31 dic. 2014

EL AÑO QUE SE NOS VA.


   Nunca sabemos lo que nos deparará el futuro. En cada fin de año nos encomendamos al siguiente murmurando entre dientes los sinsabores del presente que nos gustaría dejar atrás para no volver a ver jamás, y a la vez, elevamos la copa, sonreímos abiertamente y pronunciamos a boca llena nuestros mejores deseos para los 365 días siguientes, como si el buen humor, la buena disposición y el optimismo actuaran de imanes para la buena suerte. Doce campanadas que parecen trazar una frontera invisible, más alta que nunca, entre el ayer y el mañana, un punto de ruptura de la tendencia anómala o de continuidad de la etapa feliz por la que atravesamos, según nos interese. Y al mismo tiempo, hacemos balance como si estuviéramos obligados a rendir cuentas, como si debiéramos calificar al año que termina al igual que ocurre con los escolares al final de cada trimestre, evaluando su grado de mediocridad, su bondad o la crueldad con la que nos ha tratado para ocultar sus digitos bajo un borrón rojo o rodearlos con una verde corona de laurel. 

   Pero hay algo que a mí me resulta especialmente curioso. Y es que hay veces en que el cariz de los acontecimientos de los que somos conscientes al reflexionar no se corresponden con las sensaciones placenteras, satisfactorias o negativas que sentimos sin pensar. Impresiones. Esas son las que valen, las que nos dejan sus huellas reales, vívidas, como zarpazos en las entrañas cuyo origen puede ser difícil de reconocer con cierta coherencia, porque a veces nuestro sentir es, para bien o para mal, sencillamente inexplicable.

   Llegados a este punto y echando la vista atrás, puedo decir que el 2014 ha sido un año literario sin desperdicio. En él se han dado cita dos novelas que jamás pensé que podrían ver la luz a tan corta distancia. Pero no ha sido solo esa "producción novelera" la que me ha brindado una experiencia inolvidable a muchos niveles, sino todo lo que la ha envuelto: el antes, el durante y el después. Cambiar algo de registro, de planificación a la hora de escribir, de objetivos..., jugar con la autopublicación y con la publicación por editorial convencional, volver a la palestra de las presentaciones, del contacto con lectores, recibir las críticas y comentarios tanto de una novela como de otra, ampliar el conocimiento de los entresijos de este mundillo, compartir buenas noticias con amigos escritores que van escalando puestos en su trayectoria literaria... Hacerme ilusiones, desinflarme, reflotar con fuerza, detenerme a analizar a conciencia la situación, tomar decisiones, reafirmarme en mis principios y en mi forma de entender esta afición personal y lo que con ella persigo, alegrarme por mis logros, anhelar más alcance, recobrar el raciocinio, pensar en quienes tengo a mi alrededor, parar de nuevo sin quitar la vista a mis vástagos, sin dejar de empujar, con miedo a que todo acabe, a que este sueño tan bonito que comienza a insinuar sus perfiles resulte ser tan efímero como cualquier otro sueño nocturno dinamitado por el despertador... Risas, llantos, enfados, pataletas, cabreos, alegrías, celebraciones, satisfacciones, orgullo, rebeldía... Emociones, al fin y al cabo. Un cúmulo de emociones que me han hecho sentir viva a lo largo de todo el año, con una meta por conseguir, con un reto de superación, con una apuesta personal en la que el control y el mérito propios tan solo resultan ser componentes mínimos, y a veces muy poco decisivos, en la partida que se disputa sobre el tablero de juego. Aunque ese pasearse por la cuerda floja, ese riesgo sin posibilidad de control son los que elevan la adrenalina hasta los niveles que me gustan: los de la alerta y la incertidumbre, los que me exigen poner los cinco sentidos en cualquier paso que doy, los que dan a mi vida esa intriga que compensa la monotonía extrema de la cotidianeidad.

   Después de hacer un rápido balance de los acontecimientos de estos últimos doce meses, esbozo una sonrisa al pasado y tuerzo el gesto ante un futuro incierto. La literatura y todo lo que la envuelve navega sobre aguas convulsas. No están todos los que son, ni son todos los que están; no todos los intereses son los acertados, los que deberían ser; no todos aguantan arriba el tiempo que merecen, mientras que otros parecen estar sujetos por cadenas que penden del techo sin razón literaria que resulte válida..., al tiempo que los euros van de mano en mano cuando la moneda de cambio tendría que ser la cultura... Pero no es momento de artículos críticos, sino de aceptar la realidad tal cual es, obrar en consecuencia y... desear en consecuencia.  

   Afronto el 2015 con la mente clara. No quiero logros, busco emociones. No quiero metas, solo incentivos. No busco el éxito, sino mejorar. No quiero disputas, lides, rencillas ni zancadillas, solo amistad. No aspiro a una gloria inmerecida, si tuviera que elegir preferiría un culto anonimato. 

   Gracias a quienes me habéis acompañado a lo largo de este 2014 que termina. Gracias por haber desempeñado un papel en mi función. Algunos ocupan un lugar en mi mente. Otros en el corazón.

    ¡¡Os deseo a todos un muy feliz 2015!! Alejad los miedos, mirad al futuro de frente y pensad en positivo. 
   La fuerza está en nosotros. A pesar de todo y de todos.

