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14 dic 2014

BLOGUERO INVISIBLE 2014: "CÓMO DECÍRSELO".





   No sabía cómo decírselo, ni siquiera si debía de hacerlo. Ignoraba lo que él pensaba del amor, jamás lo escuché hablar de él. Aunque ahora sé que en nuestros juegos de adolescentes la dialéctica solía quedar rezagada, relegada a un plano secundario al que se anteponían señales mucho más elocuentes a través de las que adivinar los sentimientos, las emociones de aquellos que formaban parte de nuestro universo elegido. Pero yo no siempre sabía leerlas y la sombra de mi timidez me retenía sin permitirme indagar abiertamente en su significado.
   ¡Cuánto tiempo lo soñé en silencio…! ¡Cuántos pensamientos desbordados por mi vida imaginando una relación con él en la que me sentía amada…! ¡Cuántas veces desearon mis ojos haberse convertido en imanes de un polo opuesto a los suyos para atraerlos durante horas! Sentí que avanzaban los días a demasiada velocidad, como empujados por un viento de tormenta que se lleva hasta lo más preciado sin poder evitarlo. Y me embargó la inquietud, tornada en la obligación de hacer algo, de mover ficha en un tablero de ajedrez en el que deseaba que tan solo jugáramos los dos, a solas, frente a frente.
   Divagué durante un tiempo que me apremiaba demasiado, eligiendo las palabras que debían pronunciar mis labios sin temblor ni titubeo cuando estuviera ante él, pero se me aflojaban las piernas de solo pensarlo y mi mente olvidaba cada tres segundos cómo tenía que hilar mi confesión de amor. Hasta que aquel juego dejó que un rayo de luz inundara mi vida, como un rayo de sol aplastando la penumbra hasta hacerla evaporar. Aquel “amigo invisible” puso en mis manos un trozo de papel doblado con su nombre estampado en las entrañas. Mi regalo debía ser para él, la novela que escogiera en aquel intercambio literario organizado por Ana iría destinada a Álvaro. Y allí encontré la oportunidad.
   Abrí el libro buscando pasajes emblemáticos que hablaran de amor y no dudé en rodear con un círculo lo que mi corazón clamaba a gritos: 

Pag. 34: “Me enamoré de ti en el mismo instante en que te vi.”. Pag. 87: “No puedo borrarte de mi mente, apartarte de mi cabeza.”. Pag. 168: “¡Cuánto daría por que me quisieras!”. Pag. 302: “Te amo con toda mi alma”.

   Lo envolví con manos temblorosas y lo envié, cerrando los ojos, con el deseo de que mis señales no produjeran un distanciamiento entre nosotros, sino el estrechamiento de unos lazos que se tornarían de un rojo intenso partiendo del azul de la amistad. Y esperé. Días. Semanas. Un mes.
   Un paquete inesperado llegó a casa, ya había recibido mi regalo, no sabía qué podía ser. Un efluvio de romanticismo me alcanzó de lleno al descubrir la novela que se escondía tras el papel. La hojeé con rapidez y no tardé en apreciar un círculo rojo en una de las últimas páginas, próxima al fin, abarcando el texto que me hizo llorar:
   “Quiero estar contigo. Para siempre.”



