25 jul 2016

CHARLA CON LA ESCRITORA MAYTE UCEDA.


Mayte Uceda (Asturias, 1967) publicó en 2013 su primera novela, Los Ángeles de La Torre, un romance con tintes paranormales que tuvo una excelente acogida entre los lectores. Su segunda novela, Un amor para Rebeca, que vio la luz en 2014, se mantuvo durante más de sesenta días consecutivos entre los diez e‐books más vendidos de Amazon y ha sido traducida al inglés y al alemán por AmazonCrossing. Después de vivir durante seis años en Madrid, regresa a su Asturias natal, donde vive actualmente con su marido y su hijo en un privilegiado enclave de la costa asturiana.


   Hola, Mayte, bienvenida a esta casa, todo un placer tenerte aquí!! 

   Quiero comenzar diciendo que ya hace al menos tres años que tu nombre empezó a serme familiar gracias a algunos amigos comunes que ambas teníamos en Facebook. Y comencé a saber de ti en esa etapa en que la llamada, por entonces, Generación Indi luchaba por hacerse un hueco en el mundo literario con la autopublicación de sus novelas en Amazon, ayudándose mutuamente para poder destacar entre los cientos y cientos de publicaciones que las editoriales convencionales vertían casi a diario en la plataforma. En aquel tiempo, la novela que tú tenías publicada era Los Ángeles de la Torre, pero fue con la llegada a Amazon de tu segunda novela, Un amor para Rebeca, cuando ya pude conocerte como escritora.
   Recuerdo que leí Un amor para Rebeca a finales de 2014, y me gustó, me gustó mucho. Y lo que también me agradó fue comprobar que por fin empezaba a romperse el tópico de la falta de calidad en la autoedición, como tanto se andaba predicando desde determinados sectores, porque, aunque no todo era bueno —efectivamente— , sí que empezaban a publicarse obras, como la tuya, que merecían ser leídas tanto como cualquier otra vendida en las librerías. Y la prueba está a la vista, yo creo que el tiempo nos ha dado la razón, porque "Un amor para Rebeca" lleva ya muchísimo tiempo en el Top 100 general de Amazon y en los primeros puestos del Top de su categoría, además de ser bestseller en digital en Alemania, ¿me equivoco?


   No te equivocas, y a día de hoy puedo decir que soy una autora con más lectores en Alemania que en España, algo que me apena en cierta manera porque te das cuenta de lo poco que se lee en España. En cuanto a la calidad de los libros autoeditados tengo que decir que ha mejorado mucho en los últimos dos años. Los autores se están esforzando bastante para ofrecer obras que puedan competir en un mercado que crece cada año. Cada vez se autoeditan más libros, y la única forma de sobresalir es ofreciendo un producto competente y de calidad.
 

   Te doy toda la razón. Y esa calidad, además, creo que debe estar presente en todos los aspectos de la novela, no solo en lo que hay entre sus tapas.
¿Sabes lo que llevo preguntándome a lo largo de todo este tiempo, al hilo de lo que estamos hablando? Cómo es posible que ante el éxito de crítica y de descargas que ha tenido Un amor para Rebeca desde que la publicaste, no haya habido ninguna editorial que la haya rescatado de ahí para editarla en papel y darle el lugar que merece. Aunque, bueno..., igual ha habido alguna oportunidad y yo no lo sé, jajaja.

   Vas bien encaminada. Hasta ahora ninguna editorial en España se ha interesado en publicarla, y no es algo que me inquiete o me moleste porque me gusta la autoedición y además conservo los derechos de la novela en español. Fue Amazon Publishing la que enseguida vio el potencial de la novela, y al mes de su publicación me ofreció la posibilidad de traducirla al inglés y al alemán. Y ya van más de 30.000 lectores, la mayoría en Alemania. Un amor para Rebeca es una novela que se desarrolla en Escocia, y coincidió, sin yo pretenderlo, con el lanzamiento televisivo de un viejo bestseller como es la saga “Outlander”, de Diana Gabaldón y que puso a Escocia de nuevo en el candelero. Parece ser que, de repente, todo el mundo quiere leer novelas ambientadas en las Highlands escocesas.

   Con lo cual, todavía me lo explico menos, porque esto también podría haberle servido a las editoriales como publicidad gratuita... En la red he podido leer que Planeta se puso en contacto contigo, precisamente, a raíz de haberte conocido por esta novela. Pero, por lo que acabas de decir, entiendo que tampoco este sello contempló en ningún momento la posibilidad de publicarla. ¿Tan importante era que la novela fuera inédita? Lo digo porque ambas sabemos que otras editoriales han apostado por novelas que ya habían sido publicadas en Amazon y estaban funcionando bien...

