21 dic. 2013

¡FELIZ NAVIDAD... ETERNA!



 
NAVIDAD ETERNA

   Aquel quince de febrero subí a llevarle a mi vecina Carmen el pan rústico recién hecho que tanto le gustaba; la flebitis que padecían sus longevas piernas no le permitía moverse en exceso y su triste soledad, compañera de fatigas fiel en su vida, le hacían depender de esos pequeños favores más de lo que ella hubiera deseado. Con plácida sonrisa y suma gentileza, Carmen me incitó a adentrarme en el corazón de su pequeño hogar. Su rostro se iluminó cuando acepté su invitación; entonces se alisó el pelo, se acomodó el refajo y me sirvió una copa de aguardiente y un par de mantecados sobre una bandeja de alpaca que debía rondar el medio siglo de antigüedad.
   Mientras ella relataba un sinfín de avatares de sus años mozos con la emoción inundando sus ojos, contemplé todo cuanto había a mi alrededor, observando con sorpresa que aún pendían de la lámpara algunas bolas de Navidad, trozos de espumillón sobre los cuadros de la pared y un precioso abeto de luz intermitente insinuándose a través de la puerta acristalada del salón.
 
   –Pero… Carmen –interrumpí-. ¿Aún no ha quitado los adornos de Navidad?
  –¡Ni pienso hacerlo! – respondió entusiasmada-. Si engalano mi casa de esta manera, mis hijos vienen a visitarme.

   El cruel pensamiento que mi padre solía repetir de manera incesante asoló mi mente como una bocanada de hiel amarga: “Quince días trabaja el espíritu navideño, por eso perdura. Hazlo trajinar un año entero y… tal vez muera para siempre”.

   Tal vez. Sólo tal vez.
(Relato incluido en el libro Ellas También Viven. Relatos de Mujer)



Sed felices,
sed amables,
sed humildes,
sed comprensivos,
sed pacientes,
sed tenaces,
perseverad,
tended una mano a quien la necesite,
reconoced los logros ajenos,
sonreid...,
pero hacedlo todo el año,
extendamos el espíritu de la Navidad a todo el 2014.

¡FELICES FIESTAS A TODOS!
OS DESEO LO MEJOR.


12 dic. 2013

ENTREVISTA REGALO DE MEL CARAN

  Resulta curioso cómo puede crearse un feeling especial con ciertas personas con las que apenas te ha dado tiempo a compartir charla o comentarios un tanto superficiales, y que sin embargo no consigas intimar con algunas otras a las que llevas conociendo durante muchísimo más tiempo porque parece existir una especie de barrera infranqueable que no te permite acercarte a ellas un poco más. 
 
  Mel Caran es escritora de literatura romántico-erótica, con una novela publicada actualmente ("Sonríe") y dos más en proyecto que no tardarán en ver la luz, y además es administradora de un blog de literatura erótica que os invito a visitar. La conocí en las redes sociales, de forma indirecta, a través de esos amigos comunes que actúan muchas veces de intermediarios sin saberlo y que provocan, con las publicaciones en sus muros, que compartamos comentarios en torno al mismo tema coincidiendo varias veces hasta que surge esa petición de amistad. Y desde entonces parece haberse creado entre nosotras un entendimiento mutuo, una especie de compenetración en la que aún no hemos profundizado demasiado (todo se andará), pero que sí nos ha permitido pasar buenos ratos "feisbuquianos", soltar con desparpajo comentarios y expresiones desinhibidas como si nos conociéramos desde hace años y compartir momentos especiales de escritura común con esos relatos eróticos escritos por ambas "a cuatro manos", que de forma improvisada hemos ido soltado en facebook a lo largo de unas horas para diversión propia y, me consta, que también ajena.

   Ayer tuvo el detallazo de hacerme un pequeño gran regalo, el de acordarse de mí para continuar esta cadena de entrevistas que consiste en contestar unas cuantas preguntas en torno a nosotras y a lo que escribimos, y que me resulta muy interesante por la oportunidad que nos brinda de conocernos mejor.

  La suya podéis leerla pinchando aquí. Y mis respuestas a las preguntas que Mel plantea vienen a continuación:

  1. ¿Cuántas obras tienes publicadas?
  De momento, tengo publicada una recopilación de dieciséis relatos en autoedición con Editorial Círculo Rojo, bajo el título “Ellas También Viven”, aunque tal vez debería llamarlos cuentos para adultos, por aquello de que son historias completas -micro novelas, las llamo yo- en las que se desarrolla una trama a veces compleja con personajes profundos, pese a su brevedad. En proyecto de publicación tengo una novela de ficción contemporánea, pero aún no he abordado la vía por la que sacarla a la luz. 

   2. ¿Autopublicación o editorial?
  Difícil tesitura. Hasta hace relativamente poco tiempo, la autopublicación suponía una especie de automarginación del escritor y de su obra, un desprestigio para él por la interpretación automática por parte de los lectores y el mundillo literario en general de que la obra no tenía calidad suficiente como para pasar el filtro de una editorial. La irrupción de los autoeditados en Amazon demostrando lo contrario y la crisis económica han permutado un poco los términos, hasta el punto de que la autoedición empieza a ser válida por sí misma para publicar una obra con decencia e incluso constituye una vía para contar con mayores opciones de acabar fichando con una editorial y con esa misma obra. Sin embargo, yo pienso sinceramente que hoy por hoy, aunque llevar un sello editorial en la portada de tu novela no tiene por qué ser –ni es- la panacea ideal para tener éxito, aún sigue siendo casi la única opción viable para poder llegar a un público mayoritario por su distribución en papel, que continúa siendo preponderante e implica una inversión monetaria elevada que la mayoría de los autores no se pueden costear. Supongo por tanto que todo depende de las pretensiones del escritor: qué busca realmente cuando se sienta a escribir y hasta dónde quiere llegar. Yo, a nivel personal, aún no lo tengo demasiado claro.

   3. ¿Planificas las historias al detalle antes de escribirlas o las dejas surgir sobre la marcha?
  Las planifico con detalle. Las dejo madurar en la mente, a fuego lento, añadiendo todos los matices necesarios para hilar la trama sin dejar ningún cabo suelto, y sobre todo los finales, que necesitan de un planteamiento previo y un desarrollo de la historia bien estudiado para que no resulten forzados o poco creíbles. Cuando me siento a escribir ya sé lo que voy a contar de principio a fin, tan solo dejo a la improvisación los detalles superfluos que no influyen en la historia para nada; aunque tengo que reconocer que algunas veces los personajes o la propia historia, a medida que se desarrolla con cierto detalle, piden algunos cambios que no estaban previstos inicialmente, pero si los llevo a cabo es solo por una cuestión de coherencia o por aumentar el golpe de efecto, no porque los haya dejado surgir sobre la marcha. Con la novela he hecho exactamente igual, todo estaba esbozado en la mente y sobre el papel antes de empezar a escribirla.

