19 ago. 2015

CHARLA CON LA ESCRITORA MAYTE ESTEBAN.


Para quienes aún no la conozcan, diré que Mayte Esteban nació en Guadalajara y reside actualmente en un pequeño pueblo de la provincia de Segovia. Es licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Alcalá de Henares y dice escribir desde su juventud. Autora de seis novelas de diferentes temáticas: La arena del reloj (2011), Su chico de alquiler (2011), El medallón de la magia (2012), Detrás del cristal (2013 - Premio RNR Mejor novela sentimental 2013), Brianda: el origen del medallón (2014) y La chica de las fotos (2015- Finalista III Premio Harlequin HQÑ).
Ha ganado dos premios en concursos de narraciones breves con los relatos La vida en papel (2008), una historia sobre sueños rotos, y El reflejo (2009), que es la historia inventada del cuadro de Velázquez La Venus del espejo.
Administra el blog literario El espejo de la entrada.



   Encantada de tenerte en casa, Mayte, y de que te prestes a mantener esta charla conmigo. Un placer.

   Quiero advertir que no me gustaría hacer de esta una entrevista convencional, no me gustaría centrarla en tu última novela La chica de las fotos, publicada en digital por Harlequin Ibérica tras haber sido finalista en el III Premio Digital HQÑ, ni tampoco en tu trayectoria literaria, aspectos de los que considero que ya has tenido oportunidad de hablar en otros medios, sino en algunas otras cuestiones que atañen a tu faceta de escritora y que creo que también pueden resultar de interés para los lectores.

   Te sigo prácticamente desde tus comienzos. Leí La arena del reloj, una biografía que me pareció preciosa y entrañable; Detrás del cristal, una novela fresca y a la vez profunda, con matices románticos un tanto especiales; Brianda: el origen el medallón, una novela histórica dirigida al público juvenil pero muy apta para todas las edades, entretenida y perfectamente documentada; y por último, La chica de las fotos, una novela ágil, divertida, muy entretenida por los continuos enredos que se suceden en la historia, con una pizca de crítica social e incluida en el catálogo de Harlequin Ibérica como novela romántica. Sin embargo —y aquí me surge la primera cuestión que quiero plantearte—, yo personalmente no considero que La chica de las fotos sea una novela romántica al uso, tal y como nos tiene acostumbrada Harlequin o incluso otras editoriales, no sé si me equivoco. De ser así, de no adaptarse al estereotipo de novela romántica, ¿podría implicar esto un riesgo de cara al lector? ¿Crees que nosotros, los lectores, estamos abiertos a mezcolanzas de género, o solemos tener unas ciertas expectativas —en este caso respecto al género romántico— de las que no nos gusta salirnos? ¿En qué medida podría afectar a la aceptación y al éxito de la novela?

   No tengo muy claro si los lectores en general están abiertos a mezclas de géneros, pero yo sí, como autora y como lectora, y no creo ser capaz de dejar de hacerlo. Puede que esto, el que La chica de las fotos no sea romántica pura tal y como se entiende es un riesgo que corro, y no solo por eso, sino porque no se adapta a la moda actual de incluir componentes eróticos en muchas historias. Aunque a esta novela podría venirle bien, no lo hice por varias razones. La principal es que cuando intento escribir escenas de este tipo no suenan naturales, parece que estoy copiando de otra persona, y prefiero no hacer eso sino mantener mi propia voz narrativa. Contar las cosas a mi manera. Y quizá otra razón es que considero que esto es una moda que tarde o temprano pasará. Me da la sensación de que muchas novelas actuales, cuando pase el tiempo, causarán la misma sensación que cuando miras un álbum de fotos de hace veinte años y ves el peinado que llevabas. Muy a la moda en su momento, pero difícil de mirar ahora.
   Al éxito de la novela no sé si afecta esta decisión, pero sí sé que afectará a algunos lectores que lleguen a ella pensando que es erótica, y eso sé que pasa porque he visto en varios blogs que  la etiquetan como tal, aunque me haya cansado de explicar que no lo es; otros, por fortuna para mí, han visto que esta historia romántica no es más que una excusa para hablar de otros temas.