   Que tu novela se posicione en los primeros puestos de una plataforma como Amazon te da visibilidad, y no cabe duda de que las editoriales rastrean y conjugan datos. Si bien es cierto que Un amor para Rebeca me dio esa visibilidad, fue Los Ángeles de La Torre la que se estaba leyendo mi editor cuando contactó conmigo. Hablamos sobre nuevos proyectos, nunca sobre mis novelas ya publicadas. Querían un producto inédito, y se ofrecieron a valorar mi siguiente novela, de la que ya se habían leído el comienzo y un argumento detallado.

   Los Ángeles de la torre es una novela de fantasía juvenil. Con Un amor para Rebeca te pasas a la romántica adulta. Y en Alicia y el teorema de los monos infinitos (tú última novela publicada por Planeta) te sigues manteniendo en el género romántico pero con tintes de humor, con una forma de contar la historia más desenfadada y menos seria que en la anterior. ¿Crees que este pequeño cambio de registro hace que la novela se adapte a otro tipo de público lector? ¿O el lector de romántica lo suele ser en todas las variantes del género?
 

   No tengo claro si el lector de romántica lo es de todos los subgéneros. Yo como lectora sí lo soy, y puedo pasar de una novela ligera a una más profunda y sentimental. De todas formas, aunque Alicia y el teorema esté escrita de una forma más desenfadada, también tiene una carga importante de emociones, situaciones tensas y dramáticas, pero al estar narradas con cierto sentido del humor, el impacto en el lector es menor. Si yo te cuento que se murió mi gato Pinky, posiblemente te pongas triste, —si eres una de esas personas empáticas—, pero si te cuento que mi gato se murió porque vivía al límite y le encantaba mearse en la caseta del pitbull de mi vecino, el drama disminuye, la emoción se invierte.
 
   Eso es verdad. Incluso hay relatos escritos con una cierta ironía hilarante que sin embargo esconden un auténtico drama detrás. Pero escribirlos así tal vez permita al lector asimilarlos mejor.
   Hay una especie de "género" literario o estilo de novela que ha existido siempre, pero a la que ahora parece llamársele Feelgood (por esa manía que nos ha entrado de darle nombre a todo y catalogarlo todo), y que viene a significar, más o menos,que estamos ante una lectura de entretenimiento, ante una novela escrita para garantizar al lector un rato de placer, nada que lo atormente porque con la vida diaria ya tiene bastante. ¿Ha sido ese tu propósito a la hora de escribir esta novela con este estilo?
 

   Yo no me había planteado hacer una comedia. Fue a raíz de mi conversación con el editor cuando comencé a valorar darle un toque más ligero. No fue ni mucho menos una exigencia, al contrario, tenía plena libertad para escribir lo que quisiera. Tengo que decir que no sabía dónde me metía porque enseguida me di cuenta de que es más fácil hacer llorar que hacer reír. De todas formas, mi intención cuando escribo es siempre entretener al lector, que pase un rato agradable y, sobre todo, provocarle muchas emociones, me da igual si es risa, llanto, ganas de viajar a los lugares que describo o ganas de enamorarse, cualquier cosa menos indiferencia.

   Normalmente, cuando se escribe una novela que funciona, la tendencia parece ser la de continuar con el mismo género, el mismo tipo de historias, la misma estructura argumental..., porque se quiere ir a lo seguro. ¿Tú eres de las que arriesgan, Mayte? ¿O en realidad sabías que este pequeño cambio, en el fondo, era jugar sobre seguro? :)

   Me gusta demasiado experimentar. Estoy convencida de que puedo ser una autora versátil y adaptarme a distintos géneros, y creo que el lector que te sigue identifica tu estilo narrativo aunque cambies de registro. Si le gusta como escribes, te leerá. Soy de las que arriesgan porque creo más en las historias que en los géneros. Dame una buena historia y leeré cualquier género, ese es mi lema.


   Pues ya somos dos, jaja, cada vez llevo peor lo que catalogar las novelas dentro de un determinado género. Creo que se pierden lectores potenciales —y nos perdemos el leer buenas historias— por identificarlas con un patrón.
   Y hablando de patrones y de géneros... Hay una cuestión que yo siempre me planteo, aunque igual me equivoco. Si es así, tú me contradices y ya está, jaja.
   La dificultad a la hora de escribir una novela no siempre es fácil que el lector la aprecie. Es más, estoy por apostar a que hay géneros que tienden a valorarse más aunque las obras estén peor escritas, argumentadas o trabajadas; y en otros casos, ocurre al revés, no sé bien si es por una cuestión de prejuicios o por qué. "Alicia y el teorema de los monos infinitos" está muy, muy bien escrita, te felicito por ello. Y también está muy bien argumentada y desarrollada. Sin embargo, tengo la impresión de que el género y el estilo de novelas como esta tienden a valorarse (erróneamente en muchos casos) como "fáciles" y no se le da el aprecio que de verdad merecen en cuanto a calidad literaria; ya hemos visto la mala prensa que parece tener en algunos sectores el género romántico en general. ¿Tú te has planteado esto alguna vez y, sobre todo, a la hora de elegir un género para escribir? ¿O esta apreciación es solo figuración mía?
 