   4. ¿Cómo promocionas tus obras?
   Mi libro de relatos, como ya he dicho antes, es autoeditado, pero no solo en digital, sino también en papel, y no a demanda, sino con ejemplares contantes y sonantes financiados por mí. Eso me ha permitido hacer uso de otros medios que no son solo las redes sociales, los blogs literarios y la web en general para darlo a conocer, aunque reconozco que todo esto es lo que más difusión ha dado a la obra y a mí como autora de la misma. He regalado ejemplares en papel a muchísimas blogueras a las que agradezco que se prestaran a aceptarlo, leerlo y reseñarlo, he difundido su publicación mediante correos electrónicos a muchísimos colectivos tanto literarios como de mujeres afectadas por los temas de actualidad que se tratan en ellos, he contactado con un buen número de librerías de Córdoba y provincia para su distribución, he hecho presentaciones del libro en varias ciudades, además de la mía propia, he contactado con emisoras de radio para darlo a conocer a través de entrevistas (como Onda Cero), he remitido ejemplares a la Red de Bibliotecas Públicas de Andalucía para que se tuviera acceso a él en todas las capitales de provincia, he hecho y regalado artículos de promoción con el logo de la obra, un booktrailer de presentación y un vídeo recopilatorio de sus primeros dos años, y creo que algunas cosas más. De todo ello, no sé lo que volveré a repetir con la novela, supongo que depende de la forma en que la publique.

   5. ¿Cuánto tiempo le dedicas a escribir?
   Ni idea. Me resulta imposible hacer un cálculo, la falta de tiempo me impide mantener una rutina, una frecuencia y ni siquiera un lugar donde escribir; le estaré eternamente agradecida al inventor del portátil, porque me ha permitido sentarme a escribir a horas intempestivas, en sitios inverosímiles y compaginándolo con actividades múltiples, sin él no habría podido terminar ni un solo relato y muchísimo menos una novela. De cualquier forma, puedo decir que en general le dedico poquísimo tiempo, el trabajo me roba la mañana entera, y mis obligaciones de madre, familiares, caseras y conyugales, la práctica totalidad de la tarde, por lo que se me pasan días, semanas y a veces hasta meses sin poder sentarme a escribir nada serio, solo pequeños relatos u otros artículos que voy publicando en el blog, pero no avanzar en la línea de un proyecto mayor como el que quiero volver a abordar tras terminar la novela (que me ha llevado, por cierto, la friolera de más de cinco años poderla acabar).

   6. ¿Has cambiado algún final después de escribirlo?
   Muy pocas veces. Cuando decido escribir una historia, hay dos aspectos que siempre se perfilan en primer lugar: el mensaje de fondo que quiero transmitir con ella y el final sorpresivo que la remate. El resto de la historia la construyo en función de eso, por lo que si algo cambia después de escribirla, suele estar en el planteamiento o en el desarrollo, pero casi nunca en el final.

   7. ¿Ebook o libro en papel?
   Ambos. El tacto del papel, el placer de pasar las páginas, de ver su portada en vivo y en directo..., y la comodidad del ebook. Son perfectamente compatibles y los disfruto los dos casi por igual.

   8. ¿Cuánto dura tu proceso de documentación?
  Bastante. Cuando se escribe una historia de ciencia-ficción, por ejemplo, puede que todo esté en la imaginación, pero cuando se tocan temas con un trasfondo real creo que hay que hacerlo con cierto rigor, incluso en narrativa breve como los relatos. En alguna ocasión, no he podido evitar una sonrisa irónica al escuchar a alguien afirmar categóricamente que un relato no necesitaba documentación previa. Nada más lejos de la realidad. Los relatos también plantean tramas que requieren de documentación técnica, científica, médica, histórica, incluso psicológica para poder recrear con verosimilitud las reacciones, emociones y sentimientos propios de una persona ante una situación determinada.
En el caso de la novela, han sido muchísimas las horas y días dedicados a documentarme, tanto para el desarrollo de la trama como para la ambientación.  

   9. ¿Algún consejo a los nuevos escritores?
  ¡No, por Dios, no me creo con la autoridad suficiente como para dar consejos, estoy en fase de recibirlos! Si llegara el hipotético día en que dejara de ser "autora" para llamarme "escritora" con todas las letras, entonces me plantearía dar alguno, mientras no.


  Mil gracias, Mel, por cederme el testigo. Y como esta cadena debe seguir, propongo que sea Mercedes Pinto Maldonado quien lo haga, si a ella le apetece contestarnos a estas nueve cuestiones con su experiencia, bastante más amplia que la mía sin lugar a dudas. ¿Te animas, Mercedes?

  Un beso para tod@s.

 

6 dic. 2013

VUELVE, A CASA VUELVE: EL BLOGUERO INVISIBLE.

 
   La iluminación y los adornos navideños, los perifollos en los escaparates de las tiendas, los stands de mantecados, dulces y turrones expuestos de forma exquisita en los supermercados, el calvo -que ahora se ha convertido en un grupo un tanto pintoresco- anunciando el sorteo de lotería del 22 de diciembre, la publicidad de juguetes apropiándose por un tiempo masivo de la pantalla del televisor y atestando de papel el buzón de casa...; un elenco variado de indicios que nos alertan de la llegada inminente de la Navidad y que dispara en nosotros un cúmulo de sentimientos y sensaciones que nos invaden de manera inconsciente: nostalgia por los buenos tiempos vividos, añoranza por los que ya no están, deseo de compartir lo mejor de nosotros con quienes amamos, compasión y ternura por los más necesitados, toneladas de buenos propósitos para el nuevo año que se avecina, e ilusión, ilusión por vivir de forma especial unos días que nos alejen de la rutina, por recobrar los hábitos y las buenas costumbres instauradas desde hace años en cada uno de nuestros hogares y de nuestras familias, por tener una buena excusa para regalar y para sorprender a quienes tenemos a nuestro alrededor, y aquí voy a obviar los compromisos y las obligaciones que siempre empañan la bondad de estas fiestas, sencillamente porque quiero quedarme con lo mejor de ellas, con aquello que me hace sentir bien, con lo que de verdad me hace disfrutar. Y mi queridísimo Bloguero invisible se ha convertido en una de esas experiencias que quiero seguir viviendo porque se reviste de cualidades dignas de ese espíritu navideño que yo estoy dispuesta a ensalzar en cualquier época del año: fomenta la ilusión por la sorpresa, estrecha lazos entre quienes frecuentamos la red -con mayor o menor hábito-, genera amistades nuevas, hace que traspasemos la fachada literaria con la que nos vestimos habitualmente para adentrarnos en la persona y en sus cualidades a veces desconocidas, dispara un buen chute de endorfinas provocadas por las risas, las bromas y el sentido del humor, lo cual supone una válvula de escape -grande o pequeña, da igual- para nuestros problemas y preocupaciones del momento, difunde cultura y no consumismo puro y duro, y consigue elevar nuestro nivel de ansiedad a medida que se acerca la fecha del intercambio por la expectación que genera saber si nuestro regalo llegará a buen puerto y qué o quien nos regalará a nosotros, amén de ignorar cuándo lo veremos entrar en casa de la mano de ese cartero al que a veces reconozco que ponemos a parir con razón o sin ella y que genera en nosotros emociones que nos hacen sentir vivos y divertidos.

