Me ruborizo ante el lienzo inmaculado en el que vas a recrearme. Prometes no mirar mi desnudez y me dejo llevar, nerviosa. Cierras tus ojos. Mi ropa cae. Tiemblo. Tus manos se acercan y tocan mi piel. Recorren mi cuerpo, a ciegas, una y otra vez, hasta memorizar las curvas que trasladarán a la tela portando pintura en los dedos, como pinceles ardientes. Vas y vienes. Me estremezco. Y tú te agitas al apreciar la excitación en mis pechos y en mis rincones secretos. Lanzo un gemido al aire y te apreso, pidiéndote ser musa y además lienzo en el que tu boca trace infinitas pinceladas hasta el amanecer.
© Pilar Muñoz - 2015.
Hasta con este género, que no frecuento, me convences!
ResponderEliminarBesotes!!!