   Lamentablemente, no es figuración tuya, y me atrevo a decir que es una cuestión de ignorancia emocional al calificar de fáciles o sencillas las novelas que tienen un alto componente sentimental, es como trabajar en los barrios bajos de la literatura. Puede que el género fantástico o de ciencia ficción también esté denostado, pero nunca ha sido tan injuriado como la novela romántica.Las novelas románticas rebosan feminidad y eso se traduce injustamente como debilidad, incluso en la literatura. Escribir historias sobre hombres y mujeres que aman, que odian, que sueñan, que se equivocan, que crecen, que maduran, que se hacen más fuertes, que sobreviven al trauma, a la traición… Hay tantos sentimientos que mostrar, y hay un público tan amplio dispuesto a devorar esas historias que no puede ser considerado un objetivo pequeño, un género chico. Personalmente, escribo lo que me hace feliz, lo que me emociona, sin entrar en más valoraciones.

   Además de por lo que has dicho, esto que te he preguntado me lo he planteado especialmente con tu novela al ver el pedazo de trabajo de documentación que hay detrás de ella, en relación con los viñedos y el mundo del vino. Hay montones de frasecitas, dejadas caer como si tal cosa, que no se pueden escribir si antes no te has empapado a fondo de lo que estás diciendo. Me da la impresión de que hay muchísimas horas invertidas en esa labor de documentación que también se traduce en una ambientación excepcional. Y ahora yo te pregunto, Mayte, ¿los lectores (o la crítica, por llamarlo de alguna forma) están valorando este trabajo tan bien hecho por tu parte? Dime que sí, que me alegre, jaja.

   Creo que si no lo hubieran valorado no habría pasado el filtro editorial, así que, en ese sentido, mereció la pena la inversión de tiempo empleado en la documentación. Todo aquel que lea la historia de Alicia y sus monos se dará cuenta de que no solo es una historia de amor contada con un poco de gracia. Me esforcé mucho por crear el mundo de Alicia e integrar a todos los personajes en ese contexto entre viñedos, y además todo debía encajar de forma natural, sin grandes explicaciones sobre la elaboración del vino o sobre el mantenimiento de un viñedo que pudieran aburrir al lector. Acumulé muchos más datos de los que llegué a utilizar por considerarlos innecesarios, innecesarios para el lector, pero imprescindibles para hacer de Alicia una buena bodeguera. Hasta el momento, las críticas están siendo muy positivas.

   Esto que apuntas —de no dar grandes explicaciones— es todo un acierto. Hay novelas en las que parecen darse clases magistrales dentro de la narración, y esto no solo aburre al lector, es que puede resultar demasiado forzado. Tú consigues que la ambientación resulte de lo más natural, al igual que también consigues ese efecto con los personajes, bien construidos, bien perfilados. Hasta los secundarios tienen una personalidad definida. ¡¡Incluso el perro, que me ha encantado conocer!! :) La mala relación (aunque simpática) de Alicia con él me ha gustado, porque es un detalle más que muestra como con la protagonista rompes los esquemas. No intentas ponerla como ejemplar, sino con virtudes y defectos; te mantienes en un término medio, ni es la protagonista envidiable y admirada de muchas novelas, ni es la protagonista ñoña, insulsa y manipulable de otras tantas, por eso me ha gustado tanto, porque es de carne y hueso, y además, con vis cómica, como me gustan a mí :) ¿De dónde sale la inspiración o la idea para crear a Alicia?

   Quería una mujer corriente, esa fue la idea desde el principio y la base sobre la que cimentar la personalidad de Alicia. También quería que fuese fuerte y positiva, y que se tomara las adversidades como inevitables contratiempos de la vida, pero sin dramatismos. Me interesaba un tipo de mujer con quien fuera fácil identificarse, y que otras mujeres pudieran llegar a ponerse en su situación y reflexionar sobre qué harían ellas de estar en su lugar.

   ¿Mayte Uceda tiene el mismo sentido del humor que la protagonista? Yo siempre he pensado lo que tú apuntabas antes, que una novela "llorona" es más fácil de escribir que una de humor, porque el escritor o escritora que no sea ocurrente difícilmente puede escribir una novela entera con continuos detalles que hacen sonreír, si no reír, por lo que dicen los personajes o cómo lo dicen...
 

   Soy alegre por naturaleza, y valoro mucho la alegría y el optimismo en los demás.  Es cierto que en esta novela me he dejado llevar por mi propio sentido del humor, he sido más yo a la hora de narrar, pero para ello he tenido que hacer un ejercicio mental de liberación, en un sentido literario. Cuando empiezas a escribir, tienes miedo a innovar, a salirte de los límites establecidos, y eso coarta la espontaneidad y merma las posibilidades de encontrar tu propia voz. Por otro lado, hacer reír es infinitamente más difícil que hacer llorar, y tienes que poner a prueba el ingenio.

