27 feb. 2016

MICRORRELATO: "MELODÍA DE DESEO".



   Tocas la guitarra mientras me desnudo. Acordes suaves, sentidos. Las cuerdas vibran, al igual que mis manos liberando los botones de mi blusa. Te miro y me dejo caer sobre la cama. La tela se abre y mis pechos emergen, ocultando parte de su voluptuosidad bajo la seda, jugando al escondite con tus pupilas, dilatadas, deseosas. Tu pulso acelerado se sincroniza con el ritmo in crescendo de la melodía. Y las notas que cobran vida en tus manos vienen a acariciarme, a lamer mi piel desnuda erizándola. Puedo sentir el fuego que irradias y me revuelvo. Tu aliento me busca y mis labios se abren. Contoneo mis caderas con levedad y mis muslos tiemblan..., y se distancian uno de otro invitando al eco de tu guitarra a adentrarse en mí, como algo tuyo que tanto anhelo… Te dedico una mirada lánguida, como un reclamo, y te revelo cómo mi cuerpo grita tu nombre, cómo mi sexo derrama lágrimas de deseo humedeciendo las sábanas. Castigas las cuerdas, viertes sobre ellas tu furia contenida, tu excitación compartida con la mía, traducida en gemidos mientras me acaricio a la espera de que las notas mueran… y vengas a mí.
© Pilar Muñoz - 2016

 

19 feb. 2016

CON EL TIEMPO...


   Con el tiempo descubres que lo que un día te hizo llorar, te ha hecho fuerte; que lo que antes te ahogaba, ahora solo te oprime; que aquellos desplantes que solían hacerte enfadar, provocan ahora tu sonrisa irónica; que lo que antes te hacía dudar, ahora lo apartas sin despeinarte...

   Con el tiempo descubres que posees la capacidad de trivializarlo todo; que puedes traspasar fronteras con la mirada e interpretar gestos mudos, actuando en consecuencia; que detectas las mentiras... en sus primeras palabras; que aquello que te vendieron como oro puro era un castillo en el aire que no aporta nada...

    Con el tiempo descubres que tu maleta es cada vez más pequeña; que un libro, un café o una charla son valores en aumento; que los minutos son demasiado valiosos para perderlos por un cabreo; que debe preocuparte la delgadez o hermosura de la mente, del corazón, del intelecto o de la imaginación, no la del cuerpo; que apreciar las virtudes de los otros no te hace pequeña, sino grande...

    Con el tiempo descubres que el tiempo pasa, y que por eso has de vivir lento, degustando la esencia de cada minuto, de cada experiencia, de cada acto cotidiano que un día sacrificamos a cambio de alcanzar metas grandes que tal vez jamás conquistamos. Descubres que lo que siempre se te exigió puede no ser lo que te haga feliz; que si vas a contrapié, respetando tu entorno, no sucede absolutamente nada; y que puedes actuar conforme a tus propias normas, porque ya eres indemne a la manipulación que tantas veces te convirtió en víctima…

   Con el tiempo descubres que eres dueña de tu propia vida y que puedes elegir con quien compartirla. Que puedes hacer borrón y cuenta nueva cuando te plazca y en lo que te plazca. Que puedes saltar al tablero de juego y retirarte con la mayor tranquilidad del mundo, sin que la vorágine te absorba, te conduzca y te moldee a su imagen y semejanza…

   Con el tiempo descubres que eres libre. Y que nada hay más bonito que ejercer tu libertad rodeada de un puñado de sinceros e incondicionales afectos. A espaldas de las neuras del mundo. Cuidándote a ti misma. Y a ellos.

    Con el tiempo...
© Pilar Muñoz - 2016

11 feb. 2016

RELATO DE SAN VALENTÍN: "ALMAS GEMELAS."



