29 mar. 2013

"LA VIDA IMAGINARIA" de Mara Torres

 Hoy me he levantado pensando cómo los seres humanos vivimos en un permanente estado de adaptación, aunque no nos lo parezca; a veces, sutil y otras, no tanto. Cómo cada elemento que aparece o desaparece de nuestras vidas nos obliga a reconstruir nuestro espacio, nuestro tiempo, nuestra dedicación..., a focalizar la atención en aspectos diferentes de nosotros mismos o de aquello que nos rodea, mientras hacemos un esfuerzo considerable -en ciertas ocasiones- por intentar que nuestro equilibrio emocional continúe como si fuera la viva representación de un electroencefalograma plano, sin alteraciones ni altibajos que imposibiliten que el resto de nuestros quehaceres cotidianos, que no han sufrido ningún revés, sigan gozando de la buena salud que tenían hasta entonces. Y he seguido pensando que ciertamente debemos ser animales de costumbres arraigadas cuando tendemos a recuperar el estado en el que estábamos aun sin haber salido bien parados de la situación anterior. 

Y todo ello lo he pensado a raíz de haber terminado de leer la novela finalista del Premio Planeta 2012, La vida Imaginaria, de Mara Torres, que será la que regale para Sant Jordi bloguero y que espero que a quien la reciba le guste tanto como a mí.

Me encantan las novelas que me hacen reflexionar. Leo por distensión, por entretenimiento, por aventurarme en mundos y en espacios en los que tal vez jamás tenga la dicha de encontrarme en la vida real -aunque tengo que reconocer que, inconscientemente, no puedo evitar analizar otros muchos aspectos "técnicos" de cada una de las obras que caen en mis manos-; pero indiscutiblemente y con independencia de su trama, me queda muchísimo mejor sabor de boca cuando extraigo un pensamiento que da vueltas por mi cabeza durante un tiempo después de haber cerrado la contraportada de la novela, y La vida imaginaria es una de ellas.

No es ésta una novela con una trama elaborada, no es de las que te mantienen pegada a las páginas en el afan de saber qué ocurrirá u ocurrió con la protagonista o con cualquiera de los personajes secundarios que aparecen en ella, no es una novela fantasiosa que destaque por su imaginación -a pesar del título-, ni en la que poder recrearnos con sus paisajes maravillosos o sus historias de amor. La vida imaginaria es una historia real, y con real me refiero a una historia que puede haber vivido y que vivirán miles de mujeres en esta época que nos ha tocado vivir. Y ése es precisamente el secreto de su éxito, el de haber sabido plasmar con una verosimilitud asombrosa las sensaciones, las emociones e incluso lo que podría ser la rutina desarmada de una mujer, como cualquiera de nosotras, que ve rota su relación de pareja de la noche a la mañana obligándola a reincorporar de nuevo en su cotidiana existencia los hábitos que llevaba mucho tiempo sin practicar y el abandono, por otra parte, de aquellas otras que habían sido creadas en pareja y que ya han perdido su razón de ser. Y todo ello, mientras el corazón y la mente pugnan por hacer valer sus razones para decantarse por un camino u otro: el de no perder la esperanza de volver a recuperar al hombre del que sigue enamorada, o abrir paso al nuevo horizonte que le permita acostumbrarse a vivir en soledad y abierta a nuevas relaciones afectivas o amorosas que le ayuden a reconstruir su vida para volver a alcanzar ese estado en el que ya se había acostumbrado a vivir. 

¿Por qué tras un descalabro amoroso o una mala experiencia conyugal insistimos en intentarlo de nuevo con alguna otra persona? ¿Por qué esa experiencia no nos sirve de escarmiento para decir "Una y no más, Santo Tomás"? Las estadísticas lo confirman, las personas divorciadas o separadas -a pesar de haber vivido una mala experiencia amorosa- tienden a buscar una nueva pareja estable con la que compartir su vida y su espacio en mayor medida que aquellas otras que se han mantenido "solteras" durante una gran parte de su vida. ¿Construímos la nuestra sobre unos pilares que nos cuesta trabajo desmoronar? ¿La soledad o la compañía se constituyen como elementos básicos en nuestra forma de existencia y nos resulta difícil prescindir de ellos como si ya formaran parte inherente de nosotros?