   ¿Y Dimitri y Natasha? ¿De dónde han salido? Me he hartado de reír con ellos, me recordaban a la pareja mayor de Escenas de matrimonio, jajaja. Muy conseguidos, todo un acierto.
 

   Estos dos personajes tienen que ver con lo que hablabas antes acerca de mantener la sonrisa en el lector durante toda la novela. A veces para conseguirlo se recurre a situaciones absurdas y descabelladas, otras veces ese efecto lo consiguen los diálogos y en otras ocasiones se recurre a personajes como Dimitri y Natasha. Al principio no tenía pensado que acompañaran a Alicia a lo largo de toda la novela, pero a medida que la iba escribiendo ellos mismos tomaron el mando y fue imposible dejarlos de lado.

   Pues me alegra que se hicieran valer, porque me han encantado :)
   En Alicia y el teorema de los monos infinitos hay humor —como ya hemos dicho—, amor, intriga, enredos... y escenas sensuales en la relación de los protagonistas, con detalles más o menos explícitos, que demuestran que se puede jugar con el sexo en la romántica narrándolo y describiéndolo con tacto, con gusto, con elegancia, sin ninguna necesidad de tener que prescindir de él como tampoco de ofrecerlo a manos llenas y de manera burda y gratuita, cosa que parece ser cada vez más frecuente dentro del género. ¿Se está yendo de madre el tema del erotismo en el género romántico, Mayte? (Si es que a muchas escenas se las puede catalogar como eróticas, claro...)
 

   En este sentido creo que la línea que separa la literatura erótica de la pornográfica se está diluyendo, y la diferencia entre las dos no solo radica en el nivel descriptivo de las escenas sexuales sino también en el vocabulario utilizado. Si a una descripción explícita de sexo, cargada de detalles, le añades un vocabulario obsceno, el erotismo se desvanece y deja paso a la pornografía. Y esta última no tiene nada de malo, pero muy pocas personas reconocerán que leen literatura pornográfica, así que el término «erótica» se ha generalizado. Pero lo cierto es que el sexo duro está muy presente en este tipo de libros. Yo he intentado leer unos cuantos, y solo he terminado dos o tres. En una escena de sexo me interesa más el intercambio de emociones que el de fluidos.
 

   Volvamos a la cuestión editorial, pero ahora, en el proceso de creación de esta novela.
   Planeta te solicitó, para leer, el primer capítulo de "Alicia..." y le gustó. Creo haberte escuchado decir que te comprometiste a escribir la novela en un plazo marcado (si no es así, me corriges), con los dedos cruzados para que les gustara :)
Hasta qué punto ha sido positivo o negativo escribir bajo presión (de tiempo o de deseo de que fuera lo que esperaban). ¿O acaso no la has sentido?
 

   No me impusieron ningún plazo, y yo tampoco me comprometí a ello. No recibí ninguna presión más allá de la autoimpuesta, es decir, la que yo ejercía sobre mí misma para no alargarme demasiado. Tardé ocho meses en terminarla y durante todo ese tiempo jamás recibí la más mínima presión. La única diferencia con mis otras novelas es que trabajé más horas al día. Si tengo que ser sincera, no sentí la presión por un posible rechazo. Me ilusionaba mucho que la aceptaran, eso sí, pero sabía que, si no lo hacían, la novela no se quedaría en un cajón.

   Una pregunta comprometida, tal vez, Mayte: ¿La novela que ha salido publicada es tal cual querías escribirla tú o has tenido que aceptar determinadas instrucciones de cara a lo comercial, que puede ser algo en lo que no se piensa a la hora de escribir y que en tu caso, sabiendo que su publicación estaba ya casi proyectada, podría tener más peso de lo habitual?

   La novela está prácticamente tal cual la escribí. Trabajamos de forma conjunta, como se suele hacer en estos casos, para pulirla de errores y mejorarla en lo posible, pero no hubo cambios significativos ni se me dio instrucciones de cara a que fuera más comercial. El equipo de correctores fue muy respetuoso y cualquier cambio, por pequeño que fuera, se consulta con el autor.  


   Que conste que aceptar las directrices de la editorial para modificar, incluir o eliminar según qué cosas no tiene por qué ser negativo, hay escritoras que me han confesado haber aprendido mucho con las directrices editoriales... Y si además es como tú apuntas, sin imposiciones y consensuando cualquier mínimo cambio con el autor, pues mejor aún.

   Claro, siempre hay algo que se puede mejorar, y cuando tienes a un equipo de expertos alrededor, la experiencia puede resultar muy provechosa. Yo en este sentido estaba muy abierta a realizar esos pequeños cambios, y ha resultado un trabajo muy útil.

