4 sept. 2013

LITERATURA COMERCIAL O DE CALIDAD: ¿EL ESCRITOR TENDRÁ QUE DECIDIR?

    No llevo demasiado tiempo andurreando por estos lares literarios, al menos tratando de deshilvanar los hilos que dirigen un negocio sustentado en la cultura, un negocio con ánimo de lucro que no debería ser tal, pero que desde el punto y hora en que no goza de un apoyo monetario sustancial por parte de las administraciones, es hasta cierto punto lógico que se convierta en lo que actualmente es, una actividad ejercida por un entramado de empresas con una extensa relación de trabajadores en nómina que tienen la sana costumbre de dar de comer a su familia mes a mes, sin obviar la tendencia generalizada y también extendida en otros campos a tratar de vivir lo mejor posible a cuenta de los ingresos de la empresa para la que se trabaja, ingresos que procuran incrementar a base de rentabilizar sus inversiones al máximo, a veces, mucho más de lo debido.
    Nada de esto me resultaría tan reprochable si no estuviéramos hablando del fomento de la cultura. Pero la literatura corre la misma suerte que las demás artes en este país -pintura, escultura, teatro, cine, música...-, la de estar casi por entero en manos privadas que no sienten, ni tienen, -con pequeñas excepciones- la obligación moral de fomentar su crecimiento con una calidad depurada porque no es misión suya "culturizar" a la población, darles la formación educativa e intelectual que debería correr en gran parte a cargo de las entidades gubernamentales. Así es que no sé a quien echarles la culpa de determinados fenómenos que manchan la esencia pura de lo que debería de ser la literatura y que entorpecen que la calidad de ésta florezca y vea la luz como debiera. Porque al igual que nadie reprocha a una entidad o compañía médica privada que no ofrezca todos sus servicios sanitarios de forma gratuita o a muy bajo coste -como sería lógico desde el punto de vista humanitario-, tampoco sé hasta qué punto se puede exigir a una editorial privada que ponga en peligro la subsistencia del negocio por cumplir escrupulosamente con unos estándares de calidad en aquello que publican -en beneficio de una buena formación lectora-, ignorando que la mayor fuente de ingresos a veces proviene de la morralla literaria que muchos acaban leyendo a saber por qué -aunque en muchos casos, lo sospecho-. Aun así, el cabreo que me provoca apreciar de cerca ciertas cosas -que yo, además de incomprensibles, considero injustas- no me lo quita nadie. Pero no solo me provoca cabreo, también produce una batería de preguntas que circundan mi mente en torno al mundo de la escritura, pero sobre todo, en torno al mundo de los escritores y a las tesituras que deben encontrarse a lo largo del camino.
    Los ejemplos que más rápido se nos pueden venir a la cabeza son los de esos famosillos cuya vida y milagros levantan el morbo de miles de lectores y que, con una calidad mediocre (siendo benévola), ocupan en una editorial el puesto que debería asignarse a una buena novela por mérito literario. Pero es obvio que la publicación de ese libro es inherente a la cualidad de "famosillo" del autor o autora en cuestión, con lo cual, si un escritor no es protagonista del papel couché es inútil que se plantee nada a la hora de sentarse a escribir. Pero la cosa cambia cuando el meollo de la cuestión no está en la persona, sino en aquello que se escribe. Cuando la tesitura está en crear una novela muy buena a nivel literario o crear una historia excelente a nivel comercial. Me diréis que deben conjugarse ambas cosas, pero esa es la teoría -y queda muy bonita-. En la práctica, la cosa cambia; no siempre -aunque puede conseguirse, qué duda cabe- la calidad literaria está bien avenida con el atractivo comercial, por lo que suele ocurrir muchas veces algo similar a lo que ya sucede en la gran pantalla, que el Oscar a la mejor película, o las mejores críticas de los expertos cinéfilos, no recaen en las que obtienen al final unos ingresos de taquilla descomunales. Y qué mejor prueba a nivel literario de lo que digo que el fenómeno Grey.