   La literatura entretiene, une, estrecha lazos, nos hace compartir gustos afines... Y por qué no: canaliza las emociones propias o ajenas, nos permite sentirlas y hacerlas sentir, establece un diálogo entre personajes reales y ficticios, entre quienes leen y son leídos, entre quienes son testigos de una historia y quienes la protagonizan.
    Ana Kayena Gómez aúna la lectura, el regalo y la ilusión para estrechar lazos entre los que rulamos por este mundillo con una clara afición común: la literatura. Y lo hace en forma de Bloguero invisible desde hace unos años, convirtiéndose en una costumbre preciosa que ya forma parte de nuestra Navidad particular. Os invito a participar pinchando el enlace en el que la propia Kayena lo explica genial, si es que aún no sabéis cómo va.
    La novela que yo regalo este año no podía ser otra que la mía propia; sería una mala madre si no quisiera que Jana se marchara en busca de algún lector o lectora para estrechar su mano, su mente y su corazón. Y lo hago además porque creo que tiene cosas interesantes que decir y que compartir, con independencia de la opinión que pueda merecer después por parte de quien la reciba en casa si, finalmente, se decide a leerla.
    Os dejo la portada y sinopsis como adelanto. Y mi deseo de que disfrutéis al máximo de esta iniciativa y de la lectura de aquel que os toque, sea el que sea.

Un beso para tod@s!!!



   Jana, una atractiva periodista próxima a los cuarenta, se siente hastiada de sacrificar su vida en favor de su matrimonio con Julio, un escritor de éxito centrado en sí mismo y en su profesión. Tras tomar la decisión de romper con todo, Hugo –un nuevo compañero de trabajo– irrumpe en su vida haciendo que descubra una parte de sí misma que desconocía. La atracción sexual que surge entre ambos parece no tener límites, empujándola a vivir experiencias impactantes que provocarán en ella un dilema moral para el que no sabe si está preparada. 
   Julio y Hugo, dos caras de una misma moneda llamada AMOR que marcarán la vida de Jana.
   ¿A qué llamas tú amor? Una novela intimista de corte erótico que puede alterar las bases de tu propia relación.





"Nunca sabrás de antemano si lo mejor es lo que has perdido...
o lo que está por llegar."  

1 may 2014

MI SANT JORDI BLOGUERO LLEGÓ!!

   No sé cuánto tiempo llevo participando en esta iniciativa, a veces soy nefasta para calcularlo, será por aquello de que lo bueno me parece efímero y lo malo, infinito; pero sí puedo afirmar que lo hago desde el principio, desde que a Ana Kayena Gómez se le ocurriera la feliz idea de hermanarnos por Navidad y por el Día del libro en esta iniciativa tan bonita y de la que tanto disfruto. Y aquí sigo y seguiré, porque el contacto con esta blogosfera maravillosa que tanto me ha dado -y me sigue dando- no quiero perderla por nada del mundo, aunque el tiempo me venga corto y el estrés pulule a mi alrededor haciendo estragos e intentando darme miedo, como si fuera el mismísimo Fantasma de la Ópera. Tal vez no sepa que ha dado con un hueso duro de roer.

   Me apunté a esta edición de Sant Jordi nada más ser convocada, como si se fueran a terminar las sillas y temiera quedarme sentada en el suelo y me fui a la calle a buscar la novela que quería regalar; porque he de confesar que tengo un verdadero problema para desprenderme de alguno de mis libros: si me han gustado, quiero guardarlos como oro en paño; y si no me han gustado me da cargo de conciencia regalárselo a quien me toque, porque es como desearle que tenga una mala lectura como la tuve yo, aunque soy plenamente consciente de que para gustos... colores, y que el hecho de no haberla disfrutado yo no significa que no lo hagan los demás. Tal vez si supiera de antemano a quien va dirigida, podría decidir sobre tal cuestión, pero como es sorpresa...