   Tal y como refieres, escribir dejándote llevar exclusivamente por la moda del momento puede convertir el éxito de una novela en algo pasajero, muy poco perdurable en el tiempo. ¿Y a su autor —o autora—? ¿Su éxito (a veces, meteórico) puede ser tan efímero como el de sus obras? ¿Corre el riesgo de ser catalogado como autor de best-sellers y no como literato, o no tiene nada que ver?

   Puede ocurrir eso, que el éxito sea pasajero y no exista perdurabilidad, aunque no siempre sucede así. Hay algunos best sellers que son obras literarias incuestionables. Te voy a dar solo un ejemplo: El principito.

   De cara a su publicación, en los informes de lectura o editoriales de una obra, a esta se le suele dar normalmente una valoración literaria y una valoración comercial. Lo ideal es conjugar ambas cosas, pero no siempre parece posible. Ante eso, yo me atrevo a pensar que a la hora de trazar el argumento de una novela hay escritores que priorizan lo que ellos desean contar y cómo desean contarlo, por encima de las demandas del público lector, mientras que otros, por el contrario, analizan lo que sus lectores quieren encontrar en una novela y escriben por y para ellos, postura que parece estar más en consonancia con la política editorial en general. Una escritora como tú, que tiene personalidad propia a la hora de escribir y de desarrollar una trama, ¿cómo combina todo esto? ¿Te has encontrado en la tesitura de tener que elegir entre el éxito público y el éxito personal?

  
A la vista está que me quedo con lo personal. Mis novelas no solo tratan temas diversos sino que abordan varios géneros, incluso el rango de edad de los lectores en principio es diferente. Unos tienen más éxito de ventas que otros, eso es cierto, pero de todos estoy orgullosa. Si tengo que elegir, lo único que elijo es que estén bien escritas, que se sostengan. Es verdad que si leemos la primera que escribí eso se queda corto, pero por eso es la primera. Tenía que aprender.


   Seis novelas publicadas y cinco géneros distintos. Esto es algo que yo valoro muchísimo porque me lleva a apreciar la versatilidad del escritor, su capacidad para abordar estilos diferentes con las características propias que definen a cada uno de ellos, lo cual no es nada fácil. Pero me pregunto si no sería más aconsejable centrarse en un solo género, especializarse en él. ¿Crees que un escritor puede mantener su estilo propio con independencia del género que escriba, hasta el punto de no perder lectores al cambiar de registro? ¿Cuál es tu experiencia?

   Pienso que sí se puede mantener el estilo, al menos la voz narrativa, aunque se aborde otro género, aunque sí es cierto que puedes perder lectores yendo de uno a otro. Si nos centramos en cuestiones de marketing, por supuesto que lo sensato sería mantenerse en el mismo, y no solo eso, en el que más ventas te ha proporcionado. Si le hago caso a esto me verías siempre siendo una autora de novela romántica. Sin embargo, tengo entendido que solo tenemos una vida y no quiero perderme nada de esta. Si me apetece escribir en otros géneros, probando a cambiar de tiempo verbal o de narrador, lo haré. La suerte que tengo es que hay lectores a los que les da lo mismo lo que escriba. Confían en mí.
Si una novela se vende menos o se lee menos… tampoco pasa nada. De momento, aunque sería fantástico porque me dejaría mucho más tiempo para hacer lo que más me gusta, escribir no es lo que me da de comer.


   Hablemos de número de lectores, de ventas y del tipo de publicación. Cuatro novelas autoeditadas y dos publicadas con editorial de manera convencional (Detrás del cristal, con Ediciones B, en papel y digital; y La chica de las fotos, con Harlequin Ibérica, solo en digital —de momento, espero que sean inteligentes y la saquen pronto en papel). Imaginemos que tienes una novela en el cajón que no encaja en la línea o en el catálogo de ninguna editorial por razones comerciales. ¿Optar de nuevo por la autoedición sería dar un paso atrás? ¿Sacrificarías determinados aspectos de la novela —en contra de tu criterio— por verla publicada de forma convencional? Con el corazón en la mano, elige: un número de lectores minoritario para una novela fiel a tus convicciones, o el éxito de una gran mayoría para una novela que no se corresponde estrictamente con lo que tú querías escribir.


