18 dic. 2012

¿FELIZ NAVIDAD? ¿ESTÁIS SEGUROS?

 

   Estaba a punto de irme a dormir. Pero he tomado conciencia del día que era, 17 de diciembre, y he caído en la cuenta de que aún no había puesto mi particular felicitación navideña en el blog. Así es que me he sentado en la cama con el portátil sobre las piernas, con la clara intención de buscar una imagen tierna y entrañable con la que deleitaros: la de un abeto adornado de estrellas y guirnaldas de colores, la de un acogedor nacimiento -¡sin el buey y sin la mula, faltaría más!-, la de un Papá Noel o la de una estrella de Belén refulgente como el sol. Incluso había cambiado ya el registro narrativo para echar mano de lo poético, de lo metafórico, de la excepcional belleza del lenguaje que suele acompañar a los deseos de felicidad, a los anhelos futuros, a las promesas de cambio en pro de la solidaridad que tanto se estila en estos días. En definitiva, quería transmitir mi particular mensaje de paz y felicidad con la emoción pintada en el rostro por el halo mágico y bonito que envuelve a estas fiestas.

   Pero he cambiado de opinión. Tal vez no haya sido buena idea escribirla esta noche, hoy me siento transgresora. Algunos saben que la hipocresía y yo no somos buenos aliados, y por primera vez en estas fechas, me voy a tomar la libertad de nadar contracorriente y cuestionar mil cosas que vienen asolando mi cabeza desde hace un tiempo demasiado largo ya. A ver si un alma caritativa de las que asoman por aquí de vez en cuando es capaz de darme luz.

   De pequeña siempre viví una Navidad feliz. Adornábamos el árbol, construíamos un Belén con todo  lujo de detalles, cantábamos villancicos, extendíamos guirnaldas por las lámparas y los cuadros del salón, del pasillo y de la entrada para recibir de manera especial a quienes nos visitaban y para deleite propio, por supuesto; cenábamos en familia el día de Nochebuena y acudíamos después todos juntos a la famosa Misa del Gallo, con nuestro gorro de lana y una bufanda cortándonos la respiración; nos tomábamos las uvas y bailábamos hasta altas horas de la madrugada encendiendo bengalas y brindando con una copa de cava o de cualquier otro licor propio de estas fechas, y lo rematábamos con esa noche de Reyes tan especial y con una mañana siguiente en la que nos poníamos en planta casi al amanecer para descubrir emocionados si habíamos sido lo suficientemente buenos como para ser obsequiados con algo de lo mucho que habíamos pedido. Todo fue bien. Hasta que la familia política comenzó a formar parte de mi vida. Ése fue el origen de los conflictos que vinieron después. ¡Pero no me malinterpretéis! Nada de malo había en ellos, nada  hicieron a nivel personal por enturbiar mi manera particular de vivir las fiestas. Su único pecado fue nacer de la mano de mi marido, de la misma forma que yo sería para él igualmente pecadora por incorporar mi familia a la suya, a su vida. Descubrí entonces que ambos queríamos vivir nuestras fiestas en pareja, y al mismo tiempo, las de cada uno en particular junto a los suyos. Nada extraño ni especial. Aunque sí problemático. Cómo compaginar a un mismo tiempo ambas cosas sin fraccionarse por la mitad. Cómo pasarlas con tu pareja y tu familia al mismo tiempo, cuando él no es con los tuyos con quienes desea estar, sino con su familia propia. “En el mismo sitio y a la misma hora”, decía una canción de Chiquetete. Pero en este caso no es así, aquí debería decir: “En distinto sitio y a la misma hora”  y ¿cómo se consigue eso? (Apuesto a que llegados a este punto, más de uno lleváis ya unas cuantas líneas asintiendo con la cabeza, levantando alguna de las dos cejas -o las dos- o dejando escapar una leve sonrisa con significado de ¡¡cómo lo sabes!! Por favor, que levante la mano quien no haya estado inmerso en una tesitura de este tipo en el momento de formar su propia familia. Yo lo quiero saber).

