14 feb. 2013

RELATO DE SAN VALENTÍN: "MI MEJOR NOVELA"


Me quedé en blanco cuando te vi. El discurso que mi mente había repetido hasta la saciedad se diluyó como agua entre mis manos, letra a letra, dejándome presa del pánico en mitad de la nada. Mi editor salió al quite como los buenos toreros, al tiempo que yo me sentía como una estatua de sal a punto de desmoronarse, recorriendo las facciones de tu rostro para adivinar por qué sentimiento te habías hecho acompañar para llegar hasta mí. Mis entrañas clamaron por que estos diez años hubieran disipado el dolor que te provoqué. ¡Tantas veces recé por que me olvidaras! ¡Tantas veces lloré por no haberte olvidado! ¡Y tantas veces dudé si hice bien desvaneciéndome en tu vida sin ofrecerte una explicación cierta!

Titubeé y alteré el discurso para seguir callando cuando vi que ella tomaba tu mano y te regalaba una sutil caricia sentada a tu lado. Se me fracturó el corazón, por las mismas cicatrices que no habían terminado de sanar aún. ¡Cuánto hubiera dado por que vinieras a rescatarme de aquel escenario para volver a empezar, por que me hubieras besado y hubiéramos vuelto atrás el tiempo para bebernos la vida sin importarnos nada! Pero me sentí feliz, por ti, por esa ignorancia que te había consentido rehacer tu vida como yo deseaba que tú la vivieras. Plena.

Aguardaste al final, hasta la pregunta última enunciada por los lectores curiosos, ávido por absorber cuanto tenía que desvelar de una novela en la que yo desnudaba mi alma por primera vez sin confesarlo abiertamente, protegida por el parapeto de una ficción aparente. Aparente para todos. Menos para ti. Y temblé. Temblé por que la hubieras leído, por que te hubieras adentrado en las miserias emocionales con las que había tenido que convivir desde el minuto siguiente a decirte adiós, sin que hubiera podido sobreponerme a ellas a pesar de mi búsqueda incesante por alcanzar la paz, el sosiego y la tranquilidad que no hallé jamás por el daño que me obligué a infligirte. Por seguir amándote hasta dolerme.

El halo último de esperanza que albergaba de que así no fuera se disipó cuando sentí tu presencia a dos pasos de mí, tendiéndome tu ejemplar para que yo estampara mi firma hermanada con una dedicatoria que no sabía cómo expresar acertadamente para contentarte a ti. Y a mí. ¿Cómo calificarte si aún contenía la respiración por tenerte cerca, si aún recordaba el aroma inconfundible de tu cuerpo, si aún me parecía percibir la textura de tu piel en las yemas de mis dedos y en mis manos, si aún me parecía escuchar el envolvente susurro de tu voz antes de dormir? ¿Cómo calificarte si desconocía si ya me habías perdonado o era el odio el que te había llevado hasta allí?

Te miré a los ojos, temerosa por lo que en ellos pudiera encontrar, y a mi sonrisa emocionada correspondiste con un beso en mi mejilla, dulce, con un sentimiento sublime de afecto adherido a tus labios. El brillo especial que tu mirada me dedicó me hizo enmudecer y llorar por dentro, mientras tragaba la angustia funesta de perderte otra vez. “¿Cómo te va?” -me preguntaste con la voz entrecortada-. Y mentí. De nuevo te mentí induciéndote a creer que mi mundo literario había llenado el hueco que dejaste, que mi éxito profesional me había permitido sentirme orgullosa de mí misma, que las vidas ficticias y los lugares imaginarios que yo acertaba a recrear constituían un viaje perfecto hacia el mundo de los sueños del que ahora ya no querría salir; cuando lo único cierto es que el arte de escribir se erigió como un refugio descubierto tras mi huida para poder paliar el dolor, y aún así no había conseguido menguarlo. Y no me atreví a indagar en tu vida, porque no podría asimilar que el mayor sacrificio de la mía no hubiera servido para nada. Preferí seguir nadando en la ignorancia y rememorar el universo ideal que en mi mente yo había construido para ti, y por el que  luché a cuerpo descubierto un cierto día sin confesarte nada; ese mismo universo de felicidad completa que tú ideaste y en cuyo seno habrían de integrarse irremediablemente los hijos que yo descubrí un tiempo después que me sería imposible darte. Ahora ya no sé si la biología cruel fue la que nos separó. O tal vez fui yo y mi amor sublime, que me obligó a decidir por ti cómo debías vivir tu vida para ser feliz.

Te marchaste de aquella sala sin desvelarme nada. Pero tus palabras últimas son ahora el elixir que me permite subsistir cada día sin desfallecer. Y las oigo resonar allá por donde voy, como un eco de amor que no morirá jamás.  “Nunca podré olvidarte” -me dijiste-, “siempre te amaré.”

