20 dic. 2015

RELATO: "BATALLAS".

   Sus palabras de hielo me queman, bullen en mis oídos alertados por el tono de su voz. Yo callo. Y espero. Paciente. Hasta ver cómo el piso se inunda con sus vocablos irascibles, convulsos, lanzados contra la nada, contra todo y contra todos. Contra mí. Respiro. Y elijo mis armas. Como buena estratega.
   Me acerco a él, en silencio, con la mirada baja, arrastrando el paso con lentitud. Rodeo su cuerpo y me sitúo a su espalda. Y poso una mano en su cintura con suavidad. Me ignora, continúa con su circunloquio ininteligible para mí. Pero no me detengo. Rozo sus dorsales con mis senos y los hago oscilar, para que los sienta tras él. Apenas una caricia, una insinuación, y sus palabras frenan su ritmo, se vierten con intensidad menor. Avanzo unos centímetros, me aprieto un poco más. Deslizo ambas manos para rodearlo, abrazándolo con parsimonia, mientras mis labios humedecen su nuca. Puedo sentir en ellos cómo su garganta vibra para que nazca su voz, aún irritada, pero más apaciguada. No me rehúye, no se mueve. Se deja hacer, absorto en su queja constante que ya casi no gira en torno a mí. Él reclina su cabeza apenas nada, pero lo hace, para acoger el beso que dejo reposar en su cuello. Y yo insinúo una pequeña sonrisa victoriosa ante la muestra de debilidad del guerrero. Aún así, no quiere callar. Se resiste a mantener silencio. Y continúo la lid. Inicio la travesía con mi mano abierta, hacia adelante, bordeando su cadera hasta arribar a buen puerto, entre sus piernas. Masajeo. Paro. Observo. Y escucho. Su lenguaje espaciado y su afonía incipiente me alientan a continuar. La ofuscación se va transformando en deseo. Y su ímpetu y su fuerza decrecen a medida que aumenta el grosor de su miembro más descerebrado, el único que burla órdenes superiores, que tiene autonomía propia... El único capaz de hacer que se desvanezcan los pensamientos cediendo a los impulsos el timón de mando. Su mutismo es absoluto cuando echa sus brazos atrás, estrechándome aún más contra él para alcanzar mis nalgas. Mi pelvis se encaja bajo las suyas, mis dedos bucean ahora en su pantalón, y un vaivén comienza, adelante y atrás, como indicativo evidente de lo que les pide hacer para aliviar su tensión. Ya solo escucho un susurro, camuflado entre inspiraciones y espiraciones excitadas. El guerrero capitula. Despojado de poder como antaño ocurriera a Sansón a manos de otra mujer. O a Aquiles. Alcanzado de muerte en su punto débil.

   Son absurdos los combates cuerpo a cuerpo, los enfrentamientos con las mismas armas. La estrategia usada con inteligencia nos permite detectar la vulnerabilidad del enemigo. Y llevarlo a la rendición o darle muerte sin haber entrado a batallar siquiera.
   Ya estoy preparada. Ya puedo hacer de nuevo lo que me venga en gana.

4 comentarios:

  1. La ofuscación vencida por el deseo... Intrigantes las armas que usa la mujer, pero sabias, sin duda...

    Trepidante relato.

    Me encantó, a pesar de lo duro de la realidad que refleja

    Saludos

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  2. La ofuscación del hombre y las armas de mujer para vencerla.
    Me duele de tan real que es.

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  3. No me gusta esta batalla ganada ni tampoco si es al contrario. La dominación para la conveniencia no deben imperar en la pareja. Pero tu manera de relatarlo es magistral, como debe ser viniendo de una gran escritora. Besitos

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