27 dic. 2014

RELATO: "VUELVE A MÍ".

   Me abrasa el silencio, casi tanto como el calor adherido a las paredes de esta habitación que rezuman nuestro aliento vertido al aire, denso y entrecortado como una melodía de pasión, apresado entre sus poros para no delatarnos, para no desvelar su cariz ni la intensidad de su música convertida en gemidos día tras día. Me quema la ropa pegada al cuerpo, el tacto rugoso de la tela que no acostumbro a llevar cuando estoy contigo. Y me ahoga el pensamiento de no saber cuándo me liberarás de nuevo, cuándo volverán a deslizarse los botones de mi blusa entre tus dedos permitiendo que mis pechos acomoden tu mirada, cuándo dejarás caer mi falda para acariciar mis muslos, mis nalgas…, para encajar mis caderas en las tuyas y balancearlas con una cadencia pausada que se acelera y se torna loca al compás de nuestra excitación, de nuestra pasión no contenida, incontrolable…, furiosa. 
   Aspiro los efluvios de tu cuerpo, que aún vagan a mi alrededor a pesar del tiempo, y cierro los ojos intentando ocultar la melancolía que los tiñe mientras permito que mis propias manos despojen mi piel de sus vestiduras, que me desnuden con lentitud y me acaricien por entero cual si fueran las tuyas, con el dolor prendido al alma por no sentirte una vez más junto a mí. 
   Me siento ante la ventana y me ilumina el albor de la luna. Una brisa leve se filtra a través de ella y besa la desnudez de mi espalda, erizando mi nuca al imaginar por un instante que son tus labios los que se pasean por ella de arriba abajo, que es tu lengua la que me degusta como preámbulo a lo que te ofreceré después. Y entonces abro las piernas como si un resorte débil e involuntario se hubiera instalado dentro de mí, a la espera de que tus manos avancen para llevarme al éxtasis donde me quiero perder. 
   Jadeo, guiada por la emoción, el delirio, la lujuria o, tal vez, por la tristeza que me golpea el pecho en nombre de la soledad. Vuelvo la vista y observo la lejanía, el horizonte azulado de esta noche de verano. Y un reclamo fluye de mis entrañas, un reclamo extraño que mana con fuerza de mi entrepierna, de mi mente y de mi corazón, formando un cóctel imposible de desligar: 

   Vuelve a mí. Te espero. 

© Pilar Muñoz Álamo - 2014

14 dic. 2014

BLOGUERO INVISIBLE 2014: "CÓMO DECÍRSELO".





   No sabía cómo decírselo, ni siquiera si debía de hacerlo. Ignoraba lo que él pensaba del amor, jamás lo escuché hablar de él. Aunque ahora sé que en nuestros juegos de adolescentes la dialéctica solía quedar rezagada, relegada a un plano secundario al que se anteponían señales mucho más elocuentes a través de las que adivinar los sentimientos, las emociones de aquellos que formaban parte de nuestro universo elegido. Pero yo no siempre sabía leerlas y la sombra de mi timidez me retenía sin permitirme indagar abiertamente en su significado.
   ¡Cuánto tiempo lo soñé en silencio…! ¡Cuántos pensamientos desbordados por mi vida imaginando una relación con él en la que me sentía amada…! ¡Cuántas veces desearon mis ojos haberse convertido en imanes de un polo opuesto a los suyos para atraerlos durante horas! Sentí que avanzaban los días a demasiada velocidad, como empujados por un viento de tormenta que se lleva hasta lo más preciado sin poder evitarlo. Y me embargó la inquietud, tornada en la obligación de hacer algo, de mover ficha en un tablero de ajedrez en el que deseaba que tan solo jugáramos los dos, a solas, frente a frente.
   Divagué durante un tiempo que me apremiaba demasiado, eligiendo las palabras que debían pronunciar mis labios sin temblor ni titubeo cuando estuviera ante él, pero se me aflojaban las piernas de solo pensarlo y mi mente olvidaba cada tres segundos cómo tenía que hilar mi confesión de amor. Hasta que aquel juego dejó que un rayo de luz inundara mi vida, como un rayo de sol aplastando la penumbra hasta hacerla evaporar. Aquel “amigo invisible” puso en mis manos un trozo de papel doblado con su nombre estampado en las entrañas. Mi regalo debía ser para él, la novela que escogiera en aquel intercambio literario organizado por Ana iría destinada a Álvaro. Y allí encontré la oportunidad.
   Abrí el libro buscando pasajes emblemáticos que hablaran de amor y no dudé en rodear con un círculo lo que mi corazón clamaba a gritos: 

Pag. 34: “Me enamoré de ti en el mismo instante en que te vi.”. Pag. 87: “No puedo borrarte de mi mente, apartarte de mi cabeza.”. Pag. 168: “¡Cuánto daría por que me quisieras!”. Pag. 302: “Te amo con toda mi alma”.