Bajo las estrellas, 14 de febrero…
  
    La vida pasa. Discurre rápida... O lenta, según se mire. Pero no se detiene; como no devuelve lo que a su paso arrastra, lo que se lleva. «Nunca es tarde si la dicha es buena», dicen algunos. Nada más lejos de ser verdad. Las oportunidades vuelan y el destino cuenta. Y no se nos permite dar marcha atrás. 
    He luchado conjurando al tiempo. Descolgándome por las manecillas del reloj para hacerlo retroceder, para descomponer las decisiones que un día nos ataron a otros, al hombre y a la mujer que usurparon el hueco que la vida había moldeado para nosotros. Pero no he podido contra la fuerza de Cronos, ni contra el remordimiento que disecaría en parte mi corazón por arrancar de él las huellas de quien todo lo dio por mí, de quien me juró amor eterno y así lo cumple.
    Volveremos a vernos esta misma noche. Y se dilatarán de nuevo tus pupilas al mirarme, inquiriéndome lo que deseo. Mas no podré esquivar el nudo de mi garganta, evitar el temblor de mis labios ni las lágrimas del alma. Hoy presiento que seré incapaz de modular mi voz para forjar susurros, como siempre hice...
    No me preguntes. Esta noche, no me preguntes. Ámame despacio. Deja que repose en mis ojos tu mirada al tiempo que nuestros labios se rozan, con la timidez de los desconocidos, de la primera vez… Que tus dedos conquisten colinas en mi cuerpo con la emoción contenida de un joven explorador… Que el calor de tu piel electrice la mía, tatuándola con tu esencia para que perdure en mi vida… y en mi alma.
    Ámame despacio. Permite a mis manos memorizar tus curvas y a mis oídos los sentimientos que guardas, y que a ellos susurras… A mi boca despertar tus pasiones como nadie jamás pueda hacerlo, con el amor que siento… A mi pulso acelerarse con lentitud, como una condena dulce que quiero sufrir eternamente…
    Ámame despacio por ser la última vez. Que tus suspiros me acunen mientras mis piernas te abrazan, mientras siento cómo palpitas dentro de mí, rogándote no movernos para mimetizarnos, para fundirnos y ahogarnos en esta pasión imposible que nos está torturando…
    Ámame despacio y que las emociones vuelen, que las lágrimas fluyan… Y que el recuerdo de lo que para mí fuiste me alimente, con la esperanza de un destino que nos vuelva a enlazar.
    Somos almas gemelas con caminos truncados. Perdidas y mal halladas. Sentenciadas a olvidar.




© Pilar Muñoz Álamo - 2016

1 feb. 2016

MICRORRELATO: "ESPÉRAME".


   Te miro a los ojos y veo los suyos. Recalo en tus labios y es su boca la que siento que me recorre el cuerpo, mordiéndome con ansia, con desespero. Me fuerzo a imaginar que hago el amor contigo, pero no puedo. Lo intento. Mas no consigo apartar su imagen para gozar de ti, dejar de escuchar su voz. Es demasiado fuerte, poderoso su recuerdo. Me agita, me estremece, me pellizca el estómago cuando lo evoco.
   No, no permito que me toques mientras él permanezca apostado en mi mente. Aun a riesgo de perderte por creer que no te amo, que no te quiero, que pereció mi deseo hacia ti. Aun a riesgo de perderte por no darte explicación. Pero entiende que me mueve protegerte, que es dolor lo que trato de evitarte. Dolor por saber que sus manos dejaron marcas en mi piel contra mi voluntad. Que su boca usurpó mi boca sin pedir permiso. Que su daga osó atravesarme llenando mi rincón íntimo, que solo habías visitado tú. Tiemblo al rememorarlo. Me acurruco y me abrazo para protegerme de una sombra que no me deja vivir, que no me permite entregarme a ti con las luces apagadas ante el horror de confundir qué piel me roza, que me dejó seca por dentro a pesar de tus caricias que siempre me derritieron. No, no permito que me toques mientras sienta la presión en mis muñecas, el ardor de su violencia en mis mejillas, su fuerza bruta entre mis piernas… Mientras el latido de mis sienes sea consecuencia del miedo y no de una agradable excitación.
   Espérame, por favor. Ten paciencia, confío en que pasará.
   Cuando las agujas del reloj hayan dado vueltas sin cesar, moliendo las huellas de su atrocidad, te abrazaré, te devolveré  mi vida entera. Pondré el alma a tus pies para de nuevo ser tu chica. Jovial, apasionada y feliz.
   Como siempre fui.


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