Cuestiones como éstas y otras similares son las que me ha suscitado la lectura de la historia de Mara Torres, narrada de una forma que me ha resultado muy original y que tal vez -en mi humilde opinión- haya podido ser una de las causas que más haya podido influir en la concesión de su premio de finalista, por encima incluso de la historia que en ella se cuenta. Un lenguaje cuidado, pero muy desenfadado, fresco, muy actual, haciendo uso de muchas de las expresiones coloquiales con las que nos sentimos sin duda identificadas en nuestro hablar diario, con diálogos ingeniosos, dinámicos, y que hacen que los personajes, incluída por supuesto la protagonista, Nata, nos parezcan tremendamente reales, cercanos y próximos al entorno social en el que vivimos. Una historia que tiene la pretensión de plasmar una situación que reconoceremos hasta el último detalle y con la que en más de una ocasión incluso sonreiremos por tener esa extraña sensación de sentirnos delatados, por descubrir que aquello que decimos, pensamos o hacemos es más universal de lo que parece.


Sinopsis:
¿Qué pasa por tu cabeza cuando la persona a la que quieres se va? ¿Qué haces con tu vida cuando tienes que pensarla otra vez? ¿Te la inventas? El mundo de Nata se llena de preguntas cuando Beto la deja. Pero el tiempo no se detiene, y los episodios que Nata cuenta de su propia historia la van llevando hacia un lugar donde todo vuelve a ser posible. Novedosa y contemporánea, esta novela tiene el nervio de un relato confesional, divertido y emocionante. Pero, por encima de todo, descubre a Fortunata Fortuna, un personaje fascinante que ha venido al mundo de la ficción para quedarse.

20 mar. 2013

RELATO: "DESEO VIRGINAL"

  
 Hace algunas semanas me apunté a la Quincena erótico-festiva del blog Libros que hay que leer y en la entrada que publiqué anunciando mi participación, incluí un pequeño fragmento erótico de invención propia en homenaje a tal "evento". No formaba parte de ningún relato, pero hubo quien a partir de haberlo leído me alentó a continuarlo y transformarlo en una pequeña historia. Y como yo sucumbo muy fácilmente a los desafíos y retos varios (no sé si para bien o para mal), pues eso es justamente lo que hecho, utilizarlo como primer párrafo de un pequeño relato con erotismo en estado puro. ¡Del fino, ¿eh?, creo yo! No sé vosotr@s lo que pensaréis :)
   
   Ahí va:


 "DESEO VIRGINAL"

   Abrí la puerta del baño envuelta en una nube de vaho que me hizo resurgir de ella como una esfinge sinuosa, sofocada por el calor extremo del agua que minutos antes había besado mi cuerpo, cada centímetro de mi piel que ahora lucía tersa, aterciopelada y suave, impregnada por entero de aquella esencia de miel y almendras de aroma cautivador y sabor dulce. Tardé un instante en acomodarme a la penumbra salpicada por la tenue luz de las velas dispuestas por el dormitorio y a la melodía suave que incitaba a mis sentidos a dejarse llevar. Una silueta masculina de torso desnudo se aproximó a mí lentamente, en silencio, esbozando una sensual sonrisa de labios carnosos mostrando deseo. Noté sus manos abriéndose paso por la abertura de mi albornoz, ensanchándola al tiempo que recorría con sus manos mi cintura atrayéndome hacia él. Mi pelo mojado dejó escapar algunas tímidas gotas de agua que recorrieron mis hombros hasta llegar a mis senos, donde iniciaron un suave descenso bordeando sus curvas pronunciadas y sensuales. Él clavó sus ojos en ellas, secándolas con las yemas de los dedos para besar después las huellas de humedad que habían dejado a su paso y que ahora se incrementaban al contacto con sus labios, con su boca, con su lengua excitada incapaz de detenerse. Un gemido efímero y apasionado huyó de mí para confundirse con las notas musicales dispersas en el ambiente, como preámbulo de lo que prometía ser una noche de sumo placer.