   Lo envolví con manos temblorosas y lo envié, cerrando los ojos, con el deseo de que mis señales no produjeran un distanciamiento entre nosotros, sino el estrechamiento de unos lazos que se tornarían de un rojo intenso partiendo del azul de la amistad. Y esperé. Días. Semanas. Un mes.
   Un paquete inesperado llegó a casa, ya había recibido mi regalo, no sabía qué podía ser. Un efluvio de romanticismo me alcanzó de lleno al descubrir la novela que se escondía tras el papel. La hojeé con rapidez y no tardé en apreciar un círculo rojo en una de las últimas páginas, próxima al fin, abarcando el texto que me hizo llorar:
   “Quiero estar contigo. Para siempre.”



   La literatura entretiene, une, estrecha lazos, nos hace compartir gustos afines... Y por qué no: canaliza las emociones propias o ajenas, nos permite sentirlas y hacerlas sentir, establece un diálogo entre personajes reales y ficticios, entre quienes leen y son leídos, entre quienes son testigos de una historia y quienes la protagonizan.
    Ana Kayena Gómez aúna la lectura, el regalo y la ilusión para estrechar lazos entre los que rulamos por este mundillo con una clara afición común: la literatura. Y lo hace en forma de Bloguero invisible desde hace unos años, convirtiéndose en una costumbre preciosa que ya forma parte de nuestra Navidad particular. Os invito a participar pinchando el enlace en el que la propia Kayena lo explica genial, si es que aún no sabéis cómo va.
    La novela que yo regalo este año no podía ser otra que la mía propia; sería una mala madre si no quisiera que Jana se marchara en busca de algún lector o lectora para estrechar su mano, su mente y su corazón. Y lo hago además porque creo que tiene cosas interesantes que decir y que compartir, con independencia de la opinión que pueda merecer después por parte de quien la reciba en casa si, finalmente, se decide a leerla.
    Os dejo la portada y sinopsis como adelanto. Y mi deseo de que disfrutéis al máximo de esta iniciativa y de la lectura de aquel que os toque, sea el que sea.

Un beso para tod@s!!!



   Jana, una atractiva periodista próxima a los cuarenta, se siente hastiada de sacrificar su vida en favor de su matrimonio con Julio, un escritor de éxito centrado en sí mismo y en su profesión. Tras tomar la decisión de romper con todo, Hugo –un nuevo compañero de trabajo– irrumpe en su vida haciendo que descubra una parte de sí misma que desconocía. La atracción sexual que surge entre ambos parece no tener límites, empujándola a vivir experiencias impactantes que provocarán en ella un dilema moral para el que no sabe si está preparada. 
   Julio y Hugo, dos caras de una misma moneda llamada AMOR que marcarán la vida de Jana.
   ¿A qué llamas tú amor? Una novela intimista de corte erótico que puede alterar las bases de tu propia relación.





"Nunca sabrás de antemano si lo mejor es lo que has perdido...
o lo que está por llegar."  

5 dic. 2014

"BRIANDA. EL ORIGEN DEL MEDALLÓN" de MAYTE ESTEBAN.

   La Navidad se acerca. Es tiempo de buenos propósitos, de invocar deseos por cumplir, de soñar con proyectos de futuro, de pensar que todo es posible y que la magia existe, de apartar nuestros problemas y quebraderos de cabeza cotidianos para concedernos tiempo de disfrute, de evasión, de aventura, de intriga, de imaginación y, por qué no, de conocimiento de una época en la que no vivimos y a la que nos puede resultar interesante asomarnos a través de vidas ajenas, de las peripecias y avatares de unos personajes ficticios que nos van a seducir. Y todo eso podemos conseguirlo a través de Brianda. El origen del Medallón y de la mano de Mayte Esteban, escritora prolífica en cuanto a géneros literarios, a la que conoceréis principalmente por su novela Detrás del cristal, publicada por Ediciones B en digital y papel, pero que cuenta en su haber con otras obras escritas con igual maestría: La arena del reloj, una biografía cargada de sentimiento y de sensibilidad que nos muestra de fondo una época plagada de recuerdos para muchos de nosotros; "Su chico de alquiler", una novela juvenil desenfadada que hará las delicias de los más jóvenes; y "El medallón de la magia", la novela que complementa a Brianda. El origen del medallón y que, al igual que esta, si bien se dirige al público juvenil, puede leerse a cualquier edad con garantía de disfrute asegurada.

   La portada de una novela es su carta de presentación inicial y a mí esta me ha conquistado. Pero no todo queda ahí. Su sinopsis me sugiere horas de lectura intensa, repleta de acción desplegada por la trama y entretejida con la habilidad que caracteriza a Mayte Esteban en la construcción de sus novelas, capaz de engancharte en la primera página para no soltarte hasta verle el fin. Y con una calidad narrativa a la altura -o a mayor nivel incluso- de muchas de las obras publicadas por las buenas editoriales y mostradas en las mesas de las mejores librerías:

   En 1610 dos niños nacen en Castilla: Brianda, en una familia de campesinos y Luis, hijo de unos nobles de Toledo. Sus vidas transcurren tan distantes como las clases sociales a las que pertenecen, hasta que un viaje a Toledo de Brianda y el incendio de la catedral de Santa María harán que crucen sus destinos. 
   Espadas que brillan en la noche, asaltos, peleas, gente que se gana la vida como puede en un tiempo en el que sobrevivir no es sencillo. Pícaros, soldados, nobles, inquisidores, mendigos, brujas… y un medallón mágico que va de mano en mano y esconde un secreto.
   Una novela de magia, aventuras y romance ambientada en la España del Siglo de Oro.
 