   A partir de aquí, comienzan las negociaciones (sí, lo sé, he pasado a hablar en presente y de forma general, pero es que me temo que mi propia experiencia es un mal de muchos, por lo que ha dejado de tener sentido personalizar). ¿Con quién pasamos la Nochebuena? Es la cena tradicional, familiar por excelencia, entrañable, emotiva. “Donde tú quieras cariño” (el primer año de casados), “de acuerdo, si quieres la pasamos con tu familia, de verdad que no me importa, pero... el año pasado también la celebramos allí...” (segundo año de casados), “este año nos toca con mis padres, ah, vale, que los tuyos se quedan solos, ok, entonces, no pasa nada, la pasamos con ellos” (tercer año de casados), “este año toca con los míos y me da igual que los tuyos se queden solos, ¿tus hermanos no la pueden pasar con ellos?” (cuarto año de casados), "¡no jodas, la Nochevieja en tu casa es un muermo, este año nos vamos de cotillón!" (decimo año de casados -es el décimo por lo de no jodas, las palabrotas se usan a partir de los diez años, como las uses antes no llegas a las bodas de plata ni de coña). Única razón de la disputa: en esas noches está terminantemente prohibido cenar solos. Y yo ahora me pregunto: ¿Y por qué? ¿Y en el día de Navidad? ¿Tampoco se puede almorzar sólos o en pareja como en cualquier otro día de fiesta del año? ¿Y la Nochevieja? ¡¡¿Y el día de Reyes?!! Ahora que los niños de hoy reciben regalos en su propia casa, en casa de los abuelos, de los padrinos, de los titos, de la Peña Rociera, del Club de Matrimonios y hasta de la comunidad de vecinos donde a un lumbrera se le ocurrió un año vestirse de paje, ¿por dónde empezamos la visita turística y cuánto tiempo estamos con cada cuál?

   No hay nada más férreo y más difícil de vencer que una antigua costumbre y nada más absurdo que no detenerse nunca a cuestionar su razón de ser en la actualidad. Para mí, el día de mi cumpleaños es un acontecimiento especial, pero si no puedo celebrarlo en su misma fecha lo aplazo, porque lo realmente importante para mí es contar con la compañía de aquellos a quienes quiero y ante todo y sobre todo, disfrutarlo, pasarlo bien. Pero eso no es factible en estas fechas. Cada celebración nos viene impuesta y ha de secundarse lo queramos o no, y a su tiempo, de manera rígida e inflexible, aunque eso conlleve tener el corazón triste por haber tenido que poner distancia entre nosotros y aquellos a quienes amamos impidiendo que puedan acompañarnos en un momento tan “especial”. Y yo pregunto (y por favor, sed sinceros): La gran mayoría de nosotros, católicos no practicantes, en pleno siglo XXI en el que estamos, ¿qué es lo que celebramos en estos días tan emblemáticos que no pueda celebrarse cualquier otro día? ¿Por qué buscamos insidiosamente en estas semanas una compañía obligada que tendría que darse todo el año? ¿Por qué nos sentimos felices por cenar acompañados un 24 de diciembre, si la soledad nos mata las demás noches del año? ¿Por qué hay que cuadrarse a nivel familiar repartiendo los festivos como si estuviéramos en un cuartel militar para no herir susceptibilidades? ¿Por qué nos embarga la pena si el turrón El Almendro falla y nuestro hijo no vuelve a casa por Navidad? ¿Acaso no viene en Semana Santa, en verano, o en el Puente de la Constitución? ¿O es que en estas otras fechas nuestro hijo es menos hijo y no nos da tanta alegría verlo?