   En ocasiones anteriores, he podido dedicarle a este evento la entrada que se merece, en forma de cuento, en clave de humor o haciendo uso de medios audiovisuales. Este año el tiempo se ha empeñado en hacerme un nudo estrecho que me impide maniobrar a mi gusto y a mi antojo, pero el sentimiento va por dentro, mi recomendación de que no dudéis en participar en él es tan enérgica como siempre y mi reconocimiento y agradecimiento hacia Ana -Kayena-, nuestra madrina, reina o como queramos llamarla, por la feliz idea que puso en funcionamiento y que aún hoy sigue fomentando también permanece latente y muy a flor de piel. No siempre es fácil participar en aquello que nos gusta, porque esa otra vida nuestra que discurre paralela e independiente de lo literario reclama a veces una dedicación excesiva que termina por arrebatar lo que a esta otra corresponde. Sin embargo, seguimos ahí. Más de uno o una de nosotros -incluyendo a Ana- seguimos al pie del cañón en esta cita, lo cual denota por sí mismo el gustillo que le hemos cogido a este bloguerillo invisible que se ha colado en nuestras vidas y en nuestras fiestas con un rango parecido al de los Reyes Magos de Oriente, al americano Santa Klaus o a las uvas de la suerte.

  No quiero extenderme más. Me quedan dos detalles por decir, importantísimos, por supuesto. Lo primero, facilitaros el enlace donde podréis encontrar las bases de participación explicadas por la creadora y organizadora del evento, nadie mejor que ella para hacerlo: EL BLOGUERO INVISIBLE.

  Segundo, anunciar la novela que yo voy a regalar, y que no es otra que AS DE CORAZONES, de Antonia J. Corrales, una de las últimas que he leído y que me gustado muchísimo, por su forma y por su fondo, alejado del romanticismo simple que a algunos suscitará su título para centrarse en temas que van mucho más allá y que calan muy hondo por la profundidad, la claridad y a la vez, la sensibilidad con la que están tratados y la excelencia con la que están escritos. Podéis leer mi opinión pinchando en el propio título, en este mismo párrafo.

   Os deseo lo mejor, guap@s mí@s! Que disfrutéis de la experiencia, tanto si repetís como si sois nuevos en esto. Poned ilusión y regaladla; no dudéis que algún día os vendrá de vuelta de las mismas manos o de cualquiera otras, pero os vendrá.

   

21 nov. 2013

RELATO: "CICATRICES EN CUERPO Y ALMA"

   La tristeza me embarga al caer la noche. Una vez más. Las lágrimas humedecieron cada paso del viaje que hube de hacer bajo los designios de quién sabe quién. O qué. Lágrimas aleccionadas para vidriar mis ojos en soledad, para ahuyentar el miedo a través de ellas mientras mi rostro público dibujaba los rasgos de una fortaleza fingida, pero necesaria para evitar el derrumbe de mi hogar como si fuera un castillo de naipes bajo un vendaval imprevisto.
    Ahora estoy de vuelta, agarrada a la vida con el albor pintado en las yemas de mis dedos de tanto apretar, con una sonrisa abierta que oscila temerosa por las sombras que aún me sobrevuelan, pletórica al sentir el rubor del sol en mis mejillas y el susurro del viento que mece las puntas de mis cabellos haciéndome sentir viva, agradecida por una segunda oportunidad que satisface con creces quien soy, aunque pesarosa por como ahora soy, por el cuerpo devastado con el que deberé entregarme a ti. Con el que deberé convivir yo.
   Tengo miedo. Cuando el resplandor del día cesa y me encamino hacia la cama, tengo miedo. Mi cuerpo y mi mente se hacen un ovillo, maduro pero enamorado, desbordando un sentimiento que fluye y se expande como el perfume mientras observo tus movimientos pausados de un lado a otro de la habitación, tus labios curvados en una sonrisa al cruzarse nuestras miradas. Y espero. Espero que te recuestes a mi lado y tu calor me proteja durante la noche, que tus brazos velen mi sueño y ahuyenten mis pesadillas mientras yo empuño la camisola de mi pijama para que no escape, para que las cicatrices que esconde no hagan daño a tus pupilas, no perturben la imagen que guardas de mi femenina hermosura, arrebatada por el bisturí que puso freno al avance de los tentáculos de mi enemigo mortal; a algunos de sus tentáculos, porque otros se llevaron consigo una parte de mi ser, una seña de identidad arraigada en mi mente para hacerme sentir mujer y cuya ablación perturba mi equilibrio emocional aun en contra de lo que dictan mi racionalidad y tu forma de amarme. 
    Hoy todo es distinto. No tienes prisa por venir junto a mí y mi corazón se encoge, asustado. Enciendes una decena de velas dispersas alrededor de nosotros, y el crepitar de sus llamas diminutas baila al mismo ritmo que lo hace mi pulso, nervioso. La música suena. Nuestra música. Su melodía me envuelve haciéndome entornar los ojos durante un instante breve, y los vuelvo a abrir para observar tu cuerpo desnudo a los pies de la cama. Lo siento mío, exclusivamente mío, y lo amo con toda la pasión que cabe en mi alma: cada músculo, cada pliegue, cada curva insurgente que desafía a esa escultura cinéfila que parece estar hecha bajo un molde relleno de manera artificial. Amo tus manos, tus labios cuyos besos reconozco en cualquier parte de mi cuerpo, tu aliento excitante que inicia en mi cuello su recorrido largo por las estaciones del placer. Y entonces recuerdo con nostalgia nuestras risas entre posturas desinhibidas, nuestros gemidos a media voz, nuestras miradas pérfidas de deseo tras una pequeña ingesta de alcohol. Pero todo cambió.
    Te aproximas a mí con lentitud, mostrando una súplica en tu rostro solícita de que hoy sea el día. Y me estremezco. La oscilación sutil de mi cabeza de un lado a otro muestra mi negativa, percibiendo en mis entrañas un dolor desgarrado por incumplir la promesa que te hice de entregarme en cuerpo y alma. Quiero seguir entregándote el alma. Pero el cuerpo no. El cuerpo no. 
    Mis lágrimas diluyen tus perfiles, pero el gesto de ternura que se configura en tu rostro trasciende y llega hasta mí como una brasa cálida que me acuna. Me abrazo a mí misma, en un acto reflejo que protege mis pechos ausentes. Tú posas tus manos sobre mis muslos y los recorres al compás de los acordes dibujando caricias que erizan mi piel, y subes hasta alcanzar mis caderas, arrastrando en un estudiado retroceso mi ropa interior. Cientos de besos rocían mis poros, mis curvas, mis pliegues. Y me relajo, dejándome llevar, dando por seguro que no subirás, que la oquedad de mi ombligo será la bandera que marcará el límite que no deberías traspasar. Pero tus dedos no atienden a símbolos. Tu mente no atiende a razones. Tu amor se niega a dejarme en la sola compañía de mis miedos, de mis recelos, de mis complejos recién adquiridos. Tomas mis manos con suavidad y las llevas hasta tu boca para posarlas en ellas un instante breve, esbozando una sonrisa cómplice que pide a gritos mi confianza. El estómago me oprime, me cuesta respirar, el nudo de mi garganta crece a medida que aparto mis brazos a ambos lados de mi cuerpo, permitiendo que sueltes los botones de la camisola que me cubre. Los claroscuros que forma la luz de las velas tiemblan a la vez que yo. No puedo dejar de mirarte, de estudiar tu rostro, las facciones y los gestos que tan bien conozco para desvelar cualquier atisbo de pensamiento que surque tu mente cuando te muestre las cicatrices del cuerpo, y del alma. Contengo el aire al quedarme desnuda, sin barreras físicas que se alcen entre tú y yo. La luz anaranjada ilumina tu dolor. Tragas saliva y soy testigo del brillo de tus ojos. Tiemblo y una congoja insufrible se hace eco en mi pecho y en mi respiración exaltada cuando viertes tus lágrimas sobre las planicies donde poco tiempo atrás se erigían mis montes encantados que tantas veces acariciaste. Las enjugas con tus labios y las besas, una y otra vez, paseándote por sus cicatrices con una ternura infinita. Y te recuestas sobre ellas abrazándome con fuerza tras sonreírme y confesarme a través de tus pupilas que me amas más que nunca.
    Acaricio tu pelo y lloro emocionada, elevando la vista al cielo para dar gracias por tenerte, por ser correspondido el amor que te profeso. Tu sexo busca la conjunción de nuestros cuerpos; nuestras almas ya están unidas, atadas para siempre. Te adentras en mis entrañas, me invades, y te siento formar parte de mí, como una extensión de mi cuerpo y de mi ser a la que no quiero dejar escapar. Permanecemos inmóviles, engarzados, dejando que nos cubran los sentimientos de amor manados al aire, sin obstáculos visibles o invisibles que nos impidan ser uno del otro de principio a fin. 
    Resuenan los acordes de un piano, acompañando y enfatizando aquello que siento, llenándome de notas de color la mente mientras mi corazón palpita, con más fuerza que nunca. 