   Brianda ha nacido hoy, 5 de diciembre, en digital y en la cuna de Amazon. Yo le auguro una larga y exitosa vida, porque contiene todos los ingredientes necesarios para recrearse en su lectura y disfrutarla al máximo. Y si no... ya me lo diréis, porque no os la debéis perder y mucho menos, los más jóvenes de la casa.

   Felicidades, Mayte Esteban!! Tu camino literario se sigue abriendo ante ti. Y te llevará lejos.





2 dic. 2014

"¿A QUÉ LLAMAS TÚ AMOR?": OPINIÓN DE UN LECTOR DE ERÓTICA.

   Contra todo pronóstico -y para mi sorpresa-, no han sido las supuestas lectoras potenciales de esta novela quienes me han dejado las primeras impresiones, las primeras críticas tras sacarla a la luz, sino lector@s empedernid@s que, si bien gustan del género intimista y reflexivo, huyen del género erótico como de la pólvora. Tal vez por eso me entusiasma este mundillo, porque el riesgo, el azar, lo imprevisible..., hacen que los derroteros por los que discurrirá cada nueva aventura sean imposibles de predecir y eso añade un punto importante de emoción al asunto, alimenta el gusanillo que te mordisquea por dentro por muchas apuestas seguras que una quiera hacer antes de lanzarse.
   De cualquier forma, y volviendo a lo anterior, al final me ha encantado que sea así. Porque he podido disfrutar de sus valoraciones positivas a pesar de su reticencia al género, confirmando con ello mi pretensión inicial de escribir algo "diferente" a lo que viene siendo habitual desde el aterrizaje del Sr. Grey en nuestro mundo terrenal, valorando de forma considerable la historia de fondo que da sustento a la novela.
   Pero sigue siendo de gran interés para mí ampliar la muestra de lectores y comprobar qué opinan de ella quienes sí son asiduos a la erótica, quienes van buscando, además de esa historia de fondo, disfrutar de ciertos pasajes plagados de erotismo, sensualidad y sexo. Porque hay muchas formas de escribirlos y no siempre es fácil conseguir ese equilibrio entre buen gusto y eficacia a la hora de incrementar la temperatura corporal de quien los lee; equilibrio que yo persigo atendiendo a un criterio personal, porque me consta que no tod@s l@s lector@s de erótica lo buscan o lo valoran de igual forma. Para gustos, los colores. 

    La opinión que traigo hoy es de un lector asiduo a la literatura erótica y su opinión me inspira confianza precisamente por eso, porque puede contrastar y valorar esa parte de la historia sin obviar el intimismo y la reflexión del que también se considera amante. Una prueba más que adecuada, por tanto, para saber si la novela cumple con las expectativas que me marqué desde un principio cuando comencé a escribir. Tal vez por eso conté con él como lector cero de esta historia, aunque parte de su opinión no la he sabido hasta ahora, hasta poco antes de publicarla en este blog para compartirla con vosotros. 

Gracias, ALBERTO GONZÁLEZ!!

  
"¿A QUÉ LLAMAS TÚ AMOR?". OPINIÓN. 
Yo no soy de analizar las novelas que leo por su técnica, ni tampoco soy de adentrarme a revisar si está escrita correctamente según las normas literarias, entre otras cosas porque no sé hacerlo y creo que metería la pata. Pero sí que me gusta analizarlas por lo que me aportan, por lo que me hacen sentir o por lo que me enseñan.
  Partiendo de esta base, empecé a leer “¿A qué llamas tú amor?” intuyendo que todas esas cosas que yo busco en una novela, las iba a encontrar en ésta. Y eso lo sabía porque ya había leído los anteriores trabajos de Pilar; su libro de relatos, y su novela, y los dos me aportaron mucho de eso que cuento, así que tenía un alto porcentaje de acertar cuando pensaba que ésta nueva me llevaría por los mismos derroteros.

 Sí que es cierto que la temática es diferente, ésta es una novela en la que se incluye una parte erótica. Pero también es una novela que no se centra sólo en la parte erótica, ni siquiera el erotismo es en lo que se apoya la trama ni la historia central. Creo que todo se complementa, se compenetra a la perfección y se podría decir también que cualquiera de las dos partes, tanto la erótica como la historia de Jana, podrían ir perfectamente separadas y ser solventes cada una por su lado.

 Como en todo lo que escribe Pilar, me he encontrado con una novela que engancha desde sus primeras páginas, una trama perfectamente hilada que me cuenta una historia tan real como pueda ser la de cualquiera. Pero eso sí, cargada de momentos en los que te hace reflexionar, momentos de esos que te arañan por dentro, de esos que te hacen parar un momento en la lectura para pensar. Y eso me encanta cuando leo, que me metan en la trama desde el minuto uno, y que me hagan sentir y recapacitar.