   Somos esclavos (y sálvese quien pueda, ole por él) de una tradición que para muchos de nosotros tal vez ya no tenga razón de ser y que deja de ser familiar, placentera, feliz y entrañable (como debería de seguir siendo) para pasar a ser una fuente de compromisos ineludibles, de conflictos de pareja y familiares díficiles de sortear, de ansiedad por no poder responder a las expectativas de los demás, a lo que se espera de nosotros, de remordimientos de conciencia por lo que dejamos de hacer (aunque lo satisfagamos a lo largo de todo el año) o de alegría ilusoria y tranquilidad personal por convertirnos en las mejores personas del mundo desde las nueve de la mañana del 22 de diciembre (en que el calvo de la lotería da el pistoletazo de salida) hasta las doce de la noche del 6 de enero, en el que subidos a la grupa de los camellos se esfuman muchos de los buenos propósitos solidarios que nos han preocupado sobremanera en las dos semanas anteriores como si en ello nos fuera la vida, cuando en el resto del año nos importa un auténtico bledo lo que ahora alcanza una importancia vital.

  Este año -uuuuna vez más-, se me ha pasado por la mente la posibilidad de pasar las fiestas junto a mi marido y mis hijos en una cabañita de madera en plena Sierra Nevada, por ejemplo, alejada del mundanal ruído. Pero esta vorágine es demasiado fuerte y sospecho que acabaré absorbida por ella como siempre, ante el temor a considerarme a mí misma mala hija, mala madre, mala hermana o mala amiga por haber faltado a la cita anual por excelencia. Y comeré otra vez turrón, un poquito, de las tabletas nuevas que habré comprado después de hacer canasta en el cubo de la basura con las que me sobraron del año pasado, porque han caducado, precisa y sospechosamente, en noviembre de este año. Y polvorones, porque una Navidad sin polvorones es como un jardín sin flores (por cierto, los de Estepa están buenísimos). Y seguiré comprando regalos para unos y otros aunque me hayan quitado la paga extra y corra el riesgo serio de comer sopa de sobre durante los próximos dos meses (yo creía que tan solo eran los niños los agraciados con la llegada de sus majestadoes los Reyes Magos de Oriente, no los adultos también; ¿y decimos que el Día de los Enamorados es un invento de El Corte Inglés?).

   El espíritu de la Navidad debe estar presente todo el año; lo que importa es lo que hacemos, no cuándo lo hacemos; importa lo que sentimos, no cuándo lo sentimos; importa lo que ofrecemos, no cuándo lo ofrecemos; nos importa ser felices, no el momento en que lo somos; importa la libertad de hacer y de disfrutar, no la obligación y el compromiso.

   Hoy más que nunca, después de esta polémica reflexión, deseo que seáis felices, que lo paséis muy bien, que disfrutéis de estas fiestas navideñas. Pero de verdad. De corazón. Con libertad y pleno convencimiento. Porque queréis. No porque una tradición milenaria os imponga lo que debéis hacer. Y lo que debéis sentir.

   ¡¡¡FELIZ NAVIDAD Y, SOBRE TODO, FELIZ AÑO NUEVO!!!

   Un besazo!!!



   Pd. Me alegraría que me dijeráis que no compartís mi opinión y mi forma de sentir. Sería una buena señal.


15 comentarios:

  1. La Navidad es una época preciosa aún cuando está llena de conflictos. Estoy de acuerdo contigo en que la incorporación de la familia política a las reuniones familiares se convierte en un problema porque cada uno tira para los suyos. Ya no es solo tu familia política sino los incorporados a la familia por los demás, porque también suelen ser un problema añadido.
    La única forma de superar esos días es que todos entiendan el punto de vista de los demás y eso seamos sinceros es muy dificil.
    Yo he llegado a la conclusión de que mi Navidad empieza y termina con mi hijo (hasta que incorpore a su pareja en un futuro) y lo demás intento verlo parte de la vida y no pensarlo demasiado.
    Me sigue gustando mucho la Navidad y espero que las tuyas y las de todos sean muy pero que muy felices.
    Un saludo.