   Me pregunté por un instante cómo diantres había aparecido él allí; los efluvios del alcohol debieron haber jugado al escondite con mi memoria, sin dejarla adivinar si había sido yo quien lo había invitado a subir o tal vez fue él quien me transportó literalmente hasta mi habitación de hotel para protegerme de las consecuencias nefastas del cava que había bebido hasta perder la razón. Pero no me importó. Las sacudidas eléctricas que sus roces provocaban en mi cuerpo silenciaban el miedo hacia mi primera vez, tantas veces soñada, aventurada hasta la saciedad dejándome llevar por una mezcla de romanticismo desbocado y ausencia de detalles ante lo que no había conocido nunca en primera persona, tan solo en las novelas de Corín Tellado que mi madre solía leer. Entonces sentí miedo, y un rubor espantoso al ser consciente de que no sabría cómo actuar, ni cómo responder ante aquel extraño que parecía dominar el arte amatorio en mucha mayor medida de lo que yo había podido leer. 

   Una de sus manos ascendió muy lentamente por la cara interna de mis muslos hasta llegar a su confluencia, mirándome a los ojos y esbozando una sonrisa con su boca amplia que no dudó en utilizar para sellar la mía antes de que yo pudiera confesarle el secreto de mi virginidad más absoluta, como si ya lo intuyera y no le importara nada. O tal vez como si aquello le excitara mucho más. Comprendí que sólo tenía que dejarme llevar, permitirle hacer a él y a mis instintos libidinosos, fuertes como nunca imaginé que pudieran ser.

   Me despojó del albornoz que aún se apoyaba sobre mi espalda y caí completamente desnuda sobre la cama, empujada levemente por su cuerpo. Él mantuvo el equilibrio y permaneció en pie durante unos segundos que me parecieron eternos, mirándome de arriba abajo con lascivia y un deseo reflejado en sus ojos que me intimidó. Y me gustó, haciéndome notar un cosquilleo entre mis piernas que me obligó a apretarlas una contra otra y revolverme ante su gesto de aprobación. 

   Se inclinó sobre mí y sujetó mis manos elevándolas sobre mi cabeza, haciéndome sentir excitantemente expuesta, vulnerable, y comenzó a recorrer mi piel por entero con la boca y con sus manos, cada pliegue, cada pequeño rincón ignorado hasta por mí, besándolo, lamiéndolo, pellizcándolo. Recobré la libertad de mis manos y le correspondí, acariciando su espalda, su pelo, sus brazos torneados y su pecho desnudo, su sexo, sus nalgas. Me sentí feliz, desinhibida, pletórica por aquella opera prima tan excitante que abriría paso, sin duda alguna, a otras muchas funciones a partir de aquel momento. 

   Mi respiración acelerada comenzó a descontrolarse a medida que su entrepierna abultada presionaba la mía cada vez más, moviéndose insinuosamente, buscando un hueco por donde colarse dentro de mí, mientras sus gemidos me susurraban al oído que había llegado el momento más temido. Y el más deseado, tal vez.

