5 jul. 2017

EL DESTINO NOS HA UNIDO.

   Sabiendo que mi próxima novela, «Un café a las seis», saldrá publicada mañana, 6 de julio, en Amazon, yo debería estar, en preciso instante, centrada en averiguar la mejor manera y forma de contarte mil cosas en relación con ella, como por ejemplo, el tiempo que tardé en escribirla, cómo son de ideales sus personajes o lo maravilloso de su argumento, salpicándolo todo con unas frases filosóficamente deslumbrantes, capaces de despertar en ti un irresistible interés que te empuje a comprarla al terminar de leer esta entrada.


   Pero no. Aunque vaya contra natura, o mejor dicho, contra las leyes de la lógica, no lo voy a hacer. Quizá porque siempre me gustó ir un poco a contracorriente, sacar los pies del plato, poner en tela de juicio eso que decimos que es normal. O quizá porque, en el fondo, sospecho que ya empiezan a aburrir esas entradas largas destinadas a la promoción, en las que la propia autora describe su estado emocional ante el inminente estreno además de hacer alarde de las maravillas de su propia obra, intentando dar imagen de credibilidad y de una objetividad de la que dudarán casi todos menos ella.


   Así es que voy a cambiar de tercio y voy a hablarte del destino. Sí, has leído bien, del destino. Ese que un día hizo que un relato por encargo se cruzara en mi camino haciéndome variar de rumbo de manera significativa; que me llevó a descubrir que también los sentimientos se puede expresar con palabras transfiriéndolos así de mí hacia ti, con realidad palpable; ese que me acercó a buen número de lectores por efecto del boca a oreja y que me ha regalado dulces palabras de elogio sin yo buscarlas; el que ha provocado que historias (como esta surgida en torno a un café) no despierten de forma premeditada, sino por un aparente efecto rebote que hace que incluso se disfruten más, porque llegan revestidas de sorpresa para quien las escribe y para quien las lee, o tal vez porque nacen de las entrañas y acaban gozando de un "algo" especial.

   Hoy quiero rendirle homenaje a esa fuerza que mueve los hilos tanto de tu vida como de la mía, y que, al igual que hizo con mis protagonistas, por una razón u otra nos ha llevado a encontrarnos a ti y a mí en este lugar, dándome la oportunidad de conquistarte con lo que quiero contarte, y por qué no, dándote la oportunidad de que puedas disfrutar leyéndome si, por la razón que sea, terminas confiando en mí. Pero con libertad. La decisión es tuya. Porque si bien ese destino existe, también queda espacio a la decisión personal, a gozar del placer de acertar o equivocarnos.

   Y si ya me conoces, porque el destino se ocupó de nosotros en alguna ocasión anterior, tan solo voy a darte la bienvenida y a decirte que es un placer reencontrarte. Sin más. Porque estoy convencida de que antes de haber leído esta entrada, tu decisión ya estaba tomada.

   Gracias por estar aquí.



Novela participante en el concurso literario Amazon Indie 2017.

28 jun. 2017

"TRES MINUTOS DE COLOR" de PERE CERVANTES.



SINOPSIS

En Tres minutos de color la estéril lucha contra el tiempo y la muerte cobra un significado muy distinto.  
Coque Brox, el protagonista de la historia, es un inspector de policía de mediana edad, separado, parco en palabras, amante de todo aquello que conserve su esencia y acromatópsico, o lo que es lo mismo, percibe la vida en blanco y negro. Herido de por vida tras sufrir una pérdida irreparable, solo le alienta la lucha por recuperar el cariño de su hija adolescente. En una Barcelona en caída libre, cuyos locales de diseño no logran acallar la apremiante nostalgia de sus habitantes, investigará la violenta desaparición de Palma, amigo y compañero de profesión. Durante el tiempo que duren las pesquisas se las verá y deseará para mantener engañado a un suspicaz comisario que no lo quiere en la investigación, sufrirá los persistentes intentos de suicidio de su exmujer, y conocerá muy de cerca qué es una ECM (experiencia cercana a la muerte). Lejos de las clásicas novelas de procedimiento policial, el inspector Coque Brox se verá obligado a visitar un terreno verdaderamente desconocido para él y para el resto de los mortales. Lo que un descreído como él nunca imaginaría es que hay lugares sobrenaturales que albergan la verdad, aunque el camino que conduce a ellos todavía siga siendo un misterio. Y como dijo Jorge Luís Borges: «Lo sobrenatural, si ocurre dos veces, deja de ser aterrador».
  
   ORIGINAL.
  
   Si tuviera que definir con una sola palabra Tres minutos de color, lo haría con este calificativo, aunque por supuesto no sería el único, simplemente el que destaca en mi mente cuando pienso en la novela una vez leída. Y me encanta. Me encanta esa sensación que me aleja de lo típico, de lo común, de la línea habitual que una espera que siga una historia influenciada por los estereotipos de los que tanto parece que nos cuesta salir.

   Ya me acerqué a la prosa y al estilo de Pere Cervantes con su anterior novela, La mirada de Chapman, y me dije que repetiría sin dudar, porque me cautivó su manera de narrar y su forma de plantear la historia. Así es que no he perdido de vista estos Tres minutos de color desde el momento de su publicación para hacerme con ellos y ha sido la recomendación de una buena amiga (que de mis gustos ya entiende y bastante) la que ha terminado de darme el último empujón para leerla. En dos días he devorado las casi 350 páginas de la novela, sin saltarme una mísera letra, absorbida por la trama y por la forma en que su autor la desarrolla.

