13 mar. 2013

LA CANCION DE NORA y reflexiones varias.


   Cuando decidí apuntarme a la Quincena erótico-festiva de Laky lo hice por un simple arrebato momentáneo, de esos que siempre he tenido, pero por los que últimamente parezco dejarme llevar sin tantos remilgos ni reflexión alguna. Aunque tal vez fuera también porque, en el fondo, me alegró ver que por fin comenzamos a dejar el rubor a un lado para hacer alarde de esa imagen de mujer moderna, actual y liberada de la que tanto presumimos, pero que, para ciertas cosas, aún anda un poquito lejos de aflorar del todo. Y si me refiero expresamente a las mujeres es porque los hombres, en ese sentido, ya perdieron el rubor y la vergüenza hace mucho tiempo, para bien de ellos. Lo que me resulta un poquito lamentable es que esta especie de "revolución" haya tenido que venir de la mano del famoso Sr. Grey (Trilogía "50 sombras de Grey" -por si alguien de otro planeta nos visita y no conoce a este señor-), que haya tenido que ser él precisamente quien nos saque a torear sin miedo cuando ya había multitud de personajes envueltos en infinidad de novelas de corte erótico esperando ser leídas y deseando encontrar un hueco en nuestras estanterías, sin que pudieran llegar hasta ellas, en algunos casos, por no ser un género de nuestro gusto, pero en otros muchos -estoy segura- porque no nos atrevíamos a pasearnos por la sección de literatura erótica de unos grandes almacenes ojeando libros y pasando páginas para acabar acercándonos a la caja y acometer el trance de comprarlo bajo la mirada de la clienta de al lado, simple y llanamente. Y si no, decidme si alguna de vosotras no ha leído alguna vez una novela de este tipo forrada en papel opaco para no desvelar su título ni la imagen de portada, ¿cierto? Y no me digáis tampoco que no había literatura erótica pensada para mujeres, con una historia bien desarrollada y con un lenguaje no tan burdo, soez y pornográfico, porque ahí estaba, por ejemplo, "Las edades de Lulú", y estoy por apostar que más de una no se ha atrevido a leerla hasta ahora.

   A continuación llegó la segunda parte, elegir un título para después reseñarlo en el plazo establecido. Además de recibir unas cuantas recomendaciones de quienes son amantes y entendidos de la novela erótica desde siempre, también me preocupé de darme una vueltecita por la blogosfera y por las webs literarias para ver qué títulos han proliferado a raíz de este boom al que ahora parecen haberse apuntado escritores y editoriales por doquier, con el fin de aprovechar el tirón comercial que este género  parece tener actualmente, al igual que los vampiros ya hicieron su agosto tiempo atrás. Y me anduve con mucho tiento,  porque temía que de nuevo el Sr. Grey pudiera haber creado escuela y que el pack indivisible romanticismo absoluto - sumisión femenina fuera casi, casi, la única combinación erótica digna de contar con el beneplácito de las lectoras. Es cierto, a la mayoría de las mujeres les gusta que las seduzcan, que las protejan, sentirse -de vez en cuando- en los brazos de un "tipo duro" y, tal vez, en sus fantasias sexuales, ser sometidas por el galan de turno como un rasgo inherente a esa masculinidad que nos puede resultar inevitablemente atractiva. Pero de ahí a pasarnos la vida esposadas, maniatadas, cegadas por pañuelos y artilugios varios y obligadas a ejercer una sumisión total sin posibilidad de réplica ni de invertir los papeles cuando nos plazca, va un abismo. Y como ya sabemos por experiencia que cuando se encuentra una fórmula que funciona se explota hasta dejar el pozo seco y hasta desértico, temía toparme de nuevo con este tipo de historia aderezada por todos los elementos ideales que la convierten automáticamente en bestsellers tras un estudio exhaustivo de la psicología femenina.

   Cuando estaba a punto de hacerme con una recomendación "culta" para leer, una conocida se cruzó en mi camino ofreciéndome la novela de Erika Lust, La canción de Nora. Entonces salté como un resorte y pregunté: "¿Es de sado-masoquismo?". "No". "¿Va de BDSM?" "No". "¿La mujer es sumisa?" "Noooooo". "Entonces me lo quedo." Y tengo que reconocer que he acertado en mi elección, no porque me haya gustado expresamente, sino porque me ha sorprendido que su planteamiento argumental se saliera de los cánones habituales en la literatura erótica actual y, digamos que, comercial, aunque yo no sabría realmente si catalogar a esta novela como erótica, y luego explicaré por qué.