   Aprisionó mi cuerpo bajo el suyo y esperó, incrementando mi excitación de manera sublime al sentir cada centímetro de mi piel unida a la suya. Un reflejo de luna penetró a través de la ventana iluminándolo con lentitud, avanzando desde el extremo de sus pies hasta besarle la nuca, momento en que una descarga de excitación lo fustigó obligándome a separar los muslos ampliamente con ayuda de sus piernas fuertes y musculadas, clavándome su daga de forma brusca e impetuosa sin ninguna concesión una y otra vez. Un dolor intenso aguijoneó mi vientre y cerré los ojos, al tiempo que él sumergía su cabeza en mi clavícula con deseo enloquecido, buscando mi cuello con sus labios henchidos de fogosidad extrema. Noté el roce de su boca sobre mi piel, abriéndose cada vez más, percibiendo la calidez de su aliento y la humedad de su lengua como un animal poseso, completamente fuera de sí. Y entonces los sentí. Entonces sentí los hilillos de sangre que sus colmillos afilados habían hecho resbalar por mi cuello mientras él succionaba mi vida y mi preciada virginidad con los ojos desorbitados y el semblante victorioso, recobrando así una centuria de vitalidad renovada. La laxitud de mis miembros me impidió moverme, dejándome llevar, poco a poco, por el sueño inmortal que me acompañaría hasta el otro lado para siempre. Hasta el lado infinito de las sombras.

Pilar Muñoz Álamo - 2013


19 mar. 2013

EL CARRUSEL DE MI VIDA

   La vida es un carrusel que gira sin detenerse. A ritmo desigual, para ti, para mí, para cualquiera que aún sea capaz de recoger un átomo de oxígeno con que llenar sus pulmones para poder vivir. O tal vez, sobrevivir. Sólo sobrevivir.

   No somos conscientes de su velocidad, que no es otra que aquella que nosotros mismos le imprimimos con nuestras exigencias, con nuestro afán de superar metas que trascienden a lo esencial,  y que van mucho más allá de los elementos básicos que nos reconfortan en alma y el corazón, que nos dan lecciones de vida, de moral, de solidaridad, de superación... Siempre queremos más. Y más. Y más. Alcanzar la cima y el éxito material, que no personal. Obtener el reconocimiento ajeno, que no el propio. Engordar nuestro ego sabiéndonos vencedores. Pero vencedores… ¿de qué? Yo misma respondo: de los logros que dejaremos aquí, enmarcados tal vez en el recuerdo de quienes permanezcan subidos al carrusel de la vida cuando la fuerza centrífuga nos haga bajar a nosotros, o cuando nuestras fuerzas estén tan debilitadas que ya no podamos seguir empujando el tramo ínfimo que ocupamos en él. Pero ahí quedarán, como parte del mobiliario que lo decora, sin que podemos cargarlos a la grupa de ese espíritu que flotará algún día construido por su bagaje particular de lecciones aprendidas, de obstáculos superados, de errores reconocidos y asumidos con humildad.

   Hay veces en que unas simples palabras esbozadas a tiempo, una simple frase leída en cualquier lugar, una imagen percibida por una retina especialmente sensible en un día concreto constituyen el empujón que nos hace reaccionar, detenernos, frenar en seco, observar y meditar. ¿Cuántas vueltas inútiles estamos dispuestos a dar para llegar al mismo fin? ¿Y a qué velocidad nos proponemos girar, sabiendo que la prisa es una enemiga acérrima  del placer de los sentidos y una aliada perfecta en el arte de obviarlo todo, de pasar por alto los detalles trascendentales de cualquier escena, de impedir el disfrute de lo sencillo, de lo que siempre estuvo ahí y nunca vimos?

   Hoy he frenado. He vuelto a mirar lo que nos brinda la vida en esencia pura y me he preguntado cuánto de ella he absorbido yo hasta este momento, y que pueda llevarme cuando me apee del carrusel de color en el que estoy subida. Y he visto que aún me queda muchísimo por abrazar, y que gran parte de todo ello no está precisamente en el camino por el que circulo. No quiero abandonarlo, pero tal vez haya que dar con paso tranquilo un pequeño rodeo de vez en cuando. O un poco más a menudo que sólo de vez en cuando.

15 mar. 2013

SANT JORDI BLOGUERO 2013: ¡PARTICIPO!