   Así es que decidí buscar en estantería ajenas y, por esta vez, opté por elegir una novela negra a sabiendas de que es un género que gusta de forma mayoritaria -en esa intención perpetua de sacar a flote la sonrisa de mi destinatari@-, para enviarla junto a una rosa que había olvidado por completo que debía regalar también; por más que intento estirar el cerebro y la memoria como si fueran gomas elásticas, creo que estoy llegando al culmen de su resistencia, y empiezan a almacenar ciertas cosas en el trastero mental al que rara vez accedo si no es por una llamada de atención potente, como la que vi a través de face cuando alguien subió la imagen de su regalito envuelto y su rosa maravillosa preparada para salir. Entonces me hice con los trastos necesarios (al estilo Meg Creatore) para hacer una con mis manitas a base de fieltro, hilo y aguja, a modo de marcapáginas casero repletito de cariño. Y cuando ya creía tenerlo casi todo (a falta del detallito final que siempre envío en función de quien me toca), recibí el mail de Ana con el nombre de mi querida destinataria: Yolanda Rocha Moreno, mi querida Yolanda "Moreno Sister", mi madrecita del face (porque mira que me resulta tierna) a la que tengo un cariño especial por muchas cosas que no es cuestión de ponerme aquí a relacionar. Sentí que el corazón y la mente se aliaban contra mí listándome a la velocidad de la luz detalles de su vida y de sus gustos, de los que podría hacer uso para dedicarle un relato personalizado que le pudiera gustar. Así es que el envío fijado para el lunes se fue al traste, porque debía poner a funcionar el coco para que saliera algo decente a lo largo de la mañana siguiente, mientras los papeles del trabajo levantaban ambas manos diciéndome "¡¡estamos aquí, estamos aquí!!", sin que yo les prestara más atención de la justa. Su reacción y la ilusión con que acogido mi regalo han sido para mí como un atracón de chocolate, o tal vez mejor.

   Y tocó esperar para saber quién me regalaba a mí y qué libro venía de camino. Otras veces he indagado y jugado al descarte como el señor Holmes para adivinar de dónde procedería mi paquetito. Pero esta vez me dije que quería sorpresa absoluta. Y me la llevé. Primero, porque llegó a tiempo; y segundo, porque el nombre que encontré en el remite correspondía a otra bloguera a la que también tengo cariño, a una lectora excepcional, a una defensora a ultranza de la cultura en todas sus vertientes, a una amante de las letras con mayúsculas: mi querida salmantina, Sara Montero Dueñas, a la que también tengo cosas que agradecer, entre ellas que me tendiera su mano con los relatos o que anunciara mi intrusión en la novela a primeros de este mes, pero también que me descubriera una de las lecturas que más he disfrutado de las que he leído en este último tiempo: "La ciudad de los ojos grises", de Felix Modroño, que me envió como regalo adicional a la novela que había  ofrecido en una anterior edición del bloguero en la que también tuve la gran suerte de tocarle.

   En esta ocasión, mi paquete incluía una novela que pinta genial, "La curandera de Atenas" de Isabel Martín, junto a una rosa preciosa, hecha con esmero en punto de cruz. ¡Qué paciencia, si yo tuviera que sentarme a hacerla, tendría que luchar contra los pinchazos en el culo que me impiden estar sentada mucho rato para otros menesteres distintos al trabajo o a escribir! (bueno, vale, para bloguear y feisbuquear, reconozco que solo me pinchan unas cuantas, como una o dos, no más, jajaja). La rosa venía pegada sobre una cartulina negra. Sara dice que estaba concebida para actuar como marcapáginas, pero como ya es mía y puedo hacer con ella lo que quiera, he decidido ponerla en un marquito de fotos para que luzca bien, porque un trabajo así no puede quedar oculto entre las páginas de un libro, por muy amante de la literatura que pueda ser yo. Aquí os pongo la foto para que la disfrutéis, pero solo de vista, lo demás me lo reservo para mí, jajaja.



   Gracias, Yolanda, por emocionarte! 
   Gracias, Sara, por tus regalos! 
   Gracias Ana por quebrarte la cabeza y embarcarte en este embrollo con tila o sin ella! Yo ya te he dicho que si necesitas manos que te ayuden para próximas ediciones, te mando las mías cuando me las pidas; eso sí, devuélvemelas que tengo la fea costumbre de usarlas a diario :)

   Un beso para las tres!! Y a tod@s vosotr@s, hasta la proxima!! Espero que nos volvamos a encontrar!


Lecturas 2018.

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