   ¿Qué se gana y qué se pierde publicando con una grande como Planeta en lugar de autoeditar? ¿Todo son ventajas?


   Siempre me he sentido muy a gusto autopublicando, pero la publicación tradicional es muy tentadora y te ofrece una distribución en papel que de otra forma es imposible. Luego están las numerosas apariciones en los medios de comunicación, tanto en prensa escrita como en radio y que son de gran ayuda para que el autor se dé a conocer.  Esto es lo que se gana. Evidentemente, lo que se pierde es el control de la obra. Cuando autopublicas, tú tienes el control y los derechos de tu novela para hacer con ella lo que te plazca. Cada cosa tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Conozco bien el mundo de la autopublicación, y ahora estoy empezando a conocer el de la publicación tradicional. Vuelve a preguntarme esto dentro de un año y seguro que tendré más datos para hacer una comparación.

   Me apunto la sugerencia, jaja.
   Cambiando de tercio... ¿Por qué tendemos a buscar pareja a toda costa (sobre todo cuando ya hemos estado emparejados antes)? ¿Y por qué nos entra tanto miedo ante el amor ideal? :) ¿Tememos que se nos rompa en las manos, que sea un sueño y despertemos cuando menos lo esperamos..., o es que en el fondo tendemos a pensar que no existe?
 

   Tendemos a buscar pareja por miedo a la soledad, porque estamos enamorados del amor de película o novela, porque nos gusta compartir la vida con alguien, porque en el fondo, y aunque hayamos estado emparejados antes, estamos convencidos de que nuestra alma gemela nos espera en alguna parte, aunque muchas veces ese lugar es solo imaginario. Otras veces lo tenemos delante y entonces nos entra miedo o no somos capaces de reconocerlo. Cada vez nos cuesta más comprometernos, vivimos en una sociedad que se caracteriza por la exaltación del individualismo y por la pérdida de valores, y así es difícil ser generoso y dejar de mirarse el ombligo.

   Siempre se dice que el amor no tiene edad. Pero entonces, ¿por qué tememos tanto que "se nos pase el arroz"?, jajaja. ¿Damos por hecho que el físico, la atracción sexual... son una parte importante para comenzar una relación, para mantenerla...?

   En ese sentido, somos las mujeres las que sentimos esa presión a que se nos pase el arroz, porque la mayoría de nosotras desea ser madre y, nos guste o no, nuestra fertilidad es un ciclo biológico con fecha de caducidad. Es verdad que la ciencia puede alargar ese ciclo, y que la presión social, que hace cuarenta años se ejercía sobre mujeres de treinta, hoy se ejerce sobre las de cuarenta, pero hay límites que ni siquiera la ciencia aconseja rebasar. En cuanto al tema de la atracción sexual, es evidente que existe, y a eso nos referimos cuando hablamos del flechazo. Es un buen principio, pero luego hacen falta muchas más cosas para mantener viva esa atracción.  

   Y por último, Mayte, ¿dónde leíste lo del Teorema de los monos infinitos que da título a la novela?
 

   Tengo un libro sobre curiosidades de la ciencia que habla del teorema, pero nunca le había prestado demasiada atención. En una novela como la de Alicia y el teorema de los monos infinitos me pareció divertido sorprender al lector con algún dato real y gracioso, el teorema de Èmile Borelera perfecto, así como el Efecto Straisand, que es un fenómeno más reciente creado en Internet y que también se menciona en la novela.

   Muchas gracias por tu tiempo y por haberme acompañado. Te deseo todo el éxito del mundo.
   Hasta siempre.


30 jun 2016

"ROMANTICISMO NOIR". Antología "LA LIBRERÍA MÁS BONITA DEL MUNDO". (Playa de Ákaba).



   El género del relato marcó mis comienzos. Y no puedo olvidarme de él, a pesar de haber publicado dos novelas (y continuar con mis proyectos en este género) después de esa primera recopilación de relatos cortos que me adentró en este mundo.

   Me siguen gustando esos flashes traducidos en microrrelatos que plasman una forma de sentir, una escena cotidiana cargada de emoción, un pensamiento o una reflexión. Y me siguen encantando esos relatos cortos que, en muy pocas páginas, son capaces de recrear una historia completa con sorprendente final por una simple (y a la vez, compleja) cuestión de arte, el que esconde una buena elección y combinación de las palabras, tanto en calidad como en cantidad.
 
   Uno de mis últimos relatos lo escribí hace algo más de un mes. Y lo escribí expresamente para participar en la convocatoria de la editorial Playa de Ákaba, que pretendía hacer una selección de relatos cortos que sirviera para rendir homenaje a esos establecimientos a los que escritores y lectores tanto debemos: las librerías.