   No creo que optar por la autoedición sea dar un paso atrás, de hecho, entre Detrás del cristal y La chica de las fotos está Brianda, que es autoeditada, y me siento muy orgullosa de esa novela. Supuso un reto a la hora de documentarla y ni siquiera se me pasó ofrecerla a alguna editorial. Eso es lo que tienen en común las cuatro autoeditadas, que ni siquiera he intentado que sean publicadas bajo ningún sello.  ¿Volvería a hacerlo? Pues ahora mismo no tengo intención inmediata, pero estoy segura de que en algún momento lo haré, porque sé que escribo con tanta libertad que muchas veces no encajo en ninguna parte. Es lo bueno de esto, que puedes arriesgar.

   Existe esa novela hipotética de la que hablas. De momento no estoy dispuesta a sacrificar nada que yo no considere que deba ser sacrificado en ella. Me explico. Si al releerla viera que necesita algún cambio, lo haría, pero nunca porque me lo impusieran por motivos comerciales y mucho menos si no me siento cómoda con ellos. No tengo prisa por publicar, eso creo que me diferencia de muchos autores que estoy viendo ahora. Me da igual que pasen dos o tres años entre novelas. Roma no se hizo en un día, ¿no era así? Pues esto es igual. Tengo el resto de mi vida para recorrer el camino.

   ¿Qué es para ti el éxito literario, Mayte, qué demandas? ¿En qué punto se consigue? 


   Lo he dicho más de una vez: trascender. Eso no se ve durante el tiempo que uno está vivo, así que nunca sabré si lo he logrado. Si reducimos el éxito a ventas estamos hablando de éxito comercial, no literario. Si buscase éxito comercial creo que tendría que resetear mi cabeza desde el principio y me da mucha pereza.

   La literatura, para mí, es un reflejo del tiempo en el que fue escrita, de la sociedad y el momento en el que se produjo. Cuando explico literatura me doy cuenta de que los grandes autores siempre han reflejado su tiempo y creo que eso lo hago de manera inconsciente porque lo he visto siempre así. No hace falta que las historias sean reales, pero el marco y los personajes me resulta esencial que sean cotidianos y reconocibles.

   Hay algo que tal vez muchos lectores desconozcan y que, sin embargo, los escritores podéis sufrir en vuestras carnes con más frecuencia de la deseable. Y hablo de la injusticia de que el bajo éxito de ventas de una novela condicione la compra de los derechos de la siguiente sin entrar siquiera a valorar la calidad de esta última, cuando además, en ciertos casos, tal fracaso se debe más a la carencia de una campaña de promoción, publicidad o distribución adecuadas que a la escasa valía de la novela en sí. ¿Cómo crees que se supera este bache?


   Con todos los libros que se escriben, con tantos y tantos buenísimos que se quedan en los cajones, es injusto total que a alguien se le compren derechos de novelas que están sin escribir y por supuesto sin valorar si es un producto de calidad por el que merezca la pena apostar.

   Luego está el otro tema que planteas, la carencia de promoción una vez que la novela está en el mercado, que encima condiciona la confianza futura que se pondrá en el autor. Una de las primeras leyes del marketing, algo que me contaron hace muchos años en un curso que hice, es que hay que invertir tanto en promoción como en generar el producto. A las pruebas me remito. Tú tienes un blog y sabes cómo se lo montó la editorial con las 50 Sombras… lo que ofrecían a los blogs. Tropezabas con las pilas de libros cuando ibas a hacer la compra. Tiene tantos detractores como seguidores, pero ha vendido miles de ejemplares. Es cierto que sin promoción no hay ventas que valgan. El boca oreja es elemental, pero sin ninguna campaña te cargas el producto. Y puede que sea incluso mejor que las 50 sombras famosas.