   Siempre he dicho, hasta la saciedad, que me atrae muchísimo la mezcla de géneros, aunque sea uno de ellos el que sirva para encuadrar la obra -por aquello de que, lamentablemente, tendemos a clasificarlo todo-. Y cuando estas mezclas se producen entre géneros tan dispares, sacando los pies del plato, ofreciendo una apuesta arriesgada (y en algunos casos, hasta innovadora) que haga evolucionar la literatura, entonces ya me apasiona.

   Cuando en algunos comentarios previos se hablaba de la originalidad de la trama no tenía ni idea de por qué. Ahora puedo entenderlo. No podía imaginar que el tema de fondo que el autor plantea en la historia pudiera estar entretejido tan magistralmente con una novela de género policiaco tal y como suele recrearlo Pere Cervantes. Y digo «tal y como suele recrearlo» porque algo que me fascinó (entre otras cosas) de su anterior novela y que ahora vuelve a repetirse fue esa exposición tan real del mundo policial y de la forma en que en él se desempeña el trabajo, creando para ello unos personajes humanos y sumamente veraces, como solo puede hacer alguien que conozca ese universo muy de cerca. Y choca descubrir (en la ficción) cómo determinadas experiencias que consideramos paranormales juegan un papel tan preponderante en el seno de una investigación muy real y de plena actualidad, hasta cotidiana, diría yo. Sí, ya sé que hay series de televisión, incluso películas que hacen uso de este tipo de «fenómenos» en tramas policiales, pero creedme que ni por asomo resultan tener la relevancia, en cuanto a profundidad, que tiene en Tres minutos de color. Porque el tema que aborda Pere Cervantes no tiene esa única razón de ser de sustentar la trama (que ya es mucho), sino que nos aboca a la reflexión, a hacernos preguntas, a darle vueltas al coco en relación con algo que nos inquieta por el pleno desconocimiento que de él tenemos el común de los mortales; aunque yo he de confesar que es un tema que me apasiona desde que tengo uso de razón y del que he leído muchísimo, lo cual ha hecho que esta novela me atrajera todavía más.

   ¿Hacemos a un lado el fondo para hablar de la forma?
   El ritmo trepidante de la narración te engancha desde la primera línea y no te suelta hasta el final. Suena tópico, pero es así. No decae en ningún momento, porque todo está perfectamente entretejido y Pere Cervantes va desgranando los detalles con maestría a lo largo de las tres partes de que se compone la novela; tres «rupturas» necesarias para poder dar a la historia esos giros argumentales tan contundentes que hacen que nos mantengamos enganchados por lo sorpresivo de lo que cuenta y de lo que alguna de ellas recrea. Y todo ello, con un estilo narrativo que pretende ser informal, pero que está sumamente cuidado en su prosa, ágil, fácil de leer, y consiguiendo con él, además, que no nos perdamos en ese cúmulo habitual de pistas y detalles propio de novelas de este género, como sí ocurre en otras que no están desarrolladas con tanta claridad en la exposición de los hechos. Y no hay paja. No hay nada que sobre, ni que sirva para estirar las páginas de la historia. No hay un exceso de descripciones, solo las justas para definir la ambientación espacio-temporal de la escena. Ni siquiera (a pesar de la cuestión de fondo) hace el autor un despliegue filosófico, en boca de los personajes o de ese narrador omnisciente que utiliza, que esté fuera de lugar. Todo está bien encajado, además de muy bien documentado. 

   Sus personajes... Ya he hablado de su perfil humano y veraz. Añadiría aquí que además sufren una evolución a consecuencia de lo que viven. No se limita Pere Cervantes a utilizarlos como herramienta para resolver el caso, sino que los reviste de un perfil psicológico que se ve alterado por los acontecimientos, cosa que los enriquece aún más.

   ¿Me ha gustado? Sí, muchísimo, ¿se nota? Tres minutos de color ha colmado por completo mis expectativas previas (bastante altas, por cierto), no solo por la historia que en ella se desarrolla y por esas ECMs (experiencia cercana a la muerte) que a mí tanto me apasionan, sino por el estilo narrativo de su autor y por su forma de desarrollar las tramas.

   Lo dije en Twitter al poco de comenzar la novela y me reafirmo al terminarla: me abono a Pere Cervantes.  






  

21 jun. 2017

"EL ÚLTIMO BAILE" de MARISA SICILIA




SINOPSIS


Viena, 1952.
Andreas y Lilian se reencuentran inesperadamente en un café tras una larga separación. Mientras pasean juntos por el Prater, Lili recuerda su historia de amor con Andreas, su enamoramiento incondicional y juvenil, el primer desengaño, el fracaso en su intento de olvidarlo, la reconciliación y los años locos que vivieron juntos en el salvaje Berlín de entreguerras. Recuerda cómo, a pesar de las separaciones y las distancias, nunca dejaron de amarse.
Porque el de Lili y Andreas es uno de esos amores que perduran a través del tiempo y las pruebas.
Porque las verdaderas historias de amor nunca terminan.

   Conocí a Marisa Sicilia personalmente en la presentación de la última novela de Mayte Esteban en Madrid. Había leído de ella «Tú en la sombra» hacía ya tiempo y me gustó, pero no había vuelto a acercarme a ninguna otra de sus novelas, a pesar de saber que había publicado la última recientemente. Cuando intercambié un saludo y unos breves comentarios con ella en aquella presentación, me dije que alguien con esa apariencia tímida y sensible y con esa dulce sonrisa en la cara tenía que haber sido capaz de construir una historia romántica bonita y, a juzgar por lo que ya había leído de ella, bien escrita. Y no me equivoqué. Será por aquello de que «la cara es el espejo del alma», y hasta de lo que se escribe, añadiría yo, porque cada vez me reafirmo más en que el carácter personal de los escritores está, en gran medida, en consonancia con el tipo de historias que cuentan y el cómo las cuentan, salvo algunas excepciones, claro está.