   Tal selección, convertida en antología y en la que mi relato está incluida, ha sido publicada en papel y lleva por título "La librería más bonita del mundo". En la tarde de hoy, 30 de junio, a las 18:00h., será presentada por Lorenzo Silva, escritor y editor de Playa de Ákaba, en la Biblioteca Municipal Eugenio Trías (próxima al Retiro), de Madrid, y a la que te animo a asistir.

   El relato con el que participo se titula "Romanticismo Noir" y comienza así:

   «De nuevo una voz quebró el silencio de mi habitación, atravesando las sombras. Debería de haberme asustado. Pero llegó a mí como un susurro cálido y envolvente, amoroso. Y yo lo seguí, embaucada, dejándome arrastrar hasta la calle desierta, apenas bañada por la luz cenital que las farolas alcanzaban a derramar sobre ella. El mundo dormía, mientras yo me deslizaba por la acera escuchando el batir de mis pasos, amortiguados por los restos de lluvia caída durante la tarde. El eco de aquella voz, llamándome, se adentraba en mis oídos guiándome como un faro en alta mar, hasta recalar en una bocacalle coronada por un establecimiento centenario que yo solía frecuentar, la librería París, de cuyo escaparate fluían reflejos que chispeaban en el cristal, como si alguien hubiera prendido velas tras él.
 Me acerqué con cautela y empujé la puerta. Estaba abierta. El calendario que había tras ella había retornado en el tiempo, sorteando un siglo que había perecido ya…».

   Romanticismo clásico. Fantasía. Un pizca de intriga. Y un sorprendente final. ¿Os animáis?



28 jun 2016

MICRORRELATO: "AL FONDO DEL MAR".


   Vuelvo a pisar la arena húmeda, fría. Hundo en ella mis pies descalzos y espero a que una ola libe mis tobillos y los impregne de sal. Lleno mis pulmones de oxígeno mientras entorno los ojos, mientras la calma acompasada por el murmullo de las caracolas me abraza fuerte, gozosa por volver a encontrarme. El eco de las gaviotas golpeando mi pecho me hace ser consciente de la soledad.
    Me siento en casa, de vuelta a este rincón alejado y tan preciado que me permite pensar, citarme a solas con mi propia voz, a la que a veces me cuesta reconocer. Porque cambia su tesitura cuando nadie la escucha, cuando quedan atrás los testigos de las confesiones que me suele hacer entre brumas. Dejo que se desahogue, que divague entre el absurdo y la razón, con mi corazón aderezando ese monólogo, salpicándolo de sentimientos, de instinto, de emoción...
    La playa está desierta. Y camino. Camino en dirección al faro que apenas vislumbro entre la niebla. Me atrae su luz. Como una estrella polar orientándome en la oscuridad, indicándome hacia dónde ir. A sus pies veo las olas encrespadas y el rumor llega hasta mí, bravo y poderoso. Las observo y me embelesa la furia con la que atrapa las piedras desmoronadas por sus embestidas. Las engulle y estás desaparecen, allanándolo todo. Pienso entonces si me arrebatarían las sombras al rociarme. O si me llevarían con ellas por entero hasta un paraíso precioso de arrecifes de coral.
    Me subyuga la idea. Me atrapa. Me excita.
    Y me dejo llevar. Alcanzando el faro con los pies helados. Abriendo los brazos. Aspirando la sal que hace alborear la cresta de la marea que me envuelve. Que me lleva hasta el fondo para no regresar.

21 jun 2016

MICRORRELATO: "MI HIJO."


   Tu sombra se diluye a tu espalda. Se resiste a acompañarte. Reniega de ti porque te convertiste en un fantasma que deambula por la vida. Sin lugar donde ubicarte. Sin nada a lo que aferrarte. No hay temple en tus pasos ni fuerza en tu mirada. No hay gravedad en tu voz, que apenas susurra. Ni tu mente abraza sueños que tus manos construyan. Busqué la luz en tus ojos para poder guiarme, para rescatarte de un desierto que por estéril ni oasis tiene, donde calmar tu sed, donde recobrar el aliento que un día perdiste, si es que lo tuviste alguna vez. Se me deshace en las manos tu alma mientras tu corazón desfallece. Y con él de pena muere el mío, por no haber sabido tal vez aleccionarte para hacerte hombre. Aún eres niño.

    Camina. Camina adonde los sentimientos te lleven. Vuela adonde te reclame el instinto. Pero nunca olvides que yo a tu espalda quedo. Esperándote por siempre. Porque tú siempre serás mi hijo.



17 jun 2016

MIEDO.