   Y hablando de campañas de promoción, ¿cómo ves tú, en general, la labor de las editoriales en este sentido? Hace años, la panacea parecía ser la de conseguir ser publicada por una editorial convencional, el escritor podía dedicarse al oficio de escribir y todo lo demás pasaba a ser competencia de quienes explotaban los derechos de la obra. Hoy parece ser que no es así, ¿no?


   Pues he tenido dos experiencias dispares. Es cierto que en los dos casos yo he colaborado en la promoción, pero mientras en uno cayó sobre mis hombros casi la responsabilidad completa, sin tener ni idea de por dónde andaba, en el otro lo he hecho hasta donde he querido, sabiendo desde el principio que no era necesario, o al menos que no era mi responsabilidad. Pero es cierto que si tú como autor no te implicas… la cosa no va. Los tiempos han cambiado y hay que adaptarse.


   Y en esa implicación yo diría que las redes sociales juegan un papel fundamental. Por lo que vemos, no solo se han convertido en un medio a través del que hacer publicidad de las obras literarias, sino también un medio de acercamiento entre lectores y escritores que tiene sus defensores y me consta que también sus detractores. ¿En qué posición te encuentras tú?


   Ambigua. Tengo la suerte de contar con lectores muy amables que se acercan a mí y me dicen cosas increíbles, sensaciones que han despertado mis libros en ellos, incluso en el caso de La arena del reloj, cuando alguien te cuenta que el libro le ha dado un apoyo en un momento complicado de su vida te sientes bien, aunque a la vez con una tremenda responsabilidad.  Por lo general, en mi caso ganan por goleada las buenas opiniones.

   Por otro lado, tengo detractores. Sí. Cuesta un montón entenderlo cuando lo que tratas de hacer es no meterte con nadie y recorrer tu camino intentando aprender de todo, cuesta sobrellevar ciertas zancadillas. Reconozco que algunas veces te entran ganas de despotricar y desvelar quién está detrás de algunas –porque algunas veces he llegado a saberlo-, pero toca respirar profundamente, dejar que pase el chaparrón. Lo que peor asimilo es cuando alguien intenta apoyarse en tu nombre para levantar un revuelo que le permita darse cierta notoriedad, aprovechando lo que sea.

   A mí me gustan los escritores cercanos y accesibles como tú. Yo siempre he valorado el hecho de poder comentar directamente con un escritor lo que me ha parecido su novela y que él me pueda hacer partícipe de los entresijos que le llevaron a escribirla de tal o cual forma, incluso de la evolución de su éxito, me encanta. Sin embargo me pregunto si un exceso de cercanía, un exceso de confianza —por llamarlo de alguna forma— entre unos y otros podría tener efectos negativos de algún tipo. Hay escritores a quienes se les respeta; a otros, en cambio, parece que se les pueden lanzar comentarios hirientes sin medición alguna. ¿En qué radica esa diferencia, cómo y cuándo se gana un escritor ese respeto por parte del lector?


   Yo no puedo “no contestar”. Me parece que si alguien se acerca se merece al menos que seas amable. Pero creo que nadie se libra de los malos comentarios, o comentarios hirientes. Lo he estado rastreando, porque me interesa todo lo que tiene que ver con la escritura –por algo que estoy escribiendo, metaliteratura, y a todo el mundo le hacen críticas, a veces muy injustas. Más, cuanto más destacas. De hecho, estoy llegando a la conclusión de que muchas novelas que no tienen comentarios malos… a lo mejor es que tampoco me puedo creer los buenos.


   ¿Tú crees en lo que llaman "la marca del escritor"? ¿En qué consiste para ti? ¿Es necesaria? ¿La "imagen" del escritor repercute en las ventas?