 Siempre me ha gustado la novela erótica y la verdad es que leo este género con frecuencia, pero he de decir que me ha sorprendido mucho Pilar en esta faceta. El erotismo que hallé es totalmente diferente al que me suelo encontrar. Es elegante, fino, cuidado y muy sugerente a la vez, sin perder su carga de realismo y de sensualidad, pero mimado hasta el punto de acariciar las escenas con sutileza extrema, sin caer en lo burdo y soez del sexo, pero sin dejar de ser sexo. En definitiva, esa forma de escribir la erótica, hace la lectura mucho más agradable y consigue activar todos los sentidos del lector y también que  cada  escena de sexo transmita mucho más que sexo, transmita pasión y vaya mucho más allá.

 He leído esta novela con mucho placer -y no lo digo por el erotismo-, lo digo por el placer de leer una historia en la que encuentras lo que buscas en una novela, y que no te entretiene solamente o te divierte, si no que te aporta algo más que todo eso.

 La trama de la novela sigue los pasos de una mujer cercana a los cuarenta, atractiva, culta, una persona que va a ver su vida trastocada por el trabajo de su marido que está distanciándolos. Ella se va a sumergir en un mar de dudas a la hora de determinar qué decisión será la más adecuada y coherente con sus sentimientos y con su forma de ver una relación, que siente que se deteriora. Periodista de profesión, los pilares en los que se apoya para hacer frente a su destino son tres amigos del trabajo, que ponen cada uno su granito de arena en el desarrollo de la novela. Uno pone el desenfreno de vivir la vida al límite, de no tomarse las cosas tan en serio y disfrutar cada minuto que pasa a pesar de lo duro que es el día a día. Otro pone la constancia y la cordura, los consejos dados desde el corazón. Y el otro pone la conformidad, el no salirse nunca de los límites establecidos, el luchar por lo que crees firmemente a pesar de todo lo demás. Personajes muy bien dibujados y con los que uno puede identificarse. Jana con sus decisiones, sus aciertos, sus equivocaciones y sus dudas, hace que el lector se introduzca en sus pensamientos y se haga las mismas preguntas que ella. Pero no sólo la novela está enfocada desde el punto de vista femenino, también podemos acercarnos al interior de Julio, y de Hugo, ver desde su forma de entender la vida y replantearnos cosas de la nuestra propia que afloran a medida que las páginas van pasando.

 En definitiva una novela redonda, muy íntima, en la que dos historias se entremezclan, y cada una de ellas con mucho peso, con mucha cordura, y sobre todo con mucha elegancia.

Con “¿A qué llamas tú amor?” he visto crecer a Pilar como escritora, su evolución, pero también que es fiel a su manera de contar las cosas, de buscar ese arañazo en el corazón y de provocar la reflexión y la búsqueda de un trasfondo que va mucho más allá de las letras. ¡Y eso me encanta!

Muchas felicidades, Pilar, por esta novela, por las anteriores y por las que vendrán, porque estoy seguro que vendrán más, y sobre todo gracias por hacerme disfrutar de la literatura una vez más. Espero que tengas muchos éxitos, porque tú y tu obra lo merecéis de verdad.
 


24 nov. 2014

DA MIEDO.

   Da miedo. Da miedo empezar de nuevo. Aunque tal vez no sea ese el término más acertado, sino respeto. Cuando una novela termina tengo la impresión de haberme deslizado por la ladera de una montaña después de haber conseguido escalarla hasta su cima, para volver a sentarme a sus pies mientras miro hacia arriba, con la vista puesta en el pico siguiente que siempre me parece más alto que el anterior, escarpado, difícil de abordar, preguntándome si dispongo de herramientas y habilidad suficiente para volver a emprender la hazaña con más garantía de éxito que en la anterior ocasión. Y siempre me asaltan las mismas dudas: ¿he aprendido algo nuevo?, ¿he mejorado mi técnica de escalada con la experiencia?, ¿resulta recomendable abordar la cima por un camino similar al anterior o tal vez sea bueno investigar nuevas rutas?, ¿merecerá la pena el esfuerzo por volver a subir? Y la más importante: ¿lo conseguiré con dignidad, con destreza, con brillantez, o con artimañas farfulleras que no me atreveré a mostrar?

   No hay nada peor que la exigencia propia, que la necesidad constante de superarse a sí mismo, de querer ser mejor a cada nuevo paso que se intenta dar. Ni nada peor que el miedo al fracaso, a no cumplir las expectativas propias y ajenas. Sí, también ajenas. Porque por mucho que uno escriba para sí mismo, nunca debe ser ignorante de la opinión de los demás, de quienes también marcan las referencias que nos califican como buenos, malos o mediocres, porque sería muy prepotente pensar que solo nosotros estamos en posesión de la verdad a la hora de calificarnos. Una combinación complicada pero necesaria, en la que cada cual juega un papel.

   Para seguir avanzando hay que tener claro el punto del que partimos, el nivel alcanzado y en el que estamos en el momento. Pero yo aún no lo sé con exactitud, aún no tengo suficientes referencias de los progresos, de lo conseguido con la obra que terminé hace un par de meses, apenas tengo opiniones, referencias, impresiones que me ayuden a dilucidar cómo y de qué forma seguir caminando. Y en qué dirección. 

