer y satisfacción. Me embarga un sentimiento maternal durante un tiempo que me parece largo y particularmente entrañable. Sus lágrimas derramadas se adentran por el escote de mi camisa y las noto discurrir entre mis pechos humedeciendo mi ropa interior. Miro discretamente hacia abajo, hacia mi propio cuerpo y percibo el brillo de los fluidos lacrimales que lo empapan, notando la blusa mojada pegada a mi piel. Acaricio su pelo rezando por que no se separe, apretándolo sutilmente contra mí para percibir la calidez de su aliento y de su boca entrebierta bajo mi cuello. Los acordes de una melodía lejana traspasan los muros vecinales incitándome a cerrar los ojos para disfrutar intensamente del resto de mis sentidos. Las notas musicales parecen soterrar sus sollozos, ahora soy incapaz de oirlos, no acierto a saber si ha dejado de llorar. Tal vez sí.
   Su mano asciende lentamente y en silencio por mi muslo y lo recorre varias veces, mientras su boca baja unos cuantos centimetros en dirección a la confluencia de mis senos. Me quedo quieta y un temblor ligero doblega mis piernas. Me siento desconcertada, confusa. Una de sus manos acaricia mi espalda con las yemas de sus dedos, ascendiendo por todas y cada una de mis vertebras, provocándome una descarga eléctrica que eriza el vello de mis brazos mientras la otra mano traspasa la frontera de mis caderas  y recorre mi cintura para acabar posándose bajo mi pecho. No sé cómo reaccionar. Mi estómago hace tiempo que inició un baile imposible de detener, no sé bien si como fruto de mi excitación o es que me siento avergonzada como una adolescente transgrediendo las normas morales que le han sido impuestas. Hago un esfuerzo por recordarme que él es mi amigo, mi compañero al que veré mañana sentado en un despacho a escasos metros de donde el mío se ubica, y me obligo a hacerlo parar porque sé que no es un sentimiento de amor el que motiva sus actos. Pero me rebelo. Lo noto junto a mí y siento estar tocando el cielo. En un último instante de duda su mano asciende apenas dos centímetros y su dedo pulgar se eleva recorriendo mi pecho con un suave vaivén que endurece mis pezones en respuesta inmediata al placer que me suscita. Escucho cómo su respiración se detiene y deduzco que me está dando tiempo para reaccionar, para retirarme, para impedirle seguir. Pero no lo hago, no deseo hacerlo parar. Cojo su mano con tacto, con dulzura y la dirijo hasta los botones de mi camisa que él no duda en empezar a soltar mientras recobra la respiración perdida, ahora más acelerada. Libera uno, dos, los tres primeros, y aparta la tela hacia los lados para dejar a la vista la redondez de mis senos húmedos por el paso de sus lágrimas saladas. Comienza a besarlos, tratando de borrar sus propias huellas con sus labios, aspirando el aroma que mana de mi piel y que deseo que le haga marear como a mí el suyo. Su mano posterior, la que acaricia mi espalda, se acelera y comienza a clavarme ligeramente las uñas mientras yo correspondo acariciando su torso y sus brazos con miedo a hacerlo marchar, a que reaccione y se pregunte qué demonios está haciendo ahora conmigo, rompiendo así el hechizo que comienza a provocar discontinuos y subyugantes calambres en mi entrepierna.
   Recobra la maniobrabilidad de ambas manos y termina de abrirme la camisa desplazando hacia abajo mi ropa interior, dejando mis pechos al descubierto de forma lenta y paulatina a medida que su lengua recorre su anatomía centímetro a centímetro hasta llegar al contorno de la areola erizada y endurecida, y comienza a lamerlos al compás de mis primeros gemidos, que escapan irremediablemente para perderse en la atmósfera densa que acaba de crearse donde antes creí imposible que sucediera nada.
   La presión de su rostro sobre mi pecho me doblega, me hace caer hacia atrás posando mi espalda a lo largo del sofá. Mi pulso acelerado grita, aclama en silencio que continúe, que me lleve hasta el limbo de las sensaciones a voluntad plena. El botón de mi pantalón se suelta y aflora el encaje blanco y estrecho de mis braguitas, dándole la bienvenida a unas manos que no son las mías, y que están próximas a acoger la parte de mi anatomía que está a punto de desaguarse. Él se libera de su camiseta estrecha y me muestra el torso que apenas conocía por intuición. Suspiro profundamente bendiciendo el momento en que se marcharon todos favoreciendo este encuentro.
  Cuando sus manos sujetan mis caderas, elevándolas para dejar palpable mi completa desnudez que él está a punto de saborear, pienso que todo debe ser un sueño, que no puede ser real una emoción tan fuerte, tan intensa dentro de mí que me está haciendo estremecer por un deseo sublime de que me posea, en cuerpo y alma, día tras día, minuto tras minuto. Y así es. El sonido agudo y repetitivo de la alarma de mi teléfono móvil me devuelve a la realidad. La de la vida cotidiana. La de mis mañanas sola. La de mi trabajo rutinario cerca de quien despierta en mí sueños sublimes como el que acabo de tener. Que no resulta ser el primero. Y preveo que tampoco el último.
 © Pilar Muñoz - 2013

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4 dic 2015

RELATO: "EL REENCUENTRO".