   Me traje «El último baile» de la Feria del libro de Madrid, firmado y dedicado, y después de haber charlado de nuevo con su autora me dije que sería lo próximo que leyera nada más terminar el premio Planeta de este año, que era la lectura que tenía empezada. Y así lo he hecho. Dos días ha durado entre mis manos. Me la he bebido. De cualquier forma, debo decir que, a pesar de esa intuición que no me ha fallado, hubo un momento en que sentí un cierto miedo a lo que pudiera encontrar, miedo a esa decepción que ya había tenido con algunas otras novelas del mismo género anteriormente y que, en algunos casos, incluso me había empujado a abandonarlas; historias vacías, típicas y tópicas, cargadas de clichés que no dudo que gusten pero que a mí ya llegan a saturarme, con los mismos perfiles en sus personajes porque parece que son los únicos candidatos a perdurar en la mente y en el corazón de las lectoras (y digo lectoras porque son mayoría en el género romántico), con argumentos estirados como el chicle para cubrir páginas con el mínimo de contenido, sin más trasfondo que la relación amorosa en sí..., pero sobre todo, con una narrativa poco estudiada, poco cuidada y en determinadas escenas (llamémosle eróticas) con unas descripciones a veces tan vulgares y soeces que me han obligado a saltármelas, y no porque me espante de ello, sino porque destrozan literalmente el «arte» de la literatura. Y no lo olvidemos, por muy comercial que una novela pretenda ser, esta siempre se compone de dos partes: el fondo y la forma, y esta última (aunque para muchos no parezca tener importancia) es la que hace honor a lo literario y, dicho sea de paso, lo que a mí más me atrae a la hora de leer.

   «El último baile» es una novela preciosa y ha sido una delicia leerla. Mis temores han perdido sentido con ella, porque entre esas tapas propias de una novela de formato bolsillo he encontrado una historia grande, digna de un mayor porte en su presentación. Con una ambientación espacio-temporal perfecta que la autora consigue en base a una documentación histórica que nos va soltando a pinceladas, a veces ni siquiera ocupando párrafos, sino líneas sutiles que le dan sustento más que suficiente a la historia para situarnos en la época y en los acontecimientos sin que nos parezca estar ante un tratado de historia; todo en su justa medida, incluyendo los escenarios, y, como debe ser, con los personajes evolucionando de principio a fin en función del devenir de su propia vida y del entorno que se recrea. Con una relación de amor profundo creíble, veraz, romántico y vital, hasta realista, sin rayar el empalago propio de otras historias del género. Con un ritmo narrativo constante a lo largo de toda la historia, lento y tranquilo, para degustarlo sin más prisa que la propia del lector en su afán por saber lo que irá sucediendo; aunque eso sí, alentado por esa habilidad de la autora de ir anticipando ligeramente el futuro a base de intercalar pequeñísimos anticipos en cada página y en momentos estudiados para que no perdamos el interés por lo que vendrá después. Y con una narrativa  muy cuidada, bella y delicada en general, y hasta escrupulosa (sin pecar de remilgosa) en las escenas de sexo, confiriéndole matices que, muy lejos de provocar rechazo, producen placer tanto al leerlas como al recrearlas.

   He imaginado esta historia, ambientada en Viena y Berlín, en formato de cine. Sus escenas han ido desfilando por mi mente, a medida que la leía, a base de fotogramas hasta componer una película propia de la gran pantalla. Tal es la buena recreación de la autora que he podido construirlas con total nitidez, asistiendo a cada una de ellas en primera fila, como una espectadora de excepción hasta llegar al final, del que no hablo porque es justo el que debía ser. El único que podía poner el broche de oro a una historia tan bonita como esta y con unos personajes tan entrañables.

   Felicidades, Marisa Sicilia. Te seguiré leyendo.


25 abr. 2017

MICRORRELATO: "TE TUVE".




   Te tuve. Anoche te tuve, solo para mí. Compartiendo suspiros. Escuchando pálpitos. Tibiándonos la piel a besos y regalándonos caricias dulces entre arrebatos. Deteniendo el tiempo para mirarnos entre parpadeos lánguidos, sentidos. Adivinando, por el brillo de nuestras pupilas violando las sombras, que nos amamos.
   Te echaba de menos. Echaba de menos que ahogaras el aire que nos separaba y viniera...
s a mí. Que sumergieras mi rostro en tu pecho con un abrazo y dejaras caer en mi oído palabras tiernas; que me embriagaras con el olor de tu piel, haciéndome sentir de vuelta a casa. Echaba en falta gozar de nuestra desnudez, compartida y desinhibida, anhelada y deseada, y tan conocida…; arrugar las sábanas entre gemidos ardientes, que como géiseres manan entre escalofríos, los que me suscita tu boca; y ultimar la travesía contigo recalando entre mis piernas, con nuestras caderas besándose a intermitencias lentas, sin prisa por despedirnos y sin dejar de mirarnos para leernos, para empaparnos de cuanto sentimos…
   Anoche nos permitimos disfrutar de un reencuentro que volvió a anudar dos almas, dos corazones que siguen intuyéndose aunque parezcan no mirarse.
   Te tuve. Solo para mí. Entre respiraciones agitadas, ojos vidriados, manos entrelazadas… y esa melodía feliz que con cuerpo y alma entonaste. Y que yo bailé para ti.