   Tal vez lo mejor sea esperar antes de comenzar de nuevo, no hay prisa. Pero deberé bloquear al gusanillo que llevo dentro y que empieza a despertar de su letargo. O no me dejará actuar con raciocinio o con el suficiente temple como para evitar errores, sino dejada llevar por la emoción, que, por otra parte, no deja de ser uno de los pilares fundamentales que me incita a disfrutar de todo esto.  

   Miedo. Un sentimiento que nos obliga a estar alerta, a superarnos, a no estrellarnos a la primera de cambio por exceso de confianza. 

21 nov. 2014

RELATO: "AMOR EN LAS ONDAS".

  Te enamoró mi voz, la caricia de mis palabras preñando la noche de soplos de aliento, acunando tu congoja entre algodones para aliviarla, para teñirla de luz entre tanta sombra. Tantas veces me abordaste a través de las ondas que aquel programa de radio se me quedó corto. Me sedujiste con la sensibilidad de tu corazón roto, despechado por un amor imposible que te fracturó en dos cuando te abordó la soledad de su partida, de su huída de ti. Me acostumbré a escucharte, a que recalara tu confesión en mis oídos sembrándolos  con sentimientos y emociones que jamás pensé que un hombre pudiera sentir. Me acostumbré a contestar a tus continuos porqués hasta agotar mis recursos de terapeuta emocional para echar mano de los dictados del alma, sabios, empáticos hasta acabar conectándonos con un hilo invisible robusto como el acero, balsámicos hasta envolverte en un aura de paz en la que soñaba adentrarme contigo, cada noche. Esperaba ansiosa escuchar el tono grave de tu voz en cada llamada y mi corazón palpitaba, temeroso por que sus redobles pudieran ser captados por un micrófono audaz.
   Tus preguntas sonaron a excusas con el paso del tiempo, a excusas para poder contactar conmigo por unos minutos elásticos que se fueron alargando de manera progresiva hasta prolongar la charla tras apagar las luces, tras la despedida pública de un programa nocturno que amenazaba con ensamblar las estrellas y el alba bajo una conversación confidente,  amorosa, eterna.  Tus halagos, tus piropos, las confidencias vertidas sobre nosotros impregnándonos de complicidad me pidieron verte, conocerte, tocarte. Pero me aterró no ser como imaginabas, me asustó no despertar tu admiración física en igual medida que dialéctica. Por ello te envié mi fotografía antes de encontrarnos, antes de que llegara el momento tan esperado en que nuestros cuerpos se encontraran frente a frente, rompiendo la barrera del sonido para ser inundados de luz bajo la que observarnos, desearnos…, amarnos.
   Soñé con un amor a primera vista que despertara nuestra pasión, como extensión a lo que ya sentían nuestros corazones tras meses plagados de mensajes a través de las ondas. Me revolví nerviosa en el banco del parque, bajo una lluvia de hojas secas que esperaba oír crujir cuando corriera a tu encuentro para abrazarte, para besarte bajo aquel arco trazado por árboles doblegados por el viento, dispuesta a dejarme caer sobre el lecho dorado del camino para fundirme contigo, con tu cuerpo, aun temerosa de no encontrar en tus pupilas la marca del deseo que sentía yo. Temerosa de defraudarte.
   Me repetí mil veces tus últimas palabras escritas –“eres preciosa”-, para tranquilizarme al verte a lo lejos. Tu bastón oscilando a ras de suelo, trazando un vaivén horizontal medido y continuo por delante de ti, me desarmó. Respire hondo y me abracé a mí misma para sobreponerme, para no sentirme absurda y frívola por haberme engalanado de arriba abajo como si aquello pudiera importarte.
   Tu amplia sonrisa y tu voz grave al saludarme me hicieron sentir la mujer de tus sueños. De tus sueños. Fiel a la imagen que tu mente se había forjado de mí como la más maravillosa del mundo, sin nada que pudiera alterar ese convencimiento pleno que tenías tú. Recorriste mi rostro con las yemas de tus dedos mientras yo pronunciaba tu nombre, y el destello manado de tus pupilas me recorrió el cuerpo entero, con un grado de placer sublime. Con aquellos gestos me hiciste el amor. Bajo un cielo de árboles, en aquel parque. 
  © Pilar Muñoz Álamo - 2014

17 nov. 2014

PRESENTACIÓN DE "¿A QUÉ LLAMAS TÚ AMOR?" EN MADRID. CRÓNICA.




   He estado un buen rato planteándome cómo enfocar esta crónica, si contaros el hilo de acontecimientos que se fueron sucediendo, como quien narra una película grabada, u os contaba mis impresiones, mis sentimientos, lo que yo vi. Creo que lo primero ya lo ha hecho alguno por ahí, así es que prefiero volcar aquí cómo me sentí, las sensaciones que tuve, las emociones de un fin de semana muy completo que me han dejado con una resaca que contrarresta el resfriado y la afonía parcial que me traído de Madrid :)


  Las puestas de largo siempre marcan, las primeras veces en las que se hace cualquier cosa también, aunque yo estoy convencida de que siempre hay algún detalle que hace que todas las que puedan venir detrás también sean especiales, sin lugar a dudas. La de Madrid era la presentación literaria, la que prometía reunir en una misma sala a lector@s, bloguer@s y facesbooker@s en mayor medida, la que me permitiría dar un abrazo a quienes siempre veo como una imagen estática en un cuadradito a la izquierda de un comentario, de un estado, de un post. Y a quienes deseaba ver sonreír, gesticular, hablar con voz propia para sentirlos vivos, más vivos aún de lo que ya los veo a través de la pantalla de un ordenador. Y así fue. Me sentí como en casa, entre amigos, con un aura de cariño a mi alrededor que ya me sorprendió desde que por la mañana comencé a ver el anuncio de mi presentación compartido unas cuantas veces por la red, alentando a los amigos madrileños a compartir ese momento conmigo, con nosotras, y decenas de comentarios y mensajes sucediéndose con buenos deseos de éxito y de disfrutar del momento. 