© Pilar Muñoz Alamo - 2013

¿Queréis escucharlo ahora?



¿Y vosotr@s, a qué habéis sido capaces de renunciar por amor?

16 comentarios:

  1. Sabía yp que me iban a entrar ganas de llorar :-( Qué bonito Pilar, qué intenso, aunque me siento impotente de no poder cambiar el final, jeje. Un besazo.

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    1. Jaja, eso es típico de las románticas empedernidas. A mí también me hubiera gustado otro final, pero la prota se negó, dijo que en los sacrificios de amor hay que llegar hasta el final :)
      Gracias, Meg!
      Un beso!

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  2. Desde luego es preciosa y poética, pero ¿No podía haber un final alternativo un poco más alegre? Es broma, has dado un final redondo para una historia que tenía que terminar así.
    Un saludo.

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    1. Eso es lo que yo pienso, Mariuca, que hay finales tristes que son a la vez inevitables. Pero eso los hace más espirituales y mucho más profundos, ¿verdad?
      Besos!

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  3. Me ha gustado mucho aunque sea un poco triste, y como no podía ser de otra manera, el mundo literario como escenario. Que tengas un feliz día de San Valentín, siempre es un gusto leerte.

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    1. Gracias, Rebeca, me alegro de verte! Espero que tú también pasaras un buen día!
      Besitos!

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  4. Un relato profundo y lleno de sentimientos ideal para el día de hoy. Qué pena que la protagonista no pueda acompañar su mejor novela con una felicidad personal plena y amorosa. El relato emociona y deja huella, pero es escucharte interpretarlo y saltarme las lágrimas.
    Un besote

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    1. No siempre las relaciones amorosas salen bien, y no siempre se rompen precisamente por falta de amor, hay muchas otras desavenencias u obstáculos que pueden forzar un final no deseado. Ojalá siempre se pudiera escribir la historia tal y como desearíamos vivirla!
      Me alegra que digas lo del audio, que se te salten las lágrimas es señal de que la interpretación resulta un poquito creíble,al menos, jaja.
      Un beso, guapa!

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  5. Cuánta intensidad en este relato! Precioso, aunque me hubiera gustado otro final. Quizás porque viví una situación parecida y no fue la solución por la que opté. Y hoy en día disfruto de mi pareja y de mi hija. A veces el silencio hace daño. Es mejor hablar de nuestros temores para ver las soluciones y no tomar la decisión sola.
    Besotes!!!

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    1. Completamente de acuerdo contigo, Margari, el silencio no lleva a ninguna parte. Hay una pregunta crucial que se hace la protagonista del relato, y es si fue la biología cruel la que los separó o fue ella misma. Yo creo que lo segundo, pero cada cual interpreta las situaciones según su propia forma de ser y de entender la vida. Ahí está la razón de que cada persona sea un mundo a veces difícil de descifrar!
      Me alegro mucho de que a ti te fuera tan bien! :)
      Un beso!!

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  6. Que relato más bonito !! me ha encantado, tienes razon en el cine es posible que las peliculas acaben con final feliz pero en la vida real no siempre acaban bien y los relatos no tienen porque tener un final de cine no?. Un beso.

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    1. Efectivamente, cuando vemos una película o leemos un libro pretendemos pasar un buen rato, pero los finales de la vida diaria no siempre son idílicos y éste es uno de tantos que nos podemos encontrar en la realidad.
      Gracias, Rocío, me alegra que te haya gustado.
      Un beso!

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  7. Ainsssssssss, qué bonito. Aunque eso sí, me he acordado de que precisamente los hijos que nunca le pude dar a mi ex (bueno, ni le podré dar a nadie) fueron uno de los motivos por los que me dio la patada... Se me ha hecho un nudo en la garganta pero en fin, hay que seguir adelante siempre.

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    1. ¡Vaya, Espe, siento haberte puesto ese nudo ahí, guapa! Esto demuestra que por mucho que queramos finales felices en la ficción, en la realidad de la vida no siempre lo son, lamentablemente. Pero como tú bien dices, hay que seguir adelante siempre, porque nunca sabemos qué otras compensaciones excepcionales nos puede deparar el futuro para hacernos trivializar lo que un día nos lo hizo pasar mal. Siempre hay opciones alternativas de las que poder disfrutar y hay que buscarlas, sea como sea.
      Un beso, guapa!!

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  8. Lo he releído dos veces más... y me ha conmovido total.
    Transmites los sentimientos de una manera increible.

    Precioso.

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    1. Muchísimas gracias, Julia! Viniendo de ti, que también derrochas sensibilidad, es un gran halago.
      Un beso, guapa!

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