 

    La vida nos ha devuelto la libertad. A él y a mí. Relaciones frustradas que el destino preparó para nosotros, para que nos pudiéramos volver a encontrar. Nada en los últimos años ha provocado en mí tanta emoción como verle de nuevo, encontrarme con él en este local emblemático que ya frecuentábamos cuando la música juvenil zumbaba en nuestros oídos. Cuánto he odiado a María en todo este tiempo por arrancarme de allí en el mejor momento, cuando los ojos de él me invitaban a intimar. Sí, con él. Con el chico de mis sueños. No tuve tiempo de responderle cuando me preguntó, con chispas en las pupilas, si quería acompañarlo. Me hice aguas. Y con ellas me ahogué en casa, en un llanto de rabia que me dejó erosionado el corazón por muchos años.
      Lo miro en la distancia, preguntándome lo que sería yo para él entonces; si un pasatiempo como las demás al que olvidar en pocos días. Y me da miedo acercarme. Que rompa con su desmemoria la imagen idolatrada del amor platónico que he sentido cada minuto desde el momento en que le perdí. Ni siquiera sé lo que dejamos de hacer; aunque siempre teñí de romanticismo lo que terminó por convertirse en un sueño irreal. Daría lo que fuera por hacer retroceder el tiempo, por chascar mis dedos y reaparecer en la escena inconclusa de antaño. Todo se esfuma a mi alrededor en este instante, me invade esa estampa como una postal de recuerdo, con un retrato de nosotros dos.
      Él eleva la vista y me sobresalto cuando se cruzan nuestras miradas. Frena en seco la cucharilla con la que hacía girar el café bajo su gesto absorto. Y se estira en la silla, retrepándose. Aspiro el aire nostálgico que emanan sus ojos cuando se clavan en mí, y me derrite la sonrisa plácida y elocuente que me dedica. Se acuerda de mí. Y yo me emociono. Una mueca nerviosa reemplaza la mudez de sus labios y son sus manos las que me ofrecen la silla vacía que le acompaña. Intuyo que no sabe si levantarse y besarme, si saludarme con formalidad… Pero me da lo mismo. Se siente igual de emocionado que yo y eso me basta para hacerme olvidar quién soy y la edad que tengo, para inducirme a hacer una locura sin que me sienta ridícula. Quiero reanudar nuestro encuentro donde lo dejamos, necesito saber lo que pudo haber pasado. Y no quiero confesiones. Sino hechos.
      Me separo el cabello a ambos lados y lo recojo de manera informal en dos coletas bajas, dejándolas caer sobre mis hombros. Abro el botón superior de mi blusa y pellizco mis mejillas para devolverle el rubor que sentía entonces. Y me desprendo del anillo de casada que aún luzco por dejadez. Una sonrisa espontánea le hace agachar la cabeza, sorprendido por mi actitud. Pero luego vuelve a mirarme y se recoloca en su asiento, recomponiendo el gesto, decidido a seguirme el juego. Veo las chispas reaparecer. Y suspiro por dentro.
      Me siento a su lado con timidez y comienzo a juguetear con mi pelo, sin atreverme a sostener su mirada. Como entonces. Y reanudo la conversación,  preguntándole con un deje de romanticismo en la voz:
      —Acompañarte… ¿adónde?
      —Donde podamos estar solos, tú y yo. Hay demasiado ruido aquí. Y gente. Demasiada gente —responde espontáneamente.
      La yema de su dedo recorre el dorso de mi mano  y un dulce frío me sacude la espalda.
      —¿Quieres que hablemos? —pregunto con la ingenuidad de aquel tiempo.
      Él sonríe con malicia y se muerde los labios.
      —No precisamente.
      —¿Por qué yo?
      —Me gustas.
      —Las otras chicas, también —le insinúo, acomplejada por el desparpajo que ellas lucen y que yo no tengo.
      —Me gusta tu boca. Y la forma en que me miras. Es… diferente.
      Ahora su dedo recorre mis labios con sutileza y centra su vista en ellos. Noto un pellizco dentro y un sentimiento inocente me sobrevuela. Me agito como una jovencita boba.
      —Tú también me gustas —acierto a decirle con un hilo de voz—. Aunque… no sé. Igual piensas que soy una niñata infantil, pero no quiero que te des el lote conmigo y luego vayas por ahí pavoneándote de lo que me has hecho sin volver a mirarme más.
      —No te haré nada que tú no quieras. Esperaré si me lo pides.
      Vuelvo a hacerme aguas ante la sinceridad de su voz, de sus ojos. Mi corazón palpita, me pregunto si será capaz de acompañarme ahora, en este mismo momento, quince años después. Me acerco a su rostro con lentitud y pongo un suave beso en su boca. Y él me corresponde, posando sus manos sobre mi cuello. Pierdo la noción del tiempo, no sé en qué época estoy.
      —Tengo que decirte algo —susurro, a escasos centímetros de él, observando su gesto interrogante mientras yo mantengo el mío azorado, sumida en mi papel—. Yo es que…, aún soy virgen.
      Arrancamos a reír y el aura se rompe, vuelven los ruidos de la máquina del café, de las cucharillas en los platos, de la petición de las comandas, de los comensales charlando… Nos quedamos en silencio. Mirándonos. Visiblemente nostálgicos. Hasta que él se levanta y me tiende la mano, invitándome de nuevo a acompañarlo.
      —A dos calles de aquí hay un hotel precioso, con un encanto especial —me dice, seduciéndome e iluminando a un tiempo mi vida entera. Y a continuación, sonríe jocoso—. Prometo hacértelo despacio… para que no te duela.

 © Pilar Muñoz - 2015


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