4 abr. 2017

EL LIBRO VIAJERO VUELVE A CASA.


   Hace un par de años, allá por mayo de 2015, y a través de la experiencia de una amiga escritora, supe de la iniciativa de «El libro viajero» que ya habían puesto en marcha, en más de una ocasión, en un grupo de Facebook llamado «Algo más que lecturas» y administrado por Fany Bm. Para quien no sepa en qué consiste tal iniciativa, explicaré -de forma resumida- que un escritor/a pone un ejemplar de su novela a disposición de la administradora del grupo para que todo aquel que desee leerla pueda hacerlo siguiendo una especie de cadena en la que cada uno de los participantes va remitiendo el ejemplar, tras haberlo leído, al siguiente participante de la lista, hasta que el último de ellos la devuelve nuevamente a las manos de su autor/a. Pero con un detalle que hace de este proceso algo muy especial: cada uno de los lectores deja impreso su comentario en el ejemplar para que su autor/a reciba, también de vuelta, las impresiones que la novela ha suscitado en quienes la han leído. Me pareció una idea tan bonita que quise participar; por recabar esas impresiones, por compartir una historia parida con esfuerzo, trabajo e ilusión y porque me parecía un tanto mágico que un libro estuviera danzando por la geografía española un tiempo indeterminado para terminar volviendo a casa con más de una decena de experiencias adosadas a sus páginas. Y cuando lo propuse, Fany me dijo que sí (vaya desde aquí mi agradecimiento por haberme permitido disfrutar de una vivencia literaria más). 

   Hoy ha llegado a casa, con las huellas de sus lecturas en él y con catorce impresiones inmortalizadas en sus primeras páginas, entre cuyas letras, palabras y frases pueden entreverse sensaciones, sentimientos y más de una emoción que me encanta no haberme perdido. Porque cuando una historia nace, corresponde a los lectores darles vida, y no hay nada más bonito que observar cómo crece arropada por la buena acogida de quienes la han tenido entre sus manos. 

   Cuando decidí escribir «¿A qué llamas tu amor?» y contar la historia de Jana, era muy consciente de estar creando una novela destinada a romper moldes, una novela intimista -de corte erótico- alejada del patrón habitual en este tipo de obras, por cuanto que no encumbra, a través del sexo, la relación romántico-pasional entre sus protagonistas (como ya es habitual en la mayoría de las novelas publicadas en estos últimos años dentro del género), sino que, por el contrario, viene a poner en tela de juicio esa relación e incluso al amor, tal y como este parece entenderse cada vez más. Era muy consciente de estar creando una novela que pudiera no tener los adeptos deseados por cuanto que huye de convencionalismos, estereotipos y tópicos de ficción para pasar a llamar a las cosas por su nombre, para hablar de realidades a través de una historia profunda y para bucear en la naturaleza y en la esencia del amor y de las relaciones de pareja por encima de ese montaje ficcional y utópico tan extendido. Porque puede ser AMOR lo que no lo parece; y no serlo aquello que creemos que SÍ lo es. 

   Quizás por eso he sentido un pequeño temor al recibir la novela de vuelta. No por el hecho de que no hubiera gustado, sino porque era mi máxima transmitir ese trasfondo que da sustento a la novela, que pone el sexo a merced de la historia y del mensaje que en ella se esconde. Y hacerlo, además, con la mayor elegancia posible.
   
    Pero se ha disipado el temor nada más verla. Debo decir que me he sentido plenamente satisfecha al leer las impresiones de esas primeras páginas, porque he podido apreciar que las lectoras no se han quedado en la superficie, sino que han buceado en la historia para captar su esencia.

«... me has hecho pensar en cosas que doy por hechas y es que la vida, a pesar de la rutina, nunca deja de dar sorpresas.»

 «Recién terminado y con lágrimas en los ojos, no me queda más que decir que en estas páginas hay mucho más que las palabras escritas.»

«Me ha encantado la historia de Jana, el mimo con el que está escrita y la novedosa forma de tratar una novela erótica.»

«...escrita con una elegancia exquisita.»

«No solo sexo y pasión. Hay mucho más en estas páginas.»

«...me ha enseñado que hay varias formas de vivir el amor...»

   Esta es solo una pequeña muestra de esas impresiones, un extracto de algunas de ellas. No pongo los nombres de quienes las suscriben porque no deseo menospreciar a nadie, TODAS merecen la pena.

   Gracias, M. Loreto, Nùria, Sara D.P., Brigit, Elisa Mira, Mary Tamayo, Maryam, Mari Benito, Arancha M., Arantxuki, Enma, Fany, Ana y Eva por haber vivido esta historia. 

   Hasta siempre. 
 
 

16 mar. 2017

"ENTRE PUNTOS SUSPENSIVOS" de MAYTE ESTEBAN.

