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2 may 2015

"LA NOVIA DE PAPÁ" de PALOMA BRAVO.

   Todo sucede por amor: Sol ha conocido a Pablo, el hombre perfecto, cariñoso, independiente y padre de dos niñas, una de 11 años y otra de 8. A Sol, directora creativa de una agencia publicitaria, le encanta disfrutar de su libertad, pero la relación evoluciona hasta que un buen día la pareja toma la decisión inapelable de vivir juntos. A partir de entonces comienza una nueva vida en la que su rol con las hijas de Pablo, inteligentes, coquetas y adorablemente perversas, quedará en entredicho: ¿madre, madrastra, la novia de él? Con las madres pijas de las compañeras de las niñas, con los cumpleaños de las niñas, con las discusiones y las preguntas impertinentes de las niñas, o con la bruja de la madre revoloteando siempre alrededor. Para nuestra protagonista, tan moderna y tan independiente, la vida, decididamente, ya no volverá a ser la misma.


   Hace años, la familia nuclear típica y mayoritaria estaba formada por la pareja casada en santo matrimonio y los hijos nacidos de él. Hoy en día la situación ha cambiado tan drásticamente que podemos encontrar combinaciones para todos los gustos: familias clásicas, monoparentales, viudos, separados y divorciados sin o con hijos que se suman a los del respectivo forzando una convivencia entre pareja, hermanastros, padrastros, madrastras, ex en sus múltiples vertientes y parientes de lo más variopinto; obligados todos ellos a entenderse, odiarse, convivir o evitar verse, a disfrutar o padecer de su compañía, de sus mangoneos, de sus consejos solicitados o esquivados, de sus carácteres similares u opuestos e insufribles que han de tragarse como el aceite de ricino, sin protestar por el amor proferido a quienes han decidido unirse. 

   La sinopsis de "La novia de papá" prometía conflictos de este tipo (o yo lo entendí así), contados tal vez en clave de humor, en un tono hilarante que te hiciera sonreír al tiempo que mostraba la estampa "real" -y complicada- de lo que supone acoger en tu vida a dos niñas casi en plena adolescencia sin haberlas parido, sin tener un papel claro sobre ellas, lo cual te impide adoptar el rol de madre y educadora, pero exigiéndote a un mismo tiempo el compromiso de no considerarlas ajenas a ti, sino dependientes de tu tiempo, de tu estilo de vida que habrás de cambiar, de tus modales o de tus decisiones vitales. Y por eso la elegí. Porque esperaba encontrar ese trasfondo conflictivo, pero sin dramatismos ni emociones desorbitadas. 

   Sin embargo, no ha sido así. No he encontrado lo que esperaba. ¿Significa esto que estamos ante una mala novela? Pues no. Simplemente no ha cubierto todas mis expectativas, pero creo que de eso no se puede culpar a su autora, porque esas expectativas se las crea cada cual de manera personal. Las niñas sobrevenidas a la vida de Sol (la protagonista) han alterado su existencia y su forma de vivirla, pero no han causado los conflictos que yo esperaba (de pareja, de aceptación entre las pequeñas y ella misma, de celos por usurpar el rol de su madre, de convivencia entre Sol y la ex de su novio, de intereses familiares...) Y si se han producido, estos han sido resueltos con tanta rapidez y de una manera tan abnegada y dispuesta por parte de Sol, que apenas puedo considerarlos como tales. Ni siquiera la madre de las pequeñas me ha parecido tan bruja como expone la sinopsis, aunque tal vez ella sea, bajo mi punto de vista, el personaje menos coherente de la novela, el que presenta una forma de ser y de obrar menos consistente según mi criterio de madre (no se pueden sacar las uñas para defender el futuro de tus hijas, su bienestar y todo lo que les concierne y por otro lado, no tener remilgos en delegar que sea la novia de tu ex marido la que viva con ellas las experiencias más significativas y que más marcadas quedaran en su mente y en sus recuerdos, aunque tampoco puedo afirmar que no existan madres así).

   Resumiendo: "La novia de papá" es una novela escrita con un lenguaje desenfadado, muy adecuado al género y estilo en el que se engloba. Entretenida, amable, agradable de leer, tierna y hasta emotiva a veces, que te arrancará una sonrisa con las ocurrencias de las pequeñas y que hará que te sientas identificada con muchas de las situaciones que describe si tienes hijos. Una novela simpática que te mantendrá alejada de las preocupaciones y de las penas por un rato, aunque sin muchas más pretensiones. 