   Todo fue muy rápido. Las horas dedicadas a la planificación del evento, a los intentos de aprenderme un discurso en el que pretendía conjugar lo que me mueve al escribir, el trasfondo que impera en esta historia y que quería transmitir a través de ella, mi visión particular del amor y de las relaciones de pareja tras reflexiones de larguísima duración a lo largo de mi vida, además de un breve resumen que pusiera en antecedentes a los futuros lectores de lo que van a encontrar en la novela se redujeron a un paso del tiempo fugaz, en un ambiente y en una compañía tan agradable que terminó en un suspiro. Vi rostros que esperaba encontrar allí, eché en falta algunos que me habría encantado conocer o volver a ver y tuve la suerte de disfrutar de otros que no sabía que llegarían, al margen de la satisfacción que me supuso ver cómo algunos de quienes visitaban el Fnac por algún otro motivo se detenía a escuchar durante un rato al pasar frente a nosotras. 
 
Ana Coto, editora de Palabras de Agua y escritora.
  
    Qué deciros de quienes me acompañaron en la mesa. Un placer y un honor contar con ellas. Compañeras de letras y amigas con las que comencé a charlar al segundo de encontrarnos como si nos hubieramos visto decenas de veces antes personalmente. Al igual que con otr@s amig@s con los que pude burlar por fin la pantalla del ordenador para vernos cara a cara y charlar por un buen rato. 

Mayte Esteba, escritora.
   Saludé, abracé, besé, agradecí, sonreí y reí. Dejé que Mayte Esteban y Ana Coto hablaran de mi novela y de mí y conté lo que quería contar con más temple del que pensaba. Leí el primer capítulo de la novela emocionada por volver a adentrarme por unos minutos en la piel de Jana, una protagonista que me ha hecho disfrutar al darle vida y que estoy segura de que lo seguirá haciendo tras conocer a quienes se decidan a darle la bienvenida; una protagonista nacida de mis entrañas a la que echaba de menos. Y traté de contestar a cuanto me preguntaron, basándome en mis propias creencias, en mi forma de pensar y de sentir, en mi manera particular de entender la literatura y esta experiencia que estoy viviendo. 

  Me ha encantado leer por ahí más de un comentario que muestra el sentimiento de haber pasado una buena tarde, de haber disfrutado del encuentro, de la presentación, de habernos conocido. Eso es lo que me vale. Esa era la intención. 

   Llegué a casa con resaca. Me habría gustado compartir más tiempo con quienes estuvieron allí, pero a veces las dosis pequeñas te dejan con mejor sabor de boca, con ganas de más. Y así estoy. Deseando repetir experiencia, deseando seguir bebiendo de las emociones que me brinda una aventura que no me explicó bien cómo empezó ni sé cómo ni cuándo acabará, pero que disfrutaré a tope mientras dure. 

 Con Juan de Dios Garduño y Ana Coto, editores de Palabras de Agua, y Ana Belén Rodríguez y Teresa Hernández, esritoras.



Con Lidia Casado, blog Juntando más letras.
Con Alberto González, amigo y lector sub-cero de esta novela.

Con Yolanda, Contxi, Espe y Pepe Hervás, reseñistas de Ciao! y blogueros.

   

Con Rafael R. Costa, escritor.

5 nov. 2014

UN ESCRITOR DE ÉXITO. ¿ESO QUÉ ES?


   Ayer, por una cuestión que no viene al caso, leí de nuevo la sinopsis de mi última novela. Y cuando terminé de hacerlo volví atrás y repetí una frase que despertó en mí una serie de reflexiones que muy probablemente ya las haya hecho alguien por ahí, pero que yo no pude dejar de plantearme por un momento. “Julio, un escritor de éxito…”. Apuesto a que todo aquel que la lea la entiende perfectamente sin necesidad de pensar. Pero… ¿acaso todos entendemos lo mismo?

   ¿Qué significa tener éxito en literatura? A mi modo de ver, la respuesta va en función de a quién se la formules, una respuesta tan relativa y dispar que ni siquiera aquellos que estén subidos a un “aparente” mismo barco coincidirán en darte, y cuyos efectos,  adversos o no en función de la percepción de quien analiza y contesta, pueden sin embargo influir positiva o negativamente en el futuro de la obra y del escritor.