    Ayer, paseando por face y la blogosfera, vi que después de crear una expectación sublime con miles y millones de apuestas en torno a los actores que protagonizarían la película, por fin se habían desvelado los nombres. Pero no fue eso lo que me extrañó, sino que al teclear "50 sombras" en Google aparecieran decenas y decenas de entradas de medios de comunicación ofreciendo la misma noticia en un mismo día: prensa escrita, televisión, webs literarias y blogs en general, una cobertura mayor -se me antoja- que la del Premio Cervantes o el Premio Novel de Literatura. Junto a ellas, otras que informaban de que su autora era la escritora mejor pagada de 2013 y que había hecho incrementarse los ingresos del grupo que la edita en cuatro millones de euros. Todo un fenómeno al que no encuentro una justificación plausible, porque su narrativa no goza de calidad literaria, su historia tiene tintes románticos como en muchísimas otras historias, su argumento no está mejor tramado que otras miles de novelas y, sobre todo y ante todo, porque el erotismo ha existido siempre en la literatura, y a mi juicio, de mejor calidad. ¿Una buena campaña de marketing? ¿Un buen trabajo de psicología social para eliminar el tabú que ha impedido a muchas mujeres leer erótica antes sin sentir vergüenza? ¿Una novela en la que, antes que pensar en la propia historia, se han reunido los elementos necesarios para crear un bestseller en potencia? ¿Una intención clara de no usar un leguaje o una narrativa pulida para que el libro fuera accesible tanto a las lectoras empedernidas como a las que no lo son, ampliando al máximo la horquilla de mercado? Tal vez un poco de todo. Pero el problema no es ése. El problema es que con él se ha abierto la caja de Pandora para que surja una moda literaria que las editoriales han demandado al máximo para aprovechar la coyuntura actual, y no digo esto porque tenga algo en contra de la literatura erótica, todo lo contrario, lo que me apena realmente es que existieran autores y autoras de novela erótica de óptima calidad luchando por sus escritos y que no fueran ni editados ni reconocidos -cuanto menos leídos- hasta que la señora E.L. James pegó el pelotazo con sus 50 sombras.
    Todo esto no me hace sino pensar en aquellos escritores a los que conozco a través de las redes sociales intentando abrirse camino en este mundo con sus novelas de calidad -en muchos casos-, mediante autoedición o cualquier otra fórmula que se precie, entre las que se encuentra la espera paciente a que una editorial convencional decida apostar por ellos, y también en aquellos otros que tal vez no hayan dado el salto aún, pero que sientan una devoción por la escritura como para desear dedicarse a ella profesionalmente. Casi todos coinciden en un aspecto: dicen escribir para ser leídos, ése es su sentido, su razón de ser; afirman que su máxima como escritores es tener el reconocimiento de los lectores y llegar al mayor número posible de ellos, aunque me consta que muchos quieren hacerlo bien, aportando a la buena literatura su granito de arena. Pero yo me pregunto si en tiempos de crisis como ahora, en los que se busca evitar pérdidas a toda costa, eso será factible. Me pregunto si más de uno no optará, consciente o inconscientemente y movido por las circunstancias, por vender su alma al diablo y escribir en función de las demandas ajenas, centrándose en el fondo más que en la forma, y dejar que sean los grandes literatos de nuestra historia los que sigan gozando de ese reconocimiento mientras ellos intentan abrirse paso a codazos, y sea como sea, para poder comer de las letras todos los días del año. ¡Qué triste!