  © Pilar Muñoz Álamo - 2013




"Por ti" (El canto del loco)

15 nov. 2013

"AS DE CORAZONES" de ANTONIA J. CORRALES.

  Un broker que sueña con ser escritor, una enfermera que, a pesar de adorar a los niños, se niega a ser madre y una editora que jamás quiso serlo. Atrapados por un secreto inconfesable que dominará sus vidas. Amor, rencor, traición, superación personal, crítica social y la realidad más cruda y más hermosa. Ayala, Samantha y él: Bastián. ¿Cuántas formas hay de amar? ¿Realmente el amor lo disculpa todo? ¿Es Dios el culpable de nuestras desgracias, o confundimos su nombre y en realidad es el Diablo? As de corazones: tres vidas paralelas contadas en primera persona que encogerán tu alma y se harán un hueco en tu corazón.



  Quiero comenzar en esta ocasión haciendo una confesión en forma de contundente declaración de amor: estoy enamorada de la prosa poética de Antonia J. Corrales. Poética por su fondo, por lo que expresa y por cómo lo expresa, sin traspasar la línea –a veces escuálida- que separa la narrativa de la poesía, maquillando las palabras combinadas en cada una de sus frases para ahondar en los subterfugios del alma de cada personaje sin rayar el empalago que tildaría de artificial la narración. Y es que en As de corazones repite esa experiencia maravillosa de la que ya nos hizo partícipes en su obra anterior -En un rincón del alma-, la de bucear en los recovecos del corazón y de la mente de cada uno de sus personajes hasta notar cómo a veces nos falta el oxígeno, cómo hemos de detenernos y separarnos levemente de sus páginas para respirar hondo, para digerir esas burbujas reflexivas manadas de sus bocas con las que nos topamos en multitud de párrafos y que están cargadas de razón, de crítica una veces sutil y otras tantas directa, y que utiliza de forma magistral para configurar el perfil psicológico y profundo de cada personaje que nos presenta para quedarse, para escucharlo, para tocarlo y vivir con él cada una de sus vivencias contadas desde las vísceras, desde muy adentro de su ser, haciendo palpables las emociones sentidas por ellos en cada instante como si fueran personas vivas y perfectamente reales, alejadas de la ficción y con las que empatizamos con una facilidad pasmosa.

  As de corazones vuelve a ser una novela intimista en la que sus protagonistas cobran tanta o más importancia que los hechos en sí que se narran en ella. Antonia J. Corrales nos conduce a través del hilo de acontecimientos que se suceden en la vida de sus tres protagonistas sin escatimar esfuerzos por transmitirnos la forma en que ellos experimentan y sienten lo que les acontece, la opinión que les merece aquello que viven y las personas que los rodean, y las sensaciones intensas que las relaciones humanas –afectivas o no- despiertan en ellos. Y es ahí cuando la autora aprovecha para lanzarnos dardos directos al alma. Porque no se conforma con narrar el discurrir de los hechos sin más, no aspira a hacernos lectores pasivos de una trama que ha creado de forma impecable; Antonia J. Corrales nos sacude, hunde sus dedos en nuestras llagas, en nuestro corazón, zamarrea nuestros sentimientos para sacarlos a la palestra, y nos provoca, nos provoca con la interpretación moral de cuanto va aconteciendo usando a sus protagonistas para tal fin, obligándonos a pronunciarnos mentalmente a favor o en contra de sus opiniones y de sus creencias, de su forma de entender la vida, a reflexionar sobre todos esos aspectos dejados caer sobre la narración como una lluvia fina que sin darte cuenta acaba empapándote, mojándote lo suficiente como para hacerte reaccionar ante lo que estás leyendo y dejarte una huella impresa que ya no se irá. Y ese rasgo distintivo me apasiona, porque son las novelas que no me dejan indiferente emocionalmente las que me gustan de verdad.