SINOPSIS

   Mario Aguirre, el padre de Paula, lleva desaparecido unos días. Por más que su hija trata de localizarlo, no logra dar con su paradero y por ello busca la ayuda de Javier Muñoz, inspector de policía. Diez años atrás, Javier y Paula mantuvieron una relación que nunca ha acabado del todo. De vez en cuando sellan treguas que duran solo unos días, y de las que los dos salen siempre heridos.
   Paula sabe que estar cerca de Javier no es lo más sensato, porque recuperarse después de estar juntos es cada vez más difícil, pero necesita que sea él el que la ayude a encontrar a su padre y no duda en pedírselo. El magnetismo que existe entre ellos es tal que quizá el viaje que emprenden para encontrar a Mario no sea muy buena idea, quizá exponga demasiado sus sentimientos.
***

   Se puede sentir rechazo a leer determinados géneros literarios —ciencia-ficción o novela negra, por poner algún ejemplo—, y no porque estos géneros desmerezcan, sino por una mera cuestión de gustos o, tal vez, porque circunstancias personales no nos hagan sentir cómodos con los elementos que componen este tipo de  historias. Igual ocurre con la novela romántica, sobre todo cuando aquellos no adeptos al género anticipan que habrá escenas en exceso edulcoradas, que los personajes serán irreales por idílicos, que no habrá más trama que la relación amorosa entre los protagonistas —con sus idas y venidas, encuentros y desencuentros—, o que la historia tan solo nos aportará unas horas, o días, de entretenimiento sin pretensiones mayores porque la superficialidad que se presupone en ella no nos aportará nada más. En tal caso, solo puedo decir que no han leído a Mayte Esteban.

   A pesar de no ser una asidua a la romántica, creo haber leído bastante como para poder opinar. Y encuentro, a primera vista, una diferencia clara entre la autora de «Entre puntos suspensivos» y otras escritoras de este mismo género: Mayte Esteban no sube a una nube para escribir sus historias, no se recuesta entre algodones para soñar mientras construye a sus personajes, sino que mantiene los pies anclados a tierra y de ella extrae todos los elementos que componen la trama, a la que, además, suele quitarle el exceso de azúcar. El resultado es, para mí, un cóctel de lo más sabroso: una historia real y hasta cotidiana, con la que podría resultar fácil identificarse; personajes de carne y hueso que jamás pisaron el Olimpo de los Dioses, guapetes, tal vez, pero tan plagados de defectos como de virtudes, al igual que cualquiera de nosotros; situaciones y escenarios reconocibles; diálogos ágiles, espontáneos, nada cúrsiles ni encorsetados;  una complicidad en las relaciones amorosas de sus personajes que se aleja de lo peliculeramente pasional y grandioso para mostrar una frescura que se agradece; y algo importante y alabado por mí: una bendita ausencia de tópicos.


   Todo eso y más vuelve a formar parte de esta novela de la que estoy hablando hoy.


   Me consta que hay ocasiones en las que un escritor —o escritora— siente la necesidad imperiosa de escribir, y si no tiene una historia en mente, la busca. En otros casos, es la propia historia la que busca al escritor para que la transmita, porque surge y fluye de manera espontánea y con tanta fuerza que lo obliga a sentarse para convertir en palabras lo que su mente susurra. En el caso de «Entre puntos suspensivos» me atrevería a asegurar que fueron los personajes, Paula y Javier, quienes apremiaron con insistencia a Mayte Esteban para que el devenir de su relación saliera a la luz, quienes la empujaron en el culo —y perdón por la expresión— para que se sentara a contarnos todo lo que ellos pensaban, sentían y necesitaban exteriorizar. Quizá porque los fantasmas y los temores suelen disiparse cuando se les deja escapar, cuando toman contacto con el exterior de uno mismo. Y Paula y Javier llevaban demasiado tiempo con los suyos ululando en su interior.


   Hay novelas que se centran en la historia; esta es la que cobra mayor relevancia. Sin embargo hay otras en las que, a pesar de existir una historia de fondo que resulta ser el motor de la trama, quienes realmente cobran protagonismo y se convierten en la razón de ser de la novela son sus protagonistas, sus personajes. Y bajo mi punto de vista, «Entre puntos suspensivos» pertenece a este último tipo. La búsqueda de Mario no es en sí el foco de la novela (sin quitarle por ello la parte de atractivo que pueda tener), es más bien el telón de fondo que acompaña —y concede una excusa— a los personajes el tiempo necesario para que se reencuentren y muestren sus pensamientos, sentimientos y emociones en relación con el otro y también con la vida que están obligados a llevar en común. A lo largo de la novela, la evolución de esa relación entre Paula y Javier nos deja momentos bonitos, amargos, cómplices, divertidos, desenfadados, dulces, tiernos, con algún que otro plato roto lanzado a la cabeza de cada cual. Y nos deja las reflexiones. Esas que siempre aparecen en las novelas de Mayte Esteban y que dan profundidad a una trama que escapa a esa superficialidad a la que me refería al principio y de la que podrán adolecer otras novelas románticas, pero nunca las que Mayte escribe. El viaje nos deja escenarios y paisajes bellamente descritos, detalles curiosos, anécdotas divertidas (véanse las andanzas de Adelina), ocurrencias ingeniosas que tampoco suelen escapar a la pluma de la autora y como no, giros inesperados que terminan por sorprendernos y que también se agradecen en una novela cuyo final, por imperativo formal, sabemos de antemano cómo debe acabar.


   Pero ese otro gran componente del que aún no he hablado y debo hacerlo sí o sí es la forma en que está escrita. Y digo que debo hacerlo porque a mí la narrativa de Mayte Esteban me coge del cuello al abrir la primera página y ya no me suelta. Fluida, ágil, muy cuidada, aparentemente sencilla, jugando con los recursos lingüísticos y literarios necesarios para embellecerla sin ostentaciones forzadas… Una se desliza por sus párrafos sin darse cuenta, con suavidad, sin necesidad de volver atrás si no es para repetirse y dejarse grabada en la mente esa frasecita, llena de significado, digna de recordar.


   «Entre puntos suspensivos» es una novela fresca, entretenida, divertida, sentimental, emotiva y reflexiva en muchos momentos, que se lee con el placer de quien degusta un plato sencillo pero exquisitamente elaborado. Y que nos dejará a los postres un buen sabor de boca y un suspiro.  