15 comentarios:

  1. Como en muchos campos, en el ámbito literario hay muchas cosas incoherentes. Las editoriales antes que leer, el manuscrito, de un autor anónimo apostaran por cualquier esperpento publico, y no digo que algunas obras no puedan ser aceptables pero la mayoría pasan al pasado en cuestión de días. La verdad que me dan repelús estos libros y poca cosa he leído. La campaña de marketing de Grey fue bestial y la gente se pegó a ella como las moscas a la miel. Ya sabes que tan solo leí el primero y al ver la poca calidad literaria, lo repetitivo y poca gracia de los personajes no he continuado con la saga. No tengo ninguna intención de ver la película.
    Es muy triste que en muchos casos la calidad de una obra se deje de lado, dando prioridad a otros factores. Y por supuesto que muchos autores se suben al carro de las modas por el hecho de que las editoriales se fijen en ellos, y para obtener unos ingresos. Yo siempre digo que cuando un autor merece ser reconocido, ese reconocimiento llegará aunque tarde más que otros en subir. Lo mejor es ir subir paulatinamente, los que escalan directamente a la fama muy pronto caen en el olvido por no saber mantener los pies en la tierra.
    Vaya testamento. Perdón :)
    Besos

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    1. La campaña de Grey no fue solo literaria, también lo fue a nivel social, porque había que romper con los tabúes y los recelos que había por parte de la población lectora a que las mujeres leyeran erótica abiertamente; eso, unido a una historia con los ingredientes típicos de un bestseller ha tenido un impacto total. Es como si hubieran analizado previamente los gustos de las lectoras potenciales para después crear una historia a su medida, en lugar de hacerlo al revés, crear primero la historia y después analizar a qué publico va dirigida. En cuanto a lo demás, ya lo he dicho, las editoriales son entidades con ánimo de lucro y en el fondo tampoco se les puede culpar mucho de que no quieran publicar calidad si eso implica que lo compren minorías, la mayoría no subsistiría mucho tiempo. Parte de la culpa la tenemos los lectores, porque esto es la ley de la oferta y la demanda, si no leyéramos mala literatura o no nos dejáramos llevar tanto por el morbo más de un famosillo no se vería publicado por ellas. Así es que todos tenemos algo por lo que entonar el mea culpa de que la cosa vaya como va.
      Besitos, guapa!

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  2. Y qué te digo si tienes toda la razón? Es una pena, pero es así. La literatura es un negocio para muchos. Sólo el dinero importa, no la calidad literaria. Si tienes ya un nombre, lo tienes fácil. Y si no, pues a trabajar, trabajar y trabajar con la esperanza de que tu momento llegue en algún momento.
    Besotes!!!

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    1. La cultura y las artes no deberían estar a merced de entidades privadas, haciendo y deshaciendo a su antojo. Podrían hacer su trabajo de forma paralela a las instituciones, pero nunca en lugar de. En muchos gremios y en muchos campos, el que trabaja bien suele terminar reconocido, pero aquí es fácil que no ocurra lo mismo. Estamos hartos de ver gente que llega a la cumbre antes que otros que lo tendrían más merecido por méritos propios. Pero es lo que tú dices, eso es lo que hay y tendremos que asumirlo, porque de momento, parece algo difícil de cambiar.
      Un beso, Margari!

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  3. Por desgracia creo que nunca me cansaré de decir lo mismo, que es una pena que autores que escriben estupendamente no tengan más remedio que recurrir a las redes sociales o a la autopublicación porque es la única manera de poder darse a conocer; y que sin embargo haya famosillos que sólo por el morbo vendan miles y miles de ejemplares. Aunque desde luego, lo que me parece más triste de todo es tu reflexión final, sobre esos que venderán su alma al diablo para escribir lo que sea aunque renuncien a sus principios...

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    1. Yo creo que casi todos los escritores que aman lo que hacen empiezan con el deseo de llegar arriba a base de escritura de calidad, tan solo algunos ególatras que solo desean hacerse notar escriben cualquier cosa con tal de hacerse ver. Pero conforme van avanzando y se van dando cuenta de que las cosas no funcionan como debieran, y que por ese buen camino es difícil llegar hasta donde quieren, más de uno comenzará a plantearse si avanzar escribiendo a demanda del consumidor hasta hacerse un hueco, aunque después intenten escribir lo que siempre desearon y no pudieron. Triste, sí, pero así es, Espe.
      Un beso!

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  4. Pilar, no decaigas, excelentes reflexiones. La batalla con don dinero ya está perdida antes de empezar a escribir. Escribir es una incierta profesión a menos que lo hagas por vocación. Entonces te llena, (el bolsillo no, nunca). Te llena el alma y con eso es suficiente. Al menos así lo veo yo. Me has hecho recordar la pequeña parodia que escribí al señor Grey, un relatillo en catalán "La lletra ferida" (La letra herida), disfruté haciéndolo y con eso me basta. Luego también esta el tema, escribir para masas o para una minoría. A mí eso me pasa en poesía, pero eso ya es otro tema.
    La poesía todavía es menos comercial y encima la gente no te entiende lo que estás transmitiendo. Jajaja. Bueno, sigue hacia adelante, que el horno no está para bollos. O a lo mejor sí, y nos los merendamos mojados con chocolate (es el afrodisíaco mejor que las 50 sombras). Besillos y hasta la próxima!

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    1. Te doy toda la razón, Helena. Escribir debe ser ante todo una vocación y quien comience su andadura con otras miras más amplias puede llevarse decepciones a mansalva. Yo tengo la suerte de ser como tú, de las que escriben por mera vocación, por gusto, por llenarse el alma, como bien expresas, y eso evita que tenga que venderme para que me lean, incluso hace que no me afecte tanto que tan solo una minoría la que se acerque a mis escritos; no negaré nunca que me gustaría que fueran muchísimos más, pero tampoco me quita el sueño que no sea así y que no pueda dedicarme a esto profesionalmente, es más, ni siquiera me lo he planteado así de esa forma. Mis reflexiones van más encaminadas a quienes conozco y me consta que la literatura sí que es para ellos un sueño que perseguir. Lo lamento por ellos, por la frustración que les debe suponer encontrarse un panorama como el actual.
      Y a lo de los bollos con chocolate me apunto sin dudar, jajaja!!!
      Un beso, guapa!!