   ¡¡Me apunto, claro que me apunto, cómo no voy a hacerlo si me lo paso como los indios cada vez que participo!! 

   Muchos de vosotros ya conoceréis esta iniciativa genial nacida de la mano de nuestra querida Kayena, y que se está convirtiendo, poco a poco, en una tradición bloguera que espero que se mantenga por mucho tiempo (recemos por que el cuerpo y la cabeza de la madre del invento también aguante lo suficiente como para seguir convocándola, porque no es moco de pavo esto, ¿eh?).

  Uno de los requisitos para poder participar es dejar un comentario en su blog KAYENA: Negro sobre blanco, en el que están expuestas las bases con todo detalle y la lista de participantes, y después publicar una entrada anunciando el evento. Aquí está la mía, pero en esta ocasión, en lugar de hacer la difusión por escrito -sí ya sé que sois lectoras empedernidas y que os gusta una letra más que a un niño una chuche, pero hoy toca descansar, qué queréis que os diga- pues he decidido hacerlo en imágenes. Así es que, por favor, dad al play y luego seguimos:





  Como ya habréis podido ver en el vídeo, el libro que he decidido regalar es el finalista del Premio Planeta 2012, de Mara Torres, La vida imaginaria. Os dejo la sinopsis:

"¿Qué pasa por tu cabeza cuando la persona a la que quieres se va? ¿Qué haces con tu vida cuando tienes que pensarla otra vez? ¿Te la inventas? El mundo de Nata se llena de preguntas cuando Beto la deja. Pero el tiempo no se detiene, y los episodios que Nata cuenta de su propia historia la van llevando hacia un lugar donde todo vuelve a ser posible. Novedosa y contemporánea, esta novela tiene el nervio de un relato confesional, divertido y emocionante. Pero, por encima de todo, descubre a Fortunata Fortuna, un personaje fascinante que ha venido al mundo de la ficción para quedarse."

   Espero que os apetezca haceros con él.

   Besitos a tod@s. Y gracias (y mucho temple y paciencia) a Kayena por darnos la oportunidad de disfrutar de esta forma.






13 mar. 2013

LA CANCION DE NORA y reflexiones varias.


   Cuando decidí apuntarme a la Quincena erótico-festiva de Laky lo hice por un simple arrebato momentáneo, de esos que siempre he tenido, pero por los que últimamente parezco dejarme llevar sin tantos remilgos ni reflexión alguna. Aunque tal vez fuera también porque, en el fondo, me alegró ver que por fin comenzamos a dejar el rubor a un lado para hacer alarde de esa imagen de mujer moderna, actual y liberada de la que tanto presumimos, pero que, para ciertas cosas, aún anda un poquito lejos de aflorar del todo. Y si me refiero expresamente a las mujeres es porque los hombres, en ese sentido, ya perdieron el rubor y la vergüenza hace mucho tiempo, para bien de ellos. Lo que me resulta un poquito lamentable es que esta especie de "revolución" haya tenido que venir de la mano del famoso Sr. Grey (Trilogía "50 sombras de Grey" -por si alguien de otro planeta nos visita y no conoce a este señor-), que haya tenido que ser él precisamente quien nos saque a torear sin miedo cuando ya había multitud de personajes envueltos en infinidad de novelas de corte erótico esperando ser leídas y deseando encontrar un hueco en nuestras estanterías, sin que pudieran llegar hasta ellas, en algunos casos, por no ser un género de nuestro gusto, pero en otros muchos -estoy segura- porque no nos atrevíamos a pasearnos por la sección de literatura erótica de unos grandes almacenes ojeando libros y pasando páginas para acabar acercándonos a la caja y acometer el trance de comprarlo bajo la mirada de la clienta de al lado, simple y llanamente. Y si no, decidme si alguna de vosotras no ha leído alguna vez una novela de este tipo forrada en papel opaco para no desvelar su título ni la imagen de portada, ¿cierto? Y no me digáis tampoco que no había literatura erótica pensada para mujeres, con una historia bien desarrollada y con un lenguaje no tan burdo, soez y pornográfico, porque ahí estaba, por ejemplo, "Las edades de Lulú", y estoy por apostar que más de una no se ha atrevido a leerla hasta ahora.