   Por cierto, mañana viernes, 17 de marzo, a las 19:30h. se presenta en Madrid, en Librería Molar.
  ¿Te animas a conocer algo más de ella y de sus entresijos?


5 mar. 2017

MICRORRELATO: "FLOR EN EL ESCOTE".



   Prendes una flor entre mis pechos. Su tallo cosquillea mi piel, la araña ligeramente, como si fueran tus dedos los que penetran. Me mantengo expectante al tiempo que me sonríes. Con lentitud, acercas tu rostro a los pétalos para aspirar su aroma. Y también el mío. No me retiro. El  olor dulce de tus cabellos me conquista, amén de tus ademanes. Tú aprovechas que claudico y rozas mi seno con tus labios. Percibo en él la humedad de tu boca. Me estremezco. Un minúsculo beso queda enraizado junto a la flor. Tan sutil que me parece haberlo soñado y me pregunto si es real, o fruto de un deseo excitante que turba mis sentidos. Todo acaba cuando elevas la vista y la clavas en mis pupilas, con una mirada profunda que me sondea como un amante inquisidor. Mi busto oscila arriba y abajo, al compás de mi respiración, empujando el aire que circula por mi garganta seca. Tus ojos destellan y los míos lo reflejan. Mi boca tiembla.
   Reanudas el paso. Te marchas sin mirar atrás. Yo en mi vestido dejo la flor prendida. Su aroma y el tuyo, en mi corazón.

20 feb. 2017

RELATO: "EL AMOR DE MI VIDA."


   La última parte del viaje la llevé con los ojos vendados, refugiada entre mis brazos en el asiento trasero del taxi. «Vamos a ver a los niños», mentí. Y ella calló, dejándose guiar al tiempo que vertía en mis pupilas su ternura, inagotable a pesar de los años. Oculta en el coche, una maleta con dos vestidos de flores y una falda de vuelo azul con la que estaba preciosa. Me reprendería cuando los viera; decía que su ajado cuerpo y aquel colorido ligaban tanto como el aceite y el agua. Pero a mí al verla así vestida se me iluminaba el rostro, porque la luz que irradiaba le embellecía hasta las arrugas, y las flores, alegres y joviales salpicadas por su cuerpo, parecían atenuar el temblor de sus manos en mayor medida que mi propio abrazo.

   Jamás podré olvidar su gesto emocionado al recuperar la vista tras bajar del auto, ni el dulce sabor de sus lágrimas repletas de sentimiento, que bebí al besarlas posando mis labios en sus mejillas. Ante nosotros, la misma cala de perfiles rocosos y trazos de arena donde le hice el amor por primera vez medio siglo atrás. La misma cabaña que nos dio cobijo aquel fin de semana en que huimos de nuestros padres para poder consagrar nuestro amor, en contra de su voluntad. «Hemos vuelto», me dijo ella, con apenas un hilo de voz. «Te lo prometí», le contesté yo, rodeándole la cintura a su espalda, aspirando el olor de sus blancos cabellos, tan embriagador como lo fue siempre.

   Pasé mi brazo por sus hombros, apreté su mano con la mía y la encaminé hasta la orilla. El viento tibio susurró una bienvenida y le besó la tez, sonrosándole la piel. Y el sol la vistió con una aura dorada como a las diosas. Mi niña. Mi princesa. Se me aceleró el corazón, igual que aquella primera vez. La descalcé despacio, guardando un equilibrio que también yo había comenzado a perder, y una ola de cresta blanca le acarició los pies. Ana dejó de temblar, como si el mar hubiera burlado la enfermedad. Y a cambio le permitió suspirar, regalándome la mirada más bonita que cualquier hombre podría haber visto jamás.

   La tendí en la arena, con la misma suavidad con la que se acaricia a una flor sembrada de encanto, de magia. Me acomodé a su lado y recosté su cabeza en mi pecho para hacerla sentir los latidos de mi corazón. Y le acaricié el pelo, el rostro, la espalda, hasta permanecer quietos, fundidos en uno solo durante horas, observando el horizonte, el mar y el cielo, escuchando el rumor de las caracolas y los «te quiero» enredados en nuestros labios, que se buscaron hasta encontrarse más de una vez.

   Cincuenta años después volví a hacerle el amor, de aquella otra manera, sí, pero llenándonos el alma tanto como lo hizo entonces. Y reímos al refugiarnos en la cabaña, cómplices por haberlo hecho de nuevo a escondidas. De nuestros hijos, en esa ocasión.

   Ana se puso el vestido de flores. Yo me coloqué una sonrisa boba y una mirada profunda que solo me permitía ver al amor de mi vida. Tan dulce y tan admirable como siempre.

   Eterna.

©Pilar Muñoz Álamo - 2017.


26 ene. 2017

MAYTE ESTEBAN ESTRENA NOVELA.



SINOPSIS
Mario Aguirre, el padre de Paula, lleva desaparecido unos días. Por más que su hija trata de localizarlo, no logra dar con su paradero y por ello busca la ayuda de Javier Muñoz, inspector de policía. Diez años atrás, Javier y Paula mantuvieron una relación que nunca ha acabado del todo. De vez en cuando sellan treguas que duran solo unos días, y de las que los dos salen siempre heridos.
Paula sabe que estar cerca de Javier no es lo más sensato, porque recuperarse después de estar juntos es cada vez más difícil, pero necesita que sea él el que la ayude a encontrar a su padre y no duda en pedírselo. El magnetismo que existe entre ellos es tal que quizá el viaje que emprenden para encontrar a Mario no sea muy buena idea, quizá exponga demasiado sus sentimientos.