   Como último apunte, decir que yo, más que "La novia de papá", la habría titulado "Las hijas de mi novio" (aunque no suene demasiado bien), porque ellas son las verdaderas protagonistas y el motor de la historia. Más que Sol. 

    


6 abr 2015

"UNA MADRE" de ALEJANDRO PALOMAS.


El retrato de una ciudad acogedora y esquiva a partes iguales, de una familia unida por los frágiles lazos de la necesidad y del amor y la mirada única de una mujer maravillosa en un momento extraordinario.
Faltan unas horas para la medianoche. Por fin, después de varias tentativas, Amalia ha logrado a sus 65 años ver cumplido su sueño: reunir a toda la familia para cenar en Nochevieja. Una madre cuenta la historia de cómo Amalia entreteje con su humor y su entrega particular una red de hilos invisibles con la que une y protege a los suyos, zurciendo los silencios de unos y encauzando el futuro de los otros. Sabe que va a ser una noche intensa, llena de secretos y mentiras, de mucha risa y de confesiones largo tiempo contenidas que por fin estallan para descubrir lo que queda por vivir. Sabe que es el momento de actuar y no está dispuesta a que nada la aparte de su cometido.
Un cartel luminoso que emite mensajes desde una azotea junto al puerto, una silla en la que desde hace años jamás se sienta nadie, una Barcelona de cielos añiles que conspira para que vuelva una luz que parecía apagada, unos ojos como bosques alemanes y una libreta que aclara los porqués de una vida entera… Una madre no es solo el retrato de una mujer valiente y entrañable, y de los miembros de su familia que dependen de ella y de su peculiar energía para afrontar sus vidas, sino también un atisbo de lo que la condición humana es capaz de demostrarse y mostrar cuando ahonda en su mejor versión.


   Hace tiempo que aprendí que el argumento escrito de una novela no aventura con acierto lo que encontraremos en ella. Ni siquiera el mayor o menor interés que despiertan las líneas de contraportada se corresponderán necesariamente con lo que nos deparará su lectura completa. Argumentos que requieren un verdadero ejercicio de síntesis para concentrar todo cuanto acontece pueden dar lugar a historias plagadas de sucesos sin interés, sin gancho; por el contrario, novelas en apariencia insulsas que pueden resumirse en un pequeñísimo párrafo pueden dejarte huella, a la vez que no dejarte parar de leer. Si alguien me preguntara "¿de que va 'Una madre'?", tendría dos opciones: decirles que gira en torno a la reunión familiar organizada por Amalia para la cena de Nochevieja y a las múltiples confesiones y secretos que nos desvelará de cada uno de sus miembros (resumen que no me convence nada), o decirles directamente "¡léela!". Sin duda alguna terminaría decantándome por la segunda opción, porque ningún resumen, por bueno que sea, haría justicia a lo que la novela esconde, a lo que transmite, a lo que despierta.
    El encanto de lo cotidiano, de lo trivial, tal vez de lo común vuelve a alzarse como elemento fuerte de una historia. Sorprende descubrir que mucho de lo que hemos vivido, experimentado, sufrido, disfrutado o pensado, también ha estado presente -y está- en las vidas de otros muchos de cuantos nos rodean, siendo más habitual de lo que creemos. Y eso nos convierte en protagonistas indirectos de la historia al vernos reflejados en los personajes que se nos presentan, hermanándonos en cuando a vivencias, situaciones, sentimientos y forma de pensar, lo cual consigue atraparnos en su lectura con muchísima eficacia.
    Alejandro Palomas hace uso de una narrativa muy ocurrente, que va oscilando entre un tono emotivo y otro hilarante para presentarnos a unos personajes descritos, en su mayor parte, atendiendo más a sus hábitos y a sus costumbres -pintorescas algunas- que a su físico o a su carácter, y para darnos a conocer a una madre perfectamente perfilada desde el principio. Desde que Fer (su hijo) comienza a hablar de ella en las primeras páginas, la ves, intuyes cómo es hasta identificarla con ese estereotipo de madre entrañable de cierta generación, inocente, sufridora, imprevisible, ingenua pero no tonta, espontánea, inmersa en su propio mundo sin dejar de otear en ningún momento el horizonte para vigilar a su prole, con sus propias preferencias y pretendiendo que los demás analicen y vean las cosas según su prisma y su gama de colores, una madre en ocasiones encantadoramente irritante. 