   Tal vez el error esté en no concretar a qué tipo de éxito nos referimos, aunque me temo que de forma generalizada “tener éxito” significa “vender”. Pero si así fuera, ni siquiera en este caso alcanzamos un consenso. ¿Cuánto hay que vender para considerar que la obra de un escritor es un éxito? ¿Quién pone ese ranking, quién cuantifica ese nivel? De nuevo la respuesta es relativa, porque si se le formula a una editorial, esta marcará una cota en función de la media de ventas de los escritores que tiene en catálogo. En general, para todas las editoriales una obra será un éxito siempre y cuando supere sus expectativas de ventas. Pero es obvio que las expectativas de una editorial pequeña, con unas posibilidades limitadas de distribución, publicidad y visibilidad de la obra, pueden no llegar a ser ni la cuarta parte de las de una editorial consolidada; así, mientras la primera celebrará con vítores haber sobrepasado los mil ejemplares vendidos (encumbrando a la obra y al autor ante la opinión pública), otras los tacharán de mediocres por no haber logrado vender la mitad de su tirada habitual de cuatro mil ejemplares (relegando a la obra y al autor al rincón del olvido en su lista de prioridades a la hora de invertir capital humano y económico en beneficio de ambos). Pero los efectos no quedarán ahí. Muy probablemente la editorial pequeña volverá a darle una oportunidad a su autor de publicar con ellos mientras la grande le pega una patada en el culo, provocando además la reticencia de otras muchas editoriales a contratar al escritor desahuciado por la etiqueta que lleva impresa en su frente en relación con su escasa rentabilidad económica .

   Pero no quiero decir con esto que la panacea sea publicar con una editorial pequeña para que los cánticos resuenen gloriosos. Ayer, ejerciendo con mi hija mis funciones de madre, pasé por librerías de centros comerciales y algunas otras pequeñas, incluyendo la más emblemática de mi Córdoba del alma. Mi vista se recreó en títulos, presentes en todas ellas, como “La interpretadora de sueños”, “Viajo sola”, “Secretos del arenal” o “La marca de la luna”, entre otras. Después de autopublicar mis relatos —“Ellas también viven”— con toda la ilusión del mundo, aprendí que lo que no se ve, no existe, así de simple, y si no existe no puede comprarse y leerse. Es cierto que el boca-oreja funciona, que los lectores pueden escuchar recomendaciones que les incitan a preguntar por una determinada obra en un librería aunque no esté a la vista, pero no nos engañemos, en la mayoría de los casos, ese es un proceso muy lento que acaba con la paciencia de los libreros y distribuidoras antes de que despegue. Hoy día, un porcentaje altísimo de lectores, antes de comprar, sigue paseándose o mirando a la pasada los escaparates y las mesas de las librerías y termina decidiéndose por lo omnipresente, por lo que suena y resuena hasta la saciedad. Con lo cual, esa apuesta inicial de las grandes editoriales de distribuir masivamente una obra para hacerla visible puede alimentar ese círculo vicioso que la convertirá en una “obra de éxito” por encontrarse al alcance de la mano, con los efectos beneficiosos —mayores en este caso—que eso conlleva.

   Pero… ¿y para el escritor? ¿Qué es el éxito literario para el escritor? Eso sí que no puedo responderlo. Puedo arriesgarme a decir lo que “debería” de ser, pero no lo que es. Puedo aventurarme a decir que un escritor que de verdad se sienta escritor y aspire a escribir literatura debería ignorar las ventas para centrarse en el éxito de lo que ofrece, entendido por las buenas críticas recabadas de su obra, con independencia de si su alcance ha sido mayor o menor, con independencia de la editorial en la que esté y de lo que esta haga, con independencia de si lo conoce medio mundo o su círculo local. Pero no siempre son estas sus prioridades, hasta el punto de sentirse frustrados, cabreados e indignados por no haber sido su obra reconocida a nivel editorial como debiera, o por no haberse puesto toda la carne en el asador (monetariamente hablando) para que esta despunte entre la ingente montaña de libros que asolan las librerías, olvidando que lo comercial —y por ende, la rentabilidad de la inversión— impera en los criterios de selección de la mayoría de las editoriales por encima de cualquier otra cosa (y sálvese quien pueda).

   Sé lo que vais a decirme, que un escritor no es nadie sin lectores. ¿Pero a costa de qué? Pensadlo. Defendemos la cultura, defendemos la buena literatura. Pues hagámosla. Si realmente es eso lo que nos importa, no nos dejemos influir de forma indiscriminada por las demandas de los lectores y de las editoriales, centrémonos en escribir algo de calidad, tanto si se vende como si no, tanto si tiene posibilidades de ser comprada por una editorial como si somos nosotros quienes tenemos que ponerla en circulación. Porque si lo único que de verdad nos mueve son las ventas, no estaremos buscando hacernos un hueco en el panorama literario, estaremos buscando ser “literatos” famosos por encima de todo, que es algo bien distinto.

   Se pueden conjugar ambas cosas, lo literario y lo comercial, pero no siempre forman buena pareja. Tú eliges.

   Para mí, un “escritor de éxito” es el que, con sus letras, hace honor a la buena literatura. Lo demás no deja de ser un mero accidente.
 

23 oct. 2014

20 oct. 2014

SORTEO DE UN EJEMPLAR DE "¿A QUÉ LLAMAS TÚ AMOR?"

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