   Sí. Hay escritores que venden por inercia, mira las listas y te darás cuenta. Da igual lo que escriban, la gente lo va a comprar porque saben que no les va a defraudar. Creo que esa marca es tener una voz propia que sirva para contar la historia que sea. Hay quienes tendrán más cabeza que yo y no se moverán de género, pero también los hay que no tienen miedo. Mira si no Lorenzo Silva. Música para feos se distancia de su registro y ha vendido y ha gustado.


Cuando el e-book irrumpió en el mercado literario, muchos temieron la desaparición del papel en un tiempo corto. De momento podemos comprobar que el papel y el digital son capaces de convivir en armonía, aunque no me aventuro a decir si será por mucho tiempo. Algunas editoriales optan por la publicación digital antes de abordar las ediciones en papel como una especie de tanteo previo que pueda ser indicativo del éxito comercial de la obra. Pero ¿tú crees realmente que las ventas en digital son un indicativo fiable de cara al papel? ¿Hablamos de mercados distintos, de un público lector diferente o es básicamente el mismo? 


   Son públicos complementarios, de hecho hay gente que no lee si no es en papel y otra que apenas lo usa ya. Sin embargo, creo que el mercado digital ha hecho algo mágico y es fomentar la lectura. Creo que el papel no se va a morir, pero gracias al digital. Estoy convencida de que ahora la gente lee más que hace una década. Se vende menos papel, eso es cierto, pero creo que también es por la crisis esta que tenemos, a ver si se acaba ya de una buena vez.

 
   Así es. Tal y como está la economía actualmente y al precio que tienen las ediciones en papel, parece claro que hay que publicar en digital para poder alcanzar una cota de lectores bastante mayor que, a su vez, pueda dar publicidad a la obra a través del boca-oreja fundamentalmente, sobre todo en el caso de editoriales sin presupuesto para lanzar grandes tiradas y sin una buena distribución y promoción. Sin embargo, los escritores preferís el papel, este parece la consumación de la verdadera publicación. Si tuvieras que elegir entre un medio u otro, ¿por cuál optarías?


   Me gusta más el papel, lo tengo más que claro, pero entiendo que si las editoriales pueden minimizar el riesgo lo hagan porque es un negocio. Ningún negocio se pone para perder dinero, pero tampoco hay que olvidarse de invertir en él. Que parece una obviedad lo que acabo de decir, pero en la práctica estoy viendo que muchas veces algo tan elemental se olvida.


   Antes comentábamos las posibilidades de acercamiento que brindan las redes sociales. Pero a ello hay que añadir las posibilidades que brindan también las plataformas digitales y las webs o blog literarios para conocer de cerca las críticas de los lectores respecto a las obras. Supongo que esto, como todo, tiene su vertiente positiva y también negativa. En el caso de críticas favorables no hay problema, jaja, pero... ¿cómo se llevan esos comentarios negativos a veces escritos con cierta saña, o sin un razonamiento coherente que los sustente? Dicen que para gustos, colores, pero en ciertas ocasiones no es una cuestión de gustos lo que los motiva, sino razones bastante distintas... ¿Cómo te los tomas?


   No muy bien. La mala idea no la entiendo y ha habido veces que me he pillado unos rebotes de días –el primero que recibí decía que no sé escribir, que el libro era malo, malo-. Lo que me ocurre ahora es que, pasados unos días los veo de otro modo. Además, desde que me he enterado que los comentarios de una estrella, de esos con mala idea, se pueden comprar para darle a tu perfil un punto de seriedad… pues oye, a cada uno que me llega me hago a la idea de que alguien me acaba de regalar 25 dólares.
De hecho estoy pesando que con La chica de las fotos tengo crédito para una cena…

 
   Sí, pero en tu caso, este tipo de comentarios que refieres no los compras, jaja, así es que dime, ¿qué resulta aconsejable? ¿Aceptarlos con humildad aunque estén carentes de razón, rebatirlos...? 