  El amor intenso, inevitable e irracional, el odio, el destino marcado disfrazado de casualidad, las incoherencias religiosas que se amparan en la fe para salir indemnes una y otra vez, la sinrazón hermanada con la mentira y la falta de honestidad como clave del éxito, las frustraciones personales por vivir la vida que otros decidieron para nosotros y la impotencia que nos produce su descubrimiento cuando ya es demasiado tarde, el futuro trazado bajo las consecuencias del miedo al dolor y a sufrir de nuevo… Perlas que componen un rosario teñido de sentimientos que se rebelan ante lo injusto y que lidian contra el raciocinio en su deseo de vivir, desplegando un amplio abanico de emociones; un rosario construido personalmente y a partes iguales por Samantha, Bastián y Ayala a base de retazos de sus propias vidas, enlazadas entre sí a lo largo de una trama desarrollada a la perfección, salpicada de pequeños detalles que la autora, con estudiada maestría, va soltando sin intención aparente a lo largo de la narración para que podamos ir atando cabos y desvelando secretos por nosotros mismos, poco a poco, como mandan los cánones del buen suspense que iniciándose ya en sus primeras páginas va in crescendo a medida que la historia avanza hacia su final.

  En un guiño perfecto entre autora y personaje, Antonia J. Corrales consigue de nuevo con As de corazones uno de los objetivos profesionales confesado por una de las protagonistas en la propia novela: no publicar una simple historia de ficción, dar a los lectores un pedazo de alma y crear personajes llenos de vida. Doy fe de ello. Porque he terminado y cerrado la contraportada con el corazón encogido, con un nudo en la garganta y con un suspiro intenso resonando en el silencio de esta noche en que acabo de leerlo, mientras he de controlar mis ansias desbordadas por eliminar de un plumazo, de un contundente manotazo, el pedestal sólido sobre el que se sustentan imbatibles algunas leyes humanas.


  ¡Felicidades, Antonia, es una novela realmente preciosa! ¡¡Y mil gracias, de corazón!!

12 nov. 2013

RELATO: "HAIYÁN: EL ÚLTIMO BÁRBARO".

  Aterrizo en mitad del caos. Mi cuerpo inicia un giro de trescientos sesenta grados de manera automática, como un periscopio programado para absorber las imágenes impactantes que rayan mi mente dejando en ella hondonadas y surcos de dolor que no se borrarán jamás, cicatrices de recuerdo de lo que la madre naturaleza es capaz de hacer cuando se enfada con nosotros más de lo habitual, aunque en éste, como en otros muchos casos, aplicando una injusticia propia de la sinrazón por cebarse con quienes menos abusan de sus dones a diario, con quienes resultan ser más débiles en su forma de vivir, de construir, de subsistir.
  Ahogo una exclamación de profundo pesar y me llevo los dedos a la boca aspirando aire para no llorar. Los contornos habituales de la ciudad se han evaporado por completo. Los altibajos marcados por los tejados de las viviendas, los árboles y las plantas se han unificado en un perfil único a ras de suelo: el del amasijo de escombros, maderas cuarteadas, troncos partidos y restos triturados de los enseres de quienes vivieron en ellas hasta hace unas cuantas horas. Y con el polvo sucio y denso pululando sobre ellos cual si fuera una nube de muerte, de venganza a saber por qué. Grupos de hombres, mujeres y niños vagan de un lado a otro, con los ojos vidriosos, testigos de la desolación, de una pesadilla en la que creen estar inmersos hasta el momento de despertar. Buscan desesperados lo que un día fue suyo, con el dolor reflejado en sus rostros, preguntándose a sí mismos cómo serán capaces de sobreponerse a la nada, que es lo único que ha quedado a su alrededor. Pero no se achican, no se amilanan como lo estoy haciendo yo. Suplican auxilio y se ponen en marcha con lo poco que pueden cargar en sus hombros o con las espaldas vacías, protegiendo a sus hijos una vez más ante el hambre y la necesidad que se avecina. Buscan a los heridos entre las montañas de destrucción apiladas a los lados de las carreteras, en los arcenes de los caminos que serpentean sin saber adónde llegan y no dudan en subirlos a las camillas fabricadas de forma arcaica con los restos de madera y telas encontradas entre las piedras. El cielo aún muestra su tristeza por no haber podido mantener alejado a Haiyán y sigue vestido de gris. La impotencia se clava en mis ojos. El silencio con el que se mueven me duele en el alma y me dicen que están curtidos por la adversidad constante que les ha tocado vivir de continuo. Su fortaleza, su afán de supervivencia y su perseverancia sin protestas despiertan mi asombro y mi admiración.
  Respiro aliviada cuando escucho la llegada de la primera ayuda humanitaria que paliará sus carencias alimenticias. Pero reacciono de nuevo y me hundo en un abismo profundo de pena, de desazón, porque sé que no habrá ayuda humanitaria suficiente que palie una barbarie natural de tal calibre; porque sé que transcurridos los primeros días de la violenta visita del tifón el mundo dejará de hablar de él y de sus víctimas inocentes, aunque sigan padeciendo los efectos devastadores de su paso durante unas cuantas décadas más; porque sé que el primer mundo seguirá manejando en exclusiva los hilos que le aportan ese poder económico que le hace dueños de los demás, sin permitir un reparto equitativo que prevea la construcción de una infraestructura lo suficientemente fuerte como para evitar que chabolas endebles vuelen por los aires al primer soplido, y que prevea la creación de un estado digno que brinde bienestar a sus ciudadanos cubriendo las necesidades básicas que el mundo industrializado ya no exige, porque está acostumbrado a tenerlo por defecto y no contempla la posibilidad de perderlo.
  Los muertos se apilan en el camino, no queda tiempo para atenderlos, no parecen merecer siquiera un último adiós. Y el corazón se me encoge. Es prioritario vivir, encontrar abrigo en cualquier sitio y algo de comida y agua para que el cuerpo aguante unas cuantas horas más. El futuro que yo contemplo largo se ha reducido aquí a la próxima caída del sol. Si sus pupilas negras son capaces de abrirse otra vez a la nueva luz del alba, entonces pensarán qué hacer, adónde ir. Si es que encuentran algún lugar.
  Miro el reloj. A esta misma hora, yo estaría tomando un café en mi mundo, retrepada en la silla bajo las caricias del sol y de una brisa suave que no osa dañar a nadie, observando la silueta esbelta de los edificios de hormigón, ladrillo y piedra aislados de la intemperie y de las inclemencias del tiempo; observando el deambular por carreteras asfaltadas de los vecinos que van y vuelven al trabajo, al supermercado de turno, o a pasear a sus hijos al parque con el bocata en una mano y el brick de zumo vitaminado en la otra, con su anorak mullido para resguardarlos del frío mientras juegan felices, al tiempo que las madres leen la última novedad literaria con un susurro de aves al fondo o con la algarabía aguda de otros niños de mejillas sonrosadas que nunca mancharon sus manos sino con el ocre del albero al hacer sus castillos de arena, completamente ajenas a las miserias que otros deben soportar con estoicismo y sumisión.
  Las imágenes proyectadas en mi tapiz de recuerdos contrastan con las que percibo ahora frente a mí, y que se convertirán en fotogramas repetidos durante un incontable número de días. Y entonces me pregunto por qué. Una y mil veces. Por qué.