Miedo…

   A la responsabilidad, al futuro, a las decisiones por tomar y a sus nefastas consecuencias, a que se torne incontrolable lo que ahora, ilusamente, nos parece controlar…
   Miedo a que recaigan sobre nosotros las culpas de lo que hicimos sin instrucción previa, de aquello que construimos por intuición; a que se nos crucifique por un error obviando aciertos; a convivir con la recriminación, sin halagos merecidos que la suavicen…
   Miedo a lo que nos viene impuesto, al veto, a la falta de escapatoria, a aquello que nos domina anulándonos la voluntad, a los bajos de cada ciclo vital…
   Miedo al dolor físico y emocional, a las pérdidas sentimentales que resquebrajan el corazón, a la soledad sobrevenida de la mano de la incomprensión, de la ignorancia, de la exigencia imposible de satisfacer…
   Miedo a las miradas reprobatorias de aquellos a quienes amas, a no soportar las cargas que recaen sobre nosotros sin petición previa y que no podemos esquivar, a no contar con un hombro en el que llorar o un rostro amigo al que hablar…
   Miedo a darlo todo, a vaciarnos por entero en favor de los demás hasta quedarnos huecos, para terminar desmoronándonos sin que nadie nos recoja, ahogados por las lágrimas del alma…
   Miedo a ser humanos, estrictamente humanos… Pero no a vivir.

   La vida es un reto. Puedes esconderte o plantarle cara, a pesar del miedo, haciendo gala de valentía. No se equivocará quien no decida.  No caerá quien no camine. No correrá riesgos quien no experimente. No sufrirá quien no luche a pecho descubierto ante los avatares del mundo. No lucirá cicatrices quien solo se cuide a sí mismo, obviando a los demás. No se verá acusado quien jamás tome las riendas de la situación, asumiendo su responsabilidad... Pero tampoco vivirá.
   Terminará siendo un cuerpo errante que  transita por la vida con el alma y el corazón muertos.




13 jun 2016

YA NO DISFRUTO TANTO CUANDO LEO.



   Ya no disfruto tanto cuando leo, aunque tal vez debiera decir "siempre que leo", porque paradójicamente, leer cada vez me gusta más. Esta es la conclusión a la que llegué (o llegamos, porque no era yo sola) tras una conversación de libros, novelas y arte literario en general. Y deduje rápido el porqué, no fue necesario que lo meditara en exceso.
   A la mente se me vinieron varias imágenes; por ejemplo, la de aquel que buscando muebles para su casa hace una ruta por Ikea tras haber pasado previamente por la tienda de ebanistas de su pueblo. Y no, no os adelantéis que no voy a volver a la carga con la controversia de la calidad literaria y las ventas que llevan o no aparejadas, de eso ya hemos hablado hasta la saciedad. Voy al hecho de que un mueble y otro serán analizados de forma distinta en función del grado de conocimiento del oficio que se pueda tener. Una profana en la materia, como yo, se dejará llevar, probablemente, por su aspecto externo, por su estética (medida según mis propios y subjetivos cánones de belleza), por su utilidad, su funcionalidad y su precio; un carpintero o un ebanista (incluso yo si me apuntara a un taller para aprender el oficio) analizaría también, muy probablemente, la simplicidad de sus líneas o, por el contrario, el trabajo oculto en sus patas torneadas y en las tallas de las volutas que lo adornan, el entrelazado de sus cajones, el tipo de barnizado o la madera maciza empleada en un caso versus DM prensado en el otro, aspectos que al primero le podrían pasar por completo desapercibidas por mero desconocimiento del oficio. Eso no implica que por saber más ya no pueda gustar o convencer el primero, ¡ojo!, sino que es más probable que uno sea consciente de sus carencias y que, a la vez, le resulte más complicado menospreciar alegremente el segundo (aunque no sea atractivo) al haber podido apreciar el esfuerzo y los conocimientos necesarios para su construcción. Y en esas estoy yo.
   Siempre he sabido de la subjetividad que hay en la recomendación de una obra y en la valoración personal de la misma ("para gustos... colores", como suele decirse). Y en parte, esto es algo que enriquece a la literatura: el hecho de que una misma obra se convierta en una novela diferente en función de quien la lee y de lo que cada cual es capaz de extraer o interpretar a partir de lo que se ha escrito. Pero ahora soy consciente de que ese grado de subjetividad es aún mayor de lo que pensaba, porque no todos analizamos en ella los mismos elementos, y por ende, no los valoramos igual. Y esto es algo que incluso he podido apreciar en mí misma a lo largo del tiempo. Antes solo "percibía" la historia y lo que esta era capaz de removerme por dentro; ahora no puedo evitar el análisis de la forma en que está contada, de cómo está estructurada la trama, de cómo el autor maneja y dosifica la información, del tipo de voz narrativa utilizada, del tiempo verbal, de la forma en que se crea intriga o suspense, de la profundidad de sus personajes, de la construcción de sus diálogos, de la documentación previa que le sirve de soporte, de la ambientación, de la capacidad para hacer las descripciones justas, de su grado de verosimilitud, de la calidad de su narrativa..., así como el grado de complejidad de cada uno de esos aspectos. Es decir, ahora valoro fondo y forma, y convencerme resulta por tanto mucho más difícil, porque hay que tener mucho oficio para que todo ese compendio resulte del todo óptimo. Pero, por otro lado, al llegar a este punto tampoco me creo con la suficiente autoridad como para menospreciar una obra alegremente, porque soy mucho más capaz de apreciar la dificultad que puede haber tras una estructura argumental aparentemente fácil; la perfecta evolución de un personaje que, precisamente por estar bien construida, pasa desapercibida; la complejidad en el manejo y dosificación de la información para mantener intriga; la recreación de escenarios "visuales"; o una prosa que transmita, porque hay narrativas formalmente correctas y hasta ejemplares que, sin embargo, son frías como témpanos de hielo.
   A medida que voy aprendiendo más del arte de escribir y novelar, más difícil resulta que una obra me llene. Pero a la vez menos me atrevo a juzgarla de cara a los demás. Y ya no solo por lo que he referido antes, sino también por nuestra propia variabilidad. He sido consciente de que podría incurrir (o haber incurrido) en el mismo error que ya he podido apreciar en las opiniones de otros lectores, y que no es otro que su propia incoherencia a la hora de tener o no en cuenta determinados elementos en su valoración de las obras. Raya el colmo de la subjetividad que factores que han servido para minusvalorar una novela hayan pasado sin embargo desapercibidos (o no hayan sido tenidos en cuenta) a la hora de valorar otras. Da igual el porqué. Da igual si se debe a que otros aspectos altamente positivos han eclipsado estos detalles, si la calidad narrativa nos ha atrapado hasta el punto de no percibirlos, si el respeto o la admiración sentida por el autor nos impulsa (tal vez de manera inconsciente) a hacer especiales concesiones, si nos influyen en exceso las expectativas previas o la opinión de los demás... Da igual. La cuestión es que si nosotros mismos, a la hora de analizar y valorar, no somos fieles a nuestros propios criterios, a ver con qué rigor o credibilidad podemos recomendarla o dejar de hacerlo.
   Han sido varios los descalabros que me he llevado últimamente. Y cuando hablo de descalabros me refiero a discrepar de las críticas leídas, para bien o para mal. Obras catalogadas como "novelón" me han decepcionado soberanamente por este otro tipo de aspectos que he enumerado antes, incluso por (bastantes) detalles de la propia trama o historia que se cuenta. En cambio otras, declaradas "infumables" por muchos lectores, a mí me han mostrado aspectos literarios que solo los buenos escritores son capaces de manejar. Y sigo prefiriendo una historia mediocre bien contada y estructurada -o de forma original- a una gran historia formalmente mediocre, al contrario de las preferencias de muchos otros.