   Pues aunque te entren ganas de rebatirlos, lo que creo es que aquellos que no dicen nada no hay que hacer nada con ellos. Es más, hasta ahora yo los compartía, porque pensaba que si hacía eso con los buenos tenía que ser humilde y hacer lo mismo con los malos. Por consejo de alguien que sabe mucho de esto, los malos no los volveré a comentar en las redes, te acabo de dar una exclusiva para tu blog. No, porque no voy a dar a esta gente ese placer. Tengo algunos de perfiles especiales creados para mí, lo cual ya dice mucho de qué pretenden. La notoriedad, como la escritora que buscó hacerse notar a mi costa, que la busquen por sus propios méritos. Y de los que sean ciertos, que habrá alguno, intentaré aprender lo que pueda.


   Con independencia de esta repercusión a nivel personal, ¿hasta qué punto cualquier comentario o crítica de una novela, escrito por cualquier lector (y no pretendo aquí menospreciar a nadie) en una plataforma digital, puede tener repercusión de cara a la ventas de una novela publicada en papel? 


   No sabría qué decir. Primero te hablo de lo digital. Lo que sí sé es que una buena reseña, al menos en mi caso, no viene acompañada de ventas. Y quizá un comentario de una estrella sin razonamiento alguno lo que provoca es el efecto contrario al que busca, porque cuando lees algo con tan mala idea y tan poco fondo puede que le des valor a los que sí están razonados, a los que hablan de la trama y los personajes de la novela, de los giros, del lenguaje, de la ausencia o presencia de diálogos.

   En el caso de la novela en papel, me consta, por Detrás del cristal, que hay gente que ni se había enterado que existía una versión digital, que llegaron a ella directamente porque la vieron en el punto de venta y después hicieron el recorrido de buscarme en las redes. Creo que esos lectores, los del papel, ni se fijan en las estrellas de la novela.
   
   ¿Te has sentido apoyada por la comunidad de escritores con los que interaccionas en redes sociales o por cualquier otro medio? Me pregunto cómo es la relación entre vosotros, si está marcada por la competitividad o prima la empatía y la simpatía mutua por estar subidos al mismo barco.

   En todo este tiempo he vivido muchas experiencias de todo tipo. Buenas y no tanto. Ha habido gente que se ha acercado a mí buscando obtener algo –recuerda que tengo un blog y llevo años haciendo reseñas- y que, después de conseguirlo, se han hecho humo, pero por otro lado tengo suerte porque esto ha logrado una “selección natural”. Cada vez me siento más cómoda y muy querida por escritores que son muy grandes, como escritores y como personas. Muchas veces intercambiamos opiniones, nos damos consejos, compartimos conversaciones que resultan reveladoras… 


   ¿Qué eliminarías de todo este entramado literario?


   La competitividad. Si algo sé, es que un lector no lo es de un solo libro. 

 
   ¿Qué no harías si volvieras a empezar? 


   No lo sé. Llevo un rato pensando y no se me ocurre nada que quisiera eliminar. Todo forma parte del camino, del aprendizaje hasta llegar donde me encuentro ahora, así que es importante. Para bien o para mal me ha empujado a ser quien soy.


   Y por último: un consejo para un buen escritor, hastiado y desilusionado, que esté a punto de rendirse. 


   Oye, esa sensación se pasa. Si escribes porque lo sientes, porque te nace de dentro y además lo haces bien, déjalo un tiempo apartado, pero no te rindas.



   Mil gracias por compartir este rato con nosotros.

   Te deseo mucho éxito. Del bueno.

6 comentarios:

  1. Me gustó el blog, me puedes incluir en el. Muchas gracias

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    Respuestas
    1. Ya he visto que lo sigues.
      Gracias a ti, Maria, por tu visita y por quedarte por aquí ;)

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  2. En la playa leyendo esta entrevista es como si os tuviera a mi lado. Unas preguntas inteligentes y una respuestas sinceras y sentidas. Sois dos grandes. Mucha suerte a las dos

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  3. Gracias, una charla amena e instructiva.

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  4. Una gran entrevista. Mucho talento hay entre Mayte y tú y lo habéis demostrado una vez más.
    Besotes!!!

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