***

   No sé qué tiene al escribir. A veces es difícil definir un estilo, catalogarlo, reseñar esos matices que hacen que te guste, que te sientas cómoda leyendo, como en casa. Simplemente sabes que te engancha, que una vez que empiezas a deslizarte por su prosa ya no puedes parar. ¿Frescura? Tal vez, al menos ese término me asalta a la mente de manera espontánea cuando pienso en ella. ¿Que juega a hacer fácil lo que no lo es, como contar una historia sin trabas tontas, sin florituras que más que enriquecer estorban, manejando con soltura un lenguaje cercano con total corrección? Pues también puede ser. ¿Que los personajes que es capaz de crear son de carne y hueso, espontáneos, naturales, divertidos o trascendentes —según la ocasión—, con virtudes y defectos —como tú y como yo— y sin nada que los haga míticos e inalcanzables, sino cotidianos, de los que te echan el brazo por encima metiéndote en su mundo desde el mismo instante en que los conoces? Sí, sí…, podría ser también. ¿Que las historias que ellos protagonizan nos garantizan unas horas —o días— de disfrute lector, sonrisa en los labios, alguna lagrimilla emocionada y más de un mensaje subliminal a través de frases dignas de recordar? Pues también.

  Mayte Esteban gusta. Y me gusta. Por su versatilidad y porque es capaz de montar —y le sale bien— toda una historia a partir de una idea microscópica; una historia en la que da gusto sumergirse olvidándose de todo lo demás. 

   Hoy estará hecha un flan, por los nervios, que se la comen viva siempre que sale a la palestra con algo nuevo. Quizá sea porque lleva dentro esa humildad de los buenos escritores, que le provoca un inevitable temor a defraudar a pesar de haber puesto su empeño y todos sus conocimientos en afinar al máximo lo que hoy sale a la luz. 

  Hablo de «Entre puntos suspensivos», su nueva novela, la segunda parte —totalmente independiente, que conste— de «Su chico de alquiler». Nace bajo el amparo de HQN, el mismo sello editorial que ya publicó «La chica de la fotos» y promete tener tanto éxito como esta. Yo la reservé hace tiempo cuando salió en preventa y es muy posible que a estas horas me esté esperando ya en mi kindle con los brazos abiertos, que no voy a rechazar. Eso sí, tendré que elegir bien el momento en que empiece a leerla, porque auguro que cuando lo haga ya no me dejará escapar. 

   Felicidades, Mayte. Mucha suerte. 
 
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22 ene. 2017

LECTURAS 2017.


   Me gustó la experiencia del año pasado de ir anotando en una mima entrada las lecturas que iba terminando. Porque aunque el tiempo pase volando, 365 son muchos días para memorizar las letras que nos hemos metido entre pecho y espalda, cuando nuestra cabeza está copada, además, por otras muchas actividades que se dan codazos mutuos con el fin de ocupar un lugar de excepción en la memoria. Es cierto que hay novelas que nunca olvidaremos haber leído, pero otras, aunque hayan sido de nuestro agrado, no gozarán de ese privilegio y siempre es bueno que una seña escrita te las recuerde sin esfuerzo. 
   No anoté las novelas inconclusas, que el año pasado fueron bastantes; aunque no estaría mal hacerlo de alguna forma por no menospreciar el tiempo dedicado (no inutilmente, porque siempre se aprende algo) a esa labor. Hubo meses en que recuerdo haberme dicho que no había leído apenas nada, cuando la cuestión no estribó en eso exactamente, sino en el hecho de no haber podido anotar más lectura/s por haber fracasado en el intento de acabarlas; pero reconozco que esto no deja de atender más a una necesidad de rentabilizar mi tiempo y justificarme ante él que a lo que de verdad mueve esta entrada, y que es el hecho de tener presentes obras que recordar y, por qué no, recomendar.
   Este año no he empezado con buen pie, en el sentido de que, a estas alturas de la película (22 de enero) tan solo puedo contabilizar una lectura completa que no puedo revelar y la mitad de otra que acabaré sin duda porque promete, pero tal vez no este mes. Y es que terminar con la escritura de mi propia novela y hacer las correcciones oportunas me han llevado un tiempo muy valioso, que no me arrepiento en absoluto de haber empleado en dicha labor. 
   En 2016 fueron 30 lecturas las que me planteé como reto, una meta muy realista dadas mis curcunstancias (escasez de tiempo y nula obsesión por batir records leyendo como una bala). Espero que en este 2017 pueda alcanzar un objetivo similar.Y si no, pues no pasará absolutamente nada, porque lo importante es disfrutar y no todas las etapas que se suceden en el año son igual de fructíferas, sin contar, por supuesto, con que la vida se compone de muchas más opciones que las letras, por mucha pasión que sintamos por ellas. 
   Espero que vosotr@s sigáis acompañándome en este mundillo literario, que pueda seguir compartiendo con vosotr@s impresiones de lo que leemos, porque no hay nada más enriquecedor que valorar distintas perspectivas de una misma historia. 
   Comenzamos...


   LECTURAS 2017.

   1. SLM (368 págs).
   2. EL SECRETO DE VESALIO de Jordi Llobregat (540 págs.)

   3. ATCLV (278 págs.)
   4. LA HISTORIA DE CAS de Laura Sanz (450 págs.)
   5. TIERRA SIN HOMBRES de Inma Chacón (478 págs.)
   6. MARINA de Carlos Ruiz Zafón (296 págs.)
   7. VIAJE AL CENTRO DE MIS MUJERES de Alicia Domínguez Pérez (299 págs.)