   A continuación llegó la segunda parte, elegir un título para después reseñarlo en el plazo establecido. Además de recibir unas cuantas recomendaciones de quienes son amantes y entendidos de la novela erótica desde siempre, también me preocupé de darme una vueltecita por la blogosfera y por las webs literarias para ver qué títulos han proliferado a raíz de este boom al que ahora parecen haberse apuntado escritores y editoriales por doquier, con el fin de aprovechar el tirón comercial que este género  parece tener actualmente, al igual que los vampiros ya hicieron su agosto tiempo atrás. Y me anduve con mucho tiento,  porque temía que de nuevo el Sr. Grey pudiera haber creado escuela y que el pack indivisible romanticismo absoluto - sumisión femenina fuera casi, casi, la única combinación erótica digna de contar con el beneplácito de las lectoras. Es cierto, a la mayoría de las mujeres les gusta que las seduzcan, que las protejan, sentirse -de vez en cuando- en los brazos de un "tipo duro" y, tal vez, en sus fantasias sexuales, ser sometidas por el galan de turno como un rasgo inherente a esa masculinidad que nos puede resultar inevitablemente atractiva. Pero de ahí a pasarnos la vida esposadas, maniatadas, cegadas por pañuelos y artilugios varios y obligadas a ejercer una sumisión total sin posibilidad de réplica ni de invertir los papeles cuando nos plazca, va un abismo. Y como ya sabemos por experiencia que cuando se encuentra una fórmula que funciona se explota hasta dejar el pozo seco y hasta desértico, temía toparme de nuevo con este tipo de historia aderezada por todos los elementos ideales que la convierten automáticamente en bestsellers tras un estudio exhaustivo de la psicología femenina.

   Cuando estaba a punto de hacerme con una recomendación "culta" para leer, una conocida se cruzó en mi camino ofreciéndome la novela de Erika Lust, La canción de Nora. Entonces salté como un resorte y pregunté: "¿Es de sado-masoquismo?". "No". "¿Va de BDSM?" "No". "¿La mujer es sumisa?" "Noooooo". "Entonces me lo quedo." Y tengo que reconocer que he acertado en mi elección, no porque me haya gustado expresamente, sino porque me ha sorprendido que su planteamiento argumental se saliera de los cánones habituales en la literatura erótica actual y, digamos que, comercial, aunque yo no sabría realmente si catalogar a esta novela como erótica, y luego explicaré por qué.

   Esta es la sinopsis que aparece en la contraportada del libro:

Nora tiene veinticuatro años, mucho carácter y arrojo, más sentido del humor y, sobre todo, unas ganas infinitas de disfrutar de lo que la vida le pone por delante.


Durante los inicios de su carrera en el cine en la Barcelona más cool, se debatirá entre dos hombres muy diferentes: Xavier, un joven productor ambicioso y sofisticado, y Matías, un creativo apasionado, atractivo y misterioso.


