4 may. 2015

NOVELA PESADA O LIGHT. ¿Y LOS TÉRMINOS MEDIOS, FUNCIONAN?



   No pretendo en esta entrada hacer una análisis exhaustivo de los gustos literarios de los lectores, de sus tendencias a la hora de elegir o de sus criterios a la hora de valorar una novela. Simplemente quiero plasmar una reflexión que no sé si será acertada, pero que me asalta últimamente a raíz de lo que leo y veo en la blogosfera, en plataformas literarias y en los mundos de Facebook.

   Y es que me sorprende enormemente el grado de exigencia tan dispar que se le pide a unas novelas y a otras para catalogarlas bien, para hablar bien de ellas o para recomendarlas (obviando que tal hecho pueda estar influenciado por el nombre del autor, cosa que no voy a entrar a valorar aunque en ocasiones pudiera ser la causa).

   La lógica me dice que los mayores halagos literarios deberían ir a parar a los grandes novelones, a esas obras bien escritas, bien tramadas, bien desarrolladas, con personajes profundos y bien perfilados, con una ambientación y documentación impecables. Y a partir de ahí, hacer decrecer esa buena valoración crítica hasta llegar a las novelas ligeras, a las que te hacen pasar un buen rato sin ningún otro ingrediente que no sea el mero entretenimiento y las buenas ocurrencias del autor. Las valoraciones intermedias serían dadas a esas otras novelas situadas a caballo entre las dos, con mayor calidad literaria que estas últimas pero sin que lleguen a alcanzar la cota de los grandes novelones.

   Pero no. La experiencia me dice que, en este caso, parece que los extremos son los que valen y que los términos medios caen al fondo de la nada por el peso de la crítica, como una parábola, como una comba en forma de U. Y después de darle unas cuantas vueltas al asunto, creo adivinar que la razón está justo en las expectativas que nos formamos, y que es el grado de consecución y de cumplimiento de estas expectativas las que marcan muchas veces nuestra valoración de una novela.

   El lector busca implicarse o desintoxicarse. Que le obliguen a ser parte activa en la novela o que le entretengan sin que hagan a su mente trabajar. Que le sumerjan en la trama y le sacudan, o que evaporen sus penas y sus preocupaciones con asuntos triviales y divertidos que le sirvan de terapia para desconectar. Y en función de eso eligen. Y en función del resultado valoran. Así nos encontramos con novelas del género chick-lit, de humor desenfadado o románticas light, por ejemplo, que sin tener una trama trabajada, trasfondo, una ambientación mínima o ni siquiera unos personajes medianamente profundos son mejor valoradas que muchas otras de mayor calidad, simplemente porque han conseguido con nosotros el objetivo que buscábamos (y que conste que no tengo nada en contra de estos géneros, creo que también se pueden escribir buenas novelas dentro de ellos, pero no todas lo son). Por el contrario, cuando queremos implicarnos, cuando buscamos algo de más peso, más nos vale toparnos con un novelón o tenderemos a sacarles defectos por todas partes aunque literariamente sean bastante mejores que estas otras de puro entretenimiento. Y como muestra, la comparativa de estrellas e iconos varios entre unas obras y otras que encontramos en distintas plataformas literarias o en los blogs.

   Pesada o light, he ahí la elección. Los términos medios parecen no llegar a tan buen puerto, porque el espíritu crítico tiende a cebarse con ellas en mucha mayor medida. Y creo que algunas editoriales esto lo saben muy bien.

   Pero vosotros decís. Vosotros opináis. Esta es mi impresión a raíz de críticas y valoraciones que leo cuando busco una próxima lectura y lo que encuentro después. Aunque igual estoy equivocada, por supuesto, todo puede ser.

Lecturas 2018.

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