   Concluyendo:
   Primero. Antes disfrutaba más con cualquier lectura por aquello de que "ojos que no ven, corazón que no siente".
   Segundo. Es tal la subjetividad a la hora de poner estrellas a una obra literaria que cada vez me dejo llevar menos por las opiniones ajenas; ya tan solo me dejo arrastrar por quienes sé de primera mano que valoran los mismos aspectos de fondo y de forma que yo, para bien o para mal.
  Y tercero. Mientras más cosas aprendo de este oficio de escribir y de novelar (y mira que todavía me falta una infinidad), menos me atrevo a opinar de forma pública, porque he aprendido que muchos aspectos que deberían tenerse en cuenta a la hora de hacerlo no dependen de "impresiones" (tan variables como relativas), ni de juicios propios con una -a veces- exagerada impronta personal, sino de conocimientos.






11 jun 2016

MICRORRELATO: "MÚSICA".


   Permítame acomodarme entre sus piernas y desnudar mi espalda, maestro. Su música me conquistó. Cerré los ojos y quedé atrapada entre sus hilos como la clave de Sol en la partitura. Escucharlo tocar me hizo vibrar, gozar, soñar..., amar. Y esta noche, observando enamorada el devenir de sus manos y la agitación de sus dedos estremeciendo cada compás... me convertí en instrumento. Mi voz se ha hecho melodía y en mi piel afloran las cuerdas del violoncelo de sus amores. Deseosas de ser tocadas.
    Permítame acomodarme entre sus piernas y desnudar mi espalda, maestro. Porque esta noche no deseo sentir la música. ¡Quiero ser música! Para usted.

 **

   A veces, el germen de una idea te asalta y partir de ahí construyes una pequeña historia. Acto seguido, buscas una imagen apropiada para ilustrarlo y publicas.
   Otras veces, es una imagen la que hace saltar tu inspiración de inmediato; como un resorte, como quien pone un dedo en la llaga, como quien te pellizca haciéndote reaccionar. Este es uno de esos casos.
   Gracias por la imagen, amiga. 
    
   

Lecturas 2018.

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