   La fórmula que Erica Lust utiliza en esta novela huye de los elementos típicos que se dan cita en la mayoría de las novelas eróticas que ahora están en boga, y que a mí personalmente me da la impresión de estar escritas con las miras puestas casi exclusivamente en el público femenino, en las que aparece, casi de forma genérica, una relación estrecha entre hombre y mujer con una mayor o menor confluencia de sentimientos mutuos que transcienden a su vida sexual. La historia que su autora nos cuenta está basada en la vida cotidiana de Nora -sueca de origen- durante su estancia en Barcelona, en la que confluye un esfuerzo continuo por buscar trabajo y desarrollar su labor profesional en el mundo del cine, y su manera particular de vivir la vida y de relacionarse con el sexo opuesto. La relación de pareja que habitualmente suele asociarse a las relaciones sexuales no está presente de forma estricta en este caso. Nos encontramos ante una imagen, a mi modo de entender, que comienza a ser más acorde con la realidad de la juventud actual -a la que Nora pertenece-, una juventud bastante más despreocupada y que evita el compromiso en grado sumo para dar rienda suelta a los instintos de la carne, dejándose llevar por los placeres sexuales que reportan las relaciones esporádicas de un solo día a las que no se sabe, a priori, si seguirán algunas más. A pesar de debatirse entre la afectividad que le reporta Xavier y la pasión algo más desenfrenada que le despierta Matías, Nora mantiene una libertad plena para disfrutar de todo lo que pueda cruzarse en su camino sentirse atada, porque ésa es su manera de entender la vida.

   Y si el planteamiento de la relación sexual que mantiene la protagonista difiere de lo habitual, también lo hace la estructura argumental de la novela, y eso es precisamente lo que más me ha sorprendido. No existe una trama trabada ni elaborada, no existe el típico planteamiento-desarrollo-desenlace que suele ser típico en una novela, no hay aparentemente un final buscado ni una razón de ser en los hechos que acontecen. En esta novela se cuenta lo que ocurre en la vida de Nora durante unos años determinados de su vida, sin más pretensión que la de mostrar su manera de vivir, de enfrentarse al mundo tal y como lo conocemos, de relacionarse con su familia de una manera incluso entrañable, de pelear por un futuro relativamente estable y de disfrutar de la música, de los bares de copas, de las relaciones amistosas en todas sus vertientes y del sexo de la forma y manera en que se presente: pasional, desbocado, superficial, sentimental y hasta como herramienta de desahogo y liberador de tensiones utilizada en solitario. No hay ninguna intención de mitificar el sexo, de describir ensoñaciones románticas maravillosas, de crear personajes idílicos o fantasiosos que queden grabados en nuestra mente al terminar el libro, preguntándonos una y otra vez dónde están porque yo no los encuentro. Erika Lust nos muestra una imagen más real de lo que pensamos de la manera en que muchos jóvenes comienzan a entender la vida actualmente y lo hace con un lenguaje desenfadado, sin utilizar un estilo narrativo depurado, sino muy cercano y ocurrente. En algunos pasajes me ha recordado el estilo narrativo de Brenda Lewis en Nunca volveremos a ser las mismas.

   Sin embargo, y a pesar de lo que he venido comentando anteriormente, hay algo en esta novela que me hace dudar de su catalogación de "erótica"; creo que yo no la entiendo como tal. He buscado la definición de erotismo para confirmar lo que yo tenía entendido por este término, y esto es lo que he encontrado:

    1. Amor sensual, sexualidad.
    2. Cualidad de lo erótico, de lo que provoca excitación sexual.
    3. Expresión o descripción artística del amor físico.

    En tal sentido, tengo que decir que además de que las escenas de sexo no son en absoluto numerosas, la forma de presentarlas me ha parecido que más que estar narradas de una forma novelada, están descritas de manera explícita como si se tratara de un guión cinematográfico que hay que seguir. En la mayoría de los casos no me han parecido sensuales, el estilo narrativo que plasma la escenificación no me ha parecido ni remotamente cercano a lo artístico -aunque he de decir que tampoco hace uso de un lenguaje soez que nos produzca repulsa, ni en ellas se describen prácticas por las que vayamos a escandalizarnos en absoluto, a pesar del detalle con que están descritas-. Y el hecho de que no exista un preámbulo narrativo mínimo que vaya calentando motores hasta acercarnos al momento "acto sexual", unido a la forma directa, clara y explícita de contar la escena, tampoco invita en exceso a la excitación; conmigo, al menos, no lo ha conseguido. Y al género masculino (que no necesita preámbulos y que suele ser amante de ir al grano) me temo que le parecerán escenas un tanto light como para conseguir el mismo propósito.