5 nov. 2013

MICROCUENTO: "LA JUSTICIA"




   Esperé a mi hermana en casa junto a su pequeño de cuatro años, con lágrimas de emoción en mi rostro. El veredicto de inocente la exculpaba de la acusación de aquel malnacido que un día tuvo por marido; denunciarla por abuso sexual hacia el pequeño para poder obtener su custodia me pareció deleznable. Al verla llegar, di un beso de despedida al niño y lo acerqué por fin al encuentro de su madre. Él la miró, bajó la vista y, temblándole las piernas, se orinó.  




   De todos es sabido que la dificultad de buen relato o de un buen cuento radica en contar una gran historia en poco espacio, pero con los detalles justos que nos permitan seguir el hilo de la misma, con la ambientación indispensable para encuadrar los hechos y con personajes lo suficientemente profundos como para empatizar con ellos y que cale hondo aquello que les pueda suceder a lo largo de las páginas escasas en que se desarrolla la acción. Y conseguir todo ello obliga a jugar hasta con el significado de los espacios en blanco, de lo que no se dice pero se da a entender o se hace intuir. Ni que decir tiene que esa dificultad aumenta de forma inversamente proporcional al espacio de que disponemos, con lo cual, crear un buen microrrelato con tan solo cien -o incluso menos- palabras ya es todo un reto. Y mucho más aún, contar un microcuento en el que la historia ha de ser completa, con final incluido. Porque eso significa que no podemos hacer uso de la imaginación del lector para que invente ese final y nos ahorre las palabras necesarias para escribirlo, como sí suele ocurrir con los microrrelatos abiertos. En el microcuento, las palabras que cierren la historia también han de salir de nuestra pluma. Y cada una de ellas cuenta. 
   Lo que más curioso me resulta de todo ello es la forma en que el lector dilata la historia tras leerla, la cantidad de detalles que añade y la información que suma al texto extraída de su lectura entre líneas, condicionada por la elección precisa de las palabras y por la composición de las frases empleadas por el autor en su narración. 


   No sé si yo con este microcuento habré conseguido tal objetivo, el de transmitir bastante más de lo que está escrito, el de construir en tu mente una historia mucho más amplia y rica en detalles de lo que expresan literalmente las únicas noventa palabras empleadas para contarlo. No sé si habré conseguido, además, que la historia revolotee por tu cabeza algún tiempo más del que has tardado en leerla, que te quedes pensando en ella mientras despegas la mirada de la pantalla y la posas en cualquier otro lugar ajeno. 

   Este es un simple ejercicio de habilidad narrativa. Uno más de tantos como se necesitan para aprender.

30 oct. 2013

¡FELICIDADES Y A POR TODAS!

   A veces cuestiono los perjuicios que la tecnología y las redes sociales han causado en nuestras relaciones humanas, esas relaciones físicas entrañables en las que, de tú a tú, mirándose a la cara y observando cada uno de esos gestos que conforman el lenguaje no verbal –importantísimo en la comunicación- manteníamos una charla amistosa en la compañía de un café o tomando el aire sentados en un banco del parque. Cuestiono hasta qué punto supone para muchos de sus usuarios una forma de enganche permanente y difícil de sortear que merma la posibilidad de practicar otras actividades placenteras que antes copaban gran parte de nuestro tiempo libre. Pero no puedo dejar de obviar y de valorar el fundamento real, la razón para las que fueron creadas: la de unir y estrechar lazos entre quienes no tendrían de otra forma la oportunidad de haberse conocido e incluso la de ser partícipes de miles y millones de acontecimientos a poca distancia temporal del momento en que se producen.

  Pero no voy a hablar simplemente de relaciones de amistad entre desconocidos, voy a hablar de la sensación especial que produce la cercanía y el contacto directo –o casi directo- con quienes en otros tiempos se alzaron en pedestales inalcanzables erigiéndose como figuras un tanto irreales por aquello de gozar de una habilidad de la que otros carecían y que les envolvía en ese aura de seres mágicos, de grandes maestros, de figuras un tanto misteriosas por desconocimiento además de los aspectos personales que le hubieran devuelto su condición de humanos, entre los que se encuentran, cómo no, los escritores.

   Hay quienes siguen defendiendo que el escritor debe mantener un aura de cierto misterio para conservar ese prestigio que reporta tener una mano y una mente de oro para escribir y vender sus letras –esto lo he leído por ahí en algún sitio, procedente de un debate o una conferencia en no sé dónde, pero no me preguntéis porque a veces no tengo la cabeza muy allá, aunque os aseguro que es completamente cierto-. Sin embargo yo no me siento más tentada de comprar literatura a quienes siguen manteniendo las distancias, a quienes siguen apostando por ser dioses, sino que me place enormemente el hecho de poder tener la oportunidad de contactar con ellos y ser respondida, de poder intercambiar comentarios directos sobre novelas de su autoría, de tener la ocasión de dejarles un mensaje de tú a tú -a través de la red social- de lo que ha significado para mí la historia que han plasmado en las páginas digitales o de papel de sus libros editados. Y sobre todo y ante todo, me complace muchísimo poder ser testigo, como lo estoy siendo, del día a día en la evolución literaria de muchos autores que han partido de la nada y van escalando puestos poco a poco con esfuerzo, ilusión, voluntad, tesón, fortaleza para superar los baches, imaginación, autoestima y muchas ganas de conseguir un sueño al que llevan aspirando años con la ayuda justa para conseguirlo. Me complace y me enorgullece poder decir algún día que “los vi nacer”. Y así lo deseo sinceramente. Porque el éxito de unos no deja de ser un indicio claro de que la perseverancia y el trabajo constante permiten obtener logros en la vida. Y eso constituye una lección de optimismo digna de tener en mente para cualquier empresa que otros decidamos abordar.

   He conocido a escritores que ya están arriba. He conocido a escritores que aún están luchando por salir del anonimato de la mano de una editorial fuerte que apueste por ellos, y que sé seguro que lo conseguirán; su temperamento y sus letras así me lo dicen. Y he conocido a otros que están ahora en medio de ese camino de ilusión, que se encuentran ya cruzando el río de una orilla a otra gracias a Ediciones B, con una mezcla de regocijo y miedo en el cuerpo por la incertidumbre de lo que les espera, pero remando en la buena dirección; tal vez unos más avanzados que otros, pero todos hacia un mismo destino. 