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  5. Un diez para tu buen texto. Felicidades.
    Hola Pilar, muy buenos días, tienes razón peri así funciona estas cosas. He ha encantado de llegar hasta aquí y leerte, volveré más tranquila para leer tu relato de la entrada anterior, creo que no lo he leído y no quiero perdérmelo, gracias amiga por compartir tu letras, te dejo un fuerte abrazo, con cariño siempre.
    Lola Barea.

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    1. Eres un encanto, Lola, es un placer tenerte por aquí!
      Así funcionan las cosas, sí, y mientras antes asumamos la realidad, mejor :)
      Vuelve a leerlo cuando tú quieras, ahí estará esperando el tiempo que haga falta.
      Gracias, guapa!!
      Un beso!

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  6. Yo consumo todo tipo de literatura, incluso la que no lo es, pero reconozco que está muy mal planteado el tema y el márketing al respecto, hay mucho talento oculto o que pasa desapercibido. Un besote!

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    1. Meg, todos hemos consumido -o consumimos- en mayor o menor medida lecturas que no pueden catalogarse como literarias, aunque lo pretendan, sea por el fondo o por la forma, por eso decía que todos contribuimos de alguna manera a que la situación esté así, y sálvese quien pueda. De todas formas, sigo diciendo que eso no sería ningún problema si ese tipo de "literatura" no se comercializara en sustitución de la de calidad. Todos tenemos derecho a leer lo que nos plazca y no siempre tiene por qué ser bueno, al igual que ocurre cuando vemos cine o televisión, pero lo ideal sería que coexistieran ambas ofertas y que la gente eligiera después, no que se coartara ya desde el principio aquello que se presupone que no va a generar un volumen de ingresos más que aceptable, bien por no ser lo suficientemente comercial o porque al autor no lo conocen ni en el barrio en el que vive.
      Besitos, guapa!!

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  7. Hola Pilar,me ha gustado mucho este post sobre la literatura en función de la economía actual.
    Creo que tienes toda la razón, es más, pienso exactamente igual que tú.Las editoriales apuestan por los más grandes, los famosos, esos que escriben ese libro que alcanza cierta cantidad elevada de ventas, lo cual genera beneficios inmedatos.
    A través de las redes sociales, blogs, etc,podemos dar a conocer aquello que nos gusta hacer como hobby: escribir, eso que llena nuestra existencia.Claro que si pudiésemos publicar sin autoedición porque a alguien en concreto le ha gustado de verdad, ha visto calidad,un buen argumento,un buen tema, eso ya sería genial.Pero hay que ser realistas, como bien dices. Precisamente las personas que viven de su escritura no son siempre las que mejor escriben. Hay mucha gente en el anonimato que podría hacerse un hueco en ese mundo, pero tristemente se queda ahí, en la autopublicación como mucho...salvo ciertos casos en los que viendo su éxito le ofrecen publicar.
    Bueno, resumiendo, que debería ser un sistema más justo.

    un abrazo
    Rosa.
    (Estoy con tus relatos,ya lo sabes)

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    1. Coincidimos plenamente, y me quedo con tus palabras: que las personas que viven de su escritura no son siempre las que mejor escriben. Tendremos que ser realistas y tomarnos esto como lo que es, una carrera de fondo para quienes son autores anónimos sin nada por lo que destacar desde un principio que pueda ayudar a que al menos se fijen en ellos y les den una oportunidad. Y mientras dura esa carrera... aprender, aprender y aprender, porque obviamente tampoco todos los que empiezan son lo suficientemente buenos como para llegar rápido a la cima, hay que ser realistas.
      ¿Ya estás con mis relatos? Ay, madre, me tiemblan las piernas!! :)
      Gracias y un beso, Rosa!

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  8. Un post genial.
    Qué puedo añadir? para mí hay tres tipos de libros: los de los famosos que salen como churros tirando de popularidad, los códigos best seller y luego la literatura de calidad que muchas veces es casi marginal. Cuando se conjugan es fantástico, pero muy difícil.
    La culpa? las cifras. todo depende siempre de las cifras, una lástima. Por eso me gustan las redes, por las grandísimas lecturas que he descubierto en el camino
    Besos

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