   8. COMO DIENTE DE LEÓN de Pilar Fernández Senac (254 págs.)
   9. ENTRE PUNTOS SUSPENSIVOS de Mayte Esteban (268 págs.)
  10. ABECEDARIO DE FLORES de Alfredo Cot González (99 págs.)

  11. EL TIEMPO QUE NOS UNE de Alejandro Palomas (575 págs.)
  12. MEDIA VIDA de Care Santos (408 págs)

  13. MI RECUERDO ES MÁS FUERTE QUE TU OLVIDO de Paloma Sánchez Garnica (472 págs)
  14. CUANDO APARECEN LOS HOMBRES de Marian Izaguirre (392 págs.)
  15. LA SONRISA DE LAS MUJERES de Nicolás Barreau (272 págs.)

  16. TODO ESTO TE DARÉ de Dolores Redondo (616 págs.)
  17. EL ÚLTIMO BAILE de Marisa Sicilia (313 págs.)
  18. TRES MINUTOS DE COLOR de Pere Cervantes (350 págs.)
  19. CIEN DÍAS DE OTOÑO de Alfredo Cot González (167 págs.)

 






 

2 ene. 2017

UNA ENTRADA DE AÑO CURIOSA.

   Ayer me ocurrió una cosa muy curiosa. Una vez pasada la vorágine de la Nochevieja, con todos los preparativos previos de avituallamiento, de acomodación del espacio y de la fiesta en sí para tanta gente..., una vez que la casa quedó vacía y yo tranquila, acompañada por esa resaca no alcohólica que te dejan los encuentros con buen sabor de boca..., entré en el ascensor para bajar a la calle y en el camino hasta la planta baja me miré al espejo. Pero no me miré el pelo, ni la cara, ni los labios..., la vista se me fue al reflejo de la persona que me devolvía ese espejo, a lo que había detrás de esos rasgos, y un «te quiero» me salió del alma, en voz alta. Automáticamente, me giré, a ver si había llegado al bajo y alguien lo había visto todo, lo cual me hubiera matado de la vergüenza; pero no, seguía yo sola, conmigo misma y... bueno... con un pensamiento que empezó a chaparme la oreja (como diría mi hija) por ese brote que, a priori, me pareció narcisista y reprochable. Pero luego, sonreí. Porque no lo dije enamorada de mí misma (cuando una está perdidamente enamorada, no ve los defectos, y eso sí que es peligroso), sino aceptándome complacida y satisfecha, gustándome.
   Quererse a una misma (de forma sana y no idolatrada) es la base para querer y aceptar a los demás, para repartir amor, para evitar envidias, para desear el bien ajeno, para tender manos sin miedo...; pero sobre todo, esa autoestima saludable nos empuja a sentirnos capaces de abordar nuevas empresas, nuevos proyectos, con la convicción de que podemos llegar con ellos a buen puerto. Y esa es la sensación que me invade en este año que comienza, en el que yo cambiaré de decena con un sentimiento interno completamente distinto al que me asoló (literalmente) en la década anterior. Ahora sé quién soy, lo que quiero y lo que no, a quienes quiero a mi lado y a quienes quiero a distancia. Ahora sé lo que de verdad me importa (después de haber caminado por unas cuantas curvas y unas cuantas subidas y bajadas a lo largo de estos últimos diez años). Y sé lo que se cuece en este mundo literario, a lo que me enfrento, de lo que deseo huir y en dónde quiero meter la cabeza (o de dónde no quiero sacarla, que también puede ser).
   Hace casi tres años que no publico novela (aunque sí he participado en varias antologías de relatos). No me importa en exceso, no siento todo esto como una carrera continua en la que no pueda haber etapas de descanso por imperativo propio o ajeno. Lo que más me importa es no defraudar, es lo único que me obsesiona. No defraudar a ese puñado de lector@s que sé que se harán con una nueva novela cuando salga a la luz de una forma u otra. No pienso en ventas, no pienso en seguidores a costa de lo que sea... No es que no lo pretenda, es que no son mi meta imperiosa. Si llegan, bienvenidos, sería el culmen... Pero ante todo y sobre todo, lo que más busco es esa sonrisa amplia y llena de satisfacción en quienes ya me conocen, que son precisamente en los que pienso cuando escribo, no en los potenciales lectores anónimos que ni siquiera sé si me rondarán :)
   Si algo me han permitido estos casi tres años sin novedades literarias ha sido ver, observar, analizar, pensar y posicionarme. Y a la vista de todo ello y después de haber divagado mentalmente por varias casillas como un peón de ajedrez, ahora sé cuál es mi casilla prioritaria.
   Apuesto por que 2017 sea mi año. Pero no penséis en éxitos sublimes, en acontecimientos notorios, en consecuciones dignas de rememorar... No. Me basta con que ocurra algo que me haga ilusión, que me haga sentir feliz y me invite a seguir soñando.
   Tengo una novela a falta de tres capítulos para alcanzar el fin. Intimista, reflexiva, emotiva..., de las que a mí me gustan. De las que me gusta escribir, con independencia de que guste más o menos leerlas. Y esa es mi apuesta inmediata para este año que me acaba de abrir su puerta. Ojalá me colme de satisfacciones. Ojalá podáis regalarme con ella más de una sonrisa. Y entre tanto, seguiré leyendo, aprendiendo, riendo, llorando..., viviendo. 

   Feliz año. 

   Feliz vida.

   

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