   Esta entrada va por ellos. O por ellas, mejor dicho. Por que alcancen a tocar la gloria. Por que culminen con éxito su deseo de convertirse en escritoras reconocidas. Por que sus letras sean leídas por quienes ahora desconocen por completo su identidad. Por que no cambien, por que sigan siendo tal cual son, mostrándose con la humildad que les valió para ganarse el apoyo de sus amigos y conocidos –entre otras cosas-. Por que mantengan la cercanía con los lectores a los que ahora se deben y a los que se deberán aún más en un futuro si su camino ascendente las lleva muy alto.

   A ellas les digo ¡¡¡felicidades y a por todas!!!  Y a vosotros os invito a darles vuestro apoyo acercándoos a esa narrativa pulcra y a esas historias noveladas que merece la pena leer. Yo ya lo he hecho. Y prometo seguir haciéndolo ;)





ANTONIA J. CORRALES

  
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MARIA JOSÉ MORENO

 



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18 oct. 2013

MICRORRELATO CON AUDIO: "EL BESO"



   Te miro a los ojos y las palabras cesan, se extravían entre un murmullo de sensaciones rebotando bajo mi piel, como átomos incontrolados de deseo y emoción. Dudo. Pero veo descender tu mirada hasta posarse en mis labios y tu corazón sonríe. Entonces me aproximo lenta, tímida, invadiendo esa distancia escasa que hemos ido acortando mientras una charla intrascendente excusaba el motivo auténtico de nuestra cita, de nuestro encuentro tan deseado. Pongo mi mano en tu cuello, suave, delicada. Y las yemas de mis dedos hablan por mí, riegan tu pulso del amor sentido desde hace tiempo. El tropiezo fugaz de nuestras pupilas me intimida. Pero sigo, agitada, nerviosa. Percibo tus dedos adentrándose en mi pelo, impidiéndome el retroceso como respuesta a un sentimiento compartido, a un deseo mutuo. Entreabro los labios e inclino mi rostro con levedad, buscándote. El contacto tibio de nuestras bocas me sume en un tempo lento y largo en el que no tiene cabida la realidad. Me siento perdida e incapaz de regresar de este valle encantado tan soñado, con los fuegos de artificio intimidando al raciocinio, atrincherado en algún lugar recóndito del que no puede salir. Mi corazón palpita hasta hacerme daño mientras dura este intercambio de emociones, transferidas de mí hacia ti, de ti hacia mí, a través de este conducto mágico que nos permite entrelazarnos con sublime intimidad. Nos cedemos parte de nuestro ser, de nuestra esencia de hombre… y de mujer. Sellamos nuestros sentimientos con este beso largo y profundo plagado de confesiones tácitas. Entre ellas, el pacto de silencio que nos acompañará cuando, al despedirnos, seamos conscientes de que todo habrá acabado sin apenas empezar, de que tendremos que vivir de este recuerdo para siempre, alimentándonos de él. Día a día.


 © Pilar Muñoz Álamo - 2013

6 oct. 2013

"LOS LUGARES SECRETOS" de Paula Soler

Nada en esta hermosa empresaria parece indicar que disfrute sexualmente cuando ejerce el poder sobre los hombres. Al castigarlos y humillarlos, al conseguir de ellos su rendición más incondicional. Ante el mundo, Irene es una mujer rica y liberada, inteligente y con clase.
   Nada en este atractivo abogado sugiere que pueda sentirse atraído por los placeres de la sumisión. Al contrario, David es un joven seguro de sí mismo, con un buen trabajo y una vida organizada, enamorado de su novia y a menos de dos meses de contraer matrimonio con ella.
   Cuando los caminos de ambos se cruzan en una tarde de tormenta, Irene y David se lanzan a las aguas del sexo más prohibido sin pensar que el placer puede convertirse en una marea capaz de arrastrarnos a lugares de los que resulta imposible regresar.
   Amor apasionado y erotismo se alían en esta historia intensa, atrevida y provocadora, que rompe todos los esquemas y nos adentra en los senderos más sensuales del deseo.


   No cabe duda de que, en el fondo, la mayoría de las mujeres somos una románticas sin remisión y de que nos encanta y nos seduce de forma poderosa experimentar o, simplemente, contemplar el amor.

   No podemos negar que en estas últimas 4 o 5 décadas,  las mujeres hemos ido avanzando y evolucionando a pasos agigantados para dar rienda suelta a nuestros instintos y deseos sexuales en ciertos casos reprimidos y, en otros, incluso desconocidos para nosotras mismas, en vías de alcanzar una visión del sexo que los hombres ya poseen desde hace tiempo y que les permite conceptualizarlo como una entidad que puede disfrutarse de forma independiente al amor y sin que tenga que ir irremediablemente unida a éste. Sin embargo, a pesar de esos progresos, a la mayoría de nosotras aún nos cuesta desligarlo y disfrutar de la sexualidad per se, tanto en la vida real como en la literatura que nos gusta leer, de ahí que sigan teniendo más éxito entre las lectoras las novelas de corte erótico en las que el amor subyace en la historia que se nos cuenta, y que aceptemos de mejor grado, e incluso disfrutemos,  las escenas en las que se nos describen con detalle las prácticas sexuales de los personajes de la misma, sin que esto signifique, por supuesto, que no haya mujeres  amantes de la erótica sin más, como suele ser más habitual entre el género masculino.

   En mi caso particular, tal vez no sea tan importante que exista ese amor de fondo en una novela erótica para que me guste de verdad, lo que sí exijo es que exista una trama que le dé soporte –a ser posible, no limitada a la relación monotemática entre los protagonistas-, y que el hilo de la trama vaya evolucionando de forma coherente, no como una simple excusa para describir una escena de sexo tras otra; que se nos presenten unos personajes bien perfilados y no superficiales o estereotipados, con una personalidad que los identifique y, puestos a pedir, que resulten reales y humanos, aunque no compartamos su forma de ser y de comportarse; que el argumento de la novela sea más o menos sólido, tanto sí es de corte romántico como si no, hasta el punto de sentirme interesada no solo por las escenas de sexo sino también por las que no tienen nada que ver con él, ya sea por lo que sucede en ellas, por lo que se describe, o por las reflexiones de los propios personajes en torno a sí mismos o al resto de la historia; y ante todo y sobre todo, que impere la calidad narrativa en la novela, porque el hecho de ser erótica no la deja fuera del ámbito de la literatura, y yo soy de la opinión de que el interés comercial de una novela no debería  obviar nunca su calidad literaria, aunque me consta que esto ocurre. A partir de ahí, si las escenas de sexo se suceden con mayor o menor  frecuencia no es algo tan sustancial para mí; tiendo a pensar que la catalogación de “erótica” lo aporta el alto contenido erótico de este tipo de escenas y la forma explícita y detallada con que se describen, así como las sensaciones, sentimientos o emociones que experimentan los protagonistas a lo largo de la misma, más que el número en sí de veces que estas se repiten. 
   Muchos de estos elementos están presenten en Los lugares secretos, de Paula Soler.