   Esta es la sinopsis que aparece en la contraportada del libro:

Nora tiene veinticuatro años, mucho carácter y arrojo, más sentido del humor y, sobre todo, unas ganas infinitas de disfrutar de lo que la vida le pone por delante.


Durante los inicios de su carrera en el cine en la Barcelona más cool, se debatirá entre dos hombres muy diferentes: Xavier, un joven productor ambicioso y sofisticado, y Matías, un creativo apasionado, atractivo y misterioso.


   La fórmula que Erica Lust utiliza en esta novela huye de los elementos típicos que se dan cita en la mayoría de las novelas eróticas que ahora están en boga, y que a mí personalmente me da la impresión de estar escritas con las miras puestas casi exclusivamente en el público femenino, en las que aparece, casi de forma genérica, una relación estrecha entre hombre y mujer con una mayor o menor confluencia de sentimientos mutuos que transcienden a su vida sexual. La historia que su autora nos cuenta está basada en la vida cotidiana de Nora -sueca de origen- durante su estancia en Barcelona, en la que confluye un esfuerzo continuo por buscar trabajo y desarrollar su labor profesional en el mundo del cine, y su manera particular de vivir la vida y de relacionarse con el sexo opuesto. La relación de pareja que habitualmente suele asociarse a las relaciones sexuales no está presente de forma estricta en este caso. Nos encontramos ante una imagen, a mi modo de entender, que comienza a ser más acorde con la realidad de la juventud actual -a la que Nora pertenece-, una juventud bastante más despreocupada y que evita el compromiso en grado sumo para dar rienda suelta a los instintos de la carne, dejándose llevar por los placeres sexuales que reportan las relaciones esporádicas de un solo día a las que no se sabe, a priori, si seguirán algunas más. A pesar de debatirse entre la afectividad que le reporta Xavier y la pasión algo más desenfrenada que le despierta Matías, Nora mantiene una libertad plena para disfrutar de todo lo que pueda cruzarse en su camino sentirse atada, porque ésa es su manera de entender la vida.

   Y si el planteamiento de la relación sexual que mantiene la protagonista difiere de lo habitual, también lo hace la estructura argumental de la novela, y eso es precisamente lo que más me ha sorprendido. No existe una trama trabada ni elaborada, no existe el típico planteamiento-desarrollo-desenlace que suele ser típico en una novela, no hay aparentemente un final buscado ni una razón de ser en los hechos que acontecen. En esta novela se cuenta lo que ocurre en la vida de Nora durante unos años determinados de su vida, sin más pretensión que la de mostrar su manera de vivir, de enfrentarse al mundo tal y como lo conocemos, de relacionarse con su familia de una manera incluso entrañable, de pelear por un futuro relativamente estable y de disfrutar de la música, de los bares de copas, de las relaciones amistosas en todas sus vertientes y del sexo de la forma y manera en que se presente: pasional, desbocado, superficial, sentimental y hasta como herramienta de desahogo y liberador de tensiones utilizada en solitario. No hay ninguna intención de mitificar el sexo, de describir ensoñaciones románticas maravillosas, de crear personajes idílicos o fantasiosos que queden grabados en nuestra mente al terminar el libro, preguntándonos una y otra vez dónde están porque yo no los encuentro. Erika Lust nos muestra una imagen más real de lo que pensamos de la manera en que muchos jóvenes comienzan a entender la vida actualmente y lo hace con un lenguaje desenfadado, sin utilizar un estilo narrativo depurado, sino muy cercano y ocurrente. En algunos pasajes me ha recordado el estilo narrativo de Brenda Lewis en Nunca volveremos a ser las mismas.

   Sin embargo, y a pesar de lo que he venido comentando anteriormente, hay algo en esta novela que me hace dudar de su catalogación de "erótica"; creo que yo no la entiendo como tal. He buscado la definición de erotismo para confirmar lo que yo tenía entendido por este término, y esto es lo que he encontrado:

    1. Amor sensual, sexualidad.
    2. Cualidad de lo erótico, de lo que provoca excitación sexual.
    3. Expresión o descripción artística del amor físico.