   A pesar de todo lo que he dicho y aunque parezca que no me ha gustado, tengo que romper una lanza en favor de la novela por su originalidad, por tratar de mezclar una trama desenfadada, ágil y entretenida con pasajes de sexo explícito recreados en mayor medida y con más detalle que el resto de las escenas de la novela, por huir de los tópicos actuales en literatura erótica, por desmitificar las relaciones sexuales tal y como las presentan muchas novelas románticas subidas de tono y por mostrar una imagen de la mujer liberada, dueña de su cuerpo, de sus sentimientos y de elegir aquello que quiere sentir y con quien, sin complejo y sin temor a mantenerse alejada de relaciones amorosas o a comprometerse en ellas si el corazón, finalmente, se lo acaba pidiendo.


9 mar. 2013

DETRÁS DEL CRISTAL de MAYTE ESTEBAN


   Son tantas las ocasiones en las que los dictados de la razón contradicen lo que el corazón siente… Tantas las veces en las que ese órgano que nuestro pecho alberga emplea su fuerza y su capacidad de convencimiento para poner una venda en los ojos que anule nuestros sentidos y, por extensión, lo que nuestra mente debería interpretar con raciocinio a partir de ellos… 


   Son muchos los entresijos por los que el amor puede caminar y en los que podemos sumergirnos a lo largo de nuestra vida de forma ciega, haciéndolos inexpugnables no sólo para nosotros mismos, sino también para quienes tenemos alrededor, que pueden ser testigos directos de la trayectoria errónea que estamos trazando de la mano de Cupido en nuestra vida sin que les permitamos inmiscuirse en ella para darnos su opinión, su consejo cierto, o tal vez esa advertencia crucial que evite que nos perdamos a nosotros mismos en el seno de una relación dañina que puede terminar de cualquier forma; en el mejor de los casos, convirtiéndonos en perfectos desconfiados de lo que cualquier otra relación amorosa nos podría deparar, haciéndonos así correr el riesgo de perder la posibilidad de disfrutar del inmenso placer de compartir nuestra vida con la persona adecuada por culpa de un previo descalabro sentimental.


  ¿Analizamos a fondo las situaciones ante las que nos encontramos, o nos dejamos llevar? ¿Confiamos aun a riesgo de equivocarnos, o tememos tanto al daño que nos pueda sobrevenir que levantamos un muro de aislamiento que también deja fuera las alegrías y los ratos memorables de que podríamos disfrutar? ¿Es conveniente forzar nuestra relación sentimental para que funcione, o una relación que necesite ser forzada, y que no surja de manera espontánea, sencilla y natural, no merece la pena vivirla porque no es la apropiada para nosotros?


  Todas estas reflexiones, todas estas elucubraciones quedan en la mente cuando cierras el Kindle tras leer la novela de Mayte Esteban, Detrás del Cristal. Una historia en la que los personajes cobran vida, con mucha credibilidad, prácticamente desde la primera página –Ana, Andrés, Raquel o mi querido Pablo…-, y cuya fuerza radica, más que en los hechos que en sí acontecen a lo largo de la novela, en las relaciones que se producen entre sus personajes como consecuencia de tales hechos y en lo que puede extraerse de ellas; ahí es dónde podemos encontrar la verdadera esencia de lo que se quiere transmitir.


   Un lenguaje muy sencillo, cuidado, cercano y ágil, una narración en la que predominan unos diálogos bien construidos sobre las descripciones o las intervenciones de ese narrador onminiscente que todo lo ve y todo lo sabe, y que hasta se permite el lujo de verter sus propias convicciones morales acerca de lo acontece, y el romanticismo puro que destila la historia de principio a fin hacen que sea una lectura muy amena, rápida y entrañable, en la que no habría estado de más conocer algo más a fondo la historia de Raquel. A mí me habría gustado.



   Te deseo mucho éxito, Mayte.




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