   Tengo que admitir que cuando Grijalbo se puso en contacto conmigo para ofrecerme la novela, me lo pensé. Cincuenta sombras de Grey abrió la veda al consumo de literatura erótica por parte de las mujeres como si ésta no hubiera existido nunca, o como si el señor Grey hubiera hecho desaparecer, como por arte de magia (en realidad fue por arte de marketing) el rubor femenino a acercarse a este género literario, lo que supuso que tras ella vinieran un sinnúmero más de historias, la mayoría de ellas girando en torno al mismo tema: BDSM, dominación-sumisión o sadomasoquismo en diferentes grados con una aparente relación amorosa de fondo –y un protagonista irresistible- como gancho adicional para captar la atención de las mujeres. Tras leer las famosas Sombras y Ochenta melodías de pasión en amarillo, me dije que ya tenía suficiente a nivel literario con un tipo de prácticas sexuales que no me va, por eso dudé si leer o no Los lugares secretos. El hecho de que por una vez los papeles se hubieran invertido (que el dominado fuera él) despertó mi curiosidad; que alguna reseña aparecida con anterioridad hablara de una calidad literaria muy superior a las Sombras de Grey terminó de animarme.

   Tras  haberla leído, he de decir que la novela no ha terminado de llenarme del todo, aunque reconozco que me ha enganchado y me ha gustado bastante más de lo que pensaba. Pero dejad que me explique: no ha terminado de llenarme del todo por una cuestión no imputable a la novela, sino a mí misma, tal vez; como ya he dicho antes las prácticas sexuales que giran en torno al BDSM, sadomasoquismo o similar no me complacen en absoluto, es más, me siento incómoda siendo testigo de la forma en que se practican. Soy consciente de que tanto en las relaciones sexuales como en las fantasías que acompañan al sexo, los juegos de dominación y sumisión se encuentran muy presentes, siendo el patrón más habitual aquel en el que la mujer adopta el papel de sumisa bajo el control y el poder de su pareja, pero de ahí a introducir el dolor (a un nivel importante) y la humillación como parte sustancial del juego erótico va un abismo para mí y estos últimos elementos me producen sensaciones que no disfruto, adopte quien adopte cada papel. De ahí que no me haya terminado de llenar la historia, no he sentido la excitación que se espera que despierte en el lector una novela catalogada como erótica, ni he empatizado plenamente con los protagonistas en esa cuestión. Sin embargo, y siendo objetiva, tengo que admitir que me ha gustado más de lo que pensaba porque en la novela están presentes algunos de esos elementos imprescindibles para mí que ya exponía al comienzo de esta opinión.

   Paula Soler vuelve a plantear como tema de fondo la práctica del BDSM, aunque no enfocado de la misma forma en que lo han hecho otras novelas del género. Tal vez eso explique que yo me haya quedado con la sensación de que esta novela raya más lo romántico que lo erótico. El amor está muy presente en la relación entre los protagonistas y aunque las prácticas sexuales que lo acompañan acaben siendo de este tipo, no imperan en ellas de forma estricta las pautas convencionales del BDSM y los sentimientos comunes que suelen incitar a su práctica a quienes son adeptos  a esta clase de sexo. Algo que me parece un acierto por parte de la autora (tal vez en deferencia a quienes no conocen ni comparten este tipo de relación sexual) es la de haber insertado en la historia reflexiones nacidas de boca de los propios personajes en las que se cuestiona el sentido de estas prácticas, lo que realmente les motiva a llevarlas a cabo, el por qué se adoptan estos comportamientos cuando los mismos que los practican las consideran como alejadas de lo “normal” (siendo la “normalidad” algo un tanto subjetivo de catalogar) hasta el punto de construir un submundo del que no se habla a quienes son ajenos a él, y lo más importante, confesiones que desvelan lo que sienten realmente sus adeptos: algo instintivo a nivel sexual que lo aleja por completo de una elección voluntaria, un instinto lo suficientemente fuerte una vez descubierto como para que resulte sumamente difícil luchar contra él y con las sensaciones placenteras que despierta, aunque resulte a todas luces incomprensible hasta para ellos mismos. Y me parece un acierto precisamente por eso, porque en la propia trama se da respuesta a algunas preguntas que  muchos de nosotros nos hemos hecho alguna vez en torno al tema, lo cual contribuye, si no a que lo compartas, sí a que entiendas, aceptes y respetes a quienes libremente, con madurez y plenitud de conciencia optan por un concepto de placer sexual distinto al que cada cual practica en la intimidad: “¿Por qué los fetichismos ajenos, el sexo de los demás, siempre nos parece enfermizo?” (Los lugares secretos).

   No es esta una novela en la que el sexo lleve la voz cantante, es una novela en la que un tipo de sexualidad da sentido al desarrollo de la historia, a la evolución de la relación amorosa entre los protagonistas, así como a su propia evolución personal, porque no son estos personajes planos, sino de los que se descubren a sí mismos, se sorprenden, se sienten confundidos, se replantean lo que parecían bases sólidas en su vida, cuestionan lo que han sido hasta el momento y lo que desean ser a partir de ahora, y cambian para adaptarse a lo que las circunstancias les deparan, aunque ello implique una lucha interna algo tortuosa durante esa especie de transformación. Personajes que no se limitan a actuar, sino que vierten sus constantes reflexiones a lo largo de las páginas para que los sintamos cercanos, reales y sobre todo, humanos.

   Me ha gustado la narrativa de Paula Soler, con un lenguaje cuidado, fluido, con descripciones precisas que sitúan la historia sin ralentizarla, diálogos bien construidos que despiertan interés, haciendo uso además de una estructura en la que juega con pequeños saltos en el tiempo para ir contando lo que ocurre, lo cual aporta más dinamismo a la narración. Y me ha gustado que opte por el uso de dos figuras narrativas (los propios protagonistas de la historia) para contarla en primera persona ofreciéndonos en muchos casos una visión alternativa del mismo suceso, los sentimientos, sensaciones y reflexiones diferentes que un mismo hecho llega a suscitar en cada uno de ellos.

   Hacer una recomendación de su lectura no solo es difícil, es que a mí además no me gusta hacerla, porque tanto el género literario (romántico-erótico) como el tema de fondo que se plantea no tienen por qué ser, a priori, del gusto generalizado de los lectores. Lo que sí puedo decir es que es una novela bien escrita, bien contada, con una trama que da soporte a la historia y un final que deja buen sabor de boca, sin un número excesivo de secuencias eróticas que, dicho sea de paso, están narradas con detalle, pero con mucha elegancia y sin que en momento alguno resulten burdas o soeces. Una novela que engancha y que cumple bastante bien con su función de entretener, siempre y cuando lo romántico y lo erótico sean una combinación aceptada de buen grado.
                                      

   Muchas gracias a Editorial Grijalbo por el envío del ejemplar.
   Para más información de la novela, pincha aquí.

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