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    1. Me alegra mucho de que te gusten y de que te las tomes con calma. Y la verdad es que sí, que en el fondo, por muchos conflictos y sinsentidos que pueda tener, no dejamos de emocionarnos cuando escuchamos un villancico navideño o vemos las luces de colores por todas partes. Supongo que todo eso es lo que hace que perdure y que compense lo que de negativo pueda tener.
      Gracias por tus deseos, yo también te deseo una feliz Navidad y un mejor año nuevo!
      Besos.

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  2. Huy, no sé yo si soy la más indicada para hablar de este tema, porque llevo años en plan rebelde no sólo con las Navidades sino con las bodas, los bautizos y los eventos en general; y en fin, que si no me apetece ir a uno no voy y ya está. Claro que en mi caso mi ex era de una ciudad diferente y lo que hacíamos era que cada uno pasaba la Nochebuena y la Navidad con su familia y en Nochevieja y Año Nuevo nos íbamos los dos solos a celebrarla por ahí, a una cabaña en el monte como tú dices, o a donde fuera, pero siempre los dos. No sé cómo habría sido si hubiéramos vivido en la misma ciudad y hubiéramos estado casados, pero ahora que has dicho que si dices tacos antes de llegar a las bodas de plata estás apañado, me explico todo lo mío con mi ex, jajajajajaja.

    ¡Feliz Navidad!

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  3. Ay, que me he liado. Quería decir que si dices tacos antes de los diez años no llegas a las bodas de plata. Estoy fatal...

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    1. Se ha entendido, no te preocupes, jajaja, aunque te digo una cosa, que algunas veces, en según qué casos, más vale soltarlos pronto y acabar rápido, que mejor está una sola que mal acompañada.
      Lo vuestro no dejaba de ser otro acuerdo mutuo de supervivencia; si al final está claro que cada cual se busca el que mejor le va :)

      ¡¡Feliz Navidad, guapa, que lo pases muy bien y tengas un buen año nuevo!!
      Un beso!

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  4. Ay, ay, ay! ¿Pero cómo puede ser que no te gusten las Navidades? No me digas eso, preciosa, con lo bonito que es pasearse por la ciudad escuchando villancicos, quedarse embobado mirando las lucecitas, ver al Papá Noel paseando en trenecido, pasar las fiestas sin descanso y de comida en comida, agobiarnos con las visitas y los compromisos. Todo para empezar un nuevo año lleno de ilusión y buenos propósitos y que realmente lo empezamos agobiados, estresados y cansados de tantas fiestas y con la idea de apuntarnos al gimnasio para perder esos kilitos de más.
    Me gusta la Navidad, pero tampoco vivo estos días de forma muy especial. En casa si adornamos el árbol y montamos el belén (con el buey y la mula, diga el Papa lo que quiera). Siempre hay que elegir con quién pasar estos días, pero tampoco tengo muchos problemas y los paso con mi familia y amigos, pero no solo nos juntamos en estos días, durante todo el año hay que estar unidos y divertirse lo mejor posible.
    Disfruta de las fiestas y no te olvides de brindar por tu peque ;)
    ¡Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo!
    Un besazo, guapa.

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    1. Me gustan los arbolitos, las luces, el portalito, los villancicos,la pandereta, ¡la zambomba!, jajaja, el chocolate con churros post-Nochevieja, los bombones de chocolate, los rosquitos de vino, la copita de anís, el marisquito, los turrones caducados (según ellos), el brindis de Nochevieja, los buenos deseos, las buenas compañías... Pero no me gusta tener que hacerlo por obligación y por compromiso, ni estar donde no quiero estar, eso lo empaña muchísimo. Aún así, lo sobrellevo sin demasiado problema y reconozco que al final paso muchos momentos agradables y entrañables, sobre todo a nivel familiar.
      ¡No dudes que estarás en ese brindis, no es para menos; además, la mami siempre brinda por toda su familia! ;)
      ¡Pasa unas felices fiestas y entra en el 2013 con el pie derecho para que te traiga lo mejor!
      Un beso, preciosa!