   Creo que sobra decir que he empatizado plenamente con Amalia a través de la imagen de mi propia madre. Me he emocionado con ella, he reído con muchas de sus ocurrencias y he sonreído por dentro al identificar sus dichos, su forma simple de ver la vida -sin demasiados dobleces-, con el cartel de "¿en qué puedo ayudarte?" colgado en la frente para todo y para todos, conciliadora y mediadora incansable para mantener unida a una familia en la que impera la diversidad de caracteres y en la que la irrupción de "extraños", de ajenos a su sangre y a sus costumbres aporta aún más perspectivas, actitudes y opiniones distintas por conciliar. Y es que es ahí donde radica la grandeza de una madre, en su capacidad para traer hijos al mundo a los que tendrá que cuidar acortando o alargando los hilos que la unen a ellos a medida que su grado de madurez e independencia aumenta, pero sin llegar a soltarlos nunca, entretejiendo una trama invisible que los mantenga a todos unidos sin que se note y procurando observar sin ser vista, aconsejar sin ser oída, ayudar sin sujetar a nadie, empujar sin que exista un solo roce... Así es Amalia. El autor ha sabido crear, a través de sus actitudes y palabras, la imagen de una madre que intuye, que aunque parezca estar en su mundo no deja de ver, de analizar, de usar un sexto sentido y un lenguaje sin palabras que rara vez falla. Una madre que aplica sus eficaces remedios nacidos de la experiencia, de ese método de aprendizaje por "ensayo y error" tantas veces practicado que se convierte en una garantía de acierto mayor que el de cualquier profesional.
    No suceden grandes cosas a lo largo de las doscientas cuarenta páginas de la novela. Pero porque ésta no es una historia de sucesos importantes, de acontecimientos, de intrigas..., es la historia de una estampa, la de una familia como cualquier otra; una estampa de relaciones entre sus miembros donde se conjugan diferentes caracteres, costumbres, temperamentos, sentimientos, emociones, formas de pensar, de ver la vida, de afrontar los problemas y de sortearlos, bajo la premisa de mantenerse unidos pese a todo. Y es ese entramado psicológico y la forma de interacción entre sus miembros con la madre al frente los que cobran protagonismo por encima de lo que les ocurre, anecdótico en muchos casos.
    Lamento profundamente haber caído en el error común de que una portada me echara para atrás a la hora de comprar la novela y leerla; siendo sincera he de confesar que me molestaba -y me sigue molestando- ver la imagen de esa mujer escondiendo el rostro tras un cúmulo de flores en una composición forzada, bajo mi personal y subjetivo punto de vista, sin que haya logrado entender aún su significado, metafórico supongo. Y digo que lo lamento profundamente porque de no haber sido por las críticas altamente positivas vertidas por la blogosfera en su campaña de promoción me habría perdido esta joyita de Alejandro Palomas tan bien escrita, que te hace reír, sonreír, llorar, emocionarte y reflexionar a partes iguales.


    "Una madre" es una novela de relaciones y de sentimientos. Y no es una novela de "personajes", porque no lo parecen, son tan reales que se convierte en una historia de personas como tú, como yo, como nuestro hermano o nuestra madre..., es decir, de seres humanos en toda su extensión compartiendo una familia tan real que da miedo, porque sus defectos, sus virtudes, sus lazos de unión que se quiebran para volver a unirse antes de que lleguen a romperse son los de muchas de nuestras propias familias. Esta novela es como verse a una misma desde fuera, desde un plano superior en el que pueden apreciarse los detalles que nos pasan desapercibidos de tan cerca que los tenemos. Y es un canto al respeto, a la comprensión, a la empatía mutua, a la supremacía del amor por encima de la naturaleza de cada cual -sobre todo al amor incondicional de una madre por sus hijos-, y a la superación como requisito indispensable para vivir la vida con plenitud.

Lecturas 2018.

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