    En tal sentido, tengo que decir que además de que las escenas de sexo no son en absoluto numerosas, la forma de presentarlas me ha parecido que más que estar narradas de una forma novelada, están descritas de manera explícita como si se tratara de un guión cinematográfico que hay que seguir. En la mayoría de los casos no me han parecido sensuales, el estilo narrativo que plasma la escenificación no me ha parecido ni remotamente cercano a lo artístico -aunque he de decir que tampoco hace uso de un lenguaje soez que nos produzca repulsa, ni en ellas se describen prácticas por las que vayamos a escandalizarnos en absoluto, a pesar del detalle con que están descritas-. Y el hecho de que no exista un preámbulo narrativo mínimo que vaya calentando motores hasta acercarnos al momento "acto sexual", unido a la forma directa, clara y explícita de contar la escena, tampoco invita en exceso a la excitación; conmigo, al menos, no lo ha conseguido. Y al género masculino (que no necesita preámbulos y que suele ser amante de ir al grano) me temo que le parecerán escenas un tanto light como para conseguir el mismo propósito.

   A pesar de todo lo que he dicho y aunque parezca que no me ha gustado, tengo que romper una lanza en favor de la novela por su originalidad, por tratar de mezclar una trama desenfadada, ágil y entretenida con pasajes de sexo explícito recreados en mayor medida y con más detalle que el resto de las escenas de la novela, por huir de los tópicos actuales en literatura erótica, por desmitificar las relaciones sexuales tal y como las presentan muchas novelas románticas subidas de tono y por mostrar una imagen de la mujer liberada, dueña de su cuerpo, de sus sentimientos y de elegir aquello que quiere sentir y con quien, sin complejo y sin temor a mantenerse alejada de relaciones amorosas o a comprometerse en ellas si el corazón, finalmente, se lo acaba pidiendo.


8 comentarios:

  1. Espero que sigas con arrebatos como éste y nos regales más reseñas. Sólo he leído el primer libro de Grey y no me gustó. El día que decida seguir leyendo novela erótica será con "Las edades de Lulú" que compré hace años y que sigue el pobre abandonado sin que le preste atención.
    Un besito

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    1. A cada cual le gusta un género, o varios, no hay por qué leer de todas las temáticas, aunque yo opino que de antemano no hay que estar cerrada a nada, igual nos sorprendemos con lo que menos esperábamos.
      Y en cuanto a seguir con las reseñas..., dejaré que el cuerpo se pronuncie sobre lo que le apetece hacer, jaja, que las cosas espontáneas, algunas veces, salen mejor.
      Un besito!

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  2. Pues créeme cuando te digo que yo no era de las que leía novelas eróticas camufladas en portadas opacas, igual es que soy un bicho raro pero no me atrajo en su momento ni "Las edades de Lulú"; lo más erótico que he leído ha sido "El sistema Victoria", que nada tiene que ver con los libros eróticos que están de moda, y ni por ésas me gustó, pero respeto, faltaría más, a todos los lectores que ahora están disfrutando tanto gracias al Sr. Grey. Una reseña excelente. Bss.

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    1. Si algo no te llega demasiado y encima tienes una mala experiencia con él, todas las papeletas apuntan a que no vuelves a probar suerte, al menos hasta pasado bastante tiempo. Pero quién sabe, las tendencias a la hora de escribir cambian, los enfoques también, incluso nosotras mismas, por supuesto, así es que nunca se sabe lo que puede pasar. En cuanto al fenómeno del Sr. Grey, es digno de estudio, eso está claro.
      Un beso, Rebeca!

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  3. Hagamos un club de hartura. He visto parte de mi opinión de hoy reflejada en la tuya, y me ha hecho sonreir. Pero ya sabes, hay que probar...
    Besos

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    1. Sí, no hay que desechar nada de antemano, pero cuando se produce una avalancha de tal calibre, es inevitable hartarse hasta más no poder. A mí, además, mientras más intentan meterme algo por los ojos en contra de mi voluntad, más repulsa me produce :)
      Un beso!

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  4. Una gran reseña! Aunque es un género que no me gusta mucho, aunque tengo que confesar que el único libro que he leído precisamente es Las edades de Lulú, hace años y no me gustó mucho. Creo que por eso no he vuelto a acercarme al género, porque como solo escuchaba halagos de esta novela... Quizás es que me acerqué muy jovencita a esta novela, quizás tenga que darle una oportunidad de nuevo.
    Besotes!!!

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    1. Es que hay géneros que tienen una edad, y sobre todo cuando también entra en juego la educación, los tabús y el grado de madurez propia de cada cual. Suele pasar que nos quedamos con esa mala sensación que nos produjo haber leído algo en un momento dado y eso nos impide volver a acercarnos a ello, y puede que ahora cambiaramos de opinión o tal vez no, tal vez sigamos con los mismos gustos de antes. Cuestión de probar.
      Besitos!!

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