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  5. Yo creo que precisamente en Navidad debieramos olvidarnos de los
    problemas, las guerras y demas, y todos juntos disfrutarlas.
    ¡felices fiestas!
    un saludo.

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    1. Completamente de acuerdo, eso sería lo ideal y lo más bonito, sin duda alguna!
      Feliz Navidad!
      Un saludo!!

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  6. Ays, como te comprendo... Que me pasa lo mismo. En el momento en que hay que estar ya por obligación... Pero hay que estar que luego eres la oveja negra de la familia. Y después reconozco que disfruto de los momentos, porque la Navidad me encanta. Pero lo que no aguanto es la hipocresía. Y ver a familias que no veo el resto del año pero en esa fecha nunca fallan. ¿Sólo somos familia para estas fechas?
    Y ahora que lo pienso... Llevo ya casada 11 años y las palabrotas suenan poco por mi casa. ¡Voy a por las bodas de oro! Jajajaaj
    ¡Felices Fiestas guapísima!!!
    Besotes!!!

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    1. Jajaja, yo llevo casada bastantes más que tú y entre nosotros tampoco suenan mucho las palabrotas, así es que yo también voy a por las de oro, que las de plata creo que ya las tengo garantizadas, jaja.
      Que disfrutes mucho de la Navidad y que tengas un 2013 genial!!
      Un beso, bonita, y otro para tu peque!!!

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  7. Pues yo pienso como tú, Pilar. Siempre lo he pensado y también he tenido que "negociar" con mi pareja dónde pasar los días clave, pero ya le he dado la vuelta completa y ahora estoy en otra onda, pienso simplemente dónde es mejor que esté y a quién debo y quiero acompañar... y allí estoy. Y sin darle más vueltas sólo dejo que lleguen los días y los paso como siempre, hasta que llegue uno en el que por desgracia no pueda estar donde estuve siempre. Creo que me entiendes prefectamente. Yo he pasado hace tiempo las bodas de plata y seguimos sin decir tacos... ¡Feliz Navidad!

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    1. Sí te entiendo, sí. Estar donde uno siente que debe y quiere estar debería de ser lo más fácil, lo más sencillo de hacer, pero en estas fechas es lo que más difícil resulta. Me alegra que estés en otra "onda" y también que sigas sin decir tacos, siempre hay que intentar buscar otra forma de entenderse :)
      Feliz Navidad y buen 2013!
      Un beso!

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  8. Supongo que soy esclava, pero no puedo evitarlo, tengo 36 años y de moemnto sigo viviéndolas con mucha ilusión, dejando las cosillas malas de lado, o intentándolo, pero me puede el lado infantil...Aunque si que es verdad que desde que me casé la cosa es tal como la describes...A ello se suma mi egoísmo: mi madre es mi mejor amiga y me cuesta la misma vida pasar una de esas noches clave sin ella. ya me he acostumbrado a no concidir siempre con mis dos hermanos, pero lo de mi madre no lo llevo nada bien, se me hace un nudo en la garganta, y eso que la veo casi todos los días!!! No es lógico, pero no puedo evitar pensar así...Este año la cosa ha cuedrado de manera que la nochevieja la pasaré con todos: marido, hermanos, madre, sobrinos, y estoy muy contenta de tener esa oportunidad, algo que ocurría sin cuadrarlo ni nada cuando era más pequeña, jejeje. Bueno, que me enrollo, en resumen: soy esclava de estas fechas, no puedo evitarlo :-)

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    1. Me alegro de que este año puedas estar con todos ellos, y de que seas feliz por eso; el año que viene ya se verá, hay que pensar en presente. Es muy bonita esa relación con tu madre y, a mi juicio, mucho mejor que pases algún día sin ella en Navidad a cambio de disfrutar el resto del año de su compañía, que no al revés, como ocurre lamentablemente en muchos hogares.
      Un besito, Meg, y gracias por compartir con nosotros tu experiencia!

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